INTERNACIONAL
Ni una explosión ni un choque: el inesperado fallo que mató a tres astronautas cuando ya regresaban a casa

La carrera espacial es sólo para la gloria. La gran hazaña humana del siglo XX, conquistar el espacio, poner un hombre en la Luna y traerlo de regreso a la Tierra, que era lo más difícil, sólo tiene grandes héroes, sobrevivientes, condecorados, honrados de por vida, recordados en la posteridad.
Los desastres no tienen cabida en esa historia. Quienes murieron en las grandes tragedias de la era espacial, también son héroes, pero recónditos, velados, casi furtivos, con sus medallas y sus honores, pero de eso no se habla: la gloria tiene el precio de la discreción y en cierto modo del olvido. Como afirma el escritor español Eduardo Mendoza, lo último que se pierde en la vida no es la esperanza, es la vanidad.
El 29 de junio de 1971, hace ya cincuenta y cinco años, una misión espacial soviética, su nave principal, la Soyuz 11, y sus astronautas, regresaron a Tierra después de batir varios récords. La misión, difícil y riesgosa, estaba cumplida aunque había sido una calamidad desde principio hasta el final: todo lo que podía haber salido mal, había salido mal. La hazaña, la épica, el heroísmo iban a tapar yerros, riesgos, desatinos, fatalidades, desplantes y arrogancias.
Pero no. Cuando Soyuz 11 aterrizó gracias a un extraordinario alarde técnico, cohetes retropropulsores que la hicieron posarse como un pájaro en un territorio que es hoy Kazajistán; cuando aquel viaje malhadado llegó a su fin y el personal soviético de tierra abrió la escotilla de la nave para rescatar a los astronautas, los tres, su capitán, Gueorgui Dobrovolski, su segundo Vladislav Vólkov y el tripulante Viktor Patsáyev estaban muertos.
En medio de la estepa se dio entonces una frenética carrera: reanimación cardíaca, respiración boca a boca, inyecciones directas al corazón para que reaccionaran: un imposible, los tres llevaban muertos demasiado tiempo, casi desde que habían iniciado su fatal viaje de regreso a la Tierra.
Los cosmonautas soviéticos Dobrovolski, Vólkoc y Patsáyev en la ceremonia de despedida antes de la misión Soyuz 11. (Foto: AFP)
En realidad, Soyuz 11 y su tripulación estaban todos condenados al desastre y no a la epopeya que la URSS quiso darle a aquella misión planeada como una hazaña. Dos años antes, Estados Unidos, el gran y único rival de los soviéticos en la carrera espacial, había puesto a dos hombres en la Luna. La URSS, que había sido pionera en esa carrera que nació del espionaje y no del deseo de conquistar las estrellas, corría ahora lejos del puntero; necesitaba un gran éxito, costara lo que costase. Y costó mucho.
Soyuz 11 nació cercada por los problemas mecánicos, por los caprichos de los ingenieros en jefe de la misión, por graves celos internos entre sus tripulantes y por un yerro monumental, mezcla de arrogancia y tontería: los tres astronautas viajarían al espacio sin el voluminoso traje habitual. ¿Por qué? Porque era más importante que por primera vez viajaran al espacio tres astronautas y no dos, como era costumbre. Y tres cosmonautas, enfundados en ese enorme uniforme inflado, cableado, coronado por una gigantesca escafandra, no cabían en Soyuz 11. Los trajes espaciales presurizan el aire, salvaguardan la vida de quien los viste. Pero, ¿qué podía salir mal?
La Soyuz 11 tenía como misión abordar la estación espacial soviética Salyut 1, habitarla, reparar algún instrumental dañado, reorientar algún giróscopo díscolo, pasar allí la más prolongada experiencia de vida humana en el espacio y volver para contarlo. A tropezones, todo salió más o menos bien, excepto que sus protagonistas no pudieron contar nada. La tripulación soviética del Soyuz 11 antes del lanzamiento en 1971. (Foto: Roscosmos)
Antes de la partida, cuando arreciaron las dificultades técnicas en la Soyuz y los dramas humanos entre sus tripulantes, cuando la lógica aconsejaba acortar la misión o postergarla, el jefe del programa espacial soviético, Vasili Mishin gritó en el centro de control: “¡No quiero cobardes en mis naves!” Esa arenga, que pone el coraje por encima de la razón siempre y cuando el coraje sea siempre de otros, es válida para una trinchera; pero en el espacio, donde un tornillo flojo te convierte en mártir, suena a estupidez.
Soyuz venía mal de antes. Soyuz 10 había fracasado ya en abril de ese fatídico 1971 al intentar acoplarse a Salyut 1: la tripulación no pudo entrar a la estación espacial porque una pieza del sistema de acoplamiento se deformaba con una presión superior a ciento treinta kilos, mientras que la maniobra de unión desplazaba una fuerza de entre ciento sesenta y doscientos kilos. La pieza rebelde se modificó para Soyuz 11.
Otro pájaro de mal augurio sobrevoló la misión cuando la tripulación original tuvo que ser cambiada: un examen médico de rutina reveló una mancha en el pulmón de uno de sus astronautas. Los médicos le prohibieron volar y, según las reglas, quedaba descartada toda la tripulación y viajaba una nueva. Así fue como llegaron a su último viaje Dobrovolski, Vólkov y Patsáyev.
Las relaciones entre dos de los tres astronautas no eran buenas, para ser piadosos. El comandante, Dobrovolski, de cuarenta y tres años, tenía una enorme responsabilidad a cargo: era un jefe de misión espacial novato, era su primera vez en el espacio. En cambio, Vólkov, de treinta y cinco años, era un ingeniero de vuelo que ya había participado de una misión espacial; sentía que era el hombre indicado para comandar la Soyuz 11 y no pudo evitar sentirse desplazado por un jefe mayor, pero inexperto. Los dos discutieron mucho en los días previos a la partida y lo hicieron durante todo el viaje hacia el espacio. Cosmonautas soviéticos, en el simulador de la consola de la estación espacial Salyut. (Foto: Roscosmos)
Soyuz 11 despegó el 6 de junio y el 7 ya estaba acoplada a Salyut 1: cuando los tres astronautas entraron en la estación espacial, notaron de inmediato, que algo andaba mal. Sintieron un penetrante olor, un humo pesado y algo ácido ni bien encendieron el sistema de regeneración de aire. Desde el control terrestre les aconsejaron pasar aquella primera noche en el espacio en Soyuz y no en Salyut. Al día siguiente, ya con el aire normal en la estación, los astronautas se dedicaron a lo suyo: corrigieron la órbita de Salyut, orientaron sus paneles hacia el sol, repararon un telescopio rebelde, rutina pura. En la Tierra, la prensa del mundo destacaba ya la hazaña soviética: por primera vez, circulaba en el espacio una estación espacial tripulada.
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El 9 de junio, otra pequeña hazaña: los tripulantes de Salyut hicieron contacto televisivo con el centro de control de la misión. Se mostraron fatigados, así que los técnicos les recomendaron los ejercicios diseñados para atemperar en el cuerpo los efectos de la ingravidez. Los astronautas dijeron entonces que no se trataba de eso, sino de los trajes que calzaban, que eran de entrenamiento y no los habituales trajes presurizados que habían sido dejados de lado por una simple cuestión de espacio en el interior de la nave, para que cupiera en ella un tercer astronauta y batir así otro récord. ¿Era riesgoso? Sí, lo era. ¿Era una locura? También lo era.
Contra ese disparate protestaron tres altos mandos soviéticos. Leonid Smirnov, jefe de la Comisión Industrial Militar fue el primero; le siguió Illiá Lavrov, diseñador del sistema de control ambiental, que exigió que los tripulantes de Soyuz 11 llevaran al menos máscaras de oxígeno como las usadas por los pilotos de los jets de combate que, ante una emergencia, una pérdida de presión, por ejemplo, les daría un margen de maniobra de dos o tres minutos. El tercero en protestar fue Nikolai Kamanin, jefe del Cuerpo de Cosmonautas de la URSS. Todo fue en vano. Triunfaron la arenga de Mishin sobre los cobardes y la lógica de alcantarilla de Serguei Koroliov, otro de los jefes del programa, que afirmó que ningún vuelo de misiones anteriores como la Vostok, había sufrido alguna vez una pérdida de presión en vuelo. ¿Por qué iba a ocurrir esta vez con Soyuz 11?

La tripulación soviética de la misión Soyuz 11 dentro de la cápsula. (Foto: AFP)
En el espacio, en medio de las discusiones constantes entre Dobrovolski y Vólkov y el resignado silencio de Patsáyev, la Salyut 1 no daba paz. El 16 de junio volvió a llenarse de humo y todo tornó tan peligroso, que los astronautas pensaron en evacuarla y regresar a Soyuz 11. Antes, intentaron solucionar la crisis en aquella caja de sorpresas: apagaron el generador principal, conectaron el sistema secundario y cambiaron los filtros de oxígeno: después de seis horas de trabajo, la normalidad, o lo que fuese, retornó a la estación espacial.
Al día siguiente, sin ignorar la tensión entre los tripulantes de Soyuz, el control terrestre de la misión elaboró un informe sobre la relación profesional y humana de los tres astronautas. Dejaron por escrito que era Dobrovolski, el comandante, quien se hacía cargo de las decisiones, “si bien es la tripulación entera quien decide, juntos, las cosas”. Mishin, el que no quería cobardes en sus naves, justificó a Dobrovolski: “Finalmente, es el comandante el que tomas las decisiones”. Kamanin, el jefe de todos los cosmonautas de la URSS, que conocía muy bien a sus chicos, dejó asentado que Vólkov actuaba “de manera muy independiente y que no reconoce sus errores”. Aquello era toda una gran ironía: Soyuz significa unión, y si algo le faltaba a aquella misión era algo de unión.
El 20 de junio, el control de la misión evaluó la condición física de los tres astronautas que ya llevaban catorce días en el espacio. Saltaron las alarmas: la capacidad pulmonar de los viajeros había descendido un treinta y tres por ciento; los trajes de entrenamiento tampoco funcionaban bien, tal como alguien había vaticinado. Por fin, se impuso Kamanin, el jefe de los cosmonautas. Pensó, y lo dijo, que los tripulantes de Soyuz 11 no podían seguir más días en el espacio y en estado de ingravidez y exigió que todos regresaran a la Tierra antes del 30 de junio, si eso era posible.

La cápsula de descenso de Soyuz 11 tras aterrizar en Kazajistán. (Foto: Roscosmos)
Posible era, pero había un récord, otro más, a batir: el de permanencia en el espacio que Dobrovolski, Vólkov y Patsáyev cumplirían el 25. Los jefes de la misión dispusieron entonces que regresaran a Tierra entre el 27 y el 30. Los astronautas gastaron sus últimas horas en Salyut 1 mientras la acondicionaban para que subsistiera en el espacio y en soledad hasta la llegada de nuevos tripulantes, y preparaban su propio regreso a casa.
Por fin, los cosmonautas volvieron a Soyuz 11 para toparse con otra sorpresa: la luz de un sensor indicaba que la escotilla de la nave no cerraba bien. Desde tierra, aconsejaron la tontería más obvia: que repitieran la operación. ¿Qué otra cosa podían hacer? Vólkov lo hizo una, dos, diez veces hasta que por fin cerró la compuerta con todas sus fuerzas y el sensor apagó su luz de alerta.
A las 21.15 del martes 29 de junio. Soyuz 11 se separó de Salyut 1 y su comandante lanzo un augurio por radio: “Mañana nos reuniremos. Preparen el coñac”. Y entonces todo se derrumbó. ¿Qué sucedió después? Las primeras teorías dijeron que la escotilla no había cerrado bien. Pero en 1997, veintiséis años después de la tragedia, el accidente se atribuyó a un sistema de equilibrio de presión con el exterior, dos válvulas que se accionaban gracias a un leve artilugio pirotécnico y que debían abrirse cuando Soyuz estuviese a cuatro kilómetros de la Tierra. Pero las válvulas se abrieron antes, con sólo seis centésimas de segundo de diferencia entre una y otra. Por qué, es un misterio.
Sucedió cuando el módulo de descenso de Soyuz se separó de su módulo orbital. En ese momento, la presión en el interior de la cápsula era normal. Y la de los astronautas también: Dobrovolski rondaba 80 pulsaciones por minuto, Vólkov 120 y Patsáyev 100. Hasta hubo espacio, breve, para una broma: desde tierra les dijeron que, por los días de ingravidez que habían pasado, iban a tener que sacarlos poco menos que en brazos de la nave: “Muchachos, van a tener que hacer todo el trabajo ustedes”, dijo Dobrovolski. Tumbas de los cosmonautas soviéticos en la Muralla del Kremlin. (Foto: Roscosmos)
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En el momento del desacople, un sonido agudo invadió la nave y los tres notaron de inmediato que había una fuga de aire. Tal vez se supieron condenados: las pulsaciones de Dobrovolski treparon a 140 y las de Vólkov a 180. Los cosmonautas apagaron el sistema de radio para localizar la fuente del agudo sonido; es probable que la hayan localizado y que hayan intentado cerrar la válvula fallada, ubicada sobre el asiento de Patsáyev en aquella cabina estrecha en la que no cabían siquiera los trajes espaciales. Los manuales decían que una fuga de aire debía ser cortada en veinte segundos, aunque en los entrenamientos, los astronautas demoraban entre treinta y cuarenta segundos. Las máscaras de oxígeno que el diseñador Lavrov había recomendado y que los tripulantes de Soyuz 11 no llevaban, les hubiesen dado una posibilidad de maniobra de entre dos y tres minutos. Tal vez hubieran salvado sus vidas. Pero esta vez la muerte fue más veloz.
Los cálculos posteriores a la tragedia dijeron que a veinte segundos de iniciada la fuga, la presión en el interior de la Soyuz había descendido tanto que los tripulantes debían estar ya inconscientes. Cincuenta segundos después de iniciado el desastre, el pulso de Patsáyev había caído a 42. A los ciento diez segundos de iniciada la fuga de aire, los corazones de los tres astronautas se habían detenido.
Soyuz 11, como un animal amaestrado, siguió su regreso a tierra como si nada hubiese pasado. La fuga de aire que mató a su tripulación provocó apenas un lento movimiento de rotación en la cápsula. En el control de la misión no se enteraron de nada porque no tenían comunicación con la nave, que se reanudó cuando Soyuz entró en el radio de acción de las estaciones soviéticas de seguimiento: en la cápsula reinaba un completo silencio; las comunicaciones se cortaron en el momento del reingreso a la atmósfera y, cuando se reanudó el contacto, el control de la misión intentó comunicarse con los astronautas. No hubo respuesta. Entonces pensaron que el sistema de comunicación se había averiado, un nuevo percance en aquella misión mal destinada. En tierra, nunca imaginaron la tragedia.
Soyuz aterrizó como estaba previsto, eso sí salió bien, a las seis y dieciséis minutos de la mañana del 30 de junio. En la URSS recién empezaba el verano, había amanecido una hora antes y reinaba buena luz para el trabajo de los equipos de rescate. Cuando hallaron a los tripulantes muertos, se sucedieron algunas escenas de hondo patetismo que reflejaron los fotógrafos encargados de eternizar una hazaña y no un desastre. Los médicos del centro de control intentaron reanimarlos de cualquier modo, pero los tres cosmonautas llevaban muertos ya más de media hora. Las autopsias revelaron que habían muerto por la súbita despresurización de la cápsula: los cuerpos albergaban un altísimo contenido de nitrógeno en sangre, presentaban hemorragias cerebrales y sangre en los pulmones.

El astronauta estadounidense Thomas P. Stafford, a la izquierda, transportando las cenizas del comandante de la Soyuz 11. (Foto: NASA)
El escenario del drama también reveló otros dramáticos datos. Los tres supieron que iban a morir en cuanto notaron la fuga de aire y el descenso de la presión en la cabina. El cuerpo de Dobrovolski, que se había desprendido de su cinturón de seguridad, fue hallado cerca de la escotilla que no había cerrado bien en el momento de iniciar el regreso a casa: intuyó que la fuga provenía de allí. Se equivocó y perdió un tiempo vital, aunque los investigadores arriesgaron que, aún con haber dado con la válvula defectuosa, los tres astronautas habrían muerto igual. No los mató la fuga de aire, ni la repentina falta de presión en Soyuz: los mató el no haber vestido los trajes espaciales presurizados.
El programa Soyuz se canceló. La estación espacial Salyut 1, en la que Patsáyev había plantado algunas semillas para dar origen al primer jardín espacial de la humanidad, fue devuelta a la atmósfera y se hundió en el Pacífico. La aventura espacial soviética se retrasó dos años. Las reglas se modificaron para obligar a todos los astronautas del futuro a vestir trajes espaciales. Se modificaron las cabinas de las futuras naves para que mantuvieran la presión del interior en el caso de pequeñas fugas. Se redujeron las tripulaciones de los futuros viajes espaciales a dos personas.
En un giro fiel al estalinismo más recalcitrante, Kamanin, aquel que se había opuesto a que sus muchachos viajaran tan desprotegidos, fue destituido como jefe del Cuerpo de Astronautas por no haber adiestrado a sus discípulos para hacer frente a una emergencia como la de Soyuz 11.
Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev fueron enterrados en los muros del Kremlin. Por cierto, como héroes.
Unión Soviética, Carrera espacial, desastre, Sumario, exploración espacial
INTERNACIONAL
Trump dijo que EE.UU. está “listo y dispuesto” para ayudar a Venezuela tras los dos terremotos

Donald Trump anunció que Estados Unidos está “listo y dispuesto” para asistir a Venezuela luego de los dos terremotos que sacudieron al país. El mandatario ordenó a todas las agencias federales organizar una respuesta de emergencia y coordinar el envío de ayuda humanitaria.
“Los dos grandes terremotos que acaban de afectar al gran pueblo de Venezuela son enormes en escala y han dejado una devastadora cantidad de muertos”, escribió Trump en su plataforma Truth Social.
“¡Estados Unidos está preparado, dispuesto y capacitado para ayudar! He ordenado a todas las agencias de nuestro gobierno que se preparen para actuar rápidamente. Estaremos allí para nuestros nuevos y grandes amigos”, agregó.
Horas antes, el subsecretario de Estado Christopher Landau y el alto funcionario Jeremy Lewin confirmaron la movilización de un equipo de asistencia en desastres, personal de búsqueda y rescate, y el envío de suministros médicos y humanitarios. Dos mujeres esperan noticias de familiares tras los sismos en Caracas. (Foto: REUTERS/Gaby Oraa).
Estados Unidos coordina el despliegue con el gobierno interino venezolano
Según informaron las autoridades estadounidenses, el despliegue se realiza en coordinación con el gobierno interino venezolano para apoyar las tareas de respuesta tras los terremotos que afectaron distintas zonas del país.
El secretario de Estado, Marco Rubio, también expresó sus condolencias al pueblo venezolano y destacó el respaldo de su país ante la emergencia. “Estados Unidos extiende nuestras más profundas condolencias al pueblo de Venezuela tras los devastadores terremotos. Nuestros corazones están con todos aquellos que han perdido a seres queridos, los heridos y los valientes trabajadores de rescate que trabajan incansablemente en las secuelas. América está con el pueblo venezolano en este momento difícil y, por orden del presidente Trump, el Departamento de Estado está desplegando de inmediato equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria a Venezuela”, manifestó Rubio.
Minutos después, el Departamento de Estado informó que ya movilizó un equipo y un grupo de trabajo de asistencia para desastres con el objetivo de coordinar y brindar ayuda esencial a Venezuela.

El sismo afectó varias localidades del país. (Foto: REUTERS/Maxwell Briceno).
“En colaboración con nuestros socios del gobierno interino venezolano, Estados Unidos enviará equipos de búsqueda y rescate, suministros médicos y humanitarios, y otros recursos durante los cruciales primeros días posteriores a este trágico desastre natural”, señaló el organismo.
Landau reafirmó el apoyo de Washington: “Estados Unidos está con el pueblo venezolano tras los devastadores terremotos de esta noche. Estamos en contacto con las autoridades y movilizando asistencia. Que Dios bendiga a nuestros amigos venezolanos en este momento difícil. ¡Fuerza Venezuela! ¡Estamos con Ustedes!”.
El secretario de Energía, Chris Wright, también envió sus condolencias y deseó fuerza y pronta recuperación a las comunidades impactadas.
Venezuela activó el Estado Mayor de Contingencia y agradeció el contacto con Trump
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, reconoció los contactos con el presidente estadounidense tras los terremotos: “Quiero agradecer al presidente Trump que ha estado en contacto permanente con el gobierno venezolano, con todas nuestras autoridades”, afirmó en su segundo discurso en Venezolana de Televisión.
Rodríguez activó el Estado Mayor de Contingencia, integrado por los vicepresidentes sectoriales Diosdado Cabello, Juan José Ramírez, Héctor Rodríguez y Calixto Ortega. Además, designó al Mayor General Juan Ernesto Sulbarán Quintero como autoridad única para coordinar la respuesta y canalizar las acciones frente a la emergencia.
También México informó que prepara el envío de rescatistas y personal sanitario, mientras que Brasil ratificó su apoyo a las tareas de recuperación. Argentina, por su parte, expresó su disposición a colaborar con asistencia humanitaria “en coordinación con los organismos internacionales”, y el presidente Javier Milei envió un mensaje de solidaridad al pueblo venezolano.
La lista de países que manifestaron su apoyo también incluye a Chile, Ecuador, Uruguay, Panamá, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, El Salvador, España, Italia e India. En algunos casos, como República Dominicana y El Salvador, ya se anunciaron equipos especializados y cargamentos de insumos listos para viajar a Venezuela.
Donald Trump, Estados Unidos, Venezuela
INTERNACIONAL
Israel slams UN report as ‘political blood libel’ for alleging deliberate targeting of Palestinian children

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Israel reacted angrily over a new United Nations’ Commission of Inquiry report alleging the Jewish state had engaged in the «deliberate targeting of Palestinian children.»
Prior reports from the Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory, Including East Jerusalem, and Israel garnered accusations of antisemitism and incitement to violence.
The latest report, released Wednesday, said that, «based on the evidence reviewed, and consistent with its previous reports, the Commission finds on reasonable grounds that the Israeli authorities and the Israeli security forces have continued to commit the crime of genocide, crimes against humanity and war crimes in the Gaza Strip and war crimes in the West Bank, including East Jerusalem.»
UN EXPERT REPEATS ISRAEL ‘GENOCIDE’ CLAIMS AFTER US CALLS FOR HER REMOVAL
A woman kneels by a memorial site in Kibbutz Kfar Aza, southern Israel, as the community commemorates members killed, taken hostage, or who died in captivity following the Oct. 7, 2023, Hamas attack. (Hannah McKay/Reuters)
Israel’s Ambassador to the U.N., Danny Danon, told Fox News Digital that «this is not an investigative report. It is a political blood libel disguised as a U.N. document. This commission reaches its conclusions before examining the facts and repeatedly publishes reports that serve one purpose only: to vilify Israel. Instead of addressing Hamas’ crimes, the October 7 massacre, the hostages, and Hamas’ cynical use of children and civilians as human shields, the commission has once again chosen to place Israel in the dock.»
Danon added that «Israel will continue to defend its citizens and fight terrorism, regardless of how many false reports are published by fringe actors within U.N. institutions.»
Representatives from the COI and Human Rights Council did not respond to Fox News Digital’s requests for comment on the concerns addressed about the report.
Asked for a reaction from U.N. chief Antonio Guterres to the report, his spokesman, Stéphane Dujarric, told Fox News Digital «it’s not his report to comment on.»
ISRAELI AMBASSADOR LASHES OUT AT UN OFFICIAL, CONDEMNS UK, FRANCE, CANADA STATEMENT ON AID

A bloodied handprint stains a wall inside a house in the Nir Oz kibbutz near the Gaza border after a Hamas attack days earlier. (Alexi J. Rosenfeld/Getty Images)
Srinivasan Muralidhar, Chair of the Commission told reporters during a press briefing that, «The evidence shows that Palestinian children have been deliberately targeted and killed by the Israeli security forces.» He said «Even after the October 2025 ceasefire, children continue to be killed and seriously injured, with continued disregard by Israel for the ceasefire and for the protection owed to Palestinian children under international law.»
SIGN UP FOR ANTISEMITISM EXPOSED NEWSLETTER
Anne Bayefsky, President of Human Rights Voices and Director of the Touro Institute on Human Rights and the Holocaust, told Fox News Digital that the COI’s «sham ‘inquiry’ makes the totally unjustified claim of legal authority, while at the same time systematically violating every conceivable legal rule of fairness, impartiality, and due process. Since its creation in 2021, every call for submissions, every consultation and every hearing held, has been contrived to take seriously the allegations of only one side – trashing literally millions of data points both historical and current to the contrary.»
She said, «the first COI report focused on children…fails to even mention the sickening murders of 9-month-old Kfir Bibas and 4-year-old Ariel Bibas.» She says that «also ignored in the COI report are the hundreds of thousands of Israeli children traumatized by October 7th, by the subsequent mass displacement, and by the excruciating longing for parents absent while defending their country against an inhumane foe.»

Photos of the Bibas family and Oded Lifshitz, 84, who were kidnapped during the Oct. 7, 2023, Hamas attack and later killed, are displayed next to candles in the dining room in Kibbutz Nir Oz, Israel, on Feb. 25, 2025, the day of Lifshitz’s funeral after their bodies were returned under a ceasefire agreement. (Amir Cohen/Reuters)
NETANYAHU SHOWS PICTURE OF BIBAS FAMILY AT COMBAT OFFICERS’ GRADUATION: ‘REMEMBER WHAT WE ARE FIGHTING FOR’
Bayefsky complained that though the current COI report «was produced weeks ago,» the COI members «deliberately withheld» the report when appearing to discuss it before the Human Rights Council last week. «They didn’t publish it until June 23, minutes prior to holding a stage-managed press conference designed to avoid accountability for their wild, unverified accusations,» she claimed.
Another member of the commission told reporters in Geneva that, «There can be no doubt in anyone who reads today’s report that every international legal norm has been violated by the actions of the Israeli authorities towards Palestinian children and they need to be held accountable.»

United Nations Secretary General Antonio Guterres speaks during a Security Council meeting at the United Nations headquarters in New York on April 18, 2024. (Yuki Iwamura/AP)
Jonathan Conricus, senior fellow at the Foundation for Defense of Democracies and former Israel Defense Forces spokesperson, told Fox News Digital that the latest report contains «no evidence to support any of the claims against Israel» and is filled with «inconsistencies in methodology.»
He said the report represents «an escalation, and it marks maybe the most severe attempt by the U.N. ecosystem to delegitimize Israel.»
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Salo Aizenberg, director of media watchdog group HonestReporting, who has researched and debunked many of the claims made by those claiming genocide in Gaza, told Fox News Digital that the COI’s «report is built on a fictional battlefield where Hamas and [Palestinian Islamic Jihad] do not exist, and where hospitals are treated as purely civilian spaces despite extensive evidence of their military use and infiltration by Hamas operatives. It then accuses Israel of deliberately targeting children without producing a single incident supported by evidence of intent.»
Conricus said the report erases «Hamas and Palestinian Islamic Jihad from the battlefield to create the false kind of perception that Israel was operating out of wanton aggression in a vacuum without there ever being a need for Israeli operations and this is a reoccurring theme.» He also noted that this report and others «use the statements of medical professionals as evidence, even when it’s way beyond their medical expertise, specifically when it comes to how wounds were inflicted.»
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INTERNACIONAL
América Latina se tiñe de azul

Prácticamente solo queda Lula. O, para ser más precisos, Lula y Sheinbaum, con la tímida compañía de Arévalo en Guatemala y de Orsi en Uruguay. Después estaría lo de Ortega en Nicaragua, el engendro Frankenstein de Delcy en Venezuela y el ínclito Díaz–Candel de Cuba, que no pueden considerarse gobiernos de la “marea rosa”, sino experimentos totalitarios en horas bajas.
Pero sea como sea, prácticamente solo queda Lula (aunque con dificultades) manteniendo la bandera de una vieja izquierda que llegó a América Latina para salvar al pueblo, y acabó hundiéndolo en la miseria. Con la victoria de Abelardo de la Espriella culmina un círculo virtuoso que empezó con Bolsonaro en 2018, continuó con Lacalle Pou, Bukele, y Noboa, y llegó al cénit con la victoria de Javier Milei en 2023. Después ganarían Mulino y Kast, y finalmente las dos recientes y grandes victorias de la marea azul: Fujimori y de la Espriella. Y así, en poco menos de ocho años, (y con la excepción de Brasil y Uruguay que retornaron momentáneamente al redil de la izquierda), El Salvador, Ecuador, Argentina, Panamá, Chile, Perú y Colombia viraron hacia las posiciones de derecha y certificaron el giro ideológico que está viviendo América Latina. Con la suma de Paraguay que, con Peña en 2023, consolidó su opción conservadora.
Un giro especialmente notable en países como Argentina, Chile o Colombia, que venían de gobiernos con los líderes más fuertes de la izquierda latinoamericana. De ahí lo relevante: Milei, Kast y De la Espriella no solo ganaron las elecciones para las opciones conservadoras, sino que barrieron electoralmente a Cristina Kirchner, y, vía persona interpuesta, a Boric y a Petro, auténticos gurús de las opciones progresistas. Es decir, los sudamericanos han enviado un doble mensaje: sí a la derecha, pero, sobre todo, no a la izquierda. Es el fracaso de una época y, con él, de una oleada ideológica que prometió cambios profundos en sus países, abanderados por el sueño de la justicia social, y acabaron dejándolos como un solar yermo. No es el éxito de los nuevos líderes, sinó fundamentalmente el fracaso de los viejos, arrollados por el poderoso voto a la contra. Es decir, el voto motivado por el hartazgo, la decepción o la rabia, más que por la fascinación, la sintonía o la convicción. Lo cual ha implicado un inevitable efecto péndulo de extremo a extremo, prácticamente desaparecido el espacio centrista o liberal.
¿Por qué? ¿Cuáles son las causas profundas que han motivado este cambio en las tendencias y en el voto de América Latina? La primera es de manual: la izquierda que había prometido luchar contra un sistema corrupto, desigual y opresor, acabó convirtiéndose ella misma en un sistema corrupto, desigual y opresor, con Venezuela a la cabeza, pero con Argentina y Colombia a la zaga. Sin duda, el apoyo de la izquierda latinoamericana al régimen opresor de Maduro erosionó profundamente el crédito que tenía como alternativa liberadora, pero no solo fue su alianza táctica con Venezuela lo que erosionó su credibilidad, sinó sobre todo sus malas políticas, sus escándalos de corrupción, su incapacidad para frenar el crimen organizado y su ineficacia para luchar contra los problemas endémicos de sus países. En Argentina se acumularon los escándalos vinculados al latrocinio del erario público, mientras se instalaba un régimen corrupto basado en el populismo, la persecución de la disidencia y el desprecio por las instituciones democráticas. En Chile se agravaba la inseguridad, en Ecuador y Perú arreciaba el poder criminal y en Colombia se disparaba la violencia, mientras se llegaba al récord de producción de cocaína de su historia. Decepcionados, estafados y abandonados a su suerte, la querencia de los ciudadanos mutó hacia la supervivencia económica, la integridad física y la fortaleza institucional. Es decir, querían llegar a fin de mes, no tener ladrones en el gobierno y sobrevivir a la delincuencia. Y nada de ello podía garantizarlo la izquierda que había fracasado en lo económico, había permitido el fortalecimiento del crimen organizado y había protagonizado sonoros escándalos de corrupción. De Maduro a Cristina y de Petro a Castillo, la utopía progresista se convertía en una mueca siniestra que, además de indecente, resultaba inútil. Con ese escenario desolador, los ciudadanos se han sentido atraídos por las bondades del libre mercado (superado el fracaso socialista), y por las políticas de mano dura que se muestran más capaces de controlar la violencia criminal. De ahí que Milei y Bukele sean las dos caras de esta nueva prioridad. ¿Miedo a una derecha autoritaria, como gritan desafinadas las izquierdas? Más bien pavor a sufrir a la izquierda autoritaria que los ciudadanos conocían sobradamente.
Latam está abrazando la marea azul y el giro viene para quedarse, pero solo si esta nueva derecha es capaz de forjar alianzas sólidas en la región, contraponerse al poder de los BRICS, frenar el avance de China y estabilizar la economía. Por supuesto, Trump tiene en ese nuevo panorama un papel sustancial, con Milei ungido como líder regional: una simbiosis que puede dar estabilidad y seguridad al continente. Pero los retos son importantes, primero porque las redes criminales han extendido su poder, segundo porque los problemas económicos son endémicos, y tercero porque se trata de una amalgama de líderes que se mueven en el mismo espectro ideológico, pero no se parecen en nada. Del disruptivo Milei, al ultracatólico Kast o al autoritario Bukele, las diferencias son ciertamente enormes. Pero el giro ideológico se ha producido y hoy se da una oportunidad para el continente, insólita hace pocos años. Saturada de promesas vacías por parte de una izquierda que ha sido catastrófica, la ciudadanía tiene hambre de proyectos nuevos. Ya no sueña con libertadores del pueblo. Solo aspira a vivir con trabajo, sin que le alcance una bala.
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