ECONOMIA
Nuevas bandas para el dólar: el rango de precios en el que podrá moverse sin intervención del BCRA

Con eldato de inflación de marzo difundido por el INDEC este martes, el esquema de bandas cambiarias volverá a ajustarse: en mayo subirán 3,4%, en línea con la dinámica de precios.
De esta forma, hacia fines del quinto mes del año el techo de la banda para el dólar se ubicará en $1761,12, mientras que el piso descenderá a $790,88. Se trata de una actualización automática que responde al nuevo mecanismo implementado por el Banco Central de la República Argentina. Dentro de ese margen, el dólar flotará libremente y el BCRA no tendrá necesidad de intervenir, ya sea comprando (si perfora el piso) o vendiendo (si pasa el techo).
Este martes, el dólar mayorista cortó la racha a la baja, avanzó $10 y cerró en $1.364, luego de haber caído unos $16 en la jornada previa. Sin embargo, continúa lejos del techo de la banda cambiaria. Una brecha que, luego de conocerse el dato de inflación, tenderá a agrandarse.
Lo concreto es que el sistema actual establece que tanto el límite superior como el inferior se ajustan diariamente hasta completar, a lo largo del mes, el porcentaje equivalente a la inflación más reciente informada por el INDEC, con un rezago de dos meses. Este esquema de bandas cambiarias reemplazó al anterior, que contemplaba una actualización fija del 1% mensual.
Las bandas ajustadas por inflación comenzaron a regir el 2 de enero, con un piso inicial de $914,78 y un techo de $1529,03. La modificación buscó ampliar el margen de flotación del tipo de cambio y otorgarle mayor flexibilidad, en un contexto de salida del cepo cambiario y normalización del mercado.
Desde el Banco Central sostienen que este régimen permite reducir la volatilidad extrema y evitar saltos bruscos en la cotización del dólar. Sin embargo, analistas del mercado advierten que el cambio también responde a la necesidad de evitar que el techo de la banda quede atrasado en términos reales frente a una inflación más elevada.
En ese sentido, señalan que si bien el nuevo mecanismo corrige ese desfasaje, también podría implicar un riesgo: trasladar mayor presión al nivel general de precios si el tipo de cambio acompaña más de cerca la inflación.
El BCRA volvió a comprar dólares y ya suma más de u$s5.700 millones en 2026
El Banco Central volvió a sumar reservas este martes, aprovechando la oferta de divisas que llega desde el agro. El BCRA compró otros u$s185 millones y ya suma u$s5.718 millones en lo que va del año. De esta manera, las reservas brutas subieron hasta los u$s45.873 millones.
El Central extiende así una racha imparable de compras de dólares, que comenzó en los primeros días de enero y no se volvió a interrumpir. Y lo hace en un contexto del dólar calmo, que se mantiene por debajo de los $1.400 y en niveles más bajos en seis meses.
El tipo de cambio oficial cortó su racha bajista y registró una suba en la última rueda, aunque se mantiene cerca de los niveles más bajos desde octubre. En ese contexto, la apreciación acumulada en las últimas semanas volvió a poner sobre la mesa la discusión por un posible atraso cambiario.
En el segmento mayorista, el dólar avanzó $10 y cerró en $1.364, luego de haber caído unos $16 en la jornada previa. De esta manera, la brecha respecto del techo de la banda cambiaria -ubicado actualmente en $1.677,45– se mantiene en torno al 23%. El volumen operado en contado alcanzó los u$s550 millones, reflejando una actividad sostenida en el mercado.
En cuanto a los contratos de dólar futuro, mostraron un comportamiento mixto, con subas en los plazos más cortos. Las proyecciones del mercado ubican el tipo de cambio en torno a $1.377,5 hacia fines de abril, en una jornada en la que se negociaron aproximadamente u$s1.270 millones.
Por el lado del minorista, el Banco Nación Argentina fijó la cotización de venta en $1.385, lo que lleva al dólar tarjeta a $1.800,5. En tanto, el promedio relevado por el Banco Central de la República Argentina se ubicó en $1.389,01.
Entre los tipos de cambio paralelos, el contado con liquidación (CCL) se negocia a $1.469,51, mientras que el dólar MEP cotiza a $1.408,89. A su vez, el dólar blue sube a $1.410, y el dólar cripto alcanza los $1.458,54 según plataformas del sector.
Desde la consultora Criteria destacaron que en la segunda semana de abril se consolidó un escenario de estabilidad financiera de corto plazo, impulsado por una combinación de apreciación cambiaria, fuerte intervención oficial y compresión de tasas. Sin embargo, advirtieron que persisten desafíos: el frente monetario exhibe exceso de liquidez y tasas en mínimos, mientras que la desinflación avanza a un ritmo más lento del esperado, lo que genera presiones sobre las tasas reales y las expectativas inflacionarias.
La inflación de marzo fue la más alta en un año y empuja el techo de la banda cambiaria
La inflación de marzo se ubicó en el 3,4% y, tal como había anticipado el mercado y hasta el propio Luis Caputo, volvió a acelerarse luego de dos meses consecutivos en 2,9%. De esta manera, registró la suba más alta en un año: el dato de marzo de 2025 había sido 3,7%.
De esta manera, la inflación acumulada en los primeros tres meses del 2026 alcanzó el 9,4%, mientras que la inflación interanual fue del 32,6%.
De esta manera, la inflación continuó con tendencia claramente ascendente. El IPC comenzó a escalar desde mayo del 2025, cuando registró un alza del 1,5%. Luego del 1,6% en junio, tuvo una variación de 1,9% en julio y agosto, mientras que fue 2,1% en septiembre, 2,3% en octubre, 2,5% en noviembre, 2,8% en diciembre y finalmente el 2,9% de enero y febrero.
El lunes, durante una presentación, el ministro de Economía Luis Caputo había adelantado que la inflación de marzo volvería a subir. Aunque anticipó que luego tenderá a bajar: «Seguramente será arriba del 3% porque hubo un shock que evidentemente tuvo impacto obvio en todo lo que está relacionado con el petróleo, desde pasajes de avión de cabotaje hasta de transporte; tenes temas como la educación, que en marzo tiene su estacionalidad. A partir de abril se viene un proceso de desinflación y crecimiento, se vienen los mejores meses«, sostuvo.
Según informó INDEC, a nivel de las categorías, los precios Regulados (5,1%) tuvieron el mayor incremento por ajustes en las tarifas de servicios públicos, transporte y educación, seguidos por eI IPC núcleo (3,2%) -con una variación levemente menor al nivel general- y Estacionales (1,0%), con subas vinculadas al turismo y al cambio de temporada en indumentaria que compensaron las caídas de precios de verduras y frutas.
La división de mayor aumento en el mes fue Educación (12,1%): como todos los años, esta suba coincide con el inicio de las clases. La segunda división con mayor aumento fue Transporte (4,1%) debido a los combustibles, el transporte público y los pasajes aéreos.
La división con mayor incidencia en la variación mensual regional fue Alimentos y bebidas no alcohólicas, principalmente por la suba de las Carnes y derivados (6,9% en GBA).
Las dos divisiones que registraron las menores variaciones en marzo de 2026 fueron Bienes y servicios varios (1,7%) y Equipamiento y mantenimiento del hogar (1,3%).
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ECONOMIA
Señal de alerta: el dato que preocupa sobre la caída del sueldo y el consumo del argentino

¿Cómo siente la economía una persona común? Mientras los indicadores oficiales miden variables agregadas, hay una pregunta que pocas veces aparece en los informes técnicos: ¿cómo vive la economía una persona de carne y hueso? ¿Le alcanza el sueldo a un «argentino de a pie»? ¿Resignó algo este mes? ¿Siente que en los próximos meses va a estar mejor o peor?
El Índice del Argentino de a Pie elaborado por la consultora Focus Market nace para responder exactamente eso. No reemplaza al IPC ni al PBI: los complementa con algo que los datos duros solos no capturan: la percepción y la experiencia cotidiana de la economía.
Este indice no reemplaza al IPC ni al PBI sino que los complementa
El resultado es un score de 0 a 100, con tres zonas de interpretación y distintas subescalas.

La economía del hogar promedio no está en colapso, pero tampoco en calma: hay presión sostenida sobre el bolsillo
El índice de este período arroja 61,8 puntos, ubicándose en la zona de Tensión Contenida (60-70). Esto significa que la economía del hogar promedio no está en colapso, pero tampoco en calma: hay presión sostenida sobre el bolsillo, con señales mixtas según el pilar que se mire.

Según el índice, hay una importante «tensión contenida»
Pilar 1: qué está pasando con el ingreso real
El primer pilar pregunta lo más básico: ¿alcanzó? No en términos abstractos, sino en la experiencia concreta de cada hogar al cierre del mes. Los resultados muestran una fotografía polarizada. Más de un tercio de los hogares no solo cubrió sus gastos sino que logró ahorrar algo, una señal de estabilidad relativa que no debería pasarse por alto. Pero en el otro extremo, casi uno de cada tres declara que no llegó a fin de mes.
Entre ambos extremos, el grupo del medio —los que «llegaron justo»— es llamativamente pequeño. Esa polarización es, en sí misma, un diagnóstico: no estamos ante una crisis que afecta a todos por igual, sino ante una economía que funciona de manera muy distinta según el punto de partida de cada hogar.
Un trabajador registrado con antigüedad, pareja con doble ingreso y sin deudas vive una realidad completamente diferente a la de un trabajador informal, monoparental o con cargas de crédito. El índice los promedia en 60 puntos, pero detrás de ese número conviven situaciones que poco tienen en común.

Para el 31% de los hogares, el ingreso no fue suficiente
Pilar 2: cómo viene el costo de vida
Este pilar usa datos duros: compara la variación de la Canasta Básica Total (INDEC) con la del salario formal (RIPTE) entre diciembre de 2025 y enero de 2026.

La brecha negativa de 3,16% se traduce en un score de 68,4, lo que muestra que el costo de vida le está ganando al ingreso.
La canasta subió casi cuatro puntos más que el salario. Esa brecha negativa de 3,16% se traduce en un score de 68,4, lo que muestra que el costo de vida le está ganando al ingreso.
Pilar 3: cuánto es el consumo posible
Este pilar es, probablemente, el más revelador de los cuatro. No mide lo que cuesta la vida ni lo que gana el trabajador: mide lo que efectivamente dejó de comprarse. Y en esa pregunta —¿a qué renunció este mes?— aparece la dimensión más humana y más cruda del ajuste.
Los datos muestran que el ajuste del consumo privado no es homogéneo ni simultáneo. Tiene capas.
La primera capa, la más extendida, es el recorte del consumo discrecional: salidas, entretenimiento, vacaciones, ese gasto que uno puede postergar sin consecuencias inmediatas. La mayoría de los hogares ya pasó por ahí. La segunda capa implica resignar bienes durables y semi-durables: ropa, calzado, electrodomésticos, arreglos del hogar. También muy extendida. La tercera capa —la que más debería preocupar— es el recorte de alimentos. Y ahí el índice encuentra su dato más duro: el 14% de los encuestados declaró haber reducido la cantidad o calidad de lo que come.
Ese 14% no es un número abstracto. Significa que uno de cada siete hogares relevados ya no está ajustando por el lado del lujo ni del confort: está ajustando por lo básico. Es el indicador más directo de vulnerabilidad real que arroja esta edición del índice, y el que más interpela a cualquier lectura optimista del período.
El score de 55,9 en este pilar —el más bajo de los cuatro— refleja exactamente eso: que el margen de ajuste «sin daño» se está agotando para una porción significativa de la población.

El 46,3% de los hogares resignó gustos o salidas
Pilar 4: cuáles son las expectativas económicas
El cuarto pilar mide algo distinto a los anteriores: no lo que pasó, sino lo que se espera. Y aquí el índice encuentra su nota más sorprendente —y también la más difícil de interpretar.
Casi la mitad de los encuestados (46,9%) espera que su situación económica mejore en los próximos tres meses. Es el resultado más alto del índice, y contrasta fuertemente con los datos duros que muestran los pilares anteriores. ¿Cómo se explica ese optimismo en medio de salarios que pierden contra la inflación y un consumo que ya recortó hasta alimentos?
Hay al menos dos lecturas posibles. La primera es psicológica: después de un período prolongado de deterioro, la expectativa de mejora puede ser más una necesidad que una proyección racional. Los hogares que aguantaron hasta acá tienden a apostar a que lo peor ya pasó, aunque los números no lo confirmen todavía. La segunda lectura es más estructural: parte de los encuestados puede estar anticipando mejoras concretas —una paritaria próxima, un trabajo nuevo, una deuda que se termina de pagar— que el índice no captura pero que existen en el horizonte real de cada familia.
Lo que sí queda claro es la tensión entre ese optimismo y los datos del período: el salario formal creció apenas 0,78% mientras la inflación fue tres veces mayor. Por ahora, la expectativa de mejora flota sobre evidencia que apunta en sentido contrario. Si en la próxima edición del índice esa brecha empieza a cerrarse —salarios acelerando, inflación desacelerando—, el optimismo habrá sido una señal adelantada valiosa. Si no, habrá sido, simplemente, esperanza.
El 26% que anticipa deterioro, en tanto, merece también su lectura: no es una minoría marginal. Es uno de cada cuatro hogares que ya no proyecta recuperación en el corto plazo —y eso, en cualquier contexto, es una señal que no conviene minimizar.

De cara al futuro, el 26% anticipa un deterioro
Cuando los datos oficiales hablan con la percepción
Los pilares del índice capturan cómo siente la economía el argentino de a pie. Los cruces analíticos hacen otra cosa: toman esa percepción y la ponen a dialogar con los datos oficiales disponibles. El resultado no siempre coincide —y esa tensión, cuando aparece, es en sí misma información valiosa.
El primer cruce es el más directo: ¿cuánto le sobra, en términos concretos, a una familia que vive del salario formal promedio?
Con el RIPTE de enero de 2026 en $1.646.344 y una Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro personas —equivalente a 3,09 adultos según la metodología del INDEC— en $1.397.672, la diferencia es de $248.673. En términos relativos, ese margen representa apenas un 17,8% sobre el umbral de pobreza.
Para dimensionarlo: hablamos de un colchón de menos de $250.000 para cubrir cualquier imprevisto, deuda, gasto en salud, o simplemente una semana con más gastos que lo habitual. En un contexto de inflación mensual que todavía no baja del 2%, ese margen se licúa rápido.
Pero hay algo más que el número no dice explícitamente y que vale la pena subrayar: el RIPTE mide el salario promedio de los trabajadores registrados, es decir, el segmento más protegido del mercado laboral. Si ese trabajador llega al umbral de pobreza con apenas un 17,8% de margen, la pregunta que sigue es inevitable: ¿cómo llegan los que están por fuera del registro formal? La respuesta, en muchos casos, es que no llegan.
Esto ilumina de manera directa uno de los datos más llamativos de la encuesta: el 31,6% de los hogares relevados declara que no le alcanzó a fin de mes.

El 31,6% de los hogares relevados declara que no le alcanzó el salario para llegar a fin de mes.
La brecha entre optimismo y realidad
El segundo cruce es, quizás, el más incómodo del índice. El pilar de expectativas fue el más alto: 46,9% de los encuestados espera mejorar en los próximos tres meses. Es una señal que merece respeto —la expectativa colectiva tiene peso propio y no debería descartarse como mera ilusión. Pero cuando se la pone junto a los datos del período, aparece una brecha difícil de ignorar.
Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el salario formal creció 0,78%. La inflación del mismo período fue de 2,37% —casi tres veces más. En términos reales, el poder adquisitivo del trabajador registrado retrocedió alrededor de 1,6 puntos en un solo mes.
La pregunta que ese cruce plantea no es si el optimismo es válido o no —puede serlo perfectamente, si las condiciones cambian en los meses que vienen. La pregunta es sobre qué se apoya ese optimismo hoy. Los datos del período no ofrecen aún ningún punto de inflexión visible: ni una aceleración salarial, ni una desaceleración sostenida de la inflación, ni una mejora en el empleo informal que pudiera explicar ese salto en las expectativas.

El promedio nacional esconde dos países distintos
La fractura territorial que el promedio nacional esconde
El tercer cruce es el que más interpela al índice como herramienta nacional. Porque un número como 61,8 puntos tiene sentido como promedio —pero un promedio puede esconder realidades tan distintas que terminan siendo incomparables.
La mediana del ingreso per cápita familiar por provincia, tomada de la EPH del tercer trimestre de 2025, revela una fractura que los agregados nacionales suavizan pero no resuelven. A nivel nacional, ese ingreso per cápita está prácticamente empatado con el costo de vida de un adulto equivalente según la canasta del INDEC. Dicho de otro modo: el ingreso promedio de una persona apenas cubre lo que cuesta no ser pobre —sin margen, sin ahorro, sin imprevisto posible.
Pero ese promedio nacional esconde, en realidad, dos países.
En un extremo están la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, donde el ingreso per cápita supera holgadamente la canasta individual y permite, al menos en teoría, cierta acumulación o cobertura de gastos adicionales. Son las jurisdicciones donde el índice de 61,8 podría incluso subestimar una realidad algo mejor para el hogar promedio.
En el otro extremo está el interior profundo: Chaco, Formosa, La Rioja, Santiago del Estero. En esas provincias, la mediana del ingreso per cápita no llega al 65% del costo de la canasta individual. No es que el margen sea estrecho —es que directamente no existe. Los hogares de esas regiones no están cerca del umbral de pobreza: están por debajo, o bordeándolo de manera estructural, con independencia de los ciclos económicos nacionales.
Lo que esto significa para la lectura del índice es importante: el 61,8 nacional es, para buena parte del país, un techo optimista. Cuando el índice dice «tensión contenida», describe razonablemente bien la situación de un hogar en el Gran Buenos Aires o en Córdoba capital. Pero para un hogar en Resistencia o en La Quiaca, esa categoría no refleja su experiencia —refleja la de otro país que comparte moneda y bandera, pero poco más.

La economía del argentino de a pie no está en caída libre, pero tampoco respira con comodidad.
Lectura final del índice que le faltaba a la gente
El número resume bien lo que los datos, por separado, solo insinúan: la economía del argentino de a pie no está en caída libre, pero tampoco respira con comodidad. Es un equilibrio que se sostiene con esfuerzo —y que, para millones de hogares fuera de las grandes ciudades, ni siquiera llega a ese punto.
Tres tensiones definen este período:
- Los salarios corren de atrás. La canasta subió 3,94% mientras el salario formal creció apenas 0,78%. La pérdida real ronda el 2,1%. No es una crisis abrupta, pero es un goteo constante que erosiona el poder de compra mes a mes
- El consumo ya ajustó, y lo hizo por capas. Primero se resignaron salidas y gustos. Luego, ropa y electrodomésticos. Y en un 14% de los casos, ya se llegó a recortar alimentos. Esa secuencia habla de un ajuste que avanzó más de lo que el número agregado sugiere
- El optimismo existe, pero flota sobre datos adversos. Que casi la mitad de los encuestados espere mejorar en los próximos tres meses es una señal genuina —no hay que subestimarla. Pero por ahora es una expectativa sin anclaje en la evolución salarial real. La próxima edición del índice dirá si esa apuesta empieza a tener sustento
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ECONOMIA
BlackRock retoma su apuesta por la renta variable USA: aproveche estas estrategias Por Investing.com
Investing.com – «Hemos detectado dos indicadores para aumentar la tolerancia al riesgo después de que el conflicto en Oriente Próximo nos indujese hace unas semanas a reducir riesgos y adoptar una posición neutral sobre la renta variable estadounidense».
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Así resume BackRock, en su comentario semanal de mercados, el regreso a su apuesta por la renta variable estadounidense: «El primero son los indicios de que podría reabrirse el tráfico marítimo el estrecho de Ormuz. El segundo, las señales de que cualquier impacto macroeconómico de carácter persistente se encuentra contenido. Hemos observado avances en ambos frentes».
«Además, las expectativas de beneficios empresariales han mejorado incluso durante el conflicto, en parte impulsadas por la temática de la inteligencia artificial. Por tanto, pasamos a sobreponderar la renta variable de EE.UU. y de mercados emergentes», afirman estps expertos.
«El alto el fuego entre EE.UU. e Irán ha provocado una caída del precio del petróleo, el repunte de las bolsas y la relajación de las rentabilidades de la deuda desde cotas máximas. El dato del IPC mostró una inflación aún demasiado elevada para el objetivo de la Fed», comentan estos analistas.
«Vigilaremos de cerca los precios de producción de Estados Unidos para evaluar si las presiones sobre los costes derivadas de la energía siguen empujando al alza los precios. Esperamos un crecimiento moderado en China, impulsado por la demanda externa», sentencian en .

Estrategias ganadoras
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ECONOMIA
Tras el pico de marzo, la principal duda es a qué velocidad será el proceso de desinflación que arranca este mes

Luego del pico inflacionario del 3,4% en marzo, Javier Milei volvió a pedir “paciencia” y reconoció que el dato fue “malo”. Pero el Presidente sabe que en los próximos meses el escenario más probable es el del inicio de un nuevo proceso desinflacionario. Los analistas de mercado coinciden con este diagnóstico, pero las dudas pasan sobre todo por la velocidad que adquirirá la baja del índice hasta fin de año.
El aumento trimestral superó todas las expectativas y acumuló 9,4 por ciento. Esto explica por qué los salarios aceleraron la pérdida de poder adquisitivo en el arranque de 2026. Prácticamente ninguna paritaria tenía previsto semejante salto.
Esta dinámica posiblemente cambie a partir del actual trimestre. Se espera que el índice se acomode cómodamente debajo del 3% y con nuevos acuerdos salariales es probable que los ingresos le terminen ganando a la inflación, recuperando parte del terreno perdido.

Con esa expectativa por delante, Luis “Toto” Caputo aseguró que la economía argentina vivirá “los mejores 18 meses de la historia”. Más allá de la posible exageración del ministro de Economía, el optimismo tiene que ver el arranque de un círculo virtuoso: baja de la inflación, disminución de las tasas de interés, mejora del salario real y recuperación gradual del crédito.
En tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus estimaciones para Argentina. Para este año casi duplicó la proyección de inflación a 30%, mientras que volvió a reducir la de crecimiento de 4% a 3,5 por ciento. Aún así, no deja de ser un logro para el Gobierno que se hayan acumulado dos años consecutivos de expansión del PBI, algo que no sucede hace prácticamente 15 años.
A pesar que el índice de inflación de este año se acercaría mucho al del 2025 (que arrojó 31,5%), es muy probable que la dinámica sea bien diferente. El año pasado se tocó un piso en mayo de 1,5% y a partir de allí el incremento fue constante. Ahora se podría asistir a una dinámica inversa: pico de 3,4% en marzo para entrar luego en una tendencia descendente.
Por lo tanto, la “sensación de inflación” podría ser muy distinta al cierre de 2026 respecto al año, aún cuando ambos índices anuales se parezcan.
¿Por qué hay buenas razones para ser optimista respecto a una posible disminución de la inflación a partir de abril? Un análisis más en profundidad del dato de marzo sugiere que hay algunos aspectos puntuales que no se repetirán.

El más notorio es el aumento de la nafta, producto de la guerra en el Golfo Pérsico. El incremento en los surtidores superó el 20% y si bien una parte se sentirá en la medición de abril, el impacto será mucho menor. Además YPF adelantó que no habrá incrementos durante abril a la espera de lo que pueda suceder en el mercado internacional. El rubro transporte fue el segundo de mayor incremento (4,1%) debido a esta suba de los combustibles.
El que lideró los aumentos fue Educación, con una suba del 12% por el inicio de clases. Sin embargo, se trata de un factor estacional que con seguridad no se repetirá e abril.
Otro rubro con fuerte incremento volvió a ser alimentos y bebidas, con 3,4%, en línea con el índice general. En este caso fue el aumento de carnes y derivados (6,9%) el que más impactó.
Los relevamientos de las primeras semanas de este mes muestran que la estabilidad en este rubro es mucho mayor y tendrá por lo tanto menor incidencia. Por otra parte, la inflación núcleo aumento 3,2%, es decir por debajo del IPC nacional una vez descontados los precios estacionales y de servicios regulados.
La caída del dólar también debería ser decisiva para ver índices de inflación más bajos en los próximos meses. La razón es que los productos importados bajan de precio, pero además las empresas tienen menos costos por los insumos importados que utilizan para la producción. El índice mayorista que arrojó solo 1% en febrero permite inferir con cierta seguridad lo que se viene para los precios al consumidor en los próximos meses.
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