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Jhon Lucumí, la bestia que el Barça tiene en la recámara: ¿el paso definitivo a la élite?

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El Barça ya mueve ficha en los despachos con un objetivo claro: reforzar su defensa de cara a la próxima temporada. Parece que la dirección deportiva y Hansi Flick ya han decidido ir a por el pilar de la zaga del Inter de Milán, Alessandro Bastoni, por quien ya han puesto una oferta sobre la mesa cercana a los 45 millones de euros, seguramente insuficientes para Giuseppe Marotta, quien no dejará salir al italiano con facilidad.

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Henry se rinde a Guardiola: “Cambió por completo mi manera de entender el fútbol”

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Thierry Henry volvió a mostrar su admiración por Pep Guardiola con unas declaraciones en las que explicó el profundo impacto que tuvo el técnico catalán en su carrera y en su visión del juego.

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El Masters de Roma, entre el mármol y la modernidad: la historia de un torneo con una identidad única

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Una postal del Masters de Roma este miércoles, durante el cruce entre el británico Jacob Fearnley y el francés Giovanni Mpetshi Perricard (Fuente: REUTERS/Claudia Greco)

Hay torneos que nacen con identidad. Y hay otros que la van construyendo, con los años, con los cambios, con la historia que los atraviesa.

El Imperio, la Loba, Rómulo, Remo, César, el Duce, la República, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Jannik Sinner, el polvo de ladrillo y la Vía Apia confluyen en un lugar. Y todos los caminos conducen a Roma.

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El Abierto de Italia no es únicamente un torneo de tenis: es un escenario donde conviven deporte, historia y arquitectura como en pocos lugares del circuito. Aunque hoy resulte inseparable de Roma, el torneo no comenzó allí. El primer capítulo se escribió en Milán, en 1930, antes de trasladarse rápidamente a la capital italiana.

El cambio no fue casual. En aquellos años, el deporte formaba parte de una idea de país, de una construcción política: era utilizado por Benito Mussolini como herramienta política y símbolo de grandeza nacional.

El complejo que se aprestaba a recibir al torneo había sido inaugurado en 1932 bajo el nombre de Foro Mussolini, en pleno auge del régimen fascista. Con el tiempo, ese nombre mutaría para llamarse, simplemente, Foro Itálico, el mismo con el que hoy se sigue reconociendo a la casa del torneo.

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El cambio de nombre significó también un cambio de época, pero las estructuras estaban firmes y permanecieron para dar su impronta de mármol, historia y supervivencia.

Hay algo en Roma que no se puede replicar en ningún otro torneo. No tiene que ver con la superficie, ni con la altura, ni siquiera con el público. Tiene que ver con el escenario.

El Foro Itálico no es sólo un complejo deportivo: es un espacio cargado de historia, atravesado por una estética que responde a otro tiempo. El racionalismo italiano está ahí, en cada detalle, en cada una de las imágenes que se alzan en el predio.

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Las estructuras originales, el Estadio de los Mármoles y la pista Pietrangeli se transformaron en los mayores supervivientes. Sobrevivieron a todo: a los cambios políticos, al paso del tiempo e, incluso, a la guerra. Fueron preservadas como parte del patrimonio arquitectónico italiano.

El auge del deporte, impulsado como herramienta política de superioridad y poderío, se vio frenado por la guerra. Desde mediados de los años 30 hasta el final del conflicto, el ahora Masters de Roma dejó de disputarse.

En ese lapso y contexto, el Foro Itálico tuvo otros usos. Las instalaciones fueron adaptadas a las necesidades del momento y con funciones muy alejadas del tenis. Cuando todo terminó, hubo que reconstruir y el predio recién volvió a utilizarse en 1948, pero no precisamente para jugar tenis. Del 24 al 26 de septiembre de ese año, el estadio Pietrangeli fue sede del campeonato europeo de vóleibol masculino.

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Una vista del estadio central del Foto Itálico durante la final entre Jasmine Paolini y Coco Gauff, en 2025 (Fuente: REUTERS/Alberto Lingria)
Una vista del estadio central del Foto Itálico durante la final entre Jasmine Paolini y Coco Gauff, en 2025 (Fuente: REUTERS/Alberto Lingria)

Las estructuras no estaban muy dañadas, pero Italia recién estuvo preparada en infraestructura y emocionalmente para volver a recibir tenis allí cuatro años después de culminada la Segunda Guerra Mundial. En 1949, el Foro Itálico fue escenario de una serie de Copa Davis entre Italia y Yugoslavia. Fue la competencia que le abriría la puerta al regreso del torneo al año siguiente. Desde entonces, no se movió más.

Roma mantuvo su lugar sobre ese suelo rojo anaranjado que define y caracteriza a la gira europea de canchas lentas que desemboca en Roland Garros, segundo Grand Slam del año.

Pero el del Foro Itálico nunca fue un torneo más dentro de esta mini temporada: siempre tuvo algo distintivo, una atmósfera particular, un ritmo propio. Se las ingenió en los 90 para atraer a las figuras que no eran muy afectas a esta superficie y que, sin embargo, solían llegar a la otrora capital del imperio, como lo hizo Pete Sampras, quien conquistó el torneo en 1994, aprovechando que la velocidad de la superficie no era tan lenta como el resto. Pistol Pete consiguió en Roma uno de los tres títulos sobre polvo de ladrillo de su carrera: Kitzbühel 92 y Atlanta 98 fueron los otros dos.

Sin embargo, en los últimos años del siglo pasado, eso empezó a cambiar. La organización ajustó la preparación de las canchas y buscó hacerlas más lentas, para hacer un circuito más homogéneo y parecerse más a las de París.

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Para ese momento, el torneo ya contaba con una nueva cancha central, que casi duplicaba en butacas a su antecesora y la dejaba, con sus estatuas, en segundo lugar.

Allí Rafael Nadal ganó 10 títulos y lidera el listado de campeones del torneo: lo sigue Novak Djokovic con seis. En 2005, el español inauguró su historial de trofeos en el Foro Itálico con una inolvidable final ante Guillermo Coria que se extendió durante cinco sets y más de cinco horas.

A lo largo de la historia, el tenis argentino obtuvo 10 títulos en el Masters de Roma: Gabriela Sabatini festejó cuatro veces, mientras que Guillermo Vilas, José Luis Clerc y Alberto Mancini lo hicieron en una ocasión.

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Dentro del Foro Itálico hay una cancha que resume mejor que ninguna esa mezcla que se produjo con las innovaciones necesarias para sostener a este torneo: el estadio Pietrangeli.

El Estadio Pietrangeli en Roma (Fuente: Reuters)
El Estadio Pietrangeli en Roma (Fuente: Reuters)

Inaugurado en 1934 con el nombre de Stadio Olímpico della Racchetta, fue sede del match de Copa Davis entre Italia y Suiza. Un año más tarde cambió la denominación a Stadio della Pallacorda, con el que permaneció hasta 2006, cuando se rindió homenaje al mejor tenista italiano hasta ese momento, Nicola Pietrangeli.

Es una de las joyas del tenis mundial y se debate entre la tradición y la modernización, lo estético y el pragmatismo. Considerada una de las canchas más lindas del planeta, rodeada por 18 estatuas de mármol de Carrara que fueron esculpidas por Eugenio Baroni antes de su inauguración, excepto la escultura denominada Lanciatore di palla vibrata, realizada en 1942, por Domenico Ponzi.

En los últimos años, el estadio Pietrangeli sufrió modificaciones importantes. Se ampliaron las tribunas para aumentar la capacidad y se agregaron estructuras superiores que desataron una polémica inevitable, porque las nuevas gradas tapan parcialmente a las estatuas y, de esta manera, alteran la estética original, cambiando la apariencia de un estadio que parecía intocable.

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El torneo fue creciendo, el tenis fue cambiando y los jugadores presionaron con sus reclamos por mayores comodidades. Todo esto obligó a ampliación de espacios y, entonces, llegaron las reformas. La tensión entre tradición y modernización atraviesa hoy a todo el torneo.

Una de las estatuas que distinguen al estadio Pietrangeli (Fuente: REUTERS/Guglielmo Mangiapane)
Una de las estatuas que distinguen al estadio Pietrangeli (Fuente: REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

El Estadio Central fue remodelado de manera profunda en 2010 para cumplir con los requisitos exigidos por la ATP y conservar la categoría de Masters 1000. Desde entonces, el Foro Itálico no dejó de expandirse.

La edición 2026 marca otro punto de transformación. El torneo, consolidado desde hace años en un formato de dos semanas, duplicó el tamaño del predio y pasó de 10 a 20 hectáreas. Actualmente cuenta con 21 canchas entre competición y entrenamiento.

Además, el SuperTennis Arena, con capacidad para 3.000 espectadores, ya se instaló como el tercer estadio en importancia dentro del complejo.

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Los próximos pasos apuntan todavía más alto. Entre 2027 y 2028 se proyecta la instalación de un techo retráctil en el Estadio Central, en línea con las reformas que ya realizaron otros grandes torneos al aire libre para minimizar las interrupciones por lluvia.

Sin embargo, más allá de las obras y los cambios, Roma conserva algo difícil de explicar. Una atmósfera propia.

El ruso Daniil Medvedev lo resumió alguna vez al describir el ambiente del Foro Itálico: la cercanía del público vuelve los partidos más intensos, más cerrados y más ruidosos.

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Esa sensación atraviesa cada rincón del torneo. Porque Roma cambió, se expandió y se modernizó. Pero incluso en medio de esas transformaciones, nunca dejó de ser Roma.

Una postal del estadio central del Foro Itálico (Fuente: REUTERS)
Una postal del estadio central del Foro Itálico (Fuente: REUTERS)



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Por segundo año consecutivo: PSG venció 1-0 a Bayern y jugará la final de la Champions League

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PSG a la final de Champions. Foto: EFE

Exageradas las expectativas del 5-4 en la ida, el partido de vuelta en Múnich fue distinto, menos ofensivo, alejado de la locura, condicionado desde el gol de Dembele a los dos minutos y 20 segundos y manejado por el París Saint Germain, que también demostró su destreza defensiva, hacia la final de la Champions League contra el Arsenal, más allá del 1-1 al final de Harry Kane.

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El vigente campeón, de nuevo en la final. Su exhibición del 0-5 al Inter de hace un año latente, en la memoria eterna de la máxima competición europea, ahora camino de Budapest, el sábado 30 de mayo en el Puskas Arena, para enfrentar su siguiente desafío. Lo aguarda un rival que no le dará tantos espacios. Otro registro. Está más que preparado.

Apoteósica y admirada la ida en el Parque de los Príncipes de hace una semana, con el descomunal 5-4, debatida después por las concesiones defensivas, la vuelta demostró que el París Saint Germain no es sólo ataque y pegada, es mucho más, es un equipo que también sabe disputar otro tipo de duelos, incluso aplacar al Bayern y reducirlo de forma indudable, sin las ocasiones ni las opciones que se presupone de su tremendo nivel.

El saque de centro fue una declaración de intenciones del Bayern. La primera posesión del París Saint-Germain también. Igualmente, la primera incursión de Doué o la primera conducción de Michael Olise, como también el nivel de fricción alto que iba a permitir el árbitro Joao Pinheiro. Pero, por encima de todo, la pegada tremenda del PSG en el 0-1.

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Kavaratskhelia, cuyo partido fue imponente, se vio solo, atravesado ya el medio campo rival, en velocidad, con un mundo por delante por descubrir, cuando conectó en la pared con Fabián Ruiz, titular en el esquema de Luis Enrique, orillado a la izquierda en ataque, concluyente en cada pase y motor esencial de la jugada que activó el primer gol, conducida por el extremo georgiano.

Ya todo fue fácil para él, inalcanzable para Upamecano. Pase y gol de Dembele, cuya contundencia en el remate fue absoluta. Dos minutos y 20 segundos tan solo de juego.

Y dos goles de ventaja en la eliminatoria para el PSG. Más convicción, más tranquilidad, para el vigente campeón. Más difícil todavía para el Bayern, reprimido en sus mejores destrezas, cuando corre con el balón, cuando gira en torno a Harry Kane, cuando juega Jamal Musiala, cuando desbordan Olise y Luis Díaz, conectados en la primera ocasión cuando Nuno Mendes bloqueó providencial el remate al que acudió el extremo francés.

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La cantidad de registros que maneja el PSG de Luis Enrique, la movilidad (y la libertad trabajada) por la que se mueve cada pieza en el terreno, la precisión y la calidad de sus futbolistas y el vértigo ágil de sus extremos hacen al conjunto parisino un equipo indefendible por momentos, tan imperceptible para el rival como rutinario para él mismo.

Pero el Bayern también tiene un aspecto imparable cuando funciona como la máquina ofensiva que ha creado Vincent Kompany. No lo logró este miércoles, por los méritos de su oponente, salvo alguna aparición de Luis Díaz u Olise. Desde la ambición, la conducción y la habilidad del extremo colombiano, el Bayern creció por momentos, aún distante del gol, demasiado lejos, por el que se postuló primero Olise con una de sus jugadas clásicas, su zurda, su rosca… Fuera. Un aviso. Demasiado inconstante.

Rebajada la locura de la ida, más controlados los riesgos por el PSG, con y sin balón, contenido el conjunto alemán en los últimos metros, siempre todo bajo presión, dos jugadas agitaron Múnich. Dos manos en dos minutos, cuando el encuentro sobrepasó la media hora. Una de Nuno Mendes, con tarjeta amarilla ya antes, y otra de Joao Neves dentro del área, cuando el despeje de Vitinha golpeó en su brazo extendido. Polémica.

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La primera la solventó el colegiado con la señalización de una mano previa de Laimer. La segunda no mereció ni su determinación ni la intervención del VAR, entre la indignación de Vincent Kompany, gesticulante y enfadado, y sus futbolistas, que rodearon al árbitro. Justo después, sin embargo, fue Neuer quien salvó el 0-2 en un cabezazo de Joao Neves, como también lo hizo Safonov al borde del descanso en la primera aparición de Musiala.

La defensa en Múnich del PSG, siempre elogiado por sus ataques, tuvo muchísimo mérito. No está al alcance de casi nadie controlar el encuentro como lo controló en el abarrotado Allianz Arena. Ni dejar en tan pocas oportunidades, apenas sin desborde, a un equipo como el Bayern, que insistió y chocó contra un bloque rocoso, concentrado, solidario, capaz de protegerse sin el balón y, sobre todo, ganador. Las mejores ocasiones del segundo tiempo fueron suyas. Pudo ganar por más. Y, sin embargo, empató Harry Kane en el minuto 94. Muy tarde. Otra final espera al PSG. Es el vigente campeón. Y el favorito.
 

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