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El nuevo mensaje de Karina Milei a Santiago Caputo y las señales cruzadas del Presidente sobre la interna

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La Casa Rosada atraviesa un proceso de reordenamiento interno de cara a 2027, con Karina Milei enfocada en consolidar el control partidario de La Libertad Avanza y Santiago Caputo apoyado en su vínculo directo con Javier Milei. En ese esquema, en el entorno de la secretaria general de la Presidencia dejan circular una definición sensible para el armado del año que viene: no planean darles lugares a integrantes de Las Fuerzas del Cielo, la agrupación referenciada en el asesor presidencial, en las listas electorales.

Uno de los casos que miran de cerca en el karinismo es el de Agustín Romo, legislador provincial bonaerense y uno de los cuadros libertarios que participó en el espacio desde su fundación. Romo tiene peso en la estructura digital de La Libertad Avanza, fue cercano a Ramiro Marra y luego quedó alineado con Caputo. “Romo no reelige. Eso ya está definido”, expresan cerca de Karina Milei. En el entorno del legislador evitaron hacer comentarios ante la consulta.

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La frase no aparece como una declaración pública, sino como parte de las señales que circulan dentro del oficialismo en medio de la reorganización electoral. En Balcarce 50 la leen como un nuevo capítulo de la disputa por el control del sello, las candidaturas y la militancia digital. Karina Milei busca que el armado territorial y partidario quede bajo su conducción formal, mientras el sector de Caputo intenta preservar influencia en la conversación pública, los equipos técnicos y áreas clave de gestión.

En distintos despachos oficiales describen ese movimiento como una variante del “último take-over” de Karina Milei sobre estructuras vinculadas al asesor presidencial. En el Gobierno sostienen que esa avanzada podría profundizarse después de las elecciones si Milei consigue la reelección. Entre las áreas bajo observación mencionan la Secretaría de Inteligencia del Estado, el Ministerio de Salud, órbitas de Economía, ARCA y otros espacios donde conviven funcionarios de distintas terminales internas.

Por ahora, sin embargo, en el oficialismo hablan de una paz temporal. “No están previstos más cambios fuertes hasta el 27”, expresan en Nación. La misma lógica alcanza al manejo de empresas públicas y privatizaciones, hoy bajo la órbita de Diego Chaher, que visita con frecuencia las oficinas de Caputo. En la Casa Rosada creen que la prioridad inmediata será sostener la gobernabilidad, evitar nuevas fracturas públicas y ordenar la campaña antes de abrir otra pelea por cargos.

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En medio de la interna, Javier Milei se mostró en el balcón de la Rosada con Santiago Caputo y Karina Milei (Foto: x de @TommyShelby_30).

Caputo tampoco transmite garantías a todos sus cercanos sobre el futuro de sus áreas de influencia. En su entorno se respaldan en el vínculo directo que mantiene con Milei y creen que todavía puede desarticular el envión de la avanzada karinista. Pero en otros sectores del oficialismo advierten que el Presidente da señales cruzadas y que nadie puede anticipar hasta dónde sostendrá al asesor si la secretaria general vuelve a presionar por nuevos cambios.

El encargado de diagramar la estrategia política y de avance interno de Karina Milei es Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional y armador central de La Libertad Avanza. “Él es su cerebro. El golpe en Justicia y la llegada de Mahiques es de él”, agregan en el oficialismo. La frase resume cómo leen varios funcionarios el desplazamiento de Sebastián Amerio y el desembarco de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia, uno de los movimientos que más alteró el equilibrio interno.

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En despachos oficiales sostienen que aquella avanzada no terminaba en Justicia. Lo que trascendió internamente es que los cambios también alcanzaban a la SIDE y a otras áreas sensibles, pero que Milei frenó ese tramo de la operación. Esa decisión alimentó la lectura de que el Presidente busca regular la interna sin dejar que ninguno de los dos sectores se imponga por completo.

La discusión no pasa sólo por cargos. Karina Milei busca consolidar una estructura partidaria y territorial bajo su conducción formal, con Lule Menem y Martín Menem como piezas clave del armado nacional. Del otro lado, Las Fuerzas del Cielo y los equipos referenciados en Caputo defienden una lógica de intervención digital y de disputa de la conversación pública que no siempre se subordina a la conducción partidaria.

En ese contexto, uno de los mensajes que encendió alarmas fue el que dio Milei en una reunión con integrantes de la nueva estructura digital que impulsa la secretaria general. “Hay que identificar quiénes son los que dicen protegernos y no lo hacen”, le atribuyen haber dicho al Presidente. Varios de los presentes se fueron con la idea de que hablaba de Las Fuerzas del Cielo. Milei no lo aclaró.

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La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial aparece ahora como el próximo punto de convivencia obligada (Foto: X / @AdrianRavier).
La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial aparece ahora como el próximo punto de convivencia obligada (Foto: X / @AdrianRavier).

La frase volvió a instalar una duda que atraviesa toda la interna: si Milei es solo árbitro de las tensiones entre Karina y Caputo o si usa a ambos sectores para regularse mutuamente. Algunos funcionarios creen que el Presidente se hace el desentendido, pero sabe perfectamente qué ocurre y a través de quién se ejecutan los movimientos. “Él quiere que así sean”, expresan cerca de la mesa chica.

En una oficina neutral de la interna lo describen como una forma de intervención indirecta. Según esa lectura, Milei evita plantear ciertas críticas de manera frontal y, en cambio, transmite su malestar a un sector del Gobierno para que actúe sobre el otro. “Nos confunde y hace que haya señales cruzadas, pero así armó su gestión”, agregan en Nación. La consecuencia es un esquema de poder donde las partes chocan, compiten y se vigilan, pero todas dependen de la decisión final del Presidente.

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El método tiene costos. En el entorno de Caputo hay quienes interpretan que Karina Milei avanza sobre áreas y nombres propios con aval tácito del Presidente. En el karinismo, en cambio, sostienen que el asesor conserva demasiado poder para el volumen formal que tiene dentro del Gobierno y que su estructura digital y política opera con autonomía excesiva. La tensión se vuelve más visible cada vez que se discuten listas, viajes provinciales, redes sociales, vocería o áreas de gestión.

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La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial aparece ahora como el próximo punto de convivencia obligada. En el Gobierno aseguran que fue una decisión directa de Milei y que no respondió a ninguno de los dos sectores. Pero su desembarco vuelve a cruzar los intereses de la interna: Karina Milei busca ordenar la comunicación desde la estructura institucional, mientras Caputo mantiene influencia sobre parte de los equipos que acompañarán la transición y sobre espacios como la Fundación Faro, donde el Presidente volverá a mostrarse en los próximos días.

En el oficialismo creen que ambos sectores terminarán alineados con el proyecto de reelección del Presidente. “A ninguno le queda otra opción”, expresan en una oficina neutral de la interna. La tregua, por ahora, es frágil: Karina Milei manda señales sobre listas y áreas de gestión; Caputo se respalda en su vínculo directo con el Presidente; y Milei alterna gestos de apoyo, silencios y frases ambiguas que alimentan interpretaciones cruzadas.

Karina Milei, Santiago Caputo, Javier Milei

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El principio del fin: el día que una multitud desafió la cuarentena con un banderazo y sacudió al gobierno de Alberto Fernández

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Quién sabe si no fue el principio del fin o, diría Winston Churchill, el fin del principio, pero igual sacudió profundo y violento, un desplazamiento de placas tectónicas, a aquel gobierno de Alberto Fernández que caminaba con alegría y con soberbia hacia el abismo.

Hace seis años, el 13 de septiembre de 2020, una gigantesca marcha popular con epicentro en el Obelisco, y círculos concéntricos que llegaron hasta quince puntos diferentes de la ciudad y a varias provincias del interior, reunió a miles de manifestantes que expresaron su decidida oposición al gobierno. Marchaban opositores, es verdad, pero también marchaban miles de decepcionados con la política oficial, con el manejo de la pandemia del Covid-19, contra la corrupción, la inseguridad y con un reclamo a la justicia, a la que le pedían lo de siempre: celeridad, efectividad y que eludiera de alguna forma el intento de reforma judicial que impulsaba el kirchnerismo.

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La gigantesca manifestación pasó a la historia como el “Banderazo”, y fue impulsada desde principios de ese mes por cuentas de Twitter, vinculadas al macrismo, según señaló luego la consultora Scidata. La fuerza de la marcha sorprendió incluso a los organizadores o promotores, si los hubo. Fue de algún modo la culminación de marchas anteriores que ya en abril habían protestado, desde los balcones de los edificios céntricos, con cacerolas y aplausos, en contra del encierro obligado al que forzaba el gobierno, contra la liberación de presos comunes decretada por el kirchnerismo, entre ellos varios violadores, y hasta contra la expropiación de la cerealera Vicentín, de Santa Fe, que se había decretado en junio.

Aquel gobierno se deslizaba en un tobogán que el mismo kirchnerismo enceraba. Tres meses antes del banderazo de septiembre, la decisión de la gente que en vez de quedarse encerrada en su casa como proponía el gobierno, salía a correr por Palermo y por otros muchos otros sitios, se transformó en una cuestión de Estado. Fue un drama para los “runners”, que se empeñaron en desafiarlo todo. El 8 de ese mes, el entonces jefe de Gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, decidió flexibilizar la cuarentena y habilitó la salida de los corredores a las calles.

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En ese momento, parece que hubieran pasado varios años, Larreta era un candidato opositor a tener muy en cuenta por el kirchnerismo, que le apuntó con todos sus cañones. El Jefe de Gobierno dispuso que los “runners” desplegaran su actividad física dentro de un horario especial y según el número final de su documento de identidad: 0, 2, 4, 6 y 8 en determinados días de la semana, y 1, 3, 5, 7 y 9 el resto de los días. Estalló entonces una polémica sobre si el número 0 debía o no ser considerado un número par. De verdad, eso pasó en el país, no hace mucho y no tan lejos.

Una mujer flameando la bandera y sosteniendo un cartel durante una protesta contra las medidas de Alberto Fernández. (Foto: AP)

El 19 de junio, en abierto desafío al sentimiento popular, algo extraño si no ajeno a un peronista, el presidente Fernández, en un discurso que rozó demasiado cerca a la soberbia, adjudicó el aumento de contagios de Covid a la flexibilización de la cuarentena en la Ciudad, un ataque a Larreta. Con un tono inusual y admonitorio, dijo entonces: “¿Querían salir a correr? Salgan a correr. ¿Querían salir a pasear? Salgan a pasear. ¿Querían tener locales de ropa abiertos? Abran los locales de ropa. Esta es la consecuencia”.

No era verdad. El descalabro en la prevención y atención de la pandemia provenía del mal manejo de los recursos sanitarios que había hecho el propio gobierno, emperrado en usar la vacuna rusa Sputnik, de la que sólo llegó la primera dosis porque a Vladimir Putin se le antojó no enviar la segunda, y a la ciega decisión de no aplicar los trece millones y medio de dosis que proveía Pfizer, en reconocimiento al país por haberse prestado a los primeros ensayos científicos.

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En ese caldero se cocinó el banderazo. Y también en el cambio de condición de detenido, pasó a arresto domiciliario, del empresario K, Lázaro Báez, acusado de beneficiarse gracias a la entonces presidenta Cristina Kirchner con contratos del Estado y pagos irregulares por cuarenta y seis mil millones de pesos. La protesta también cayó sobre la decisión de Fernández de birlarle a la Ciudad parte de la coparticipación, nueve mil millones en lo que quedaba del año y cuarenta y un mil millones en 2021, para pagar los sueldos de la policía de la provincia de Buenos Aires, sublevada y furiosa. Aunque resulte curioso, esa protesta por el zarpazo a la Ciudad fue también bandera en el interior del país.

El 13 de septiembre era un domingo soleado, un anticipo de la primavera generosa. La ciudad, que llevaba encima seis meses de rígida cuarentena, había decidido protestar de dos formas: o marchaba hacia el Obelisco, o desbordaba los parques porteños y campeaba al aire libre. Basta ya de encierro. A las cuatro de la tarde, las cifras registraban entonces 9056 nuevos casos de Covid y habían muerto ya 89 personas, los primeros manifestantes se reunieron en el cruce de Corrientes y la 9 de Julio, ocuparon la mano hacia el sur y rodearon el Obelisco. Del lado Norte, la avenida ya había sido cortada por agentes de tránsito a la altura de Córdoba, y era allí de donde partía una larga hilera de autos que hacían sonar sus bocinas: gran parte de los manifestantes desfilaron en sus autos para respetar el protocolo de distanciamiento social que regía las vidas de los porteños. Otros, en cambio, ocuparon calles y veredas con banderas argentinas, cacerolas y barbijos. Una de las banderas, hubo de todo: diseñadas por profesionales y escritas a mano alzada, sintetizaba teoría y práctica de la protesta: “Nos tapamos la boca, pero no nos callamos”.

Lo de “banderazo” llegó porque las estrellas de la manifestación fueron las banderas y sus leyendas. Un breve repaso muestra: “¡Alberto! ¡No nos mientas más! ¡No a la reforma! (judicial)”; ¡Respeten la C.N. Basta de gobernar x DNU! ¡Sesiones presenciales ya!” Traducción acaso necesaria: Respeten la Constitución Nacional. Basta de gobernar por Decretos de Necesidad y Urgencia. Lo de “sesiones presenciales” refería al Congreso, que funcionaba en forma virtual. Otras banderas y pancartas rezaban: “Basta de prohibir el trabajo. Queremos trabajar. Bájense los sueldos. Basta de ser ‘solidarios’ con la nuestra”; “El mentiroso no cambia, solo se transforma”; “Somos malos y opulentos, pero defendemos la República y laburamos”; “Exigimos Justicia, Basta de Impunidad. Por una República”; “Para Cristina, cárcel ya”; “La corrupción mata y empobrece”. “La calle es nuestra”; “¡Que gobierno de mierd…!”.

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Un manifestante sosteniendo un cartel de la cifra de muertos por COVID-19. (Foto: AP)
Un manifestante sosteniendo un cartel de la cifra de muertos por COVID-19. (Foto: AP)

Las protestas se extendieron a Bariloche, Córdoba, Mar del Plata, Rosario, Tucumán, Mendoza y La Plata. Llegaron incluso a la Quinta Presidencial de Olivos: sobre la Avenida Maipú, cientos de personas hicieron sonar bocinas y cacerolas y reiteraron, de otra forma, otra inusual protesta de la semana anterior: en el mismo sitio, oficiales de la Policía bonaerense habían lanzado un “sirenazo” de sus patrulleros, en reclamo de mejores salarios.

La respuesta del Gobierno a la marcha, todo se apagó alrededor de las siete de la tarde porque la multitud cumplía con los recaudos frente al Covid, fue el enojo. Algunos dirigentes del kirchnerismo desestimaron la manifestación popular y dijeron que se trataba de “cuatro viejas de Recoleta”. Tampoco era verdad: no eran de Recoleta, no eran viejas y no eran cuatro. Fernández, en cambio, impulsó otro “banderazo”: el de los “argentinos de bien”, con lo que puso a los manifestantes del lado del mal. La grieta. El kirchnerismo la ahondaba y la celebraba; a aquel disparate político le caía al pelo el viejo proverbio de Antonio Porchia: “Tú crees que me matas; yo creo que te suicidas”.

El principio del fin, o el fin del principio, extendió su sombra ominosa a lo largo de todo un año. Con azarosa precisión, otro domingo, el 12 de septiembre de 2021, hace cinco años, el gobierno de Alberto Fernández sufrió una dura derrota electoral en las PASO: el kirchnerismo perdió en casi todo el país, incluida la provincia de Santa Cruz, un baluarte electoral de la entonces vicepresidente Cristina Fernández. Si esas elecciones primarias plebiscitaron la gestión de Alberto Fernández, el resultado fue el de un voto castigo al gobierno que llevaba menos de dos años

La alianza opositora de Juntos por el Cambio fue entonces la gran ganadora, con triunfos contundentes en todo el país. Y, en especial, en el distrito menos pensado: la provincia de Buenos Aires, un bastión del peronismo. Allí, el actual ministro del Interior, Diego Santilli, triunfó por cinco puntos sobre la candidata del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz. Además, la oposición triunfó en otros grandes distritos del país: la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y se extendió a provincias gobernadas por el peronismo como Entre Ríos, Chaco, La Pampa y Chubut. El Frente de Todos sólo pudo festejar en Tucumán, Formosa, La Rioja y San Juan.

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El resultado electoral estaba atado al derrumbe económico, el gobierno de Fernández responsabilizaba de la debacle a su antecesor, Mauricio Macri, y de la incertidumbre con la que el gobierno enfrentaba la pandemia de Covid. El día de la elección, el país padecía ya 5.224.534 contagios y 113.402 muertes. Un mes antes de las PASP, una denuncia había talado cualquier posibilidad de éxito electoral del kirchnerismo: en julio del año anterior, mientras más fuerte era la presión del gobierno por mantener a los argentinos encerrados en sus casas, en Olivos, la entonces primera dama, Fabiola Yañez, había festejado su cumpleaños junto a un grupo de invitados. Fernández quiso eludir su responsabilidad en el desaguisado, intentó hacer pequeño un desastre que era mayúsculo y se refirió al hecho como la fiesta de “mi querida Fabiola”. Este hecho se sumó a uno de los primeros escándalos del gobierno de Alberto: el llamado “vacunatorio VIP”, la decisión del entonces ministro de Salud, Ginés González García, de vacunar a una serie de funcionarios y amigos. La idea de que a la hora de las indispensables vacunas, existían hijos y entenados, mostraba una cara de la corrupción hasta ese momento desconocida: ahora estaba en juego la vida de las personas.

El desastre electoral de las PASO, que de alguna forma rediseñó el mapa político del país con miras a las elecciones presidenciales de 2023, paralizó al gobierno y a sus principales dirigentes: el proyecto político del kirchnerismo había sido herido en su línea de flotación. Recién a las once y media de la noche de ese domingo 12, la plana mayor del Frente de Todos, el Presidente, Cristina Fernández, Sergio Massa, Máximo Kirchner, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, subieron demudados al escenario de un bunker levantado en Chacarita, una alegoría, ensombrecido y callado. Sólo habló Alberto Fernández, rodeado por caras largas y abatidas. Dijo poco. Llamó a “dar vuelta la elección” en noviembre, una expresión de deseos, admitió que habían “escuchado con atención el mensaje de las urnas”, como si existiera otra posibilidad, y expresó su intención de resistir: “No voy a bajar los brazos”.

Cristina Kirchner junto a Alberto Fernández y Sergio Massa tras la derrota en las PASO. (Foto: captura de TN).
Cristina Kirchner junto a Alberto Fernández y Sergio Massa tras la derrota en las PASO. (Foto: captura de TN).

Poco dijo también de la cuarentena más larga del mundo, de los más de ciento diez mil muertos por el Covid, del cincuenta y uno por ciento de inflación, del cuarenta y dos por ciento de pobreza y de las escuelas cerradas y del proyecto de educación virtual en la pandemia, en un país donde el veinte por ciento de los chicos no tenía conexión a Internet, más de trescientos cincuenta mil alumnos había dejado la escuela y casi la mitad de los hogares no tenían Tablet, ni computadora, según cifras de Unicef. A su lado, la vicepresidente observaba.

Cristina Fernández no se limitó a ser testigo de aquella dura derrota: el resultado electoral, de confirmarse en noviembre y todo parecía indicar que así sería, le haría perder al Frente de Todos la cómoda mayoría con la que contaba en el Senado que presidía la propia Cristina. El terremoto político que sacudía al gobierno tendría fuertes réplicas.

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El 15 de septiembre, tres días después de las elecciones, el ministro del Interior, Eduardo de Pedro puso su renuncia a disposición de Alberto Fernández y lo mismo hicieron otros once miembros del gabinete, todos cercanos a Cristina Fernández. Al día siguiente, jueves 16, con el gobierno fracturado, la vicepresidenta profundizó la crisis con una violenta carta, en Twitter, que apuntó directo al Presidente: le recordó que había sido ella quien lo había postulado para el cargo y le exigió cambios en el gabinete, en especial, que se deshiciera del entonces ministro de Economía, Martín Guzmán y de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

La carta, titulada “Como siempre… sinceramente”, decía: “Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a Presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria. Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión. Pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino”. Reveló también una serie de reuniones con el Presidente, muchas, todas reservadas o cuasi secretas y en la quinta de Olivos, con lo que habló sin mencionarlo de un cogobierno, tal vez una reedición aplacada del famoso “doble comando” que había llevado adelante con su esposo, Néstor Kirchner.

Manifestantes en el Obelisco el 13 de Septiembre de 2020. (Foto: Noticias Argentinas)
Manifestantes en el Obelisco el 13 de Septiembre de 2020. (Foto: Noticias Argentinas)

La carta reveló también que Cristina Fernández había hecho fuertes críticas a la política económica del gobierno del que era vicepresidenta: “También señalé –decía el documento– que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez: me cansé de decirlo. Y no sólo al Presidente de la Nación”.

Si existía una posibilidad, lejana, de que hubiese una tregua entre el kirchnerismo duro y la Casa Rosada, la carta de Cristina Fernández la demolió. Alrededor del presidente hablaron de “Mantener la cabeza fría y pensar los movimientos a seguir”, sin dar más detalles. Era admitir la desorientación. Los ataques se hicieron más intensos a través de los fieles seguidores de Cristina: la diputada Fernanda Vallejos, según un audio filtrado a la prensa, habló de Alberto Fernández como de un “okupa” y un “mequetrefe”.

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La crisis no cesó. En las elecciones de medio término del 14 de noviembre quedó ratificado el resultado de las PASO; el kirchnerismo perdió el dominio del Senado, algo que no sucedía en el peronismo desde 1983; la gran ganadora fue la coalición de Juntos por el Cambio por sobre el Frente de Todos. Los resultados también mostraron un crecimiento de La Libertad Avanza, liderada por Javier Milei.

Eran los ecos de aquel banderazo de septiembre de 2020.

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El Gobierno celebró la voluntad de Trump para intervenir en Malvinas: “Es importante”

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El Gobierno de Javier Milei celebró las nuevas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en torno al conflicto que Argentina mantiene con Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el territorio antártico.

Desde Balcarce 50 consideran que el pronunciamiento del mandatario norteamericano pone en valor la estrategia que sigue Milei desde las últimas semanas y sostuvieron, según TN, que “es importante”.

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Sobre esta disposición de Trump, el Gobierno analiza solicitar a Washington una mediación en el conflicto con Reino Unido. Sin embargo, aún no hay una definición sobre el mecanismo que podría utilizarse.

Trump habló de una posible guerra por Malvinas y dijo que podría intervenir para resolverla

La reacción de la gestión libertaria acaece después de que Donald Trump considerara la disputa entre Argentina y el país europeo podría derivar en un “desastre potencial”, a lo que sumó que si Estados Unidos se involucra, podría resolverla.

En el Ejecutivo remarcaron a TN que los dichos del presidente norteamericano ayudan a mantener la causa de Malvinas en la agenda internacional: “Todo lo que sea tema Malvinas nos sirve”.

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A su vez, afirman que los pronunciamientos del magnate republicano no se tratan de hechos aislados, sino que son la manifestación de un trabajo previo y bilateral entre la diplomacia argentina y estadounidense sobre la cuestión: “Lo que viene sucediendo no es casualidad”.

El Gobierno ampliará las denuncias penales por la explotación de recursos en las Islas Malvinas

El próximo paso tendrá lugar en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, entre el 22 y 28 de septiembre, instancia en la cual Milei y Trump tienen previsto volver a verse las caras con las Islas Malvinas como uno de los temas centrales.

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Uno por uno, quiénes son los gobernadores que ingresaron a la casa Rosada en lo que va de este año y los que nunca fueron

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En los primeros siete meses del año, 18 gobernadores, dos vicegobernadoras y el jefe de Gobierno porteño fueron a la Casa Rosada para reunirse con funcionarios del Gabinete de Javier Milei.

Los motivos fueron varios pero coincidentes: reclamos por la reactivación de la obra pública nacional y la falta de mantenimiento de rutas nacionales en sus provincias; la merma en la transferencia de recursos desde la Nación; las deudas previsionales; el envío de ATN para emergencias climáticas o presupuestarias. Desde el Gobierno, los intereses se centraron en dos ejes: negociaciones conseguir apoyo a las iniciativas impulsadas por el oficialismo en el Congreso, y la estrategia electoral para 2027 en los distintos distritos y a nivel nacional.

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Todos los mandatarios aliados, tanto del PRO y la UCR como de fuerzas provinciales con posiciones más autónomas, pasaron por Balcarce 50 entre enero y julio. Pero también concurrieron cuatro peronistas. Dos de ellos de muy buen vínculo con la gestión libertari – el catamarqueño Raúl Jalil y el tucumano Osvaldo Jaldo -, y dos opositores duros, el pampeano Sergio Ziliotto y Gustavo Melella, de Tierra del Fuego. Si bien pertenece a FORJA, el fueguino se enrola en el peronismo-kirchnerismo.

Así surge de los ingresos a la Casa Rosada del 1 de enero al 31 de julio que obtuvo Infobae a través de un pedido de Acceso a la Información Pública realizado a la Secretaría General de Presidencia. La respuesta incluyó 23.249 registros que fueron procesados por la Unidad de Datos. De ese análisis surge que no figuran ingresos de gobernadores a la Quinta Presidencial de Olivos, según la respuesta brindada por casa Militar.

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Si bien no figura en las planillas, el peronista cordobés Martín Llaryora estuvo en una oportunidad este año en Balcarce 50, pero para asistir a la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete, como se ve en las fotos de la asunción. Fue el 30 de junio pasado, y estuvo junto a otros 12 gobernadores locales y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, una concurrencia de volumen político excepcional en una jura de un ministro de Milei.

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Llaryora tiene posturas críticas respecto de la gestión libertaria, y es uno de los mandatarios que viene reclamando por la deuda de Nación con la Caja de Jubilaciones provincial, por el parate en la obras viales y la eliminación o reducción de las retenciones al agro.

Gobernadores en la jura de Santilli como jefe de Gabinete el 30 de junio último

En su gran mayoría, los mandatarios se reunieron en 24 oportunidades con Santilli, quien ocupó el Ministerio del Interior antes de pasar a la Jefatura de Gabinete. El otro interlocutor frecuente fue Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional y armador de La Libertad Avanza a nivel nacional, que los recibió en otras 7 ocasiones. Karina Milei y Manuel Adorni, el antecesor de Santilli, también estuvieron en varias de esas reuniones.

Mientras que Santilli participó en las negociaciones sobre la transferencia de recursos, obra pública y búsqueda de apoyo legislativo, Lule Menem se sumó a los encuentros de mayor contenido político. Particularmente, con gobernadores afines o potencialmente aliados para la estrategia legislativa y electoral del oficialismo.

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El mes de mayor cantidad de reuniones con los gobernadores fue junio: 17 en total. No es causal, fue cuando se intensificó la negociación en busca de apoyo para la eliminación de las PASO en el Congreso. Participaron en distintos encuentros Frigerio, Jalil, Jaldo, Melella, Zdero, Sadir y Valdés, según relevó Infobae.

Opositor crítico, Melella se reunió con Santilli el 16 de junio en la Casa Rosada

Los que nunca fueron a la Casa Rosada

Solo cinco mandatarios no figuran en los registros de los que asistieron a la Casa Rosada. Tampoco hay registro fotográfico o en los medios de que hayan estado. Tres son los peronistas más críticos de la gestión de Milei: el bonaerense Axel Kicillof, el formoseño Gildo Insfrán y el riojano Ricardo Quintela.

Kicillof, Insfrán, Quintela, Suárez y Passalacqua no fueron a la Rosada en 2026

El cuarto es Elías Suárez, del Frente Cívico por Santiago, que responde políticamente a su antecesor y actual senador Gerardo Zamora, con posturas enfrentadas al Gobierno.

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Tampoco pasó por la Casa Rosada el misionero Hugo Passalacqua, del partido provincial Frente Renovador de la Concordia. Aliado crítico, la reciente ruptura con su padrino político y ex mandatario de esa provincia, Carlos Rovira, derivó en un alejamiento de la gestión libertaria, sin romper los puentes del todo.

El ranking de los que más fueron

El gobernador que más veces atravesó la puerta de Balcarce 50 fue Frigerio. Lo hizo 5 veces entre enero y julio de este año. Estuvo en marzo, en abril, en mayo y dos veces en junio. El mandatario del PRO se reunió con Santilli todas las veces, aunque el 14 de abril también se sumó al encuentro gobernador mendocino, Alfredo Cornejo, y participaron Karina Milei y Lule Menem.

En la mayoría de los encuentros, se abordó el tema del parate de la obra pública en Entre Ríos, la situación fiscal de la provincia y la reforma política que busca el Gobierno.

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Frigerio en una de visitas a Cara Rosada para reunirse con Santilli

Frigerio es uno de los mandatarios de mejor llegada al Ejecutivo nacional. Busca su reelección sin tener competencia de LLA en su distrito, a cambio de apoyo a la reelección de Milei. Esta semana hizo pública su postura a favor de eliminar las PASO, en sintonía con lo que quiere el oficialismo nacional.

​​Le siguen en cantidad de ingresos Rolando Figueroa, del partido provincial La Neuquinidad, y el radical Leandro Zdero, de Chaco, quienes fueron en 4 ocasiones.

El neuquino estuvo en febrero, marzo, mayo y junio para ver a Lule Menem y/o Santilli, cuando todavía era ministro del Interior. Figueroa planteó cuestiones de obra pública e infraestructura, y escuchó el pedido de apoyo al Gobierno para la reforma electoral.

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Rolando Figueroa reunido con Santilli en Casa Rosada el 9 de junio de este año

El chaqueño Zdero tuvo reuniones en febrero, abril, mayo y junio con Lule Menem, Karina Milei y/o Santilli. La última tuvo como eje, también, a la reforma política.

Zdero reunido con Santilli el 16 de junio en la Casa Rosada para hablar de la reforma electoral

Con tres visitas aparecen los aliados Claudio Poggi, de San Luis, y el sanjuanino Marcelo Orrego, ambos ex Juntos por el Cambio. El mismo número registra el catamarqueño Jalil, del PJ.

Este mandatario peronista, de muy buen vínculo con el Gobierno, visitó la casa Rosada en mayo y dos veces en junio, la última junto al salteño Gustavo Sáenz y el tucumano Jaldo. El catamarqueño estuvo especialmente interesado en las inversiones en minería en su provincia a través del RIGI, un régimen de incentivo para favorecer rlas grandes inversiones.

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Santilli con Jaldo, Sáenz y Jalil en Casa Rosada el 23 de junio

Alberto Weretilneck del partido Somos Río Negro, si bien no tiene legisladores que le respondan directamente en el Congreso, también estuvo tres veces en la Casa Rosada, la última para la jura de Santilli. En las anteriores, uno de sus reclamos principales fue avanzar en un convenio para que Río Negro asumiera la administración de las rutas 22 y 151, algo que se concretó en agosto finalmente.

Pese a pertenecer al grupo de mandatarios opositores más críticos, el pampeano Ziliotto, se reunió en febrero, en marzo y en julio con Santilli. En esta última, abordaron la situación de la Caja previsional provincial y el traspaso de obras del plan de viviendas PROCREAR.

Santilli recibió a Ziliotto el 17 de julio para analizar la ejecución de la obra pública en La Pampa

En los primeros 7 meses del año, visitaron dos veces la Casa Rosada los radicales Maximiliano Pullaro, de Santa Fe; Carlos Sadir, de Jujuy; y Juan Pablo Valdés, de Corrientes. Todos son aliados del Gobierno nacional.

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Pullaro tuvo entre sus principales reclamos el estado de las rutas nacionales en su provincia. El 22 de julio, el gobernador de Santa Fe firmó en la Casa Rosada con Santilli, Karina Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, el traspaso por 20 años de la administración, mantenimiento y ejecución de obras de la Ruta Nacional A012.

El 22 de julio, Pullaro firmó el traspaso de Nación a Provincia de la ruta A012

También estuvieron dos veces en la sede del Ejecutivo nacional Ignacio Torres (PRO), de Chubut; y Sáenz, del Partido Identidad Salteña.

Torres fue el 20 de marzo a reunirse con Lule Menem y el 2 de julio para ver a Santilli, recién asumido como jefe de Gabinete por las obras de infraestructura para Chubut. En la reunión, Santilli buscó sumar el respaldo del mandatario a la reforma política, aunque el mandatario patagónico fue cauto sobre la posible eliminación de las PASO.

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Torres se reunió con Diego Santilli el 2 de julio en la Casa Rosada por la reforma electoral

Sáenz, de buen diálogo con el Gobierno aunque con posturas críticas, se reunió el 6 de mayo con Karina Milei y Santilli para analizar un posible acuerdo electoral en Salta de cara a 2027, tanto en la provincia como a nivel nacional. Apenas 20 días después, volvió a la Casa Rosada para verse con Santilli y Lule Menem, para abordar “proyectos estratégicos para la provincia” y “avanzar en una agenda de políticas de desarrollo federal”, según la información difundida por el gobierno salteño.

Sáenz con Santilli y Lule Menem el 29 de mayo en la Casa Rosada para

Con una sola reunión en Balcarce 50 aparece el radical Cornejo, de Mendoza. Fue el 14 de abril cuando, junto a Frigerio, fueron recibidos por Santilli, Lule Menem y Karina Milei. Según el comunicado oficial de la Secretaría General, el Gobierno confirmó en ese encuentro que iba a avanzar con un decreto para que las provincias puedan, mediante inversiones privadas, llevar adelante obras de infraestructura en tramos de rutas nacionales que atraviesen sus territorios.

El mendocino y el entrerriano son dos de los mandatarios de mejor sintonía con la gestión nacional. Ambos estuvieron el 30 de junio en la asunción de Santilli como jefe de Gabinete.

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Karina Milei, Santilli y Lule Menem recibieron a Cornejo y Frigerio el 14 de abril de este año

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, registró un solo ingreso a la Casa Rosada, ese mismo 30 de junio para asistir al ascenso de Santilli dentro del Gabinete libertario. Macri arrastra un reclamo por la coparticipación con el Ministerio de Economía nacional y tiene una disputa solapada con LLA por el control del distrito de cara a 2027.

También figuran con un solo ingreso a la Casa Rosada el tucumano Jaldo, el fueguino Melella, y Claudio Vidal, de Santa Cruz. Este último estuvo el 14 de julio. Es otro dialoguista, pero que se mueve en forma independiente de los deseos libertarios. Los legisladores que le responden, si bien acompañaron varias iniciativas del Gobierno, suelen moverse como líberos en el Congreso.

Intendentes en la Casa Rosada

En cuanto a los intendentes, aparecen muy pocas visitas a la Casa Rosada en los registros brindados por la Secretaría General, y ninguna a la Quinta de Olivos.

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Un grupo de 17 intendentes de Córdoba de diversas fuerzas políticas (PRO, UCR y vecinalistas) concurrieron el 17 de junio pasado para reunirse con Santilli, en un encuentro coordinado por el jefe de bloque de LLA en la Cámara de Diputado, el cordobés Gabriel Bornoroni, del que también participó su colega de bancada Laura Rodríguez Machado.

Según la información oficial, el objetivo fue analizar los temas de la agenda legislativa y la situación financiera de los distintos municipios cordobeses.

Santilli y Bornoroni recibieron a intendentes de la provincia de Córdoba el 17 de junio en la Casa Rosada

Diego Valenzuela, intendente de 3 de Febrero en uso de licencia fue dos veces, ambas en enero de este año, cuando ya había asumido como senador provincial por LLA, el 10 de diciembre último.

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El 30 de junio, Sebastián Abella, jefe comunal de Campana del PRO, asistió a la asunción de Santilli como jefe de Gabinete.

En tanto, Daniel Escalante, intendente radical de Roldán, Santa Fe, ingresó el 22 de julio pasado, junto al gobernador Pullaro para la firma del convenio por el cual Nación delegó la administración de la Ruta Nacional A012.

Visualizaciones: Daniela Czibener

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