ECONOMIA
Jornada financiera: Wall Street cerró su mejor mes desde 2020 e impulsó a las acciones y los bonos argentinos

Las acciones de Wall Street cerraron este jueves su mejor mes de beneficios desde 2020, mientras los inversores analizaban un nuevo conjunto de datos económicos clave y los resultados de ganancias de las grandes tecnológicas, que alimentaron el optimismo sobre el auge de la demanda de Inteligencia Artificial (IA).
El índice Nasdaq con decisiva presencia de empresas tecnológicas, subió un 0,9% y cerró en un máximo histórico de 24.892 puntos. El índice S&P 500 también repuntó más del 1%, cerrando por encima de los 7.200 puntos por primera vez para culminar así su mejor mes desde noviembre de 2020. El Dow Jones Industrial subió un 1,7%, o más de 750 puntos, en los 49.652 puntos.
Los precios del petróleo terminaron mixtos: mientras que la variedad Brent del Mar del Norte ganó 0,6%, a USD 111,10 el barril para entregar en junio, el crudo intermedio de Texas cedió 1,4% en los EEUU, a USD 105,30 el barril también para entregar en junio.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas operados en dólares en Nueva York hubo nuevos avances en los títulos petroleros como YPF (+0,8%), Pampa Energía (+0,1%) y Tenaris (+0,6%), aunque Vista Energy cayó un mínimo 0,1% tras presentar balance trimestral. Del lado perdedor encabezaron Banco Supervielle (-3,4%) y Grupo Galicia (-3,2%).
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- ganaron un 0,6% en promedio, con un riesgo país de JP Morgan en los 567 puntos básicos.
En los EEUU, una ronda de resultados trimestrales de cuatro de las “Siete Magníficas” tecnológicas demostró que el gasto en IA no se está desacelerando, con una previsión combinada de la asombrosa cifra de 725 mil millones de dólares este año. Las acciones de Alphabet (10%) subieron tras superar las expectativas de ganancias, mientras que lasde Amazon (0,8%), Meta (-8,6%) y Microsoft (-3,9%) cayeron. A continuación, Apple (+0,4%) presentó sus resultados en la tarde de este jueves tras el cierre del mercado. Nvidia perdió un 4,6 por ciento.
La Reserva Federal de EEUU (Fed) mantuvo las tasas de interés sin cambios el miércoles, tal como se esperaba, después de que su presidente, Jerome Powell, anunciara que planea continuar en el cargo más allá del final de su mandato actual.
Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, comentó que “la Fed mantuvo las tasas sin cambios en el rango 3,50%-3,75%, pero el mensaje de Jerome Powell fue más cauteloso de lo esperado: no hay recortes a la vista y no descartó nuevas subas si el shock energético por el conflicto en Medio Oriente se prolonga”.
Para Argentina, el escenario es de doble lectura: presión de corto plazo sobre bonos y acciones, pero fortaleza estructural como exportador de energía (Vaca Muerta) y alimentos en un contexto de petróleo alto.
“No fue una bomba, pero tampoco un alivio. La Fed está atada por el petróleo y el conflicto, y eso significa tasas altas por más tiempo. Los exportadores de energía como Argentina son los más resilientes en este escenario”, señaló Sardáns.
Con cierta merma en el volumen de negocios, que alcanzó los USD 448,3 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista experimentó una caída marginal de 50 centavos, a 1.391 pesos.
De esta forma, el tipo de cambio oficial concluyó abril con un ascenso de nueve pesos o 0,7%, para interrumpir una serie de tres meses consecutivos en baja en el primer tramo de 2026.
Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios detalló que “la cotización (tocó) mínimos de $1.377 y recién en ese nivel el tipo de cambio logró estabilizarse, iniciando una leve recuperación que lo devolvió a la zona de $1.380, donde encontró un punto de equilibrio y se mantuvo durante gran parte de la rueda. Sin embargo, en el último tramo la dinámica cambió de forma abrupta: la demanda se impuso con fuerza y, en un movimiento rápido y desordenado, llevó la cotización nuevamente a los niveles del cierre previo”.
Asimismo, en dólar mayorista completó el primer cuatrimestre con una caída de 64 pesos o 4,4 por ciento. En términos reales, con una inflación acumulada en torno del 12% en lo que va del año, la pérdida de poder adquisitivo para el dólar en el mercado interno se aproximó al 16%, que confirma a este activo como una de las inversiones más desfavorables.
El BCRA fijó el techo de las bandas cambiarias en los $1.703,22, que dejó al dólar mayorista -referencia del comercio exterior- a 312,22 pesos o 22,4% de ese límite para la libre flotación.
La autoridad monetaria compró este jueves USD 207 millones en la plaza de contado, el 46,2% de la oferta privada, para acumular un saldo de USD 2.769 millones, el mejor mes desde marzo de 2024. Además acumuló compras por USD 7.155 millones en el primer cuatrimestre.
En su tercera caída consecutiva, el dólar al público restó cinco pesos o 0,4% este jueves, a $1.410 para la venta, según la referencia del Banco Nación. En abril el billete al público terminó con una mínima suba de cinco pesos o 0,4% respecto de los $1.405 del cierre de marzo. Asimismo, en 2026 retrocedió 70 pesos o 4,9% desde los $1.480 del 30 de diciembre.
La cotización blue del dólar descontó 15 pesos o 1,1%, a $1.400 para la venta. De esta forma, el billete informal cayó diez pesos o 0,7% en el balance de abril. En el primer cuatrimestre del año el blue se desplomó 130 pesos o un 8,5 por ciento.
Corporate Events
ECONOMIA
El Banco Central compró más de USD 400 millones en la semana, pero cayeron las reservas internacionales

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) alcanzó 107 ruedas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, tras haber superado la meta anual de adquisición de divisas. Este viernes, la entidad incorporó USD 50 millones y el total acumulado en 2026 supera los 10.600 millones de dólares.
Desde la puesta en marcha del esquema monetario vigente en enero, el BCRA sumó USD 10.620 millones entre operaciones en el mercado y transacciones extramercado. Solo el 2 de enero se registró un saldo vendedor; en el resto de las jornadas, la autoridad monetaria finalizó con compras, con un pico diario de USD 457 millones el 10 de abril.
Las estimaciones oficiales proyectaban un saldo neto de compras para este año en un rango de 10.000 a 17.000 millones de dólares, dependiendo de la disponibilidad de divisas y la demanda de pesos. El titular del BCRA, Santiago Bausili, destacó que la evolución de estos factores será clave para mantener el cumplimiento de los objetivos trazados.
Desde la perspectiva del equipo económico, las compras de divisas por parte del organismo monetario podrían incluso superar los USD 17.000 millones en lo que resta del año.
En la segunda semana de junio, las compras del BCRA sumaron USD 436 millones, mientras que el saldo de mayo había cerrado en 2.596 millones de dólares. Durante los primeros días de junio, el acumulado ya suma 873 millones de dólares.
De acuerdo con el Ministerio de Economía, todavía resta ingresar una parte de las divisas generadas por el sector agropecuario, lo que podría incrementar la disponibilidad para el Banco Central en el corto plazo.
El BCRA ya superó la meta de compras de divisas establecida para 2026. En el primer trimestre, el avance de las reservas netas estuvo condicionado por las necesidades de financiamiento del Tesoro. Para sostener el ritmo de acumulación, la autoridad monetaria expandió la base monetaria sin esterilización, mientras el Tesoro absorbió ese excedente con emisiones de deuda en pesos, buscando estabilizar el tipo de cambio e inflación.
El agro y el sector energético mantienen un rol central en el aumento de las reservas internacionales. En el último mes, la liquidación de divisas de las exportaciones agrícolas mostró una aceleración, consolidándose como un factor determinante para las compras del BCRA.
La emisión de deuda por parte de empresas y provincias en los mercados externos amplió el margen de acción del Banco Central. En mayo, el monto alcanzó los USD 1.500 millones y, desde las elecciones legislativas, el acumulado ronda los 12.000 millones de dólares.
Al finalizar la jornada, las reservas brutas alcanzaron los USD 47.419 millones, con una baja diaria de USD 34 millones y una merma semanal de 448 millones de dólares. Mayo había cerrado con una suba mensual de USD 3.708 millones, llevando el stock de reservas del Central a su mayor nivel en siete años y por encima del récord registrado en febrero bajo la actual gestión.
“A pesar de que la entidad que conduce el Central ya superó los objetivos anuales de compras previstos, el mercado financiero mantiene la lupa sobre la consistencia de la acumulación para evaluar cuántas de estas intervenciones logran traducirse de forma efectiva en una recomposición real y sostenida de las reservas netas”, evaluó Ignacio Morales, analista de Wise Capital.
“La mejora de calificación por parte de S&P se apoyó en la continuidad del ajuste fiscal, la desaceleración de la inflación, la recuperación de la actividad económica y la acumulación de reservas. La calificadora destacó además la capacidad del Gobierno para mantener el acceso al financiamiento y cumplir con sus compromisos en moneda extranjera, al tiempo que espera un crecimiento promedio cercano al 3% en los próximos años”, sumaron desde Aurum Valores.
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ECONOMIA
Cuando la nube pesa demasiado: ¿es la IA una nueva burbuja financiera?

La carrera por desplegar infraestructura para modelos de inteligencia artificial aceleró el gasto, el apalancamiento y las expectativas de ingresos futuros. Con flujos de caja bajo presión y contratos que dependen de una cadena de financiamiento todavía frágil, el mercado empieza a preguntarse si el relato tecnológico alcanza para sostener valuaciones y asignación de capital.
Desde hace algunos años, la inteligencia artificial es el nuevo eje del mercado financiero. Aunque las expectativas de ganancias futuras son altas, esa foto todavía no se convirtió en película y empezaron a aparecer interrogantes. En particular, distintas señales llevaron a algunos analistas a advertir por una posible burbuja financiera.
Este año, las cinco firmas tecnológicas más importantes gastarán en conjunto alrededor de USD 800.000 millones en centros de datos e infraestructura para ejecutar modelos de inteligencia artificial. Se trata de un gasto cercano al 40% de sus ingresos totales, superior al de la industria petrolera en el auge del shale y al de las telecomunicaciones durante la burbuja puntocom. Sin embargo, como indicó un artículo reciente de The Economist, los analistas esperan que al menos tres de estas compañías registren flujos de caja libre negativos en algún trimestre del año.
Las cinco firmas tecnológicas más importantes gastarán en conjunto alrededor de USD 800.000 millones en centros de datos e infraestructura para ejecutar modelos de inteligencia artificial
Para financiar la expansión, el endeudamiento escaló a un ritmo que empezó a llamar la atención. Desde comienzos de 2024, las cinco grandes tomaron USD 260.000 millones en los mercados de bonos, equivalente a una cuarta parte de toda la deuda emitida por empresas no financieras cotizantes en Estados Unidos. A eso se sumaron USD 820.000 millones en compromisos de leasing por centros de datos todavía no construidos.
El problema es que los argumentos que durante años justificaron la magnitud de esta apuesta comenzaron a perder fuerza. Primero cedió el de la generación de caja; luego, el de las recompras de acciones como señal de solidez; y, finalmente, el de las valuaciones razonables. Si las ganancias contables no capturan el gasto real, la métrica precio/ganancia pierde utilidad.

Los inversores lo entienden y hoy evalúan a estas compañías sobre la base de contratos de ingresos futuros: acuerdos de largo plazo para vender capacidad de cómputo a desarrolladores como OpenAI y Anthropic. Esos contratos crecieron de USD 730.000 millones a USD 2 billones en apenas un año.
El punto crítico es que también funcionan como una cadena de confianza: se sostienen mientras los desarrolladores sigan recaudando capital suficiente para construir sus modelos. Si eso no ocurre, el esquema corre el riesgo de desarmarse.
Frente a este escenario, planteado por el medio inglés, surge una pregunta pertinente: ¿cómo se leerá este panorama a la hora de reevaluar la asignación de capital? A nivel operativo, la IA es una realidad; su desempeño financiero, en cambio, no es igual de evidente, al menos en el corto plazo y en las magnitudes planteadas.
Ante indicios de volatilidad, cada gran fase de inversión concentrada en un sector tiende a redistribuir capital hacia donde el mercado percibe mayor solidez relativa
La respuesta requiere perspectiva histórica. Ante indicios de volatilidad, cada gran fase de inversión concentrada en un sector tiende a redistribuir capital hacia donde el mercado percibe mayor solidez relativa. Después de 2008, esa solidez se encontró en la liquidez. Tras la crisis de 2020, en la deuda soberana.
Hoy, con una Reserva Federal con menos margen para recortes agresivos de tasas de interés como herramienta de estímulo y con tenedores extranjeros de bonos del Tesoro que muestran señales de desconfianza creciente, ninguno de esos dos refugios clásicos ofrece la misma certeza de antes.
En este contexto, una lectura del ciclo presta atención al denominado flight to real assets. La rotación hacia activos con valor intrínseco -inmuebles, infraestructura, materias primas o self-storage, catalogado por The Wall Street Journal como una industria a prueba de recesiones- respondió a la búsqueda de refugio.
Incluso, la firma Cohen & Steers anticipó la configuración de una oportunidad multidecadal para los activos reales por factores como la inflación y el recorte de tasas.
En escenarios así, cobraron relevancia estrategias como el Modelo de Dotaciones de Yale, elaborado por David Swensen, director de inversiones de la universidad durante 36 años. La regla estableció que un inversor debería mantener un mínimo del 20% de su cartera en alternativas como el inmobiliario comercial, en lugar de depender estrictamente de acciones y bonos tradicionales.
Un inversor debería mantener un mínimo del 20% de su cartera en alternativas como el inmobiliario comercial, en lugar de depender estrictamente de acciones y bonos tradicionales (Swensen)
Esta línea estratégica se posicionó sobre todo entre inversores medianos, con menos margen para absorber movimientos bruscos de mercado.
Los activos físicos no requieren que ninguna cadena de confianza tecnológica se sostenga para conservar valor; no se deprecian de un trimestre al otro si un modelo de lenguaje pierde relevancia; y tampoco dependen de que una startup consiga su próxima ronda de financiamiento.
Así, la mayor apuesta de la historia en infraestructura digital le recordó al mercado, paradójicamente, el valor de lo tangible.
El autor es economista y CEO de BAS Storage
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ECONOMIA
Salarios en reestructuración

Tras recuperarse al 4,4% en 2025, en 2026 la economía volverá a crecer, muy probablemente, entre 2,5% y 3%. Aun así, no será un año de “despegue” para los salarios formales: será un período de fuertes modificaciones en los salarios relativos.
Confluyen más de un factor, como se analizó en la nota editorial de este mes, pero más que proyectar tendencias conviene mirar qué muestran los datos.
El cuadro más abajo ofrece una mirada rápida sobre la evolución reciente de salarios y jubilaciones. Con base 100 en noviembre de 2023, los datos muestran que los salarios “normales” del sector privado, medidos a través del Ripte, cayeron durante los primeros meses de la actual gestión y luego se recuperaron hasta ubicarse 1% por encima del dato base, que -para tener en cuenta- estaba 7,5% por debajo del promedio móvil de los 12 meses previos.
Si la medición se realiza con el IVS, un índice que capta mejor la totalidad de ingresos salariales, el resultado es que, a marzo de 2026, los ingresos reales de los asalariados formales del sector privado se mantuvieron por debajo de la base de noviembre (no así si se toma el dato de diciembre, con el “fogonazo” inflacionario de ese mes).

En ambos índices, además, se observó una caída de los ingresos reales en el primer trimestre de 2026 (última columna). El resto de los ingresos laborales tuvo una evolución conocida: los salarios públicos cayeron respecto de la base, pero se estabilizaron en el primer trimestre de 2026.
Los ingresos informales mostraron un ascenso sostenido, que ubicó el último dato 74% por encima de noviembre de 2023 y más de 100% real por sobre diciembre de ese año. Este crecimiento acelerado respondió a varios factores que conviene tener en cuenta:
- El retraso en la recolección de los datos de ingresos informales a través de la EPH sobreestima las caídas en términos reales cuando la inflación se acelera y también sobreestima la recuperación cuando la inflación se frena.
- La medición de ingresos por declaración de los agentes tiene menor precisión que la que surge de registros. Esto vale para la EPH tanto para ingresos formales como informales, pero la mayor variabilidad de estos últimos reduce la confiabilidad del dato.
- El empleo en los últimos tres años creció básicamente de la mano de trabajadores independientes e informales. Entre el cuarto trimestre de 2022 y el cuarto trimestre de 2025, los puestos de trabajo ocupados totales crecieron 833 mil, pero mientras la cantidad de asalariados registrados no se movió (cayó en 5 mil), todo el aumento se explicó por no asalariados (673 mil) y por asalariados informales (144 mil).
Esta “explosión” de crecimiento, básicamente informal, determinó cambios en la composición de este grupo que pueden haber incidido en la definición de un “ingreso medio informal” representativo.
Es un período de fuertes modificaciones en salarios relativos
En otras palabras, se intenta medir un agregado que se transforma aceleradamente (a diferencia del grupo de asalariados formales, que se estanca) y, por lo tanto, las características del conjunto -en particular el promedio de ingresos- pueden variar.
Con dudas sobre la evolución futura del ingreso medio informal, por lo antes señalado, para el resto de los ingresos laborales el panorama es más claro y menos promisorio. A favor de una recuperación real jugará una baja persistente de la inflación, en función de su magnitud.

Dado que venimos de tasas en torno de 3%, cabe esperar variaciones al menos neutras cuando la inflación perfore el 2% mensual. En salarios privados formales, la estrategia oficial de homologar acuerdos colectivos con pauta inferior a la inflación seguramente persistirá durante 2026 y 2027. Eso no impide que los salarios efectivos (medidos por IVS y Ripte) se acerquen o superen en algún mes la tasa de inflación.
Un informe de la Secretaría de Trabajo mostró que, con base en noviembre de 2023, el salario de convenio promedio se ubicó en marzo 6% por debajo de su base, mientras que el salario promedio del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) se encontró 3% por encima de la base (la variación usando el promedio del SIPA difiere, como se ve, de los datos del cuadro previo). La diferencia de 9 puntos entre salarios efectivos y de convenio creció en los últimos 6 meses.
La diferencia de 9 puntos entre salarios efectivos y de convenio creció en los últimos 6 meses
Un cuadro elaborado por la misma Secretaría, con datos desde diciembre de 2012, mostró que, para el período que llegó hasta fines de 2020, la remuneración de convenio estuvo por encima de la remuneración efectiva promedio (en términos reales, respecto de la base).
Desde entonces, la remuneración de convenio evolucionó por debajo de los salarios efectivos, y esa diferencia alcanzó su máximo en la actual Administración, en particular en los últimos 6 a 9 meses.
En un contexto de economía más abierta y que enfrenta la necesidad de reestructuraciones relevantes, la estrategia oficial de evitar la indexación de los salarios de convenio aparece como la más apropiada para preservar el empleo (es decir, para evitar que las empresas que necesitan reestructurar no se vean forzadas por aumentos insostenibles de costos laborales) y facilitar cambios de salarios relativos entre sectores y entre empresas. Es inevitable que esta situación lleve a un crecimiento de la dispersión salarial, que ya se observa en múltiples dimensiones: sectorial, regional, e intrasectorial e intraempresa.
El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 686 de FIEL
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