ECONOMIA
Clima de Negocios: las deudas crecientes de las familias argentinas, un drama que se metió en la guerra entre bancos y fintech

Hay una guerra en curso entre bancos y fintech, las empresas que mezclan finanzas y tecnología. Lo nuevo y lo viejo, lo regulado y lo no tanto. Incumbentes contra startups, gigantes que suelen moverse como tales que buscan competir con estructuras con reflejos y cintura.
Unos aseguran que la cancha está desnivelada en su contra y exigen que las nuevas empresas que saltaron a ofrecer servicios financieros tengan los mismos controles férreos a las que los somete el Banco Central. Otros exigen que se les deje ofrecer más servicios para simplificar la vida de los clientes y ampliar derechos. En medio de esa tensión, los bancos ganaron la última gran batalla que disputó el sector: las billeteras virtuales se quedaron con las ganas de pagar sueldos en sus plataformas digitales por culpa de un cambio a último momento en el Congreso en la etapa final del debate por la ley de Reforma Laboral. Quedó claro, al menos por el momento, que a la hora del lobby legislativo y la rosca política, pesó más la experiencia.
En el medio, la mora. Los problemas de las familias y empresas argentinas para pagar sus deudas es una cuestión que miran con mucha atención en el gobierno de Javier Milei. No es para menos: se trata del bolsillo de la gente. Las trabas para invertir, comprar y hasta subsistir en un país que mejoró muchas de sus variables, pero que tiene un cartel de ‘deuda’ en otras. Quizás junto con el empleo –y por momentos la seguridad–, sean los factores que más mueven el termómetro del humor social. Eso, extrapolado rápidamente, es igual a votos a favor… o en contra.

La morosidad en el sistema crediticio argentino alcanzó niveles que no se veían en más de dos décadas. Pero lo que el número agregado no muestra –y es lo que aumenta la tensión en despachos de bancos, consultoras y algunos legisladores– es la brecha que se abrió entre lo que le pasa a la banca tradicional y lo que ocurre en el ecosistema no bancario: fintechs, billeteras virtuales, financieras y proveedoras de crédito al consumo.
La diferencia no es menor. Es estructural. Y hay quienes señalan que es el capítulo más revelador de toda la discusión sobre la inclusión financiera en Argentina. Un contexto en el que también resaltan los niveles de crédito, las siempre polémicas tasas y un debate nuevo sobre si las familias están o no sobreendeudadas que llegó al Congreso.
Esta semana, desde la gestión de Milei intentaron bajar un poco la temperatura del tema. El presidente del Banco Central, Federico Bausili, aseguró que el pico de mora ya se alcanzó –algo con lo que coinciden las empresas, aunque prima la cautela– y se tomó un tiempo para pegarles un palito a sus regulados. “Los bancos tuvieron que reconstruir sus sistemas de scoring y hubo una primera ola de créditos que se otorgó a ciegas, sin saber a quién se le estaba prestando el dinero”, dijo en ExpoEfi.
También repitió un mantra oficial para explicar los incumplimientos: “si no hay crédito, no hay mora; cuando volvió el crédito, apareció la mora”. “Algo así como dolores de crecimiento”.
¿Alcanzará? Ejemplos cercanos muestran un grado de involucramiento oficial mucho mayor. En las últimas horas, en Brasil, Lula da Silva acaba de anunciar un paquete de medidas para aliviar las deudas de las familias brasileñas. El programa “Novo Desenrola Brasil”, cuyos detalles se conocieron el Día de los Trabajadores, establece límites de tasa de interés del 1,99%, descuentos de entre el 30 y el 90%, y autoriza el uso de hasta el 20% del Fondo de Indemnización por Despido para el pago de deudas.
Según el Informe de Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en febrero de 2026 la proporción de créditos en situación irregular para el segmento de familias llegó al 11,2 por ciento. Un año antes era del 2,94%. Casi se cuadruplicó en doce meses.
En el mundo no bancario, el escenario es otro. Según estimaciones privadas relevadas por la consultora Empiria y el departamento de Estudios Económicos del Banco Provincia, la mora en fintechs, billeteras virtuales y financieras de consumo supera el 25% en promedio y, en algunos casos, supera el 30 por ciento.
“En las fintech el escenario es un poco más complejo, y supera al 25% de la cartera total: hace un año no llegaba al 10%”, señaló el informe del Banco Provincia.
Entre ambos canales, el 14,3% de los préstamos a hogares ya está en situación irregular, con un crecimiento de diez puntos porcentuales en un año.
En ese contexto se destaca lo que pasa en Mercado Pago, la pata fintech de Mercado Libre, la empresa que fundó Marcos Galperin, el empresario más rico del país, la misma que vale según su market cap en Wall Street unos USD 94.000 millones. La fintech más grande del país registró un salto considerable en su ratio de irregularidad, que subió del 5,5% en enero de 2025 al 14,7% en enero de 2026, según datos públicos de la Central de Deudores (Cendeu) que confirmó la compañía.
La diferencia entre bancos y fintechs, que hace doce meses era de casi el doble, pasó a ser casi el triple. Las planillas del BCRA son claras. El ratio promedio de irregularidad total para el sector privado fue en febrero de 6,7 por ciento. En el mencionado rubro “familias”, cuando se miran los créditos personales la cifra marca 13,8% y en tarjetas de crédito es 12,6%, según datos de febrero. Los préstamos personales UVA tienen una irregularidad del 11,5 por ciento. Son todos números que, mes a mes, no pararon de crecer en el último año. ¿Aflojará en marzo? Los bancos confían que sí, al menos para las familias.
Hay un apartado revelador: el consumo. Según un informe muy reciente del Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina (Centro RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la morosidad en el crédito al consumo se incrementó 9,6 puntos porcentuales, pasando del 2,5% a 12,1%, es decir, cerca de 5 veces. “Actualmente, los niveles de morosidad de los hogares se ubican por encima de los registrados desde 2009, incluyendo el período de pandemia”, destacó el trabajo.
Hoy, “se observa que cerca del 42% del ingreso se orienta ahora al pago de servicios, lo que implica un aumento de 4 puntos porcentuales respecto del inicio de la gestión [de Milei]. Esto sugiere que, aun cuando los salarios reales se incrementaron, una mayor proporción de ese aumento se destinó al consumo de servicios”. En ese contexto, el informe remarcó datos del Indec que indican que el uso de tarjetas de crédito para financiar el consumo en supermercados “incrementó su participación en las compras pasando de manera significativa del 39% al 43% de las compras totales”.
Antes de hablar de mora, conviene hablar de tasas. Porque ahí está la causa de fondo. Un mismo monto de crédito, con el mismo plazo, cuesta el doble en una fintech que en un banco. La comparación, que circula en el sector con datos propios y con información pública del BCRA, es contundente: para un préstamo de $1 millón a 12 cuotas, la cuota mensual en una entidad no bancaria de las más conocidas puede ser hasta un 80% más alta que en un banco tradicional.

No es un caso aislado. En algunos proveedores no financieros de crédito la Tasa Nominal Anual (TNA) supera el 820 por ciento. Se ve en las calculadoras virtuales de las propias empresas.
La lógica es directa: tasas desproporcionadas generan problemas para pagar (mora) y exceso de deuda (sobreendeudamiento). “La morosidad está vinculada con el nivel de las tasas de interés de los créditos, que son más altas en el caso de los préstamos a familias y especialmente altas en el caso de las entidades no financieras”, sostienen fuentes del sector financiero.
Históricamente, los bancos son quienes ofrecen las mejores tasas. Lo que cambió en el último año es que más gente llegó a las fintechs porque las entidades tradicionales fueron endureciendo sus criterios de otorgamiento. Es decir, los que no calificaron en el sistema formal terminaron pagando tasas leoninas en la vereda de enfrente. Y eso, con salarios que no acompañaron, derivó en mora.

“El problema de las fintech es la tasa que tienen para sus préstamos. En definitiva es como pagar el mínimo de la tarjeta, donde se termina sin saber cuánto se paga. En parte es un tema de educación financiera de la gente, pero no tienen la culpa. Hay necesidad y nos se les explica bien. Al final, se resiente todo: cuando la gente no puede pagar, no le paga a nadie. Están en mora con los dos sistemas”, dicen los bancos.
El señalamiento es directo: “la fintech dan créditos haciendo un par de clicks en una app, cobran mucho sin aclarar tanto y la mora que se genera impacta en todo el sector financiero”.
“No hay sobreendeudamiento, solo casos de gente que la está pasando mal en un mundo de poco crédito. Y está el tema de la cuota, más que del crédito sobre el ingreso. La cuota, con esas tasas, quedan altísimas. Las fintech van a sectores que son mucho más difíciles de cobrar. Trasladan la mora a los que sí pagan y en un momento se hace imposible. La cuenta no da. Los bancos terminan prestando un poco a pérdida, prestan menos –algunos aumentan el scoring–, cosas que las fintech no pueden hacer”, agregaron desde un banco.
Con respecto a los dichos de Bausili, en los bancos juran que no revolearon créditos “a ciegas”, aunque reconocen que pudo haber barreras de entrada más laxas en medio del boom que pasó. Sí concuerdan, en general, con que el pico de la mora frenó, al menos en las deudas que tienen que ver con las familias. No en las pymes.
“La situación general desmejora y la gente va a otros sistemas. Muchos se quedaron sin trabajo y los ingresos no alcanzan. Hubo un año y medio de créditos volando y seguro se otorgaron malos y buenos. La mora aparece cuando la cosa se frena, pero esta vez apareció antes de que el crédito deje de subir”, aclaran desde uno de los bancos privados grandes.

“Lo que hacen muchas fintech es casi usura. Nosotros ayudamos a las pymes a que salgan, no a que se hundan”, resumieron desde otra entidad.
Lo que los banqueros no dicen en público, pero sí en off, es que “la presión de la mora ya alteró los planes de rentabilidad para 2026. Va a ser un año de transición. De rentabilidades en un dígito alto, no de dos, por los niveles de mora y la demanda de crédito en cero en términos reales”, como reconoció un alto ejecutivo de una de las principales entidades privadas del país.
Del otro lado del mostrador, Infobae habló con Juan Salviolo, de Wainymóvil, y con Ezequiel Weisstaub, de Credicuotas, ambos también miembros de la Cámara Fintech.
“Los bancos tienen mucho menos apetito de riesgo que nosotros. El tema es que los públicos tienen más flujos porque pagan sueldos y pueden debitar cuotas sin problemas. Y en la mayoría de los grandes privados pasó lo mismo”, aseguró Weisstaub.
“Hay una idea de que las fintech endeudan a la gente. No es real. Pasa que el salario no acompaña. Los cambios que estaban propuestos en la reforma laboral hubieran arbitrado todo de manera distinta, más equitativa. Pero en ese punto no quieren competencia, no quieren que paguemos sueldos». Hablan de nivelar la cancha pero no nos dan fondeo, no podemos tomar salarios”, agregó Salviolo.
Lo que cambió en el último año es que más gente llegó a las fintechs porque las entidades tradicionales fueron endureciendo sus criterios de otorgamiento
En la Cámara Fintech trabajan en un informe que saldrá en los próximos días. Datos preliminares destacan que 8,1 millones de personas tiene un crédito fintech vigente: el doble que dos años atrás y el 40% de los tomadores de crédito del país (20,5 millones). De ese total de 8,1 millones, 5,8 millones también tienen vigente un crédito con una entidad financiera, mientras que 2,3 millones son deudores exclusivos.
La Cámara hace foco en que en los últimos dos años, 2 millones de personas tomaron su primer crédito en el sistema financiero con una fintech y remarca:
- Argentina necesita más crédito, no menos. A pesar de haber crecido con fuerza durante 2024/205, el país guarda unos de los niveles de deuda/PBI más bajos del mundo, muy por debajo de países de la misma región.
- Las Fintech no solo prestan, sino que crean mercado donde antes había informalidad. El uso de la tecnología permitió dar acceso a perfiles (trabajadores independientes, monotributistas o personas vinculadas a la economía informal) que muchas veces no eran atendidos por los bancos.
- El crédito no bancario se desarrolla en un entorno altamente competitivo, con 542 proveedores no financieros de crédito registrados ante el BCRA, incluyendo fintechs, mutuales, tarjetas no bancarias y otras entidades. En este contexto, las fintechs no son empresas formadoras de precio.
- La carga impositiva puede representar hasta el 50% del costo del crédito.
Además, remarcan: “No hay sobreendeudamiento, hay una suba circunstancial de la mora en un sistema financiero todavía chico, que ya se está revirtiendo”.
“Los cambios de la reforma laboral hubieran arbitrado todo de manera más equitativa. Pero en ese punto no quieren competencia, no quieren que paguemos sueldos” (Salviolo)
Nadie en el sector quiere hablar mal del “jefe”, el Banco Central, pero no pocos creen que hay una tensión no resuelta y mal arbitrada entre fintech y bancos. Las fintech, claro, dicen que el regulador suele tomar más partido por los bancos que por la innovación. “Es raro, pero es así. No entiendo al regulador. Los bancos nunca tuvieron apetito de riesgo. llegamos, invertimos en tecnología, innovamos y esto debería ser un win-win. No pasa. Tomamos riesgo y generamos historial crediticio. Cuando hay mora siempre aparecen los chivos expiatorios, pero los bancos saben que hacemos el trabajo sucio y tenemos gimnasia para dar créditos 7/24. Ahí van a buscar clientes nuevos los bancos”, aseguraron desde una fintech grande y, claro, pidieron estricto off the record.
El jueves pasado, en Central emitió una norma que busca regular a los Proveedores de Servicios de Pago (PSP), el nombre técnico de las billeteras virtuales. En resumen, les exigen mayor información y transparencia en el registro, establece reglas específicas para la apertura de cuentas a través de terceros y suma herramientas más robustas para la supervisión y gestión del registro.
Las voces del sector financiero que se mueven cerca del debate legislativo tienen una posición más matizada que los titulares. Los datos, dicen, muestran que el sobreendeudamiento no es todavía un fenómeno estructural. El crédito a las familias es aún muy reducido: 12% del PBI frente a ratios que en países vecinos al menos se triplican.
“El problema central no es la existencia del crédito. Es la fragmentación de la información y las fallas en la evaluación del riesgo”, señaló una fuente del sector financiero, que dijo que lo urgente es que todos los actores del sistema reporten en tiempo real las obligaciones de sus clientes, para evitar la superposición de créditos y reducir el riesgo de sobreapalancamiento.
En febrero de 2026 la proporción de créditos en situación irregular para el segmento de familias llegó al 11,2 por ciento
Banco Provincia puso en perspectiva el impacto humano: “el 18,1% de la población adulta argentina, es decir, unos 6,3 millones de personas, sufre atrasos en el pago de sus préstamos”. De los 20,5 millones de argentinos con un crédito abierto, casi uno de cada tres tiene dificultades para pagarlo.
El mapa de la mora llegó al Congreso. Y eso suma otra capa al conflicto bancos-fintech. Hay al menos 29 proyectos de ley en tratamiento que, en mayor o menor medida, abordan el problema del endeudamiento de los hogares, pero la mayoría parte de los síntomas, no de las causas, creen los bancos. Eso genera una alarma específica entre los especialistas del sector: si avanzan esas iniciativas, el resultado más probable es una restricción de la oferta de crédito formal.
“Los proyectos que buscan resolver problemas individuales con reglas generales podrían generar una afectación del crédito futuro y debilitarían los incentivos a pagar, lo que a la larga redunda en mayores costos para los cumplidores”, advirtieron fuentes.
El argumento de fondo es que legislar sobre consecuencias sin tocar las causas es contraproducente. Si se limitan las tasas sin mejorar los sistemas de información crediticia, los bancos y las fintechs van a prestar menos y a segmentos más selectivos. Los más vulnerables quedarán fuera del circuito formal y terminarán pagando tasas aún más altas en canales informales o grises.
La brecha entre bancos y fintechs en materia de mora tiene también una lectura regulatoria que trasciende a la coyuntura. Si el sector no bancario opera con tasas tres o cuatro veces más altas que el sistema formal, y si eso explica una parte significativa de la irregularidad, la discusión de fondo no es solo quién gana la guerra del crédito digital. Es si el Estado va a dejar que esa guerra se siga librando con reglas asimétricas. Y si los que pierden, como casi siempre, van a ser los mismos.
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ECONOMIA
Reactivación del consumo y baja de impuestos: el mensaje de Caputo a los industriales y por qué junio es un mes clave

(Imagen Ilustrativa Infobae)
En medio de un clima de creciente preocupación por la caída de la demanda, y la consecuente merma de producción y afectación del empleo, los industriales recibieron sobre fines de la semana una noticia que esperaban desde hace meses pero creían que se demoraría un tiempo más.
Primero, el presidente Javier Milei y luego, con más detalle, el ministro de Economía, Luis Caputo, anticiparon que así como bajarán las retenciones a las exportaciones de varios cultivos agrícolas, también avanzarán con una eliminación gradual de los derechos de exportación que aún tienen varios productos industriales. Entre ellos, los autos.
El anuncio se produjo la misma semana en la que el titular del Palacio de Hacienda recibió a la cúpula de la UIA para repasar distintos temas que preocupan a la industria y medidas sugeridas para ayudar al sector. Ese listado, además de baja de retenciones, incluía reducción de contribuciones patronales y la posibilidad de tomarlas a cuenta de IVA; financiamiento mediante el Fogar a las pymes; devolución por parte de ARCA de los saldos a favor de IVA; alguna medida para fomentar la compra de materiales para la construcción, entre algunas otras.
El mensaje en la reunión fue el mismo de siempre. La recaudación está en caída y aún no es el momento de tomar medidas que impacten en la caja. Los datos de abril reflejaron la novena caída interanual consecutiva de la recaudación tributaria nacional total, de un 3,8% real. Y en el primer cuatrimestre descendió 6,7% en términos reales, según repasó el economista Nadin Argañaraz, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).
Si mejoran los ingresos tributarios, lo primero será bajar retenciones y el impuesto al cheque, le dijo Caputo a la UIA, representada por su presidente, Martín Rappallini, y algunos de los vicepresidentes de la entidad. Pero luego sorprendió con el anuncio. Y la baja gradual comenzará en julio. Es más, enfatizó -contrariamente a lo que venía afirmando en reuniones privadas con el sector privado- que esta decisión ya está tomada y no depende de la evolución de la recaudación. Buscó así tranquilizar al sector productivo.
Sin embargo, según pudieron averiguar los empresarios, el Gobierno no incluirá en esta primera etapa a la siderurgia ni a la minería (litio y plata), ya que les implicaría un alto costo fiscal. En cambio, entrarán en la rebaja, además de los autos, sustancias y productos químicos (tributan 4,5%); caucho y plástico (4,5%); y algunos alimentos, como conservas y extractos de azúcares (2,25%). “Son muy buenas noticias para el sector químico y petroquímico que exporta en promedio 18% de las MOI siendo 2do después del automotriz”, dijeron fuentes del sector a Infobae.
La UIA emitió este sábado un comunicado en el que celebró el anuncio realizado por el Gobierno. Destacó que la medida “avanza en el sentido correcto” porque permitirá aliviar la carga tributaria sobre la producción y mejorar la competitividad de los sectores exportadores.
Según señaló la entidad, la eliminación de los derechos de exportación fue uno de los principales reclamos planteados esta semana durante la reunión que mantuvieron con Caputo y se trata de una herramienta clave para fortalecer al sector transable industrial y potenciar las exportaciones con valor agregado. En 2025, las ventas al exterior de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) alcanzaron los USD 23.380 millones.
La institución sostuvo además que la reducción de impuestos distorsivos es fundamental para una industria que “compite globalmente y genera empleo, inversión y desarrollo federal”. En ese sentido, recordó que el sector industrial aporta en promedio el 26,6% de los principales tributos nacionales y que uno de cada tres pesos recaudados por IVA proviene de la actividad manufacturera.
El comunicado también incluyó un llamado a provincias y municipios para que acompañen el proceso con una revisión de la carga tributaria local que pesa sobre las empresas. “La competitividad tributaria requiere del compromiso de los tres niveles del Estado”, remarcaron desde la entidad, que anticipó que continuará trabajando con las autoridades nacionales, provinciales y municipales para avanzar en una agenda de reducción de costos y eliminación de distorsiones.
Durante la reunión del martes pasado, aunque Caputo no anticipó los anuncios que se venían, se mostró optimista respecto de los meses que se aproximan, dando a entender que a mitad de año el escenario económico podría mejorar y que ello podría impulsar decisiones en materia impositiva.

Caputo habló de junio. “¿Qué le hace pensar que en junio la situación cambiará?“, le preguntó Rappallini. Sin dar precisiones, el ministro respondió que manejaban datos que hacían prever ese escenario. Todos se quedaron con la duda. Luego llegaron los anuncios y la rebaja de los derechos arrancará, justamente, a mitad de año.
Milei anunció una baja de retenciones al campo y a la industria en el marco del 172° aniversario de la Bolsa de Cereales, el jueves por la noche. En ese contexto, dijo que en el caso de los sectores manufactureros, será a partir de julio e irán bajando hasta llegar a 0% en junio del año próximo, confirmó.
“Y no solo le voy a bajar retenciones, digamos, al sector agropecuario. También le vamos a bajar a la industria a partir de julio hasta hasta junio de 2027, a la industria automotriz, a la industria petroquímica, a maquinarias, vamos a ir a cero y ese cronograma va a estar siendo informado por el Ministerio de Economía en estos días. O sea que vamos a seguir bajando retenciones, vamos a seguir achicando el tamaño del gasto público para poder devolverle a los argentinos de bien el dinero que les corresponde, que se achique el Estado, que se agrande el mercado para que tengamos más libertad y, por ende, más prosperidad”, dijo el mandatario.
La noticia fue muy bien recibida por el sector empresario, tal como lo refleja el comunicado de hoy, aunque la dirigencia igual mantiene la cautela, ya que aún todavía no está claro que la recaudación vaya a mejorar. Según Argañaraz, a partir de junio va a a mejorar la situación relativamente a los primeros meses, pero eso no implicará que la recaudación crezca. “Sí creo que va a caer a menor tasa. Es que ha sido tan grande la caída de los primeros meses que es muy difícil llegar a una recaudación positiva en el año”, consideró el analista.

(Captura de video)
El equipo económico está observando que a mediados de año la economía mejorará -de hecho, ya los datos del Estimador Mensual Económico (EMAE) de marzo fueron alentadores, con un crecimiento de 3,5% mensual-, impulsados por una cosecha récord, que ya anticipó Caputo este viernes, más obras viales y privadas y un consumo que se recuperará de la mano de la baja de la inflación y el mayor crédito.
Si este escenario se concreta, además de la baja de retenciones, podría haber espacio para avanzar con otras medidas que viene reclamando la UIA desde comienzos de año. “La Argentina se encareció 15% en dólares desde que la UIA se juntó con Caputo en febrero. La actividad no mejoró. Las medidas tienen que salir”, dijo una fuente del sector.
Durante la reunión con Caputo, los industriales le consultaron también sobre cuál era el plan con respecto al tipo de cambio y, pese a lo que muchos afirman, el ministro descartó que estuviera atrasado. “Nos dijo que seguirían comprando reservas y que el tipo de cambio estaba bien”, dijo un miembro de la UIA, mientras afirmaba que el dólar hoy está barato y que la demostración más fiel de ello es cuando se observa lo que ocurre con los viajes al exterior.
En la UIA también preocupa el impacto de la apertura importadora sobre sectores que todavía operan con niveles de actividad muy bajos. En varias ramas fabriles aseguran que la combinación entre costos en dólares más altos, caída del consumo interno y mayor ingreso de productos importados está generando una presión creciente sobre la producción local. “Hoy muchas empresas están trabajando con márgenes mínimos o directamente perdiendo plata para sostener operaciones”, describió un empresario.
Por eso, valoraron las señales del Gobierno en materia de impuestos, pero también insisten en la necesidad de que se recupere la demanda lo antes posible. En el sector sostienen que buena parte de las compañías ya atraviesa una situación delicada y advierten que sin una recuperación más clara del consumo y mejoras en la competitividad, podrían profundizarse los problemas de empleo y producción durante el segundo semestre.
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ECONOMIA
Economía a ras del piso: qué dice un índice sobre el costo de vida, el poder de compra, el consumo y las expectativas del “argentino de a pie”

(Imagen ilustrativa Infobae)
Un nuevo índice privado se sumó a la batería de indicadores que rastrean la evolución de la economía. En particular, este ya desde su nombre “Índice del argentino de a pie” busca auscultar la situación económica “desde una perspectiva más cercana y realista”. A diferencia de los tradicionales, que usualmente miden variables agregadas, el foco de este nuevo indicador es “la experiencia cotidiana de las personas: cómo impactan los precios, el consumo y los ingresos en la vida diaria.
En un contexto donde variables como la inflación y la caída del consumo reflejan tensiones en el bolsillo de los hogares, este tipo de medición permite traducir los grandes números macroeconómicos en percepciones concretas. Así, no solo aporta datos, sino también contexto sobre cómo viven los argentinos la economía en tiempo real”, indicó Damián Di Pace, director de la Consultora Focus Market, que elaboró el Índice buscando responder a preguntas básicas: ¿cómo vive la economía una persona de carne y hueso? ¿Le alcanza el sueldo? ¿Resignó algo este mes? ¿Qué espera para los próximos meses?
Se trata de un índice híbrido, que entremezcla datos duros, como precios y salarios con percepciones detectadas en encuestas de hogares y se compone de cuatro pilares:
- Ingreso real: cuánto rinde el sueldo
- Costo de vida: Alimento, transporte, servicios
- Consumo posible: qué se puede comprar y qué se resigna
- Expectativas: Sobre el futuro económico
En una escala de 0 a 100, en la que puntajes de 0 a 40 marcan un rojo de “deterioro” (que va de “colapso estructural” a “deterioro leve”, puntajes de 40 a 70 indican “tensión” (desde “crítica” a “contenida”) y puntajes de 70 a 100 identifican situaciones de “estabilidad” (desde “frágil” a “plena”), el puntaje para la primera versión del índice arrojó un resultado de 61,8 puntos (esto es “tensión contenida”) en febrero/marzo de este año. “Significa que la economía del hogar promedio no está en colapso, pero tampoco en calma: hay presión sostenida sobre el bolsillo, con señales mixtas según el pilar que se mire”, dice el informe que acompaña la primera publicación.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Ese resultado, explica, “describe un escenario donde las presiones económicas siguen presentes, pero sin un desborde inmediato. Los hogares continúan ajustando consumos, postergando decisiones y administrando con mayor cautela sus ingresos, lo que evita un deterioro más brusco en el corto plazo. Sin embargo, esta “contención” no implica mejora, sino más bien una capacidad de adaptación que tiene límites. La persistencia de esta dinámica refleja una economía que aún no logra recomponer el poder adquisitivo de forma sostenida, dejando a los consumidores en una situación de equilibrio frágil, donde cualquier shock adicional podría reactivar tensiones más profundas”, explicó Di Pace.
El primer pilar mide si el ingreso “alcanzó” en la experiencia concreta de un hogar a fin de mes. Un 37% de los hogares no solo cubrió sus gastos sino que logró ahorrar algo —señal de estabilidad relativa”, a un 27% le alcanzó ”justo” y a poco más del 35% restante no le alcanzó e incluso una parte de ellos debieron recurrir al crédito para cubrir (con deuda) sus consumos. “Un trabajador registrado con antigüedad, pareja con doble ingreso y sin deudas vive una realidad completamente diferente a la de un trabajador informal, monoparental o con cargas de crédito. El índice los promedia en 60 puntos, pero detrás de ese número conviven situaciones que poco tienen en común”, dice el informe.
Pilar de datos duros, compara la variación de la Canasta Básica Total (CBT, elaborada por el Indec, que mide la “línea de pobreza”) con la del salario formal que surge de la evolución del Ripte, otro indicador oficial que mide el promedio de ingresos de los trabajadores formales entre diciembre de 2025 y enero de este año. En ese lapso, el costo de la CBT aumentó casi cuatro puntos más que el salario, una brecha negativa que muestra que el ritmo del costo de vida le está ganando al de los ingresos.

Según Focus Market, es el pilar más revelador. Si bien no mide lo que le cuesta vivir mensualmente ni cuánto gana el trabajador, ausculta “lo que dejó de comprarse”. En la pregunta sobre a qué renunció, dice el informe, aparece la dimensión más humana y cruda del ajuste. Al respecto, los datos muestran que el ajuste del consumo tiene varias capas. La primera y más extendida es el recorte de salidas, entretenimiento, vacaciones, gastos pueden postergarse sin consecuencias inmediatas.
Por esa experiencia, según Focus, ya pasó la mayoría de los hogares. Una segunda capa es la renuncia a bienes durables y semi-durables como ropa, calzado, electrodomésticos, arreglos del hogar y también está “muy extendida”. La tercera capa y más preocupantes es el recorte de alimentos, que afectó a 14% de los encuestados, quienes dijeron haber reducido “la cantidad o calidad de lo que come”. Ergo, “uno de cada siete hogares relevados ya no está ajustando por el lado del lujo ni del confort: está ajustando por lo básico. Es el indicador más directo de vulnerabilidad real que arroja el índice y el que más interpela a cualquier lectura optimista del período”, dice Focus. De hecho, el puntaje de ese pilar, 55,9 puntos, está en el rango de “tensión marcada” en la vida del “argentino de a pie”.

El cuarto y último pilar se refiere no a lo que pasó al encuestado sino lo que se espera y arroja una nota sorprendente difícil de interpretar: casi la mitad de los encuestados (46,9%) espera que su situación económica mejore en los próximos tres meses, el mejor resultado de la primera versión del índice, en contraste con resultados de los demás pilares.
Según Focus, ese optimismo en medio de consumos recortados y salarios que corren detrás de la inflación admite dos lecturas posibles. Una más bien psicológica, según la cual tras período prolongado de deterioro, la expectativa de mejora surge más como necesidad que como cálculo o proyección racional. La idea básica sería que “lo peor ya pasó”, aunque los datos no lo sostengan. La otra lectura, más optimista, es que una parte sustancial de los encuestados esté anticipando mejoras concretas, como una mejora salarial, un trabajo nuevo o la cancelación de una deuda, no capturadas por índices generales pero significativas en la vida concreta de una persona o familia.
“Lo que sí queda claro es la tensión entre ese optimismo y los datos del período: el salario formal creció apenas 0,78% mientras la inflación fue tres veces mayor. Por ahora, la expectativa de mejora flota sobre evidencia en sentido contrario. Si en la próxima edición del índice esa brecha empieza a cerrarse — salarios acelerando, inflación desacelerando —, el optimismo habrá sido una señal adelantada valiosa. Si no, habrá sido, simplemente, esperanza”, subraya el informe, que precisa también que quienes esperan deterioro (el 26%) son una proporción no son una minoría marginal: uno de cada cuatro hogares perdió esperanzas de recuperación, al menos a corto plazo.

(Imagen ilustrativa Infobae)
El informe hace también algunos cruces analíticos. El primero y más directa es cuánto resto tiene concretamente una familia que vive del salario formal promedio. Con el RIPTE de enero 2026 en $1.646.344 y una Canasta Básica Total y una familia tipo de cuatro personas en $1.397.672, la brecha es de $248.673, apenas un 17,8% sobre el umbral de pobreza, un colchón mínimo para cubrir imprevistos, gastos en salud o un gasto fuera de lo habitual. Margen, dice Focus, que en un contexto de inflación mensual superior al 2% se licúa rápidamente, pese a tratarse del segmento más protegido —tiene obra social, aportes jubilatorios, paritarias y estabilidad relativa- del mercado laboral.
La pregunta que surge es qué sucede con quienes están afuera del registro formal. Según el índice, la respuesta es que el 31,6% de los hogares relevados simplemente no llega a fin de mes.
Otro cruce analítico confronta expectativas fue el más alto: 46,9% de los encuestados espera mejorar en los próximos tres meses, pero esa expectativa no cuaja con el hecho de que en el período relevado los precios aumentaron a un ritmo tres veces superior a los ingresos. “Los datos del período no ofrecen aún ningún punto de inflexión visible: ni una aceleración salarial, ni una desaceleración sostenida de la inflación, ni una mejora en el empleo informal que pudiera explicar ese salto en las expectativas”, dice Focus, quien resalta al respecto una gran disparidad de situación entre distritos.
En un extremo están CABA y Neuquén, donde el ingreso per cápita supera por buen margen la CBT y permite cierta acumulación o cobertura de gastos adicionales. En esas jurisdicciones donde el índice supera el promedio de 61,8 y podría incluso subestimar la mejor situación del hogar promedio. El extremo opuesto son provincias como Chaco, Formosa, La Rioja, Santiago del Estero, donde la mediana del ingreso per cápita no llega al 65% del costo de vida. Esto es, la mitad de la población está 35% o más por debajo del mínimo que necesita para vivir. “Los hogares de esas regiones no están cerca del umbral de pobreza: están por debajo o bordeándolo de manera estructural”, concluye el informe.
ECONOMIA
El Gobierno confirmó que el Fondo de Asistencia Laboral de la nueva ley no entrará en vigencia a partir de junio

La implementación de uno de los cambios centrales incluidos en la reforma laboral sufrió una nueva postergación. El Gobierno confirmó a Infobae que el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) no entrará en vigencia en junio, como estaba previsto originalmente, y dejó sin definición una nueva fecha para su puesta en marcha.
En las últimas semanas, distintos sectores empresarios y estudios especializados habían advertido sobre las demoras en la reglamentación de algunos artículos de la reforma laboral aprobada el año pasado. Entre ellos aparecía el FAL, un mecanismo diseñado para reemplazar parte de las contribuciones patronales que actualmente realizan las empresas y que tenía como objetivo reducir costos asociados a nuevas contrataciones.
Aunque desde el Ejecutivo no dieron precisiones sobre una nueva fecha de puesta en marcha, la confirmación de que el esquema no comenzará a regir en junio implica que todavía restan definiciones técnicas y normativas para su implementación.
La situación se produce en un contexto en el que parte de la reforma laboral ya fue reglamentada y comenzó a aplicarse, mientras otros capítulos continúan pendientes.
La reforma laboral planteó modificaciones sobre distintos aspectos del mercado de trabajo. Sin embargo, varios de esos cambios requieren decretos reglamentarios y resoluciones complementarias para poder entrar efectivamente en vigencia.
Durante mayo crecieron las consultas en torno al estado de situación del FAL porque distintos artículos de la ley fijaban junio como fecha de inicio para el nuevo régimen. La falta de definiciones oficiales había despertado dudas sobre si el Gobierno lograría cumplir con ese cronograma.

Fuentes oficiales confirmaron ahora a Infobae que el esquema no comenzará a funcionar el próximo mes. La decisión implica, en los hechos, una postergación del sistema que estaba pensado como uno de los instrumentos centrales para incentivar la registración laboral y, en simultáneo, estimular el mercado de capitales.
En paralelo, todavía quedan pendientes otros aspectos vinculados con la reglamentación integral de la reforma. Estudios contables, abogados laboralistas y empresas siguen de cerca las definiciones regulatorias necesarias para conocer el funcionamiento concreto del nuevo esquema.
La demora también se explica por la complejidad operativa del mecanismo. El FAL no sólo implica modificaciones sobre las cargas patronales, sino que además requiere definir el funcionamiento administrativo del fondo, los organismos intervinientes y la forma en que se distribuirían los recursos.
Hasta el momento, el Gobierno avanzó con reglamentaciones parciales de la reforma laboral, pero todavía no publicó la normativa necesaria para activar este instrumento específico.
El FAL fue diseñado como un sistema alternativo para financiar parte de las obligaciones vinculadas a las relaciones laborales formales. La intención oficial es que funcione como un mecanismo de cobertura frente a contingencias derivadas del vínculo laboral, al tiempo que reduzca el peso de determinadas contribuciones patronales.
La propuesta contempla que los empleadores realicen aportes mensuales a un fondo específico administrado bajo un esquema aún no definido completamente. Ese mecanismo busca reemplazar, total o parcialmente, otros costos asociados al sistema laboral tradicional.
Según lo previsto en la normativa aprobada el año pasado, el nuevo régimen apunta principalmente a incentivar la contratación formal de trabajadores. En especial, está orientado a micro, pequeñas y medianas empresas, uno de los sectores donde la informalidad laboral tiene mayor incidencia.

El esquema también aparece vinculado con otros cambios incluidos en la reforma laboral, como la regularización de trabajadores no registrados y la flexibilización de ciertos procedimientos administrativos para empleadores.
Uno de los puntos centrales es la posibilidad de sustituir algunos componentes vinculados a indemnizaciones o contingencias laborales mediante aportes periódicos al fondo, aunque todos esos cambios exigen de una reglamentación que por el momento no fue publicad.
Desde la aprobación de la Ley Bases, el Gobierno avanzó de manera gradual con la puesta en marcha de distintos capítulos vinculados al mercado de trabajo. Algunas medidas ya fueron reglamentadas y comenzaron a aplicarse, mientras otras siguen a la espera de definiciones.
Entre los cambios ya implementados aparecen aspectos relacionados con modalidades de contratación, regularización laboral y simplificación de ciertos trámites administrativos. Sin embargo, el FAL permanece como uno de los puntos más relevantes todavía pendientes.
La demora adquiere importancia porque el fondo forma parte del paquete de medidas orientadas a reducir el costo de formalización laboral y promover nuevas contrataciones registradas.
Por el momento, el Ejecutivo no difundió el nuevo cronograma previsto para avanzar con la implementación, aunque se daría en el segundo semestre. Con la confirmación oficial de que no comenzará a regir en junio, el FAL suma un nuevo capítulo de incertidumbre dentro del proceso de aplicación de la reforma laboral.
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