ECONOMIA
¿Dónde está el empleo?: del escepticismo de un profeta de la industria a la apuesta oficial a los servicios y la apertura de la economía

“En los últimos años, me he vuelto escéptico sobre la viabilidad del modelo de crecimiento impulsado por la industrialización. He defendido un modelo diferente de crecimiento económico, basado en el desarrollo de capacidades productivas en servicios que absorben mano de obra y que, en su mayoría, no son transables. He advertido a los responsables políticos de África y otras regiones en desarrollo que intentar emular el modelo de Asia Oriental produciría, en el mejor de los casos, enclaves manufactureros, con una pequeña fracción de empresas productivas integradas en las cadenas de valor globales, mientras que la mayor parte de la fuerza laboral permanece estancada en actividades de baja productividad”.
Tal un pasaje de la confesión (¿conversión?) de Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, durante décadas profeta de la “política industrial” y la intervención estatal para promover las manufacturas, por su capacidad de generar empleo, integrar sectores bajos y medios e impulsar el desarrollo económico. Sin embargo, en un texto publicado en el portal Project Syndicate, Rodrik se confesó ahora “escéptico de la manufactura”.
“Comencé a considerar estrategias de crecimiento alternativas no porque pensara la industrialización generalizada menos deseable, sino porque me convencí de que era menos factible”, escribió, y precisó que de los 2.000 millones de trabajadores que hay hoy en el mundo en desarrollo, unos 1.500 millones se desempeñan en ocupaciones que no requieren educación universitaria ni están expuestas a la economía internacional a través del comercio o la deslocalización.
Se trata, enumera, de agricultores de subsistencia, vendedores ambulantes, comerciantes minoristas, arregladores, trabajadores ocasionales y otras actividades “no transables” internacionalmente. Según el académico, de fuerte impronta empírica, el número de esos trabajadores no hará más que aumentar en los próximos años.

Por eso, dijo, ahora la cuestión crucial es cómo mejorar sus oportunidades. Y está “dolorosamente claro”, explicó, que “ni la industrialización ni la educación pueden ser la solución, por deseables que sean. Encontrar modos de aumentar la productividad de los trabajadores en los sectores de servicios que absorben mano de obra será fundamental; de lo contrario, las mejoras en el nivel de vida no podrán mantenerse”.
Aunque el diagnóstico luce pesimista, Rodrik destaca que en el mundo “se está produciendo una especie de revolución en productividad de los servicios, en especial en las economías avanzadas, gracias a innovaciones organizativas, el uso de plataformas digitales y otras nuevas tecnologías”. Para el mundo en desarrollo, acotó, los últimos 30 años fueron un período de rápido crecimiento y convergencia con las economías avanzadas, pero no por las manufacturas, sino gracias al sector servicios, donde siguen residiendo las mayores posibilidades de creación masiva de empleos. Ya no en la industria.
De ahí su llamado de atención a “la posibilidad de un círculo virtuoso de crecimiento económico basado en los servicios de clase media”. Sucede, explica, que la expansión de la clase media desplaza la demanda de consumo hacia servicios más productivos y de más calidad, lo que a su vez permite el aumento de los ingresos de los trabajadores que sustenta a la clase media. Pero ese proceso, alerta, “no es automático: requiere un papel fundamental del gobierno para facilitar las mejoras de productividad necesarias”.
Rodrik cita estudios y casos de éxito, como planes que incentivan a las empresas de plataformas a emplear mano de obra y recursos locales, asisten a microempresas con capacitación y certificación y brindan herramientas tecnológicas y Inteligencia Artificial (IA) “personalizadas y adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo”.

Que Rodrik se confiese “escéptico” sobre la manufactura fue para muchos algo impactante. “Es como que el Papa de la Iglesia Católica anuncie que se convirtió al budismo”, dijeron en uno de los debates sobre la “conversión”.
El planteo del profesor de Harvard, quien participó en un seminario anual de Techint, el grupo industrial más importante de la Argentina, ¿es válido para el país, que atraviesa un abrupto “cambio de régimen” por el que entraron en crisis numerosas empresas de manufactura, construcción y comercio, sectores proveedores del grueso del empleo formal, y en el que la mayor parte del empleo de servicios es de baja productividad e ingresos?
Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo de Fundar, un centro de estudios y propuestas, puntualizó a Infobae que la objeción de Rodrik, “un exégeta de la industrialización”, es al rol de la industria como creadora masiva de empleo, víctima de su propio éxito, porque su automatización y progreso tecnológico hicieron que cada vez emplee menos. Pero, aclara, Rodrik no dice que la industria haya dejado de importar como fuente de riqueza, progreso tecnológico, seguridad nacional. Solo que ya no crea masivamente empleo. “Hoy eso lo hacen los servicios y es necesaria una estrategia productiva que les dé la importancia que tienen”.
Schteingart puntualiza además que la descripción de Rodrik apunta más bien a países en desarrollo de Asia y África, para los cuales ya no es viable emular los caminos que siguieron Corea del Sur y China, que se industrializaron con una masiva emigración del campo a la ciudad (provisión de mano de obra barata), progresaron tecnológicamente y luego incorporaron servicios. Ese modelo, dijo, ya no sirve ni siquiera en Asia.

“Se terminó el fetichismo de industria igual a empleo”, dijo el investigador de Fundar. “Hoy en Argentina la industria, que antes explicaba el 30% del empleo, explica 12%, pero sin ella se limitaría mucho el progreso tecnológico, habría problemas de balanza comercial y de soberanía. Por eso, subrayó, “los países hacen política industrial: incluso EEUU, antes de Donald Trump, pero la industria ya no es la panacea para el problema del empleo”.
En 2011, hace apenas 15 años, cuando Rodrik publicó el paper “El imperativo manufacturero”, algunos críticos ya le habían recordado que la era en que las plantas manufactureras habían explicado el grueso de la creación del empleo, impulsado el crecimiento del PBI, integrado sociedades y contribuido a la mejora del nivel de vida de las clases bajas y medias, como sucedió en EEUU, Japón, Europa y un puñado de países ahora desarrollados en las primeras post-segunda guerra mundial, brevemente en algunos de América Latina y, a fines del siglo XX, en Corea del Sur y China, fue un particular y tal vez único momento de la historia, imposible de recrear y que obliga a buscar nuevos caminos.
Eduardo Jacobs, economista y analista político, dijo estar “totalmente de acuerdo con el nuevo Rodrik. En la Argentina, observó críticamente, “nuestros supuestos especialistas no visitan a una industria moderna hace años, sino ya hubieran registrado que no hay gente, la luz está apagada y solo hay robots trabajando las 24 horas.
“Pasamos de ‘industrias’ a ‘cadenas de valor’, Australia es un caso notable, su industria es apenas el 5% del PBI. La desindustrialización argentina no es por una apertura que no existe, porque el arancel medio bajó apenas dos puntos (por la pertenencia al Mercosur), sino porque sin comercio exterior no nos integramos al mundo en cadenas de valor. Argentina sigue con una discusión anclada en los 60s y 70s; hoy la lógica es buscar la mayor productividad y para eso hay que estar integrados al mundo. “Fíjese lo que logró la industria de servicios basados en el conocimiento (SBC): ya es el tercer exportador del país, con USD 9.000 millones, pese a que somos una economía cerrada. Con la desregulación, va a tener un impacto fenomenal”,. apuntó Jacobs.
Como ejemplo (o contraejemplo) de a lo que apunta, el economista señaló que en la Argentina hay 4.000 empresas textiles (un sector en crisis) y 23.000 apicultores, cada uno con un puñado de empleados, que registran, exportan y auditan su producción y son hipercompetitivos a nivel mundial, al punto de que Argentina es el segundo exportador mundial de miel y copó 7.500 de las primeras 8.000 toneladas de miel que la Unión Europea abrió a la importación desde el Mercosur, pasando como alambre caído a sus pares brasileños, uruguayos y paraguayos.
“Les llevó 20 años para que la UE acepte los tambores de miel argentina y no los mezclen con la miel china, de pésima calidad. Ahora se abren esas oportunidades en miel, y también en carne. Está cambiando todo, eso es lo que interesa y va a ocurrir”, dijo Jacobs.
En el caso de la industria, Jacobs señaló el interés, a partir de la importación de 50.000 vehículos eléctricos, de empresas chinas de instalar agencias de servicios aprovechando plantas existentes y mano de obra local. Posiblemente el camino sea terminar especializándose en camionetas, o en algunas autopartes, hay que buscar escala. En maquinaria agrícola, por ejemplo, somos buenos en sembradoras, e Iveco va a empezar a hacer grandes camiones para minería acá, porque vamos a tener un desarrollo minero importante», subrayó.
¿Y el empleo en servicios? Según Jacobs, en la Argentina el problema de falta de mano de obra calificada empezó hace 20 años y para mejorar en ese frente es clave “que las provincias se pongan las pilas e inviertan en capacitación de sectores que quedaron muy descalificados”. De todos modos, dice, la Argentina es un país con poca población, no tiene los problemas de asiáticos, hindúes e incluso mexicanos, pero sí en cuanto al tamaño y calidad de gasto del Estado. “Necesitamos productividad, donde se la encuentre. Durante décadas, los empresarios retiraron de sus negocios más de lo que deberían, en vez de usar recursos para ampliarse, escalar. Lo hacían por el contexto en que operaban. Hace diez años que la economía no crecía dos años seguidos, como será en 2025 y 2026. En 2027 será la primera vez en 25 años que creceremos tres años seguidos, y ahora hay posibilidades de invertir”.
El optimismo de Jacobs y el análisis de Rodrik hacen juego con el discurso del secretario de Política Económica, José Luis Daza, quien el jueves en la Bolsa de Comercio de Córdoba enfatizó la importancia de la apertura de la economía y la ligó a la creación de empleo en el sector servicios.
“Lo que pasa en los países que se abren es que los empleos que se pierden son minúsculos en relación a todos los que se crean”, dijo el funcionario y resaltó la expansión de la minería del cobre en Chile. “Por cada 1.000 empleos que se generan en la minería, hay entre 3.000 y 5.000 empleos que no se ven. Son los cocineros que tienen que alimentar a los mineros, los que transportan la comida, los que traen los neumáticos, los que traen los camiones, los que mantienen los camiones, los que hacen las carreteras, los financistas, los que manejan los programas de software y los maestros que van allí para educar a los chicos”, enumeró. En Chile, dijo, el grueso de creación del empleo formal (que en total se duplicó de 4 a 8 millones) no ocurrió en las regiones mineras, sino en el resto del país, a partir del aumento del PBI por habitante y la demanda de servicios resultante.
El ejemplo minero de Daza es válido, pero a la vez debe tomarse con pinzas. Un informe de la consultora Adecco Argentina recuerda, por caso, que el principal desafío que afronta hoy la minería en el país es “escasez de talento” específico en las áreas donde tiene sus proyectos. “El sector proyecta inversiones por más de USD 33.000 millones y la creación de miles de nuevos puestos de trabajo en los próximos años, pero el empleo formal en minería cayó un 5,3% interanual en 2025, evidenciando una brecha entre crecimiento y disponibilidad de talento”, señaló la consultora. “El crecimiento es sostenido, pero las empresas avanzan con cautela, priorizando la contratación local”, señala Erica Ibarra, Key Account Manager de Adecco Argentina.
Los perfiles más demandados incluyen ingenieros, geólogos, técnicos especializados y roles vinculados a la digitalización, que no abundan en la oferta local. En consecuencia, precisa Adecco, “la rotación alcanza el 7% promedio, lo que intensifica la competencia por perfiles escasos”, lo que a su vez plantea los desafíos de formación y localización de talento.
En referencia a la “confesión” de Rodrik y la cuestión del empleo, Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, dijo a Infobae que el tema de los enclaves exportadores que generan muy poco efecto multiplicador es visible en México desde hace mucho tiempo y que el de la potencialidad de la industria como factor de desarrollo dio un giro notable desde la irrupción de China a principios de siglo. Sin embargo, alertó, “generalizar las conclusiones del artículo puede llevar también a equívocos: seguramente hay nichos industriales suficientemente competitivos como para expandirse, siempre que no estén directamente en la línea de fuego de la competencia asiática. Argentina tiene muchas posibilidades de expansión industrial aguas arriba y aguas abajo de los clusters centrados en minería, agro, ganadería e hidrocarburos. Primero, porque recién está empezando a aprovechar su potencial en esos sectores”.
En cuanto al empleo en servicios, Vasconcelos señaló que la ley de modernización laboral “puede ayudar a avanzar en la dirección que sugiere Rodrik. Fijate que las exportaciones de servicios (básicamente, Turismo e Industria del conocimiento) en Australia equivale a 4,1% del PIB, mientras en la Argentina estamos en torno a 2,3% del PBI”.
En la nota sobre su “escepticismo manufacturero” Rodrik sugiere “promover iniciativas que incentivan a las empresas de plataformas a emplear mano de obra y recursos locales, brindan asistencia a las microempresas con capacitación y certificación, y ofrecen herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial personalizadas y adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo”.

¿Puede hacerlo la Argentina? ¿Tiene Estado para eso?
Schteingart dijo que en ese frente hay mucho por estudiar y trabajar. Rodrik, subrayó, sigue defendiendo que los gobiernos tengan políticas públicas para resolver fallas de mercado, que las empresas por sí solas no resuelven. “Eso no cambió: si no construís capacidades estatales, podés agravar los problemas en vez de resolverlos. Por eso es central mejorar las capacidades estatales, algo que por el contrario, consideró ajeno al interés del actual gobierno.
El investigador de Fundar señaló a Infobae una reciente nota de Martín Rossi, profesor de la Universidad de San Andrés y hasta septiembre de 2025 secretario de Desregulación en el Ministerio que encabeza Federico Sturzenegger, funcionario clave del gobierno de Milei. Rossi apunta allí al efecto deletéreo de los salarios del Estado sobre la calidad de las prestaciones estatales. “Lo viví personalmente (…) vi cómo funcionarios valiosos y honestos terminaban yéndose simplemente porque el salario no les alcanzaba. Y ese es el problema. Si quienes no tienen restricciones económicas o quienes están dispuestos a aceptar compensaciones informales son los únicos que pueden quedarse, el Estado se deteriora”, escribió el ex funcionario desregulador.
Schteingart recordó incluso que gobiernos pro-mercado como los de Carlos Menem y Mauricio Macri buscaron crear o mejorar “capacidades estatales”. En el menemismo, por caso, con la creación e informatización de la AFIP (iniciativa de Carlos Silvani) y en el macrismo a través del Ministerio de Modernización del Estado (al mando de Andrés Ibarra) que digitalizó trámites e introdujo criterios de evaluación por resultados. “Había una voluntad tecnocrática modernizadora”, muy diferente de la gestión de un presidente como Milei, que se ha definido su tarea como como la de “un topo que quiere destruir el Estado desde adentro”.
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ECONOMIA
Los depósitos privados en dólares tocaron un récord tras el pago de deuda, pero un factor externo tensionó el riesgo país

Ningún día se parece al anterior. La guerra en Medio Oriente, que presiona al alza la inflación global, tiene la misma incidencia que los datos relacionados con las empresas de inteligencia artificial culpables de la rueda negativa de las Bolsas de Nueva York.
Estos datos se sumaron a las noticias adversas sobre el crecimiento de las solicitudes de desempleo y la tenue alza de 0,2% de los gastos del consumidor en Estados Unidos. El combo se transformó en una amenaza de suba de las tasas de interés, un tema que ayer se había esfumado tras conocerse el martes los buenos datos de inflación.
Sin embargo, la presidenta del Banco de la Reserva Federal del estado norteamericano de Dallas, Lorie Logan, derrumbó a los optimistas. Señaló que “unas tasas de interés ligeramente más altas equilibrarían mejor las perspectivas y los riesgos” para frenar la inflación y elevar el empleo.
Los inversores recordaron que la opción de aumento de tasas está en la mente de la mayoría de los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto que se reunirá dentro de 11 días. No son pocos los que apuestan que de esa reunión de dos días que finaliza el 29 de julio, podría salir una suba de un cuarto de punto de las tasas de interés.
Con estos datos, el dólar se revalorizó, los bonos del Tesoro norteamericano siguieron pagando las tasas más altas de los últimos dos años, las Bolsas de Nueva York cayeron, el oro se derrumbó a USD 3.986 por onza y el petróleo se mantuvo por encima de los USD 80. Un escenario complicado e imprevisible porque varía diariamente; caídas y rebotes son una alarmante monotonía.
Este panorama es necesario para valorar el comportamiento de los activos argentinos que están bajo fuego cruzado. Sin el ajuste que se hizo, el país estaría en una situación de real emergencia y cerca del default. Tener un riesgo país que ayer subió apenas 5 unidades a 410 puntos básicos, mientras el índice de Emergentes caía 2,1% y el de Brasil, 1,5%, es un buen resultado.
Si se observa de forma más detenida, la confianza de los inversores locales está marcada en el récord de depósitos de privados que superó los USD 40.000 millones, el mayor nivel en 26 años, porque buena parte lo que cobraron por el pago de capital e intereses de los bonos que vencieron la semana pasada quedaron en bancos locales.
A esto hay que sumarle la buena licitación de ayer donde se captaron USD 150 millones por la segunda vuelta del AO29 y se rechazaron 126 millones de dólares. Estos bonos vencen después de las elecciones presidenciales y en plenos comicios de medio término. En la Argentina apostar a esa fecha es el largo plazo.
El mercado local registró una fuerte caída. El índice Merval retrocedió 3,2% en pesos y 3,6% en dólares, impulsado principalmente por los bancos, con bajas de hasta 5,3% como ocurrió con Supervielle. También se sumaron las pérdidas de las empresas energéticas, entre ellas Metrogas, que descendió 4,7%, e YPF, con una baja de 3,2%. Este comportamiento refleja que los inversores optan por realizar ganancias rápidas ante la volatilidad. Por eso, las acciones que lideraron las subas el miércoles fueron las que más retrocedieron ayer.
En el Mercado Libre de Cambios (MLC) se operaron USD 684 millones y el Banco Central hizo otra notable compra de 230 millones de dólares. Esta vez no tuvo que salir del MLC para hacerse de dólares debido a que la oferta fue abrumadora. De hecho, el dólar mayorista cerró con una leve suba de $1,50 a 1.476 pesos.
En la plaza financiera, el MEP se mantuvo en $1.512 y el contado con liquidación (CCL) aumentó $6,63 (+0,4%) a 1.567 pesos. el “blue” cedió $5 y cerró a 1.525 pesos. El MEP sigue siendo el dólar libre más bajo.
Según la consultora F2 que dirige Andrés Reschini el banco Central acumula en la semana “USD 1.115 millones, que es un nivel propio de pico de cosecha gruesa, aunque a mediados de julio, la sospecha de esta remontada recae en la cuenta financiera. Según los datos del BCRA, se deduce que le habría vendido al Tesoro USD 920 millones el 8 de julio superando levemente el límite de USD 6.700 millones fijados para este año en el Programa Financiero. De modo que el resto de las compras de este año de la autoridad monetaria, pasarían a engrosar reservas si es que se cumple el programa”.
La contracara, para F2, fue “el resultado fiscal de junio que arrojó un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de $1.024.891 millones. El acumulado de 12 meses para el primario es el menor desde setiembre de 2024 y el acumulado del primer semestre es el menor desde 2024. No se ha alcanzado la meta del FMI, pero presumiblemente habrá waiver (perdón). Bajar la presión tributaria sin una respuesta del nivel de actividad hace que el desafío de sostener el resultado fiscal sea mayor para el Gobierno”.
Anoche en el overnite, había tensiones. Todos los índices de las Bolsas de Nueva York estaban operando en bajas definidas. El oro seguía sin detener su caída, mientras el dólar se revalorizaba ante las seis principales divisas del mundo. El petróleo no marcaba tendencia, pero el Brent cotizaba en 85 dólares.
La noticia que conmovía a los inversores era el fallido lanzamiento del Starship de SpaceX que se postergó unos días por fallas en los motores. Las acciones de la compañía caían 4% después del cierre y cotizaron a USD 126,77, 10 dólares menos que los USD 135 del lanzamiento y lejos del máximo de 176 dólares. Esta acción es un ejemplo del cambio de humor de los inversores. Estas variaciones se dieron en un mes calendario.
En este escenario, es difícil prever que sucederá hoy, pero los inversores siguen apostando a los bonos soberanos y a las tasas de interés en pesos a través de las LECAP que elevaron su rendimiento a más de 1,8% efectivo mensual, en línea con la inflación esperada.
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ECONOMIA
Más del 40% de los empleados del sector privado trabaja en la informalidad: cuáles son los sectores más afectados

Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la cantidad total de asalariados en el sector privado creció casi 1% en el primer trimestre de este año en relación al mismo período del 2025, pero el aumento no se tradujo en más empleo registrado, sino en una expansión del trabajo no declarado. El fenómeno no es uniforme: hay ramas de actividad donde la informalidad supera ampliamente la mitad de los puestos de trabajo, mientras que en otras se mantiene en niveles relativamente bajos.
De acuerdo con el estudio de “Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra” del Indec, en los primeros tres meses de 2026 había 12.887.000 asalariados privados en el país, de los cuales 5.622.000 no estaban registrados. Eso equivale a una tasa de informalidad del 43,6%, un nivel que supera holgadamente la tercera parte del total de trabajadores asalariados privados y que representa un incremento de 1,1 punto porcentual respecto del 42,5% registrado un año antes.
El servicio doméstico continúa siendo, por lejos, la actividad con mayor proporción de trabajo no registrado dentro del sector privado. De los 1.731.000 asalariados que trabajan en hogares particulares, 1.261.000 lo hacen sin aportes ni cobertura social, mientras que apenas 470.000 están en blanco (72,8% de informalidad).
En la agricultura, la relación es similar: de un total de 865.000 asalariados, 521.000 no están registrados (60,2% de empleo en negro). Se trata de una de las ramas donde la informalidad estructural se mantiene estable desde hace años, sin variaciones significativas en el margen.
La construcción, por su parte, combina un alto nivel de informalidad con una de las pocas caídas del período: de los 930.000 asalariados del sector, 551.000 no están registrados, una cifra que retrocedió respecto de los 571.000 no registrados de un año atrás. Es el único de los sectores más informales donde la tasa bajó en la comparación interanual (60,2% en 2025 y 59,2% en 2026).
La comparación entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026 muestra comportamientos dispares según la rama de actividad. En comercio, el sector con mayor cantidad absoluta de asalariados del país, la informalidad subió 1,9 punto porcentual, hasta 42,5%, con una suba de 66.000 trabajadores no registrados y una caída de 13.000 en los registrados en el último año.
La industria manufacturera perdió 42.000 puestos registrados en el último año, mientras que el empleo no registrado creció en 26.000. Como resultado, la tasa de informalidad del sector pasó de 30,8% a 32,6%, un aumento de 1,8 punto porcentual.
En sentido inverso, la construcción fue la única rama entre las de mayor informalidad donde la tasa bajó, con una reducción de 1,0 punto porcentual. Ahora bien, ese descenso convivió con una pérdida neta de 18.000 asalariados totales en el sector, producto de una caída de 20.000 trabajadores no registrados que no fue compensada por el leve aumento de 2.000 en los registrados.

Otras ramas con menor peso relativo en el total de asalariados mostraron subas más pronunciadas en los niveles de informalidad. La pesca pasó de una informalidad de 19,0% a 26,1%, con un salto de 7 puntos, mientras que la electricidad, gas y agua subió 3,9 puntos, hasta 15,8%. La explotación de minas y canteras también tuvo un incremento relevante, de 3,7 puntos, hasta 12,6%.
El servicio doméstico, pese a ser ya la rama con mayor informalidad, sumó otro punto y medio porcentual en el último año, al pasar de 71,3% a 72,8%. En términos absolutos, el sector incorporó 103.000 asalariados, de los cuales 100.000 corresponden a trabajo no registrado.
La cantidad total de asalariados privados del país aumentó en 91.000 personas entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026. Sin embargo, ese crecimiento estuvo impulsado exclusivamente por el empleo no registrado, que sumó 186.000 puestos, mientras que el empleo registrado retrocedió en 95.000 puestos en el mismo lapso.
De mantenerse esta dinámica, la composición del empleo asalariado privado seguirá desplazándose hacia la informalidad, incluso en un contexto de crecimiento neto del número total de trabajadores. El resultado combinado de ambos movimientos, la caída del empleo registrado y el alza del no registrado, fue el que llevó la tasa de informalidad general del sector privado del 42,5% al 43,6% en apenas un año.
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ECONOMIA
Importación, tecnología eléctrica y nuevos mercados: cómo está cambiando el negocio de las fábricas y marcas de autos en Argentina

Este 16 de julio de 2026, además de ser el día después de la clasificación de la Selección Argentina a otra final de la Copa del mundo de fútbol, es un día que puede quedar marcado en la agenda del mercado automotor argentino por ser el del lanzamiento de una nueva marca producida en Oriente que llega de la mano de una terminal automotriz local.
Se trata de Leapmotor, un nuevo fabricante que forma parte de Stellantis a nivel mundial desde 2024, cuando el holding con mayor cantidad de marcas del mundo adquirió una participación accionaria de esta automotriz que le permite comercializar e incluso producir vehículos en todo el mundo salvo su país de origen.
La diferencia entre esta nueva marca china y las otras que llegaron para traer la tecnología de electrificación a Argentina desde el año pasado está en que es parte de un conglomerado de fabricantes occidentales históricos, que tienen filial argentina y producción regional de vehículos, como son Fiat, Peugeot, Citroën, Jeep, Ram y DS.

Este es el primer caso de una marca de ese país que entra a la Argentina a través de la gestión de una compañía automotriz instalada con producción local, pero el modelo de negocios en general es similar al que ya está funcionando con otros vehículos de ese mismo origen y que son importados por terminales argentinas como una solución para poder ofrecer en el mercado local, una tecnología de última generación con costos más bajos que si provinieran desde mercados occidentales.
El más representativo es el de Ford Territory, un modelo que se fabrica íntegramente en JMC, uno de los dos socios estratégicos de la marca americana en China (el otro es Changan), y que hoy es el tercer vehículo más vendido del mercado, el más vendido de Ford en el primer semestre, y el SUV con mayor demanda entre todos los modelos y segmentos.
Territory no es solo electrificada, de hecho, llegó con su primera generación que se renovó en 2024, y tiene dos de sus tres actuales modelos con motores de combustión interna además del híbrido. Incluso, en los próximos días se presentará una nueva versión y se espera que para 2027 también pueda llegar un híbrido enchufable.

El otro caso, paradójicamente, es también es de una automotriz americana, General Motors, que produce con SAIC dos modelos electrificados que llegaron el año pasado a Argentina. Son el Spark EUV, un SUV del segmento B 100% eléctrico, y el Chevrolet Captiva PHEV, un vehículo híbrido enchufable que se lanzó a la venta en enero de este año.
Si bien los tres son autos fabricados al 100% en su país de origen, lo que asemeja la situación a la de los nuevos Leapmotor B10 y C10, es que en todos los casos se trata de vehículos que tienen el respaldo de la marca que está por detrás, que es conocida por los usuarios argentinos, un modelo de negocio que ya están aplicando otros fabricantes y que se verá en 2027.

En ese camino de lograr un producto con tecnología electrificada, aunque no excluyentemente, está también Volkswagen, que ya anunció su inversión de USD 580 millones en la planta de General Pacheco, provincia de Buenos Aires, para fabricar la nueva generación de Volkswagen Amarok.
Esta será una pickup completamente nueva que llegará en el primer trimestre del año próximo, y que tiene la plataforma de otro vehículo oriental, Maxus T90, y que tendrá también una versión híbrida enchufable, sobre la cual los ingenieros de Argentina, Brasil e incluso Alemania, desarrollaron un vehículo capaz de adaptarse a la geografía y el uso de los países de Latinoamérica, hacia donde será exportada.
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