ECONOMIA
Señal de alerta: el dato que preocupa sobre la caída del sueldo y el consumo del argentino

¿Cómo siente la economía una persona común? Mientras los indicadores oficiales miden variables agregadas, hay una pregunta que pocas veces aparece en los informes técnicos: ¿cómo vive la economía una persona de carne y hueso? ¿Le alcanza el sueldo a un «argentino de a pie»? ¿Resignó algo este mes? ¿Siente que en los próximos meses va a estar mejor o peor?
El Índice del Argentino de a Pie elaborado por la consultora Focus Market nace para responder exactamente eso. No reemplaza al IPC ni al PBI: los complementa con algo que los datos duros solos no capturan: la percepción y la experiencia cotidiana de la economía.
Este indice no reemplaza al IPC ni al PBI sino que los complementa
El resultado es un score de 0 a 100, con tres zonas de interpretación y distintas subescalas.

La economía del hogar promedio no está en colapso, pero tampoco en calma: hay presión sostenida sobre el bolsillo
El índice de este período arroja 61,8 puntos, ubicándose en la zona de Tensión Contenida (60-70). Esto significa que la economía del hogar promedio no está en colapso, pero tampoco en calma: hay presión sostenida sobre el bolsillo, con señales mixtas según el pilar que se mire.

Según el índice, hay una importante «tensión contenida»
Pilar 1: qué está pasando con el ingreso real
El primer pilar pregunta lo más básico: ¿alcanzó? No en términos abstractos, sino en la experiencia concreta de cada hogar al cierre del mes. Los resultados muestran una fotografía polarizada. Más de un tercio de los hogares no solo cubrió sus gastos sino que logró ahorrar algo, una señal de estabilidad relativa que no debería pasarse por alto. Pero en el otro extremo, casi uno de cada tres declara que no llegó a fin de mes.
Entre ambos extremos, el grupo del medio —los que «llegaron justo»— es llamativamente pequeño. Esa polarización es, en sí misma, un diagnóstico: no estamos ante una crisis que afecta a todos por igual, sino ante una economía que funciona de manera muy distinta según el punto de partida de cada hogar.
Un trabajador registrado con antigüedad, pareja con doble ingreso y sin deudas vive una realidad completamente diferente a la de un trabajador informal, monoparental o con cargas de crédito. El índice los promedia en 60 puntos, pero detrás de ese número conviven situaciones que poco tienen en común.

Para el 31% de los hogares, el ingreso no fue suficiente
Pilar 2: cómo viene el costo de vida
Este pilar usa datos duros: compara la variación de la Canasta Básica Total (INDEC) con la del salario formal (RIPTE) entre diciembre de 2025 y enero de 2026.

La brecha negativa de 3,16% se traduce en un score de 68,4, lo que muestra que el costo de vida le está ganando al ingreso.
La canasta subió casi cuatro puntos más que el salario. Esa brecha negativa de 3,16% se traduce en un score de 68,4, lo que muestra que el costo de vida le está ganando al ingreso.
Pilar 3: cuánto es el consumo posible
Este pilar es, probablemente, el más revelador de los cuatro. No mide lo que cuesta la vida ni lo que gana el trabajador: mide lo que efectivamente dejó de comprarse. Y en esa pregunta —¿a qué renunció este mes?— aparece la dimensión más humana y más cruda del ajuste.
Los datos muestran que el ajuste del consumo privado no es homogéneo ni simultáneo. Tiene capas.
La primera capa, la más extendida, es el recorte del consumo discrecional: salidas, entretenimiento, vacaciones, ese gasto que uno puede postergar sin consecuencias inmediatas. La mayoría de los hogares ya pasó por ahí. La segunda capa implica resignar bienes durables y semi-durables: ropa, calzado, electrodomésticos, arreglos del hogar. También muy extendida. La tercera capa —la que más debería preocupar— es el recorte de alimentos. Y ahí el índice encuentra su dato más duro: el 14% de los encuestados declaró haber reducido la cantidad o calidad de lo que come.
Ese 14% no es un número abstracto. Significa que uno de cada siete hogares relevados ya no está ajustando por el lado del lujo ni del confort: está ajustando por lo básico. Es el indicador más directo de vulnerabilidad real que arroja esta edición del índice, y el que más interpela a cualquier lectura optimista del período.
El score de 55,9 en este pilar —el más bajo de los cuatro— refleja exactamente eso: que el margen de ajuste «sin daño» se está agotando para una porción significativa de la población.

El 46,3% de los hogares resignó gustos o salidas
Pilar 4: cuáles son las expectativas económicas
El cuarto pilar mide algo distinto a los anteriores: no lo que pasó, sino lo que se espera. Y aquí el índice encuentra su nota más sorprendente —y también la más difícil de interpretar.
Casi la mitad de los encuestados (46,9%) espera que su situación económica mejore en los próximos tres meses. Es el resultado más alto del índice, y contrasta fuertemente con los datos duros que muestran los pilares anteriores. ¿Cómo se explica ese optimismo en medio de salarios que pierden contra la inflación y un consumo que ya recortó hasta alimentos?
Hay al menos dos lecturas posibles. La primera es psicológica: después de un período prolongado de deterioro, la expectativa de mejora puede ser más una necesidad que una proyección racional. Los hogares que aguantaron hasta acá tienden a apostar a que lo peor ya pasó, aunque los números no lo confirmen todavía. La segunda lectura es más estructural: parte de los encuestados puede estar anticipando mejoras concretas —una paritaria próxima, un trabajo nuevo, una deuda que se termina de pagar— que el índice no captura pero que existen en el horizonte real de cada familia.
Lo que sí queda claro es la tensión entre ese optimismo y los datos del período: el salario formal creció apenas 0,78% mientras la inflación fue tres veces mayor. Por ahora, la expectativa de mejora flota sobre evidencia que apunta en sentido contrario. Si en la próxima edición del índice esa brecha empieza a cerrarse —salarios acelerando, inflación desacelerando—, el optimismo habrá sido una señal adelantada valiosa. Si no, habrá sido, simplemente, esperanza.
El 26% que anticipa deterioro, en tanto, merece también su lectura: no es una minoría marginal. Es uno de cada cuatro hogares que ya no proyecta recuperación en el corto plazo —y eso, en cualquier contexto, es una señal que no conviene minimizar.

De cara al futuro, el 26% anticipa un deterioro
Cuando los datos oficiales hablan con la percepción
Los pilares del índice capturan cómo siente la economía el argentino de a pie. Los cruces analíticos hacen otra cosa: toman esa percepción y la ponen a dialogar con los datos oficiales disponibles. El resultado no siempre coincide —y esa tensión, cuando aparece, es en sí misma información valiosa.
El primer cruce es el más directo: ¿cuánto le sobra, en términos concretos, a una familia que vive del salario formal promedio?
Con el RIPTE de enero de 2026 en $1.646.344 y una Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro personas —equivalente a 3,09 adultos según la metodología del INDEC— en $1.397.672, la diferencia es de $248.673. En términos relativos, ese margen representa apenas un 17,8% sobre el umbral de pobreza.
Para dimensionarlo: hablamos de un colchón de menos de $250.000 para cubrir cualquier imprevisto, deuda, gasto en salud, o simplemente una semana con más gastos que lo habitual. En un contexto de inflación mensual que todavía no baja del 2%, ese margen se licúa rápido.
Pero hay algo más que el número no dice explícitamente y que vale la pena subrayar: el RIPTE mide el salario promedio de los trabajadores registrados, es decir, el segmento más protegido del mercado laboral. Si ese trabajador llega al umbral de pobreza con apenas un 17,8% de margen, la pregunta que sigue es inevitable: ¿cómo llegan los que están por fuera del registro formal? La respuesta, en muchos casos, es que no llegan.
Esto ilumina de manera directa uno de los datos más llamativos de la encuesta: el 31,6% de los hogares relevados declara que no le alcanzó a fin de mes.

El 31,6% de los hogares relevados declara que no le alcanzó el salario para llegar a fin de mes.
La brecha entre optimismo y realidad
El segundo cruce es, quizás, el más incómodo del índice. El pilar de expectativas fue el más alto: 46,9% de los encuestados espera mejorar en los próximos tres meses. Es una señal que merece respeto —la expectativa colectiva tiene peso propio y no debería descartarse como mera ilusión. Pero cuando se la pone junto a los datos del período, aparece una brecha difícil de ignorar.
Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el salario formal creció 0,78%. La inflación del mismo período fue de 2,37% —casi tres veces más. En términos reales, el poder adquisitivo del trabajador registrado retrocedió alrededor de 1,6 puntos en un solo mes.
La pregunta que ese cruce plantea no es si el optimismo es válido o no —puede serlo perfectamente, si las condiciones cambian en los meses que vienen. La pregunta es sobre qué se apoya ese optimismo hoy. Los datos del período no ofrecen aún ningún punto de inflexión visible: ni una aceleración salarial, ni una desaceleración sostenida de la inflación, ni una mejora en el empleo informal que pudiera explicar ese salto en las expectativas.

El promedio nacional esconde dos países distintos
La fractura territorial que el promedio nacional esconde
El tercer cruce es el que más interpela al índice como herramienta nacional. Porque un número como 61,8 puntos tiene sentido como promedio —pero un promedio puede esconder realidades tan distintas que terminan siendo incomparables.
La mediana del ingreso per cápita familiar por provincia, tomada de la EPH del tercer trimestre de 2025, revela una fractura que los agregados nacionales suavizan pero no resuelven. A nivel nacional, ese ingreso per cápita está prácticamente empatado con el costo de vida de un adulto equivalente según la canasta del INDEC. Dicho de otro modo: el ingreso promedio de una persona apenas cubre lo que cuesta no ser pobre —sin margen, sin ahorro, sin imprevisto posible.
Pero ese promedio nacional esconde, en realidad, dos países.
En un extremo están la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, donde el ingreso per cápita supera holgadamente la canasta individual y permite, al menos en teoría, cierta acumulación o cobertura de gastos adicionales. Son las jurisdicciones donde el índice de 61,8 podría incluso subestimar una realidad algo mejor para el hogar promedio.
En el otro extremo está el interior profundo: Chaco, Formosa, La Rioja, Santiago del Estero. En esas provincias, la mediana del ingreso per cápita no llega al 65% del costo de la canasta individual. No es que el margen sea estrecho —es que directamente no existe. Los hogares de esas regiones no están cerca del umbral de pobreza: están por debajo, o bordeándolo de manera estructural, con independencia de los ciclos económicos nacionales.
Lo que esto significa para la lectura del índice es importante: el 61,8 nacional es, para buena parte del país, un techo optimista. Cuando el índice dice «tensión contenida», describe razonablemente bien la situación de un hogar en el Gran Buenos Aires o en Córdoba capital. Pero para un hogar en Resistencia o en La Quiaca, esa categoría no refleja su experiencia —refleja la de otro país que comparte moneda y bandera, pero poco más.

La economía del argentino de a pie no está en caída libre, pero tampoco respira con comodidad.
Lectura final del índice que le faltaba a la gente
El número resume bien lo que los datos, por separado, solo insinúan: la economía del argentino de a pie no está en caída libre, pero tampoco respira con comodidad. Es un equilibrio que se sostiene con esfuerzo —y que, para millones de hogares fuera de las grandes ciudades, ni siquiera llega a ese punto.
Tres tensiones definen este período:
- Los salarios corren de atrás. La canasta subió 3,94% mientras el salario formal creció apenas 0,78%. La pérdida real ronda el 2,1%. No es una crisis abrupta, pero es un goteo constante que erosiona el poder de compra mes a mes
- El consumo ya ajustó, y lo hizo por capas. Primero se resignaron salidas y gustos. Luego, ropa y electrodomésticos. Y en un 14% de los casos, ya se llegó a recortar alimentos. Esa secuencia habla de un ajuste que avanzó más de lo que el número agregado sugiere
- El optimismo existe, pero flota sobre datos adversos. Que casi la mitad de los encuestados espere mejorar en los próximos tres meses es una señal genuina —no hay que subestimarla. Pero por ahora es una expectativa sin anclaje en la evolución salarial real. La próxima edición del índice dirá si esa apuesta empieza a tener sustento
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ECONOMIA
La deuda pública aumentó en abril por cobertura para próximos vencimientos, bonos ajustables y diferencias de cambio

Cada mes, la Secretaría de Finanzas informa operaciones de deuda pública superiores a 40.000 millones de dólares. En abril ascendió a USD 74.200 millones, incluyendo financiamiento, canjes, capitalizaciones, pagos, ajustes y cancelaciones, y un saldo neto que muestra reducción de compromisos con el sector privado no financiero, mientras que sigue creciendo con organismos internacionales, principalmente para financiar obras de infraestructura y cumplir el acuerdo de facilidades extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde abril de 2025.
No obstante, analistas y consultoras privadas advierten sobre los vencimientos de 2027, estimados en USD 23.000 millones, que generan incertidumbre respecto a la capacidad de pago, pese a que mes a mes la Secretaría de Hacienda informa la sostenibilidad de superávit fiscal financiero que permite acumular depósitos oficiales en el Banco Central de la República Argentina, en pesos y dólares, y obtuvo en abril garantías de organismos internacionales para afrontar los próximos vencimientos de deuda.
La cartera que dirige Federico Furiase informó que en abril de 2026 el stock de deuda bruta ascendió a USD 496.676 millones, de los cuales USD 494.141 millones se encuentran en situación de pago normal. Por tipo de legislación, en abril, la deuda en moneda local representó el 47% del total, mientras que el 53% restante correspondió a moneda extranjera.
Durante abril, la Administración Central concretó operaciones por USD 74.200 millones: USD 39.150 millones en financiamiento y capitalizaciones, y USD 35.050 millones en amortizaciones y pagos.
El incremento neto de USD 4.100 millones se atribuyó al atraso en el desembolso trimestral del FMI por unos USD 1.000 millones y al anticipo en la colocación de bonos para afrontar vencimientos en julio y enero próximos, por más de USD 4.000 millones, en cada caso.
Desde enero de 2026, la dinámica de la deuda pública es motivo de seguimiento para analistas y consultoras económicas debido a la concentración de vencimientos y la limitada acumulación de reservas internacionales en el Banco Central y la capacidad de compra del Tesoro Nacional.
En términos de PBI, la deuda consolidada de la Administración Central y el Banco Central aumentó en abril a 59,1%, un punto más que en marzo, según la estimación implícita del BCRA en los agregados monetarios.
Las operaciones de deuda con organismos internacionales -excluyendo al FMI-, destinadas a recapitalizar el Banco Central y financiar reformas sin requerimiento legislativo, junto con el efecto de la valuación de divisas, se estabilizaron en 38.967 millones de dólares.
El saldo del préstamo del FMI aumentó en USD 653 millones, reflejando la variación de monedas frente al dólar y cancelaciones netas derivadas del retraso en el desembolso esperado.
Por diferencias de cambio, los Adelantos y Letras del Banco Central transferidos a la Tesorería aumentaron en USD 30 millones, ubicándose en 55.552 millones de dólares.
La deuda consolidada de la Administración Central y el Banco Central, descontados los depósitos oficiales en el ente monetario por USD 7.435 millones -que aumentaron en USD 2.529 millones-, totalizó en abril de 2026 USD 489.241, con un incremento de USD 10.318 millones frente a marzo.
En comparación con noviembre de 2023, la deuda bruta de la Administración Central aumentó en USD 71.383 millones a marzo último. Sin embargo, al considerar las transferencias de pasivos del Banco Central al Tesoro durante los primeros meses de 2024 y la variación de depósitos oficiales, el stock consolidado en los primeros 29 meses de la presidencia de Javier Milei presentó un crecimiento neto de USD 2.290 millones.
Este resultado se descompone en un alza de USD 21.635 millones con organismos internacionales y baja de USD 19.345 millones en el agregado del sector público y privado.
En términos de PBI, la deuda consolidada se mantuvo en 59,1% que había alcanzado en noviembre de 2023, tras un pico de 76,3% en diciembre de ese año -por el sinceramiento cambiario y la eliminación de la brecha con los tipos de cambio alternativos-.
Según los analistas, la coordinación entre el Tesoro y el Banco Central sigue siendo clave para el desempeño económico de corto plazo. La estrategia oficial prioriza evitar que la expansión monetaria de origen cambiario se traslade a precios o al dólar, mediante la colocación de deuda en moneda nacional para enfrentar vencimientos futuros y consolidar la disciplina fiscal, con el objetivo de reducir el peso de la deuda pública sobre el PBI.
A mediados de mayo, el Banco Central de la República Argentina puso a disposición del Tesoro Nacional $24,4 billones en concepto de dividendos del ejercicio 2025, tras la aprobación del directorio sobre el estado contable del año.
Hacienda informó que los fondos se distribuirán en dos operaciones: $6 billones se destinarán a la constitución de depósitos del Tesoro en el BCRA y $18,4 billones a la recompra de Letras Intransferibles en cartera del organismo, por un valor nominal estimado de USD 21.700 millones. Esta medida permitirá reducir la deuda pública consolidada con el ente monetario a USD 30.600 millones.
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ECONOMIA
Régimen Simplificado de Ganancias: por qué la presunción de exactitud y el menor control informativo atraen a los contribuyentes

El Gobierno festejó que más de 80.000 contribuyentes se adhirieron al Régimen Simplificado de Ganancias (RSG) como una variable que marcaría el éxito de la Ley de Inocencia Fiscal. Sin embargo, los especialistas destacaron que el régimen por sí solo tiene beneficios independientemente de si los argentinos eligen sacar dólares del colchón, entre ellos un “tapón fiscal” ante la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) con un costo cero.
El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que “la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) lleva registradas más de 80.000 adhesiones al Régimen de Declaración Jurada Simplificada”.
Caputo remarcó que “la cifra se duplicó en los últimos 20 días, fecha en que ARCA puso a disposición el aplicativo para presentar las declaraciones juradas”. Esta dinámica instaló el debate sobre el verdadero alcance y los incentivos detrás del RSG.
Desde el sector tributario, la gerente de Impuestos de Lisicki, Litvin & Abelovich, Noelia Girardi, consideró que la cantidad de inscriptos todavía resulta relativa.
Falta aproximadamente un mes para el vencimiento de las declaraciones juradas (Girardi)
Según Girardi, falta aproximadamente un mes para el vencimiento de las declaraciones juradas (que es el 11, 12 y 16 de junio, según la terminación de CUIT), momento límite para la adhesión.
Girardi dijo a Infobae: “El interés de los contribuyentes responde a diversos motivos, entre ellos la simplificación en la presentación de la declaración jurada. Aunque no necesariamente implica menos trabajo para el contador, ya que lo fundamental es la menor carga de información expuesta ante el fisco”.

Sin embargo, el beneficio más importante que otorga el RSG para quienes adhieren y cumplen con las condiciones, es otorgar la presunción de exactitud y el efecto liberatorio del pago. Esto limita la posibilidad de fiscalizaciones posteriores de ARCA sobre los períodos declarados, incluso sobre años anteriores no prescriptos, salvo discrepancias significativas. Así, el régimen introduce una mayor previsibilidad y una lógica de “cierre fiscal” que despierta interés entre los contribuyentes.
Uno de los temas más discutidos entre los expertos es la posibilidad de exteriorizar ahorros en dólares sin necesidad de justificar el origen patrimonial en la declaración simplificada.
Girardi destacó que el régimen facilita que algunos fondos se incorporen gradualmente al sistema formal con menor temor a inspecciones. Sin embargo, advirtió que esto no significa que todos los inscriptos recurran de inmediato a declarar fondos no justificados. En su visión, la cultura del ahorro dolarizado fuera del sistema financiero en Argentina se vincula más con la desconfianza que con la evasión.
Hasta el momento, la evolución de dépositos del sector privado en moneda extranjera exponen que desde finales del 2025 hasta ahora no hubo un incremento considerable. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) al 1° de diciembre de 2025 se encontraban en USD 36.641 millones y al 8 mayo eran de USD 38.935 millones (un aumento de USD 2.294 millones). Siendo una cuestión que al ministro de Economía, Luis Caputo le cuesta reconocer y que elije quedarse con la lectura de que comparada con la presidente de Mauricio Macri, se encuentra en niveles récord, lo que es verdad. Pero si se compara con el universo de USD 170.000 millones que el Fondo Monetari Internacional (FMI) proyecta hay fuera del sistema bancario resulta insignificante la suba.
Si no surgen divergencias relevantes, el fisco no puede revisar declaraciones juradas previas, ya que la presunción de exactitud se extiende también al IVA para los períodos fiscales no prescriptos (Ghirardotti)
Mariano Ghirardotti, socio de Ghirardotti & Ghirardotti, resaltó que la reducción de la carga administrativa es una de las principales ventajas frente al régimen general.
Ghirardotti afirmó: “Si no surgen divergencias relevantes, el fisco no puede revisar declaraciones juradas previas, ya que la presunción de exactitud se extiende también al Impuesto al Valor Agregado (IVA) para los períodos fiscales no prescriptos. Sin embargo, sostuvo que existe una duda sobre el alcance temporal del beneficio, si cubre hasta diciembre de 2025 o hasta el mes anterior a la presentación.

El tributarista consideró que el RSG resulta recomendable para quienes presentan inconsistencias en años anteriores, ya que ayuda a reducir costos profesionales, especialmente en perfiles con patrimonios complejos o bienes en el exterior. La exención de la justificación patrimonial en la declaración simplificada elimina tareas obligatorias en el régimen general.
Ghirardotti agregó que el atraso en el dictamen de la Dirección Nacional de Impuestos (DNI) limita el ingreso de interesados y que hay “muchos puntos grises. Además, el proceso de bancarización de dólares informales plantea dudas, porque los bienes personales no están amparados por la presunción de exactitud”.
El contador Marcos Felice dijo a Infobae que el dato relevante será el volumen total de presentaciones mediante este régimen, ya que la sola adhesión no implica ningún efecto definitivo: “Cualquiera puede adherirse, luego desistir y presentar por el régimen general”.
El mayor beneficio radica en poder ingresar dinero a la economía formal sin justificar su origen ante ARCA. El contribuyente declara y paga por esos fondos (Felice)
Felice destacó: “El mayor beneficio radica en poder ingresar dinero a la economía formal sin justificar su origen ante ARCA. El contribuyente declara y paga por esos fondos. Si cumple con los requisitos, obtiene un “tapón fiscal” para años anteriores, pero si ARCA detecta alguna inconsistencia posteriormente puede excluirlo, exigir el pago de multas y ajustar los años previos protegidos por el tapón.
El RSG ofrece un canal para que quienes poseen ahorros en dólares por fuera del sistema bancario ingresen esos activos al circuito formal. La cultura de guardar dólares fuera del sistema, predominante en Argentina, se relaciona más con la desconfianza en las políticas de los gobiernos que con la evasión fiscal, según coincidieron los especialistas. El régimen simplificado permite formalizar estos fondos siempre que no existan infracciones vinculadas al lavado de activos o actividades ilícitas.
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ECONOMIA
Carlos Pérez, de Fundación Capital: “El Gobierno es consciente que debe ir hacia un mercado único y libre de cambios”

Los datos de actividad económica en abril marcaron un punto de inflexión en la tendencia descendente que la economía argentina mostraba desde fines del primer semestre de 2025, mientras que el índice de precios al consumidor interrumpió su trayectoria ascendente. Este cambio se vio acompañado por un aumento del superávit comercial con el resto del mundo, acumulación de reservas internacionales en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), consolidación del superávit fiscal y estabilidad cambiaria.
Según diversos economistas consultados, si bien estos avances contrastan con los desequilibrios que predominaron en la mayor parte de los gobiernos de las últimas tres décadas, persisten dificultades derivadas de la lentitud con que el Gobierno encara reformas estructurales, necesarias para sostener la baja de la inflación y lograr un crecimiento económico sostenido con generación de empleo. Parte de estos cambios depende de las autonomías provinciales y municipales establecidas por la Constitución Nacional.
En este contexto, Infobae entrevistó a Carlos Pérez, economista y actual director coordinador de la Fundación Capital. Con una trayectoria que incluye cargos como gerente general y director del Banco Central de la República Argentina, y exvicepresidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Pérez analizó la coyuntura económica del país y compartió sus perspectivas para los próximos meses.
— ¿Qué implica para la economía real la contracción de los medios de pago tradicionales y el crecimiento de las líneas vinculadas a Fondos Comunes de Inversión y billeteras digitales según el último informe del BCRA?
— Hay que tener mucho cuidado no solamente con el traspaso desde cuentas a la vista sin remunerar hacia cuentas a la vista remuneradas, también hay que atender la posible migración desde plazos fijos hacia cuentas a la vista remuneradas. Este tipo de fondeo para los bancos comerciales es muy volátil y no genera demasiado crédito al sector privado, necesario para activar nuestra economía.
“El BCRA tendría que ajustar su política monetaria para que el sistema financiero mejore la calidad del origen de fondos, a través de encajes diferenciales”
Más allá del accionar de las entidades financieras, el BCRA (en su carácter de regulador) tendría que ajustar su política monetaria para que el sistema financiero mejore la calidad del origen de fondos, a través de encajes diferenciales para estos tres tipos de depósitos bancarios.
— En abril, los préstamos en pesos al sector privado crecieron en términos reales tras dos meses de caída. ¿Se trata de un dato puntual o puede anticipar un cambio de tendencia?
— Los créditos en dólares vienen creciendo a razón de USD 1.000 millones por mes, desde enero de 2026 y esa evolución está consolidada. Si bien los receptores de esos préstamos son sectores vinculados principalmente con la exportación, esto es positivo, aunque sea de manera parcial. Los préstamos en pesos al sector privado no han arrancado todavía. De todos modos, las condiciones ahora son propicias, ya que las tasas de interés por un lado vienen bajando y además es cada vez menor la volatilidad de las mismas.

— ¿El aumento de la mora crediticia es motivo de preocupación o sólo exige una mejor asignación de recursos bancarios?
— La mora de los créditos a empresas ha subido, pero su registro es lógico. La irregularidad de las carteras de créditos a familias otorgados por el sistema financiero es por demás elevada, superando el 11%, se cuadriplicó en los últimos 12 meses. Por un lado, la evolución del empleo no fue buena, el salario real cayó y aún más disminuyó el ingreso disponible. Y, por si fuera poco, el apretón monetario (con tipos de interés muy elevados) del segundo semestre del año pasado le dio un empujón más a la mora de los préstamos a las familias.
Con una actividad económica tan heterogénea, los bancos seguramente harán todo tipo de “rankings de crédito”, analizando a qué sectores asistir, qué tipo de consumo financiar, en qué regiones prestar y a quienes atender.
— Las reservas internacionales del BCRA subieron USD 2.464 millones en abril por compras en el mercado. ¿Responde a la estacionalidad de la oferta de divisas o también influye una mayor demanda de pesos?
— El Banco Central de la República Argentina empezó a comprar dólares, desde el Acuerdo con el FMI del año pasado. En el primer bimestre compró, pero no acumuló reservas internacionales, ya que los terminaba vendiendo al Tesoro para los pagos de deuda en moneda extranjera.
“En el primer bimestre compró, pero no acumuló reservas internacionales, ya que los terminaba vendiendo al Tesoro para los pagos de deuda en moneda extranjera”
Ya en el segundo bimestre de 2026, compró divisas y ahora sí acumuló reservas. Por un lado, tuvo menos compromisos que atender el Tesoro y por otro lado el ente monetario fue mucho más agresivo en las compras (pasaron de USD 70 millones a USD 140 millones diarios en abril). Al cabo del primer tercio del año, el BCRA acumuló la mitad de los USD 8.000 millones pactados con el FMI para todo el 2026.
Todo esto se dio en un marco de cautela, ya que no hubo expansión de dinero por prevención del BCRA, respecto de la evolución de la demanda de dinero doméstico. Operó la cautela en el control de la base monetaria para ir probando de a poco la posible recuperación de la demanda de dinero.

Una cuestión no menor es recuperar la intensidad diaria de las compras de dólares alcanzada en abril, ya que más allá del cumplimiento de la meta de acumulación pautada con el FMI, Argentina tiene una posición (un stock) de reservas internacionales muy débil, producto de más de una década de uso y abuso de las reservas internacionales.
— Con la apreciación sostenida del peso, ¿cree que el Ministerio de Economía debería quitar el cepo cambiario residual para empresas y algunas operaciones, o podría esto acentuar la revaluación?
— El Gobierno es consciente que debe ir hacia un mercado “único y libre” de cambios. El dilema es si abandona el cepo de una vez o va eliminando las restricciones de modo gradual. Aunque lo más probable es que la salida del cepo cambiario siga siendo gradual, como hasta ahora.
“Sería razonable evitar la apreciación sostenida del peso y acumular el máximo posible de reservas internacionales”
Lo que sí sería razonable es por un lado evitar la apreciación sostenida del peso y por otro lado acumular el máximo posible de reservas internacionales. La acumulación agresiva de reservas inhibe una riesgosa caída del tipo de cambio real.
— Los indicadores de actividad en construcción e industria mostraron señales de recuperación en marzo. ¿Desde Fundación Capital perciben una consolidación de esta tendencia en abril?
— La actividad económica muestra una evolución tipo “serrucho”, febrero mal y marzo bien. Los indicadores de abril vuelven a retroceder, tanto los de consumo (confianza del consumidor, IVA DGI y patentamiento de autos), como los productivos: despachos de cemento y producción automotriz.

— La gestión de Javier Milei exhibe heterogeneidad sectorial en actividad, empleo registrado y salarios. ¿Qué expectativas tienen en la consultora para lo que resta del mandato?
— En términos de actividad económica, la heterogeneidad sectorial es la característica. Sectores con crecimiento proyectado (2026 vs. 2023) de entre 15% (agro) y 25 % (hidrocarburos, minería, intermediación financiera), contrastan contra otros que caen entre el 3% y el 10% (comercio, industria manufacturera y construcción). Los sectores económicos que avanzan no son tan empleo-intensivos y eso condiciona tanto el aumento de la ocupación, como el salario real. Desde Fundación Capital, en el escenario económico base proyectamos crecimiento económico, aunque modesto.
— ¿La ampliación de incentivos a grandes y medianas inversiones es suficiente para reactivar la economía o debería complementarse con estímulos directos al consumo interno?
— Para el Gobierno nacional es fundamental sostener la estabilidad inflacionaria (retomando el proceso de desinflación) junto con la reactivación de la economía.
“Todos los incentivos a las inversiones son positivos, el impulso al crédito buscado por el BCRA debe ser sostenido por tasas de interés reducidas, acumulando reservas”
Todos los incentivos a las inversiones son positivos, el impulso al crédito buscado por el BCRA debe ser sostenido por tasas de interés reducidas, acumulando reservas sin temor a la flotación cambiaria.
— ¿Cuáles son, a su juicio, las principales debilidades y fortalezas de la política económica actual?
— La principal fortaleza es la política fiscal de equilibrio de las finanzas públicas, sin financiamiento monetario, sin endeudamiento y con una reducción del gasto público de más del 5% del PBI. Otra fortaleza económica es el pragmatismo con el que se está operando, tanto en la política monetaria como en la acumulación de reservas internacionales.
Existen desafíos económicos, como ser el armado del programa financiero para el próximo año electoral y alcanzar crecimiento económico con desinflación, aunque sea de manera modesta. Y finalmente las debilidades tienen que ver con el cortoplacismo de la política económica, sin horizonte más allá de 2027.
— ¿Cómo inciden el contexto internacional, la evolución del precio de las materias primas y las restricciones para bajar el riesgo país en las perspectivas de la economía argentina?
— El conflicto bélico internacional impacta tanto en el crecimiento económico (será menor), como en la inflación (será mayor) a nivel internacional. Así como el aumento del riesgo planeta tierra a la Argentina la favorece en su excedente comercial, dado los precios más altos del petróleo y siendo exportadores de energía; también es cierto que este conflicto encuentra al país con “la guardia baja” en materia de reservas internacionales.

Si bien es para destacar que Argentina está acumulando dólares y que debe profundizar dicho accionar lo más pronto posible, el stock de reservas internacionales no llega ni a la mitad de lo que tienen los países de la región, como porcentaje del PBI. La relación entre el saldo de reservas internacionales y el índice de riesgo país es relevante, de ahí la urgencia que tiene nuestro país en mejorar nuestra posición de divisas.
— ¿Cuáles son las previsiones de Fundación Capital para 2026 en PBI, tipo de cambio real, inflación y reservas netas del Banco Central?
— Nuestro escenario económico base proyecta para 2026 desinflación y crecimiento económico, ambos modestos, con un tipo de cambio que, después de un primer cuatrimestre de fuerte apreciación real, correrá en línea con la inflación. A nuestro entender el objetivo de acumulación de reservas internacionales pactado con el FMI para 2026 será cumplido.
Fotos: Maximiliano Luna
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