El empleo en servicios es el mayoritario y lo será cada vez más
“En los últimos años, me he vuelto escéptico sobre la viabilidad del modelo de crecimiento impulsado por la industrialización. He defendido un modelo diferente de crecimiento económico, basado en el desarrollo de capacidades productivas en servicios que absorben mano de obra y que, en su mayoría, no son transables. He advertido a los responsables políticos de África y otras regiones en desarrollo que intentar emular el modelo de Asia Oriental produciría, en el mejor de los casos, enclaves manufactureros, con una pequeña fracción de empresas productivas integradas en las cadenas de valor globales, mientras que la mayor parte de la fuerza laboral permanece estancada en actividades de baja productividad”.
Tal un pasaje de la confesión (¿conversión?) de Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, durante décadas profeta de la “política industrial” y la intervención estatal para promover las manufacturas, por su capacidad de generar empleo, integrar sectores bajos y medios e impulsar el desarrollo económico. Sin embargo, en un texto publicado en el portal Project Syndicate, Rodrik se confesó ahora “escéptico de la manufactura”.
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“Comencé a considerar estrategias de crecimiento alternativas no porque pensara la industrialización generalizada menos deseable, sino porque me convencí de que era menos factible”, escribió, y precisó que de los 2.000 millones de trabajadores que hay hoy en el mundo en desarrollo, unos 1.500 millones se desempeñan en ocupaciones que no requieren educación universitaria ni están expuestas a la economía internacional a través del comercio o la deslocalización.
Se trata, enumera, de agricultores de subsistencia, vendedores ambulantes, comerciantes minoristas, arregladores, trabajadores ocasionales y otras actividades “no transables” internacionalmente. Según el académico, de fuerte impronta empírica, el número de esos trabajadores no hará más que aumentar en los próximos años.
Dani Rodrik, profesor de economía política internacional en la Universidad de Harvard. EFE/Marcos Delgado/Archivo
Por eso, dijo, ahora la cuestión crucial es cómo mejorar sus oportunidades. Y está “dolorosamente claro”, explicó, que “ni la industrialización ni la educación pueden ser la solución, por deseables que sean. Encontrar modos de aumentar la productividad de los trabajadores en los sectores de servicios que absorben mano de obra será fundamental; de lo contrario, las mejoras en el nivel de vida no podrán mantenerse”.
Aunque el diagnóstico luce pesimista, Rodrik destaca que en el mundo “se está produciendo una especie de revolución en productividad de los servicios, en especial en las economías avanzadas, gracias a innovaciones organizativas, el uso de plataformas digitales y otras nuevas tecnologías”. Para el mundo en desarrollo, acotó, los últimos 30 años fueron un período de rápido crecimiento y convergencia con las economías avanzadas, pero no por las manufacturas, sino gracias al sector servicios, donde siguen residiendo las mayores posibilidades de creación masiva de empleos. Ya no en la industria.
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De ahí su llamado de atención a “la posibilidad de un círculo virtuoso de crecimiento económico basado en los servicios de clase media”. Sucede, explica, que la expansión de la clase media desplaza la demanda de consumo hacia servicios más productivos y de más calidad, lo que a su vez permite el aumento de los ingresos de los trabajadores que sustenta a la clase media. Pero ese proceso, alerta, “no es automático: requiere un papel fundamental del gobierno para facilitar las mejoras de productividad necesarias”.
Rodrik cita estudios y casos de éxito, como planes que incentivan a las empresas de plataformas a emplear mano de obra y recursos locales, asisten a microempresas con capacitación y certificación y brindan herramientas tecnológicas y Inteligencia Artificial (IA) “personalizadas y adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo”.
Incluso en sectores como minería, extracción de petróleo, manufactura industrial y construcción las habilidades necesarias han ido cambiando y hay escaseces regionales
Que Rodrik se confiese “escéptico” sobre la manufactura fue para muchos algo impactante. “Es como que el Papa de la Iglesia Católica anuncie que se convirtió al budismo”, dijeron en uno de los debates sobre la “conversión”.
El planteo del profesor de Harvard, quien participó en un seminario anual de Techint, el grupo industrial más importante de la Argentina, ¿es válido para el país, que atraviesa un abrupto “cambio de régimen” por el que entraron en crisis numerosas empresas de manufactura, construcción y comercio, sectores proveedores del grueso del empleo formal, y en el que la mayor parte del empleo de servicios es de baja productividad e ingresos?
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Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo de Fundar, un centro de estudios y propuestas, puntualizó a Infobae que la objeción de Rodrik, “un exégeta de la industrialización”, es al rol de la industria como creadora masiva de empleo, víctima de su propio éxito, porque su automatización y progreso tecnológico hicieron que cada vez emplee menos. Pero, aclara, Rodrik no dice que la industria haya dejado de importar como fuente de riqueza, progreso tecnológico, seguridad nacional. Solo que ya no crea masivamente empleo. “Hoy eso lo hacen los servicios y es necesaria una estrategia productiva que les dé la importancia que tienen”.
Schteingart puntualiza además que la descripción de Rodrik apunta más bien a países en desarrollo de Asia y África, para los cuales ya no es viable emular los caminos que siguieron Corea del Sur y China, que se industrializaron con una masiva emigración del campo a la ciudad (provisión de mano de obra barata), progresaron tecnológicamente y luego incorporaron servicios. Ese modelo, dijo, ya no sirve ni siquiera en Asia.
“Se terminó el fetichismo de industria igual a empleo”, dijo el investigador de Fundar. “Hoy en Argentina la industria, que antes explicaba el 30% del empleo, explica 12%, pero sin ella se limitaría mucho el progreso tecnológico, habría problemas de balanza comercial y de soberanía. Por eso, subrayó, “los países hacen política industrial: incluso EEUU, antes de Donald Trump, pero la industria ya no es la panacea para el problema del empleo”.
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En 2011, hace apenas 15 años, cuando Rodrik publicó el paper “El imperativo manufacturero”, algunos críticos ya le habían recordado que la era en que las plantas manufactureras habían explicado el grueso de la creación del empleo, impulsado el crecimiento del PBI, integrado sociedades y contribuido a la mejora del nivel de vida de las clases bajas y medias, como sucedió en EEUU, Japón, Europa y un puñado de países ahora desarrollados en las primeras post-segunda guerra mundial, brevemente en algunos de América Latina y, a fines del siglo XX, en Corea del Sur y China, fue un particular y tal vez único momento de la historia, imposible de recrear y que obliga a buscar nuevos caminos.
Eduardo Jacobs, economista y analista político, dijo estar “totalmente de acuerdo con el nuevo Rodrik. En la Argentina, observó críticamente, “nuestros supuestos especialistas no visitan a una industria moderna hace años, sino ya hubieran registrado que no hay gente, la luz está apagada y solo hay robots trabajando las 24 horas.
“Pasamos de ‘industrias’ a ‘cadenas de valor’, Australia es un caso notable, su industria es apenas el 5% del PBI. La desindustrialización argentina no es por una apertura que no existe, porque el arancel medio bajó apenas dos puntos (por la pertenencia al Mercosur), sino porque sin comercio exterior no nos integramos al mundo en cadenas de valor. Argentina sigue con una discusión anclada en los 60s y 70s; hoy la lógica es buscar la mayor productividad y para eso hay que estar integrados al mundo. “Fíjese lo que logró la industria de servicios basados en el conocimiento (SBC): ya es el tercer exportador del país, con USD 9.000 millones, pese a que somos una economía cerrada. Con la desregulación, va a tener un impacto fenomenal”,. apuntó Jacobs.
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Como ejemplo (o contraejemplo) de a lo que apunta, el economista señaló que en la Argentina hay 4.000 empresas textiles (un sector en crisis) y 23.000 apicultores, cada uno con un puñado de empleados, que registran, exportan y auditan su producción y son hipercompetitivos a nivel mundial, al punto de que Argentina es el segundo exportador mundial de miel y copó 7.500 de las primeras 8.000 toneladas de miel que la Unión Europea abrió a la importación desde el Mercosur, pasando como alambre caído a sus pares brasileños, uruguayos y paraguayos.
“Les llevó 20 años para que la UE acepte los tambores de miel argentina y no los mezclen con la miel china, de pésima calidad. Ahora se abren esas oportunidades en miel, y también en carne. Está cambiando todo, eso es lo que interesa y va a ocurrir”, dijo Jacobs.
En el caso de la industria, Jacobs señaló el interés, a partir de la importación de 50.000 vehículos eléctricos, de empresas chinas de instalar agencias de servicios aprovechando plantas existentes y mano de obra local. Posiblemente el camino sea terminar especializándose en camionetas, o en algunas autopartes, hay que buscar escala. En maquinaria agrícola, por ejemplo, somos buenos en sembradoras, e Iveco va a empezar a hacer grandes camiones para minería acá, porque vamos a tener un desarrollo minero importante», subrayó.
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¿Y el empleo en servicios? Según Jacobs, en la Argentina el problema de falta de mano de obra calificada empezó hace 20 años y para mejorar en ese frente es clave “que las provincias se pongan las pilas e inviertan en capacitación de sectores que quedaron muy descalificados”. De todos modos, dice, la Argentina es un país con poca población, no tiene los problemas de asiáticos, hindúes e incluso mexicanos, pero sí en cuanto al tamaño y calidad de gasto del Estado. “Necesitamos productividad, donde se la encuentre. Durante décadas, los empresarios retiraron de sus negocios más de lo que deberían, en vez de usar recursos para ampliarse, escalar. Lo hacían por el contexto en que operaban. Hace diez años que la economía no crecía dos años seguidos, como será en 2025 y 2026. En 2027 será la primera vez en 25 años que creceremos tres años seguidos, y ahora hay posibilidades de invertir”.
El optimismo de Jacobs y el análisis de Rodrik hacen juego con el discurso del secretario de Política Económica, José Luis Daza, quien el jueves en la Bolsa de Comercio de Córdoba enfatizó la importancia de la apertura de la economía y la ligó a la creación de empleo en el sector servicios.
“Lo que pasa en los países que se abren es que los empleos que se pierden son minúsculos en relación a todos los que se crean”, dijo el funcionario y resaltó la expansión de la minería del cobre en Chile. “Por cada 1.000 empleos que se generan en la minería, hay entre 3.000 y 5.000 empleos que no se ven. Son los cocineros que tienen que alimentar a los mineros, los que transportan la comida, los que traen los neumáticos, los que traen los camiones, los que mantienen los camiones, los que hacen las carreteras, los financistas, los que manejan los programas de software y los maestros que van allí para educar a los chicos”, enumeró. En Chile, dijo, el grueso de creación del empleo formal (que en total se duplicó de 4 a 8 millones) no ocurrió en las regiones mineras, sino en el resto del país, a partir del aumento del PBI por habitante y la demanda de servicios resultante.
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Jose Luis Daza hablo en la Bolsa de Comercio de Cordoba
El ejemplo minero de Daza es válido, pero a la vez debe tomarse con pinzas. Un informe de la consultora Adecco Argentina recuerda, por caso, que el principal desafío que afronta hoy la minería en el país es “escasez de talento” específico en las áreas donde tiene sus proyectos. “El sector proyecta inversiones por más de USD 33.000 millones y la creación de miles de nuevos puestos de trabajo en los próximos años, pero el empleo formal en minería cayó un 5,3% interanual en 2025, evidenciando una brecha entre crecimiento y disponibilidad de talento”, señaló la consultora. “El crecimiento es sostenido, pero las empresas avanzan con cautela, priorizando la contratación local”, señala Erica Ibarra, Key Account Manager de Adecco Argentina.
Los perfiles más demandados incluyen ingenieros, geólogos, técnicos especializados y roles vinculados a la digitalización, que no abundan en la oferta local. En consecuencia, precisa Adecco, “la rotación alcanza el 7% promedio, lo que intensifica la competencia por perfiles escasos”, lo que a su vez plantea los desafíos de formación y localización de talento.
En referencia a la “confesión” de Rodrik y la cuestión del empleo, Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, dijo a Infobae que el tema de los enclaves exportadores que generan muy poco efecto multiplicador es visible en México desde hace mucho tiempo y que el de la potencialidad de la industria como factor de desarrollo dio un giro notable desde la irrupción de China a principios de siglo. Sin embargo, alertó, “generalizar las conclusiones del artículo puede llevar también a equívocos: seguramente hay nichos industriales suficientemente competitivos como para expandirse, siempre que no estén directamente en la línea de fuego de la competencia asiática. Argentina tiene muchas posibilidades de expansión industrial aguas arriba y aguas abajo de los clusters centrados en minería, agro, ganadería e hidrocarburos. Primero, porque recién está empezando a aprovechar su potencial en esos sectores”.
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En cuanto al empleo en servicios, Vasconcelos señaló que la ley de modernización laboral “puede ayudar a avanzar en la dirección que sugiere Rodrik. Fijate que las exportaciones de servicios (básicamente, Turismo e Industria del conocimiento) en Australia equivale a 4,1% del PIB, mientras en la Argentina estamos en torno a 2,3% del PBI”.
En la nota sobre su “escepticismo manufacturero” Rodrik sugiere “promover iniciativas que incentivan a las empresas de plataformas a emplear mano de obra y recursos locales, brindan asistencia a las microempresas con capacitación y certificación, y ofrecen herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial personalizadas y adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo”.
Milei y Federico Sturzenegger. El presidente dice que es «el topo que quiere destruir el Estado desde adentro»
¿Puede hacerlo la Argentina? ¿Tiene Estado para eso?
Schteingart dijo que en ese frente hay mucho por estudiar y trabajar. Rodrik, subrayó, sigue defendiendo que los gobiernos tengan políticas públicas para resolver fallas de mercado, que las empresas por sí solas no resuelven. “Eso no cambió: si no construís capacidades estatales, podés agravar los problemas en vez de resolverlos. Por eso es central mejorar las capacidades estatales, algo que por el contrario, consideró ajeno al interés del actual gobierno.
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El investigador de Fundar señaló a Infobae una reciente nota de Martín Rossi, profesor de la Universidad de San Andrés y hasta septiembre de 2025 secretario de Desregulación en el Ministerio que encabeza Federico Sturzenegger, funcionario clave del gobierno de Milei. Rossi apunta allí al efecto deletéreo de los salarios del Estado sobre la calidad de las prestaciones estatales. “Lo viví personalmente (…) vi cómo funcionarios valiosos y honestos terminaban yéndose simplemente porque el salario no les alcanzaba. Y ese es el problema. Si quienes no tienen restricciones económicas o quienes están dispuestos a aceptar compensaciones informales son los únicos que pueden quedarse, el Estado se deteriora”, escribió el ex funcionario desregulador.
Schteingart recordó incluso que gobiernos pro-mercado como los de Carlos Menem y Mauricio Macri buscaron crear o mejorar “capacidades estatales”. En el menemismo, por caso, con la creación e informatización de la AFIP (iniciativa de Carlos Silvani) y en el macrismo a través del Ministerio de Modernización del Estado (al mando de Andrés Ibarra) que digitalizó trámites e introdujo criterios de evaluación por resultados. “Había una voluntad tecnocrática modernizadora”, muy diferente de la gestión de un presidente como Milei, que se ha definido su tarea como como la de “un topo que quiere destruir el Estado desde adentro”.
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El expresidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, cuestionó el giro del discurso de Javier Milei sobre la autoridad monetaria y puso en duda la independencia con la que actualmente funciona el organismo. Durante una entrevista conInfobae al Regreso, también analizó el crecimiento de la mora, reclamó una mayor regulación para las fintech y defendió los límites al financiamiento del Tesoro.
La referencia al actual presidente surgió al recordar las posiciones que Milei sostuvo antes de llegar a la Casa Rosada. Fábrega marcó una contradicción entre aquellas declaraciones y la decisión actual de fortalecer institucionalmente al Banco Central.
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“Yo recuerdo que en 2022 y 2023, quien hoy propone blindar al Banco Central decía que el peso era equivalente a un excremento y que no tenía sentido que existiera el Banco Central, el mismo que hoy estamos blindando”, afirmó.
En esa línea, agregó: “Es sorprendente, porque en aquella época se hablaba de dolarización y hoy se busca fortalecer el peso. No encaja si uno hace el repaso de los últimos años”.
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La independencia del Banco Central y su vínculo con el poder político
Para Fábrega, el debate sobre la autonomía del organismo no debería limitarse a una discusión normativa, sino que tiene que reflejarse en la práctica y en la relación con el Poder Ejecutivo.
“Cuando uno habla de la independencia, lo primero que habría que hacer es practicarla. Hoy la independencia del Banco Central respecto al Ministerio de Economía es escasísima”, sostuvo.
El ex funcionario definió el concepto en términos concretos: “La independencia es muy simple: poder manejar el Banco Central en función de lo que dice la ley, que es lo más importante”.
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Como referencia regional, destacó el caso de Perú y la trayectoria de Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva. “Julio Velarde verdaderamente ejerce la independencia. Y la independencia es la independencia. Poder manejar el Banco Central en función de lo que dice la ley”, señaló.
Fábrega también recordó el contexto político que atravesó durante su propia gestión. Asumió la conducción del BCRA durante el gobierno de Cristina Kirchner, con Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y Axel Kicillof al frente del Ministerio de Economía.
“Nos fijamos una tarea que fue muy interesante si se hubieran cumplido todos los pasos”, recordó al referirse a aquella etapa.
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La mora y las dificultades de acceso al crédito
Uno de los principales problemas que identificó Fábrega está relacionado con el aumento de la mora y las dificultades que enfrentan los sectores de menores ingresos para acceder al financiamiento formal.
En ese contexto, cuestionó especialmente el lugar que ocupan las fintech y las billeteras virtuales dentro del sistema financiero argentino. Según explicó, la ausencia de una regulación equivalente a la que alcanza a las entidades bancarias genera diferencias en las condiciones de acceso al crédito.
“El sistema financiero lo gobierna el Banco Central. Hay normas y regulaciones de Basilea, pero las billeteras virtuales no están reguladas. Ahí llega la gente que tiene menos recursos y pasa a tener tasas impagables porque no tiene otra alternativa”, afirmó.
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Fábrega fue contundente al referirse al costo que enfrentan esos usuarios. “Eso definitivamente es usura. Hay que regularlo porque no puede ser que estén por fuera”, sostuvo.
El ex presidente del BCRA también puso el foco en la dimensión del problema de la mora. “Si usted tiene siete millones de tipos que están en mora es que hay que ocuparse. El regulador debería ser el Banco Central”, planteó.
Para explicar las diferencias regulatorias, comparó la situación argentina con la de Brasil, donde las instituciones de pago están autorizadas y fiscalizadas por el Banco Central de ese país.
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“En Brasil está regulada completamente, opera oficialmente como una institución de pago autorizada y fiscalizada por el Banco Central de Brasil. No hay probabilidad de que sea de otra manera”, explicó.
Según Fábrega, el argumento utilizado en Argentina para mantener a las fintech fuera de determinadas regulaciones está relacionado con la inexistencia de intermediación financiera en sentido estricto.
“La normativa del Central no los regula. Las fintech no están alcanzadas por la regulación del Central. La razón que se dice es porque no hay intermediación financiera, pero en la práctica eso deja a millones de personas expuestas a tasas usurarias”, sostuvo.
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Emisión, inflación y límites al Tesoro
La discusión sobre la política monetaria también ocupó un lugar central durante la entrevista. Consultado sobre el vínculo entre emisión y precios, Fábrega fue categórico. “La emisión produce inflación. La respuesta mía es concreta: produce”, afirmó.
El ex titular del BCRA reconoció en ese punto una coincidencia con la mirada del actual gobierno, aunque remarcó que la política monetaria debe mantenerse dentro del marco establecido por la Carta Orgánica del organismo.
“Siempre dentro del marco de lo que era la Carta Orgánica, que hoy está vigente y que está en el artículo 20, que por supuesto hoy se está discutiendo”, señaló.
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Fábrega volvió a tomar a Perú como referencia para defender la necesidad de establecer límites al financiamiento monetario del Tesoro. “Julio Velarde nunca emitió un centavo para financiar al Tesoro en 18 años. La inflación de Perú es del tres coma cinco por ciento anual”, sostuvo.
Y planteó que la discusión no debería quedar únicamente en el plano discursivo: “Yo creo que es importante el rol del Banco Central y los límites al Tesoro. Pero no solo hay que pregonarlo, sino hay que cumplirlo”.
Durante la entrevista, Fábrega también recordó que fue uno de los pocos presidentes del Banco Central que obtuvo el acuerdo del Congreso para ocupar el cargo. “Lo tuve a los 17 días de haber asumido. Sin embargo, Mercedes Marcó del Pont, por ejemplo, siempre estuvo en comisión”, señaló.
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El papel del Banco Central y el Banco Nación
Fábrega también se mostró en desacuerdo con una concepción del Banco Central concentrada exclusivamente en la estabilidad monetaria y sostuvo que las características de la economía argentina requieren contemplar otros objetivos.
“Creo sinceramente que dadas las condiciones de la Argentina circunscribir al Banco Central a un solo objetivo no es ideal. La Argentina tiene problemas muy serios y tanto el Banco Central como el Banco de la Nación Argentina son actores principalísimos”, afirmó.
En ese marco, recordó el papel que desempeñó el Banco Nación durante la crisis de los años noventa y su intervención para asistir a deudores del sistema financiero. “El banco llegó a tener el 54% de su cartera en mora y fue determinante en rescatar a los deudores de bancos privados”, recordó.
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Fábrega destacó además la evolución de la cartera durante su propia gestión: “Cuando me fui, la morosidad era de 0,68%”.
La entrevista dejó planteada así una discusión que excede la coyuntura política: cuál debe ser el grado de independencia de la autoridad monetaria, hasta dónde deben llegar sus facultades regulatorias frente a las nuevas plataformas financieras y qué límites deben existir entre el Banco Central y el Tesoro. Para Fábrega, esas cuestiones resultan inseparables de los problemas que atraviesan actualmente el sistema financiero y los sectores con mayores dificultades para acceder al crédito.
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