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Manipulación, poder y ficción: las lecciones de ‘El mago del Kremlin’ sobre el teatro político moderno

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Tráiler de «El mago del Kremlin», de Olivier Assayas

La historia está llena de relatos sobre “el hombre detrás del hombre”, aquel que movía los hilos, orquestaba los movimientos y observaba todo suceder. Aunque el texto al inicio de El mago del Kremlin, dirigida por Olivier Assayas, nos informa que esta película es “una obra de ficción con intenciones artísticas”, está basada, en parte, en la historia de uno de esos hombres: Vladislav Surkov, un político y empresario ruso que fue estrecho colaborador del presidente ruso Vladimir Putin hasta ser destituido abruptamente en 2020. Surkov fue considerado por algunos tanto una eminencia gris en el Kremlin como un gurú de la manipulación, manejando los medios para mantener el control.

Su avatar en esta película es Vadim Baranov (Paul Dano), un hombre de temperamento afable y refinado gusto por el arte y la literatura. El guion, escrito por Assayas junto a Emmanuel Carrère y basado en la novela de 2022 de Giuliano da Empoli, nos presenta a Baranov a través de un periodista estadounidense y estudioso de Rusia llamado Lawrence Rowland (Jeffrey Wright). Rowland ha publicado un artículo sobre Baranov en la revista Foreign Affairs: “Vadim Baranov y la invención de la democracia falsa”, y parece haber captado la atención del propio Baranov. Durante su estancia en Moscú en 2019, Rowland intercambia mensajes por redes sociales con una persona desconocida acerca de la novela proto-orwelliana Nosotros, escrita en 1924 por el bolchevique Yevgueni Zamiatin. Al aceptar la invitación de su interlocutor para conversar en persona, viaja hasta su casa de campo y descubre que se trata del propio Baranov.

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A partir de allí, “El mago del Kremlin” adopta, en gran medida, la forma de una historia dentro de otra historia. Baranov lleva a Rowland a través de su vida, explicando en qué acertó y en qué se equivocó en su artículo, aunque da la impresión de que Baranov revisa su vida en busca de la respuesta a una pregunta que ni siquiera él puede formular.

‘El mago del Kremlin’ explora la vida de un personaje inspirado en el consultor político Vladislav Surkov

Todo comienza con los días de estudiante de Baranov a principios de la década de 1990, en la vertiginosa “nueva Rusia”, justo después del colapso del comunismo soviético. Todo parecía posible y el dinero fluía libremente. Según recuerda Baranov, aquellos días parecían una fiesta interminable, o quizá una orgía, donde uno podía ver a un hombre desnudo atado con una correa siguiendo a una cantante punk en una fiesta en casa. Como estudiante vanguardista de teatro y luego director, Baranov vivía una vida de arte y poesía junto a su novia Ksenia (Alicia Vikander). Cuando el vulgar pero divertido Dmitri Sidorov (Tom Sturridge), inventor del primer banco comercial de Rusia, entra en sus vidas, las cosas primero se tornan más brillantes y después más amargas.

Pero Baranov sigue adelante y acepta un trabajo en la producción de programas de telerrealidad de baja calidad, y es entonces cuando la historia real empieza a tomar forma. El mago del Kremlin es realmente una película sobre cómo Rusia pasó de aquellos vertiginosos días postsoviéticos, al auge de la oligarquía y, finalmente, al establecimiento de Vladimir Putin (un Jude Law mayormente inquietante) como presidente, un exagente de la KGB que valoraba el poder por encima del dinero. Los oligarcas que eligen a Putin como sucesor de Borís Yeltsin se dan cuenta demasiado tarde de que este hombre no será su marioneta. “Lo que me interesa es devolverle la integridad a la Federación Rusa”, le dice Putin a Baranov. Y eso significa consolidar el poder, en sí mismo.

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Baranov, con su talento para tejer historias, resulta útil para Putin, y a esas alturas ya le queda poco idealismo. A medida que se vuelve nihilista, y cree que la verdad es lo que él decida que sea, su país también lo hace. Sus antecedentes en teatro y telerrealidad resultan útiles: demuestra ser un genio de la comunicación, capaz de manipular el teatro político no solo para representar la realidad, sino para inventarla. Lo llaman “el nuevo Rasputín”.

Jude Law personifica a un inquietante Vladimir Putin
Jude Law personifica a un inquietante Vladimir Putin

Como ya se habrá deducido por el reparto, El mago del Kremlin no está en ruso; los actores hablan en inglés, lo que sugiere que se trata de una historia de la historia rusa pensada para públicos no rusos. Incluso con sus 136 minutos de duración (2 horas con 16 minutos), hay mucho que cubrir, por lo que avanza a buen ritmo. Esto genera un curioso efecto dramático: vemos la historia a través de los ojos de Baranov en grandes arcos, y figuras como Putin, que suelen estar en los titulares cotidianos, terminan pareciendo más personajes de una obra de teatro.

Y aunque eso puede resultar en una simplificación excesiva de una persona, también puede ser útil al intentar entender por qué alguien hace lo que hace. En una obra o una película, los personajes tienen papeles, rasgos psicológicos y motivaciones que impulsan sus arcos narrativos. Aquí, la versión levemente ficticia de un autoritario no está impulsada por el deseo de algo como el dinero, como los oligarcas, sino por el deseo de poder. Proyectar una imagen de fuerza es parte de ese deseo; la propaganda es el medio para lograrlo.

Es un marco útil para comprender a los líderes de todo el mundo, y Baranov es el cifrado ideal, alguien que comprende íntimamente cuán fácilmente pueden ser influenciadas y moldeadas las mentes de las personas. Ese vistazo tras el telón es la mayor fortaleza de El mago del Kremlin, y también su aspecto más aterrador: la noción de que, en una era en la que la verdad puede ser fabricada, quienes la fabrican tienen buena parte de la realidad en sus manos. Pero incluso ellos pueden ser descartados cuando dejan de ser útiles para los poderosos. Y entonces, ¿Cuál fue el sentido de toda esa magia?

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Fuente: The New York Times

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José Daniel Ferrer: “Cuba vuelve a estar en el centro de una peligrosa tormenta geopolítica”

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José Daniel Ferrer, líder opositor cubano (REUTERS/Norlys Pérez/Archivo)

José Daniel Ferrer, coordinador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), advirtió en una carta enviada a Infobae que la isla atraviesa lo que denominó una “Crisis de Octubre 2.0”, una combinación de colapso interno del régimen y penetración estratégica de Rusia y China, comparable en gravedad —aunque distinta en forma— a la crisis de los misiles de 1962.

Cuba vuelve a estar en el centro de una peligrosa tormenta geopolítica”, manifestó Ferrer; al tiempo que analizó: “No por fortaleza propia, sino por la combinación explosiva de una dictadura en crisis terminal, una población exhausta, represión cada vez más brutal y una creciente confrontación entre el régimen castrocomunista y Estados Unidos”.

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El líder opositor describió la situación interna de la isla como “la peor crisis de su historia”: miseria extrema, hambruna, apagones interminables, crisis sanitaria, transporte paralizado, míseros salarios y desesperanza social, contenidos por la Policía Política mediante “cárcel, violencia, torturas, amenazas y terror”.

Ferrer señaló que Washington elevó el tono de sus acciones contra el régimen. Citó la orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que califica a la dictadura cubana como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional norteamericana”, a la que se suman nuevas sanciones económicas, advertencias a empresas extranjeras, presión sobre suministros de combustible e investigaciones en curso.

Raúl Castro (AP Photo/Ramón Espinosa/Archivo)
Raúl Castro (AP Photo/Ramón Espinosa/Archivo)

También mencionó la acusación contra Raúl Castro por siete cargos criminales, incluidos cuatro asesinatos vinculados al derribo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, un escenario que, según Ferrer, el viejo poder castrista “durante décadas creyó imposible: tener que responder ante la justicia estadounidense”.

A ese panorama se suma el cambio en el equilibrio regional. “La caída de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero cambió también la ecuación“, escribió. “Durante años, Caracas fue el gran salvavidas económico, petrolero y político del castrismo. Sin Venezuela, Cuba queda mucho más expuesta“, subrayó.

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El coordinador de la UNPACU apuntó que, ante ese vacío, Moscú y Pekín emergen como los nuevos sostenes del régimen. Sobre Rusia, afirmó que sus señales de apoyo energético, financiero y político “no son gestos de solidaridad humanitaria, son movimientos estratégicos”.

Rusia no quiere perder la última gran pieza simbólica de la Guerra Fría en América“, expresó Ferrer; al tiempo que acotó: “Ante el fracaso estratégico de Putin en su guerra contra Ucrania, ve en Cuba una importante carta de triunfo».

Una bandera cubana en una calle de La Habana (Europa Press)
Una bandera cubana en una calle de La Habana (Europa Press)

Sobre China, el análisis del disidente fue igualmente directo: Pekín no mira a Cuba “con nostalgia ideológica, sino con cálculo imperial”. Para el gigante asiático, la isla representa “una plataforma excepcional: situada a solo 90 millas de Estados Unidos, en medio del Caribe, con un régimen necesitado, dependiente y dispuesto a entregar soberanía a cambio de supervivencia”.

Ferrer agregó que China “quiere a Taiwan y Cuba bajo su influencia. Es un recurso muy útil para negociar con Estados Unidos”.

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El opositor alertó sobre la existencia de “reportes de inteligencia sobre instalaciones de espionaje vinculadas a China y Rusia en territorio cubano” y advirtió que en el siglo XXI no hacen falta misiles nucleares visibles para crear una amenaza grave. “Bastan estaciones de escucha, radares, capacidades cibernéticas, inteligencia electrónica, presencia naval, cooperación militar y control de infraestructuras estratégicas”, remarcó. Y agregó: “Un régimen desesperado puede venderlo todo: puertos, telecomunicaciones, bases, información, territorio y soberanía nacional”.

Para trazar el paralelo histórico, Ferrer recurrió a la «Crisis de Octubre de 1962″. Recordó que, tras el fracaso de Bahía de Cochinos y de la Operación Mangosta, la Unión Soviética instaló misiles nucleares en Cuba, y que Nikita Jrushchov pretendía “alterar el equilibrio estratégico mundial usando la isla como punta de lanza contra Estados Unidos”. La cuarentena naval impuesta por John F. Kennedy llevó al mundo “al borde de una guerra nuclear”. Pero el desenlace de aquella crisis tuvo, según Ferrer, “una consecuencia trágica para el pueblo cubano”. Las negociaciones entre Kennedy y Jrushchov garantizaron la continuidad del régimen de Fidel Castro, quien aprovechó esa protección para consolidarse y “exportar subversión” en América Latina y África.

El coordinador de la UNPACU apuntó que Moscú y Pekín emergen como los nuevos sostenes del régimen. En la foto, los presidentes de China, Xi Jinping; y de Rusia, Vladimir Putin (Sputnik/Alexander Kazakov/Pool via REUTERS)
El coordinador de la UNPACU apuntó que Moscú y Pekín emergen como los nuevos sostenes del régimen. En la foto, los presidentes de China, Xi Jinping; y de Rusia, Vladimir Putin (Sputnik/Alexander Kazakov/Pool via REUTERS)

Ferrer advirtió que el riesgo actual es que “la historia se repita con nuevas formas”. Describió las intenciones del régimen cubano de forma taxativa: “No quiere reformas reales; quiere negociar impunidad. No quiere liberar la economía, quiere preservar el control militar sobre las riquezas nacionales. No quiere soberanía, quiere protección extranjera para seguir oprimiendo a los cubanos”.

Para el coordinador de la UNPACU, la única salida duradera pasa por el fin de la dictadura: “Cuba libre dejaría de ser una plataforma enemiga a 90 millas de Florida y sería un aliado natural de las democracias americanas”, sostuvo. Ferrer instó a Estados Unidos a actuar “con rapidez, firmeza y claridad estratégica” e impedir que Rusia, China o cualquier otro aliado de la tiranía cubana “le den oxígeno, la fortalezcan”.

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La carta cerró con una advertencia directa sobre la lección de 1962: “Salvar la paz mundial no debió significar perpetuar la esclavitud de una nación”. Ferrer reclamó que la crisis actual “no debe terminar con otro pacto que deje al pueblo cubano abandonado a merced de sus verdugos”, y sostuvo que, esta vez, “la seguridad de Estados Unidos y la libertad de Cuba coinciden plenamente. Esa oportunidad histórica no debe arriesgarse”.



Asia / Pacific,Diplomacy / Foreign Policy

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Republicans face ticking midterm clock as Iran fallout keeps pressure on gas prices

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

As the Trump administration weighs diplomacy and military pressure against Iran, a political clock is ticking at home.

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Even if the Strait of Hormuz — the global oil choke point largely shuttered since the conflict with Iran due to Iranian attacks — reopened immediately, it could take months for oil flows to return due to logistical bottlenecks involving trapped tankers, swollen inventories and damaged oil infrastructure, according to Kpler oil analyst Matt Smith, pushing normalization of global energy markets closer to the Nov. 3 midterm elections. 

«It’s then going to take until the fourth quarter of the year for things to return to normal,» Smith said.

The question facing Republicans is whether the economic consequences of the conflict will outlast the conflict itself. While the White House continues to pursue a diplomatic resolution with Iran, strategists and energy analysts say disruptions to global energy markets could linger long after any agreement is reached, leaving voters with months of elevated costs heading into the midterms.

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TRUMP CONFIRMS ‘CRAZY’ NETANYAHU CLASH AS QUESTIONS MOUNT OVER PUSH TO HOLD FIRE ON HEZBOLLAH TERRORISTS

The economic effects are already visible. 

The national average price of regular gasoline stood at $4.241 per gallon Thursday, according to AAA, up from $3.144 a year earlier — an increase of nearly 35%.

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Moody’s Analytics estimates the conflict has cost American households roughly $100 billion throughout the past three months, or about $750 per household, through higher fuel, transportation and related costs.

To some, the conflict already has gone on long enough to create lasting political consequences.

«There is a timeline and we’ve already passed it,» GOP strategist Doug Heye told Fox News Digital.

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The White House rejected the notion that the conflict could become a long-term political liability, arguing that any economic disruption would be temporary.

«President Trump remains laser-focused on keeping the American people safe, lowering costs for working families, and making our country greater than ever before,» White House spokesperson Taylor Rogers told Fox News Digital. «The President and his energy team anticipated short-term market disruptions, communicated them openly to the American people, and implemented an aggressive plan to mitigate any impacts.»

Rogers said Trump «will never allow Iran to possess a nuclear weapon» and argued that «when the President forces this conflict to a successful end, gas prices will drop back to multi-year lows and global energy markets will be much more stable in the long term.»

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Even if the Strait of Hormuz reopened immediately, it could take months for oil flows to return due to logistical bottlenecks.  (Amirhosein Khorgooi/ISNA via AP)

«We were promised that this would be a short operation, and repeatedly told it would all be over in 24–48 hours,» he went on. «This is no longer a blip.»

Others see a narrow window remaining.

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«I think that it really needs to be resolved by July Fourth,» Republican strategist John Feehery told Fox News Digital. «If it’s not resolved by July Fourth, I don’t think the economy is going to have time to really kind of get going on all levels.»

Feehery’s July 4 benchmark coincides with a period in which the White House hopes to shift public attention toward the kickoff of America’s 250th anniversary celebrations.

The administration has alternated between signaling that a deal is near and warning that military action remains possible. More recently, Trump has expressed frustration with the pace of negotiations, saying they had become «very boring» and that he «couldn’t care less» if the talks collapsed because Iran was taking too long, while also predicting that oil prices would «be dropping like a rock» in the near future and maintaining that a deal remains possible.

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But regardless of how the negotiations conclude, strategists argue that economic relief must arrive soon if Republicans hope to avoid carrying the conflict’s fallout into the midterms.

Republicans enter the midterms defending a narrow House majority that many analysts view as vulnerable to the traditional midterm backlash against a president’s party. The Senate landscape is more favorable to Republicans, though several races in states such as North Carolina, Maine, Ohio and Texas are expected to be closely watched.

Feehery argued that the political impact of the conflict ultimately will have less to do with uranium stockpiles, enrichment levels or the details of any final agreement than with whether voters feel economically secure.

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Shell Station, Washington

 According to AAA, the national average price of regular gasoline stood at $4.241 per gallon Thursday, up from $3.144 a year earlier — an increase of nearly 35%. (Chona Kasinger/Bloomberg via Getty Images)

«They don’t care about that,» Feehery said when asked about the substance of a potential deal. «From the voters’ minds, they’re not worried about far-flung issues. They’re worried about the economy at home.»

TRUMP THREATENED TO ‘BLOW UP’ OMAN — WHY THE TINY GULF KINGDOM IS CAUGHT BETWEEN DC AND IRAN

«George H. W. Bush kicked Saddam Hussein out of Kuwait and his approval ratings were around 91%, and he lost the next election,» Feehery said.

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Even if a diplomatic breakthrough comes in the coming weeks, Americans may not see immediate relief at the pump.

Smith said the U.S. has been insulated from the worst supply disruptions because of its own domestic production, but the country is increasingly serving as an energy supplier to regions cut off from Middle Eastern flows.

Trump speaks in Michigan

More recently, Trump has expressed frustration with the pace of negotiations, saying they had become «very boring» and that he «couldn’t care less» if the talks collapsed because Iran was taking too long, while also predicting that oil prices would «be dropping like a rock» in the near future and maintaining that a deal remains possible. (AP Photo/Paul Sancya, File)

«We’re likely going to be seeing higher prices coming through in the U.S. because of that because, you know, we’re getting to a scarcity issue,» Smith said.

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As Asian countries replace lost Middle Eastern crude and Europe seeks alternative sources of jet fuel, overseas buyers are increasingly competing for American energy exports, he said.

«Countries outside of the U.S. are bidding up U.S. prices,» Smith said.

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For Republicans, the concern is that the economic fallout could outlast the conflict itself.

«Even if this were all over tomorrow, prices won’t immediately come back to normal and if or when they do, voters don’t get a refund from the high bills they’ve already paid,» Heye said.

midterm elections, republicans, energy, economy, war with iran, donald trump

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Panorama Internacional: Balotaje en Perú, algo más que una importante elección sudamericana

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Lima. Enviado especial. El muy respetado Latinobarómetro, que elabora la socióloga chilena Marta Lagos, hace años que detecta una crisis en el apoyo a la democracia en la región. No implica un respaldo a modelos autoritarios. Lo que se reprocha a niveles altísimos, de hasta 65 por ciento, es el funcionamiento de los gobiernos. Es decir, lo que resulta de la democracia y los liderazgos. El trasfondo de ese defecto también lleva años.

Durante el boom de las materias primas, en parte de la primera década del siglo, millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y pasaron a engrosar las filas de una nueva clase media. Hubo un aumento real del ingreso disponible. Brasil fue un ejemplo neto, con un crecimiento de ese espacio por encima del 50% de la población. Pero desde la mitad de la década pasada y hasta ahora, la región encadenó más de 10 años de crecimiento casi nulo (un promedio inferior al 1% anual), agravado por la pandemia y su consecuente inflación global. Los ingresos reales se estancaron o cayeron, mientras que el costo de la vida (alimentos, energía, vivienda) se disparó.

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La gente vota con esa decepción de un lado al otro del péndulo político, y con un comportamiento extendido de voto cruzado. No importa a quién se elige, cualquiera sea, sino impedir al hacerlo que llegue aquel que no se quiere. La noción de que atravesamos un duelo entre izquierdas y derechas es, por lo menos, exigua. La región hasta el río Bravo es casi totalmente promercado. La discusión real se vincula con el destino de la renta: si se la concentra o se la distribuye para preservar el desarrollo social e individual.

La tendencia que estamos notando de un voto hacia propuestas conservadoras más duras, es equivalente al ciclo previo hacia modelos socialdemócratas. Como estos, en general, fracasaron en el propósito de equilibrar la renta, se busca el milagro del otro lado, además de que el escenario de declive genera deformaciones graves como una violencia creciente. De modo que la legión se ha ensanchado ya con Chile, Paraguay, parcialmente Bolivia, El Salvador, Honduras y Costa Rica, entre otros.

Colombia acaba de sumarse con la victoria preliminar en primera vuelta de un empresario millonario y sin experiencia política, Abelardo de la Espriella, que superó por poco menos de tres puntos al oficialista Iván Cepeda. En la trastienda de ese dato sorprendente (este dirigente era desconocido hasta hace muy poco) late la frustración con el gobierno de Gustavo Petro, quien llegó con una promesa de profunda transformación social, pero la realidad económica no constata esas mejoras.

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Un crecimiento económico lento, sumado a la incertidumbre fiscal y la persistente informalidad laboral, ha impedido que las clases medias y los sectores vulnerables perciban mejoras reales en su bolsillo. Al mismo tiempo, la inflación acumulada en productos básicos ha erosionado el poder adquisitivo, generando la frustración de expectativas que detecta el Latinobarómetro. En la otra esfera, fracasó también el plan de pacificación. Sobre ese escenario, Cepeda también sufró el costo de los mensajes excéntricos de Petro, defendiendo al boliviano Evo Morales en su ofensiva golpista contra el presidente Rodrigo Paz y planteando un supuesto fraude electoral sin evidencias en beneficio de De la Espriella, denuncia de la cual se alejó rápidamente el postulante oficialista.

Democracia y crecimiento

En ese escenario se inscribe la elección definitiva en Perú del próximo domingo. Aquí la economía muestra un crecimiento aceptable de casi 3%, según datos de la OCDE, pero insuficiente para reducir la pobreza o generar empleo de calidad al ritmo que el país necesita. Economistas influyentes como Waldo Mendoza afirman que “el principal problema de la economía peruana es la parálisis de la inversión privada, que no se debe a factores internacionales, sino a la altísima incertidumbre política interna que hemos autogenerado”. Su colega Carlos Oliva denuncia que “el 75% de nuestra fuerza laboral opera en la informalidad. La informalidad no es una válvula de escape eterna; es un techo de cemento para la productividad y la recaudación fiscal del país”.

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El presidente del Banco Central, Julio Velarde, lo pone en términos más llanos: “La resiliencia de la economía peruana tiene límites. No se puede silbar y comer caña al mismo tiempo: no podemos pretender atraer inversiones y generar empleo formal si desde el lado político se deterioran constantemente las reglas de juego y la seguridad jurídica”.

Un país polarizado y frustrado espera a quien gane este domingo: el desafío doble de estabilizar la gobernabilidad, con un Congreso en manos de una mayoría manipuladora y oportunista, y resolver el destino de la renta que ha dejado en la banquina del reparto a gran parte del país. Aunque los postulantes están empatados y, por lo tanto, corriendo al centro en los últimos minutos, la populista de derecha Keiko Fujimori, hija del dictador Alberto Fujimori, confía en que su cuarto intento la deposite en la Casa de Pizarro, como parte de aquella tendencia que muestra la región.

Este balotaje repite en lo formal la historia de su anterior chance contra el expresidente Pedro Castillo, un maestro rural amparado por una supuesta tendencia de izquierda furiosamente homofóbica, antiabortista y de rechazo a la ideología de género. En las urnas de 2021, los electores le dieron una leve diferencia sin detenerse en aquel barullo ideológico, solo para evitar que ganara Keiko. Ahora es Roberto Sánchez quien la desafía, un aliado de Castillo a quien admira y defiende pese al autogolpe fallido que encabezó y que le costó su derrocamiento.

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Esa relación le agrega curiosidades a la peripecia peruana. No deja de ser llamativo que la líder derechista sea hija de un expresidente golpista a quien celebra, y que su rival se abrace con otro expresidente golpista. Esa coincidencia resume mejor que cualquier análisis la realidad del presente peruano.

El candidato Roberto Sánchez. Foto Reuters

Si bien los analistas señalan que la candidata se siente obligada a defender a su padre e incluso su autoritarismo, al hacerlo con tal apasionamiento deja abiertas algunas dudas complicadas. Un diplomático sudamericano le señala a este enviado en Lima que ese comportamiento indicaría que es posible, y hasta correcto, romper las reglas si el caso lo justifica; por ejemplo, si se produce una reacción popular si no se alivia la presión de la renta, como ha sucedido unos pocos años atrás y por motivos similares.

Esa ruptura o desdén sobre las normas, es una característica de las nuevas derechas i-liberales, como se las define en el norte mundial, que tienden a limitar el valor de las cuestiones institucionales y buscan —y en algunos casos logran— dominar el Parlamento, el Poder Judicial y silenciar la prensa. El presidente de EE.UU., Donald Trump, es un ejemplo significativo de esas tendencias. También aliados en la región, como el salvadoreño Nayib Bukele o el exmadatario brasileño Jair Bolsonaro y, más allá, el expremier húngaro Viktor Orbán, entre muchos otros, que han hecho un rito de estas deformaciones. Dato aparte, una grey que puede quedar huérfana si el líder republicano sufre un traspié en las elecciones de medio término de noviembre. Se verá.

Keiko Fujimori es una dirigente con larga experiencia política y legislativa. No es una outsider, pero ha formado parte de un status quo muy polémico que no es claro si está en su diseño transformarlo. Le debe mucho a este Congreso que le facilitó el camino de campaña. Sánchez también está curtido con cinco años en el Parlamento. Pero la diferencia técnica más significativa entre ambos, aparte de las oceánicas visiones ideológicas que los separan, es que el aliado de Castillo carece de una sólida estructura partidaria. Como tampoco la tuvo aquel errático presidente.

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En ese punto, Keiko está mucho más armada, aunque se sabe que ha reprochado por lo que considera un abandono de sus aliados de las tinieblas parlamentarias a quienes achaca el escaso voto que obtuvo en la primera vuelta: 17,1%, apenas por encima del 16,6% de su rival. Dato de la ausencia, quizá inquietante, de aquellos socios de aventuras. Por el momento nadie sabe con seguridad qué sucederá este domingo.

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