ECONOMIA
Nayib Bukele llega a su segundo año de gestión con crecimiento económico, mejora en inversión y reservas, pero con retos fiscales
El segundo año de gobierno en el segundo mandato de Nayib Bukele en El Salvador culminó con un crecimiento económico de 3.9% en 2025, reservas internacionales netas históricas, un auge de turismo y un récord en remesas, aunque persisten desequilibrios en el sector externo y aumentan las exigencias de ajuste fiscal.
De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el país experimentó una inusual combinación de expansión, control inflacionario y presión sobre su balanza de pagos en el último año de gestión de Bukele, comprendido del 1 de junio de 2025 a mayo de 2026.
El Producto Interno Bruto (PIB) creció 3.9% el año pasado, con una proyección de 3.3% para 2026 según el FMI, cifras que superan la media de América Latina y el Caribe.
El Banco Central de Reserva (BCR) informó que el PIB nominal ascendió a 36,708 millones de dólares, impulsado principalmente por la construcción, el turismo y los servicios financieros. El crecimiento sectorial estuvo marcado por una aceleración en la construcción, que registró una expansión de 24.4%.
Este resultado se atribuye a una cartera de inversiones privadas superior a 9,000 millones de dólares, así como a proyectos de infraestructura pública. Los sectores de transporte y almacenamiento, junto con las actividades financieras, también reportaron variaciones positivas.
La seguridad continúa siendo uno de los factores que más inciden en el clima de negocios. El Plan Control Territorial, eje de la administración de Bukele, permitió una reducción de los homicidios, lo que favoreció el auge del turismo y la inversión.
El Ministerio de Turismo reportó que en 2025 el país recibió 4.1 millones de visitantes internacionales, generando ingresos superiores a 3,600 millones de dólares.
Entre enero y abril de 2026, la llegada de turistas extranjeros creció un 35% interanual, con más de 1.7 millones de personas, consolidando al turismo como uno de los nuevos pilares de la economía salvadoreña.

Durante el periodo comprendido entre 2025 y 2026, El Salvador mantuvo una inflación contenida en comparación con gran parte de la región. Según datos del Banco Central de Reserva (BCR) y el Consejo Monetario Centroamericano, la inflación promedio en 2025 se ubicó en 0.93%, por debajo del promedio de 1.77% registrado en los últimos quince años. Esta estabilidad de precios respondió tanto al anclaje de la dolarización como a intervenciones focalizadas del Ejecutivo en sectores sensibles de la canasta básica.
Hacia finales de 2025, varias divisiones del Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostraron incluso tasas interanuales negativas. El transporte cayó -1.64%, las comunicaciones retrocedieron -0.88% y la vestimenta -0.48%. El comportamiento general del IPC durante ese año reflejó una prolongada estabilidad, sin registrar shocks abruptos en los precios internos.
No obstante, el escenario inflacionario comenzó a modificarse en el primer cuatrimestre de 2026. La inflación interanual subió hasta 1.47% en marzo y alcanzó 2.16% en abril, con una inflación mensual de 0.71% ese último mes.
El rubro de restaurantes y hoteles lideró los incrementos, con un alza del 4.22% interanual en abril, impulsada por el fuerte crecimiento de la demanda turística. Por su parte, los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas —que representan el 26% de la canasta— aumentaron un 2.99% interanual, impactando especialmente en los hogares de menores ingresos.
A pesar de este repunte, las proyecciones de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevén que la inflación promedio de El Salvador para 2026 se mantendrá en niveles bajos, entre el 1.8% y el 1.9%, consolidando al país como el de menor inflación en América Latina.
Entre los factores que explican el alza reciente se cuentan la presión de la demanda por el auge turístico, el encarecimiento de los alimentos y los efectos de las tensiones internacionales sobre los precios de materias primas y combustibles.

Las remesas constituyen el motor principal de la liquidez nacional. En 2025, El Salvador recibió 9,987 millones de dólares en remesas, un crecimiento del 17.8% respecto al año anterior y equivalente a cerca del 24% del PIB.
El 92% de los envíos provino de Estados Unidos, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo multilateral de crédito, atribuyó este aumento al temor de cambios en la política migratoria estadounidense, lo que motivó a muchos migrantes a enviar mayores sumas a sus familias.
El monto promedio recibido por persona disminuyó levemente, evidenciando un fenómeno de concentración de remesas en segmentos específicos de la diáspora.
El comercio exterior mostró la fragilidad de la estructura económica salvadoreña. Las exportaciones totalizaron 6,428 millones de dólares, mientras que las importaciones ascendieron a 17,848 millones, arrojando un déficit comercial de 11,419 millones de dólares, un incremento del 20.3%.
El auge de la construcción y el turismo incrementó la demanda de bienes intermedios importados, lo que, junto a la debilidad de los sectores transables, acentuó la dependencia de las divisas externas.
Durante los primeros cuatro meses de 2026, las exportaciones crecieron 5% interanual, especialmente en los rubros textil y azucarero, favorecidas por la eliminación de aranceles temporales por parte de Estados Unidos. Guatemala y Honduras se mantuvieron como socios clave en la región centroamericana.
Las Reservas Internacionales alcanzaron niveles inéditos. En abril de 2026, el BCR reportó un saldo de 5,106 millones de dólares, con un crecimiento sostenido gracias a la entrada de remesas, divisas por turismo y la llegada de financiamiento multilateral tras el acuerdo con el FMI. Este acuerdo, por 1,400 millones de dólares, obligó al Estado a aumentar el encaje legal bancario hasta un 15% y a modificar la Ley Bitcoin, eliminando la obligatoriedad de su aceptación en el sector público.
Según el FMI, el fortalecimiento de las reservas ofrece un colchón frente a eventuales crisis de liquidez y facilita la estabilidad del régimen dolarizado.

El impacto social de estos indicadores se reflejó en la reducción de los índices de pobreza. La última la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), el principal relevamiento oficial de hogares indica que la pobreza monetaria descendió un 14.5% durante 2025, mientras la pobreza extrema cayó un 17.3%.
No obstante, persisten desafíos estructurales en el mercado laboral: la tasa de desempleo subió al 4.7%, y el subempleo afecta al 39% de la población económicamente activa urbana. Además, solo el 27% de la PEA está cubierta por el sistema previsional, que enfrenta una crisis de sostenibilidad.
En el terreno fiscal, el acuerdo con el FMI introdujo una nueva Ley de Sostenibilidad Fiscal y obliga al Estado a reducir el déficit y la deuda pública, con metas de superávit primario y límites claros para el endeudamiento futuro.
El FMI condicionó el desembolso de fondos a la presentación de una reforma integral del sistema de pensiones, que arrastra un déficit actuarial estimado en más de 16,000 millones de dólares.
El gobierno tenía plazo hasta mediados de 2026 para proponer una solución que garantice la viabilidad financiera sin comprometer la protección social, aunque hasta la fecha aún no se ha presentado dicha propuesta.
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ECONOMIA
Por primera vez en el siglo XXI, hay un desacople entre la evolución del PBI y del consumo: causas y expectativas
Los indicadores de actividad productiva y comercial dejaron de contar una misma historia. Mientras parte del aparato productivo muestra números positivos, el mercado interno continúa sin reaccionar, con bolsillos cada vez más ajustados.
Esa divergencia rompe con la dinámica observada en las últimas décadas y entre los analistas no hay expectativas de que se revierta en el corto plazo.
La economía creció 4,4% en 2025 y se espera que este año y el próximo se expanda alrededor de 3%. No obstante, un informe de la consultora Moiguer resaltó que hay un progreso por un lado y una capacidad de compra rezagada por otro.
Según datos de la consultora Scentia, el consumo masivo retrocedió 2,7% interanual en junio y 2,4% respecto de mayo, con lo que profundizó la tendencia negativa y acumuló una baja del 2,9% en lo que va del año.
Federico Kisza, economista de Analytica, precisó: “El desacople con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se explica porque el crecimiento es impulsado principalmente por sectores que tienen bajo impacto a nivel agregado sobre el empleo y el consumo masivo”, como el agro, la energía y la minería.
El desacople con el EMAE se explica porque el crecimiento es impulsado principalmente por sectores que tienen bajo impacto a nivel agregado sobre el empleo y el consumo masivo (Kisza)
Isaac Rudnik, director del Isepci (Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana), destacó que la actividad que traccionó el EMAE de mayo en términos interanuales fue Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un avance de 4,6% y una incidencia de 0,64 puntos porcentuales (pp) sobre el índice general, el cual en su conjunto se incrementó 0,24 pp.
El segundo motor fue Explotación de minas y canteras, con una suba de 15,7% en relación con igual mes del año pasado y una incidencia de 0,60 puntos. De este modo, entre los dos sumaron 1,2 puntos porcentuales al índice. Sin ese aporte, el resultado de mayo habría sido negativo.
En el otro extremo, la Industria manufacturera cayó 5,6% interanual y el Comercio mayorista, minorista y reparaciones, 4,3 por ciento.
“Los sectores que generan mayor cantidad de puestos de trabajo muestran variaciones negativas. Es por esto que, en líneas generales, el consumo interno sigue deteriorándose, sin perspectivas de rebote mientras se mantenga la continuidad del actual modelo”, remarcó Rudnik.
En otro orden, para Kisza, el crédito al consumo no va a volver en el corto plazo a los niveles vistos entre el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025, debido a la elevada morosidad. A su vez, la mejora del salario va a depender fundamentalmente de que continúe el proceso de desinflación y se frene el reemplazo de empleo asalariado registrado por modalidades más precarias.
Desde CP Consultora, el economista Pablo Moldovan dijo: “Nuestras estimaciones muestran que el consumo sigue la evolución de los ingresos. Con una leve desaceleración de la inflación, se estabilizan; pero si el proceso desinflacionario se detiene o los precios vuelven a acelerarse, el poder adquisitivo se deteriora y termina afectando la demanda. En ese marco, proyectamos un período de estancamiento en los próximos meses”.
Si el proceso desinflacionario se detiene o los precios vuelven a acelerarse, el poder adquisitivo se deteriora y termina afectando la demanda (Moldovan)
En el caso de los bienes durables, el panorama es algo más desfavorable, ya que el especialista no ve condiciones para una recuperación del crédito destinado a las familias.
En tanto, en Moiguer señalaron que el consumo presenta un comportamiento diferenciado dependiendo de la región. “Estamos en la Argentina del fin de los promedios. Cada territorio va a responder de modo distinto al impacto de las transformaciones”, vinculadas a la profundización de la explotación y la exportación de recursos naturales como el petróleo, el gas, el litio y el cobre; y a la apertura importadora.
Por ejemplo, en Neuquén, el 74% de los encuestados por la consultora afirmó haber realizado gastos suntuarios, una proporción 10 puntos porcentuales superior a la media nacional. En Salta, el 47% manifestó que planea comprar bienes durables, 17 puntos por encima del resto del país. En contraste, en el Gran Buenos Aires (GBA), apenas el 23% dijo tener poder de compra, 10 puntos por debajo del promedio, y la sensación es que “el dinero tiende a esfumarse”.
“La reestructuración del consumo se dará según geografía y según el Producto Bruto de cada provincia y, siendo el AMBA ‘el pato de la boda’, esta reconstrucción se verá con mayor claridad primero en el interior”, apuntó el reporte.
Qué ven las empresas
En una de las empresas líderes de la rama de alimentos aseguran que más del 60% de su facturación proviene de las ventas con promociones y que, en algunos casos, aplican aumentos de precios por debajo de la inflación, dos estrategias que terminan deteriorando los márgenes de rentabilidad.
Aun así, consideran que mantener esas políticas es indispensable, ya que el volumen de comercialización resulta clave para sostener el negocio. Advierten que el mayor dinamismo se centra en los productos premium, accesibles solo para un segmento reducido de consumidores.
Más del 60% de su facturación proviene de las ventas con promociones
Enfatizan que la competencia ya no se limita a las firmas que producen lo mismo, sino que se extiende al resto de los rubros. Con un poder adquisitivo más restringido, los hogares priorizan sus gastos y deben optar entre distintas categorías.
De cara a los próximos meses, no prevén un repunte significativo de la demanda. Más bien, apuestan a que la concentración del sector en una menor cantidad de compañías les permita ganar participación de mercado, en un contexto marcado por el cierre de numerosas pymes. El foco ahora está puesto en las exportaciones, donde hay una clara oportunidad de crecimiento.
En otra empresa de consumo masivo observan una dinámica de meses alternados, con períodos de mayor y menor venta. Sin embargo, al contar con distintas unidades de negocio y la capacidad de adaptar sus plantas en función de los productos con mejor desempeño en góndola, logran mantener los niveles de actividad.
En ambos casos, la estrategia es innovar constantemente y diversificar la oferta para captar la atención, además de anticiparse a las nuevas tendencias, como ocurre, por ejemplo, con el boom de los alimentos proteicos y aquellos que contienen pistacho.
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ECONOMIA
¿Conviene ahora viajar para comprar celulares y electrónica en países vecinos?: precios y todo lo que hay que saber
El caso del celular de más alta gama permite dimensionar hasta qué punto persiste una amplia diferencia con el mayor costo en Argentina
La brecha antes era muy grande y hoy, al tipo de cambio oficial, podés importar de cualquier plataforma del exterior para que te lo traigan a la puerta de tu casa (Di Pace)


Cuándo sigue teniendo sentido cruzar la frontera
Dependiendo de si se justifica o no por el volumen, las distancias y los costos de alojamiento u otros gastos, si estás en los países limítrofes sin duda conviene viajar para acceder a algunos tipos de bienes (Aroma)

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ECONOMIA
Según una encuesta, casi 90% de los argentinos dicen que se necesitan dos o más empleos para llegar a fin de mes
Una encuesta privada detectó un fuerte malestar de la sociedad argentina respecto de la situación económica. Se trata de una encuesta de la consultora Zentrix según la cual al evaluar la situación personal y la marcha de la economía dos de cada tres argentinos dijeron que sus ingresos se agotan el día 20 del mes.
El punto de partida de esa evaluación, según surge del informe de la encuesta, “es un salario que perdió la carrera contra los precios y no la recupera: el 87,4% de los encuestados afirma que su ingreso no le gana a la inflación, un techo que ya no distingue posiciones políticas: el 73% de los votantes oficialistas admite esa pérdida, cifra que entre los opositores trepa al 97,1 por ciento”.
Zentrix subraya que la la diferencia entre ambos electorados no está en si el deterioro existe sino en cómo se lo nombra: costo de transición para unos, fracaso económico para otros. “Cuando una experiencia material es tan transversal que alcanza incluso a quienes respaldan al Gobierno deja de ser un problema de gestión para convertirse en una condición de época”, afirma.

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Según la misma encuesta, el 86,6% de los argentinos afirmó para llegar a fin de mes se necesitan dos o más empleos y dos de cada tres agotan sus ingresos a lo sumo el día 20 de cada mes. Menos del 10% de los encuestados (más precisamente, el 9,3%) afirmó que llega a fin de mes con alguna capacidad de ahorro.
Una de las consecuencias del rezago de los ingresos respecto de la inflación y de su insuficiencia para solventar los presupuestos personales o familiares es que -dice el informe- “el crédito dejó de ser una herramienta de progreso para volverse un mecanismo de subsistencia: el 61,9% se endeudó en los últimos seis meses y la mitad de esos hogares lo hizo para pagar los gastos básicos”.
De hecho, la compra de bienes durables explica apenas el 11,5% del endeudamiento de las familias. Gran parte de dedica a financiar el pago de alimentos y tarifas y el endeudamiento es más agudo en el segmento de 18 a 39 años, al punto que en ese rango etario el 35,8% recurrió a prestamistas o financieras informales, contra apenas el 7% entre los mayores de 60 años. De ese modo, dice el informe, “el segmento con menos respaldo patrimonial es, paradójicamente, el más expuesto a las condiciones más caras y menos reguladas del mercado, en un círculo donde la falta de espalda financiera empuja hacia el crédito más riesgoso”.

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El cuadro que describe la encuesta coincide con los problemas de morosidad que surgen de los datos de los bancos privados y de los informes del Banco Central. Dice al respecto: “casi la mitad de quienes tomaron crédito no lo está pagando con comodidad: al 28,9% le cuesta mucho, el 12% ya se atrasó en algún pago y un 6,4% directamente admite que no puede pagar”. Además, el 55% cree que el nivel de las tasas hacen que el crédito “termine siendo una trampa”,
En otro pasaje, el informe señala que el cuadro económico que describe la encueta “finalmente se derrama sobre cómo los argentinos leen el país y se leen a sí mismos: la evaluación negativa de la economía personal alcanza el 42,8%, pero la del país trepa al 61,8%: una brecha de casi veinte puntos que revela que el malestar ya no se vive como una desgracia individual, sino como un diagnóstico colectivo”.

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La sensación de deterioro compartido, interpreta Zentrix, se traduce en la autopercepción de clase: sumando clase baja y media-baja, el 53,9% de la sociedad se ubica hoy en la base de la pirámide. “No es un dato de ingresos sino de identidad, y ahí está su peso político: cuando el pluriempleo se vuelve norma, la deuda se vuelve subsistencia y aun con todo eso no se llega al día 20. De esta manera, la mitad del país deja de sentirse parte de una clase media que durante décadas fue el relato central de la Argentina”.
A su vez, consultados acerca de cuáles son sus principales preocupaciones, el ranking de respuestas fue encabezado por la corrupción, con 48,8%, respuesta llamativa cuando la principal preocupación es llegar a fin de mes o cómo afrontar las deudas.
De todos modos, pisándole los talones a esa respuesta aparece como segunda preocupación, con el 46,9%, el nivel de ingresos y salarios, en tercer lugar la incertidumbre económica (41,6%), en cuarto lugar el desempleo (29,1%) y en quinto las tarifas de servicios públicos (26,8%). En ese ranking de preocupaciones, dice Zentrix, “la corrupción funciona menos como un problema aislado que como el nombre que la gente le pone a su desconfianza general hacia la dirigencia”.
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