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Selección de jueces: la propuesta de la Corte Suprema, un paso en la dirección correcta

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La reforma constitucional de 1994 fue, entre otras cosas, un proyecto de desconcentración del poder. Quienes la diseñaron entendían que el hiperpresidencialismo argentino era una patología estructural, no un accidente de personas. El problema no era quién ocupaba la presidencia, sino cuánto poder concentraba quien la ocupara. Y propusieron una arquitectura institucional que lo corrigiera: frenos y contrapesos entre poderes, nuevos órganos de control independientes, tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, mecanismos de democracia semidirecta, mayor acceso a la justicia para ciudadanos y organizaciones. La idea central era que la justicia controlara a la política, que el mérito fuera un límite real a la discrecionalidad del poder, que los ciudadanos tuvieran herramientas concretas para exigir rendición de cuentas.

Dentro de ese diseño, el Consejo de la Magistratura ocupaba un lugar estratégico. Su función no era meramente administrativa: era la pieza que debía resolver uno de los problemas más difíciles del constitucionalismo contemporáneo, que es cómo seleccionar jueces que sean a la vez técnicamente excelentes y democráticamente legítimos. Jueces que fallen bien porque saben derecho, y que fallen con autoridad porque fueron seleccionados de manera que la sociedad puede reconocer como justa.

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El diseño era optimista. Tomaba en serio las dos grandes tradiciones de selección judicial que el mundo desarrolló a lo largo del siglo XX. La tradición estadounidense confía en el proceso político: el presidente nomina, el Senado delibera públicamente y confirma, y la legitimidad del juez viene de haber sobrevivido ese escrutinio representativo. La tradición europea continental confía en el proceso técnico: concursos públicos, exámenes anónimos, evaluación de antecedentes por corporaciones de pares, carrera judicial con ascensos meritocráticos. La política da legitimidad democrática; las corporaciones profesionales garantizan la excelencia técnica.

El Consejo de la Magistratura argentino fue diseñado como una síntesis de ambas tradiciones. El proceso técnico -exámenes, evaluación de antecedentes, jurados de especialistas- filtraría a los candidatos más capaces y produciría una terna de los mejores. El proceso político -el Poder Ejecutivo eligiendo de esa terna, el Senado confirmando- les daría legitimidad democrática. La apuesta central era que el mérito disciplinara a la política: que le pusiera un límite objetivo y verificable a la discrecionalidad de las designaciones.

Pero esa apuesta descansaba sobre un supuesto que no llegó a verificarse del todo: que las corporaciones profesionales (los jueces como cuerpo, los abogados organizados en colegios, los académicos reunidos en universidades y asociaciones) producirían y sostendrían estándares colectivos de excelencia técnica suficientemente robustos y autónomos como para resistir la presión de la política partidaria. Que habría, en otras palabras, un mundo jurídico capaz de decirle a la política: hasta aquí, este candidato no pasa porque no sabe derecho o porque no tiene integridad, y eso no es negociable.

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Lo que ocurrió fue lo inverso. Sin una práctica jurídica colectiva que sostuviera ese estándar desde adentro, la política no encontró un límite en el proceso técnico. Encontró un nuevo terreno para colonizar. Los partidos aprendieron que ya no alcanzaba con controlar al Poder Ejecutivo o al Senado: había que controlar también quiénes integran los jurados de los concursos, quiénes representan a la academia en el Consejo, quiénes conducen los colegios de abogados, cómo se alinean las asociaciones de magistrados. Las instituciones universitarias, los colegios profesionales, las asociaciones de jueces (todos los espacios que debían producir independencia técnica) se fueron convirtiendo, gradualmente, en extensiones de la disputa partidaria. El proceso técnico no disciplinó a la política. La política convirtió ese proceso en una arena más de sus propias disputas.

La Acordada 4/2026, aprobada por la Corte Suprema el 25 de marzo y remitida al Consejo de la Magistratura para su consideración, debe leerse en este contexto. No es simplemente una mejora de procedimientos técnicos, es un intento de la Corte de recuperar la lógica original de la Constitución del 94: que el proceso técnico vuelva a disciplinar a la política, que el mérito sea nuevamente un límite real a la discrecionalidad partidaria.

Y en esa lectura, los avances concretos que propone adquieren un sentido más preciso. El anonimato en los exámenes escritos, garantizado por medios informáticos con separación estricta entre quienes elaboran las consignas y quienes las corrigen, y con códigos alfanuméricos que impiden identificar al autor hasta que toda la corrección está terminada, apunta directamente a cerrar los espacios donde la captura puede operar. La limitación de la entrevista personal a veinte puntos sobre un total de doscientos es quizás el cambio más significativo: durante años esa instancia fue el lugar donde las influencias que el concursante no podía prever ni rebatir encontraban su expresión más efectiva, donde un orden de mérito construido con esfuerzo técnico podía ser invertido con relativa facilidad. Tasarla, limitarla y distribuirla en criterios explícitos y fundados reduce drásticamente ese margen. La tabulación rigurosa de los antecedentes (con escalas precisas por tipo de cargo, antigüedad y especialidad) busca reemplazar la discrecionalidad del evaluador por criterios objetivos y verificables. Todo el diseño apunta en la misma dirección: achicar los espacios donde la captura política necesita operar para funcionar.

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Es, en ese sentido, un gesto institucional que merece una bienvenida genuina. La Corte está intentando tomarse en serio, treinta años después, el mandato que la Constitución del 94 le encomendó al sistema de selección judicial. Y lo hace con una propuesta técnicamente elaborada que reconoce los problemas reales que el sistema acumuló.

Un gesto importante y necesario, pero no suficiente por sí solo, porque el problema de fondo (la ausencia de una práctica jurídica colectiva que sostenga el estándar técnico desde adentro) no se resuelve con un reglamento, por bien diseñado que esté.

Un sistema de concursos funciona bien cuando puede medir a los candidatos contra un estándar que las propias profesiones jurídicas producen y sostienen colectivamente. Ese estándar emerge de la práctica acumulada de jueces que razonan y deciden bien, de abogados que litigan con rigor técnico e integridad ética ante sus clientes, de académicos que investigan con profundidad empírica y valorativa, de profesores que forman juristas con herramientas reales de pensamiento. Cuando esa práctica colectiva es robusta, el concurso puede medirla. Cuando es fragmentaria, el concurso mide indicadores sustitutos (antigüedad, certificados de cursos, artículos publicados, causas documentadas) y los candidatos aprenden a optimizar esos indicadores en lugar de mejorar la práctica.

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En los sistemas jurídicos que funcionan bien, ese estándar colectivo tiene dos anclas institucionales principales: la jurisprudencia y la doctrina. La jurisprudencia es el conjunto de criterios que los jueces construyen acumulativamente, leyéndose entre sí y respetando sus decisiones previas como puntos de partida obligados para razonar. No como camisa de fuerza, sino como piso compartido que hace predecible el derecho y obliga a justificar los apartamientos. La doctrina es la producción académica que sistematiza esa jurisprudencia, la critica cuando se equivoca, propone soluciones a los casos que todavía no fueron resueltos, y proyecta el derecho hacia el futuro. Las dos anclas se retroalimentan y producen, con el tiempo, una práctica colectiva reconocible que cualquier profesional competente puede identificar y que el concurso puede medir.

En la Argentina, ambas anclas son débiles. Los jueces no se leen entre sí con la convicción de que los precedentes tienen peso obligatorio: con demasiada frecuencia cada tribunal tiende a empezar desde cero, como si la jurisprudencia acumulada fuera una referencia optativa y no un piso compartido que legitima y estabiliza el sistema. Y la academia jurídica no produce el contrapeso necesario: fragmentada en tradiciones que no dialogan entre sí, sin una comunidad que delibere colectivamente y construya certezas compartidas sobre los grandes problemas del derecho, y sostenida en gran medida por docentes que ejercen la profesión o la judicatura como actividad principal y la enseñanza como actividad secundaria, no está en condiciones de generar el pensamiento jurídico homogéneo que oriente la práctica ni de formar sistemáticamente las destrezas analíticas y argumentativas que un sistema judicial exigente requiere. El resultado es un ecosistema jurídico donde demasiados actores improvisan sus propios criterios, donde el derecho es menos predecible de lo que debería ser, y donde el concurso no tiene, en demasiados casos, contra qué medir con precisión.

Este diagnóstico tiene una consecuencia directa sobre cómo pensar el problema de los evaluadores, que el reglamento propuesto no termina de resolver. El sistema actual recluta a los miembros de los comités de examen y los jurados evaluadores principalmente entre docentes de facultades de derecho, que en su gran mayoría son abogados o jueces en ejercicio que enseñan como actividad secundaria. Dicho de otro modo: quienes evalúan a los candidatos tienen exactamente el mismo problema estructural que los candidatos, no tienen dedicación exclusiva a la tarea de evaluar, no acumulan institucionalmente los criterios que van desarrollando, no mejoran sistemáticamente sus instrumentos de medición, y no están organizados para producir una práctica homogénea y progresivamente más sofisticada sobre qué significa ser un buen juez en la democracia constitucional argentina. La evaluación reproduce el déficit que pretende medir.

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Una agenda de profundización debería incluir la creación de un cuerpo profesional de evaluadores dedicado exclusivamente a desarrollar y perfeccionar los instrumentos de selección: los exámenes, los estándares de corrección, entrevista, los parámetros de evaluación de antecedentes. Un cuerpo que acumule experiencia y aprenda de cada concurso, que construya con el tiempo una práctica cada vez más precisa sobre qué conocimientos, qué destrezas y qué disposiciones éticas definen al mejor juez posible para una democracia constitucional como la que el 94 imaginó. Que responda a las demandas que le plantean los consejeros del Consejo de la Magistratura pero también a otras fuentes de evaluación externa de la performance del sistema judicial. Así como la Constitución del 94 creó el Consejo para profesionalizar la selección de jueces, la siguiente etapa lógica es profesionalizar a quienes dentro del Consejo hacen esa selección.

Hay, además, un riesgo específico en el sistema de calificación de antecedentes que el reglamento propone, que vale la pena nombrar para que el Consejo lo considere. Al asignar puntaje por cursos de capacitación, publicaciones en revistas jurídicas homologadas y causas documentadas en la especialidad, el sistema puede generar incentivos que desvíen a cada tipo de profesional de su función propia y socialmente valiosa.

El funcionario judicial (el secretario de juzgado, el fiscal adjunto, el defensor oficial) que quiere maximizar su posición en un futuro concurso aprende que su tiempo libre tiene un rendimiento diferencial: trabajar mejor un expediente difícil no le suma ningún punto; escribir un artículo para una revista homologada, sí. Ser un funcionario ejemplar en el despacho cotidiano no genera puntaje directo; acumular certificados del programa de formación judicial, sí. El sistema no premia al mejor judicial: premia al judicial que mejor construye su perfil concursal. Y esas dos cosas no son lo mismo.

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El abogado en ejercicio enfrenta una distorsión análoga. El que optimiza para el concurso no es necesariamente el que litiga mejor o el que actúa con mayor integridad ética frente a sus clientes. Y el académico no escapa a la misma lógica. El que quiere posicionarse bien en un concurso descubre que publicar varios artículos cortos en revistas de la lista le conviene más que escribir el libro riguroso y empíricamente fundado que lleva años. El profesor que invierte tiempo en pensar cómo enseñar mejor razonamiento jurídico no obtiene por eso ningún punto adicional.

Lo que subyace a estos tres casos es un problema más profundo que el diseño de cualquier escala de puntaje: el sistema mide indicadores observables del mérito en lugar del mérito real, y los candidatos racionales aprenden a producir los indicadores. El resultado paradójico es que un sistema diseñado para seleccionar a los mejores termina distrayendo a todos de hacer aquello que los haría mejores y que haría mejor al Poder Judicial y a la sociedad que depende de él.

Resolver esto requiere algo más que un nuevo reglamento. Requiere que las corporaciones jurídicas, las facultades de derecho, los colegios profesionales, las asociaciones de magistrados, las escuelas judiciales construyan y sostengan estándares colectivos de excelencia que el sistema pueda reconocer y medir. Es una tarea de largo aliento que no se decreta ni se reglamenta: se construye, lentamente, a través de los acuerdos que las profesiones jurídicas van alcanzando sobre qué significa hacer bien el trabajo de juez, de abogado, de académico, de profesor. Ninguna acordada puede hacerlo por sí sola. Pero nombrar el problema con claridad es ya parte del camino.

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La Acordada 4/2026 abre una oportunidad que el Consejo de la Magistratura debería aprovechar plenamente: no solo adoptar el reglamento propuesto sino usarlo como punto de partida para una conversación más amplia y más profunda sobre qué significa seleccionar bien a los jueces en la Argentina de hoy. Esa conversación está pendiente desde 1994. El mérito que la Constitución quiso convertir en límite de la política sigue esperando las condiciones institucionales y profesionales que lo hagan verdaderamente posible.

La Corte acaba de dar un paso serio en esa dirección, vale la pena acompañarla.

El autor es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Umiversidad de Buenos Aires y profesor visitante de Universidad Torcuato Di Tella.

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Martín Böhmer,Conforme a

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Adorni dijo que solo responderá ante la Justicia sobre sus causas y que informará su patrimonio cuando se venza el plazo de su última declaración jurada

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El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aseguró este lunes en conferencia de prensa en Casa Rosada que solo responderá ante la Justicia sobre sus causas y que informará su patrimonio cuando se venza el plazo de su última declaración jurada.

“Ya di explicaciones, y si tuviera que dar más las daré en el único ámbito competente, la Justicia. Como hay una investigación en curso no responderé sobre aspectos específicos, porque no me lo permite la investigación», enfatizó Adorni en su regreso al salón de conferencias.

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En ese sentido, consultado sobre su situación patrimonial, el ministro coordinador aseguró que el Gobierno respeta la división de poderes y que no obstruirá el avance de la investigación.

Aún no venció el plazo de mi última declaración jurada, será en ese plazo en que sea formulada el correspondiente detalle de mi patrimonio integral actualizado”, agregó.

Manuel Adorni aseguró que aclarará su situación patrimonial en su próxima declaración jurada, cuando venza el plazo. (Foto: Agustina Ribó)

Respecto de viajes personales con su familia que están bajo investigación judicial, el funcionario reiteró que afrontó los gastos correspondientes y que se trató de “vacaciones personales, que no fueron pagados por terceros, ni fueron obsequios de ningún tipo».

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El retorno de Adorni a las conferencias, las cuales se realizarán más seguido según la promesa del funcionario, forma parte del intento del oficialismo de recuperar la centralidad en medio de la investigación por presunto enriquecimiento ilícito del jefe de Gabinete.

Leé también: Casa Rosada: no dejaron entrar a los acreditados de TN y eltrece

En ese contexto, el Gobierno reabrió la sala de periodistas en la Casa de Gobierno, pero no dejó entrar a los acreditados de TN y eltrece.

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Los anuncios de gestión de la conferencia de Adorni

Además de evitar hacer mención a los hechos por los que se lo investiga, el jefe de Gabinete buscó enumerar temas de gestión como el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la reglamentación del régimen de incentivo a la formalización laboral para fomentar la creación de puestos de trabajo, y la firma del DNU que autoriza la venta de propiedades del Estado con el objetivo de fortalecer a las Fuerzas Armadas.

El funcionario también destacó cambios en el RENAR con respecto a nuevos requisitos para la portación de armas; un decreto para otorgar excepciones tributarias en favor del Belgrano Cargas y el sistema ferroviario; y resoluciones dirigidas al sistema de donación voluntaria de sangre; además de anunciar un 75% de bonificación en las tarifas de gas debido al conflicto bélico que azota al sector y perjudica a los que menos tienen, entre otros temas.

Manuel Adorni

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Los números de Manuel Adorni bajo la lupa: gastos y deudas por más de US$800.000, ingresos con tope y las dudas que perduran sobre el origen de los fondos

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Desde que llegó a la función pública, Manuel Adorni acumuló compromisos que ya superan los US$800.000 mientras que su salario bruto permaneció congelado en $3,5 millones hasta enero de 2026, cuando un decreto firmado por el presidente Javier Milei lo elevó a $7,1 millones, poco menos de US$ 5000 por mes. Cómo afrontó y afrontará esas deudas y esos pagos, además de cuál es origen de sus fondos, son los grandes interrogantes de la investigación judicial.

Los compromisos se acumulan en el haber del funcionario. Pagos ya realizados: US$245.000 en refacciones a un contratista, US$185.000 en operaciones inmobiliarias (US$120.000 por la casa de Indio Cua, US$60.000 entre la seña de Caballito y la cancelación parcial de la primera hipoteca, más US$5.000 de ingreso al country), US$27.658 en viajes al exterior y US$6000 en una escapada a Bariloche. Deudas vigentes: US$70.000 más intereses por la primera hipoteca, US$200.000 sin intereses por la segunda y US$65.000 por un acuerdo de palabra con un desarrollador inmobiliario. Total comprometido: más de US$800.000.

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La entrada del lote 380 de los Adorno en el country Indio Cua en Exaltación de la Cruz

El crecimiento patrimonial comenzó apenas tres meses después de asumir como vocero de Milei. En marzo de 2024 Adorni y su esposa Bettina Angeletti incorporaron al 50% una camioneta modelo 2021. En el origen de fondos, indicó “venta de activos” sin precisar cuáles. El valor de mercado de ese vehículo, según su estado y kilometraje, oscila entre 20.000 y 30.000 dólares.

Tres meses más tarde, el 20 de junio de 2024, Adorni y Angeletti viajaron a Bariloche con sus dos hijos. Volaron por Aerolíneas ($1.737.432) y se alojaron cinco noches en el Llao Llao Hotel & Resort Golf-Spa: $4.931.993,97 de hotel y $2.435.344 en excursiones y comidas. Total: $9.104.769,97, según reveló Clarín este fin de semana. La familia regresó a Buenos Aires sin pagar nada y la deuda se canceló tres meses después desde una cuenta bancaria. En ese momento Adorni era vocero de Milei y cobraba menos de tres millones de pesos netos; Angeletti era monotributista en una categoría baja.

La fachada del edificio del departamento que tiene Manuel Adorni en el barrio de Caballito.

Cinco meses después, en noviembre de 2024, el matrimonio compró la casa del country Indio Cua, en Exaltación de la Cruz. Quien le vendió, Juan Ernesto Cosentino, declaró ante la fiscalía que Adorni le ofreció primero pagarle solo US$20.000 en efectivo y cubrir los US$100.000 restantes con una hipoteca sobre el departamento de Asamblea. Cosentino rechazó. La operación se cerró en US$120.000, con un préstamo no bancario por US$100.000 que Adorni tomó de dos mujeres policías introducidas por la escribana Adriana Nechevenko, al 11% anual.

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El precio de compra fue solo el inicio. El contratista Matías Tabar declaró hoy ante Pollicita que Adorni le pagó US$245.000 en efectivo por remodelar la casa: pisos, paredes, una pileta y una cascada en el jardín. Por una vivienda comprada en US$120.000, el matrimonio invirtió US$245.000 en refacciones —más del doble del precio de la propiedad—, en efectivo. A eso se agregan US$5.000 por el ingreso al country.

Adorni, cabe aclarar, omitió incluir Indio Cua en el anexo reservado de la declaración jurada correspondiente a 2024 que presentó ante la Oficina Anticorrupción (OA) y la declaración de Angeletti en su totalidad; ambas las agregó recién cuando la investigación judicial sobre su patrimonio ya estaba en marcha.

Los dólares que el jefe de Gabinete declaró al cierre de 2024 no alcanzan para cubrir los gastos que la Justicia le anota en 2025. Tenía US$48.720 entre efectivo y una cuenta en el exterior. Pero el 29 de diciembre de 2024 partió con su familia hacia Aruba en cuatro pasajes de Latam en primera clase, abonados en efectivo: US$1.450 cada uno, US$5.800 en total. La estadía sumó otros US$8.674. La Dirección Nacional de Migraciones no registraba el destino: Adorni figuraba con un vuelo de ida a Perú y otro de vuelta de Ecuador. La fiscalía de Gerardo Pollicita confirmó el periplo recién en abril de este año.

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El avión de la empresa Alphacentauri en el que, según documentos publicados, viajó Adorni a Punta del Este

A ello se sumaron US$30.000 por la compra del departamento de Caballito y otros US$30.000 por la cancelación parcial de la primera hipoteca. Solo esos cuatro ítems alcanzan los US$74.474, superando en US$25.754 los dólares que había declarado antes de partir rumbo al Caribe.

En noviembre de 2025, escrituraron el departamento de Caballito, de casi 200 m² en la calle Miró al 500. La operación tiene una arquitectura singular. El inmueble había estado publicado por su anterior dueño, el exfutbolista Hugo Morales, en US$375.000, según declaró la martillera Natalia Rucci. Lo terminó comprando, en mayo de 2025 y por US$200.000, una compra que figuró a nombre de dos jubiladas: Beatriz Viegas (72 años, madre del desarrollador inmobiliario Pablo Martín Feijoo) y Claudia Sbabo. Ambas declararon que la operación la condujo Feijoo y que no conocían a Adorni; lo vieron solo al firmar.

Matías Tabar, contratista de Manuel Adorni, se retira de Comodro Py Nicolás Suárez

Feijoo, allegado a Adorni —sus hijos van al mismo colegio—, declaró que su plan era refaccionar el departamento y revenderlo en US$345.000. Pero apareció Adorni y le dijo que solo tenía US$30.000. Acordaron escriturar en US$230.000, pagar US$30.000 al contado y financiar US$200.000 con una segunda hipoteca sin intereses, en doce cuotas. Por fuera de la escritura, Feijoo dijo haber acordado un pago adicional de US$65.000, todavía no cancelado. Total real de la operación, según su propia declaración: US$295.000 por un departamento ya refaccionado que la inmobiliaria estimaba en US$345.000.

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La matriz de financiamiento llama la atención: ninguna de las dos hipotecas es bancaria. Las acreedoras de la primera son una retirada de la Policía Federal y su hija. Las de la segunda, una jubilada y una afiliada al PAMI. Ambas hipotecas vencen en noviembre de 2026: en seis meses Adorni deberá cancelar US$270.000 de capital, más intereses, más los US$65.000 del acuerdo de palabra con Feijoo.

En febrero de este año fue el turno de Punta del Este, en un vuelo privado junto a su familia y el periodista Marcelo Grandio: ida US$4.830 facturada por AlphaCentauri a la productora Imhouse, de Grandio; vuelta, US$3.000. La causa se inició tras la inclusión de Angeletti en el vuelo de la comitiva oficial a Nueva York en marzo, durante la Argentina Week: el regreso costó US$5.154,55.

A los pagos se suman gastos corrientes que pesan sobre el presupuesto familiar. Solo las expensas del departamento de Asamblea son $500.000 mensuales y las de Indio Cua, unos $700.000. A eso se añaden impuestos y mantenimiento de seis propiedades, patente y seguro de la camioneta, colegio de dos hijos menores y servicios. La central de deudores del BCRA muestra que las deudas mensuales en el Banco Galicia llegaron a superar los $10 millones en el caso de Adorni y los $15 millones en el de su esposa..

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contactó al jefe de Gabinete y a su primer abogado en repetidas oportunidades. No obtuvo respuesta. El expediente continúa con la toma de declaraciones y el análisis de documentación. Con el secreto fiscal y bancario levantados, los investigadores buscan establecer si existe correspondencia entre los ingresos declarados, el nivel de gastos y el incremento patrimonial que aumenta cada semana —y, sobre todo, el origen de los fondos.




Hugo Alconada Mon,Ignacio Grimaldi,Conforme a

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Ante la falta de votos para eliminar las PASO, el Gobierno abre una negociación con los aliados: las gestiones de Bullrich y Santilli

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Desde su anuncio, la reforma electoral fue planteada por el Gobierno de Javier Milei como una de las intervenciones más ambiciosas sobre el sistema político argentino. Con la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) como eje central del proyecto, la Casa Rosada impulsó un rediseño de las reglas de competencia. Ese objetivo enfrenta ahora un límite concreto: no hay mayoría parlamentaria para aprobar la iniciativa, en un contexto marcado por la presión de los gobernadores y una negociación aún abierta con el PRO.

En el oficialismo reconocen que no están los votos para eliminar las PASO en el corto plazo. Según pudo saber Infobae, la falta de consenso no se limita a la oposición peronista: también existen resistencias en sectores dialoguistas y en espacios que consideran a las primarias un mecanismo indispensable para ordenar la competencia política. De acuerdo con fuentes de La Libertad Avanza, “la anulación no parece ser lo mayoritario” y agregaron: “Algún sistema habrá… quizás no obligatoria”.

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El Gobierno enfrenta un escenario adverso en el Congreso para eliminar las PASO, ya que por ahora no cuenta con los votos necesarios y debe negociar con gobernadores, el PRO y otros sectores que consideran a las primarias una herramienta clave para la competencia política. Por ello, el oficialismo evalúa alternativas, como modificar el carácter obligatorio del sistema, en busca de una reforma electoral viable.

Las PASO no solo son un dispositivo electoral, sino también una herramienta para canalizar internas, ordenar liderazgos y evitar rupturas dentro de los partidos, lo que impacta directamente en la arquitectura política de cara a 2027. Su eliminación reconfiguraría el equilibrio interno de cada fuerza y modificaría los incentivos de participación. Por eso, la discusión dejó de ser binaria y se centra ahora en qué cambios podrían prosperar en el Congreso.

Con el escenario parlamentario adverso, el oficialismo comenzó a explorar alternativas intermedias, como transformar las PASO en optativas. Esta opción reduciría su capacidad de ordenar el sistema político, pero se presenta como una salida posible para destrabar la discusión. Según fuentes oficiales, esta semana se definirán los aspectos centrales del tratamiento parlamentario de la reforma electoral, una etapa clave para ordenar el debate sobre su alcance y contenido en el Congreso.

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Diego Santilli, la ministra Pettovello y los Menem

A la dimensión política se suma el argumento económico: el Gobierno estima que las PASO representan el mayor costo del proceso electoral, obligando al Estado a destinar más de 30.000 millones de pesos, financiados con ingresos fiscales. En la Casa Rosada sostienen que ese gasto, que recae sobre los contribuyentes, no se justifica en el contexto actual de ajuste y restricción presupuestaria.

El cuestionamiento al costo de las primarias forma parte del núcleo del planteo oficial. La eliminación o modificación del sistema busca no solo rediseñar la competencia política, sino también reducir el peso del gasto electoral sobre las cuentas públicas. Este enfoque pretende fortalecer el argumento del Ejecutivo frente a gobernadores y legisladores, en un escenario donde cada peso del presupuesto es objeto de revisión.

El costo político y fiscal de la reforma electoral

La dificultad para avanzar con la reforma electoral está directamente vinculada al contexto fiscal. Los gobernadores enfrentan una fuerte restricción por la caída de la recaudación propia y el descenso sostenido de las transferencias nacionales, lo que redefine sus prioridades y condiciona cualquier negociación legislativa. En la práctica, los mandatarios provinciales subordinan la discusión electoral a la cuestión de los recursos, lo que atraviesa cada proyecto del Ejecutivo.

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Este es uno de los principales obstáculos para la Casa Rosada, ya que la reforma electoral compite con una agenda económica urgente y pierde centralidad como moneda de negociación. En consecuencia, el oficialismo reconfiguró su esquema de interlocutores, con Patricia Bullrich ocupando un rol central en la articulación política. Bullrich fue clave en la construcción de acuerdos con senadores de distintas provincias en votaciones anteriores y ahora vuelve a tener protagonismo en la búsqueda de consensos para la reforma.

La función de Bullrich trasciende lo estrictamente legislativo. En La Libertad Avanza, con el respaldo de Karina Milei, comienza a consolidarse una hipótesis electoral que la proyecta nuevamente como candidata en la Ciudad de Buenos Aires, principal bastión político del PRO. La Ciudad es el centro de gravedad del poder de Mauricio Macri y el escenario donde se define el vínculo —cooperación o competencia— entre el PRO y La Libertad Avanza.

La negociación política se da en dos niveles: el legislativo y el electoral. En la Legislatura porteña, el oficialismo nacional acordó con la administración de Jorge Macri no bloquear los cambios en el Presupuesto a cambio de avanzar con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y su versión para pymes, el RIMI. Este acuerdo muestra que el Gobierno nacional no busca obstaculizar la gestión en la Ciudad, pero intenta imponer su agenda económica.

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Sin embargo, la mayor tensión se concentra en la provincia de Buenos Aires, donde el Gobierno necesita construir una coalición competitiva para enfrentar al gobernador Axel Kicillof. En este terreno, destaca el rol de Diego Santilli, quien combina gestión con construcción política. Esta semana, Santilli prevé reunirse con el gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, para fortalecer la red de gobernadores aliados que facilitan la negociación en el Congreso. El martes, Santilli se encontrará con Cristian Ritondo en la sede nacional del PRO, en la calle Balcarce, para iniciar formalmente la negociación sobre un posible frente común en la provincia.

La posición de Santilli es clara: unidad de todos los sectores que compartan una agenda liberal para competir con el kirchnerismo. Sin embargo, esa estrategia enfrenta la resistencia del PRO, que busca preservar su identidad y capacidad de decisión. El punto de mayor fricción es el mecanismo de las PASO, que para Macri son indispensables para ordenar candidaturas y evitar una absorción del PRO por parte de La Libertad Avanza. Para el Gobierno, en cambio, las PASO representan un obstáculo tanto por el costo fiscal como porque habilitan una competencia interna que puede debilitar su construcción política.

Ficha Limpia, alianzas y el futuro de las PASO

En paralelo, la inclusión de Ficha Limpia dentro del paquete de reforma electoral introduce otro elemento en la negociación. A diferencia de las PASO, existe un consenso transversal sobre la necesidad de avanzar en este punto, por lo que se plantea tratarlo por separado para no dificultar la discusión general. En el Congreso, la viabilidad política de los proyectos es tan relevante como su contenido.

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El Gobierno asume este escenario y flexibiliza su estrategia. La prioridad sigue siendo modificar el sistema de primarias, pero el camino para lograrlo se vuelve menos lineal. En ese proceso, cada actor político defiende sus propios intereses: los gobernadores presionan por recursos, el PRO busca preservar su autonomía, La Libertad Avanza intenta consolidar su expansión territorial y el oficialismo nacional necesita resultados legislativos para sostener su agenda.

La reforma electoral queda así en el centro de un entramado más amplio de intereses en tensión. No es solo una ley: es un punto de equilibrio entre actores con objetivos diferentes. Por ahora, la evidencia muestra que cualquier modificación al sistema deberá surgir de una negociación compleja, con concesiones y ajustes.

El escenario inicial cambió: la eliminación de las PASO perdió viabilidad y la discusión se orienta a alternativas matizadas, donde lo posible se impone sobre lo deseable.

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