POLITICA
Kicillof prioriza la articulación de un armado político y quiere estirar la definición de las candidaturas

Axel Kicillof destrabó un nivel de complejidad y aceleración en su carrera hacia la presidencia casi dos semanas atrás, cuando, en un acto con tono de campaña que se realizó en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, pidió “perder menos tiempo en las internas”. Ese día recalcó la necesidad de construir un acuerdo sólido y equilibrado entre las partes que pueden componer la coalición opositora para que el experimento electoral que se diseñe no tenga el mismo resultado que el Frente de Todos en la gestión.
Desde ese entonces, mantiene un ritmo constante en la marcha de sus apariciones públicas. Por momentos, incluso, parece frenarse en sus definiciones, con la necesidad marcada de no caer en la tentación de ser el principal candidato con tanta anticipación a los comicios. El último fin de semana, en el que estuvo de gira por España, dejó en claro lo que hace tiempo explican en su entorno. Su objetivo es ser candidato a presidente pero no a cualquier precio. No se va a imponer si ese movimiento político puede dinamitar la alianza que está en vías de construcción.
“Este es el año de la construcción, no de las candidaturas”, resaltan en La Plata, donde se quedaron muy conformes con la recepción de las figuras de la política española con las que estuvo en Barcelona. Allí se encontró, entre otros, con el alcalde local, Jaume Collboni y el ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Kicillof hace esfuerzos para que su precandidatura no se corroa con el paso del tiempo, pero, al mismo tiempo, busca dejarla instalada como una certeza innegable.
El gobernador bonaerense entiende que en el 2026 el peronismo debe tener dos ejes de trabajo claros: la construcción de una coalición más amplia que la que aún sobrevive y la conformación de un nuevo programa político, económico y social. Las candidaturas deben definirse a último momento, el año que viene, cuando la proximidad de las elecciones no deje más margen de tiempo.

Es por eso que mantiene cierta cautela sobre su precandidatura presidencial y esquiva hablar en público de ese rol que está tratando de moldear. La idea que tienen en su entorno es que mantenga esta línea hasta el Mundial de fútbol y que, una vez que pase el evento deportivo, vuelva a acelerar en la visibilización de su construcción nacional.
Kicillof no quiere entrar en lo que en La Plata definen como “una disputa estéril” respecto a los nombres propios que pueden encabezar una fórmula presidencial. “Cada uno tiene que construir en su lugar y por la positiva. El año que viene coincidimos todos”, es el mensaje que baja el Gobernador a algunos de los interlocutores con los que habla la construcción del frente electoral.
Por eso no hay que esperar para los próximos meses actos públicos en los que Kicillof aparezca con dirigentes de otros espacios con los que habla, como es el caso de Emilio Monzó y Nicolás Massot, que la semana pasada lo visitaron en su despacho. Ambos dirigentes evidenciaron en ese encuentro la decisión de trabajar en la construcción de una alianza en la que el peronismo será el eje central.
“Este año es para ver quién está de cada lado. Sumemos todo lo que podamos sumar. Hay que sumar a los que no apoyaron a Massa en el 2023″, reflexionó un funcionario muy cercano al Gobernador. En el kicillofismo advierten que las PASO pueden ser una buena herramienta para darle lugar a aquellos que estén dispuestos a ser parte de una alianza, pero no se quieran adherir a una candidatura formal de Kicillof.
La postura que tienen el Gobernador y sus armadores posee puntos de coincidencia con algunos de los temas que se hablaron en el encuentro que tuvo lugar la semana pasada en el municipio de Malvinas Argentinas, donde estuvieron el intendente local, Leonardo Nardini, junto a Miguel Pichetto, Emilio Monzó, Carlos Kikuchi, Marcelo Daletto y Luis Vivona.
En el almuerzo que los unió, el sector de dirigentes que empezó a trabajar en un acoplamiento al esquema peronista manifestó sus intenciones de complementar el armado con la idea de generar un acercamiento con expresiones de centro y así amplificar la base electoral. “Hay que arrancar ahora. Hay que generar confianza y establecer los puntos de acuerdo este año, porque si se quiere hacer a último momento, no se va a poder”, le planteó a Infobae uno de los presentes en la reunión.
La intención clara que hay en el peronismo es que ese grupo exprese en una coalición la centro derecha moderada, que fue parte de la base de Cambiemos, pero que se alejó del camino que siguió el PRO, principal partido de esa coalición, cuando se convirtió en un aliado permanente del gobierno de Javier Milei. Lo que viene requiere de apertura y generosidad. Dos ideas que quedaron bien claras en la reunión.
La relación con CFK que atormenta al PJ Bonaerense
El vínculo político entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner da vueltas por la órbita opositora. Aparece y desaparece en forma constante. Porque, según creen muchos dirigentes (bonaerenses y del interior del país), la estabilidad del peronismo del la provincia de Buenos Aires es determinante para consolidar un armado opositor nacional para el año que viene.
Tal como reveló Infobae este fin de semana, en el cristinismo esperan que el Gobernador visite a la ex presidenta en el domicilio donde cumple con su prisión domiliciaria y que busque un acuerdo que derive en la estabilización de un plan de acción político que incluya a todo el kirchnerismo. Cerca de CFK creen que la interna bonaerense la comenzó Kicillof y que es él el que debe terminarla.

En el kicillofismo la mirada es diferente y la percepción sobre cómo fue el conflicto, también. “El diálogo lo cortaron ellos, nosotros hemos demostrado, una y otra vez, que no somos el problema. Lo que quieren es la sumisión de Axel a la conducción de Máximo”, sentenciaron en el entorno más próximo del Gobernador, donde hace tiempo que dan por quebrada la relación con el líder de La Cámpora y su agrupación política.
Kicillof trabaja por su lado en un armado nacional sostenido e impulsado por el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). No tiene en sus planes ver a Cristina Kirchner en el corto plazo. Interpreta que no habrá demasiados cambios respecto a la última vez que la vio, el 1 de octubre del año pasado, en San José 1111. Aquella conversación fue menos amena de lo que trascendió.
“Si lo que esperan es que Axel vaya de rodillas a decirle a CFK que acepta cualquier cosa, eso no va a pasar, porque sería, en ese preciso instante, un cadáver político”, fue la cruda sentencia que salió de una de las oficinas más importantes de la gobernación, respecto a la posibilidad de una nueva visita y la aceptación de las exigencias de la ex presidenta.
En el kicillofismo aseguran que el último quiebre con la líder peronista se produjo en una conversación donde el Gobernador le dijo que no iba a aceptar la conducción política de Máximo Kirchner que, según explican, le querían imponer. “Lo que necesitan es un Axel débil y raquítico”, aseguró un funcionario de estrecha confianza del Gobernador. La definición marca con claridad el estado de la relación política detonada que existe entre las dos partes.
En el círculo de confianza de Kicillof aseguran con las críticas de La Cámpora son “la mejor campaña” que le pueden hacer, ya que marcan las diferencias que existen desde hace tiempo y que, a la luz de los hechos, no se saldaron. “No podemos perder el tiempo”, sostienen en La Plata, respecto a los interminables capítulos de la interna bonaerense, La desconfianza estandarizada es la principal muestra de que las heridas de esa relación poli son profundas y dolorosas.
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POLITICA
Círculo rojo: ni el Mundial corre el eje del escándalo Adorni y el Gobierno define qué quiere hacer en el Congreso

NTMAP: No Todo Marcha Acorde al Plan. Todas las ideas pergeñadas para disuadir a la opinión pública y suavizar la agenda política y mediática del escándalo que salpica a Manuel Adorni, y mantiene encorsetado al Gobierno, fallaron. Ni el inicio de la Copa del Mundo, ni el debut de la Argentina y Lionel Messi en su sexto Mundial, con tres goles a los 38 años y una actuación memorable, alcanzaron para correr el eje. Tampoco el revuelo por las desafortunadas informaciones en torno a la intimidad del capitán argentino que el Gobierno intentó capitalizar, sin éxito. La resignación es total puertas adentro: nada alcanza mientras Javier Milei sostenga al jefe de Gabinete en su cargo.
Está por verse cuál será el impacto del anuncio de este viernes del diputado Adrián Ravier como nuevo vocero de la Presidencia, una iniciativa con doble objetivo: el reconocimiento de que Adorni ya no está en condiciones de comunicar ningún logro y la necesidad de intentar instalar en la agenda pública algunos hitos del programa económico y financiero, un rubro en el que Ravier se mueve con comodidad. Luis Caputo, “Toto”, se cansó en los últimos meses de bufar en privado contra las internas y las turbulencias políticas que, según él, golpean su programa: “Sin eso, la Argentina volaría”, le escucharon decir algunos amigos.
Dicen que Karina Milei le pidió “tiempo” a Patricia Bullrich en una de las últimas charlas privadas en la que la senadora insistió, por enésima vez, en que la permanencia de Adorni en el Gabinete se tornaba insostenible. El viernes, la ex ministra reunió, como todas las semanas, a su equipo de colaboradores. La notaron cansada, desgastada, como el resto de los legisladores y el Gabinete que, con excepción de Milei, creen que el ministro coordinador debe dar un paso al costado para darle el cierre definitivo a un escándalo que ya lleva más de tres meses al tope de la taquilla y opaca cualquier iniciativa. “El Congreso que conocimos durante el verano se acabó, está cerrado”, le planteó senadora a la cúpula del Ejecutivo.
Bullrich hace equilibrio entre su rol como jefa del bloque oficialista en el Senado y figura de un sector del electorado de la centroderecha que está espantado con el insólito crecimiento patrimonial del jefe de Gabinete que suma capítulos inéditos todas las semanas, alimentada, para colmo, por un grupo de empresarios del círculo rojo que empezó hace algunos meses a fantasear y trabajar en el nacimiento de un proyecto bautizado por algunos como “mileísmo sin Milei”. En ese plan, que incluye desde Mauricio Macri hasta al banquero Jorge Brito -el propio expresidente le reconoció a amigos que no lo descarta como una opción-, están embarcados sectores potentes del establishment que apoyan los trazos gruesos del modelo libertario pero están desencantados con el liderazgo del presidente. Se menciona entre uno de los principales mecenas de la ex ministra de Seguridad al integrante de una familia empresaria que en el último año avanzó con firmeza en la compra de varios activos, en particular del sector energético, muy vinculada a un sector del gobierno.

Milei, y en particular Adorni, creyeron que el maridaje entre el inicio de la Copa del Mundo, la performance de la Argentina y su justificación patrimonial alcanzaría para modificar la discusión pública y cambiar el eje político, pero sucedió más bien lo contrario. La explicación de un supuesto atesoramiento en negro de poco más de USD 500.000 dólares entre el 2014 y el 2018 en criptomonedas, rápidamente desmentido por el propio funcionario en charlas virtuales entre el 2020 y el 2022, enfureció al Gabinete, no convenció a la Justicia y complicó los planes el gobierno en el Congreso: todas las iniciativas quedaron opacadas, y la actividad legislativa paralizada, por la lluvia de pedidos de interpelación y mociones de censura contra el ministro coordinador.
En ese contexto, los roles parlamentarios del PRO y de Bullrich quedaron en el centro de la escena. En las últimas horas, Cristian Ritondo, jefe del bloque de los 12 diputados del PRO, les transmitió a Diego Santilli y a Gabriel Bornoroni –Martín Menem volvió de un conveniente viaje por Israel hacia el final de la semana- que la mejor salida para la crisis Adorni consistía en dar quórum este martes, habilitar la sesión especial pedida por el peronismo, Provincias Unidas, la Coalición Cívica y otros bloques y enviar a comisiones la interpelación del jefe de Gabinete. Es decir, ganar al menos una semana más. “Nosotros queremos sesionar el miércoles, y para sesionar el miércoles habría que sesionar el martes, y no vemos eso con malos ojos, todo lo contrario, que se emplace a las comisiones para que se traten los dictámenes. Así se destraba el funcionamiento del Congreso”, explicó ayer un diputado que responde a Macri y que es muy crítico del ministro coordinador. “Después, lo relevante es lo que haga la Justicia, o que Milei lo eche (a Adorni) o que él mismo renuncie”, agregó.
En esas conversaciones privadas, según fuentes oficiales, Ritondo ratificó la posición del bloque, y avisó: “No nos pueden pedir más que a Patricia”. La alusión remite a la reunión de labor parlamentaria del miércoles del Senado, en la que la senadora aplazó el debate sobre Adorni una semana pero con aval al pedido del bloque K, en cabeza de José Mayans, que resolvió avanzar con la interpelación y una posible moción de censura con mayoría absoluta -37 senadores- y no dos tercios, tal como se requiere para un proyecto sin dictamen. Bullrich quiere modificar este martes esa acta acordada a mediados de semana.
La mancha del escándalo Adorni que se esparce y corroe la actividad legislativa atenta, según las espadas legislativas de LLA, contra la agenda del Ejecutivo. La Ley de Lobby, que busca regular el cabildeo con la creación de un polémico registro cuestionado por decenas de ONGs y la oposición, parece haber quedado archivada. El debate convocado por el oficialismo para este miércoles para tratar de darle media sanción al Súper RIGI también está en suspenso: dependerá de la decisión política que tome la Casa Rosada respecto al jefe de Gabinete por las sesiones pedidas para el martes en la Cámara baja y el jueves en el Senado. El futuro de ese proyecto, sin embargo, no es solo una incógnita por la crisis en torno al ministro coordinador, sino también por la resistencia de algunos sectores. Existe, en ese sentido, un grupo de empresarios de peso del rubro de la metalurgia que ya han pedido reuniones con diputados y senadores para convencerlos de modificiar ese eventual régimen para favorecer a la industria local. Lo mismo sucede con la Ley de Propiedad Privada, impulsada por Federico Sturzenegger, que está atada en el Senado a la suerte del ahora ex vocero presidencial.

En medio de ese vendaval, el Ejecutivo activó una ronda de diálogos con los gobernadores, en algunos casos con el incentivo de una serie de adelantos financieros como los publicados esta semana en el Boletín Oficial para Entre Ríos, Santa Fe y Jujuy por $400.000 millones. En paralelo, el ministro del Interior inició con los jefes provinciales conversaciones simultáneas para intentar convencerlos de eliminar, o suspender, las primarias, un capítulo contemplado dentro de la reforma electoral, también aplazada para después del Mundial y contaminada por el escándalo que tiene al ministro coordinador investigado por la Justicia. El Gobierno aún no tiene los votos, por eso ya se habla de una iniciativa intermedia: primarias no obligatorias.
Desde Olivos, Milei no comparte el diagnóstico de casi toda la dirigencia libertaria: a cada sugerencia sobre la posibilidad de correr a su jefe de Gabinete respondió irascible, en algunos casos con exabruptos. No quiere entregarle la cabeza al sistema político, mucho menos al periodismo, más allá de que el caso Adorni resolvió, salvo escasísimas excepciones, la grieta impuesta por el Presidente entre el 95% odiado y el 5% de los periodistas afines. Milei no opera bajo la lógica tradicional: se deja llevar, en buena medida, por relaciones y afinidades personales. Bajo esa premisa intentó sostener el año pasado a José Luis Espert, y echó, en el primer semestre del 2024, a Nicolás Posse, al que le había encargado el diseño y el control de la gestión. Por esa decisión alcanzó una marca histórica: fue el presidente que más rápido removió a un ministro coordinador desde la reforma constitucional del ‘94.
El sostenimiento de Adorni corroe no solo la actividad del Congreso si no también el resto de la gestión. El viernes, Santiago Caputo se hizo eco de ese reproche que atraviesa al círculo rojo: en su cuenta de X, irónico, escribió “el gobierno ‘sin gestión’ logró la privatización más compleja de la Argentina” en alusión a la licitación de la Vía Troncal Navegable, cuyo proceso concluyó en favor de Jan de Nul-Servimagnus. Inversores locales, pero también del exterior, esperan ahora por la licitación del Belgrano Cargas, muy demorada, a cargo de Alejandro Núñez, un funcionario muy cercano a Francisco Caputo, hermano del consultor, y a integrantes del grupo Neuss. Esa privatización es muy relevante para el negocio de la minería, uno de los mayores dinamizadores de la actividad económica.

El impacto sobre la gestión tiene también su correlato en la publicidad de las iniciativas libertarias, lo que hace aún más desafiante el trabajo del nuevo vocero. En las últimas semanas, funcionarios y legisladores de LLA cancelaron notas por temor a que cualquier aparición quede circunscripta al escándalo Adorni. “Tenemos cerrado el espacio aéreo (de los medios)”, bromeó, resignado, un legislador. La imposición se esparce a todos los ámbitos. Por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires.
El jefe de Gobierno, Jorge Macri, capitalizó unilateralmente la sanción del endurecimiento de las penas para los “trapitos”, un proyecto que el PRO había congelado en la Legislatura y que se revitalizó por impulso del bloque porteño de La Libertad Avanza. Ni un solo referente libertario de la capital se atrevió a ir a los medios para apropiarse de la iniciativa por temor al efecto Adorni.
El affaire en torno al jefe de Gabinete tiene su propio capítulo en la ciudad de Buenos Aires. La semana pasada, en TN, el nuevo vocero presidencial se refirió al futuro político de su antecesor. “No podemos responder por él, él tiene que responder. Hay posibles contradicciones que él tiene que explicar mejor, sin dudas su capital político personal, de ese eventual jefe de Gobierno que pudo ser, hoy está más dañado, o habrá que ver cómo le impacta a él en su situación personal para su carrera política”, resaltó Ravier.
La caída de Adorni, los trascendidos cerca de Bullrich de su supuesta aversión a encabezar un proyecto porteño y el “efecto derrame” en la economía promocionado por el gobierno que todavía no tiene anclaje con la realidad, reanimaron al jefe de Gobierno: en el PRO de la capital están convencidos de que LLA no va a tener más alternativa que acordar con ellos el próximo año.
Pero antes que eso, la familia Macri deberá ordenarse internamente: la relación históricamente compleja entre Jorge y Mauricio Macri está peor que nunca. Una muestra de ese quiebre -¿pasajero?- es que, según testigos, el jefe de Gobierno ya no oculta su fastidio con su primo. Esa rotura es bien conocido por Daniel Angelici, “El Tano”, que hace malabares entre ambos.
La resolución de ese conflicto familiar puede tener injerencia directa en la estrategia del PRO en el 2027. ¿Existen mensajes encriptados entre el ex presidente y Horacio Rodríguez Larreta? Esas versiones son alimentadas por la cotidianeidad entre el legislador y Fernando de Andreis, mano derecha de Macri: sus hijos comparten actividad escolar. La relación entre Jorge Macri y su antecesor también está cada vez peor: ni siquiera se saludaron por sus recientes paternidades.

Ese escenario incierto dentro del PRO arroja aún más inquietudes en virtud de los planes del ex presidente. De viaje en Estados Unidos, abocado a la Copa del Mundo, en su entorno dicen que le escapa a una respuesta sobre una eventual candidatura en el 2027, aunque admiten que de haber agua en la piscina estaría dispuesto a calzarse el traje de baño y tirarse de cabeza. También dicen que su hija Antonia no quiere saber nada con esa posibilidad.
POLITICA
“Están haciendo su juego”: el Gobierno admite el malestar por el caso Adorni, pero espera desactivar la presión aliada

El Gobierno atraviesa horas complejas marcadas por la polémica que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. A la causa judicial se suma el rechazo de la oposición y el creciente cuestionamiento de sectores aliados de la Casa Rosada, como el PRO y la Unión Cívica Radical, que debaten si acompañan o no el pedido de interpelación al funcionario. Aunque el accionar de los sectores afines genera malestar en algunos despachos oficiales, predomina entre los libertarios una lectura comprensiva de la estrategia y evitan confrontar.
“Es su juego. Vos les podes pedir que te acompañen en proyectos, pero no podes pedirle que no hagan algo en lo que ni los propios estamos del todo convencidos”, admitió un senador violeta de peso ante Infobae.
Si bien el exvocero presidencial cuenta con el respaldo del presidente Javier Milei y de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, la persistencia del tema en la agenda dio lugar a que varios integrantes del oficialismo comenzaran a cuestionar la continuidad del funcionario. “Lo mejor que le puede pasar es irse, como vamos a pedirle a los aliados que lo sostengan. Ellos hacen su juego y lo hacen moderado, ni siquiera están a la cabeza”, sostuvo una fuente legislativa al respecto.
“Es una reacción lógica”, sentenció ante este medio otra fuente que transita diariamente Casa Rosada. “Estamos bien, les incomoda, pero es normal”, coincidió un integrante de la mesa política que por estas horas intenta desarticular la sesión prevista para este jueves en la Cámara de Senadores.

En minoría, hay quienes receptaron con malestar los gestos del partido que lidera formalmente el expresidente Mauricio Macri y piden tomar distancia. “No puedo entender lo que hacen. No podemos tener aliados del Gobierno que pidan lo que piden. Es insólito”, planteó un segundo miembro del reducido círculo designado por el mandatario.
Desde el entorno del jefe de Gabinete descartan que el vínculo con el PRO y la UCR haya empeorado tras las gestualidades esbozadas en las últimas horas, pero aseguran que harán los reclamos “a su debido tiempo”. “Primero vamos a trabajar en esas tensiones”, precisaron.
Como contó este medio, el oficialismo activó un operativo para dialogar con los sectores socios y posponer la actividad legislativa hasta el jueves 2 de julio, fecha prevista para que el ministro coordinador asista al Senado a brindar el informe de gestión. Para la tarea fueron designados la senadora Patricia Bullrich, el ministro del Interior Diego Santilli y el secretario de Asuntos Estratégicos Ignacio Devitt.
Sin embargo, desde una de las bancadas rechazaron la existencia de “vías de negociación” abiertas con el Poder Ejecutivo. “Nadie llamó para negociar. Quieras o no, esto es un toma y daca. No vamos a hacer más favores”, precisó un diputado a este medio.

En paralelo, varios referentes de los espacios aliados endurecieron públicamente su postura frente al caso. El diputado Fernando De Andreis (PRO) pidió la salida del jefe de Gabinete y sostuvo que “le está haciendo mucho daño al cambio en la Argentina, al Presidente y al Gobierno”. En la misma línea, el senador Maximiliano Abad (UCR) afirmó que “la mayoría de los dirigentes, la mayoría de la sociedad y hasta sectores del oficialismo coinciden en que tiene que irse”.
Ese clima toma temperatura en el Congreso. Esta mañana, el jefe del bloque amarillo en el Senado, Martín Goerling Lara, aseguró que, si el tema llega al recinto, acompañarán un eventual pedido de censura o de remoción de Adorni. En Diputados, en cambio, el PRO todavía no fijó una posición unificada, aunque tampoco descarta habilitar el debate. El radicalismo, por su parte, mantiene conversaciones entre sus gobernadores, que continúan en contacto con Santilli.
POLITICA
Las aventuras que tienen en jaque al poder

Son días extraños en la cúpula del poder. Por la Casa Rosada deambula el jefe de Gabinete apabullado, sin poder ejercer su rol. Una patrulla desesperada corre tratando de resguardarlo de la ofensiva que opositores y aliados preparan para esta semana en el Congreso. El ministro de Economía toma distancia, cansado de que la política eclipse los indicadores positivos que busca exhibir. Los otros ministros fingen demencia y siguen su rutina como si no los arrastrara la crisis más extensa y dañina desde que llegaron al poder.
Y en la punta de la pirámide, desconcierto; impotencia; silencio. Javier Milei se encerró en Olivos y redujo al mínimo las actividades públicas en las últimas dos semanas. El martes 9 fue la última vez que pisó la Casa Rosada para una serie de actividades protocolares, y el miércoles 17 recibió en la quinta presidencial a una delegación del Banco Mundial. Recién ayer reapareció en Rosario.
En su reclusión autoimpuesta habló con pocos funcionarios y se mostró tensionado. Una persona que lo conoce de cerca describió su interacción en estos días como “espasmódica” e “incómoda”. “Javier se refugió en su intimidad, se replegó más por instinto de supervivencia. Es lo que hace cuando tiene un problema y no encuentra la solución”, describió la fuente. No está claro si en esa soledad del poder, Milei reflexiona posibles alternativas o sólo procesa su ira desde su “emocionalidad intensa” (Patricia Bullrich dixit).
Durante ese repliegue, su hermana Karina actuó como su emisaria en la tierra para mantener la consigna de que Manuel Adorni no se va, y de que hay que resistir el intento de desestabilización del periodismo y la oposición. Cada vez le resulta más difícil la misión. Absolutamente todos los actores del oficialismo, desde el conjunto de los ministros hasta los diputados y senadores de La Libertad Avanza (LLA), imploran para que se termine de una vez este calvario que los tiene paralizados, sin poder salir en los medios, sin avanzar en la agenda legislativa y sin poder instalar un debate público más favorable. Es más, sienten que se están consumiendo el bono social que siempre otorga la expectativa del Mundial. La inmolación colectiva en el altar de las convicciones del líder está generando un malestar subterráneo que no tiene otro destino que la catarsis. Todos le deben sus cargos y sus bancas al mismo Milei. Fin.
En la Casa Rosada miran el impacto del affaire Adorni desde dos perspectivas. Por un lado, el daño objetivo en la imagen del Gobierno y del propio Milei. Según sus mediciones, tocaron el piso a fin de mayo, cuando la percepción positiva cayó al 33%, un indicador que amenazaba con perforar por primera vez el tercio que siempre sostuvo su apoyo al Presidente. En las últimas semanas, ese indicador se recuperó hasta el 38%, demostrando que es una variable dinámica y modificable. Esta interpretación mantiene vigente las chances de reelección el próximo año.
Sin embargo, hay una segunda lectura más profunda, que ya arroja una dinámica irreversible. Los últimos sondeos que aterrizaron en el Gobierno exponen con crudeza que en su defensa irrestricta de Adorni, Milei está terminando de perder una de sus banderas principales, que era la lucha contra la corrupción de la vieja casta que él vino a someter. “Hay variables cualitativas rotas. La construcción de Javier Milei como un político distinto, transparente, aferrado a sus convicciones, está muy dañada. Si nuestra ventaja competitiva era ser distintos del sistema político, hoy ya nadie nos votaría por eso. Esto nos hace mucho más dependientes de lo económico, un plano en el que estamos evolucionando muy bien”, sintetiza un referente del espacio.
Frente a este panorama, el viernes se produjo la primera reacción política desde que a principios de marzo se conocieron los viajes del jefe de Gabinete y se desató el vendaval. La designación del diputado Adrián Ravier fue una decisión personal de Milei que el resto de los actores del Gobierno conoció apenas un rato antes de su difusión. Comparte con él el entusiasmo por la economía y por la escuela austríaca, aunque han sabido tener fuertes diferencias en el pasado. Prueba de ese vínculo es que fue el propio Presidente el que pidió que lo incorporaran a la Fundación Faro. Aceptado por las dos facciones de la interna oficial, su nombramiento como vocero sirvió para calmar los nervios previos. Un anticipo de la guerra que se desatará el día que haya que definir al sucesor de Adorni.
Uno de los objetivos de la elección de Ravier es que se convierta en un traductor amigable de los logros económicos para el público. Implícitamente representa la admisión de que el Gobierno se encamina hacia una narrativa más monotemática. La idea es que en el discurso oficial haya más estadísticas y menos lucha anticasta; más indicadores de inversión y balanza comercial, y menos batalla cultural. Así como el actual gabinete se volvió más endogámico y homogéneo en comparación con el original, también el discurso libertario apunta a una simplificación y depuración. Al fin de cuentas, el principal mandato que recibió Milei fue el de mejorar la economía, y será la variable por la que lo evaluarán el próximo año.
Un condenado sin verdugo
Al dilema que representa Adorni para el Gobierno, esta semana se incorporará el Congreso al juego de las paradojas: todos piensan que debería irse, pero nadie quiere aparecer como responsable de ajusticiarlo. Es como un condenado sin verdugo. Milei ya dio señales de que está dispuesto a protegerlo hasta donde pueda. En su entorno reconocen que si el Congreso avanza con una moción de censura, prefiere que sean los legisladores quienes lo tumben antes que pedirle él anticipadamente la renuncia para evitar ese vía crucis. Le permitiría acusar a la oposición y a los falsos aliados de golpistas y desestabilizadores por utilizar por primera vez desde la reforma constitucional de 1994 la facultad de apartar al jefe de Gabinete por vía legislativa.
En los bloques oficialistas, especialmente en el Senado, dicen que la ofensiva opositora tiene número suficiente para voltearlo, entonces le sugieren al Gobierno que lo desplace previamente para evitar una sangría. No es la ilusión de sus vidas tener que defender en público a un Adorni que quedó socialmente cancelado. Como reseñó un legislador libertario, “todos queremos tener existencia política después de este episodio”.
Los gobernadores aliados, contactados por la patrulla desesperada que integran Diego Santilli y Lule Menem, cavilan y dan señales indescifrables. No quieren pagar el costo de quedar pegados al kirchnerismo, pero al mismo tiempo admiten que hay dinámicas legislativas que no controlan. Y el kirchnerismo, que sumado a la izquierda, es el único convencido de avanzar, tiene sus propias diferencias internas y no cuenta con el número suficiente para un impeachment.
Esta semana en el Congreso habrá dos instancias preliminares, el martes en Diputados y el jueves en el Senado, en las que se producirá una superposición de dinámicas. Por un lado, se desatará una discusión reglamentaria del artículo 101 de la Constitución Nacional en torno de si es necesario contar con los dos tercios de los votos (48 en el Senado y 172 en Diputados) o si alcanza con la mayoría absoluta de las cámaras (37 en el Senado y 129 en Diputados) para avanzar con la interpelación y la eventual moción de censura. El oficialismo buscará imponer la primera interpretación y la oposición buscará resistir con la segunda opción.
Pero al mismo tiempo, hay una cuestión de dinámicas legislativas que son muy riesgosas para LLA. Una cosa son las conversaciones individuales y racionales que mantienen con las otras bancadas, y otra distinta se desata cuando arranca una sesión y se produce un efecto contagio a partir del rumbo que adopte el debate. “Si la discusión por la interpelación se dispara, después va a ser muy difícil frenarla para la moción de censura”, evalúan en el bloque oficialista.
Además de definir el futuro de Adorni, una derrota legislativa demostraría que el oficialismo volvió a perder el control del Congreso que había conseguido en la primera mitad del año. Hace un mes LLA obtuvo en el Senado 58 votos para avalar la extensión del pliego del camarista Carlos Mahiques. Fue la cifra más alta de acuerdo que logró para una iniciativa que podría haber generado controversia. Esta semana Patricia Bullrich recordó que integra un bloque de sólo 21 legisladores y que les cuesta mucho sumar adhesiones para esta causa. El efecto Adorni es capaz de angostar el rango de acción en 37 senadores.
Politizados y ajusticiados
Así como el caso del jefe de Gabinete pone en tensión al Gobierno con el Congreso, también desnuda el tirante entramado que ata a la Casa Rosada con la Justicia. El avance de la investigación que tiene a su cargo el fiscal Gerardo Pollicita, por delegación del juez Ariel Lijo, sigue acumulando un caudal de información que estrecha demasiado la posibilidad de que Adorni no sea citado a indagatoria, y eventualmente procesado. ¿Cómo haría el fiscal para no solicitar su comparecencia después del festival de irregularidades y contradicciones que halló? ¿Y cómo podría Lijo eludir ese pedido?
Claro, después habrá que ver los plazos en los que actúan y cómo reaccionan las instancias superiores. Los jugadores finos no se ensucian en maniobras obvias. El morbo que generó el viaje de esta semana de Lijo junto con el ministro Juan Bautista Mahiques probablemente haya sido injustificado. “Si se juntan a cenar una vez al mes; no necesitan irse a París para hablar”, comentó un operador que conoce el vínculo entre ellos.
Esta causa aterrizó en Comodoro Py en el momento de más profunda redefinición de la relación del Gobierno con la Justicia. Después de dos años de zigzagueos, Milei, pero sobre todo Karina, habilitaron una estrategia clara: no habrá revolución de las togas. Así como en otros planos el Presidente es profundamente reformista, frente a los jueces adoptó una postura conservadora. Jamás incluyó a los magistrados en sus críticas despiadadas. Quizás por desconocimiento, tal vez por desinterés, o también por temor, habilitó un entendimiento con la casta de los tribunales, candorosamente definida como la “familia judicial”. Al incorporar como ministro a uno de sus más fieles exponentes, metió a Comodoro Py adentro del Gobierno.
A partir de entonces, se pasó a una fase de cartelización de la Justicia, con dos bandos (no confundir con bandas) disputando, y al mismo tiempo negociando, un tesoro vacante como nunca antes se había acumulado: dos lugares en la Corte Suprema, la conducción de la Procuración General, cientos de juzgados y fiscalías en todo el país, cargos judiciales a granel. Lijo, Marcelo Martínez de Giorgi, Ricardo Lorenzetti, Santiago Caputo, de un lado; Mahiques, Horacio Rosatti, Karina Milei, Santiago Viola, del otro. Enfrentados, a veces; aliados, otras tantas. En conjunto están reformateando tribunales, pero con las viejas lógicas.
Esta relación se apoya sobre dos dinámicas nocivas que se han naturalizado demasiado: la judicialización de la política y la politización de la Justicia. Los jueces tienen agarrada a buena parte de la dirigencia en causas de distinto tipo, en general de corrupción. Se evidencia una aceleración de este proceso porque los gobiernos tropiezan cada vez más rápido en las escalinatas de Comodoro Py, por impericia o por codicia. También porque la política perdió la capacidad de dirimir sus diferencias mediante acuerdos, entonces se judicializan hasta los decretos y las leyes.
En paralelo, la política les arranca a los magistrados compromisos varios en su largo camino hasta los tribunales, a través del Consejo de la Magistratura, el Gobierno y el Senado. El mecanismo de controles cruzados que establece la Constitución para el nombramiento de un juez se transformó en un calvario de cuentas a saldar. Son créditos que no se anotan, pero que todos asumen. Ninguno de estos fenómenos es novedoso. Simplemente que ahora se desarrollan muy a la vista. Por eso la imagen pública de la dirigencia política está hermanada con la de los jueces en su declinación infinita.
El caso Adorni es un vector de tensión para todo el sistema. Hacia adentro de LLA, entre el oficialismo y la oposición, entre el Gobierno y el Congreso, y entre funcionarios y jueces. Expone falencias que ya regían, pero que ahora adoptan otra visibilidad.
La sociedad presencia toda esta escena con un sentido de obscenidad que le repugna. Refuerza una noción de ajenidad peligrosa que opera sobre una fractura entre la dirigencia y la gente que en 2023 se resolvió precariamente pero que aún no terminó de soldarse. Ese divorcio nunca es gratuito para un país como la Argentina.
Jorge Liotti,Conforme a
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