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INTERNACIONAL

Ética en el liderazgo internacional para la defensa de los Derechos Humanos

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Familiares de presos políticos han debido apostarse frente a pos centros como El Helicoide, Rodeo I, Fuerte Guaicaipuro y otros reclamando libertad para sus seres queridos

No se puede permitir que las violaciones de derechos humanos ocurran y es inadmisible que, a la hora de la verdad, de cuando son necesarias las soluciones, determinados liderazgos estén del lado de los violadores de Derechos Humanos. No puede ser que a la hora de la verdad se sea funcional a regímenes tiránicos que cometen crímenes de lesa humanidad. Eso significa estar del lado equivocado de la ética, significa ser complaciente con esos crímenes y significa ser afín a los criminales, no importa cuán modesta sea la contribución, si es simplemente ayudarlos a ganar tiempo en una negociación o si es directamente contribuir en la impunidad.

Un análisis del pensamiento y la acción ética en la política exterior debe ofrecer una respuesta convincente a los juicios de valor inherentes a la labor de la política pública, específicamente en lo que respecta a su eficacia para salvaguardar los derechos humanos de las personas. En el escenario internacional, una nación no hace más que reflejar su propia naturaleza, sus logros y sus desafíos. La acción internacional es un concepto esencial; sin ella, resulta imposible garantizar la observancia global de los derechos humanos.

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Sin embargo, esta visión es objeto de controversias; con frecuencia se argumenta equivocadamente que la acción internacional adolece de una deficiencia significativa y que, en última instancia, vulnera los derechos de los pueblos (autodeterminación). En resumen, se la confunde erróneamente con una injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano. Aceptar esta perspectiva implicaría la necesidad de una contemplación perpetua, la negociación concebida como el único medio para determinar la legitimidad de las acciones en el ámbito de las relaciones internacionales, incluso cuando las agendas internacionales resultan abrumadoras o perjudiciales para los derechos humanos y los derechos legítimos de los pueblos. Incluso cuando la autodeterminación soberana de un pueblo ha sido arrasada por un régimen dictatorial.

Uno de los impedimentos estructurales más comunes que enfrentamos es, precisamente, la ausencia de posicionamientos políticos que se traduzcan en acciones concretas para la protección de los derechos; por el contrario, la acción internacional se ha convertido, en la práctica, casi en una sustancia prohibida. La debilidad de la acción internacional solo beneficia a quienes perpetran violaciones de los derechos humanos. La brecha resultante pone de manifiesto, de manera cruda, la tensión internacional que genera la solidaridad humana y las acciones pragmáticas capaces de generar resultados concretos. La tensión se produce respecto a las prácticas políticas que permanecen, en gran medida, ancladas en los paradigmas del siglo XX y de la Guerra Fría, con un enfoque particular de dinámicas neutralizadoras que subyacen en la inacción en la gestión de agendas, a la falta de rendición de cuentas respecto a que bajo ese paraguas ocurran asesinatos y torturas así como a obviar la falta de legitimidad de los dictadores. De este modo, los derechos humanos son percibidos como meras contingencias aleatorias, incluso a veces como algo molesto en la actuación internacional. La «dicha de no hacer nada» se erige, así, como el paradigma imperante. Al mismo tiempo, el imperativo de la responsabilidad asumida se debe enfrentar a estas restricciones, una lógica que socava la «buena gobernanza». Esta visión es funcional al torturador y no al torturado, y desafía la noción misma de que el imperativo moral de defender los derechos humanos sea, en sí mismo, suficiente para conferir legitimidad a las acciones internacionales, la protección del bien fundamental que debería priorizarse en la agenda internacional. Por otra parte, esto demuestra también que incluso los Estados son vulnerables a fuerzas ajenas a su control al asumir responsabilidades de defensa internacional de los Derechos Humanos con acciones concretas.

Se llega al colmo de trasladar la culpa a quien defiende bienes protegidos por el Derecho Internacional, cuando la responsabilidad debería ser a la inversa, debería recaer en aquel que permite la violación de esos bienes protegidos por el Derecho Internacional.

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El núcleo del poder colectivo para proteger los derechos humanos reside en la relación entre la acción y la solidaridad; esta cuestión central da origen a una dinámica que ha inquietado durante mucho tiempo a los actores internacionales que prefieren la inacción. La capacidad de los Estados para hacer frente a la adversidad de intereses generada frente a las acciones dirigidas a proteger los derechos humanos puede, en última instancia, destruir o paralizar iniciativas políticas bienintencionadas.

Las organizaciones internacionales del siglo XX no se preocuparon especialmente por este asunto; la burocracia internacional optó sistemáticamente por el camino de menor resistencia, un camino que permitió a los violadores de derechos humanos y a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad actuar con impunidad, incluso ocupando a veces una mayoría de asientos en el Consejo de Derechos Humanos. A pesar de contar con normas morales en sus mandatos, estas rara vez se respetaron, lo que provocó un inmenso sufrimiento a causa de acontecimientos que podrían haberse evitado. Como hemos señalado en otras ocasiones, el genocidio de Ruanda constituye un ejemplo paradigmático de este fracaso, aunque es solo un caso entre muchos. Por el contrario, si los responsables políticos concibieran a las naciones como capaces de una verdadera benevolencia —percibiendo que no solo pueden resistir las adversidades inherentes a tales conflictos, sino que, de hecho, deberían asumir esos mismos desafíos por su propio interés—, podrían fomentar dinámicas positivas para la protección de los derechos humanos.

La lógica de derechos humanos puede de hecho argumentar que la justificación principista de la inacción subestima la fragilidad de la naturaleza humana y el sufrimiento real que implican las violaciones de derechos humanos. A diferencia del optimismo estricto que defienden ciertas tradiciones no intervencionistas o apaciguadoras, la conciencia de la debilidad inherente a la protección de los derechos humanos fomenta una perspectiva más realista y humana: reconoce la complejidad e incertidumbre de la política internacional, así como el papel fundamental que desempeña la comprensión de las diversas realidades sociales de las distintas naciones, específicamente, cómo se estructuran las relaciones humanas y la naturaleza contingente de la experiencia de la responsabilidad en la protección de los derechos de las personas. Limitaciones del conocimiento, el trabajo y la gobernanza: Sobre esta base, se reconocen las limitaciones inherentes del conocimiento, la investigación y la justicia, particularmente en lo que respecta a las situaciones nacionales de derechos humanos, así como el papel significativo que desempeñan estas limitaciones en este contexto.

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La racionalidad revela cómo ciertas prácticas costumbristas o ciertas afinidades ideológicas pueden neutralizar la solidaridad esencial para la acción política frente a lo que debería ser el objetivo común de proteger los derechos humanos. En estas narrativas, vemos personas que sufren violaciones recurrentes de derechos humanos, no por falta de responsabilidad de las naciones capaces de hacer cumplir dichas protecciones, sino por fuerzas que generan dinámicas negativas. Por ejemplo, un individuo puede enfrentarse a un dilema moral que contrapone la ley nacional a la responsabilidad social o religiosa; otros problemas pueden surgir no por fallas morales, sino por una lealtad inquebrantable a un líder autoritario, por ejemplo. Teóricamente, se puede argumentar que este escenario simboliza el frecuente conflicto entre dimensiones morales opuestas en la política humana —ninguna de las cuales puede abandonarse por completo—, pero debemos decir que, en general, solemos tener claro qué está bien y qué está mal. Además, la justicia en materia de derechos humanos ha abordado y resuelto en muchos casos de este tipo.

El uso de la fuerza para resolver problemas relacionados con violaciones de derechos humanos parece empoderar, en particular, a quienes previamente han sido permisivos —o incluso cómplices— de tales violaciones o crímenes de lesa humanidad, permitiéndoles pasar a la ofensiva. Este desafío pone en tela de juicio el estricto marco teórico sobre la responsabilidad internacional en la protección de los derechos humanos. Parecen sostener como el hecho esencial de que los derechos humanos no son dioses de la política internacional y que la política, aun la más sólida, puede ser frágil, a menudo susceptible a objetivos y factores incontrolables.

El liderazgo populista regional enfatiza la supremacía del poder “soberano” sobre las relaciones internacionales que pueden encaminar la protección de los derechos humanos o que pueden encaminar la acción sobre la retórica; al hacerlo, a menudo genera un discurso que proyecta falta de solidaridad y rendición de cuentas.

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En la región, se ha fallado respecto a crear sociedades autodisciplinadas con inteligencia colectiva que puedan prosperar al tiempo que fomenten dinámicas autosostenibles para la protección y promoción de los derechos humanos, dinámicas que permanecen inalteradas por las cambiantes circunstancias políticas. La capacidad de los derechos humanos para estructurar las dinámicas sociales depende de la creación de un entorno crítico que reconozca tanto la interconexión social como la naturaleza única de los problemas humanos.

Por ejemplo, es sumamente difícil para los seguidores de los líderes populistas formular políticas efectivas de derechos humanos; es como si se les prohibiera establecer vínculos estrechos con las instituciones estatales —vínculos necesarios para brindar las soluciones basadas en derechos que se requieren— y se enfrentan a la constante tentación de tomar atajos que, en última instancia, socavan la eficiencia esencial para salvaguardar esos derechos. El liderazgo puede permitir que las instituciones funcionen con eficacia —optimizando así sus resultados—, o bien provocar que fallen, o incluso prescindir de ellas por completo. Resulta evidente que un liderazgo populista, caracterizado por el desdén hacia las instituciones, no logrará obtener resultados positivos en el ámbito de los derechos humanos.

Es clara la argumentación que —más allá del ámbito puramente jurídico— los vínculos con el Estado y con soluciones concretas y orientadas a la acción resultan indispensables para una actividad política eficaz; de hecho, son necesarios, aun cuando tales vínculos conlleven costos políticos. Cuando la defensa de los derechos humanos se limita a la mera emisión de declaraciones, puede compararse con una píldora diaria para mejorar el estado de ánimo, una que tal vez levante el espíritu; pero al mismo tiempo, el organismo continúa padeciendo una infección bacteriana generalizada. El cuerpo solo experimentará un cambio genuino si se administra un antibiótico que ataque directamente a las bacterias; uno que erradique realmente la infección. En lo que respecta a la rendición de cuentas por los resultados de nuestras acciones en el ámbito de los derechos humanos, este constituye siempre un elemento indispensable para la reconstrucción de la solidaridad. Las palabras pueden sostener el espíritu, pero no resuelven los problemas; los problemas se resuelven mediante la acción.

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Y la acción reconoce que una política sólida es susceptible a la influencia del liderazgo; y es precisamente el liderazgo —específicamente en lo que atañe a la rendición de cuentas— el que posee la capacidad de concebir la política y sostenerla como una forma de acción moral. Sin embargo, esto depende también de factores tales como la empatía, el poder, la riqueza, entre otros. Una nación en guerra, o una que atraviesa una grave crisis económica o financiera, podría verse imposibilitada para gestionar eficazmente los derechos humanos, aun cuando cuente con una estructura social regida por estándares éticos; es precisamente por ello que un liderazgo político eficaz, sumado a instituciones sólidas y comprometidas, aporta previsibilidad a la gestión de los derechos humanos. Este aspecto resulta fundamental para el avance de los derechos humanos, los cuales se erigen sobre los cimientos proporcionados por las estructuras políticas, sociales y económicas dentro de las cuales deben operar.

Esta dinámica de los derechos humanos se integra en el estudio del poder, las relaciones internacionales y los enfoques éticos específicos que sustentan su funcionamiento. La conceptualización política de la defensa de los derechos humanos presupone un juicio ideológico y situacional y, asimismo, exige responsabilidad emocional; todo ello enmarcado en una adhesión comprometida a las normas universales. En este contexto, destaca la tensión inherente al acto de asumir responsabilidades, una tarea emprendida en defensa de estos derechos. Este empeño busca establecer normas claras, al tiempo que reconoce la necesidad de un liderazgo impulsado por una emotividad positiva, capaz de llevar adelante las políticas de derechos humanos con un compromiso inquebrantable.

Estas condiciones reflejan la dualidad central que puede existir en el ámbito de los derechos humanos: la relación entre los estándares normativos y la realidad de la interdependencia humana de carácter emocional. Dicha realidad conlleva el reconocimiento de atributos específicos, tales como la responsabilidad individual y la naturaleza fundamental de la condición humana. Uno de los cimientos más perdurables de los derechos humanos reside en la introducción de los conceptos de límites y responsabilidad; de hecho, los límites —como aquellos establecidos por la adhesión al Estado de derecho— garantizan el ejercicio más pleno posible de la libertad individual.

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Los derechos humanos demuestran que las consecuencias de las acciones políticas a menudo están moldeadas por factores que trascienden las circunstancias inmediatas, tales como nuestra sociedad de origen (incluyendo su estratificación y las oportunidades de movilidad social), el contexto histórico (ya sea democrático o autoritario), el nivel educativo alcanzado o la capacidad de generación de riqueza. El marco de los derechos humanos no puede avanzar ignorando estas condiciones; por el contrario, debe transformarlas en el fundamento mismo para desarrollar una acción política capaz de integrar el principio de la solidaridad humana. La razón resulta fundamental para establecer un marco de realismo moral: uno que afirme la naturaleza intrínsecamente evolutiva de las relaciones humanas, sustentada en la expansión de los derechos a un número cada vez mayor de personas, al tiempo que reconoce que el sufrimiento, las crisis económicas y los errores políticos son componentes inherentes de la experiencia humana, en perpetua evolución. Esto respalda el argumento de que la razón es el factor más relevante en el discurso moral contemporáneo. Dicho discurso debe esforzarse por maximizar tanto la libertad social como la individual, acompañada de las correspondientes responsabilidades individuales y sociales, sin pasar por alto las limitaciones sistémicas o situacionales. La razón y la narrativa política no siempre coinciden; en consecuencia, otro aspecto crucial de los derechos humanos reside en afirmar la primacía de la razón sobre la mera construcción narrativa. El error fundamental de los regímenes que fabrican incesantemente narrativas de una «perfección inmaculada» es que, en un momento crítico determinado, la crisis resultante se vuelve inevitablemente —como ocurre actualmente en Venezuela— absolutamente insostenible.

Uno de los problemas principales en las relaciones internacionales es la propensión para alimentar ciertas narrativas, ya sea como una dinámica de apoyo, por interés propio o debido a una afinidad ideológica. En consecuencia, estos actores internacionales se convierten en una parte sustancial del problema: contribuyendo a las violaciones de los derechos humanos, a crímenes de lesa humanidad en casos extremos, o simplemente a la vulneración de derechos básicos como el acceso a la salud, la alimentación o la educación.

Al articular el fundamento racional de los derechos humanos, estos no se conciben como una fuerza ilimitada dentro de la dinámica de la interacción humana en un mundo incierto. En última instancia, la acumulación de poder político —y la capacidad de influir en los Estados— constituye la capacidad de acción humana requerida para resolver crisis y problemas. Esta perspectiva rechaza la conceptualización distante que a veces caracteriza la visión de los políticos respecto a las necesidades en materia de derechos humanos; un liderazgo político racional debe asumir plenamente los riesgos inherentes a la política humana. Esto implica construir vínculos políticos, económicos y sociales profundos con la ciudadanía, y tomar decisiones difíciles; y permaneciendo abiertos tanto a la alegría como al sufrimiento que acompañan a la defensa, la protección y la promoción de los derechos humanos.

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Las políticas de derechos humanos han contribuido a revitalizar el énfasis en la responsabilidad moral y la verdad, y han sentado las bases para una rendición de cuentas racional. La participación político-filosófica de las organizaciones de derechos humanos también ha influido en el desarrollo de la acción narrativa y de la rendición de cuentas racional. El énfasis en la solidaridad como elemento esencial continúa moldeando la noción de necesidad, responsabilidad y desarrollo humano. En conclusión, las deficiencias del liderazgo político —particularmente en sus deberes dentro del ámbito de los derechos humanos— constituyen el problema principal que debe resolverse para alcanzar una solución; esto ofrece una profunda reflexión sobre los límites de la gobernanza humana y la importancia moral de la solidaridad.

La rendición de cuentas en materia de políticas de derechos humanos —situada dentro de la complejidad política de la existencia humana— se erige como uno de los cimientos más sólidos para hacer frente a las diversas crisis sistémicas que surgen en cualquier sociedad. Los derechos humanos nos invitan no a ignorar las vulnerabilidades sociales, sino más bien a cultivar una ética que reconozca nuestra interdependencia, respete la razón como fundamento de las dinámicas sociales y abrace una política sensata como valor esencial —incluso frente a la adversidad—, aunque, cabe señalar, nunca garantizada. Por supuesto, esto debe emprenderse con plena conciencia de las limitaciones inherentes a cualquier sistema moral.

Luego de la construcción de sistemas nacionales sustentables de derechos humanos, el objetivo principal entonces es hacer un llamamiento a la solidaridad internacional —ideológica e integral— para garantizar el apoyo continuo a la defensa, protección y promoción de los Derechos Humanos. Entender la dignidad humana requiere comprender el significado de las desigualdades evidentes entre diferentes países y el valor de reflexionar sobre cómo estas desigualdades crean desigualdad entre los pueblos y entre la gente.

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INTERNACIONAL

EXCLUSIVE: Trump admin fast-tracks asylum cases, bypassing interviews to slash backlog

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

FIRST ON FOX: The Trump administration is changing how some asylum claims move through the immigration system, allowing U.S. Citizenship and Immigration Services (USCIS) to refer certain applications directly to immigration judges without first interviewing applicants in an effort to reduce the nation’s asylum backlog.

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The interim final rule, which takes effect immediately, gives USCIS the authority to send some asylum applications to immigration court without conducting an affirmative asylum interview, eliminating what the administration called an unnecessary step in the adjudication process.

The change applies to affirmative asylum claims, which are filed by immigrants who are not in removal proceedings. Defensive asylum claims, in contrast, are raised before an immigration judge after the government has initiated removal proceedings.

TRUMP PUTS ASYLUM LAWYERS ‘ON NOTICE’ WITH NEW FRONT IN WAR ON FRAUD

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FILE – USCIS generally interviews affirmative asylum applicants before either granting asylum or conducting a separate review, which DHS said allows immigrants to «get a second chance at asylum.»

Currently, USCIS generally interviews affirmative asylum applicants before either granting asylum or referring the case to an immigration judge for a separate review. The Department of Homeland Security (DHS) told Fox News Digital the process can result in some applications being reviewed twice — first by USCIS and then again by an immigration judge — adding to the agency’s growing backlog.

Under the new rule, USCIS can refer certain asylum applications directly to immigration court without first conducting an interview, a change administration officials said will allow both asylum officers and immigration judges to process cases more efficiently while directing resources toward applicants with legitimate claims of persecution.

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The rule is the latest step in the Trump administration’s broader effort to tighten the asylum system and speed up immigration enforcement, with officials arguing the current process has been exploited by immigrants seeking to delay removal proceedings and obtain work authorization.

HOUSE REPUBLICANS MOVE TO MAKE TRUMP’S BORDER POLICIES PERMANENT

People wait inside a USCIS office as the agency changes its asylum adjudication process

FILE – People wait inside a U.S. Citizenship and Immigration Services office. The Trump administration issued a new rule allowing USCIS to refer certain asylum applications directly to immigration judges without first conducting an affirmative asylum interview. (John Moore/Getty Images)

«For far too long, the asylum system has been exploited for purposes of delay and work authorization, not legitimate claims of protection,» USCIS Director Joseph Edlow told Fox News Digital. «America’s asylum system exists to protect individuals who genuinely fear persecution and this rule will help ensure that resources are directed to the timely adjudication of those claims instead of to those seeking to use the system as a loophole.»

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DHS General Counsel James Percival said delays within the asylum system have hindered immigration enforcement.

USCIS Director Joseph Edlow testifies before the Senate Judiciary Committee

FILE – USCIS Director Joseph Edlow said a new rule allowing certain asylum applications to be referred directly to immigration judges without first conducting an affirmative asylum interview will help reduce the asylum backlog. (Graeme Sloan/Bloomberg via Getty Images)

CLICK HERE TO DOWNLOAD THE FOX NEWS APP

«One of the greatest barriers to effective immigration enforcement is intentional delay by illegal aliens and the open borders attorneys who represent them,» Percival told Fox News Digital. «My office works every day with the immigration components of DHS to improve efficiency and fulfill the president’s mandate. The rule would do just that.»

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The rule takes effect immediately, though USCIS said it will continue accepting public comments before issuing a final version, responding to the feedback it receives.

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Mauro Vieira, canciller de Brasil: “Fue una provocación sin precedentes en más de 200 años de relaciones bilaterales”

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ARCHIVO: El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, conversa con el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira en el Palacio de Planalto en Brasilia, Brasil, el 28 de mayo de 2026 (Reuters)

La Cancillería de Brasil escuchará este lunes a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli quien arribó en horas de la mañana a la capital del país luego de ser llamado a consultas por el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, tras la crisis diplomática originada en San Pablo el pasado sábado. Allí, el presidente Javier Milei calificó en duros términos a su par brasileño Lula da Silva durante un acto político del candidato presidencial opositor Flávio Bolsonaro.

En un breve intercambio con Infobae, Vieira criticó las palabras del jefe de Estado argentino y consideró que sus conceptos no sólo ofendieron al Poder Ejecutivo y Judicial, sino a todo “el pueblo brasileño”.

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Vino en un viaje privado a Brasil para participar de uu evento partidista y el contenido de sus declaraciones fue agresivo y caracteriza una intromisión en temas internos y una ofensa no solamente al presidente Lula y al Poder Judicial, sino que también a las instituciones democráticas y al pueblo brasileño”, dijo Vieira a Infobae.

Para el jefe de Itamaraty, lo del presidente Milei fue una provocación sin precedentes en la historia de más de 200 años de relaciones bilaterales, algo totalmente fuera de lugar”. Por último, subrayó: “Pero no nos intimidan los voceros de la extrema derecha, ni los nacionales ni los de afuera. Como dijo el presidente Lula, con mentiras nadie va a ganar a Brasil”.

Pese a que la reunión entre Vieira y Glinternick Bitelli está programada para hoy, no será en las próximas horas que se sabrá qué otras medidas podría tomar la cancillería brasileña respecto a la Argentina. Fuentes de Itamaraty indicaron que se tomarán por lo menos 48 horas antes de decidir nuevos pasos.

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ARCHIVO: El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, ofrece una declaración durante la Reunión Trilateral de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) con Brasil, al margen de la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la ASEAN en la ciudad de Pasay, Filipinas, el 22 de julio de 2026 (Reuters)
ARCHIVO: El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, ofrece una declaración durante la Reunión Trilateral de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) con Brasil, al margen de la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la ASEAN en la ciudad de Pasay, Filipinas, el 22 de julio de 2026 (Reuters)

La brecha de tiempo no es casual. En las primeras horas de este lunes arribó al país el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, quien asumió su cargo en junio de 2025 tras la destitución de Yoon Suk-yeol. “Eso nos tomará todo el día, es muy importante. Y este martes iremos a la asunción de la presidenta Keiko Fujimori en Perú. Hasta el miércoles no habrá novedades”, remarcaron fuentes de la cancillería brasileña.

Este domingo, desde el entorno de Vieira, habían calificado de “irresponsabilidad histórica” a las palabras de Milei de este sábado junto a Flávio Bolsonaro, en un acto al que el presidente argentino se sumó para apoyar al candidato presidencial brasileño, opositor de Lula.

Durante ese mitin político, Milei lanzó duras palabras hacia Lula. El mandatario argentino participó de la Convención Nacional del Partido Liberal (PL) y entre otras palabras calificó a su par brasileño de “ladrón”, “presidiario” y “totalitario”. “Si en Argentina tenemos como factor económico lo que llamábamos el Riesgo Kuka, acá en Brasil hoy tienen el Riesgo Lula”, fue una de las frases del libertario.

Asimismo, el jefe de estado argentino también insultó al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, a quien definió como “basura calva”, luego de que el organismo le prohibiera visitar a Jair Bolsonaro en su domicilio, donde cumple una pena, en su caso, por intento de golpe de Estado.

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Esa referencia judicial de Milei tuvo una respuesta inmediata ese mismo sábado por parte del presidente de ese tribunal, Luiz Edson Fachin: “Al reafirmar la plena autonomía del Poder Judicial brasileño, la Presidencia del STF deplora manifestaciones incompatibles con la civilidad que debe caracterizar las relaciones entre los Estados”.

Las próximas 48 horas serán cruciales para saber si tanto el gobierno de Lula como el de Milei están dispuestos a continuar la escalada diplomática entre los dos socios comerciales más importantes del Mercosur.

X: @TotiPI

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Cuando no cumplir la palabra es la forma más grave de corrupción

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Podríamos proponer que la corrupción es únicamente el soborno, el desvío de recursos o el enriquecimiento ilícito. Lo es, claro que sí; pero esa definición no alcanza para explicar el enorme daño que puede causar un mal gobierno sin brújula moral en Nuevo León. Existe otra forma de corrupción, menos evidente pero igual de costosa: gobernar sin capacidad y sin fraternidad con la comunidad.

Precisamente por eso, el Plan México de la Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, pone tanto énfasis en la planeación, la infraestructura estratégica y la certidumbre y el diálogo para guiar para la inversión: gobernar con honestidad y fraternidad social significa gobernar con método.

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Prometer obras sin planeación. Arrancar proyectos sin estudios suficientes. Comprometer miles de millones de pesos sin tener certeza de cómo se financiarán hasta el final. Anunciar calendarios imposibles. Ignorar a especialistas, universidades, empresarios y comunidades. Despreciar la participación ciudadana. Confundir ocurrencias con políticas públicas. Todo eso también corrompe.

Porque la corrupción claro que se puede definir como el desperdiciar y dilapidar el patrimonio colectivo por negligencia, improvisación o vanidad. La gran economista social Elinor Ostrom demostró que los bienes y el esfuerzo públicos solo funcionan cuando existen reglas claras, confianza y participación de quienes serán afectados por las decisiones. Cuando el poder actúa unilateralmente, destruye precisamente ese capital institucional que hace posible el desarrollo y lo corrompe todo. Un gobierno que en Nuevo León cambia de rumbo, o de modo, cada semana o anuncia proyectos sin bases técnicas termina debilitando las instituciones que debería fortalecer.

No es casualidad que los países con mejores gobiernos sean también aquellos donde la palabra del Estado tiene valor. En el norte de México esa idea, la idea de la palabra del gobernante, tiene todavía un significado más profundo, casi sagrado.

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Aquí la palabra siempre ha sido patrimonio moral. Sí moral. Antes de cualquier contrato estaba el apretón de manos. Antes de cualquier discurso estaba el compromiso entregado frente a frente. La confianza mutua nacida de la seriedad permitió construir empresas, industrias, comunidades agrícolas y cadenas productivas que hicieron de Nuevo León una referencia nacional.

Por eso, en nuestra cultura, no cumplir la palabra, no cumplir, constituye una forma de corrupción, la más grave de todas, la que traiciona nuestra identidad.

Cuando un gobierno promete agua y deja comunidades esperando durante años. Cuando anuncia carreteras sin recursos para concluirlas. Cuando inicia líneas de Metro sin tener resueltos sus aspectos financieros, técnicos o urbanos. Cuando las prioridades reales, tales como hospitales, movilidad, agua, seguridad o mantenimiento básico del drenaje, quedan subordinadas al impacto mediático del gasto en redes sociales, se corrompe el tejido de la comunidad.

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En Nuevo León no estamos únicamente frente a graves errores administrativos y una opacidad rampante, más grave aún, estamos frente a una ruptura del pacto de confianza entre gobernantes y ciudadanos. Presenciamos la erosión del Pacto Social.

Como advirtió Max Weber, la ética de la responsabilidad exige que quien gobierna responda no solamente por sus intenciones, sino por las consecuencias previsibles de sus decisiones. Gobernar no consiste en anunciar; consiste en hacerse responsable de aquello que se promete.

Por eso Nuevo León necesita recuperar algo más profundo que la eficiencia administrativa. Necesita que su gobierno estatal recupere el carácter original de nuestros valores. Necesita volver a ser un estado donde la palabra empeñada pese, donde las obras empiecen porque pueden terminarse, donde cada peso público responda a prioridades sociales claramente definidas y donde las decisiones importantes nazcan del diálogo con la sociedad y no de la improvisación.

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Ese es, precisamente, el Modo Transformación que urge. La transformación como una nueva cultura de gobierno: planear antes de anunciar; escuchar antes de decidir; construir acuerdos antes que espectáculos; terminar las obras; gobernar con humildad y con capacidad.

Frente al Modo Samuel, que convirtió la política en distracción permanente, improvisación y culto a la imagen, el Modo Transformación propone regresar a los principios que hicieron grande a Nuevo León, y no me cansaré de señalarlos: trabajo serio, instituciones fuertes, respeto por la inteligencia de la sociedad y, sobre todo, una convicción sencilla, pero irrenunciable, en el Norte, la palabra vale. Y cuando un gobierno pierde el valor de su palabra, comienza también a perder todo rastro de honestidad y legitimidad.

*El autor es Alcalde, con licencia, del Municipio de General Escobedo y aspirante a Coordinador de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nuevo León, México.

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