ECONOMIA
El vicepresidente de la CAF habló del fondo para reconstruir Venezuela: “Se estiman pérdidas materiales por USD 6.700 millones”

La CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe puso en marcha un fondo internacional de apoyo para la reconstrucción de Venezuela, tras los terremotos que dejaron más de 1.700 muertos y entre 40.000 y 50.000 personas desaparecidas, y Christian Asinelli, vicepresidente de la entidad, explicó cómo funcionará en declaraciones a Infobae al Regreso. La institución prevé un proceso de varios años para revertir los efectos de la catástrofe.
“El objetivo de este fondo es de largo plazo. No va a ser una situación que se va a solucionar de la noche a la mañana, va a llevar muchos años de reconstrucción”, afirmó Asinelli.
El funcionario detalló que el país enfrenta una etapa crítica, donde “todavía se está tratando de encontrar sobrevivientes y víctimas fatales”. De acuerdo con los datos oficiales, la cifra de víctimas fatales ya asciende a 1.700 y se calcula un universo de personas desaparecidas que podría superar las 50.000.
La CAF estableció el fondo con cuentas especiales en dólares y euros, abiertas para recibir aportes de países, organismos internacionales y empresas privadas. “Ya muchísimas empresas privadas nos han pedido aportar a este fondo. Se puede donar desde la Argentina y desde cualquier país”, explicó Asinelli en la entrevista con Infobae al Regreso.
El esquema de ayuda internacional incluye la participación activa de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), junto con todo el sistema de Naciones Unidas. Países vecinos y europeos también sumaron asistencia. “El Salvador mandó seis aviones con rescatistas de manera inmediata, lo cual ayudó muchísimo. Argentina, Brasil, Panamá, República Dominicana, México y Ecuador, todos los países de la región y europeos se solidarizaron con esta causa”, puntualizó el vicepresidente de la CAF.
Las pérdidas materiales alcanzan un estimado de USD 6.700 millones, cerca del 10% del PBI actual de Venezuela, según los cálculos de Asinelli. Los daños se concentran sobre todo en la infraestructura de La Guaira y Caracas. Sin embargo, la red energética nacional no sufrió daños, lo que permitió que el suministro eléctrico se mantuviera estable y el sistema energético del país siga en funcionamiento.
El fondo, según la entidad, estará orientado principalmente a la reconstrucción de infraestructura, el apoyo a las familias damnificadas y la recuperación de servicios esenciales en las zonas más afectadas. La CAF subraya que la administración de los recursos contará con mecanismos de transparencia y seguimiento internacional, con el respaldo técnico de los organismos multilaterales que acompañan la iniciativa.
“La creación de este fondo tiene un objetivo de largo plazo”, reiteró Asinelli a Infobae al Regreso. “Estamos en un momento muy complicado, todavía tratando de encontrar sobrevivientes y víctimas fatales. Las acciones están siendo acompañadas por todo el marco internacional”, puntualizó el vicepresidente de la CAF.
La puesta en marcha del Fondo para la Recuperación y Reconstrucción de Venezuela busca reunir y canalizar aportes de origen público, privado e internacional para atender las necesidades prioritarias del país tras los recientes sismos. La propuesta llega junto con la donación de USD 300.000 en ayuda humanitaria anunciada por la entidad para enfrentar la emergencia.
El Fondo recibirá aportes provenientes de gobiernos, organismos internacionales, empresas, fundaciones, personas particulares y otros aliados. Estos recursos se administrarán bajo un esquema común, con mecanismos de rendición de cuentas, y se destinarán a las iniciativas que defina y priorice el gobierno de Venezuela. El objetivo es articular una respuesta coordinada, evitar la dispersión de esfuerzos y acelerar la llegada de asistencia a las regiones más afectadas.
Para poner en funcionamiento el mecanismo, CAF aportará inicialmente un millón de dólares como capital semilla, recurso que financiará las primeras acciones urgentes. La institución no aplicará comisión por la administración fiduciaria ni por la ejecución de los fondos, lo que permitirá que el 100% de los donativos se utilice para la emergencia y la posterior reconstrucción.
“Los actos de la naturaleza se responden con actos de humanidad y solidaridad, y Venezuela nos requiere hoy más que nunca. Venezuela es país fundador y sede de CAF, y por eso ponemos en marcha este Fondo para la reconstrucción: un mecanismo ágil y transparente al que invitamos a sumarse a gobiernos y al sector privado, para que sus aportes, junto con los nuestros, formen parte de una respuesta efectiva. Nuestro compromiso es acompañar al pueblo venezolano no solo en la emergencia, sino a lo largo de todo el camino de recuperación y reconstrucción que tenemos por delante”, afirmó Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF.
El diseño del mecanismo contempla distintas fases. En la primera etapa se prevé la atención inmediata con ayuda humanitaria, provisión de insumos básicos y respaldo a instituciones clave en la respuesta. Más adelante, se abordará la rehabilitación de servicios esenciales como salud, agua y saneamiento, energía, educación y conectividad.
La última fase estará enfocada en la recuperación y el fortalecimiento de la resiliencia, priorizando la reconstrucción temprana, la restauración de los medios de vida y la reducción de la vulnerabilidad ante posibles futuros desastres. Las intervenciones se decidirán de acuerdo con las valoraciones de daños y las prioridades que establezca el Gobierno.
El Fondo funcionará con recursos independientes de los fondos propios de CAF, garantizando la trazabilidad por cada iniciativa, informes financieros periódicos y auditorías externas. Los aportes podrán realizarse tanto en dólares estadounidenses como en euros. La ejecución podrá llevarse a cabo a través de entidades implementadoras seleccionadas o, si resulta más eficiente, mediante la gestión directa de CAF.
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ECONOMIA
Aceiteros y agroexportadores llegaron a un acuerdo salarial: qué aumento consiguieron para el año

Finalmente la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) alcanzaron este lunes un acuerdo salarial con los sindicatos del sector aceitero que pone fin a un conflicto abierto desde fines de mayo. Las partes lograron firmar la nueva paritaria luego de semanas de negociación y tras la jornada del jueves pasado, que se extendió por más de 15 horas.
El convenio, según comunicó Ciara-CEC, cubre la totalidad de 2026 y establece un incremento acumulado del 29,5% indexado al Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, con proyecciones basadas en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM).
El acuerdo se firmó después de que el jueves pasado venciera la conciliación obligatoria dispuesta por el Ministerio de Capital Humano sin que las partes hubieran llegado a un entendimiento. Empresarios y gremios optaron entonces por extender el diálogo de forma voluntaria y retomaron la negociación este lunes en la Secretaría de Trabajo de la Nación, donde finalmente se rubricó el entendimiento.
Según el comunicado de Ciara-CEC, la industria logró que la discusión quedara circunscripta exclusivamente a salarios, sin que prosperaran otras demandas sindicales. La fórmula acordada replica la propuesta que los empresarios habían defendido desde el inicio: actualización mes a mes según la evolución del IPC, con el argumento de que ese mecanismo preserva el poder adquisitivo de los trabajadores. La cámara destacó que el acuerdo garantiza la paz social durante el resto del año.
“Se arribó finalmente a un acuerdo salarial con los sindicatos aceiteros. La industria logró hacer sentar a los sindicatos a negociar únicamente salarios. El acuerdo cubre todo el año 2026 basado en el índice de precios del consumidor del Indec estimado vía el REM (índice de expectativas mensuales de inflación). El monto total acumulado es del 29.5%. Esto garantiza la paz social durante todo el año”, sostuvo Ciara-CEC en un comunicado.
Los gremios que participaron de la negociación son el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) y la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIODyARA), que representan a entre 10.000 y 12.000 trabajadores del sector.
El conflicto se había desatado a fines de mayo, cuando ambos gremios declararon un paro por tiempo indeterminado en todas las plantas del país tras la oferta empresaria de un incremento del 0% para ese mes. Los sindicatos habían exigido un aumento del 20% retroactivo a mayo y rechazaban que la indexación por inflación fuera suficiente para recomponer lo perdido, en un sector donde el básico inicial se ubicaba en $2.344.000 frente a una canasta básica que, según los gremios, alcanzaba los $2.802.754. En ese entonces, el ministerio de Capital Humano dictó conciliación obligatoria de forma casi inmediata.
Durante el periodo que se extendió el conflicto salarial, el bloque empresario liderado por Ciara-CEC había advertido sobre el costo concreto de cada jornada de paro: $160.000 por trabajador por día, lo que en una semana acumulaba $960.000 por empleado. La cámara llegó incluso a apelar directamente a los trabajadores de base para que presionaran a sus dirigentes a firmar la propuesta de indexación al IPC, que definió como “la única viable para defender los salarios aceiteros”.
La disputa se desarrolló en un contexto de tensión más amplia: semanas antes del paro del 27 de mayo, transportistas autoconvocados de la provincia de Buenos Aires habían paralizado las terminales portuarias de Bahía Blanca y Necochea en reclamo de mejoras en el flete, con pérdidas estimadas en al menos USD 450 millones para el complejo agroexportador. La industria aceitera procesa y exporta cerca del 80% de la soja que produce Argentina.
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ECONOMIA
Aceiteros cerraron paritaria para todo 2026: cómo quedó el sueldo mínimo de julio

Los aceiteros y las empresas exportadoras cerraron una de las paritarias más importantes del mercado laboral argentino. Luego de días de tensas negociaciones, este lunes llegaron a un acuerdo que comprende un aumento de sueldo para todo el 2026.
Así lo confirmaron tanto las cámaras y los sindicatos, luego de una negociación que se extendió durante días y cuya resolución promete «garantizar la paz social durante todo el año», según las empresas.
Aumento de sueldo confirmado para aceiteros: cuánto cobrarán en julio
Según informó este lunes CIARA-CEC, «se arribó finalmente a un acuerdo salarial con los sindicatos aceiteros«. «La industria logró hacer sentar a los sindicatos a negociar únicamente salarios. El acuerdo cubre todo el año 2026 basado en el índice de precios del consumidor del Indec estimado vía el REM (índice de expectativas mensuales de inflación). El monto total acumulado es del 29.5%. Esto garantiza la paz social durante todo el año», resaltó la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC).
En tanto, desde los sindicatos detallaron cómo queda el salario inicial -categoría de peón-:
- A partir del 1 de julio: $2.578.400
- Desde el 1 de septiembre: $2.719.040
«Asimismo, se acordó una suma retroactiva para los meses de mayo y junio de 2026, que se pagará junto con los haberes del mes de junio de 2026″, sostuvo el sindicato.
«En la negociación defendimos el reclamo paritario de nuestras organizaciones gremiales, fundamentado en el derecho a un Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) según su definición en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo, que asegure a los trabajadores sin carga de familia, en su jornada legal de trabajo, la satisfacción de las 9 necesidades: alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y previsión», agregaron.
En el comunicado también criticaron la reforma laboral: «Lo hicimos en un contexto donde el gobierno y las patronales han desatado un ataque en todas las líneas contra la clase trabajadora argentina. Su punto máximo es la regresiva reforma laboral, con la que avanzan contra derechos históricos y pretenden limitar, hasta el punto de la prohibición, el ejercicio constitucional de la huelga. Además, en nuestra actividad se le sumó una burda campaña de desinformación contra nuestras organizaciones gremiales y el legítimo reclamo a un salario digno».
«Frente a todo esto demostramos nuestra firme voluntad para defender nuestros derechos con unidad y conciencia de clase. Así lo demostramos el pasado 27 de mayo con la Huelga Nacional Aceitera que llevamos adelante de forma contundente en todo el país. Y lo volveremos a demostrar cada vez que sea necesario», agregaron.
Una tensa negociación y una oferta que puso en alerta a los sindicatos
En medio de una tensa negociación, la semana pasada los sindicatos amenazaron con huelgas luego de una oferta que rechazaron de plano. Los sindicatos revelaron que, en la última audiencia, después de «negarse sistemáticamente a otorgar una mejora salarial», los empresarios presentaron «una oferta de $15.000 de aumento» para el mes de mayo.
El secretario General de la FTCIODyARA, Daniel Yofra, sostuvo que «lamentablemente, pareciera ser que la intransigencia patronal y su falta de sensibilidad sobre las necesidades obreras, nos va a llevar a un nuevo conflicto».
El dirigente explicó que el reclamo se fundamenta «en el derecho a un Salario Mínimo Vital y Móvil según su definición en el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional y Artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo, esto es, que asegure a los trabajadores en su jornada legal de trabajo la satisfacción de las 9 necesidades allí contempladas»:
- Alimentación adecuada
- Vivienda digna
- Educación
- Vestuario
- Asistencia sanitaria
- Transporte
- Esparcimiento
- Vacaciones
- Previsión
Yofra sostuvo que «tenemos que tratar de unirnos en todos los frentes, todas las centrales obreras y salir a pelear contra este gobierno, pero con un plan de lucha» y subrayó «un paro de vez en cuando a este gobierno no le hace absolutamente nada». Justamente, esa es la propuesta que tienen los gremios aceiteros si no hay acuerdo: un cese de actividades por tiempo indeterminado.
El titular de la organización gremial reconoció que «los trabajadores aceiteros no están mal como está el resto del país», al tiempo que sostuvo que cerca del 90% de los trabajadores registrados argentinos perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza y reiteró que «hay que enfrentar a este gobierno con paro y movilizaciones, no hay otra».
Una huelga por tiempo indeterminado no solo hubiera afectado a las empresas agroexportadoras sino también a los productores, acopiadores, camioneros y a todos los que se vinculan con el agro. Si bien la Secretaría de Trabajo había dictado la conciliación obligatoria, el acuerdo logrado este lunes puso fin a días de tensión y negociaciones paritarias, con un aumento de sueldo acordado para todo 2026 para los aceiteros.
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ECONOMIA
El valor que debería tener el dólar según uno de los economistas que más escucha la City porteña

El tipo de cambio está bajo en términos históricos, según el diagnóstico de Enrique Szewach, exdirector del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El economista, una de las voces más escuchadas en la City porteña, advirtió que el dólar debería valer bastante más de lo que marca hoy el tablero.
Szewach comparó el valor actual con el dólar de diciembre de 2023, cuando Javier Milei lo fijó en $800. Ese mismo tipo de cambio, ajustado por inflación, hoy equivaldría a casi $2.100. La brecha con el valor oficial muestra el atraso cambiario acumulado en poco más de un año.
El analista planteó un problema estructural que complica cualquier cálculo de tipo de cambio en Argentina. Las variables macroeconómicas nunca se mantienen en niveles promedio por mucho tiempo: siempre están muy arriba o muy abajo, nunca en el centro. Esa volatilidad histórica dificulta proyectar un valor de equilibrio sostenible.
El contexto internacional tampoco ayuda. El fortalecimiento global del dólar complica la situación para una economía que sigue «atada» a esa moneda como referencia de ahorro y comercio exterior.
El impacto se siente especialmente frente al real brasileño, la moneda del principal socio comercial de Argentina. Szewach remarcó que el tipo de cambio bilateral con Brasil está muy bajo, lo que afecta la competitividad de las exportaciones argentinas.
Por qué los argentinos sienten que el país está caro
Szewach describió un fenómeno particular de la economía argentina: los ciudadanos miran los precios locales «como turistas». La razón es simple: su ahorro está dolarizado, entonces evalúan el costo de vida en moneda extranjera.
Comparado con los valores de 2023, la sensación generalizada es que Argentina está cara en dólares. Esa percepción no es infundada: con el tipo de cambio atrasado, el poder de compra en moneda extranjera efectivamente cayó.
La comida en un restaurante, un alquiler o una compra en el supermercado pesan más en dólares que hace un año y medio. Para quien cobra o tiene ahorros en esa divisa, el país perdió atractivo en términos de costos.
Cuánto debería valer el dólar según el economista
El economista puso números concretos sobre la mesa. Si se evaluara el tipo de cambio en términos reales para recuperar equilibrio, el dólar tendría que valer $1.700. Ese nivel representa un salto significativo respecto al valor oficial actual.
Pero Szewach agregó una advertencia crucial que complica esa proyección. El precio del dólar no puede analizarse de forma aislada: interactúa con el resto de las variables económicas, especialmente la inflación.
«Si el dólar sube a $1.700 y aumenta la tasa de inflación en la misma proporción, te quedás en el mismo lugar», precisó el analista en diálogo con Ahora Play. La devaluación sin ancla nominal solo traslada el problema a los precios internos.
Esa dinámica explica por qué una corrección cambiaria brusca no resuelve mágicamente el atraso. Si todos los precios se ajustan al mismo ritmo que el dólar, el tipo de cambio real vuelve al punto de partida.
El cambio de régimen que comparó con el menemismo y el kirchnerismo
Szewach también analizó el cambio de régimen impulsado por el Gobierno de Javier Milei. Consideró que este proceso es tan fuerte como los ocurridos durante el menemismo o el inicio del kirchnerismo, dos momentos de quiebre en la política económica argentina.
Sin embargo, el economista cuestionó la naturaleza del ajuste fiscal y su impacto en la microeconomía. Según su visión, el Estado argentino se achicó bajando salarios y empleo público, pero también transfiriendo costos al sector privado.
«Cuando el sector público tiene superávit, lo paga el sector privado», aseveró. El Estado no bajó el gasto en términos absolutos: simplemente trasladó ese costo a las familias y las empresas.
Szewach ejemplificó este punto con la quita de subsidios a la energía y al transporte. Si antes un usuario pagaba $10 por un servicio y ahora paga $30, el Gobierno no redujo realmente el gasto: lo pasó al consumidor final.
Esa lógica explica por qué el superávit fiscal convive con un deterioro del poder adquisitivo. El ajuste no desapareció: cambió de manos, del Estado a los hogares.
Qué hace falta para que un tipo de cambio bajo sea sostenible
El economista cerró su análisis señalando lo que considera la falencia estructural del modelo actual. Hoy falta inversión estatal en áreas clave como infraestructura y educación, dos sectores que determinan la productividad de largo plazo.
Según Szewach, esos factores son los que harían que un tipo de cambio bajo fuera realmente razonable y sostenible. Sin inversión en capital humano y físico, la economía no puede sostener una apreciación real del peso.
La competitividad genuina no viene solo de un dólar alto o bajo. Requiere una estructura productiva que pueda competir incluso con tipo de cambio apreciado, algo que demanda inversión sostenida en el tiempo.
Para el analista, el debate sobre el nivel del tipo de cambio es incompleto si no se discute simultáneamente el rol del Estado en la creación de capacidades productivas. El dólar es una variable de ajuste, pero no un motor de crecimiento por sí mismo.
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