ECONOMIA
Transferir dividendos del banco central al tesoro no es una buena idea

Hace algunos días, los medios de comunicación hicieron referencia a un informe del Banco Provincia que estimaba cuánto debería transferir al Tesoro Nacional, en 2026, el Banco Central (BCRA) de dividendos de 2025. Si bien esto técnicamente es justificable, avanzar en esa dirección sería desaconsejable. De hecho, el accionista del BCRA es el Gobierno; por lo que puede hacerlo, como cualquier otra entidad que le transfiere sus ganancias a sus dueños. Además, durante muchas décadas el BCRA le depositó dividendos en las cuentas a los distintos gobiernos, aun cuando sólo tenía pérdidas.
El problema es que necesitamos que el BCRA se capitalice para seguir ganando solidez y, justamente, eso se logra más rápidamente si no distribuye dividendos. De hecho, en 2025, se hizo dicha transferencia que terminó financiando el pago de deuda del Gobierno en detrimento de las posibilidades del BCRA de, por ejemplo, acumular reservas. Además, como todo banco central tiene un solo instrumento para operar, la política monetaria; por supuesto, suponiendo un mercado de cambios único y libre. Así que tiene una restricción a la hora de fijarse objetivos. Con una bala se le puede dar solo a un blanco. Si se intenta pegarle a más, lo más probable es que no logre darle a ninguno.
Por ejemplo, a principios de año, el BCRA anunció que lo que pudiera emitir por la suba de la demanda de pesos, o sea, sin generar inflación futura, lo usaría para comprar reservas propias. Pues bien, al transferirle ganancias al Gobierno, lo que hace es depositárselas en una cuenta dentro de dicha institución. El problema es que, si el Tesoro usa esos recursos, el BCRA tendrá que emitir para dárselos. Por ende, a olvidarse de aprovechar esa suba de la demanda de pesos de la gente para comprar divisas; porque ya se la habrá usado para financiar al Gobierno.

Incluso, esto pasaría si el Tesoro usa esos recursos para comprarle al BCRA divisas; ya que este último las compra emitiendo pesos o endeudándose, lo cual significa una mayor futura oferta de moneda local. Así que, por ahora, sería sumamente desaconsejable que se transfieran dividendos de la autoridad monetaria al Tesoro.
Por otro lado, en pos de fijarse prioridades, cabría preguntarse si no sería mejor aprovechar el aumento de la demanda de pesos que se espera para resolver otro problema más urgente. Es decir, las medidas de aumento de encajes y sobre su forma de integración que tomó el BCRA para enfrentar la liquidación de las LEFIs a mediados de 2025 y, luego, para compensar la fuerte baja de la demanda de dinero durante la creciente incertidumbre prelectoral. Esas políticas podían ser justificables en una situación de emergencia y de corrida; pero dejaron de serlo una vez conocidos los resultados de los comicios. Dado que fueron favorables a la consolidación del rumbo económico y permitieron superar la crisis de confianza.
El problema es que, al aumentar las exigencias de encajes, queda una menor proporción de depósitos para poder prestar. Así que aumentará las tasas de los créditos; ya que habrá que cobrar sobre un menor monto los intereses que se deben pagar a los que pusieron sus ahorros en los bancos y otros gastos que tienen las entidades financieras. Dicho costo de intermediación aumentó por la volatilidad en las tasas de interés que generó el restringir la posibilidad de los bancos de actuar contracíclicamente a la demanda intramensual de pesos de la gente.
Lo malo es que un costo de intermediación financiera alto implica tasas más altas para los tomadores, desincentivándolos a endeudarse
Cuando cobran el sueldo, las personas demandan más dinero y, entonces, los bancos tratan de integrar menos encajes, para no tener que pagar tasas más altas. Saben que, luego, eso que se atesoró se irá usando para las compras diarias y volverá a los bancos, permitiéndoles sumar más encajes para cumplir con la exigencia promedio que le pide el BCRA. Si tienen restricciones para hacerlo, se los obliga a competir por esos fondos con tasas altas cuando la gente los demanda y, luego, le sobrarán recursos cuando los pesos vuelvan a los bancos, provocando una baja en las tasas de interés. Dicha volatilidad implica un riesgo en el costo del fondeo que las entidades financieras tendrán que cobrarle al que tome sus créditos.
Lo malo es que un costo de intermediación financiera alto implica tasas más altas para los tomadores, desincentivándolos a endeudarse. Por ende, los bancos no necesitan tomar tantos ahorros y bajan las tasas de interés a los depositantes, desalentándolos a colocar sus ahorros en el sistema financiero. Esto es malo, porque hace que haya menos recursos para que se transforme en crédito. De hecho, es lo que estamos viendo; ya que, a pesar de haberse superado satisfactoriamente la incertidumbre electoral, los depósitos están aumentando muy lentamente. Hoy las tasas que se pagan son negativas, si se las compara con la inflación esperada.
Lamentablemente, dichas medidas han provocado tasas tan altas que aumentaron la mora de los bancos y gestaron una menor disponibilidad de crédito para el sector privado. Esto complota contra la velocidad de recuperación de la economía, que todos estamos deseando sea rápida. Cabe reconocer que el BCRA ha ido bajando los encajes y los mínimos diarios de integración diaria. Solo sugiero que sea una prioridad aprovechar el aumento de la demanda de pesos para volver, cuanto antes, a la situación previa a las medidas de emergencia del segundo semestre de 2025. Seguramente, eso implicará que inicialmente le quede al BCRA poco margen de emisión para comprar divisas propias. Sin embargo, cuanto mayor sea el ritmo de reactivación y de mejora del bienestar de la gente, más se recuperará su demanda de moneda local para atesorar. Entonces, podrá comprar más reservas para sí que si se mantienen los comentados factores desaceleradores de la recuperación del crédito interno y de la economía.
El autor es economista y director de la Fundación “Libertad y Progreso”
Corporate Events,South America / Central America
ECONOMIA
El programa financiero 2027 quedó demasiado ajustado si el Gobierno no consigue acceso al mercado internacional

Los mercados reaccionaron positivamente a la presentación del programa financiero que realizó el equipo económico. El riesgo país cayó otro escalón y quedó muy cerca de perforar los 400 puntos básicos, mientras que las acciones de bancos que cotizan en Wall Street subieron en promedio 5%.
El objetivo de Luis Caputo fue llevarle tranquilidad al mercado respecto a las distintas fuentes de financiamiento disponibles para hacer frente a los vencimientos de lo que resulta de 2026 y fundamentalmente lo que falta para el 2027.
Los pagos para el año que viene son abultados, lo que resulta una complicación adicional por tratarse de un año electoral entre capital e intereses, la Argentina debe hacer frente a la necesidad de cancelar deuda por casi USD 25.000 millones.
Caputo estuvo acompañado por su segundo en Economía, José Luis Daza, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. El funcionario destacó que la salida al mercado internacional “El ministro de Economía, Luis Caputo, aclaró que emitir deuda en el exterior es “una opción, no un objetivo”. Y agregó que esperará para conseguir las tasas más bajas posibles. En esa línea, explicó que no necesitan endeudarse solo para demostrar que tienen acceso al financiamiento, como sugiere la mayoría de los analistas.

Con una tasa en Estados Unidos a diez años a casi 4,5% anual, el riesgo país cercano a 400 puntos implicaría que el Gobierno podría tomar deuda en el mercado internacional a una tasa cercana al 8,5% anual.
Sin embargo, a Caputo le parece por ahora insuficiente y espera para colocar posiblemente a tasas más cercanas al 7% anual en dólares. Si bien no habló de un rendimiento específico, ponderó los próximos bonos que se colocarán con garantías de organismos multilaterales saldrán a una tasa de poco más de 6%.
La mejora de la calificación de riesgo por parte de dos compañías, a las que podría sumarse Moody’s en breve, alentó a una mejora de los bonos dolarizados y la consiguiente baja del riesgo país. Los 408 puntos de cierre de ayer representan el valor más bajo desde que gobierno Javier Milei y ya está en los mejores niveles de los últimos diez años.
Con vencimientos por USD 25.000 millones que habrá que enfrentar el año que viene, el panorama sigue luciendo desafiante si no se recurre al mercado internacional.

De acuerdo con el detalle brindado por Caputo, el Central deberá comprar unos USD 5.000 millones para hacer frente a vencimientos, a los que se suman otros USD 4.000 millones para el pago de Bopreales.
El problema es que estos USD 9.000 millones que debería adquirir el BCRA en teoría el año no se acumularán en las reservas. Por lo tanto, lo ideal sería refinanciar los vencimientos con la emisión de nueva deuda (de ser posible en el mercado internacional) y no con el uso de los dólares que el Central compra en el mercado.
Por otra parte, se anunció la emisión de un nuevo Bonar 2029, cuyo objetivo -según se adelantó- es en esta instancia captar los dólares que cobrarán los inversores en los próximos días. El 9 de julio vencen unos USD 4.200 millones y el objetivo es que parten se reinviertan en el nuevo título, que pagará intereses de manera mensual.
El Gobierno sigue recurriendo así al financiamiento en el mercado local: ya se emitieron USD 4.000 millones entre los Bonares 2027 y 2028 y ahora van por otros USD 2.000 millones del Bonar 2029. Así, el total financiado en el mercado local ascendería a USD 6.000 millones.
En cuanto al FMI, el año que viene se aceleran los vencimientos de capital e intereses por USD 7.700 millones. El organismo a su vez realizará desembolsos pero por un monto mucho menor, por un total de USD 1.900 millones. Caputo aclaró que no está previsto solicitarle al organismo que refinancie los vencimientos, una posibilidad que había empezado a circular pero sin confirmación oficial.
Anniversaries,South America / Central America
ECONOMIA
Caputo reveló cuántos dólares espera recaudar con las privatizaciones: las empresas apuntadas

El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó este lunes el programa financiero para 2026 y 2027. El objetivo es despejar dudas sobre el pago de vencimientos de deuda y mostrar mayor poder de fuego de cara al año electoral.
Entre los anuncios clave, el funcionario confirmó que u$s800 millones ingresarán este año por privatizaciones. Otros u$s1500 millones llegarán en 2027.
La cifra total de u$s2300 millones implica un leve ajuste. El 28 de abril pasado, durante Expo EFI, Caputo había anticipado que el proceso de privatizaciones y concesiones generaría ingresos por unos u$s2.000 millones. El cambio no es sustancial, pero marca una recalibración de tiempos y montos esperados.
Hasta ahora, el Gobierno recaudó u$s356 millones por la venta de Transener. Durante el verano sumó otros u$s707 millones con la licitación de cuatro centrales hidroeléctricas del Comahue.
El resto del programa incluye una serie de activos en distintas etapas. Algunos muestran avances concretos. Otros enfrentan obstáculos que podrían demorar los ingresos proyectados.
Las centrales térmicas de Enarsa: el activo más codiciado con dos problemas
El proceso más avanzado, aunque no exento de complicaciones, es la venta de las centrales térmicas Manuel Belgrano y San Martín. Ambas están en manos de la estatal Enarsa, que controla el 65,01% de la primera y el 68,83% de la segunda.
Se trata de dos activos gemelos. Cada uno tiene unos 800 MW de potencia y turbinas Siemens. El Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) los tasa en alrededor de u$s400 millones cada uno.
La Central Térmica Manuel Belgrano está en Campana, provincia de Buenos Aires. San Martín opera en Timbúes, Santa Fe. Nacieron de una solución sui géneris que ideó el exministro Julio De Vido durante la crisis energética de 2004, cuando el Estado saldó deudas con generadoras mediante la construcción de nuevas centrales a través del Foninvemem. Entre ambas representan cerca del 10% de la demanda eléctrica total del país.
El proceso de venta enfrenta dos obstáculos concretos. El primero es el derecho de preferencia que tienen los socios privados -entre ellos Central Puerto, AES y Pampa Energía- para igualar cualquier oferta que se presente.
Eso desalienta la llegada de nuevos jugadores. Reduce el proceso, en la práctica, a una discusión entre los actuales accionistas. Central Puerto ya manifestó su interés en quedarse con el control. La empresa, además, opera ambas plantas.
El segundo obstáculo es la tasación. El valor de estos activos depende del flujo de ingresos futuro, que resulta difícil de proyectar tras los cambios recientes en las reglas de remuneración del mercado eléctrico que impulsó el Gobierno.
Más adelante, Enarsa también prevé sumar a la lista otras dos centrales térmicas. Se trata de Almirante Brown (575 MW) y Vuelta de Obligado (540 MW). Ambas están todavía sujetas al fideicomiso que recién vence entre 2027 y 2028.
En materia hidroeléctrica, el Gobierno prepara una segunda etapa de concesiones. Incluye a las centrales Los Nihuiles (265 MW), Diamante (388 MW) y Pichi Picún Leufú (285 MW).
Belgrano Cargas: tres activos distintos y demoras en el pliego
Otro de los procesos en danza es la privatización de Belgrano Cargas. El proyecto arrastra demoras significativas.
El pliego, que en Argentina Week se había anticipado para marzo, todavía no se conoció. El Gobierno licita en este caso tres activos distintos.
El primero es la concesión de las vías por 50 años. Abarca los ramales San Martín, Belgrano y Urquiza. El esquema tiene un fuerte componente de financiamiento internacional y arbitraje fuera del país.
Ya mostraron interés el grupo mexicano Ferromex, un consorcio de cerealeras y una constructora local.
El segundo activo es la venta del material rodante: locomotoras y vagones. Está tasado en unos u$s500 millones. Es un activo que se revaloriza porque no hay stock disponible en el mercado internacional.
El tercero es el alquiler de los talleres de reparación, bajo un esquema de leasing.
A diferencia de otros procesos, la concesión de las vías no aporta liquidez inmediata al Tesoro. Las empresas se comprometen a ejecutar obras a lo largo de cinco a 15 años.
El ingreso más rápido llegará por la venta del material rodante. Se cobraría en cinco cuotas: un anticipo del 20% y cuatro pagos anuales sujetos al avance de la obra.
AySA: el proceso con más interés del mercado
De todos los procesos en danza, el de Aguas y Saneamientos Argentinos (AySA) es el que más interés despierta. También es el que muestra mayor avance concreto.
A mediados de mayo, el Gobierno publicó los pliegos para vender el 90% de las acciones de la empresa. El objetivo es recaudar unos u$s500 millones para el pago de deuda.
El esquema prevé dos etapas. Primero, la venta de al menos el 51% del capital a un operador privado mediante licitación. Luego, la colocación del resto de las acciones estatales en el mercado.
El 10% restante quedará en manos de los empleados, a través del Programa de Propiedad Participada.
Entre los interesados en quedarse con la compañía figuran el empresario José Luis Manzano y Sabesp. Esta última es la empresa brasileña de gestión de agua y residuos con sede en San Pablo.
Intercargo quedó desierta y otros activos sin cronograma
El proceso de privatización de Intercargo sufrió un traspié. Tras dos prórrogas, el Gobierno abrió los sobres de la licitación para vender el 100% del paquete accionario.
La empresa de asistencia en tierra opera en más de 20 aeropuertos del país. El precio base era de u$s45 millones. No recibió ninguna oferta.
Tandanor y Casa de Moneda completan la lista de activos que el Gobierno evalúa incorporar al proceso. Ambos casos todavía están sin cronograma definido.
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ECONOMIA
Por qué hay tantos alfajores nuevos en los kioscos: luces y sombras de un boom de consumo que esconde carencias alimentarias

Desde que arrancó el año, surgieron alrededor de 30 nuevas marcas de alfajores. La categoría, que ya acumula un centenar de etiquetas activas, es uno de los verticales que más crece en cuanto a ventas en los kioscos, en un contexto en el que el consumo minorista no despega. A pesar de que se trata de un alimento con fuerte arraigo cultural entre los argentinos, las razones detrás del boom de los alfajores parecen ser un tanto más complejas.
Según datos de la consultora NielsenIQ, los alfajores son el segundo rubro con mayor crecimiento dentro del universo de chocolates, con una expansión del 10% en el mix de la categoría. El alza se da sobre una base particularmente alta, ya que el año pasado las ventas de alfajores crecieron, según datos del sector, entre un 30% y un 40 por ciento.
El contraste es la caída del consumo masivo. De acuerdo con el último informe de Scentia, el consumo masivo cayó 1,6% interanual en mayo en la suma de todos los canales considerados y mostró un avance de apenas 0,1% frente al mes anterior, mientras que el acumulado de los primeros cinco meses del año arrojó un rojo de 3 por ciento. El canal de kioscos y almacenes de barrio registró en ese período una retracción de 0,8% interanual.
La venta de alfajores va a contramano de esa tendencia, y la explicación que dan los propios fabricantes apunta a un cambio en los hábitos alimentarios de los trabajadores argentinos. Más de seis de cada diez asalariados formales (61%) admitió haberse saltado al menos una comida durante su jornada laboral por razones económicas, según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), basado en una encuesta nacional a 1.171 trabajadores del sector formal.
El estudio de la UCA indica, a su vez, que el 78,5% de los asalariados optó por alimentos más económicos y menos nutritivos durante su jornada. El 43,9% destinó entre $5.001 y $10.000 diarios para almorzar en el trabajo, y el 20% superó ese umbral. Solo el 16,5% de la fuerza laboral formal —esto es, una de cada siete personas con empleo registrado— está libre de privaciones alimentarias.

“Hace unos años que ya venimos viendo que el alfajor es almuerzo o cena de mucha gente“, afirmó Hugo Basillotta, vicepresidente de Guaymallén, en diálogo con Infobae. Claudio Messina, director comercial de Fantoche, coincidió en que el producto “siempre reemplazó comidas”, y enumeró entre sus atributos la capacidad de funcionar como desayuno, almuerzo, merienda o postre a un precio que, en promoción, puede ubicarse en $3.500 por un alfajor triple con gaseosa.
Los argentinos consumen un promedio de 85 alfajores industriales por persona al año —algunas estimaciones del sector elevan esa cifra a cerca de 100—, lo que equivale a más de 10 millones de unidades diarias, según comentó Natalia Colla, Grouper de Harinas de Grupo Arcor.
El informe de la UCA advierte que el 22,6% de los trabajadores no consume ningún alimento durante su jornada laboral, con mayor incidencia entre los más jóvenes —el 70,7% de los trabajadores de entre 18 y 29 años omite comidas— y en regiones como el Noreste argentino, donde esa proporción trepa al 50,1 por ciento.
Los números de ventas del sector reflejan la tendencia. Fantoche registró en el período actual ventas 35% superiores a las de 2025, un ejercicio que ya había cerrado con un alza del 40% frente a 2024: dos años consecutivos de expansión sobre una base de comparación cada vez más exigente. “Es una categoría que crece hace años. Después de la pandemia creció muchísimo”, señaló Messina a este medio.
Basillotta, por su parte, precisó que la demanda actual supera la capacidad instalada de producción de Guaymallén: “Hoy tenemos mucha demanda. No damos abasto con las líneas que tenemos”.
En tanto, desde NielsenIQ describieron un mercado con más marcas, más variedades y más lanzamientos simultáneos, con incorporación de jugadores value —como Rasta o “Pescado Raúl”, el alfajor del cantante Joaquín Levington— y de propuestas de mayor indulgencia al mismo tiempo.
De hecho, ese segmento es el de expansión más acelerada. Los alfajores extra indulgentes —triples con mayor volumen de relleno, tamaños más grandes y combinaciones de sabores fuera de lo convencional— ya representan cerca del 9% de las ventas totales en kilos de la categoría, según datos de Arcor. La compañía lanzó en abril de este año GOAT, su entrada en ese segmento, después de haber presentado Chocotorta el año anterior.

La dinámica de lanzamientos también alteró la estacionalidad histórica de la categoría, que solía concentrar sus novedades en el inicio del ciclo escolar o con la llegada del invierno. Las más de 30 novedades relevadas en lo que va del año se distribuyeron desde los primeros meses, y las promociones arrancaron antes que en temporadas anteriores. Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros Argentinos (UKRA), describió el mercado como “siempre sobresaturado”, con una intensificación notoria en el último año.
Esa saturación ocurre en un canal bajo presión sostenida. Según datos de la UKRA, entre noviembre de 2024 y la actualidad cerraron 36.150 kioscos en todo el país —de 96.000 a 59.850 locales—, con una pérdida estimada de más de 72.000 puestos de trabajo y un ritmo de 50 cierres diarios.
Dentro de ese escenario, el alfajor mantiene su posición como el producto más vendido del canal durante todo el año, según Acuña, quien enumeró entre los líderes de venta a Arcor y Mondelez —con al menos 12 referencias entre simples y triples entre ambas compañías—, Guaymallén, Fantoche, Jorgito y Rasta.
El rango de precios refleja la amplitud del mercado: desde los $500 de un Guaymallén simple hasta más de $5.000 en propuestas premium de cafeterías y locales gourmet, como el “chocolate Dubai” de Havanna. Basillotta atribuyó la resistencia de Guaymallén a esa misma lógica: “Tiene una relación precio-calidad que es una buena opción cuando la economía está sufriendo. La competencia no nos preocupa nunca. Es un producto muy bien posicionado en la Argentina, hay una costumbre alrededor del alfajor”.
















