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Ética en el liderazgo internacional para la defensa de los Derechos Humanos

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Familiares de presos políticos han debido apostarse frente a pos centros como El Helicoide, Rodeo I, Fuerte Guaicaipuro y otros reclamando libertad para sus seres queridos

No se puede permitir que las violaciones de derechos humanos ocurran y es inadmisible que, a la hora de la verdad, de cuando son necesarias las soluciones, determinados liderazgos estén del lado de los violadores de Derechos Humanos. No puede ser que a la hora de la verdad se sea funcional a regímenes tiránicos que cometen crímenes de lesa humanidad. Eso significa estar del lado equivocado de la ética, significa ser complaciente con esos crímenes y significa ser afín a los criminales, no importa cuán modesta sea la contribución, si es simplemente ayudarlos a ganar tiempo en una negociación o si es directamente contribuir en la impunidad.

Un análisis del pensamiento y la acción ética en la política exterior debe ofrecer una respuesta convincente a los juicios de valor inherentes a la labor de la política pública, específicamente en lo que respecta a su eficacia para salvaguardar los derechos humanos de las personas. En el escenario internacional, una nación no hace más que reflejar su propia naturaleza, sus logros y sus desafíos. La acción internacional es un concepto esencial; sin ella, resulta imposible garantizar la observancia global de los derechos humanos.

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Sin embargo, esta visión es objeto de controversias; con frecuencia se argumenta equivocadamente que la acción internacional adolece de una deficiencia significativa y que, en última instancia, vulnera los derechos de los pueblos (autodeterminación). En resumen, se la confunde erróneamente con una injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano. Aceptar esta perspectiva implicaría la necesidad de una contemplación perpetua, la negociación concebida como el único medio para determinar la legitimidad de las acciones en el ámbito de las relaciones internacionales, incluso cuando las agendas internacionales resultan abrumadoras o perjudiciales para los derechos humanos y los derechos legítimos de los pueblos. Incluso cuando la autodeterminación soberana de un pueblo ha sido arrasada por un régimen dictatorial.

Uno de los impedimentos estructurales más comunes que enfrentamos es, precisamente, la ausencia de posicionamientos políticos que se traduzcan en acciones concretas para la protección de los derechos; por el contrario, la acción internacional se ha convertido, en la práctica, casi en una sustancia prohibida. La debilidad de la acción internacional solo beneficia a quienes perpetran violaciones de los derechos humanos. La brecha resultante pone de manifiesto, de manera cruda, la tensión internacional que genera la solidaridad humana y las acciones pragmáticas capaces de generar resultados concretos. La tensión se produce respecto a las prácticas políticas que permanecen, en gran medida, ancladas en los paradigmas del siglo XX y de la Guerra Fría, con un enfoque particular de dinámicas neutralizadoras que subyacen en la inacción en la gestión de agendas, a la falta de rendición de cuentas respecto a que bajo ese paraguas ocurran asesinatos y torturas así como a obviar la falta de legitimidad de los dictadores. De este modo, los derechos humanos son percibidos como meras contingencias aleatorias, incluso a veces como algo molesto en la actuación internacional. La «dicha de no hacer nada» se erige, así, como el paradigma imperante. Al mismo tiempo, el imperativo de la responsabilidad asumida se debe enfrentar a estas restricciones, una lógica que socava la «buena gobernanza». Esta visión es funcional al torturador y no al torturado, y desafía la noción misma de que el imperativo moral de defender los derechos humanos sea, en sí mismo, suficiente para conferir legitimidad a las acciones internacionales, la protección del bien fundamental que debería priorizarse en la agenda internacional. Por otra parte, esto demuestra también que incluso los Estados son vulnerables a fuerzas ajenas a su control al asumir responsabilidades de defensa internacional de los Derechos Humanos con acciones concretas.

Se llega al colmo de trasladar la culpa a quien defiende bienes protegidos por el Derecho Internacional, cuando la responsabilidad debería ser a la inversa, debería recaer en aquel que permite la violación de esos bienes protegidos por el Derecho Internacional.

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El núcleo del poder colectivo para proteger los derechos humanos reside en la relación entre la acción y la solidaridad; esta cuestión central da origen a una dinámica que ha inquietado durante mucho tiempo a los actores internacionales que prefieren la inacción. La capacidad de los Estados para hacer frente a la adversidad de intereses generada frente a las acciones dirigidas a proteger los derechos humanos puede, en última instancia, destruir o paralizar iniciativas políticas bienintencionadas.

Las organizaciones internacionales del siglo XX no se preocuparon especialmente por este asunto; la burocracia internacional optó sistemáticamente por el camino de menor resistencia, un camino que permitió a los violadores de derechos humanos y a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad actuar con impunidad, incluso ocupando a veces una mayoría de asientos en el Consejo de Derechos Humanos. A pesar de contar con normas morales en sus mandatos, estas rara vez se respetaron, lo que provocó un inmenso sufrimiento a causa de acontecimientos que podrían haberse evitado. Como hemos señalado en otras ocasiones, el genocidio de Ruanda constituye un ejemplo paradigmático de este fracaso, aunque es solo un caso entre muchos. Por el contrario, si los responsables políticos concibieran a las naciones como capaces de una verdadera benevolencia —percibiendo que no solo pueden resistir las adversidades inherentes a tales conflictos, sino que, de hecho, deberían asumir esos mismos desafíos por su propio interés—, podrían fomentar dinámicas positivas para la protección de los derechos humanos.

La lógica de derechos humanos puede de hecho argumentar que la justificación principista de la inacción subestima la fragilidad de la naturaleza humana y el sufrimiento real que implican las violaciones de derechos humanos. A diferencia del optimismo estricto que defienden ciertas tradiciones no intervencionistas o apaciguadoras, la conciencia de la debilidad inherente a la protección de los derechos humanos fomenta una perspectiva más realista y humana: reconoce la complejidad e incertidumbre de la política internacional, así como el papel fundamental que desempeña la comprensión de las diversas realidades sociales de las distintas naciones, específicamente, cómo se estructuran las relaciones humanas y la naturaleza contingente de la experiencia de la responsabilidad en la protección de los derechos de las personas. Limitaciones del conocimiento, el trabajo y la gobernanza: Sobre esta base, se reconocen las limitaciones inherentes del conocimiento, la investigación y la justicia, particularmente en lo que respecta a las situaciones nacionales de derechos humanos, así como el papel significativo que desempeñan estas limitaciones en este contexto.

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La racionalidad revela cómo ciertas prácticas costumbristas o ciertas afinidades ideológicas pueden neutralizar la solidaridad esencial para la acción política frente a lo que debería ser el objetivo común de proteger los derechos humanos. En estas narrativas, vemos personas que sufren violaciones recurrentes de derechos humanos, no por falta de responsabilidad de las naciones capaces de hacer cumplir dichas protecciones, sino por fuerzas que generan dinámicas negativas. Por ejemplo, un individuo puede enfrentarse a un dilema moral que contrapone la ley nacional a la responsabilidad social o religiosa; otros problemas pueden surgir no por fallas morales, sino por una lealtad inquebrantable a un líder autoritario, por ejemplo. Teóricamente, se puede argumentar que este escenario simboliza el frecuente conflicto entre dimensiones morales opuestas en la política humana —ninguna de las cuales puede abandonarse por completo—, pero debemos decir que, en general, solemos tener claro qué está bien y qué está mal. Además, la justicia en materia de derechos humanos ha abordado y resuelto en muchos casos de este tipo.

El uso de la fuerza para resolver problemas relacionados con violaciones de derechos humanos parece empoderar, en particular, a quienes previamente han sido permisivos —o incluso cómplices— de tales violaciones o crímenes de lesa humanidad, permitiéndoles pasar a la ofensiva. Este desafío pone en tela de juicio el estricto marco teórico sobre la responsabilidad internacional en la protección de los derechos humanos. Parecen sostener como el hecho esencial de que los derechos humanos no son dioses de la política internacional y que la política, aun la más sólida, puede ser frágil, a menudo susceptible a objetivos y factores incontrolables.

El liderazgo populista regional enfatiza la supremacía del poder “soberano” sobre las relaciones internacionales que pueden encaminar la protección de los derechos humanos o que pueden encaminar la acción sobre la retórica; al hacerlo, a menudo genera un discurso que proyecta falta de solidaridad y rendición de cuentas.

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En la región, se ha fallado respecto a crear sociedades autodisciplinadas con inteligencia colectiva que puedan prosperar al tiempo que fomenten dinámicas autosostenibles para la protección y promoción de los derechos humanos, dinámicas que permanecen inalteradas por las cambiantes circunstancias políticas. La capacidad de los derechos humanos para estructurar las dinámicas sociales depende de la creación de un entorno crítico que reconozca tanto la interconexión social como la naturaleza única de los problemas humanos.

Por ejemplo, es sumamente difícil para los seguidores de los líderes populistas formular políticas efectivas de derechos humanos; es como si se les prohibiera establecer vínculos estrechos con las instituciones estatales —vínculos necesarios para brindar las soluciones basadas en derechos que se requieren— y se enfrentan a la constante tentación de tomar atajos que, en última instancia, socavan la eficiencia esencial para salvaguardar esos derechos. El liderazgo puede permitir que las instituciones funcionen con eficacia —optimizando así sus resultados—, o bien provocar que fallen, o incluso prescindir de ellas por completo. Resulta evidente que un liderazgo populista, caracterizado por el desdén hacia las instituciones, no logrará obtener resultados positivos en el ámbito de los derechos humanos.

Es clara la argumentación que —más allá del ámbito puramente jurídico— los vínculos con el Estado y con soluciones concretas y orientadas a la acción resultan indispensables para una actividad política eficaz; de hecho, son necesarios, aun cuando tales vínculos conlleven costos políticos. Cuando la defensa de los derechos humanos se limita a la mera emisión de declaraciones, puede compararse con una píldora diaria para mejorar el estado de ánimo, una que tal vez levante el espíritu; pero al mismo tiempo, el organismo continúa padeciendo una infección bacteriana generalizada. El cuerpo solo experimentará un cambio genuino si se administra un antibiótico que ataque directamente a las bacterias; uno que erradique realmente la infección. En lo que respecta a la rendición de cuentas por los resultados de nuestras acciones en el ámbito de los derechos humanos, este constituye siempre un elemento indispensable para la reconstrucción de la solidaridad. Las palabras pueden sostener el espíritu, pero no resuelven los problemas; los problemas se resuelven mediante la acción.

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Y la acción reconoce que una política sólida es susceptible a la influencia del liderazgo; y es precisamente el liderazgo —específicamente en lo que atañe a la rendición de cuentas— el que posee la capacidad de concebir la política y sostenerla como una forma de acción moral. Sin embargo, esto depende también de factores tales como la empatía, el poder, la riqueza, entre otros. Una nación en guerra, o una que atraviesa una grave crisis económica o financiera, podría verse imposibilitada para gestionar eficazmente los derechos humanos, aun cuando cuente con una estructura social regida por estándares éticos; es precisamente por ello que un liderazgo político eficaz, sumado a instituciones sólidas y comprometidas, aporta previsibilidad a la gestión de los derechos humanos. Este aspecto resulta fundamental para el avance de los derechos humanos, los cuales se erigen sobre los cimientos proporcionados por las estructuras políticas, sociales y económicas dentro de las cuales deben operar.

Esta dinámica de los derechos humanos se integra en el estudio del poder, las relaciones internacionales y los enfoques éticos específicos que sustentan su funcionamiento. La conceptualización política de la defensa de los derechos humanos presupone un juicio ideológico y situacional y, asimismo, exige responsabilidad emocional; todo ello enmarcado en una adhesión comprometida a las normas universales. En este contexto, destaca la tensión inherente al acto de asumir responsabilidades, una tarea emprendida en defensa de estos derechos. Este empeño busca establecer normas claras, al tiempo que reconoce la necesidad de un liderazgo impulsado por una emotividad positiva, capaz de llevar adelante las políticas de derechos humanos con un compromiso inquebrantable.

Estas condiciones reflejan la dualidad central que puede existir en el ámbito de los derechos humanos: la relación entre los estándares normativos y la realidad de la interdependencia humana de carácter emocional. Dicha realidad conlleva el reconocimiento de atributos específicos, tales como la responsabilidad individual y la naturaleza fundamental de la condición humana. Uno de los cimientos más perdurables de los derechos humanos reside en la introducción de los conceptos de límites y responsabilidad; de hecho, los límites —como aquellos establecidos por la adhesión al Estado de derecho— garantizan el ejercicio más pleno posible de la libertad individual.

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Los derechos humanos demuestran que las consecuencias de las acciones políticas a menudo están moldeadas por factores que trascienden las circunstancias inmediatas, tales como nuestra sociedad de origen (incluyendo su estratificación y las oportunidades de movilidad social), el contexto histórico (ya sea democrático o autoritario), el nivel educativo alcanzado o la capacidad de generación de riqueza. El marco de los derechos humanos no puede avanzar ignorando estas condiciones; por el contrario, debe transformarlas en el fundamento mismo para desarrollar una acción política capaz de integrar el principio de la solidaridad humana. La razón resulta fundamental para establecer un marco de realismo moral: uno que afirme la naturaleza intrínsecamente evolutiva de las relaciones humanas, sustentada en la expansión de los derechos a un número cada vez mayor de personas, al tiempo que reconoce que el sufrimiento, las crisis económicas y los errores políticos son componentes inherentes de la experiencia humana, en perpetua evolución. Esto respalda el argumento de que la razón es el factor más relevante en el discurso moral contemporáneo. Dicho discurso debe esforzarse por maximizar tanto la libertad social como la individual, acompañada de las correspondientes responsabilidades individuales y sociales, sin pasar por alto las limitaciones sistémicas o situacionales. La razón y la narrativa política no siempre coinciden; en consecuencia, otro aspecto crucial de los derechos humanos reside en afirmar la primacía de la razón sobre la mera construcción narrativa. El error fundamental de los regímenes que fabrican incesantemente narrativas de una «perfección inmaculada» es que, en un momento crítico determinado, la crisis resultante se vuelve inevitablemente —como ocurre actualmente en Venezuela— absolutamente insostenible.

Uno de los problemas principales en las relaciones internacionales es la propensión para alimentar ciertas narrativas, ya sea como una dinámica de apoyo, por interés propio o debido a una afinidad ideológica. En consecuencia, estos actores internacionales se convierten en una parte sustancial del problema: contribuyendo a las violaciones de los derechos humanos, a crímenes de lesa humanidad en casos extremos, o simplemente a la vulneración de derechos básicos como el acceso a la salud, la alimentación o la educación.

Al articular el fundamento racional de los derechos humanos, estos no se conciben como una fuerza ilimitada dentro de la dinámica de la interacción humana en un mundo incierto. En última instancia, la acumulación de poder político —y la capacidad de influir en los Estados— constituye la capacidad de acción humana requerida para resolver crisis y problemas. Esta perspectiva rechaza la conceptualización distante que a veces caracteriza la visión de los políticos respecto a las necesidades en materia de derechos humanos; un liderazgo político racional debe asumir plenamente los riesgos inherentes a la política humana. Esto implica construir vínculos políticos, económicos y sociales profundos con la ciudadanía, y tomar decisiones difíciles; y permaneciendo abiertos tanto a la alegría como al sufrimiento que acompañan a la defensa, la protección y la promoción de los derechos humanos.

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Las políticas de derechos humanos han contribuido a revitalizar el énfasis en la responsabilidad moral y la verdad, y han sentado las bases para una rendición de cuentas racional. La participación político-filosófica de las organizaciones de derechos humanos también ha influido en el desarrollo de la acción narrativa y de la rendición de cuentas racional. El énfasis en la solidaridad como elemento esencial continúa moldeando la noción de necesidad, responsabilidad y desarrollo humano. En conclusión, las deficiencias del liderazgo político —particularmente en sus deberes dentro del ámbito de los derechos humanos— constituyen el problema principal que debe resolverse para alcanzar una solución; esto ofrece una profunda reflexión sobre los límites de la gobernanza humana y la importancia moral de la solidaridad.

La rendición de cuentas en materia de políticas de derechos humanos —situada dentro de la complejidad política de la existencia humana— se erige como uno de los cimientos más sólidos para hacer frente a las diversas crisis sistémicas que surgen en cualquier sociedad. Los derechos humanos nos invitan no a ignorar las vulnerabilidades sociales, sino más bien a cultivar una ética que reconozca nuestra interdependencia, respete la razón como fundamento de las dinámicas sociales y abrace una política sensata como valor esencial —incluso frente a la adversidad—, aunque, cabe señalar, nunca garantizada. Por supuesto, esto debe emprenderse con plena conciencia de las limitaciones inherentes a cualquier sistema moral.

Luego de la construcción de sistemas nacionales sustentables de derechos humanos, el objetivo principal entonces es hacer un llamamiento a la solidaridad internacional —ideológica e integral— para garantizar el apoyo continuo a la defensa, protección y promoción de los Derechos Humanos. Entender la dignidad humana requiere comprender el significado de las desigualdades evidentes entre diferentes países y el valor de reflexionar sobre cómo estas desigualdades crean desigualdad entre los pueblos y entre la gente.

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Balotaje en Perú: quién es Roberto Sánchez, el candidato presidencial que quiere devolverle el poder a la izquierda

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Cinco años después y con cuatro presidentes en el medio, Perú volverá a elegir a un nuevo jefe de Estado entre la derecha fujimorista y un candidato de izquierda que hizo campaña con el mismo “sombrero chotano” tradicional que solía utilizar su mentor y derrocado mandatario Pedro Castillo, condenado a 11 años, 5 meses y 15 días de cárcel por conspiración.

En el balotaje previsto para el 7 de junio se enfrentarán Keiko Fujimori, candidata de la conservadora Fuerza Popular e hija del fallecido dictador Alberto Fujimori, y el postulante del izquierdista Juntos por el Perú, Roberto Sánchez Palomino, tras un extenuante conteo de votos que se resolvió esta semana a más de un mes de la primera vuelta celebrada el 12 de abril.

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Parece un “deja vu” del balotaje de 2021. En junio de ese año, el maestro de escuela Castillo, de izquierda radical, derrotó a Fujimori por un margen estrecho de menos de medio punto. Pero un año después, fue depuesto tras intentar disolver el Congreso y terminó en prisión. Desde entonces, el país tuvo cuatro presidentes en ejercicio: el propio Castillo, Dina Boluarte, José Jeri y el actual José María Balcázar.

Es un país acostumbrado a cambiar de presidente de manera constante a través de discutidos procesos de “vacancia” impulsados por el Congreso. De hecho, el 28 de julio asumirá el noveno mandatario en la última década, en medio de una convulsionada crisis institucional sustentada en la extrema debilidad de los partidos políticos y su incapacidad de sellar alianzas legislativas duraderas.

Ahora, la derecha y la izquierda volverán a enfrentarse por el poder, al igual que en 2021. Solo habrá un pequeño cambio. Ya no estará Castillo. En su lugar irá su heredero, Roberto Sánchez Palomino. El panorama es aún incierto.

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El resultado del balotaje es abierto”, dijo a TN el analista político peruano Fernando Tuesta.

¿Quién es Roberto Sánchez Palomino?

Sánchez entró en el balotaje por un puñado de miles de votos. Según los datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), obtuvo el 12% de los sufragios frente al 11,9% del ultraderechista Rafael López Aliaga. Su ventaja fue de apenas 18.799 votos.

Esa escasa diferencia derivó en airados reclamos de fraude lanzados por el exalcalde de Lima que quedó tercero dentro de un interminable listado de más de 30 candidatos, muchos de ellos desconocidos. Primera, con poco más del 17%, quedó Fujimori, que buscará la presidencia por cuarta vez.

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La proclamación oficial de los resultados se conocerá este domingo.

Roberto Sánchez (izquierda) y su mentor y expresidente Pedro Castillo. (Foto: Reuters y AFP)

Sánchez Palomino, de 57 años, es un sobreviviente del naufragio político que significó el gobierno de Pedro Castillo, del que fue su ministro de Turismo y Comercio Exterior. Su currículum político es amplio: fue gerente de Desarrollo Social en la Municipalidad Provincial de Huaral y gerente de Capital Humano en la Municipalidad Distrital de San Borja. Además, desde 2021, es congresista.

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Nació en la localidad agrícola de Huaral, a unos 80 km de Lima. Es psicólogo y un activo militante de izquierda.

Leé también: “Ni guerra ni paz”: Irán y Estados Unidos llevan el conflicto a un peligroso estancamiento

Mientras la mayoría de los dirigentes del depuesto gobierno de Castillo quedaron relegados en el mundo político peruano, Sánchez Palomino logró salir del ostracismo y se coló en el balotaje aprovechando el aún activo remanente de popularidad con que cuenta el expresidente en sectores populares, en especial en su bastión campesino del sur del país.

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Su estrategia fue simple: mostrarse como el nuevo Castillo. Su marca electoral fue el típico “sombrero chotano” que usaba el exmandatario en campaña. Se trata de un tradicional sombrero de paja originario de la provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca, norte del país. Es un símbolo de la identidad y la cultura campesina en los Andes peruanos.

El "sombrero chotano" de Roberto Sánchez Palomino (Foto: REUTERS/Angela Ponce)

El «sombrero chotano» de Roberto Sánchez Palomino (Foto: REUTERS/Angela Ponce)

Esa imagen le permitió posicionarse entre el campesinado más postergado que respaldó a Castillo en las elecciones de 2021 y que salió a las calles para defender al expresidente tras su derrocamiento durante violentas protestas reprimidas por la policía que causaron decenas de muertos.

Sánchez Palomino fue uno de los pocos miembros del gabinete de Castillo que no fue enjuiciado por el intento fallido del entonces presidente de disolver el Parlamento para evitar que se votara un proceso de “vacancia” por incapacidad moral. Renunció poco antes de la destitución.

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Ahora, promete que indultará a su antiguo jefe si gana el balotaje y asume la presidencia. Incluso, tiene el apoyo explicito de su mentor desde la cárcel.

Pero enfrenta dos problemas serios. El primero es judicial. La fiscalía de Perú pidió más de cinco años de prisión en su contra por “declarar información falsa” ante el organismo electoral sobre aportes a su campaña entre 2018 y 2020.

Se lo acusa de ocultar más de 57.000 dólares en aportes de integrantes de Juntos por el Perú para actividades partidarias.

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Leé también: De “hagan lío” a un liderazgo más tradicional: en qué cambió el Vaticano a un año de la muerte de Francisco

“Durante años han intentado instalar una mentira para desacreditarme políticamente. La justicia ya archivó las acusaciones sobre un supuesto uso personal de recursos económicos del partido, porque jamás existió fraude ni apropiación indebida”, dijo Sánchez en sus redes sociales.

El segundo problema es político. Si asume la presidencia afrontará un Congreso desfavorable.

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Fuerza Popular de Fujimori tendrá la primera minoría en ambas cámaras: 22 bancas de 60 en el Senado y 39 de 130 en Diputados.

Su partido Juntos por el Perú será la segunda fuerza con 14 escaños en el Senado y 31 en Diputados.

Pero la derecha tradicional tendrá más margen de maniobra para pactar alianzas de gobierno con agrupaciones afines como la ultraderechista Renovación Popular de López Aliaga o el centrista Partido del Buen Gobierno

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En ese marco de arenas movedizas, a la izquierda no le sería fácil lograr gobernabilidad y evitar su descalabro en pocos meses ante un Congreso dominado por pocas manos e inclinado más hacia la derecha.

Perú, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

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After Indiana purge, Trump sets sights on Louisiana’s Bill Cassidy

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

BATON ROUGE, La. — After taking out five Indiana state senators who opposed his push for congressional redistricting, President Donald Trump’s next target is Republican Sen. Bill Cassidy of Louisiana.

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Cassidy, who voted five and a half years ago to convict Trump in his impeachment trial, is fighting for his political life in a competitive race against two major challengers, including one backed by the president, in Saturday’s GOP Senate primary in the solidly red southern state.

The president on Saturday morning took aim at Cassidy, arguing the senator is «a disloyal disaster» and «a sleazebag, a terrible guy, who is BAD FOR LOUISIANA.»

Trump and his allies, including Republican Gov. Jeff Landry of Louisiana, are backing GOP Rep. Julia Letlow in the Senate primary. Also in the race is former Rep. John Fleming, who is the state treasurer. If no candidate cracks 50% of the primary vote, the top two finishers will face off for the nomination in a June 27 runoff election.

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The primary is the latest test of Trump’s endorsements in GOP nomination races and of the president’s immense grip over the Republican Party.

DEMOCRACY ’26: STAY UP TO DATE WITH THE FOX NEWS ELECTION HUB

Republican Sen. Bill Cassidy of Louisiana fist bumps a supporter during a campaign stop at a gun retailer and firing range in Baton Rouge, Louisiana, on Friday, May 15, 2026, on the eve of the state’s Senate primary. (Paul Steinhauser/Fox News )

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After cruising to re-election six years ago, Cassidy was one of only seven Senate Republicans who voted in early 2021 to convict Trump after he was impeached by the House for his role in the violent Jan. 6 attack on the U.S. Capitol by supporters who aimed to upend congressional certification of former President Joe Biden’s 2020 election victory. Trump was acquitted by the Senate.

But since the start of Trump’s second term, Cassidy has been supportive of the president’s agenda and his nominees, including voting to approve Health Secretary Robert F. Kennedy Jr.

But Kennedy and his Make America Healthy Again movement are out for revenge.

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That’s because Cassidy, a doctor, has been a skeptic of Kennedy’s push to reform the nation’s health policies, including Kennedy’s efforts to cut back on vaccine recommendations.

And Kennedy allies blamed Cassidy, chair of the Senate Health, Education, Labor, and Pensions Committee, for helping sink the surgeon general nomination of Casey Means, a close Kennedy ally and top MAHA advocate, after Cassidy did not bring it to a committee vote.

Meanwhile, Trump has blasted the senator as a «very disloyal person.»

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And on the eve of the primary, the president took to social media to praise Letlow as a «Highly Respected America First Congresswoman.»

Making Cassidy’s climb to renomination even tougher, Louisiana will now run separate party primaries in the Senate race, which replaces a system where all candidates appeared in one single jungle primary. That guarantees a more conservative and pro-Trump electorate for the GOP nomination.

Cassidy is highlighting his record over two terms in the Senate in delivering for Louisiana, which is one of the nation’s poorest states. And he’s showcased his support for Louisiana’s large oil and gas industry, which accounts for roughly 15% of the state’s workforce.

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«When people ask things such as, can you work with President Trump, I point out that he has signed into law four bills that I wrote or negotiated,» the senator said in a primary eve interview with Fox News Digital. «We continue to work together, by the way.»

And Cassidy touted that he’s «a conservative senator who delivers.»

In trying to avert becoming the first elected Republican senator in nearly a decade and a half to be ousted in a primary, Cassidy and an allied super PAC have dished out more than $20 million on ads, according to AdImpact, a national ad tracking firm. That total is more than Letlow and Fleming, combined, have spent.

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Some of those ads have knocked Letlow over her past support for diversity, equity and inclusion (DEI) programs during her tenure at the University of Louisiana at Monroe.

Cassidy argued that Republican voters are «concerned about her shifting position on DEI. She was all in for DEI.»

LETLOW EXPLAINS HER PAST SUPPORT FOR DIVERSITY PROGRAMS

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President Donald Trump standing with Rep. Julia Letlow in the White House Grand Foyer

President Donald Trump stands with Rep. Julia Letlow during the Congressional Ball at the White House Grand Foyer in Washington, D.C., on Dec. 11, 2025. (Alex Wong/Getty Images)

Defending her record, Letlow explained in a Fox News Digital interview on Friday that «back in 2020 whenever DEI was introduced to us, we had no idea what it was back then, and I quickly witnessed it. I was in higher education at the time. I quickly witnessed the left completely hijack it, turn it into this Marxist leftist indoctrination of our children. And so, when I got to Congress for the last five years, I’ve been fighting against it.

And she charged that the criticism of her from Cassidy and Fleming over DEI is «all baseless attacks, desperate attacks.»

Letlow won her congressional seat in 2021, after her husband, Luke Letlow, died six days after being sworn into the U.S. House after his 2020 election victory for the seat she now holds.

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She was backed by Trump even before she entered the race.

«Not only did he encourage me to get into this race, but also to have his complete and total endorsement has been, wow, the honor of a lifetime,» Letlow said.

Letlow has taken aim at Cassidy for his bipartisan efforts in the Senate, including his vote for the 2021 bipartisan infrastructure law that was a signature domestic achievement for then-President Joe Biden.

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Asked about her criticism, Cassidy said the «people want someone who can deliver for Louisiana. The Infrastructure Investment Jobs Act has brought $13.5 billion to Louisiana for roads and bridges and high-speed internet, and along the way creating a lot of good paying jobs. My opponent opposed that bill.»

Fleming, who served as a White House deputy chief of staff during Trump’s first term, has argued that he’s the most conservative candidate in the GOP Senate primary.

‘They see me clearly MAGA,» Fleming told Fox News Digital, as he referred to Louisiana Republicans.  «I served in his entire first administration at various capacities. I was one of the first congressmen that endorsed him in 2016.»

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Fleming claimed that Letlow is «not the prototype for a Trump endorsement. She’s much more like a Democrat.»

And Fleming, apparently, has become a threat to Letlow, as a super PAC supporting the congresswoman started to run ads attacking him.

But Trump’s endorsement in the nomination race weighs heavily in a state he carried by 22 points in his 2024 election victory.

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«It’s the most powerful endorsement in the world,» Letlow said, adding that Louisiana Republicans «are huge fans of the president.» 

And the Louisiana primary comes a week and a half after Indiana’s primary, where Trump-backed challengers ousted five state senators who had defied the president over his redistricting push.

The political world was closely watching Indiana’s primary because it was the first of a series of major tests this month of Trump’s endorsement power in GOP nomination showdowns, and the president cleared his first hurdle with ease.

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Voters in Louisiana will also cast ballots in primary contests for State Supreme Court, Public Service Commission and state school board, along with five proposed state constitutional amendments.

But the primaries for the U.S. House seats were postponed by Landry after the U.S. Supreme Court struck down the state’s current congressional district map.

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Republican state senators in Louisiana on Thursday advanced a plan to eliminate one of the state’s two majority-Black congressional seats ahead of the midterms. Louisiana’s state House will likely vote on the map next week. The U.S. House primaries are being postponed until November.

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Drago, el perro policía uruguayo que encontró 118 kilos de droga y se volvió clave en la lucha contra el narcotráfico

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Un chofer alcoholizado chocó una camioneta, que casi atropella a personas que dormían a la intemperie en Uruguay (Ministerio del Interior)

Drago, un pastor belga malinois, tiene apenas cuatro años y es integrante de la cuarta generación de perros detectores de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas en Uruguay. Su imagen fue difundida recientemente por el Ministerio del Interior del país, luego de que fuera clave para localizar un cargamento de unos 180 kilos de pasta base, que estaban ocultos en una camioneta que se dirigía a Paraguay.

Con 45 días de nacido, Drago comenzó a ser adiestrado y cumplió su fase preoperativa antes de cumplir el año y medio, de acuerdo a la información difundida por el Ministerio del Interior. El perro está adiestrado para la búsqueda de distintos tipos de sustancias.

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El proceso de formación tuvo en su etapa inicial una “habituación”, que la que se lo expone a diferentes escenarios operativos, como controles de rutas, requisas en cárceles, allanamientos, inspecciones en terminales de pasajeros, aeropuertos y búsqueda de encomiendas.

Drago, un perro uruguayo clave para detectar pasta base (Ministerio del Interior)

¿Qué característica tienen que tener estos animales para ser parte? La principal es tener una “obsesión por el juego y el juguete”, explicó uno de los investigadores de la Policía uruguaya, que no fue identificado en la publicación para preservar su identidad. Además, debe tener un “temperamento adecuado, intensidad para búsqueda y resistencia física”, entre otras cualidades.

Drago tiene un entrenamiento continuo. Para enseñarle a detectar drogas, se utilizaron “pseudo sustancias sintéticas”, que simulan el olor a la original. Tienen el olor de sustancias como la marihuana, cocaína, pasta base y éxtasis.

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Este aprendizaje fue el que le permitió al perro dar con esta cantidad de kilos de pasta base, que lo llevaron a ser un perro reconocido hasta en la televisión uruguaya.

Drago, un perro clave para detectar droga en Uruguay (Ministerio del Interior)
Drago, un perro clave para detectar droga en Uruguay (Ministerio del Interior)

El procedimiento se realizó en la ruta 1 y Camino General Escuela Basilio Múñoz, en la periferia de Montevideo. Durante una inspección a los vehículos, policías detectaron una anomalía en el piso de una camioneta y solicitaron que Drago interviniera.

Fue en ese momento que el perro detectó el olor característico de la droga y efectuó una “indicación pasiva”, según informó el Ministerio del Interior. ¿Qué fue lo que hizo? Se sentó en el lugar exacto donde se encontraba oculto el cargamento. El foco del olor estaba debajo del asiento del conductor.

Luego, los efectivos incautaron 111 ladrillos de pasta base de cocaína. Equivalen a 790.000 dosis, valuadas en aproximadamente un millón de dólares en el mercado local.

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Drago, el perro policía que fue clave en la importante incautación de droga
Drago, el perro policía que fue clave en la importante incautación de droga

“Drago, ha tenido múltiples actuaciones positivas e incautaciones en lo que va de su servicio destacando su valentía y profesionalismo, convirtiéndose en una pieza clave en la lucha contra el narcotráfico”, destacó el Ministerio del Interior.

El encargado del K9 de narcóticos dio una entrevista a Puesta a Punto, de Canal 12, aunque de espaldas para no revelar la identidad, y contó que hay un “mito social” referido a que los perros son drogados cuando se los entrena.

“Eso no es así. Ellos se entrenan desde los 45 días de nacido, por aproximadamente un año, un año y medio, diariamente, y se asocia el olor de la sustancia a un juguete. O sea, cuando realiza la búsqueda lo que él recibe a cambio es el juguete. En realidad, él busca el juguete”. Contó.

Drago, un perro adiestrado que fue clave para detectar pasta base (Ministerio del Interior)
Drago, un perro adiestrado que fue clave para detectar pasta base (Ministerio del Interior)

Una de las características de esta raza es que los perros tienen una “obsesión por el juego”.

La mamá de Drago también fue integrante del plantel. El perro conformó una camada de 10 cachorros y él fue seleccionado. Ac

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El perro vive en una residencia policial en el barrio Prado de Montevideo, junto a otros hermanos. Los guías los entrenan y los alimentan, y tienen servicio veterinario durante 24 horas. Duermen en caniles acondicionados.



corresponsal: Desde Montevideo

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