ECONOMIA
La economía de las apps bajo la lupa: aumenta el endeudamiento de repartidores y comercios asociados

El Banco Central de la República Argentina detectó un crecimiento de la deuda entre repartidores y comercios asociados a aplicaciones de delivery. La deuda promedio por trabajador ronda los $900.000, mientras que los comercios alcanzan los 6 millones. Los créditos provienen, en su mayoría, de las propias aplicaciones, que concentran las opciones de financiamiento para quienes no acceden al sistema bancario formal.
Los trabajadores acceden a estos préstamos principalmente para adquirir bicicletas, motos o realizar reparaciones necesarias para continuar su actividad. “Casi un millón de pesos de deuda promedio tiene un trabajador de aplicaciones, muchas veces con el propio sistema de aplicaciones para el que trabaja”, afirmó en Infobae A las Nueve la periodista Cecilia Boufflet.
Esta tendencia afecta especialmente a quienes desarrollan la actividad de manera exclusiva y no cuentan con acceso al sistema financiero tradicional.
Boufflet detalló que el Banco Central incluyó un capítulo especial sobre la economía de las apps en su informe de deuda no financiera. Allí se destaca que el 70 % de los deudores son jóvenes menores de cuarenta años, en su mayoría trabajadores full time de aplicaciones.
Los créditos surgen como única alternativa para quienes no pueden acceder a préstamos bancarios debido a la falta de ingresos formales o antecedentes crediticios.
Las aplicaciones de delivery otorgan créditos de manera casi instantánea. Los préstamos se asignan a partir de parámetros como la cantidad de horas trabajadas o la calificación obtenida en la plataforma.
“Solo se le dan créditos a quienes trabajan más cantidad de horas o en horas pico, a quienes generan ingresos como para repagar esa deuda y no quedar en mora”, explicó Boufflet.
La modalidad de crédito suele ser a seis meses, con cuotas que no pueden superar el 30% de los ingresos del trabajador. Boufflet remarcó que el sistema prioriza a los empleados con mayor capacidad de pago, ya que quienes trabajan pocas horas no acceden a los préstamos. La mayoría de los tomadores de crédito utilizan este financiamiento para asegurar la continuidad de su trabajo.
Los comercios asociados a las aplicaciones también recurren a estos préstamos. Utilizan el financiamiento para cubrir gastos urgentes, como la reparación de heladeras o la compra de estanterías, con el objetivo de sostener el negocio.
Las tasas de interés que aplican las aplicaciones de delivery no se informan de manera pública y concreta. Boufflet señaló: “Las apps dicen que son tasas competitivas, más baratas que las fintech, pero lo que pasa siempre con estas cosas es que no dicen cuál es la tasa. Nadie mostró el dato del sistema”. Por este motivo, resulta difícil para los trabajadores conocer el costo real del financiamiento.
El informe del Banco Central destacó que la tasa de mora entre los trabajadores de apps se ubica en el 11,7%, menor que la del sistema general, que alcanza el 12,7%, y que la de las fintech, por encima del 13%.

El crecimiento de los créditos dentro de la economía de aplicaciones generó preocupación sobre la capacidad real de pago de los trabajadores. Boufflet advirtió que el principal riesgo radica en que las cuotas no superen una parte significativa de los ingresos, para evitar la mora y las sobretasas.
“Hay que ver cómo sigue evolucionando la situación de la mora, porque si ese endeudamiento es para que todo el mundo crezca y trabaje y viva de una mejor manera, es una cosa, si ese endeudamiento es una bola de nieve, es otra muy distinta”, sostuvo.
El saldo promedio de los créditos resulta alto en comparación con los ingresos habituales de los repartidores. La mayoría no percibe salarios superiores a tres millones de pesos, según los testimonios relevados. La dinámica de trabajar muchas horas para cubrir las deudas genera dudas sobre la sostenibilidad del modelo.
El informe del Banco Central y los análisis de consultoras privadas muestran que solo una parte de quienes pierden su empleo se vuelcan al delivery. El 53% de quienes complementan sus ingresos con plataformas digitales opta por el e-commerce, mientras que el 12% lo hace a través de aplicaciones de delivery y el 10% mediante apps de transporte.
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ECONOMIA
El precio que no debe superar el dólar para que el carry trade siga siendo negocio

El carry trade entró en una zona más incómoda para la City, porque durante varios meses la cuenta había sido relativamente simple para buena parte del mercado, con inversores que se quedaban en pesos, capturaban tasa y apostaban a que el dólar financiero no se moviera a la misma velocidad. Esa dinámica empezó a cambiar con el salto del dólar MEP y dejó una pregunta mucho más urgente para quienes siguen mirando LECAPs, BONCAPs, CER, TAMAR o dólar linked, que ya no pasa únicamente por cuánto rinde cada instrumento, sino por a qué precio del dólar deja de convenir quedarse en pesos.
El gráfico de breakeven de tipo de cambio y LECAPs muestra la nueva cancha. Con un MEP que ronda los $1.527, los títulos a tasa fija más cercanos todavía ofrecen margen frente a una suba adicional del dólar financiero, aunque ese colchón aparece mucho más acotado que en los meses de mayor calma. La zona de equilibrio de esos instrumentos se mueve entre $1.544 y $1.660, mientras que los títulos más largos estiran la frontera hacia $1.715, $1.828, $1.863 y $1.889, según el vencimiento elegido.
Comafi Research también puso números al golpe del mes pasado dado que, en su reporte mensual de estrategia, la entidad sostuvo que la combinación de una depreciación cambiaria del 5% y una ampliación de tasas barrió más de dos meses de carry trade. Según ese informe, las posiciones en pesos registraron pérdidas de entre el 3% y el 4,5% medidas en dólares durante junio, un movimiento que dejó mucho más selectivo el menú de instrumentos en moneda local.
A qué dólar deja de convenir cada LECAP
La cuenta fina del carry está en el MEP al vencimiento de cada instrumento. Ese es el precio que define si la tasa en pesos le gana o pierde contra haberse dolarizado desde el arranque. Con el MEP en valores actuales, las LECAPs cortas todavía tienen margen, aunque el colchón ya quedó muy ajustado en los primeros vencimientos:
- S31L6: Deja de ser negocio si el MEP supera los $1.544 al vencimiento. Contra el spot, apenas conserva un colchón menor a los $20, por lo que queda muy expuesta a cualquier nuevo movimiento del dólar financiero.
- S14G6: Pierde si el MEP supera los $1.558 al vencimiento. El margen frente al spot es de $31, todavía positivo, aunque demasiado corto para un escenario de mayor presión cambiaria.
- S31G6: Deja de ser negocio si el MEP supera los $1.572 al vencimiento. En este caso, el colchón frente al dólar actual es de $45, un margen algo mayor, pero todavía acotado.
- S30S6: Pierde si el MEP supera los $1.604 al vencimiento. La distancia contra el spot sube a $77, por lo que empieza a mostrar una defensa un poco más cómoda dentro de la parte corta.
- S30N6: Deja de ser negocio si el MEP supera los $1.660 al vencimiento. Es la LECAP corta con más margen dentro del gráfico, con un colchón de $136 frente al MEP actual.
- T15E7: Empata contra el dólar cerca de $1.715 al vencimiento. Desde ese nivel, la discusión ya empieza a correrse hacia instrumentos de mayor plazo, con más margen cambiario, pero también con más riesgo de precio.
- T30A7: Deja de ser negocio si el MEP supera los $1.828 al vencimiento. Es uno de los BONCAPs largos que todavía conserva un colchón relevante frente al dólar actual, aunque ya implica una apuesta bastante más extendida en el tiempo.
- T31Y7: Pierde si el MEP supera los $1.863 al vencimiento. El margen cambiario es mayor que en las LECAPs, pero el inversor queda más expuesto a la volatilidad de precio, licitaciones y demanda de cobertura.
- T30J7: Deja de ser negocio si el MEP supera los $1.889 al vencimiento. Es el título del gráfico con mayor breakeven en pesos, por lo que soporta un dólar más alto antes de perder contra la dolarización, aunque también concentra más riesgo por duración.
El trilema del Tesoro y el impacto de los bonos dólar linked
El asesor financiero Rocco Abalsamo vuelve sobre el «Trilema del Tesoro», una forma de describir los trade-offs entre tres objetivos difíciles de sostener al mismo tiempo: mantener un dólar bajo, mantener tasas bajas y sostener un nivel de compra alto por parte del BCRA. Durante buena parte del semestre, esa tensión pareció administrarse mejor de lo esperado, con tasas que bajaban, un dólar contenido y compras oficiales de divisas.
Según el asesor, la explicación estuvo en un cuarto factor, que fue la extracción de liquidez mediante instrumentos dólar linked. La lógica es que, cuando el BCRA compra dólares emite pesos, y si la demanda de dinero no crece al mismo ritmo, esos pesos pueden terminar presionando sobre los dólares financieros. Para evitarlo, el mercado recibió cobertura cambiaria en forma de dólar linked, una herramienta que permitió retirar parte de esa liquidez y, al mismo tiempo, ofrecer protección ante una suba del tipo de cambio.
De acuerdo con Abalsamo, esa estrategia ayudó a acumular compras por alrededor de u$s11.165 millones en el primer semestre, aunque dejó una contracara relevante para el mercado, que fue el aumento de la cobertura cambiaria en manos privadas. A medida que el dólar empezó a ser más demandado, la venta de más dólar linked generó una dinámica delicada, con mayor demanda de cobertura, menor liquidez disponible y más volatilidad en tasas de muy corto plazo.
Comafi describe el mismo fenómeno desde el mercado ya que, en su informe de estrategia, señaló que la depreciación de junio llevó a una respuesta del BCRA por dos vías: un menor ritmo de acumulación de reservas y ventas de instrumentos dólar linked. La intervención se concentró en TZV26 y D31L6, por un monto que rondaría los US$ 2.500 millones de valor nominal, una operatoria que permitió actuar sobre el tipo de cambio oficial y, al mismo tiempo, retirar pesos del sistema.
Qué instrumentos miran ahora los inversores
En tasa fija corta, Comafi todavía ve atractivo táctico por la ampliación de tasas reales, con foco en S31L6, S14G6 y S31G6. El matiz aparece al cruzar esa preferencia con el breakeven contra MEP, porque esos mismos títulos tienen poco aire si el dólar financiero vuelve a acelerar desde la zona de $1.524. En ese tramo, la apuesta ya no es simplemente cobrar tasa, sino esperar una pausa cambiaria que permita recomponer la ventaja de los pesos.
En CER, la entidad destaca que la inflación implícita del segundo semestre quedó por debajo de sus proyecciones, lo que deja valor en el Boncer 2026 para el devengue de corto plazo. Entre los nombres que menciona aparecen X30S6, TZXD7 y TZXS8, instrumentos que cambian el eje de la discusión, porque ya no dependen de una tasa fija pura, sino también de cuánto termine validando la inflación en los próximos meses.
En Tamar y Duales, el argumento pasa por tasas variables que todavía no incorporarían del todo una convergencia a terreno real positivo. Allí Comafi marca al TMG28 y al TXMJ9, dos alternativas para quien busca estirar plazos, aunque con una lógica distinta a la tasa fija tradicional. En ese universo, el inversor no apuesta únicamente a que el dólar se calme, sino que también busca capturar una normalización de las tasas reales de mediano plazo.
Para quienes priorizan la cobertura cambiaria, la curva dólar linked volvió a ganar protagonismo. Comafi espera que siga la tendencia de depreciación y que el apetito por cobertura sea abastecido parcialmente por el BCRA y el Tesoro. Sus nombres predilectos en esa parte de la curva son D31G6 y D30S6, que no aparecen como una apuesta para maximizar el carry, aunque sí como una forma de resignar parte de la tasa para no quedar tan expuesto ante otro salto del dólar.
La nueva lógica del carry tras la volatilidad cambiaria
Por todo esto, la frontera de las LECAPs vuelve a hacerse concreta. El carry en S31L6 se rompe con un MEP apenas arriba de $1.544; el de S14G6, con un dólar arriba de $1.558; el de S31G6, con un financiero arriba de $1.572; el de S30S6, con un MEP arriba de $1.604; y el de S30N6, con un dólar arriba de $1.660.
Esa escala muestra que el mercado todavía paga tasa, aunque ya no alcanza con mirar el rendimiento nominal, porque cada vencimiento tiene un precio de dólar muy preciso a partir del cual la ganancia en pesos deja de compensar el riesgo cambiario.
El mercado dejó de mirar la tasa en pesos como una inversión automática y la pregunta ya no es solo cuánto rinde cada título, sino qué dólar MEP está dispuesto a tolerar el inversor para el día del vencimiento. Si espera un MEP debajo de $1.600 / $1.660, las LECAPs cortas todavía pueden defender el carry; si mira un dólar más cerca de $1.800, la discusión se corre a los vencimientos más largos; y si cree que el financiero puede acercarse rápido a $1.900, la ventaja empieza a quedar demasiado ajustada incluso en los tramos que todavía muestran colchón.
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ECONOMIA
Quiénes se quedan con las esquinas más cotizadas de la Ciudad tras el cierre de sucursales bancarias

El cierre de varios comercios y en especial de sucursales bancarias está configurando un nuevo escenario para el sector corporativo. Los nuevos clientes
13/07/2026 – 08:47hs
El paisaje urbano está cambiando a un ritmo acelerado. El avance indetenible de la digitalización financiera y la necesidad de los bancos de recortar costos fijos provocaron un repliegue masivo de sucursales físicas. Este fenómeno dejó un tendal de locales vacíos que representan un verdadero dolor de cabeza para el mercado inmobiliario corporativo: espacios enormes, ubicados en esquinas estratégicas o avenidas de alto tránsito peatonal (los denominados locales Premium o Flagship), que históricamente convalidaban los alquileres más altos del mercado.
Hoy, la reconversión de estos «elefantes blancos» comerciales avanza a paso firme. El mercado está encontrando su relevo en nuevos jugadores que buscan, justamente, metros cuadrados generosos y máxima visibilidad. En este contexto, quienes son los nuevos dueños de las grandes esquinas:
Gigantes del Retail Chino y Tiendas de Estilo de Vida (Lifestyle): Es el desembarco del momento. El capital de origen asiático está desplegando formatos corporativos modernos y de altísima escala que encajan a la perfección en las viejas estructuras bancarias.
- El fenómeno Miniso y similares: Marcas masivas de diseño, tecnología y hogar lideran la tendencia. Miniso, por ejemplo, consolidó un plan de inversión de 50 millones de dólares para abrir 100 tiendas en el territorio, apuntando a locales insignia de entre 200 y 600 metros cuadrados —el tamaño justo de un banco céntrico— para captar la compra por impulso.
- Megabazares modernizados: Lejos de la vieja estética de los almacenes de barrio, los nuevos emprendimientos chinos operan con pasillos amplios, iluminación LED y cartelería digital. Las plantas bajas libres y los techos altos de los exbancos les permiten montar estanterías elevadas para su masivo volumen de inventario.
El Sector Gastronómico y Cafeterías de Cadena: Las grandes cadenas de cafeterías, hamburgueserías de marca y franquicias de comida rápida son los principales relevos en zonas comerciales tradicionales. Las antiguas áreas de atención al cliente se transforman en salones para mesas de gran capacidad, mientras que los sectores de oficinas o búnkeres se reconfiguran como cocinas y depósitos.
Tiendas de Conveniencia y Farmacias Lifestyle: Cadenas de supermercados de cercanía y farmacias de gran escala (enfocadas en cosmética, bienestar y alimentos) aprovechan estos puntos neurálgicos. Al ubicarse en esquinas clave de distritos financieros o residenciales, se aseguran captar el flujo peatonal diario que va o vuelve de sus lugares de trabajo.
Gimnasios y Centros de Salud: Las cadenas de gimnasios medianos, laboratorios de análisis clínicos y centros médicos ambulatorios completan la lista de interesados. Las estructuras sólidas y los subsuelos de los bancos son ideales para soportar el peso de las maquinarias de ejercicio o para realizar las subdivisiones necesarias para los consultorios.
Radiografía de precios: cuánto cotiza el metro cuadrado
En el mercado inmobiliario comercial de la Ciudad de Buenos Aires, el valor de alquiler por metro cuadrado de un gran local (más de 300 m2) en una ubicación Premium se mueve bajo la cotización del dólar billete o MEP, aunque los contratos se liquidan en pesos bajo índices de indexación específicos. El mapa de valores promedio por m2 mensual expone realidades muy diversas según el corredor comercial:
- Zonas Top / Premium (Palermo Soho, Palermo Hollywood, Belgrano, Recoleta): Cotiza entre los u$s35 y u$s45 por m2. Un local de 400 m2 en una esquina clave de estas áreas demanda un alquiler base de u$s4.000 a u$s18.000 mensuales.
- Ejes de Alta Densidad (Avenida Santa Fe, Cabildo, Rivadavia): Se ubica en el rango de los u$s30 a u$s38 por m2.
- Microcentro y zona bancaria: Tras la fuerte vacancia bancaria, los valores se reacomodaron a la baja, promediando los u$s25 a u$s30 por m2. Sin embargo, esquinas hiper-transitadas (como la peatonal Florida o cercanías a Plaza de Mayo) sostienen pisos de u$s35 por m2.
- Interior del país (Principales capitales como Córdoba, Rosario o Mendoza): Las grandes arterias comerciales de estas plazas promedian entre u$s15 y u$s25 por m2.
Para dimensionar el impacto real de este fenómeno y conocer la trastienda de las negociaciones, referentes del sector inmobiliario corporativo y comercial aportan su visión sobre esta profunda reconversión urbana. Desde la Cámara de Empresas de Servicios Inmobiliarios (CAMESI), sostienen que «el perfil del inquilino para locales de más de 300 o 400 metros cuadrados cambió drásticamente. El banco era el cliente ideal: solvente, previsible y dispuesto a convalidar los precios más altos por metro cuadrado. Hoy, los propietarios tienen que aceptar que ese mercado ya no existe».
«Las cadenas de retail asiático, principalmente de capitales chinos, y las mega-farmacias son los únicos actores corporativos con la liquidez necesaria para absorber estas superficies sin exigir meses de gracia desproporcionados para comenzar a pagar», agregan.
«La reconversión no es soplar y hacer botellas. Desmantelar una sucursal bancaria puede costar entre u$s50.000 y u$s100.000 solo en obra civil y adecuación de estructuras. Retirar un búnker de hormigón o blindados es una pesadilla arquitectónica. Por eso, el valor del metro cuadrado de un exbanco se está negociando con mucha flexibilidad: si el inquilino —como está pasando con las grandes franquicias gastronómicas o los nuevos bazares modernos— se hace cargo de la obra de adaptación a cambio de contratos largos de 5 a 10 años, los propietarios están dispuestos a resignar hasta un 20% del valor de lista del alquiler«, advierten desde la división locales de L.G.Ramos.
Los grandes desafíos de la reconversión
A pesar del interés de los nuevos jugadores, la transición de un banco a un comercio minorista, gastronómico o de servicios no es inmediata y enfrenta tres barreras críticas:
- Inversión arquitectónica extrema: Adecuar una sucursal bancaria —que cuenta con paredes reforzadas, bóvedas de hormigón y sistemas de seguridad blindados— requiere una erogación inicial altísima para el nuevo locatario.
- Barreras regulatorias y de servicios: Los bancos no requieren salidas de humos ni conexiones de gas industriales. Adaptar estas estructuras para el rubro gastronómico genera demoras técnicas y trabas burocráticas con los consorcios o las municipalidades (el factor «tiraje» a los cuatro vientos).
- El «Efecto Esquina» vs. Distribución de Plantas: En superficies grandes, el metro cuadrado de la Planta Baja se paga al 100% de su valor. Si el local cuenta con subsuelos (viejas bóvedas) o entrepisos, esos metros se tasan técnicamente entre el 30% y el 50% del valor de planta baja, lo que obliga a los propietarios a promediar números finales más atractivos para no quedar fuera de mercado.
En este escenario de reconversión, los emprendimientos de capital chino corren con una ventaja competitiva clave: una enorme liquidez financiera. Su capacidad para afrontar costosos depósitos, asumir las costosas remodelaciones edilicias y firmar contratos de alquiler a largo plazo los convierte, hoy por hoy, en los candidatos favoritos para colonizar los espacios que la banca tradicional decidió abandonar.
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ECONOMIA
La faena de vacas tuvo el peor primer semestre de la última década pero el peso promedio tocó un máximo histórico

El primer semestre del año dejó una señal preocupante para el sector ganadero. La combinación de un rodeo con menos vientres en servicio, un esquema de engorde que privilegia agregar kilos antes de mandar los animales a faena y una demanda que sostiene precios firmes para la hacienda terminada configuró un escenario donde la cantidad de cabezas faenadas retrocedió, mientras que el peso promedio de cada animal alcanzó un máximo histórico. Ese cruce entre menos animales y más kilos por cabeza es la clave para entender lo que pasó entre enero y junio, y también para proyectar lo que puede pasar en lo que resta del año.
De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), según el Senasa en el último mes se trasladaron 1.081.077 vacunos a plantas de faena. Con ese dato, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas. La cifra representa una caída del 9% frente a los 6.613.000 vacunos faenados en el mismo período de 2025 y, según el informe, “constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años”.
El resultado del semestre no es un dato aislado, sino que se enmarca en un patrón estacional que se repite año tras año. Sobre la base de los últimos 25 años, “la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%”.

El informe agrega una relación que ordena la lectura de esos números. Cuando el primer semestre concentró más de la mitad de la faena anual, el resultado del año terminó siendo bajo en volumen total; cuando esa participación fue menor al promedio, la faena anual tendió a cerrar en niveles más altos.
Los datos disponibles hasta el momento ubican al ciclo actual dentro del segundo grupo. El informe sostiene que “los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado”, lo que anticipa que buena parte de la oferta de animales terminados se trasladará hacia la segunda mitad del año.
Con esa base, la proyección para el total de 2026 se construye extrapolando el volumen faenado hasta junio y asumiendo que el primer semestre representará entre el 49% y el 46% de la faena anual. Bajo ese supuesto, los poco más de 6 millones de cabezas acumuladas hasta la fecha permiten estimar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de animales. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de cabezas respecto de las 13,6 millones faenadas en 2025.
La razón detrás de ese ritmo más lento tiene que ver con decisiones productivas que ya se reflejan en las estadísticas. El informe explica que “la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados”. Ese proceso ya se nota en el peso: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.
De esta manera, una porción mayor de los animales en producción llegará a faena recién en la segunda mitad del año, lo que reduce el peso relativo del primer semestre sobre el total anual.
Ahora bien, la proyección de faena no depende sólo de decisiones de manejo, sino también de la disponibilidad de animales. En 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Aun así, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente ciclo, el margen de maniobra es más estrecho. Según la BCR, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que “difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior”. En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables.
El rol de los corrales de engorde crece de manera sostenida dentro de ese esquema. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de feedlots, cuando cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%. A eso se suma que, al 1° de julio, había más de 2,17 millones de animales en stock en establecimientos de engorde a corral, según Senasa, el segundo mayor registro de la serie.
Ese nivel de ocupación responde en parte a una relación de costos favorable. “Si bien el precio de la invernada muestra desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico, de entre 1,2 y 1,3, el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico de 93,4, lo que fortaleció los márgenes del engorde”, explica la Bolsa de Comercio de Rosario.
En conclusión, la combinación de precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos para el maíz genera condiciones favorables para intensificar los sistemas de producción. En ese escenario, el desenlace más probable para 2026 es una faena moderada en cantidad de animales, pero con mayor peso por cabeza, un esquema que no necesariamente implica una caída proporcional en la producción total de carne y que, al mismo tiempo, contribuye a estabilizar el stock bovino tras la pérdida de vientres registrada en el último año.
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