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Qué es el veneno del Sapo Bufo y cómo es el ritual que terminó con la muerte de un reconocido fotógrafo y un actor porno acusado de homicidio

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Nacho Vidal, uno de los actores porno más conocidos del mundo, convertido en chamán. El veneno de un anfibio con poderes sanadores. Una ceremonia mística. Algo que sale mal. Una muerte inmediata e insensata.

Julio de 2019 en una mansión de un pequeño pueblo serrano en Valencia. Un ritual ancestral. El veneno del sapo bufo que rompe a las personas, que –dicen– las saca de lo peor de su pasado y de sus adicciones. La experiencia tiene momentos terribles, pesadillescos, pero una vez terminado el viaje infernal, la persona se resetea.

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Leé también: Detuvieron al actor porno Nacho Vidal por la muerte de un hombre en un ritual con veneno de sapo

Son tres hombres y una mujer. Salen al jardín que ya tiene montada la escenografía. Un tambor, almohadones, pañuelos con motivos hindúes, cuencos tibetanos, algunas velas. De fondo, en loop, una grabación con mantras.

El facilitador, el que parece coordinar el encuentro, pone la pipa de vidrio en la boca de un hombre de unos cuarenta años, le explica cómo debe aspirar y la enciende.

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El hombre aspira. Durante veinte segundos, tal vez treinta, todo queda quieto. No hay ningún movimiento. Pareciera que nadie respirara. Cuando el facilitador se dispone a pasar la pipa, el hombre que acaba de aspirar cae al suelo.

El colapso durante el ritual

Convulsiona. El tórax rígido, los brazos y las piernas se estremecen sin control, a una velocidad inusitada. La cara se tiñe de morado, parece que va a explotar.

Sin abrir la boca, desde atrás de la garganta, desde las entrañas, un gemido persistente, desgarrador. Sus compañeros de ritual lo miran retorcerse. Están paralizados. Alguno se pone en movimiento, pero sólo para aspirar la pipa. Hasta que de nuevo, todo queda quieto y en silencio.

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El facilitador pone al hombre de costado. Trata de hacerle tomar agua, pero el líquido cae por el costado de sus labios. Lo vuelve a acostar y recién después de un par de minutos comienza las maniobras de reanimación. Fueron casi 15 minutos de masajes y comprensiones en el pecho, desesperados, repletos de frustración.

Nacho Vidal, actor español, durante un evento en Ciudad de México. (Foto: Reuters)

En un momento, el hombre vuelve a respirar, la situación parece resuelta. Pero fue sólo un estertor. Otra convulsión, otra descarga eléctrica y deja de respirar. Las siguientes maniobras no son útiles. Ya no había nada que hacer.

Los tres sobrevivientes acomodan la escena, tiran cosas a la basura, esconden la pipa, apagan las velas. Alguien, recién allí, llama a emergencias médicas. Habían pasado más de veinte minutos desde el colapso del hombre. Cuando llega la ambulancia, los médicos no tuvieron nada que hacer. Su único trabajo fue constatar la defunción.

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El facilitador era Nacho Vidal, un famoso actor porno español con una filmografía de más de 700 películas. El lugar era su mansión valenciana en el pueblo de Enguera. El hombre que murió era José Luis Abad, un reconocido fotógrafo de modelos de 49 años.

Siete años después, Vidal irá a juicio

Ocurrió hace siete años, pero el caso volvió a la atención pública porque la semana pasada se confirmó que Nacho Vidal será llevado a juicio por ser considerado culpable del homicidio involuntario de Abad (una figura del sistema penal español similar al homicidio culposo) y de atentado contra la salud pública. Después de años de presentaciones y apelaciones, el actor porno se sentará en el banquillo de los acusados.

Las circunstancias de la muerte del fotógrafo se conocieron casi un año después de los hechos, cuando Nacho Vidal fue acusado formalmente.

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Apenas fue interrogado por los investigadores, Nacho Vidal desmintió toda participación en el hecho y negó haber oficiado de chamán en ese tipo de ceremonias.

Pero había dejado varios rastros. Demasiados. Los investigadores recuperaron videos de YouTube y publicaciones de sus redes sociales en las que ofrecía sus servicios como facilitador y chamán de ceremonias espirituales en las que prometía la transformación total a través del veneno del sapo bufo.

“Nacho Vidal guía un proceso de cambio en las personas que experimentan su acompañamiento”, decían los posteos.

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En varias entrevistas contaba que luego de la segunda experiencia en Ibiza con este alucinógeno había podido salir del bucle eterno de sus adicciones y que como deseaba ayudar a los demás a superarlas, se había convertido en chamán que acompañab estos viajes lisérgicos y transformadores.

El video de la ceremonia que terminó como prueba

Luego, Vidal cometió otro error. Trató de utilizar los videos en el que se registró la ceremonia como prueba defensiva.

Había dos registros fílmicos. El de unas cámaras de seguridad y el que tomó la mujer presente (la prima de Nacho Vidal) con un celular a pedido del fotógrafo para poder ver luego cuáles habían sido sus reacciones durante la experiencia. Lo que el hombre nunca supo fue que gracias a esa solicitud quedarían filmadas su agonía y muerte.

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Leé también: España: arrestan a un actor porno y lo acusan de lavado

Al presentar los videos, Vidal quiso establecer varias circunstancias. Intentó demostrar que los cuatro participaban voluntariamente y sin jerarquías, y que había hecho todo lo posible por reanimar a Abad.

Pero en el video se ve con claridad que Vidal era el organizador del encuentro (más allá de ser el dueño de casa), que la ambulancia fue llamada veinte minutos después del colapso del fotógrafo y que Vidal y los otros dos intentaron modificar la escena y ocultar los elementos involucrados en el ritual.

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El veneno del sapo bufo

¿Qué es el veneno del Sapo Bufo? ¿Por qué provocó la muerte de Abad? Proviene de un sapo nativo del desierto mexicano de Sonora, cuyo nombre científico es el de bufo alvarius.

Este veneno, que luego se cristaliza y se fuma en una pipa de vidrio como la metanfetamina, es un potentísimo alucinógeno que se utiliza para variar los estados de conciencia.

Es una especie de estrella -por su escasez y poderío- en ese grupo que integran los hongos psicodélicos y la ayahuasca. La dimetiltriptamina (DMT) está en la piel del sapo y es segregada por sus glándulas parótidas.

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Los chamanes del Amazonas y del desierto mexicano sostienen que el veneno del sapo bufo provoca un viaje astral que tiene poderes curativos y que logra curar las adicciones.

Lo que genera físicamente -y fue establecido por la ciencia- son alucinaciones, ansiedad, euforia, taquicardia, aumento de la presión arterial, pérdida de conocimiento y, como demostró el caso de Abad, hasta puede llevar a la muerte. El viaje puede durar entre 15 minutos y una hora.

Los especialistas dicen que la droga hace efecto de inmediato. Una luz blanca, cegadora, un relámpago que rompe a la persona y que cuando despierta, cuando regresa a la realidad, la convierte en otra.

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Muchos la utilizan para romper patrones de dependencia con adicciones severas aunque sus resultados en la cuestión no tengan comprobación científica.

Nacho Vidal durante un evento en Ciudad de México. (Foto: Reuters)
Nacho Vidal durante un evento en Ciudad de México. (Foto: Reuters)

En algún capítulo de Los Simpson, Homero chupa un sapo y sufre alucinaciones. Ya en la vida real, Mike Tyson atribuyó su reconversión a su experiencia con este alucinógeno, dijo que fue lo que posibilitó que domara -o directamente se sacara de encima- a su demonio interno.

En la deep web, la dosis cuesta varios cientos de dólares y son varios los que se ofrecen como mediadores o facilitadores para guiar la experiencia, tal como lo hacía Vidal.

Los especialistas advierten lo peligroso que resulta mezclar el veneno del sapo bufo con cualquier otro alucinógeno u otra droga.

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A pesar de que en la web varios chamanes improvisados ofrecen combinarlo con ayahuasca, los bioquímicos afirman que esa mezcla muy probablemente sea fatal y lleve a la muerte inmediata del experimentador.

Así sucedió con el fotógrafo Abad que horas antes (los forenses no pudieron establecer si fue el día anterior o alguno de los tres previos, pero sí que había rastros de la sustancia en su organismo) había consumido cocaína.

Son muchos los peritos que creen que esa combinación fue la que terminó de provocar el infarto masivo que lo mató.

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La responsabilidad que analiza la Justicia española

Nacho Vidal intentó utilizar el consumo de cocaína de la víctima para eximirse de responsabilidad. Pero la nueva resolución de la justicia española estableció que él debió haber averiguado antes el estado del participante, que debió preguntarle sobre sus consumos durante los días previos y sobre sus condiciones médicas.

El juez subrayó que el actor porno promocionaba el supuesto ritual y sus efectos curativos haciendo ejercicio ilegal de la medicina y no tomando ningún recaudo para cuidar la salud de los participantes, obligación que pesaba sobre él como organizador.

No había desfibrilador ni materiales de primeros auxilios y las maniobras de reanimación no sólo fueron muy tardías sino que estuvieron muy mal realizadas porque Vidal no tenía conocimiento sobre el tema.

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La justicia española tampoco acepta que la metilbufotenina (el veneno del sapo bufo) sea definida como un medicamento ya que no está aprobada por el Ministerio de Salud.

Y por si hiciera falta, la jueza aclara en su resolución: “Carecía además de cualquier prospecto que indicara sus componentes, concentración de los mismos, dosis de aplicación, contraindicaciones o efectos secundarios o fecha de caducidad, lo que denota que era una sustancia no sometida a ningún control sanitario”.

La reinvención pública de Nacho Vidal

En septiembre de 2019, menos de dos meses después de la muerte de Abad en su casa, Nacho Vidal anunciaba en una entrevista con el diario El País que se había terminado su vida de excesos y que se retiraba del cine porno; se titulaba: La reinvención de Nacho Vidal. Hablaba de un vuelco hacia la vida espiritual, hábitos sanos y nuevos negocios.

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En ese momento no se conocían públicamente las circunstancias del fotógrafo Abad, pero Vidal previendo la tormenta judicial que sobrevendría trataba de cambiar su imagen pública.

Con ese fin habló con el periodismo. Ese intento de maquillaje público y la febril actividad de sus abogados no logró sacarlo de la mira de la justicia.

Nacho Vidal durante una entrega de premios en el Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona, en 2006. (Foto: Reuters)
Nacho Vidal durante una entrega de premios en el Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona, en 2006. (Foto: Reuters)

Antes de la muerte del fotógrafo, Vidal había tenido varios incidentes policiales y judiciales. En 2015 estuvo en la mira de varios fiscales que lo acusaban de lavado de dinero del narcotráfico. A principios de este año, fue condenado a tres años de prisión en suspenso por traficar Tussi o La Cocaína Rosa.

Si durante años, fue conocido por la dimensión de su miembro viril y por sus hazañas sexuales, ahora Nacho Vidal aparece en los medios en la sección de policiales, por sus circunstancias criminales.

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En unos meses la justicia se expedirá sobre su responsabilidad en la muerte de José Luis Abad.

Sumario, Nacho Vidal, veneno, ritual

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No hace falta un acuerdo para controlar la IA

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Dice Dario Amodei que las medidas que podrían dar mayor seguridad a la inteligencia artificial “no serán fáciles” pero que “cree que le debemos a la humanidad intentarlo”. Y Sam Altman, que le parecería bien “tener reglas comunes para gestionar el riesgo de la IA de frontera”. Piden un alto el fuego global para salvar al mundo de sus propios productos pero esta retórica esconde una trampa. Mientras sigamos viviendo en democracia y no sometidos a la monarquía de uno de los dos CEO, esa decisión no es suya. Para eso tenemos leyes de protección del consumidor, de competencia y de responsabilidad por productos defectuosos y ciberseguridad. Tenemos leyes diseñadas para impedir que las empresas comercialicen productos peligrosos, perjudicando a los consumidores y la seguridad de todos. De momento, la ley se aplica por igual a todas las empresas, incluso las grandes tecnológicas y los laboratorios de IA.

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Onimusha: Way of the Sword escala hasta lo más alto del top ventas semanales de Reino Unido (15/9/26) – Nintenderos

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¡Pues parece que EA Sports FC 26 no recupera el trono! Como cada semana, aquí nos llega la lista con los juegos más vendidos durante los últimos días en Reino Unido. La información procede de GamesIndustry y se centra en la última semana.

Ventas de Reino Unido

En este caso, podemos ver que el juego de fútbol ya no lidera y encabeza la lista Onimusha: Way of the Sword:

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21Onimusha: Way of the SwordPS5 88%, Switch 2 7%, Xbox Series 6%
12The Blood of Dawnwalker
43Pokémon Pokopia
64Mario Kart World
55Tomodachi Life: Living the Dream
116Mortal Kombat 1PS5 99%, Xbox Series 1%, Switch 0%
127EA Sports FC 26Switch 31%, PS5 28%, Xbox Series 16%, Switch 2 13%
168007 First Light
109The Witcher III: Wild Hunt GOTY Edition
1310Hogwarts LegacyPS5 83%, Switch 2 8%, Switch 4%, Xbox One 2%
1711The Witcher III: Wild Hunt Complete Edition
1512Minecraft
2013Call of Duty: Black Ops 6
1414Assassin’s Creed: Black Flag Resynced
15Mad Max
1916Pokémon Legends: Z-ASwitch 2 58%, Switch 42%
817Resident Evil 3
318Orbitals
3019Resident Evil 2
2720Armored Core VI: Fires of Rubicon
2621Mario Kart 8 Deluxe
2322Call of Duty: Black Ops 7
23LEGO Harry Potter CollectionPS5 83%, Switch 16%, PS4 0%, Xbox Series 0%
3324Harry Potter: Quidditch ChampionsPS5 79%, PS4 13%, Switch 7%, Xbox Series 2%
3125Animal Crossing: New HorizonsSwitch 64%, Switch 2 36%
26LEGO Batman 3: Beyond Gotham
2127Tekken 8
28LEGO Jurassic WorldPS4 90%, Switch 10%
1829Grand Theft Auto V
2430Splatoon Raiders
3431Super Mario Bros. WonderSwitch 61%, Switch 2 39%
32Monster Hunter Wilds
33Middle Earth: Shadow of Mordor
34Resident Evil 7: Biohazard Gold Edition
35LEGO WorldsPS4 99%, Switch 1%
3636Super Mario Galaxy + Super Mario Galaxy 2
3537Donkey Kong Bananza
938Star Wars: Zero Company
39Cyberpunk 2077 Ultimate EditionPS5 56%, PC 31%, Switch 2 12%, Xbox Series 0%
2540Elden Ring

 

¿Qué os parece este top de Reino Unido? Os leemos en los comentarios.

Fuente

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Onimusha: Way of the Sword,Reino Unido,Ventas

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Abejorros europeos vs nativos: el invasor que cruzó la cordillera y está haciendo desaparecer al gigante de la Patagonia

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Parada en medio de un extenso y enrojecido campo de frambuesas, Marina Arbetman se encuentra suspendida en un mar de indignación y desconcierto. Es científica en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en Bariloche y el Conicet y lleva décadas estudiando sitios como este. Sabía qué esperar, pero jamás había entrado a un sitio como ese campo comercial a las afueras de la ciudad de Osorno, en Chile, a solo unos kilómetros de la frontera andina con la Argentina.

A su alrededor hay agentes de destrucción: abejorros importados, liberados intencionalmente y totalmente legales, que por décadas han alterado los ecosistemas naturales en los tramos patagónicos de ambos lados de la cordillera y no por decisión argentina.

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Esos agentes son abejorros europeos, cuya especie es Bombus terrestris, y son conocidos como los “ladrones de néctar”. Muy valorado por la agricultura, es un verdadero trabajador de la polinización al que los consumidores le deben buena parte de alimentos como frambuesas, además de arándanos y frutillas, cultivos altamente rentables que se producen principalmente en Chile para exportación hacia América del Norte, Europa y Asia.

Hace menos de 20 años, los abejorros que zumbaban en este campo, polinizando las últimas flores de la primavera mientras el hemisferio sur se acercaba al verano, eran los gigantescos abejorros patagónicos (Bombus dahlbomii). Hoy no se ve ni uno solo. Conocido como mangangá en Argentina, moscardón en Chile y duillin o diwmeñ entre el pueblo mapuche, B. dahlbomii es el único abejorro endémico de la Patagonia y está catalogado como especie en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Para 2016 su población ya había caído más de un 50%. Algunas estimaciones actuales hablan de una disminución cercana al 90%.

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Este gigante, cuya reina puede medir tanto como una pila AA y es más robusta que una oruga, ha perdido terreno de manera dramática en lo que va del siglo. El más pequeño B. terrestris le disputa los sitios de nidificación, el néctar y el polen. Como si eso fuera poco, también introdujo enfermedades desconocidas para la especie nativa.

“Trato de ponerme en el lugar de los productores”, dice Arbetman mientras contempla la escena. Las interminables filas de frambuesas que cubren esta llanura agrícola contrastan con la imagen típica de la Patagonia como una tierra de montañas, lagos y fauna silvestre. Esto es territorio productivo. “Está muy bien hablar de conservación y naturaleza, pero cuando hay que tomar decisiones de negocio…”, deja la frase inconclusa. Hace una pausa y agrega: “Pero después miro alrededor y pienso: ‘Dios mío, no tienen idea de lo que están haciendo’”.

En 1998, Chile aprobó la adopción de B. terrestris a gran escala, aunque al principio la confinó a invernaderos. Dentro de pocos años, los agricultores comenzaron a liberar a los abejorros en campos abiertos.

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Los abejorros europeos son utilizados para aumentar la producción de frambuesas, arándanos y frutillas, cultivos destinados en gran medida a los mercados de exportación de América del Norte, Europa y Asia

Los grandes perdedores son los abejorros nativos, tanto aquí como en otras partes del mundo, en un escenario marcado por los mercados globales, las ganancias agrícolas de corto plazo y controles ambientales insuficientes. En el caso argentino, no está permitido importar el abejorro europeo, aunque ya hace tiempo cruzó la frontera y provocó el mismo efecto que en Chile.

Junto a Arbetman, Biographic, en conjunto con y Pulitzer Center, recorrieron varios campos en busca de abejorros en esta esquina rica en frutos rojos del noroeste de la Patagonia, tratando de entender mejor los peligros que están remodelando la realidad de B. dahlbomii. La región alberga una industria de frutas y verduras reconocida globalmente.

El abejorro europeo

Gracias a la vibración de los músculos de su tórax, los abejorros liberan polen de tomates, berenjenas, pimientos y berries con mayor eficiencia que las abejas melíferas, esos conocidos insectos europeos que constituyen la base de la polinización comercial de cultivos tan diversos como manzanas, almendras y paltas.

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Las hileras de frambuesas cubren una extensa superficie agrícola en las afueras de Osorno, una región donde la producción de berries convive con el avance de especies invasoras

Chile comenzó a importar B. terrestris en 1997, sumándose a una tendencia global. Argentina prohibió su introducción, pero la medida sirvió de poco. Mientras Chile expandía su uso, el abejorro invasor avanzó hacia territorio argentino a una velocidad notable: alrededor de 200 kilómetros por año.

En 2013, la bióloga argentina Carolina Morales, directora de doctorado de Arbetman en la UNCo, junto con otros colegas, alertó que B. terrestris estaba desplazando al gran abejorro rojizo B. dahlbomii. Sabían que, además de la competencia por recursos, el invasor transportaba nuevas enfermedades: parásitos, hongos y virus capaces de afectar colonias enteras a través de larvas, reinas hibernantes o individuos que salen a forrajear.

Los científicos chilenos comenzaron a hacerse una pregunta compleja: cuando los abejorros llegan desde Europa con patógenos, ¿quién es responsable? ¿Chile, que los importa? ¿O la Unión Europea, que autoriza su exportación mediante certificados sanitarios? Cuando intervienen fronteras internacionales, determinar qué legislación corresponde aplicar y a quién exigir responsabilidades se vuelve extremadamente difícil. Aun así, lo intentaron.

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El 20 de diciembre de 2018, Cecilia Smith-Ramírez, ecóloga de la Universidad de Los Lagos en Osorno, impulsó una denuncia ante las autoridades ambientales chilenas. La acusación sostenía que ciertas empresas habrían violado una disposición del Código Penal chileno que prohíbe importar animales portadores de patógenos. El eje de la presentación era precisamente B. terrestris.

Con el apoyo de un abogado ambientalista, el caso avanzó en el sistema judicial. La policía ambiental reunió abundante evidencia. Sin embargo, cuando finalmente llegó a manos de un juez, fue desestimado por cuestiones procesales.

Según la resolución, el presunto delito se remontaba a 1998, cuando comenzaron las importaciones masivas de B. terrestris, y por lo tanto había vencido el plazo de prescripción de cinco años. Smith-Ramírez señala que la denuncia dejaba claro que las importaciones continuaron realizándose año tras año, por lo que se trataba de una infracción permanente y no de un hecho aislado.

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Una abejorro nativa de la especie Bombus dahlbomii chupa néctar de la flor nacional de Chile, el copihue, en el bosque patagónico en Valdivia

En 2020 Chile endureció los requisitos sanitarios para la importación de abejas. Sin embargo, para Smith-Ramírez las medidas siguen siendo insuficientes. B. terrestris continúa ingresando con patógenos y las enfermedades introducidas en décadas anteriores siguen presentes.

Lo que resulta especialmente frustrante para la investigadora chilena y sus colegas es que, a su juicio, nunca fue necesario recurrir a polinizadores extranjeros. Chile cuenta con una enorme diversidad de especies nativas que son tan eficientes, o incluso más, que sus equivalentes europeos.

Mientras tanto, los productores siguen importando decenas de miles de colonias al año. Los registros muestran que entre 1997 y 2022 ingresaron al país 1,6 millones de colonias y reinas de B. terrestris.

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A pesar del flujo constante de abejorros importados hacia Sudamérica, Arbetman reconoce que nunca había observado de cerca cómo trabajan en un establecimiento comercial. “Nunca los había visto trabajando. Todo lo que venimos investigando y todo lo que hacemos para proteger la naturaleza…”, señala mientras abre los brazos para abarcar el paisaje, “…esto está completamente mal”.

Colmenas comerciales de Bombus terrestris en un campo de frambuesas de Osorno; cada caja puede contener alrededor de un centenar de abejorros trabajadores y una reina

Jaasiel Caucaman Barra, administrador de Berries Junquillar, proveedor de empresas exportadoras que venden fruta en distintos mercados del mundo, habla con total franqueza. Ni él ni Vitafoods, la planta procesadora cercana, sienten que estén haciendo nada incorrecto, al menos desde la lógica productiva.

Técnico agrícola de profesión, Caucaman Barra trabajó toda su vida con berries y lleva siete años en la empresa. Creció en la zona de Osorno. Hoy su principal preocupación es el daño que provoca a los cultivos una mosca invasora, Drosophila suzukii. En cambio, la productividad marcha muy bien.

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“Los B. terrestris me han dado buenos resultados”, le dice a Arbetman. “Ya llevo tres años evaluándolos y por eso sigo comprando cajas de abejorros”, agrega.

La temporada pasada adquirió 30 cajas a unos US$30 (o $45.000 argentinos) cada una. El proveedor las entrega en octubre o noviembre y debería retirarlas entre marzo y abril para eliminar las colonias que queden. En la práctica, explica Caucaman Barra, regresa “cuando se acuerda”. “Las cajas pueden quedar un año entero y no les pasa absolutamente nada”, agrega.

No existe ningún seguimiento. Con las abejas melíferas, que también incorpora al campo durante noviembre y diciembre, la situación es distinta: un apicultor las entrega, las supervisa y luego las retira cuando terminan su función. Si nadie recoge las reinas de B. terrestris al finalizar la temporada para destruirlas, para Arbetman, es muy probable que abandonen las cajas, pasen el invierno en estado de hibernación y formen colonias silvestres al llegar la primavera.

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El abejorro europeo sobre una flor cerca de la ciudad de Osorno, en el sur chileno

Sin embargo, inundar los campos con polinizadores domesticados no puede aumentar los rendimientos indefinidamente. Tarde o temprano estos desplazan a otros polinizadores silvestres, como abejas nativas, moscas o aves, que realizan una parte mucho mayor del trabajo de lo que la mayoría de los productores imagina.

Estudiar a los polinizadores silvestres no es sencillo, pero la evidencia disponible muestra un patrón claro: cuando existe una comunidad diversa de polinizadores naturales, la agricultura obtiene mejores resultados que cuando depende exclusivamente de especies domesticadas.

El Servicio Agrícola y Ganadero de Chile sostiene que los polinizadores importados son esenciales para la producción frutícola, aunque su atención se concentra casi exclusivamente en B. terrestris y la abeja melífera. “Solo en Chile existen unas 6000 especies de polinizadores, incluidas moscas, escarabajos, abejas y abejorros nativos”, explica Smith-Ramírez.

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Gran parte de su investigación busca responder una pregunta básica: si realmente hace falta importar polinizadores. Uno de sus estudios ya demostró que varias especies nativas, entre ellas B. dahlbomii, polinizan los arándanos con mayor eficacia que B. terrestris.

Chile comenzó a producir arándanos a escala industrial recién a principios de los años 2000. En poco más de una década pasó de exportar fruta por unos US$30 millones a vender más de US$380 millones, ganando participación en un mercado históricamente dominado por Canadá y Estados Unidos.

Hoy es uno de los principales productores mundiales, con una producción orientada casi por completo a consumidores lejanos. Caucaman Barra recuerda perfectamente a los grandes abejorros anaranjados de su infancia. Pero reconoce que ya casi no los ve.

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El lado argentino

Gradišek trabaja en el Instituto Jožef Stefan, en Liubliana, Eslovenia. En 2017 publicó junto a sus colegas un trabajo científico que demostraba que las especies de abejorros podían identificarse únicamente por el sonido de su zumbido. Registraron doce especies europeas distintas y, mediante un algoritmo de aprendizaje automático desarrollado por ellos mismos, lograron distinguirlas a partir de sus características acústicas. La repercusión sorprendió al investigador.

Marina Arbetman y Jožef Stefan buscando abejorros en los bosques de Puerto Blest

“Hasta entonces la mayoría de mis trabajos eran sobre física del estado sólido”, cuenta. “Sabía que había gente investigando abejorros, pero no imaginaba que el interés fuera tan grande”. Pronto comenzaron a llegar pedidos de distintos lugares: “¿Pueden ayudarnos a identificar nuestras especies también?”. Tradicionalmente, los biólogos debían identificar abejas y abejorros mediante observación directa o capturando ejemplares, muchas veces sacrificándolos. Esta tecnología ofrece una alternativa mucho menos invasiva.

Arbetman lleva tres décadas estudiando abejas cerca del lago Nahuel Huapi en la estación científica de Puerto Blest. El parque sigue siendo uno de los pocos ambientes relativamente intactos donde ella y otros investigadores pueden confiar en encontrar B. dahlbomii.

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Hace algunos años, su equipo instaló 12 dispositivos de monitoreo acústico desarrollados por Patrick Chwalek, investigador del MIT. Los equipos, conocidos como BuzzCams, registraron sonidos, temperatura, humedad y concentraciones de gases en 12 sitios diferentes durante seis días de marzo de 2024. Una aplicación especialmente diseñada permitía a los investigadores anotar observaciones en tiempo real y etiquetar los registros sonoros como correspondientes a especies nativas o invasoras.

Luego los datos eran enviados a Gradišek para su análisis y para ampliar la base de datos. Cuantos más registros existen, mayor precisión alcanza el sistema para identificar especies únicamente por su zumbido.

“En general no hay muchos abejorros”, comenta. “Y ya era así cuando empecé el doctorado hace dos años”. Su hipótesis inicial era que eliminar sistemáticamente a las reinas fundadoras de B. terrestris permitiría reducir la cantidad de obreras y eventualmente desarrollar un método de control poblacional.

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Los resultados no respaldaron esa idea. Los datos indican que la extracción de reinas no tuvo un efecto detectable sobre la abundancia de obreras, aunque ella sospecha que el experimento habría arrojado resultados distintos en un año con poblaciones más numerosas.

Actualmente lidera un proyecto de ciencia ciudadana para censar abejorros en Argentina. Pero también enfrentó dificultades: el financiamiento estatal previsto para dos años fue cancelado al cumplirse apenas el primero. Aun así, Campopiano y sus colegas continúan trabajando y evalúan crear una organización sin fines de lucro para conseguir recursos.

Carolina Morales y otros investigadores alertaron en 2013 sobre el avance del Bombus terrestris y su impacto sobre el abejorro patagónico; además de competir por recursos, el invasor puede transmitir parásitos, hongos y virus a las especies nativas

Consecuencias del negocio de los polinizadores

Hoy, los arándanos en esta región del mundo representan sobre todo dinero. Y B. terrestris significa más arándanos, aunque esa relación sea discutible. Más arándanos equivalen a más ingresos.

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La ecuación parece simple, pero la agricultura forma parte de un ecosistema. Y la salud de ese ecosistema sostiene la productividad alimentaria de formas que no aparecen reflejadas en los números de una sola cosecha. Quizás parte de esas ganancias debería destinarse a programas que ayuden a conservar el equilibrio ecológico.

Resulta inevitable imaginar un esquema similar a los fondos de compensación creados con aportes de la industria tabacalera: grandes empresas agroindustriales contribuyendo a financiar investigadores, organizaciones ambientales y productores que intentan sostener la biodiversidad y una producción de alimentos realmente sostenible.

Arbetman, Campopiano, Robinson y muchos otros integrantes del llamado “Equipo B. dahlbomii” pasan buena parte de su tiempo buscando fondos para reparar daños ecológicos que ellos no provocaron. Uno de sus objetivos es desarrollar programas de cría en cautiverio de reinas. Si logran acceder a más financiamiento, dicen, podrían generar una riqueza difícil de medir en términos económicos: conocimiento ecológico y un futuro más sostenible en el que el abejorro gigante vuelva a ocupar el lugar que le corresponde.

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Creado por dos hermanos, uno de ellos biólogo marino, el objetivo consiste en restaurar el equilibrio ecológico de un paisaje degradado ayudando a que las plantas vuelvan a establecerse. Los jugadores representan distintas fuerzas de la naturaleza que influyen en la supervivencia de esas especies.

Esta producción fue elaborada en una alianza periodística entre y Biographic en conjunto con el apoyo de Pullitzer Center con la colaboración de Matías Avramow

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