ECONOMIA
La Argentina se ubica entre los países con mayor presión fiscal sobre el sector formal de la industria, según la UIA

En medio de los reclamos por la pérdida de competitividad, en un contexto crítico para la industria, la UIA presentó un informe que ubica a la Argentina en el primer puesto entre los países con mayor presión fiscal sobre el sector formal de la industria, en una muestra de 30 Estados. Respecto de 2023, el indicador marcó un aumento relevante.
El estudio establece una comparación con los países del G20, Sudamérica, Países Bajos, España y Suiza, que en conjunto representan el 81% del PBI mundial.
Se consideraron los 8 tributos más significativos del sistema tributario argentino: IVA, Impuesto a las Ganancias para Sociedades, Impuesto a los Débitos y Créditos, Impuesto al Patrimonio, derechos de exportación, Ingresos Brutos, tasas municipales y el Impuesto de Sellos.
La entidad, conducida por Martín Rappallini, señaló que la Argentina se ubica en el puesto 12° en términos de presión fiscal (recaudación/PBI) entre los 30 países analizados. Sin embargo, al considerar la carga tributaria sobre el sector formal, lidera el ranking con una presión del 56%, lo que implica un incremento de 6 puntos porcentuales en relación a 2023. Esto se debe a la elevada informalidad laboral.

Al presentar el informe en una conferencia de prensa, Carlos Abeledo, presidente del Departamento de Política Tributaria de la Unión Industrial, aseguró que observa una intención del equipo económico de bajar los impuestos, pero aún queda un largo camino por recorrer.
“El Gobierno nos ha dicho que en el mediano y largo plazo los beneficios impositivos del RIGI podrían extenderse al resto de la economía, una vez que la estabilización y el superávit fiscal estén consolidados”, contó el especialista, que estima que ello ocurrirá a fines de 2027 y principios de 2028.
Subrayó que “tenemos un sistema tributario regresivo, terminan pagando más impuestos las capas de menores recursos cuando consumen por el peso del IVA e Ingresos Brutos”.
A su turno, Rappallini destacó que la carga fiscal ha limitado el crecimiento y el empleo y que, en un marco de apertura económica, deja a muchas industrias fuera de la competencia global. Como dato relevante, el sector representa el 18% del PBI y genera el 28% de la recaudación y el 40% de Ganancias.
“Para nivelar la cancha, estamos pidiendo un pacto fiscal federal industrial”, agregó.
Cabe mencionar que el sector manufacturero se ubica un 10% por debajo de los niveles de 2022 y ya se perdieron 70.000 puestos de trabajo en el rubro desde mediados de 2023. Desde noviembre de 2023, desaparecieron 3.393 firmas industriales, de acuerdo a Politikon Chaco.
La principal preocupación para la mayoría de las empresas es la falta de ventas, derivada en gran medida de la caída del poder adquisitivo y de la competencia con los productos importados.
El informe indica que en el caso de Ganancias para las Sociedades, la Argentina ocupa el segundo lugar entre los países con mayor carga tributaria, con una alícuota máxima del 35% y un gravamen del 7% por dividendos. Como resultado, la carga efectiva sobre la renta empresarial asciende al 39,5%.
“De cada $100 de utilidad que tiene una empresa, $50 lo destina a pagar impuestos”, enfatizó Abeledo.
Colombia encabeza la lista, dado que la alícuota pasó del 31% al 35% por la reforma tributaria de 2022 y aplica una retención sobre dividendos del 20%.
En el ranking del Impuesto al Valor Agregado (IVA), el país se posiciona en el cuarto lugar, detrás de Brasil, Uruguay e Italia. La UIA identificó 3 problemáticas adicionales:
- Generación estructural de saldos a favor técnicos de difícil absorción, que implican costos ocultos al inmovilizar capital de trabajo.
- Dificultades para la devolución o acreditación de los saldos a favor técnicos originados en exportaciones. El mecanismo previsto para el recupero del crédito fiscal presenta demoras que afectan la liquidez de las empresas.
- Demoras en la devolución de saldos de libre disponibilidad, generados por la proliferación de regímenes de retención y percepción.
La UIA resaltó que solo 4 países del relevamiento aplican el Impuesto a los Débitos y Créditos, el llamado impuesto al cheque. La Argentina se mantiene al frente del ranking de presión fiscal.
“Se impuso como un impuesto transitorio, como muleta, en 2001 y ya cumplió 25 años de vigencia. El Gobierno promete que lo va a eliminar pero supone el 7% de la recaudación, motivo por el cual pedir la derogación inmediata es casi una utopía. Proponemos que en una primera etapa se pueda utilizar como pago a cuenta de Ganancias e IVA”, afirmó Abeledo y señaló que su derogación va a desincentivar el uso de efectivo y, por ende, disminuir la informalidad.

En el caso del Impuesto al Patrimonio, si bien en 2024 se introdujeron cambios a través del REIBP (Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales), que redujeron la alícuota general, la Argentina continúa encabezando la lista de los países con mayor carga tributaria en este gravamen.
“Por efecto de este impuesto, lo que está blanco se negrea. Tiene un efecto muy nocivo en controlar la evasión”, expresó Abeledo.
En términos de comercio exterior, solo Argentina y Rusia aplican derechos de exportación, más conocidos como retenciones. La alícuota argentina es superior, alcanzando el 8,68%, frente al 3,9% registrado en Rusia.
Si bien el Gobierno eliminó el tributo para 4.411 posiciones arancelarias (88% de los productos industriales), estas solo representan cerca del 18% del valor total de las ventas al exterior del sector.
Este miércoles el Ejecutivo, mediante el Decreto 566/2026, dispuso la reducción a 0% de las retenciones para productos químicos, acero, aluminio, cobre, zinc, estaño y parte de la producción automotriz. Asimismo, se implementará una baja gradual hasta junio de 2027 para petroquímicos específicos, plásticos, fertilizantes seleccionados, caucho natural y sintético, y una parte importante de la cadena automotriz, que incluye automóviles, pick-ups, camiones, ómnibus, carrocerías y algunas autopartes.
En otro orden, a nivel provincial, la Argentina integra el reducido grupo de países que gravan con Ingresos Brutos; únicamente Italia y Canadá cuentan con un tributo comparable, aunque con menor carga impositiva. Abeledo lo denominó “el padre de las distorsiones” por el efecto cascada que tiene. En suma, “las provincias exceden su potestad tributaria porque se lo cobran a empresas que no están en su jurisdicción”, resaltó Abeledo.
En el ámbito municipal, constituye el único caso de la muestra donde se imponen tasas sobre la misma base imponible que dicho tributo. Laura Bermúdez, directora ejecutiva de la UIA, dijo: “Los municipios inventan tasas para financiarse”.
En el Impuesto de Sellos, el país también mantiene el primer puesto, ya que presenta una alícuota promedio superior al 1% y alcanza a “todo acto documentado de carácter oneroso con efectos en el país”. Abeledo opinó: “Debería derogarse porque complejiza la instrumentación de las operaciones”.

En este marco, la central fabril elaboró una serie de propuestas para mejorar la competitividad del sector transable, entre las que se encuentran:
- Reducción del costo laboral no salarial: se propone permitir el cómputo de hasta el 95% de las Contribuciones Patronales a cuenta de IVA y Ganancias, para los sectores intensivos en empleo, industriales y economías regionales. Esta medida incentiva la formalización de la actividad productiva.
- Establecer una alícuota única del 25% para el Impuesto a las Ganancias.
- Implementar la devolución automática de los saldos a favor de IVA para su compensación con otros impuestos y con saldos de libre disponibilidad, y eliminación de los regímenes de retención y percepción.
- Cuenta única tributaria para la automaticidad en la disponibilidad de saldos a favor y compensación entre impuestos.
- En el caso del Impuesto sobre los débitos y créditos bancarios, se plantea permitir su cómputo como pago a cuenta del IVA y del Impuesto a las Ganancias: del 100% para las PyMEs y de manera gradual para el resto de las empresas (60%, 75% y 100% en los siguientes tres ejercicios), hasta su eliminación.
- Eliminación de los derechos de exportación para las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) y alimentos elaborados.
- Aumento de reintegros de exportación para bienes industriales, alimentos y bebidas y economías regionales.
- Inclusión del concepto “Buen Contribuyente”.
- Actualización de valores en normas tributarias, atada a un índice público.
A su vez, la UIA cree necesario avanzar en un pacto fiscal federal que contemple la reducción gradual de las alícuotas de Ingresos Brutos hasta llegar al 0% en un plazo determinado.
También busca la actualización automática de los umbrales de ingresos que determinan las distintas alícuotas aplicables, mediante un índice público de referencia.
En cuanto a las tasas municipales, la UIA pide que se correspondan con la prestación concreta, efectiva e individualizada de un servicio y que sus importes sean proporcionales al costo de esa prestación, de acuerdo con lo previsto en la Constitución.
Por último, asegura que es importante que más provincias se adhieran a la Ley de Transparencia Fiscal y que haya un compromiso de estabilidad fiscal y jurídica por 30 años para dar certidumbre a las nuevas inversiones, tomando como referencia el RIGI.
La próxima reunión de la UIA con el ministro de Economía, Luis Caputo, para tratar estos temas será en agosto.
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ECONOMIA
La agencia Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana de la Argentina

La calificadora Moody’s elevó la nota crediticia de la deuda soberana de Argentina, pasando de Caa1 a B3 para los compromisos en moneda local y extranjera, y modificó la perspectiva de estable a positiva. Según la agencia, esta mejora obedece a una reducción significativa del riesgo de default, en un contexto en el que la estabilización macroeconómica avanzó hacia una mejora más sostenible de los fundamentos crediticios, lo que también refleja un fortalecimiento en la gobernanza.
La calificadora destaca que los superávits fiscales sostenidos, la baja de la inflación y la continuidad de la liberalización económica refuerzan la credibilidad de las políticas y disminuyen la volatilidad macroeconómica. Además, resalta que el panorama externo de Argentina muestra una mejora notable, respaldada por un mejor desempeño exportador y un aumento de la inversión extranjera directa en los sectores de energía y minería, junto con un acceso más fluido al financiamiento internacional.
Según explicó la firma estadounidense, la perspectiva positiva refleja la visión de que el perfil crediticio de Argentina “podría fortalecerse aún más si las mejoras estructurales en las finanzas externas se combinan con la estabilización macroeconómica en curso”.
“Aunque persisten riesgos políticos de cara a las elecciones generales de 2027, se considera que el abanico de posibles políticas se ha reducido respecto a ciclos anteriores, lo que aumenta la probabilidad de continuidad en las medidas actuales y de mejoras sostenidas en la liquidez externa y la capacidad de pago de la deuda”, agregó el informe de Moody’s.
En tal sentido, precisaron que la calificación en moneda local se elevó a Ba3 desde B1, mientras que en moneda extranjera subió a B1 desde B2. La diferencia de tres escalones entre ambos representa “una mayor previsibilidad en las acciones e instituciones del gobierno y una menor intervención estatal en la economía y el sistema financiero, frente a riesgos políticos persistentes y desequilibrios externos que mejoran de forma gradual”. En tanto, la divergencia entre las notas en moneda extranjera y el de moneda local responde a una “mayor eficacia de las políticas y un bajo nivel de endeudamiento externo, aunque limitada por la baja apertura de la cuenta de capital”.

Tanto el ministro de Economía, Luis Caputo, como el viceministro de Economía, José Luis Daza, destacaron la decisión de la calificadora. “Con esta decisión, las tres grandes calificadoras (Moody’s, S&P y Fitch) quedan alineadas en B- por primera vez en más de una década. Miles de mandatos institucionales que exigen dos o tres agencias, o que utilizan la calificación promedio, tienen desde hoy luz verde para invertir en Argentina”, planteó Daza en su cuenta oficial de X.
En su comunicado, Moody’s explicó que el ajuste macroeconómico argentino evolucionó hacia un proceso de normalización más integral, sostenido por superávits fiscales continuos y un giro definitivo hacia la estabilización de la política económica y monetaria. Según la calificadora, el superávit fiscal funciona como el ancla central del programa de estabilización, ya que sostiene la desinflación, reduce las vulnerabilidades de financiamiento y fortalece la credibilidad de las políticas.
A diferencia de intentos de estabilización previos, que dependieron en gran medida de medidas transitorias o de ingresos externos de corto plazo, la agencia remarcó que el ajuste actual se apoya en una corrección sostenida de los desequilibrios fiscales, la eliminación del financiamiento monetario y las distorsiones de mercado, una normalización progresiva de los esquemas monetario y cambiario, y flujos genuinos de inversión. “La combinación de estas políticas redujo significativamente la volatilidad macroeconómica, fortaleció la confianza y creó condiciones para una recuperación gradual de la actividad del sector privado, evitando a la vez un resurgimiento de los desequilibrios que derivaron en la crisis de balance de pagos de 2023”, señaló Moody’s.
La firma también destacó que la credibilidad de las políticas se ve reforzada por mejoras institucionales y patrimoniales en todo el sector público, entre ellas la recapitalización del Banco Central y la reducción de los pasivos intra sector público, mientras que la baja de la inflación favorece la recuperación de los ingresos reales y de la confianza.

A esto se suman las reformas estructurales, incluidos los cambios en el mercado laboral y la desregulación en sectores clave, que a criterio de la calificadora están mejorando el entorno de negocios y promoviendo un reequilibrio gradual en la composición de la inversión y la actividad económica, hacia un modelo de crecimiento liderado por el sector privado. En ese marco, Moody’s proyectó una expansión del producto bruto interno de 3,4% para 2026 y de 3,5% para 2027.
El otro pilar de la suba de calificación es el frente externo. La calificadora sostuvo que “la posición externa de Argentina mejoró de manera sustancial” y que esa mejora se caracteriza cada vez más por avances estructurales en la generación de divisas. Históricamente, remarcó el informe, los desequilibrios externos, la pérdida de reservas y las crisis recurrentes de balance de pagos representaron la principal fuente de vulnerabilidad del país, restringiendo en forma reiterada el crecimiento económico y limitando la capacidad de pago.
De acuerdo con Moody’s, el desempeño exportador se fortaleció en una base amplia de sectores, entre ellos agricultura, manufacturas y servicios, mientras que el sector energético pasó de ser una fuente de presión externa a generar un superávit creciente. La agencia atribuyó esta mejora tanto al éxito del ajuste macroeconómico como a una transformación profunda en marcha en el sector exportador del país, impulsada por inversiones a gran escala en hidrocarburos, minería e infraestructura.
En ese sentido, el informe puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), orientado a atraer inversiones de gran escala y largo plazo en sectores con capacidad de incrementar de manera significativa la capacidad exportadora del país. Moody’s repasó que ese régimen catalizó flujos de inversión considerables, con una cartera de proyectos por USD 141.700 millones —equivalente a alrededor del 20% del producto bruto interno—, de los cuales USD 45.000 millones se encuentran en proceso de ejecución.

La calificadora precisó que estas inversiones se financian en gran medida en el largo plazo, lo que reduce la dependencia del endeudamiento soberano y a la vez genera un ingreso sostenido de divisas. A esto se agrega una mejora en la composición del financiamiento externo, con mayor peso de la inversión extranjera directa, el apoyo multilateral y el endeudamiento del sector privado, factores que refuerzan la disponibilidad de divisas y la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones externas.
Respecto de las reservas, Moody’s remarcó que la acumulación se fortaleció de manera significativa durante 2026, con compras del Banco Central por más de USD 11.000 millones hasta la mitad del año, sin que ese proceso generara presiones sobre el tipo de cambio. Aunque reconoció que los colchones de reservas siguen siendo relativamente débiles, la calificadora consideró que la mejora en la dinámica externa subyacente y en la capacidad de financiamiento redujo los riesgos de balance de pagos y disminuyó las preocupaciones en torno a las presiones de pago de deuda, en particular para 2026 y 2027.
Sobre la perspectiva positiva, la calificadora amplió que la fortaleza fiscal, la baja de la inflación y la creciente credibilidad de las políticas probablemente continúen, mientras que las inversiones de gran escala en energía y minería se traducirían en ganancias sostenidas de capacidad exportadora e ingreso de divisas. No obstante, Moody’s advirtió que «el ajuste macroeconómico deberá continuar hasta que una porción mayor de los proyectos del sector externo se concreten en 2027″, ya que, pese a las mejoras recientes, los colchones externos todavía no son lo suficientemente sólidos como para resistir un shock político o de balance de pagos.
En cuanto al escenario electoral, el informe planteó que un cambio en el panorama político tras los comicios de 2027 podría alterar la trayectoria de las políticas actuales. “La elección de una administración más intervencionista que revierta parcialmente las reformas recientes implicaría el riesgo de reintroducir distorsiones en la inversión, el comercio, el mercado cambiario y el manejo fiscal”, sostuvo Moody’s, y agregó que ese escenario probablemente debilitaría la confianza de los inversores, desaceleraría los flujos de inversión y limitaría la acumulación de reservas externas, erosionando de manera gradual las mejoras crediticias logradas durante el ajuste actual.
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ECONOMIA
Lado B del boom exportador: el aporte de dólares de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

La euforia con la que el ministro Luis Caputo anuncia los excelentes números de la exportación tiene un lado B: cuando se analiza con lupa la composición de la balanza comercial, puede notarse que el mejor momento ya quedó atrás y que, en los próximos meses, el aporte de dólares podría comenzar a mermar.
Para empezar, el «récord histórico» de las exportaciones en junio no fue tal: se vendió mercadería por u$s9.055 millones, lo que implica una caída de 5% respecto de mayo, cuando sí se registró un récord. Pero Caputo no quiso opacar el clima de festejo, y por eso destacó que era un máximo histórico… para el mes de junio.
Lo cierto es que en hay probabilidades de que las exportaciones de julio sean menores que las de junio, y así sucesivamente. No será una situación que sorprenda a los expertos en comercio exterior: es el típico efecto estacional del segundo semestre, cuando ya pasado el mejor momento de la cosecha gruesa, empieza a aminorar la liquidación de los productos agrícolas.
Pero, además, este año incide otro efecto, el de la exportación de petróleo, el rubro estrella que ayudó a que se equilibrara, por fin, la cuenta corriente.
La exportación del rubro hidrocarburos obedece al gran boom productivo del yacimiento Vaca Muerta, como lo acredita el hecho de que, en meses como mayo, los volúmenes vendidos hayan aumentado un 78% en términos interanuales. Pero, sobre todo, lo que hizo que este fuera un año extraordinario para la exportación fue el conflicto de Medio Oriente, que disparó la cotización del barril de crudo en el mercado internacional.
Exportaciones de Vaca Muerta y el «efecto precio»
Y hay un efecto que aparece en la «letra chica» de la estadística, y que los economistas suelen pasar por alto: hay un desfasaje, de aproximadamente 45 días, entre el momento en que se produce la venta y el momento en que se fija el precio. Esto llevó a que en marzo y abril, cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán estaba en su momento más intenso, los precios del petróleo argentino todavía no reflejaban plenamente el pánico de los mercados, que había llevado el crudo Brent por encima de los u$s120.
Y también ese efecto determinó que en marzo las exportaciones de petróleo argentino fueran de u$s1.235 millones y en abril de u$s1.554 millones. Son cifras excelentes, pero que no se explicaban por el aumento en el precio internacional -de hecho, en marzo hubo una caída en términos interanuales- sino por el mayor nivel de producción.
Fue recién en mayo cuando el «efecto Irán» se notó a pleno. Ese mes el petróleo aportó divisas por u$s1.745 millones, lo cual representó un 18,3% del total exportado. Todo un logro, en plena liquidación de la cosecha agrícola, que parecía confirmar el pronóstico de Caputo en el sentido de que el rubro de combustibles se dirige a disputarle el protagonismo al campo como proveedor de dólares en la economía argentina.
Claro, en mayo aparecieron reflejados los precios de inicios de abril, que se ubicaban en u$s110 para el tipo Brent. Ese mes, la exportación petrolera marcó una impactante suba interanual de 167%, lo cual se explica por una suba de precios de 49,9% y un aumento en las cantidades por 78,5%. Fue el mejor momento del año, y hay indicios de que no se volverá a repetir.
¿Lo mejor ya pasó para el petróleo?
Por lo pronto, los números de junio ya cayeron un escalón: se vendieron u$s1.406 millones. Y cuando se analiza cómo se compuso ese número, aparece una luz amarilla: hubo una mejora interanual de precios de 47,8%, pero las cantidades vendidas cayeron un 11,7%.
Los precios que refleja la estadística de junio corresponden al de inicios de mayo, cuando el crudo oscilaba en torno de u$s100. Es decir, todavía un precio alto, pero que ya daba señales de estar buscando los niveles previos al inicio del conflicto bélico.
¿Qué implica esto? Que, de acuerdo con ese desfasaje de precios, la exportación de julio reflejará el bajón del precio del petróleo ocurrido en junio, cuando la expectativa de una reapertura del estrecho de Ormuz llevó a la cotización del crudo al nivel de u$s80. Una situación similar podría ocurrir en agosto, cuando las ventas reflejen los precios de julio, que si bien están al alza por la incertidumbre sobre el conflicto, tuvieron un piso de u$s70 a inicios de mes.
Los bancos de inversión que analizan el mercado energético plantean un escenario de un precio en torno de u$s80 para el segundo semestre, y una caída para inicios del año próximo. Por supuesto que en el mundo petrolero hay una incidencia política mucho más alta que en otros productos pero, aun así, los analistas observan que el momento de mayor volatilidad ya pasó y que, aun con las amenazas de Donald Trump sobre un recrudecimiento del conflicto, difícilmente se repitan los precios récord de inicios de año.
Lo que viene
¿Cuál es la consecuencia de esta situación para Argentina?: que ese «plus» aportado por los altos precios en las exportaciones de mayo y junio ya no será tan fuerte, y que para que se mantenga el flujo de entrada de dólares se dependerá de un alto volumen de producción en Vaca Muerta.
Desde ya, no es que se trate de un objetivo imposible. Más bien al contrario, el boom inversor que se está produciendo en la cuenca neuquina está llevando a que se superen los récords de producción.
Con un volumen superior a los 630.000 barriles diarios, Vaca Muerta está mostrando un crecimiento de más de 35% en comparación con el año pasado. Y casi a diario se conocen nuevos proyectos, como el desarrollo de un bloque capaz de procesar 40.000 barriles de petróleo, a cargo de la empresa Vista bajo el régimen RIGI, por un monto de u$s5.800 millones.
El tema es que para que estos nuevos proyectos se concreten se requiere tiempo. Por caso, para que haya una exportación masiva de gas licuado, falta todavía dos años de obra que permitan transportar el gas hasta la nueva planta de licuefacción en la costa de Río Negro.
En definitiva, el largo plazo sigue siendo optimista. Pero en lo que refiere al programa económico de este año y el próximo -que incluye un exigente calendario de pagos por la deuda-, hay probabilidades de que el mejor momento en cuanto al aporte del petróleo ya haya quedado atrás.
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ECONOMIA
Mercados: subieron las acciones argentinas, respaldadas por las alzas de Wall Street y el petróleo

Las bolsas de Nueva York operaron con alzas este martes, un comportamiento que se produjo en simultáneo a otra sesión con alza para los precios del petróleo, dadas las renovadas hostilidades en Oriente Medio.
Los principales índices de Wall Street avanzaron en un rango de 0,7% a 1,3%, mientras que el crudo se encareció más de 2 por ciento.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 1,8%, a 3.281.979 puntos. Entre los ADR y acciones de empresas argentinas que son negociados en dólares en Wall Street predominan las ganancias, encabezadas por Edenor (+5,4%), Cresud (+4,4%) y Pampa Energía (+3,6%).

En la licitación extraordinaria del día, la Secretaría de Finanzas frente a la suscripción en especie del día adjudicó un total de USD 1.895 millones, habiendo recibido ofertas por un total de USD 2.087 millones, con una aceptación de 45,2% sobre el total de vencimientos nominales en circulación.
Se dividió en un bono Dólar Linked al 31 de agosto de 2026 por USD 1.736 millones adjudicado, y otro títulos similar al 15 de diciembre de 2028 (TZVD8) por 159 millones de dólares.
“Esta operación pretende reducir la volatilidad cambiaria del cierre de mes y extender los plazos de los compromisos de deuda”, explicaron desde Rava Bursátil.
En el exterior las acciones estadounidenses subieron, mientras los inversores se preparaban para una avalancha de informes de ganancias corporativas de empresas tecnológicas en medio de señales de una reactivación en las acciones de semiconductores, con los nuevos aranceles estadounidenses a Canadá y las hostilidades en Medio Oriente también en el punto de mira.
El índice Nasdaq Composite, con fuerte presencia de empresas tecnológicas, subió un 1,3%, impulsado por el auge de los semiconductores antes de la publicación de los resultados de las grandes tecnológicas esta semana. El promedio Dow Jones Industrial avanzó un 0,7%, mientras que el S&P 500 ganó un 0,9% tras la caída de las acciones el lunes en medio de las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.
Los precios del crudo operaron a su vez en alza, mientras los mercados evaluaban las noticias sobre los esfuerzos de mediación frente a los nuevos ataques intercambiados entre Estados Unidos e Irán, así como las amenazas de un bloqueo naval de Arabia Saudita por parte de los hutíes de Yemen.
Los futuros del Brent del Mar del Norte para septiembre ganaron 2,4%, a USD 91,39 el barril, mientras que el contrato de referencia del WTI (West Texas Intermediate) en Estados Unidos, también para septiembre, avanzó 2,5%, a 84,54 dólares.
El ascenso del crudo fue el fundamento de las ganancias de las acciones argentinas del sector de energía, como YPF (+1,6%, a USD 51,25), Vista Energy (+1,8%) y Tenaris (+1,6%).
“Hay cierta esperanza de una distensión entre Estados Unidos e Irán. Según algunas informaciones, los mediadores están proponiendo un alto el fuego de diez días, lo que podría volver a encarrilar el memorando de entendimiento”, señalaron los analistas de ING en una nota a clientes, en referencia al acuerdo provisional negociado en junio.
Sin embargo, persisten importantes diferencias entre Washington y Teherán, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió de represalias tras la muerte de varios soldados estadounidenses, añadió ING.
Un alto cargo iraní dijo a Reuters que Teherán recibió una propuesta de los mediadores para un alto el fuego de 10 días, en un intento por salvar el acuerdo firmado el 17 de junio, destinado a allanar el camino hacia un acuerdo duradero que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.
Esta iniciativa diplomática se produjo tras otra noche de bombardeos contra ciudades iraníes y de ataques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní contra instalaciones militares estadounidenses en toda la región.
Asimismo, los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron el lunes que impondrían un bloqueo naval a Arabia Saudita, lo que abre un posible nuevo frente contra Estados Unidos en su guerra contra Irán y aumenta la amenaza para el suministro energético mundial y el comercio más allá del golfo Pérsico.
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