ECONOMIA
Cambio de paradigma en la industria automotriz: por qué cae la producción pero suben las exportaciones de 0 km argentinos

Los números son fríos y no siempre reflejan todo el escenario en el que se desarrolla una actividad. La industria automotriz argentina está transitando un período de profundos cambios que arrojan números negativos en general para el sector industrial, pero que, sin embargo, no representan la realidad de todas las marcas sino solo de algunas.
A diferencia de lo que sucedió en otros meses, las cifras de abril de producción y exportaciones publicadas recientemente por la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), reflejan resultados distintos, que requieren una explicación. La producción cayó un 17,5% respecto a abril de 2025, pero las exportaciones subieron un 18,8% en la misma comparación. ¿Cómo se entiende?
El primer dato que se debe observar en relación con la producción es el de la fabricación diaria de las plantas argentinas, que es más real que el resultado total del mes. En marzo se fabricaron 41.716 unidades y en abril 37.521, lo que representó una caída del 10 por ciento. Sin embargo, al tener un día menos de actividad, el promedio de marzo fue 2.317 autos por día, y el de abril 2.207, con lo que la caída real fue del 4,8 por ciento.

Este número puede ser un alivio, pero no deja de ser una mala noticia, aunque si se considera que la planta de Palomar de Stellantis tuvo solo dos semanas de actividad contra tres semanas de marzo, se podría encontrar la respuesta a la diferencia en ese cambio en el ritmo de producción de la fábrica que produce los Peugeot 208 y 2008. De hecho, la compañía ya anunció que volverá a parar dos semanas entre el 25 de mayo y el 7 junio, y entre los días 13 al 26 de julio nuevamente.
Esa situación está motivada por dos factores que actúan en paralelo. Una caída de demanda en Brasil, que se mantiene cercana al 30% respecto al año anterior, y un stock de unidades ya producidas que todavía no se comercializaron en el mercado argentino, y que esperan clientes en la misma planta y en la red de concesionarios de todo el país.
Mientras eso sucede con Peugeot, la otra planta de Stellantis en la que se fabrican Fiat y RAM en Córdoba, sigue funcionando normalmente. De hecho, el Cronos es el tercer auto más vendido del mercado, por detrás del Peugeot 208, pero lleva vendidos casi 7.000 autos en Brasil, mientras los Peugeot juntos no llegan a 5.000 en los primeros cuatro meses del año. Además, con la llegada de Fiat Titano y Ram Dakota, dos pickups medianas, no sólo aumento el volumen de producción sino también de exportaciones.

Pero el escenario es distinto para los dos productores principales de pickups de Argentina, Toyota y Ford, que mantienen sus ventas locales y sus exportaciones en crecimiento. Toyota ya anunció que espera fabricar 183.400 unidades este año, lo que marcaría un récord de producción en Zárate, y Ford también comunicó un aumento en la velocidad de línea en Pacheco para producir más de 80.000 unidades en 2026.
La diferencia entre las fábricas de camionetas y las de SUV y autos particulares es notable. Toyota mejoró un segundo la velocidad de producción de Hilux y SW4 este año, bajando de 90 a 89 segundos de lapso entre la salida de un vehículo por la punta de línea, lo que implica producir 2.000 unidades más en todo el año.
Para cumplir la meta del año, más allá de trabajar en tres turnos de lunes a viernes (la planta no para las 24hs), tienen planificado trabajar al menos dos turnos los días sábado para compensar las horas que se detendrá la línea durante el Mundial de Fútbol, y para poder aumentar la producción de 2025, que fue de 180.700 automóviles.

Ford, en tanto, ya empezó a fabricar las Ranger cabina simple con chasis o caja este año, e incorporará las Ranger Híbrida enchufable y la Ranger Tremor en 2027. Pero el diagnóstico de su presidente, Martin Galdeano, fue contundente: “si produjéramos SUV probablemente no podríamos mantener la operación industrial como tenemos hoy. El secreto está en la especialización en pickups”, señaló.
La otra automotriz que vende pickups en volúmenes altos en Argentina es Volkswagen, cuyos directivos comprendieron que ese era el camino para crecer a nivel de producción en el mercado actual, y comenzarán a fabricar la nueva VW Amarok en 2027, dejando de lado la generación actual, que incluye descartar el potente motor V6, y dejar de producir también el SUV Taos, que ahora viene desde México.
La nueva Amarok, planteada sobre la plataforma Maxus china, socio de VW en ese mercado, tendrá también una versión híbrida (¿enchufable?), con la que esperan crecer también en el mercado de exportación que hoy está limitado por las especificaciones de emisiones de la versión actual.
La otra planta que está en ese mismo proceso es Renault, que ya dejó de producir Alaskan (lo hacia en conjunto con Nissan que se retiró como productor y solo importará vehículos desde Brasil, México y Japón), y finalizó los ciclos industriales de Logan, Sandero y Stepway, quedándose solo con el furgón Kangoo mientras esperan la llegada de la nueva pickup Niágara para fin de este año.

“Actualmente estamos en lo que llamamos ‘atravesar el desierto’ y que en la planta describen como ‘el piletón’, porque estamos en un pico de caída de producción mientras preparamos la planta para Niágara, y volveremos a subir cuando empiece la producción de la pickup”, comentó Pablo Sibilla, presidente de Renault Argentina a Infobae.
Sin embargo, la lectura del CEO de la marca francesa respecto a la situación actual de la industria no es negativa. “No hay un problema de desidustrialización sino de cambio”, señaló.
Y luego explicó que “cuando mirás el Top 10 de los autos más vendidos en Argentina, 6 o 7 son de fabricación nacional. Ese es un indicador que hay que mirar. Si en algún momento, del Top 10, 9 no son argentinos, ahí tendremos un problema. Y después, cuando mirás el Top 15 de Brasil, el total de autos particulares son brasileños, pero en utilitarios hay 5 argentinos. Y eso también marca que el rumbo de producir utilitarios es el correcto, porque Brasil es nuestro principal cliente”, finalizó.

En efecto, las cifras lo confirman. Con los números oficiales de abril cerrados, en los diez autos más vendidos de los primeros cuatro meses en Argentina, están la Toyota Hilux, el Peugeot 208, el Fiat Cronos, la Ford Ranger, el Chevrolet Tracker, la Volkswagen Amarok y el Peugeot 2008. Hay uno chino, el Ford Territory que importa la propia marca argentina, y dos brasileños, el Volkswagen Tera y el Chevrolet Onix.
Los próximos dos meses, sin embargo, deberían volver a mostrar resultados similares de producción, y si Peugeot recupera el ritmo una vez liberado el stock de unidades pasivas que tiene actualmente, se podrían igualar valores como los de marzo.
Pero mientras la industria argentina no produzca más “autos exportables” como ocurrirá sobre fin de año, pero especialmente en 2027, el año parece marcado como un verdadero desafío para las automotrices que todavía no exportan pickups.
Así lo explicó el presidente de Adefa, explicó Rodrigo Pérez Graziano, al señalar que “el sector está en plena transición y los datos del primer cuatrimestre de 2026 lo reflejan. La actividad durante abril registró una dinámica donde la producción sigue enfrentando desafíos estructurales. Además de la incidencia de los feriados, la caída interanual responde al proceso de adecuación de las terminales por el recambio de oferta industrial (nuevos proyectos) y el impacto directo del cese de algunos modelos”.
ECONOMIA
Caputo no se anima a apagar la aspiradora de pesos: absorbió $1 billón y compró más dólares baratos

A pesar de haber anunciado una mejora en la demanda de pesos y un deseo de dar mayor liquidez para el crédito, Toto Caputo todavía no se anima a expandir la base monetaria: en la licitación de este miércoles, el Tesoro no se contentó con «rollear» los vencimientos por $9,7 billones, sino que colocó títulos extra para absorber casi un billón más.
Igualmente, en el equipo económico se consideró que la licitación fue un éxito. No sólo se logró mantener las tasas de interés a nivel de mercado, sino que, sobre todo, se pudo «patear» para después del actual período de gobierno un 43,8% de los vencimientos.
Es lo que en la jerga financiera denominan «alargamiento de la duration» y, en términos simples, supone un alivio de corto plazo para el Tesoro, que estará menos exigido en las próximas licitaciones.
Ese monto a pagar después de 2027 corresponde al nuevo bono dual CER/Tamar -que implica que el inversor cobra la tasa que genere el mayor rendimiento al momento del vencimiento- con dos títulos, a cobrar respectivamente en junio 2028 y junio 2029.
Se trata de una inversión en modalidad de tasa variable, que ofrece cobertura contra la inflación por el componente CER y que además da un rendimiento igual al promedio de las tasas de plazo fijo del sistema bancario. Hablando en números, sería una rentabilidad que, considerando el nivel de tasas actual, podría superar un 32% nominal anual, mientras que la inflación que se estima para los próximos 12 meses, según la encuesta REM del Banco Central, es de 24,3%.
Todavía sin apagar la aspiradora
El hecho de que se haya vuelto a «encender la aspiradora» no deja de resultar sorpresivo, dado que, en la última licitación de abril, el Tesoro prácticamente no había realizado absorción de pesos. Y, en las últimas semanas, altos funcionarios habían enfatizado la voluntad de lubricar el crédito para impulsar el consumo y la producción, ante las señales de enfriamiento.
De hecho, el secretario de finanzas, Federico Furiase, había hablado sobre el regreso en breve del llamado «Punto Anker». Esa es la denominación que le dan en el gobierno al momento en el que la demanda por pesos es tan alta que el Tesoro ya no «rollea» la totalidad de los vencimientos de la deuda en moneda nacional, sino que deja una parte en el mercado, a modo de expansión monetaria.
De hecho, esa fue la tónica de las licitaciones a fines de 2024 y comienzos de 2025, cuando Caputo se jactaba de que se había logrado «que los bancos vuelvan a trabajar de bancos». Sin embargo, esa política tuvo un drástico cambio luego del desplome en la demanda de pesos ocurrida en la previa de las elecciones legislativas de octubre pasado.
Para el ministro, esa huida del peso está en proceso de reversión y en el segundo semestre volverá a haber un boom crediticio. Incluso, se llegó a plantear el regreso de planes específicos con tasa preferencial para las pymes desde la banca estatal. Fue un tema que causó escozor entre los economistas de línea ortodoxa, dado que la tasa de interés anunciada era de 20%, lo que implica en términos reales un subsidio para un sector específico de la economía.
Sin embargo, lo que dejó en claro esta última licitación es que Caputo todavía no está lo suficientemente seguro sobre la robustez de la demanda de pesos, aun cuando el mercado está inundado de dólares por el ingreso de la exportación sojera.
En todo caso, lo que el ministro evidenció es la prioridad absoluta que el gobierno le sigue asignando a asegurarse que la inflación vuelva al sendero descendente y que no haya tropiezos por culpa de una expansión monetaria mal calculada.
Más refuerzo de dólares
Como contracara de esa absorción de pesos, el Tesoro engrosó su cuenta depositada en el Banco Central, que ahora se ubica por encima de los $9 billones. Es un monto que le permitiría a Caputo comprarle u$s6.500 millones al BCRA para saldar los vencimientos en dólares.
En lo que resta del año, el calendario muestra obligaciones del Tesoro por u$s10.927 millones, mientras el Central deberá cancelar Bopreales por u$s997 millones. Los analistas asumen que un 40% de ese monto -intereses con el Fondo Monetario Internacional y otros organismos de crédito- será renovado. Esto implica una necesidad de caja por u$s6.900 millones, de los cuales Caputo captará al menos u$s4.000 millones.
Parte de esa estrategia continuó en esta nueva licitación, en la que volvieron a colocarse bonos en dólares en el mercado local, a una tasa notoriamente más baja que la que ofrece el mercado global: se logró un financiamiento de u$s300 millones en la primera jornada, y se espera sumar otros u$s200 millones en la jornada del jueves.
De cumplirse el plan del ministro, en seis colocaciones de este bono dolarizado que paga renta mensual ya se habrá recaudado u$s2.779 millones. Dentro de ese monto, u$s1.600 millones deben ser cancelados en octubre del año próximo, coincidiendo con el cierre de la campaña electoral.
340 puntos de «riesgo kuka»
En cuanto a la tasa de interés, se repitió la situación que se viene observando desde inicios de año: el título que vence en 2027 fue tomado por los inversores a una tasa de 5,12%, mientras que el que vence en 2028 tiene una tasa de 8,55%.
Ese diferencial de 340 puntos básicos es lo que Caputo toma como argumento para referirse al costo financiero del «riesgo kuka». Para el ministro, el hecho de que haya semejante spread de tasas en dos títulos idénticos, con apenas un año de diferencia en el vencimiento sólo puede ser explicado por la percepción de riesgo de default, asociada a un eventual triunfo electoral del peronismo en las elecciones presidenciales.
Mientras tanto, la expectativa del mercado es la colocación de estos bonos dolarizados continúe, dado que es una de las pocas fuentes de crédito a tasa razonable que le quedan a Caputo, dado el nivel de riesgo país todavía en torno de 500 puntos, y las tensiones del mercado global provocadas por el conflicto en Medio Oriente.
La reciente mejora en la calificación de los bonos soberanos por parte de la agencia Fitch y la probable revisión al alza en otras agencias de renombre podría mejorar algo el acceso al mercado de crédito global, pero todavía podrían pasar meses, y Caputo tiene vencimientos abultados en el corto plazo.
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ECONOMIA
Nuevo titular de la Fed: quién es el hombre que digitará el destino del dólar y tasas en el mundo

El Senado de Estados Unidos confirmó este miércoles a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en una votación ajustada que reflejó la fuerte polarización política que atraviesa Washington.
El economista, impulsado por Donald Trump, obtuvo 54 votos a favor y 45 en contra, y reemplazará a Jerome Powell, cuyo mandato concluye este viernes tras años de tensiones con el mandatario republicano por la política de tasas de interés.
La aprobación de Warsh fue la más ajustada para un presidente de la Fed desde que el Senado comenzó a intervenir formalmente en este tipo de confirmaciones en 1977. El único demócrata que apoyó su designación fue el senador por Pensilvania John Fetterman.
Quién es Kevin Warsh, el nuevo jefe de la FED
Warsh tiene 56 años, es economista y actualmente integra la Hoover Institution, uno de los centros de pensamiento más influyentes del conservadurismo estadounidense.
No es un desconocido dentro de la Reserva Federal: ya formó parte de la junta de gobernadores entre 2006 y 2011, período en el que tuvo un rol clave durante la crisis financiera internacional de 2008.
En aquel entonces ganó reputación de «halcón» dentro de la política monetaria, un término utilizado para describir a quienes priorizan el combate contra la inflación mediante tasas de interés elevadas.
Sin embargo, en los últimos meses moderó parte de ese discurso y comenzó a mostrarse favorable a una reducción de tasas en el corto plazo, alineándose parcialmente con los reclamos de Trump.
El propio presidente estadounidense había anticipado esa sintonía en declaraciones a The Wall Street Journal: «Él cree que hay que bajar los tipos de interés», afirmó Trump en diciembre pasado.
El desafío de bajar la inflación sin quedar subordinado a Donald Trump
Warsh se ha comprometido a reducir el balance de la Fed, que asciende a $6.7 mil millones de dólares, calificando sus tenencias de bonos como «política fiscal disfrazada».
Warsh se incorpora al banco central en un momento en que los responsables de política debaten la dirección de las tasas de interés.
Varios banqueros centrales han argumentado que la Fed debería considerar subidas de tasas, preocupados por que la inflación se esté extendiendo más allá del impacto de los aranceles de la administración Trump y los aumentos en el precio del petróleo derivados de la guerra con Irán.
Por qué es el hombre que puede definir el precio del dólar y el nivel de tasas en el mundo
El rol del presidente de la Fed de los Estados Unidos es, sin exagerar, el cargo económico más influyente del planeta. Aunque técnicamente es el jefe del banco central de una sola nación, sus decisiones actúan como el marcapasos de la economía global. Esta preponderancia no es una concesión política, sino una consecuencia directa de la arquitectura financiera moderna.
El primer pilar de este poder es el estatus del dólar estadounidense como la principal moneda de reserva del mundo. La inmensa mayoría de las transacciones comerciales internacionales, desde el petróleo hasta la tecnología, se liquidan en dólares. Además, la mayor parte de la deuda externa de los países emergentes está denominada en esta moneda.
Cuando el titular de la Fed decide modificar las tasas de interés, está alterando el «precio del alquiler» del dinero en el que se basa el sistema entero. Si la Fed sube las tasas, el dólar se vuelve más atractivo para los inversores que buscan rendimientos seguros en activos estadounidenses (como los bonos del Tesoro). Esto genera una succión de capitales globales hacia EE. UU., fortaleciendo el dólar frente al resto de las divisas. Para un país en desarrollo, esto significa que su propia moneda se devalúa y su deuda en dólares se vuelve más cara de pagar, importando inflación de manera inmediata.
El nivel de tasas fijado por la Fed (la tasa de fondos federales) sirve como el «piso» sobre el cual se construyen todas las demás tasas de interés del mercado. Es el punto de referencia para el crédito hipotecario, los préstamos corporativos y la valoración de acciones.
El titular de la Fed maneja un equilibrio delicado entre dos mandatos: estabilidad de precios (control de la inflación) y máximo empleo. Sin embargo, en un mundo interconectado, sus palabras tienen un efecto psicológico instantáneo. Los mercados no esperan a que la tasa cambie; reaccionan a la «guía futura» (forward guidance) del presidente. Una sola frase que sugiera una postura más restrictiva (hawkish) puede desplomar bolsas en Asia o disparar el costo del crédito en Europa en cuestión de minutos.
Durante las crisis financieras, el rol del presidente de la Fed se magnifica. Al tener el poder de emitir la moneda que todos necesitan para operar, la Fed actúa como el prestamista de última instancia global a través de las «líneas de swap» (acuerdos de intercambio de divisas con otros bancos centrales). El titular de la Fed decide, en última instancia, quién tiene acceso a la liquidez necesaria para evitar un colapso sistémico.
En definitiva, su capacidad para definir el precio del dólar y el nivel de tasas responde a que Estados Unidos posee el mercado de capitales más profundo y líquido del mundo. Mientras el dólar siga siendo el eje del comercio y las finanzas, la oficina del titular de la Reserva Federal seguirá siendo el epicentro donde se decide si la economía global acelera o se encamina hacia una recesión.
Un economista millonario con fuertes vínculos con el trumpismo
Además de su trayectoria financiera, Warsh mantiene estrechos lazos con el círculo político y empresarial cercano al presidente estadounidense.
Su patrimonio personal supera los US$100 millones y está casado con Jane Lauder, integrante de la familia propietaria de Estée Lauder.
Su suegro, Ronald Lauder, es un histórico donante republicano, aliado político de Trump y actual presidente del Congreso Judío Mundial.
La combinación entre experiencia financiera, vínculos empresariales y cercanía con Trump convierte a Warsh en una figura observada con atención por Wall Street y por los mercados internacionales.
Ahora, el economista deberá demostrar si puede sostener la independencia de la Fed en un escenario marcado por inflación alta, presión política y divisiones internas dentro del organismo monetario estadounidense.
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ECONOMIA
“Ganar o ganar” en pesos: cuáles son los bonos más buscados por el mercado y por qué crece su demanda

El Tesoro sigue manejando con mucha comodidad las licitaciones de títulos que realiza cada dos semanas. En la de ayer consiguió refinanciar 110% de los vencimientos que afrontaba en pesos y además colocó otros USD 300 millones de bonos cortos en dólares, que le sirven para seguir juntando para el pago de deuda más grande que le queda por delante en julio, por unos 4.300 millones de dólares.
Esta vez, el mayor interés de los que participaron en la licitación se concentró en los denominados “bonos duales”. Se trata de títulos en pesos que pagan al vencimiento según lo que sea más beneficioso para el inversor: el CER (o sea la inflación acumulada) o la tasa de plazo fijo mayorista (TAMAR).
La ventaja para los compradores de este título es que se “gana o gana” al menos en pesos. Por supuesto que la variable que termina definiendo si se trató de una buena inversión es la evolución del tipo de cambio. Si el dólar en los plazos de estos títulos supera a la inflación y la tasa entonces el rendimiento en moneda dura pasa a ser negativo.
Este bono le permitió al Tesoro extender los plazos de colocación en moneda local, ya que una de las series vence en junio de 2028 y el otro en el mismo mes pero del 2029, es decir bien entrado el próximo período presidencial. En el primer caso el rendimiento quedó en un equivalente a CER más 4% y en el segundo de CER más 6,19% anual.
La demanda por estos títulos fue muy significativa y en total se colocaron 5,3 billones de pesos, casi la mitad del total. De esta manera, el Gobierno busca salir del cortoplacismo y romper el temor del mercado respecto a lo que podría suceder con estos pagos durante la próxima administración.
El equipo económico se sigue manejando con cautela y no convalida por ahora que los pesos que se emiten para comprar dólares queden en el mercado. Por eso, la refinanciación de la deuda en pesos que vencía fue de 110 por ciento. La base monetaria en lo que va del año muestra una disminución nominal de 5%, a pesar que la inflación acumulada en el primer trimestre es de 9,4 por ciento.
De esta manera, el plan de remonetización se mantiene en “stand by”. El objetivo es primero ver una baja de la inflación y que se sostenga en el tiempo. Por lo pronto, el Indec publicará hoy el dato de abril y se espera que se ubique alrededor del 2,5 por ciento. Sería la primera baja en diez meses, luego del piso de 1,5% que se registró en mayo del año pasado.

El segmento de deuda en moneda dura mostró interés inversor, con la colocación de USD 150 millones para cada uno de los bonos AO27 y AO28. Hace algunas semanas, el equipo económico había ampliado el cupo a USD 350 millones para cada título. Sin embargo, ese tope máximo solo se ejecutó en la instancia previa.
El bono AO27, con vencimiento el 29 de octubre de 2027, se adjudicó a una tasa interna de retorno efectiva anual (TIREA) de 5,12%, equivalente a una tasa nominal anual (TNA) de 5,00 por ciento. Por esta opción, Finanzas recibió ofertas por USD 279, en línea con subastas anteriores.
Por su parte, el AO28, que vence el 31 de octubre de 2028, se colocó a una TIREA de 8,55% (TNA de 8,24%). En este caso, el monto ofertado ascendió a 267 millones de dólares. La Secretaría informó que el jueves se abrirá una segunda rueda para estos títulos, al precio de corte de la licitación, por un monto adicional de USD 100 millones en cada tramo.
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