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ECONOMIA

Mercados: las acciones argentinas cerraron on firmes alzas, junto a la baja del riesgo país

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Wall Street operó volátil en medio de la temporada de balances y la suba de las tasas.

Los mercados internacionales atraviesan un período de transición complejo. La falta de acuerdo entre los EEUU e Irán mantuvo presión sobre el precio del petróleo, se acentúan los temores por la suba de la inflación y la desaceleración de la economía. A la vez, mientras los operadores sopesan los números de importantes balances corporativos, las tasas de las deuda de los EEUU siguieron muy elevadas y condicionan las futuras decisiones de la Reserva federal norteamericana, a pocos días de haber asumido su nuevo presidente, Kevin Maxwell Warsh.

Las acciones de Wall Street terminaron con leves ganancias este jueves según los principales indicadores de Nueva York, aunque la operatoria fue volátil luego de que el líder supremo de Irán emitió una directiva con la que prohibió que el uranio del país, cercano a la calidad para la fabricación de armas nucleares, se envíe al extranjero, lo que generó dudas sobre el progreso de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán.

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El precio del petróleo crudo terminó con ligeras bajas de 0,2%, aunque aún en torno a los USD 100 el barril.

En la plaza accionaria local, el el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires ganó un 3,1%, a 2,877.438.50 puntos.

Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociadas en dólares en Wall Street hubo alzas de hasta 8,8%, lideradas por el sector bancario.

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Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- ganaron 0,5% en promedio, con el riesgo país de JP Morgan se descontó diez unidades para la Argentina, en los 516 puntos básicos, también debido a la suba de las tasas de retorno de los bonos del Tesoro de los EEUU.

“El escenario internacional está marcado por el auge de la inteligencia artificial y la volatilidad energética. El balance de Nvidia será determinante para el sector tecnológico, dado su peso en los índices bursátiles y su rol clave en la cadena de suministro de la IA. Simultáneamente, las tensiones en Medio Oriente afectan las reservas mundiales de petróleo, lo que genera presión alcista sobre el barril. Esta situación retrasa las expectativas de una baja de tasas de fondos federales ante el riesgo de persistencia inflacionaria”, sentenciaron los expertos de Rava Bursátil.

En Wall Street preocupan las altas tasas de los bonos del Tesoro de EEUU. “Una vez más, el mercado de bonos está indicando a la Reserva Federal que los tipos de interés no son lo suficientemente altos”, reportó Yahoo Finance.

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“La rentabilidad de los bonos del Tesoro a dos años, un indicador clave de la política monetaria de la Reserva Federal, ha subido al 4,1%, muy por encima del límite superior del rango objetivo de la Fed, que se sitúa entre el 3,50% y el 3,75%. Al mismo tiempo, la rentabilidad de los bonos del Tesoro a diez años -una señal de alerta sobre las expectativas inflacionarias de los inversores- rozó el 4,7%”, agregó Yahoo Finance.



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ECONOMIA

La economía rebotó en marzo y creció 3,5%: qué sectores lideran y cuáles siguen en rojo

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La actividad económica volvió a mostrar señales positivas en marzo y registró un crecimiento intermensual de 3,5%, luego de la caída de 2,1% que había sufrido en febrero. Así lo informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) a través del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que además reflejó una mejora interanual de 5,5%.

Con este resultado, el acumulado del primer trimestre del año cerró con una suba de 0,4%, en línea con el discurso del Gobierno nacional, que insiste en que la recuperación de la economía ya comenzó y que se profundizará en los próximos meses.

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Emae: los sectores que más crecieron en marzo

De los 15 sectores relevados por el Indec, 14 mostraron variaciones positivas frente al mismo mes del año pasado. El mayor crecimiento se observó en Pesca, con una suba interanual de 30,9%.

Detrás se ubicó Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que avanzó 17,9% y fue el rubro con mayor incidencia positiva sobre el EMAE general. También se destacaron:

  • Explotación de minas y canteras: +16,3%
  • Intermediación financiera: +8,8%
  • Construcción: +7,6%
  • Transporte y comunicaciones: +4,7%
  • Industria manufacturera: +4,6%

En conjunto, Agricultura, Industria y Minería aportaron 2,7 puntos porcentuales al crecimiento interanual de la actividad.

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INDEC reveló el dato de actividad económica correspondiente a marzo de 2026.

El dato industrial fue seguido de cerca por el mercado, especialmente en medio de las conversaciones entre el Ministerio de Economía y la Unión Industrial Argentina (UIA), en un contexto donde las empresas vienen reclamando señales de recuperación más sostenidas para el consumo interno.

El único sector que cayó

La única actividad que mostró números negativos en marzo fue Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria, con una baja interanual de 1,12%.

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Según el Indec, este rubro tuvo una incidencia negativa de apenas 0,06 puntos porcentuales sobre el indicador general.

Luis Caputo celebró el dato y habló de «máximo histórico»

Tras la publicación del EMAE, el ministro de Economía, Luis Caputo destacó el resultado a través de redes sociales y aseguró que «el nivel de actividad económica alcanzó un nuevo máximo histórico en marzo».

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Luis Caputo celebró el dato del Emae de marzo.

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Además, remarcó que el indicador tendencia-ciclo —que permite analizar la evolución de largo plazo— acumuló 25 meses consecutivos de crecimiento y avanzó 0,4% mensual.

En paralelo, distintos economistas privados señalaron que el dato estuvo por encima de las previsiones del mercado. El economista Gabriel Caamaño, de Outlier, afirmó que el EMAE de marzo fue «mejor de lo esperado» y que logró recuperar más de lo perdido durante febrero.

Sin embargo, advirtió que los datos preliminares de abril todavía muestran cierta volatilidad y anticipó que la economía podría continuar con movimientos «en serrucho» durante los próximos meses.

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Actividad económica: el Gobierno prevé más recuperación desde junio

En el Palacio de Hacienda creen que el rebote económico puede acelerarse desde mayo o junio impulsado por una serie de medidas que el Gobierno considera claves para reactivar inversiones y empleo.

Entre ellas aparecen:

  • La concesión de 9.000 kilómetros de rutas nacionales
  • La implementación de la reforma laboral
  • La llamada Ley de Inocencia Fiscal
  • Incentivos para la utilización de dólares no declarados

Caputo ya había adelantado semanas atrás que «los mejores meses» llegarán desde junio, cuando comiencen a impactar las reformas sobre distintos sectores de la economía.

El ministro también sostuvo que la modernización laboral podría mejorar las condiciones de contratación al reducir costos para las empresas y dar mayor previsibilidad sobre eventuales despidos.

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Mientras tanto, en el sector privado siguen atentos a la evolución del consumo, uno de los indicadores que todavía muestra signos de debilidad pese a la mejora en algunos rubros productivos y exportadores.

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ECONOMIA

El dólar bajó y la brecha con el techo de la banda cambiaria es la más amplia en un año

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El dólar mayorista cae un 4,5% en el transcurso de 2026.

La oferta firme en el mercado cambios, con USD 512,8 millones operados en el segmento de contado, empujó a una nueva baja para el dólar mayorista, que recortó 7,50 pesos o 0,5%, a $1.389,50, piso desde el 12 de mayo.

Dado que el Banco Central estableció un techo para las bandas cambiarias de $1.742,24, el tipo de cambio oficial quedó ahora a $352,74 o 25,4% de ese límite teórico, la brecha más grande desde el 13 de mayo de 2025 (25,9%), más de un año atrás.

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“El dólar mayorista afloja un poco hasta los $1.390, aún dentro de acotadas oscilaciones, a partir de mayores liquidaciones del campo frente a lo cual el BCRA aprovecha para acelerar las compras. En las próximas semanas dicho proceso podría profundizarse, por lo cual la atención estará puesta en que puedan traducirse en acumulación de reservas, dentro un sesgo de política monetaria que siga manteniendo más estables las tasas en pesos y pueda reactivar el crédito”, precisó Gustavo Ber, economista del Estudio Ber.

“A pesar de la actual calma cambiaria por el ingreso estacional de fondos, el mercado mira con lupa la capacidad del BCRA para acumular reservas hacia el segundo semestre. La lentitud en la recuperación de la demanda de dinero y las tasas de interés reales negativas, que rinden un 23% efectivo anual para los plazos fijos minoristas frente a la inflación de 2026, asoman como los principales desafíos del plan oficial”, indicó Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital.

Por otra parte, tras cuatro días operativos consecutivos con precio estable, este jueves el dólar al público recortó diez pesos o 0,7%, a $1.410 para la venta, según la referencia del Banco Nación. Con la misma tendencia, el dólar blue restó cinco pesos, a $1.425 para la venta.

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En este contexto, Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, aseguró que “por ahora no vemos señales claras de un desarme técnico masivo del carry trade. La brecha mostró algo más de volatilidad en las últimas ruedas, pero todavía queda por delante buena parte de la liquidación del agro, que sigue aportando oferta de dólares. Mientras no aparezcan drivers más contundentes para un salto cambiario, el esquema todavía puede sostenerse algunas semanas más, aunque con un perfil de riesgo más alto que el de comienzos de año”.

“La transferencia de utilidades del BCRA al Tesoro tiene principalmente un efecto contable y no necesariamente implica una expansión monetaria desordenada. Si esos fondos se utilizan para cancelar deuda intraestado o administrar vencimientos, mejora la hoja de balance del Central al reemplazar letras intransferibles por activos más líquidos. Además, el Tesoro mantiene depósitos en el BCRA que puede usar para afrontar licitaciones con rollover menor al 100%, mientras la autoridad monetaria conserva herramientas para reabsorber liquidez, como la colocación de bonos dólar linked. El foco del mercado sigue puesto más en la consistencia macro que en el movimiento contable puntual», añadió Botto.

Un dato saliente en la últimas horas, muy vinculado al mercado de cambios fue el del saldo positivo de la balanza comercial argentina con un histórico superávit de USD 2.711 millones en abril, impulsado por un fuerte avance de las exportaciones y junto con una nueva baja en las importaciones.

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Argentina encadenó 29 meses consecutivos con superávit en el intercambio de bienes con el exterior. El saldo positivo del primer cuatrimestre trepó a los USD 8.275 millones, una cifra comparable a las compras efectuadas por el BCRA en el mercado y que casi multiplicó por seis el resultado del mismo período de 2025.

En detalle intercambio comercial -suma de exportaciones e importaciones- alcanzó los USD 15.118 millones, con una significativa suba interanual del 15,1 por ciento. Pero el desempeño no fue parejo: mientras que las ventas al extranjero escalaron un 33,6% hasta alcanzar los USD 8.914 millones, las compras al exterior -por USD 6.204 millones- mantuvieron su tendencia débil y retrocedieron un 4%, debido a una menor demanda de cantidades.

Las exportaciones también dejan en claro cuáles son, por ahora, los “ganadores” del modelo económico, pues los sectores de petróleo, minería -oro y litio-, agro -maíz- lideraron este repunte, al que se sumaron las automotrices. La mejora exportadora estuvo apuntalada tanto por mayores volúmenes como mejores precios internacionales.

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Corporate Events

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ECONOMIA

Ajuste en los hogares: así quedó el mapa del gasto familiar con el fin de los subsidios

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Los argentinos atraviesan un período de «compresión del ingreso disponible» o «squeeze en el bolsillo» por ajuste tarifario y de servicios. Traducción: suben las cosas que no podemos dejar de pagar.

En teoría económica más amplia, esto se relaciona con: efectos de oferta o shocks de costos en precios regulados, inflación por corrección de precios relativos (no es inflación monetaria pura, sino reordenamiento) y con el concepto de pobreza de energía o costo de vida asimétrico cuando afecta más a ciertos grupos.

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Es un costo transitorio típico de los procesos de normalización económica después de distorsiones prolongadas. Durante años, el Estado pagó parte de la luz, el gas y el transporte de cada hogar argentino. Esa cuenta nunca desapareció: se cobró en forma de inflación. Ahora que se está saldando, el bolsillo la siente de otra manera — y el consumo lo acusa.

En diciembre de 2023, un hogar tipo del AMBA pagaba unos $3.664 por la electricidad y $1.380 por el gas. Hoy esas mismas facturas rondan los $42.887 y los $28.025 respectivamente. No es que la empresa distribuidora se haya vuelto más cara de un día para el otro: es que durante años esos precios estuvieron subsidiados por el Estado, y ahora se están acomodando a lo que cuesta producirlos y distribuirlos.

Para entender la magnitud del cambio, hay que ver los números con perspectiva. En marzo de 2023, el salario promedio formal (RIPTE) era de $239.883. Hoy es de $1.734.357: subió un 623% en tres años. Mucho, sí. Pero la mayoría de los servicios públicos subieron bastante más.

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El colectivo, por ejemplo, pasó de costar $52 por viaje a $700 — una suba del 3.138%. Para ponerlo en términos concretos: alguien que viajaba 60 veces por mes pagaba en 2023 lo mismo que hoy paga por menos de dos viajes. El subte trepó un 2.079%. La electricidad, un 1.070%. El gas, un 1.930%. El agua, un 2.236%. En todos los casos, la suba de esos servicios superó ampliamente la del salario.

«En 2023 la luz y el gas eran baratos no porque fueran baratos: eran baratos porque el Estado pagaba la diferencia con emisión monetaria».

Ahora bien, ¿cuánto pesan esos servicios hoy en el sueldo de una familia, en comparación con antes?

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En el caso del transporte, por ejemplo, el colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%

El primer dato que sorprende es el de la medicina prepaga. Con una familia de cuatro en relación de dependencia, la cuota pasó de representar un 43,8% del salario en 2023 a un 40% en 2026. Algo parecido pasó con el colegio privado (de 16,1% a 11,9%) y el seguro de auto (de 7,1% a 5,9%). ¿Por qué? Porque esos servicios privados se ajustaron libremente con la inflación, pero no partían de un precio artificialmente deprimido como los públicos.

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El caso opuesto es el del transporte. El colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%. El subte, del 0,7% al 2,0%. El agua, del 0,6% al 2,0%. Son exactamente los servicios que más tenían el precio reprimido — los que más subsidio recibían — y por eso su corrección fue más brusca.

Y el ajuste en el transporte no terminó. Las líneas de tren del AMBA tienen aumentos escalonados programados hasta septiembre. Para usuarios con SUBE registrada, la tarifa de la sección más corta (hasta 12 km) pasa de $330 en mayo a $530 en septiembre. La sección media (12 a 24 km) va de $429 a $689, y los viajes más largos (más de 24 km) de $528 a $848. Quien viaje sin SUBE registrada pagará tarifa plana: $1.100 en mayo, $1.700 en septiembre. La corrección tarifaria, en otras palabras, todavía está en curso.

Lo que el subsidio escondía: emisión e inflación

Mantener esos precios artificialmente bajos no era gratis. En 2023, el Estado gastó $2.654 millones en subsidios energéticos y $1.008 millones en transporte, sumando un total de $4.092 millones entre energía, transporte y agua — equivalentes al 2,3% del PBI. Como esos fondos no alcanzaban con la recaudación, el Banco Central transfería pesos al Tesoro para cubrir la diferencia: solo en 2023, los adelantos transitorios del BCRA sumaron $1.775.685 millones. En 2026, ese número es cero.

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«El ciudadano pagaba una factura de luz barata, pero pagaba en otro lado: a través de precios más altos en el supermercado, en el alquiler, en todo»

Esa emisión se convertía en inflación. La misma inflación que licuaba salarios y ahorros. El resultado fiscal lo confirma: en 2023 el déficit primario fue del 2,9% del PBI. La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% — un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años.

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La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% , un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años

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El camino de la inflación

Los números del IPC cuentan esa historia con precisión. En diciembre de 2023, con el primer gran ajuste de tarifas ya en marcha, la inflación general fue del 25,5% en un solo mes — con el IPC núcleo al 28,3%, señal de que el problema era sistémico y no solo tarifario. A partir de ahí, la tendencia fue de baja sostenida: 4,2% en mayo de 2024, 2,4% en octubre, y desde entonces oscilando entre el 2% y el 4% mensual.

Hay un dato en la serie que vale la pena detenerse: el IPC de regulados. En los primeros meses de 2024 — enero a abril —, los precios regulados subieron al 26,6%, 21,1%, 18,1% y 18,4% mensual respectivamente, muy por encima de la inflación general y del índice núcleo. Era el momento más intenso de la corrección tarifaria. Después se normalizó. Hoy el IPC de regulados corre apenas por encima o en línea con el general.

«La inflación de 2024 no fue solo inercia: fue en buena parte la factura diferida de años de precios artificiales pasando al frente de golpe.»

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Desde enero de 2023 hasta marzo de 2026, la inflación acumulada fue del 875% en el índice general y del 1.120% en el componente de precios regulados — 245 puntos porcentuales más. Esa brecha es exactamente la magnitud de la distorsión que se estaba corrigiendo.

Lo que hay de inflación hoy no es del mismo tipo que la de 2023. Ya no es inflación por exceso de emisión monetaria — el grifo de los adelantos transitorios está cerrado. Es, en buena medida, el reordenamiento final de precios relativos que todavía no terminó de acomodarse.

El presupuesto familiar se reorganiza… y el comercio lo siente

Cuando los servicios básicos pasan a ocupar una porción mucho más grande del sueldo, algo tiene que ceder en el presupuesto familiar. Y lo que cede, en general, es el consumo de bienes. Los datos lo muestran con claridad. El índice de ventas en supermercados —desestacionalizado— pasó de 93,1 en febrero de 2023 a 81,8 en febrero de 2026: una caída del 12,1% en términos reales en tres años. Para dimensionarlo: es como si uno de cada ocho productos que se vendían en 2023 hoy simplemente no se vendiera — como si todos los supermercados del país cerraran un día y medio por mes comparado con tres años atrás.

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Los shoppings cayeron un 2,3% en el mismo período. Las ventas minoristas relevadas por CAME cuentan la historia con más detalle. El índice tocó su piso en enero de 2024 con una caída interanual del 28,5% — el momento más duro del ajuste. Desde ahí rebotó: en enero de 2025 llegó a crecer un 25,5% interanual, traccionado por la baja de la inflación y cierta recuperación del salario real. Pero ese rebote no se sostuvo. Desde mayo de 2025 el índice volvió a territorio negativo y no salió más: abril de 2026 marca una caída del 1,3% interanual, con un índice de 93,4 que está todavía por debajo de los niveles de fines de 2023. El rebote fue real, pero no alcanzó para recuperar el nivel previo al ajuste.

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La plata que antes se destinaba al supermercado ahora va a pagar servicios

«El dinero no desaparece: cambia de destino. Lo que antes se gastaba en el supermercado hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas.»

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El caso de los electrodomésticos es el más ilustrativo del cambio de comportamiento. En 2023, las ventas acumuladas de línea blanca crecieron un 124% nominal respecto al año anterior. En 2024, un 159%. Números que a primera vista suenan bien, pero que hay que leer en contexto: con una inflación que llegó al 211% anual en 2023, comprar una heladera o un lavarropas era una forma de protegerse de la pérdida de valor del peso. La gente no compraba porque le sobraba el dinero — compraba para no perderlo. En 2025 ese crecimiento se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente: el incentivo de «ahorrar en bienes» se diluyó.

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En 2025, el crecimiento en el rubro electro se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente

El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km: los patentamientos acumulados de enero a marzo pasaron de 77.404 unidades en 2023 a 106.994 en 2026, un salto del 38%. Pero este caso tiene su propia lógica: el crédito prendario se reactivó con la desinflación, y el segmento de autos tiene una demanda embalsada de años de restricciones a las importaciones. Es la excepción, no la regla.

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La regla es otra: cuando los servicios básicos se encarecen relativamente, el consumo de bienes absorbe el golpe. No es una caída por empobrecimiento generalizado, pero tampoco es un proceso indoloro. Mientras la inflación acumulada desde enero de 2023 a marzo de 2026 fue del 875%, el salario promedio formal (RIPTE) subió un 623% en el mismo período. Esa diferencia significa que el salario real perdió poder de compra. Las familias no solo están reasignando su gasto hacia servicios más caros: lo están haciendo con un ingreso que en términos reales vale menos que hace tres años. Eso explica buena parte de la presión que se siente en el consumo cotidiano, y también por qué la recuperación del poder adquisitivo es la otra cara indispensable de cualquier proceso de normalización que se sostenga en el tiempo.

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El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km

Qué queda por delante: estabilización sin recuperación salarial

Lo que estamos viendo no es, en su mayor parte, una crisis de consumo: es un reordenamiento. Durante años, los precios de los servicios públicos estuvieron tan por debajo de su costo real que millones de familias habían perdido la noción de cuánto valía realmente enchufar un aire acondicionado, tomar el subte o abrir la llave del gas. El Estado pagaba la diferencia, y la diferencia se cobraba en inflación.

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El proceso de corrección es costoso y no es neutral: las familias de menores ingresos son las más expuestas, porque destinan una proporción mayor de su presupuesto a los servicios básicos y tienen menos margen para absorber el ajuste. Pero la alternativa — seguir financiando subsidios con emisión monetaria — tenía un costo aún mayor: una inflación que destruía el salario real mes a mes, mucho más rápido y de forma mucho más regresiva que cualquier suba de tarifas.

La señal más clara de que el mecanismo cambió está en el Banco Central: en 2023 transfirió al Tesoro $1.775.685 millones en adelantos transitorios para financiar, entre otras cosas, esos subsidios. En 2026, esa cifra es cero. El déficit primario de 2,9% del PBI se convirtió en un superávit proyectado del 1,5%. Y la inflación mensual bajó del 25,5% en diciembre de 2023 a un rango del 2% al 3% en los últimos meses.

La inflación que queda no es del mismo tipo que la de entonces. Es, en buena medida, el precio de normalizar lo que estuvo distorsionado por años. Una vez que ese proceso cierre, la estructura de costos de la economía debería estabilizarse sobre bases más sólidas.

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Pero la estabilización de precios es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad — la que todavía está pendiente — es la recuperación del poder adquisitivo del salario. El RIPTE subió un 623% entre 2023 y 2026, mientras la inflación acumulada fue del 875%. Esa brecha de 252 puntos porcentuales tiene una traducción muy concreta: un trabajador formal necesita hoy casi cuatro meses de sueldo para comprar lo que en 2023 compraba en tres. La corrección de precios relativos puede ser el principio del orden, pero el capítulo de la recomposición salarial está, por ahora, sin escribir.

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