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Miles de micros y un mensaje repetido por altoparlantes: así vació la URSS una ciudad en tiempo récord tras Chernobyl

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El 26 de abril de 1986, una explosión en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl desató el peor accidente nuclear de la historia.

La nube radiactiva avanzó sobre gran parte de la entonces Unión Soviética y afectó especialmente a los territorios que hoy pertenecen a Ucrania, Bielorrusia y Rusia. A pocos kilómetros de la planta estaba Pripyat, una ciudad construida para los trabajadores de la central y sus familias. Ahí vivían casi 50.000 personas.

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Durante horas, nadie explicó qué estaba pasando. Los vecinos vieron humo, escucharon la explosión y notaron movimientos extraños alrededor de la planta, pero no recibieron información oficial. Recién 36 horas después llegó la orden: todos debían irse.

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En menos de 24 horas, la Unión Soviética organizó una evacuación total, silenciosa y masiva que todavía hoy es recordada como una de las más rápidas del siglo XX. Más de mil micros llegaron desde distintas zonas del norte de Ucrania. El Ejército tomó el control del operativo y los altavoces repetían el mismo mensaje: la población debía irse por unos días, pero luego podría regresar. No sabían que jamás podrían volver a sus casas.

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Una orden desde Moscú y una ciudad vacía en pocas horas

“Lo primero que tenemos que tener en cuenta es la estructura fuertemente centralizada que tenía el modelo soviético”, explicó el historiador y analista internacional Kevin Bryan en diálogo con TN.

Cuando una orden bajaba desde Moscú, no existía margen para discutirla. La decisión se cumplía. Esa lógica permitió que en pocas horas se movilizaran micros, camiones, autos militares y personal del Ejército para vaciar una ciudad completa.

Pripyat, la ciudad abandonada tras el desastre de Chernóbil en 1986. (Foto: Freepik)

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En la misma línea, el licenciado en Ciencia Política y especialista en Derecho Constitucional Sabino Mostaccio explicó que la planificación centralizada, el fuerte sentido del deber y una cultura más enfocada en lo colectivo que en lo individual fueron claves para que la evacuación se realizara sin resistencia.

Para Mostaccio, esa misma rigidez que permitió una respuesta eficiente también había sido una de las causas que agravaron el desastre, porque el sistema arrastraba graves fallas de mantenimiento, secretismo y una fuerte burocracia interna.

“En ese momento, la Unión Soviética mostraba señales de desgaste político y económico, pero todavía mantenía una estructura vertical en la que el Partido Comunista tenía control absoluto sobre cada decisión importante. Chernobyl dejó eso en evidencia”, sumó Bryan.

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Más de mil micros, altoparlantes y una frase clave para evitar el caos

La evacuación empezó el 27 de abril. Los colectivos llegaron desde otras localidades porque el Estado podía disponer de esos recursos de forma inmediata. El Ejército organizó zonas, recorridos y salidas. Todo estaba calculado.

Los militares iban casa por casa. Los altoparlantes pedían calma. La orden oficial era llevar solo documentos, algo de ropa y lo indispensable. El mensaje era claro: volverían en tres días. Esa frase evitó el pánico.

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“El mensaje de que regresarían a los pocos días les transmitió esperanza y tranquilidad, sin saber que nunca más podrían regresar”, señaló Mostaccio.

El licenciado en Ciencia Política explicó a TN que la rapidez también fue posible por la enorme estructura militar soviética. “La Unión Soviética tenía unas fuerzas armadas sobredimensionadas, con cerca de 12 millones de efectivos en servicio. Esa capacidad, sumada al control estatal sobre los medios de transporte, permitió una evacuación inmediata”, señaló.

Pripyat quedó vacía en pocas horas: miles huyeron con la promesa de volver, pero nunca regresaron. (Foto: Freepik)

Pripyat quedó vacía en pocas horas: miles huyeron con la promesa de volver, pero nunca regresaron. (Foto: Freepik)

“Los civiles no desobedecían, sino que rápidamente partían y abandonaban sus cosas”, contó el historiador. El Ejército todavía tenía prestigio dentro de la sociedad soviética y eso ayudó a que nadie se resistiera.

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Pero muchos sospechaban de que no sería algo temporal. Sobre todo quienes tenían familiares trabajando dentro de la central sabían que la situación era mucho más grave.

Aun así, dejaron todo. Ropa, juguetes, fotos, mascotas, muebles y hasta familiares internados. Pensaban que regresarían pronto. La ciudad quedó detenida en ese instante.

Un éxito logístico y también una forma de control político

Para Bryan la evacuación fue un éxito organizativo, pero también una expresión clara del control político facilitada por el Partido Comunista.

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La rapidez no solo servía para proteger a la población, también ayudaba a sostener la imagen de un Estado fuerte en medio de una crisis enorme: un sistema cada vez menos eficiente y una confianza social en retroceso.

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Durante las primeras horas del desplazamiento hubo silencio, confusión y una fuerte subestimación del accidente. Las autoridades no terminaban de entender la magnitud de lo que había pasado en el reactor 4. Algunos creían que el problema podía controlarse rápido. Otros ya sabían que estaban frente a una catástrofe sin precedentes.

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Para Mostaccio, la demora de casi 36 horas en ordenar la evacuación no respondió solo a la confusión inicial. “Muchos funcionarios preferían preservar sus cargos antes que informar la verdadera magnitud del problema”, sostuvo.

Interior de la central nuclear de Chernóbil tras la explosión del reactor número 4. (Foto: Freepik)

Interior de la central nuclear de Chernóbil tras la explosión del reactor número 4. (Foto: Freepik)

Además, fue más allá y cuestionó incluso la palabra “accidente”. “Chernobyl tuvo causas perfectamente prevenibles. Si se podía prevenir, entonces no fue un accidente”, afirmó.

El secreto de Estado y la mentira de que iban a volver

Gran parte de la población soviética tardó días en entender qué había pasado. “El secreto de Estado fue total”, afirmó el historiador y analista internacional.

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Mostaccio agregó que esa falta de transparencia era parte estructural del sistema soviético. “La información sobre lo que se les dijo a los habitantes, al resto de la Unión Soviética y al mundo estuvo fuertemente controlada por el Estado”, sostuvo.

La promesa de volver en pocos días también formó parte de esa lógica. Evitó escenas de desesperación y permitió una salida ordenada. Pero fue una mentira necesaria para sostener el operativo.

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Pripyat quedó vacía para siempre. Hoy sus escuelas, hospitales, edificios y el famoso parque de diversiones siguen ahí, como una foto detenida en 1986.

Para el historiador, funciona como “un museo al aire libre” y una advertencia permanente. “Es el testimonio vivo de la vulnerabilidad y también de la soberbia de creer que todo puede controlarse”, confesó a TN.

La ciudad que quedó en silencio y nunca volvió a existir

Mientras miles escapaban, otros entraban. Eran los liquidadores: militares, bomberos y trabajadores que participaron en las tareas para contener la radiación. Muchos murieron después por la exposición extrema.

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Pero la imagen que quedó fue otra: una ciudad entera que salió en silencio, con una valija pequeña.

Los liquidadores trabajaron en Chernobyl para contener la radiación tras la explosión del reactor. (Foto: Freepik)

Los liquidadores trabajaron en Chernobyl para contener la radiación tras la explosión del reactor. (Foto: Freepik)

Después de abandonar Pripyat, miles de familias quedaron dispersas por distintas zonas de la Unión Soviética. Según Mostaccio, no existió una verdadera política de reasentamiento y muchos sobrevivientes quedaron desprotegidos durante años.

“La evacuación fue única por su eficiencia, pero el resultado final fue desolador, porque esa gente nunca más pudo retomar su vida”, resumió.

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Pripyat se convirtió en una ciudad fantasma. La evacuación fue rápida, precisa y casi perfecta. Pero también fue definitiva porque ese 27 de abril de 1986, en apenas unas horas, desapareció una ciudad entera”, cerró Bryan.

Redacción: Lola Blasco

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Sumario, Chernobyl, energia nuclear

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La fuerte influencia de Trump en la victoria de la derecha en Colombia

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BOGOTÁ, Colombia — Primero llegó el “respaldo completo y total” del presidente Donald Trump a Abelardo De La Espriella, el candidato de derecha en las elecciones presidenciales de Colombia.

Luego llegó el apoyo de los miembros republicanos del Congreso, quienes afirmaron que De La Espriella tendría en mente los intereses de Estados Unidos y ayudaron a movilizar a los colombianos en el extranjero, que tienden a ser conservadores, para que votaran.

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A pocos días de las elecciones, las autoridades de inmigración estadounidenses detuvieron a un activista crítico de De La Espriella, quien había instado a los colombianos residentes en Estados Unidos a no votar por él.

Según un memorando firmado por el secretario de Estado Marco Rubio, el activista había estado interfiriendo en la política exterior estadounidense.

De La Espriella ganó las elecciones presidenciales de Colombia el domingo por un margen mínimo —gracias en parte a los votos emitidos fuera del país— y asumirá el cargo en agosto.

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Los expertos señalan que, incluso en una época en la que la injerencia en elecciones extranjeras se ha vuelto cada vez más común, la reciente participación del gobierno de Trump y sus aliados en las elecciones colombianas ha sido excesiva.

Según los expertos, la detención de un activista que se oponía a un candidato respaldado por Trump fue particularmente llamativa.

“El intento de sofocar la disidencia de manera coordinada con la administración Trump, desde Colombia hasta territorio estadounidense, no se me ocurre nada parecido en los últimos tiempos, en el siglo XXI”, dijo Alexander Main, director de política internacional del Centro de Investigación Económica y Política en Washington.

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El Departamento de Estado no respondió a las solicitudes de comentarios sobre la detención del activista colombiano.

Escena

Espriella, un abogado que nunca había ocupado un cargo público, movilizó a millones de votantes colombianos, y parecía probable que ganara incluso antes del respaldo de Trump.

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Pero en Colombia, el presidente Gustavo Petro, izquierdista y opositor político de De La Espriella, aprovechó el respaldo de Trump para sembrar dudas sobre el resultado, alegando que la intervención de Estados Unidos equivalía a un fraude que invalidaba la votación.

Esto, a su vez, provocó que su círculo íntimo se apresurara a impedir que el presidente rechazara rotundamente el resultado y convocara protestas masivas.

Al día siguiente de las elecciones, Petro voló a Panamá para un evento, pero estaba tan alterado por la minúscula ventaja de De La Espriella sobre el candidato de su partido —unos 250.000 votos, o menos de un punto porcentual— que sus principales ministros convocaron una reunión de emergencia en Bogotá, Colombia, para abordar lo que Petro creía que eran irregularidades, según dos personas con conocimiento directo de los hechos que hablaron bajo condición de anonimato para tratar un asunto delicado.

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Mientras tanto, Petro seguía enviando mensajes a sus millones de seguidores en la plataforma social X, y sus simpatizantes salían a las calles de la capital para una marcha llamada «Robo Electoral», incluso mientras el candidato de su partido, Iván Cepeda, pedía calma.

El miércoles, el oponente político de De La Espriella, Cepeda, reconoció su derrota en las elecciones después de que las autoridades electorales completaran el proceso habitual de verificación de votos.

Desde el domingo, se han producido protestas dispersas en Bogotá y la ciudad de Cali, con informes de vandalismo y enfrentamientos aislados con la policía, pero no ha habido grandes manifestaciones.

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La elección enfrentó a De La Espriella, un abogado adinerado, contra Cepeda, senador, negociador de paz y figura clave de la izquierda.

De La Espriella utilizó imágenes de un tigre generadas por IA como avatar de su campaña y prometió «destripar» a sus oponentes políticos, aplastar a los «narcoterroristas» y fortalecer los lazos con Estados Unidos.

Vivió en Florida durante más de una década y recientemente se naturalizó ciudadano estadounidense.

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Esteban González Pons, jefe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea en Colombia, declaró el martes a los periodistas, en respuesta a una pregunta sobre el respaldo de Trump y la presencia de legisladores estadounidenses en Colombia, que las acusaciones de injerencia internacional eran «absolutamente irrelevantes» para las elecciones porque «el pueblo colombiano había votado libremente».

El día de las elecciones, dos miembros del Congreso de Estados Unidos estuvieron en Colombia para hacer campaña a favor de De La Espriella.

La representante María Elvira Salazar, republicana por Florida, hablando en la ciudad de Barranquilla, en la costa caribeña de Colombia, dijo a los periodistas:

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«Sabemos muy bien que Cepeda será el Petro número 2, por eso apoyamos a De La Espriella», y agregó que una «profunda cercanía» con Estados Unidos era vital para la prosperidad de Colombia.

El senador Bernie Moreno, republicano por Ohio, nacido en Colombia y quien se ha convertido en el principal defensor de De La Espriella en Washington, también viajó a Barranquilla como observador electoral.

Durante semanas, Moreno había alertado sobre las acusaciones de fraude de Petro y la supuesta compra de votos por parte de la izquierda.

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Los legisladores republicanos habían dedicado semanas a instar a los colombianos residentes en Estados Unidos a votar, lo que, según los analistas, contribuyó a inclinar la balanza a favor de De La Espriella.

En unas elecciones con una participación récord, el voto de la diáspora fue, según la mayoría de los cálculos, el factor decisivo:

De La Espriella recibió alrededor del 65% del total de votos en el extranjero y cerca del 80% en Estados Unidos.

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El lunes, Moreno, tras reunirse con De La Espriella, pareció ofrecer una recompensa:

si Petro se comportaba bien durante las próximas semanas y no interfería en la transferencia pacífica del poder, Moreno declaró a un medio colombiano que era «bastante probable» que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo retirara de la lista de sanciones.

Fue incluido en dicha lista el año pasado tras oponerse a los ataques militares del gobierno de Trump contra embarcaciones que, según se alega, transportaban drogas.

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La administración no se ha pronunciado públicamente sobre el caso del activista progresista colombiano detenido la semana pasada por las autoridades migratorias estadounidenses.

Casos

En una entrevista concedida el miércoles a un destacado periodista colombiano, el activista, Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido como Beto Coral, afirmó tener una solicitud de asilo abierta en Estados Unidos que le otorgaba el derecho legal a permanecer en el país.

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Desde un centro de detención en Luisiana, Coral calificó su arresto de «persecución política» y añadió:

«Mi activismo político se centra en Colombia, no tiene nada que ver con la política interna de Estados Unidos».

Coral fue arrestada por las autoridades de inmigración el mismo día en que Rubio firmó un memorando en el que se indicaba que podía ser deportado de Estados Unidos.

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En el memorándum, del cual The New York Times obtuvo una copia, Rubio señaló que Coral llegó a Estados Unidos en 2015 con una visa de turista y tenía una solicitud de asilo pendiente. Sin embargo, Rubio escribió:

«Coral Garrido ha utilizado su presencia en Estados Unidos para realizar actividades políticas en apoyo del gobierno de Petro» y se ha manifestado en contra de un candidato a la presidencia.

Los esfuerzos de funcionarios estadounidenses y miembros del Congreso por influir en las elecciones colombianas han provocado indignación entre grupos de derechos humanos y demócratas en el Congreso, quienes la semana pasada escribieron una carta a altos funcionarios denunciando lo que calificaron de «descarada injerencia».

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Antes se consideraba tabú que los jefes de Estado y otros políticos hicieran declaraciones públicas sobre elecciones extranjeras.

Sin embargo, cada vez más, este tipo de intervención pública se está convirtiendo en algo habitual en la política global —tanto de derecha como de izquierda—, y Trump ha desempeñado un papel fundamental en esta tendencia.

El presidente estadounidense ha respaldado a Viktor Orbán de Hungría y ha prestado especial atención a las elecciones en América Latina, apoyando a candidatos de derecha en Honduras y Argentina.

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Los presidentes Javier Milei de Argentina y Daniel Noboa de Ecuador, ambos partidarios de Trump, también han expresado su apoyo a De La Espriella.

Jennie Lincoln, del Centro Carter, que monitorea las elecciones en todo el mundo, calificó esta injerencia extranjera en la votación colombiana como parte de una «flagrante tendencia a la interferencia».

Lincoln encabeza una misión en Colombia para observar la votación, y señaló que la Organización de los Estados Americanos, un organismo regional, prohíbe la injerencia extranjera en los asuntos internos.

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Trump, que había publicado repetidamente mensajes sobre De La Espriella en Truth Social, dijo el lunes que había hablado con él por teléfono para felicitarlo.

“Va a ser un gran presidente”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca, y agregó que la relación de Estados Unidos con Colombia sería “mucho mejor”.

c.2026 The New York Times Company

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‘It’s a mess’: GOP turns on House conservatives as voter ID blockade stalls Trump’s agenda

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

House conservatives’ decision to grind the chamber to a halt in an effort to force Senate action on the SAVE America Act is drawing sharp backlash from Republicans across the conference, who say the strategy is accomplishing little beyond derailing their own agenda.

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House Republicans were forced to punt several votes this week after the conservative splinter group, led by Rep. Anna Paulina Luna, R-Fla., used a routine procedural hurdle teeing up legislation as leverage to force the Senate to consider the stalled election bill.

The tactic appeared to fall flat after the Senate left Washington for a planned recess Wednesday while the House floor remained at a standstill, leaving SAVE no closer to passage. 

‘AS LONG AS IT TAKES’: TRUMP ALLIES FREEZE HOUSE FLOOR TO PRESSURE SENATE ON VOTER ID BILL

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Rep. Ralph Norman, R-S.C., speaks during the House Freedom Caucus news conference in the U.S. Capitol urging Senate action on the SAVE America Act on June 25, 2026. (Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc./Getty Images)

«It’s a mess,» Rep. Nick Langworthy, R-N.Y., told Fox News Digital. «We have to be able to continue to function.»

«It’s just creating more inaction and more reasons for people to have a bad taste in their mouth about the U.S. House,» he continued, referring to the legislative paralysis.

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Even after President Donald Trump urged the group to stand down in a Truth Social post Thursday after meeting with House Speaker Mike Johnson, R-La., it’s unclear whether his directive to «stop grandstanding» will be enough to reopen the House floor when lawmakers return Monday. 

Luna, a Trump ally, is pushing for the SAVE America Act to be attached to the annual defense policy bill expected to receive a vote in the House next week.

TWO DOZEN HOUSE REPUBLICANS GO TO WAR WITH SENATE GOP OVER SAVE AMERICA ACT

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Pairing the measures could jeopardize consideration of the must-pass defense bill and would likely doom its chances in the Senate, where Republican leadership insists the votes aren’t there to pass SAVE.

«Using floor time as a pressure campaign on the Senate is a strategy that has not moved the needle, and right now it is costing us momentum on our own agenda,» a senior Republican aide told Fox News Digital. «We can keep making the case for SAVE without bringing the House to a grinding halt in the process.»

«This is a longstanding issue we’ve had with members who don’t function as a team,» Rep. Mariannette Miller-Meeks, R-Iowa, told Fox News Digital in an interview. «We win when we work and function as a team, and it’s imperative for us to be able to keep the majority.»

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Asked about conservative hardliners’ vow to oppose all legislation in protest of SAVE, Rep. Brian Fitzpatrick, R-Pa., said, «I don’t know why they would want to take their own initiatives off the table, because there’s a math problem in the Senate.»

The standoff has exposed a growing divide among House Republicans over what should take priority before the fast-approaching midterms: conservatives who see SAVE as the conference’s top objective despite the House having already passed multiple versions of the bill, and a larger bloc of Republicans who argue the party can’t afford to sideline the rest of its agenda.

BITTER HOUSE GOP DIVISIONS ERUPT AFTER JOHNSON SHUTS DOWN VOTES OVER REPUBLICAN MUTINY

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U.S. Senate Majority Leader John Thune speaking at a news conference in Washington, D.C.

Senate Majority Leader John Thune speaks during a news conference after a weekly policy luncheon with Senate Republicans at the U.S. Capitol in Washington, D.C. (Anna Moneymaker/Getty Images)

With fewer than 30 scheduled legislative days in the House left before the midterms, both camps have little time to spare.

Meanwhile, Republican leadership is racing to advance government funding bills, renew a lapsed surveillance program targeting foreigners overseas, and assemble a third party-line megabill that could incorporate hundreds of millions of dollars in defense spending requested by the Pentagon. 

«We should be spending every bit of energy we have building it,» the senior GOP aide told Fox News Digital, referring to the third budget reconciliation bill. 

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The package has struggled to get off the ground due to GOP divisions over whether to include elements of SAVE and what spending cuts would pay for the legislation, among other sticking points.

But some conservatives, including several who will not be returning next Congress, argued SAVE should take priority over everything else.

«I personally think we should not have any more legislation until the Senate comes back in session,» Rep. Ralph Norman, R-S.C., said Thursday. 

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«What is happening in the U.S. Senate is laziness, and quite frankly, it’s disgusting,» Rep. Byron Donalds, R-Fla., said Thursday. «They need to come back. They need to pass this legislation.»

Senate Republicans, meanwhile, have repeatedly dismissed the criticism as misguided. And the Senate GOP has voted on the SAVE America Act, and several variations of it a handful of times without success.

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Nor has the House passed Trump’s version of the legislation, which would add mail-in voting restrictions, prohibit men in women’s sports and ban child sex change procedures.

«Why is the House blaming the Senate for not passing the SAVE America Act when they themselves have never voted on the president’s version of SAVE?» a Senate GOP aide told Fox News Digital. «Instead of being obsessed with a chamber they don’t serve in, the House Freedom Caucus should be focused on passing the president’s agenda instead of standing in his way.»

Amid GOP infighting, some Democrats are boasting that they have governed more effectively from the minority. 

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«It feels like we’re passing more with the discharge approach than they’re doing with regular legislation,» Rep. Glenn Ivey, D-Md., told Fox News Digital. «They really ought to be able to manage it better than this.»

politics, midterm elections, congress, republicans, house of representatives, senate elections

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La derecha de Estados Unidos se replantea su postura sobre Irán

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Pero en los últimos meses, y sobre todo desde que el gobierno de Donald Trump ha defendido su acuerdo de paz preliminar, se ha ido afianzando una perspectiva diferente en algunos sectores de la derecha estadounidense: Irán como un país pragmático con el que Estados Unidos puede, y debe, aprender a convivir.

Este cambio radical lo ha liderado el presidente Trump, que la semana pasada calificó a los líderes iraníes de “gente fuerte, gente inteligente”, pero va mucho más allá de él. El vicepresidente JD Vance se ha convertido en su principal defensor. Los conservadores, que durante mucho tiempo han mostrado una tendencia aislacionista, han recibido un nuevo ímpetu. Incluso algunos de los llamados halcones -que siempre han tenido un enfoque más agresivo sobre el conflicto- han cambiado de tono.

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Es demasiado pronto para saber si este cambio durará. Muchos republicanos mantienen su postura de línea dura, y Trump ha amenazado de vez en cuando con reanudar la guerra. Parte de este cambio de discurso entre los republicanos podría deberse a la conocida trayectoria de la era Trump para mantenerse en la línea de un presidente voluble.

Pero las entrevistas muestran que el giro de la derecha, que se aleja de la tradicional postura belicista republicana respecto a Irán, está impulsado por factores que van más allá del deseo de Trump de desentenderse del conflicto. Hay un cambio generacional en el partido que se aleja del apoyo incondicional a Israel, el archienemigo de Irán, e incluso muestra, a regañadientes, cierta admiración por la capacidad del régimen iraní para resistir semanas de bombardeos intensos.

Se trata de una dinámica política interna con implicaciones globales; un asunto que queda claro en las consecuencias de la guerra de Irán para el suministro energético de Europa y Asia, así como para la seguridad de los países árabes del Golfo Pérsico.

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“Irán se ha defendido. Bien por Irán”, dijo Curt Mills, director ejecutivo de The American Conservative, transmitiendo lo que describió como el mensaje de Trump a los estadounidenses. “Y eso significa que a Estados Unidos solo le interesa bajarle un poco los humos a estos tipos”.

Mills, de 35 años, dirige una revista fundada por uno de los aislacionistas originales del conservadurismo moderno, Patrick Buchanan. Defiende desde hace mucho tiempo la moderación en política exterior, una opinión que, según las encuestas, comparten muchos republicanos más jóvenes, que alcanzaron la mayoría de edad durante las guerras de Irak y Afganistán. “Decir que estamos en contra de pelear contra Irán desde la derecha es cada vez menos tabú”, dijo Mills.

Stephen Bannon, exasesor principal de Trump, describió al presidente como un “negociador y un pragmático” que ahora sabe que “no va a celebrar una ceremonia de rendición en el acorazado Misuri, en el puerto de Bandar Abbas», el puerto iraní. Bannon evocó las antiguas guerras de Persia contra Grecia y Roma para explicar la dificultad de Trump para derrotar a Irán.

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“Se atrincheran y se afianzan con fuerza”, dijo Bannon en un mensaje de texto.

Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, dijo que la guerra contra Irán había “destruido con éxito” gran parte del ejército del país, y que los negociadores ahora estaban “trabajando para eliminar de una vez por todas la capacidad nuclear de Irán”.

“El presidente no toma estas decisiones importantes de seguridad nacional para complacer a los presentadores de pódcast o a los comentaristas de sillón de los grupos de expertos”, dijo Kelly. “Su única prioridad es lo que más le conviene al pueblo estadounidense”.

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Pero, como muestra de que la Casa Blanca está al tanto de los cambios políticos en Irán, Vance acudió la semana pasada al programa en internet de Megyn Kelly para promocionar el acuerdo de paz preliminar. Kelly, una expresentadora de Fox News, tiene cuatro millones de suscriptores en YouTube y se ha convertido en la voz de los republicanos desencantados con la política exterior de Trump.

Los halcones “actúan basándose en una visión anticuada del mundo y de la actitud y capacidad estadounidenses”, dijo Kelly en su programa dos días después de hablar con Vance, y añadió: “Los iraníes no van a ceder. Les ha ido bien en esta guerra”.

Esa visión anterior del mundo quedó reflejada en el discurso sobre el Estado de la Unión de 2002 del presidente George W. Bush. Irán formaba parte de un “eje del mal”; para Estados Unidos, era “tanto nuestra responsabilidad como nuestro privilegio librar la batalla por la libertad”. Al iniciar la guerra el 28 de febrero, el propio Trump había calificado al gobierno iraní de “gente muy dura y terrible” que “quería hacer el mal”.

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Al hacer eco de esa opinión, el senador Ted Cruz, republicano por Texas, dijo en su pódcast la semana pasada que Trump ahora estaba “recibiendo muy malos consejos” sobre Irán porque “dar miles de millones de dólares a unos lunáticos teocráticos” es “una idea muy, muy mala”. El senador Tim Sheehy, republicano de Montana, dijo en Fox & Friends que los líderes de Irán siguen “queriéndonos muertos a ti y a mí”.

Pero incluso en el Senado, un bastión de los conservadores que tienen una visión más agresiva del conflicto, se nota un cambio de tono.

Roger Marshall, senador republicano por Kansas que en abril dijo que negociar con “fanáticos religiosos irracionales” en Teherán era “casi imposible”, argumentó este mes en CNN que se podría permitir a Irán tener misiles porque “deberían poder defenderse”. En The Brian Kilmeade Show de Fox Radio, dijo que no quería parecer “un defensor de Irán”. Pero repitió el mantra de “no a las guerras eternas” al explicar por qué Estados Unidos debería negociar una salida del conflicto.

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“Ya hemos perdido a 13 soldados estadounidenses, básicamente defendiendo a Israel en su mayor parte y tratando de eliminar las armas nucleares”, dijo.

Estos cambios en el discurso pueden deberse, en parte, a que los políticos conservadores se están dando cuenta de un cambio generacional en la forma en que sus posibles votantes perciben el lugar que ocupa Estados Unidos en el mundo.

Una encuesta del New York Times/Siena del mes pasado reveló que el 53 por ciento de los posibles simpatizantes republicanos menores de 45 años se oponían a la guerra en Irán, frente al 22 por ciento de los mayores de 45 años; el 54 por ciento de los más jóvenes dijo que Trump apoyaba demasiado a Israel, frente a solo el 16 por ciento del grupo de mayor edad. Y casi tres cuartas partes de los simpatizantes republicanos menores de 45 años dijeron que Estados Unidos debería prestar menos atención a los problemas en el extranjero, frente al 40 por ciento de los mayores de 45 años.

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Estas diferencias en la visión del mundo también quedaron patentes en la perspectiva relativamente positiva que tienen los seguidores republicanos más jóvenes sobre el expresentador de Fox News Tucker Carlson -un 41 por ciento de opinión favorable, un 23 por ciento desfavorable-, a pesar de que Trump se ha referido a él y a Kelly como “PERDEDORES” con “COEFICIENTE INTELECTUAL BAJO”. Carlson es quizás el conservador que se opone con mayor vehemencia a la guerra.

La semana pasada, Carlson publicó una entrevista con Trita Parsi, crítico de la guerra contra Irán y cofundador del Quincy Institute for Responsible Statecraft, un centro de estudios de Washington que aboga por un papel más limitado de Estados Unidos en el mundo. Le dijo a Parsi que Irán saldría de la guerra como “una gran potencia mundial” gracias a su capacidad para cerrar el estrecho de Ormuz, una ruta clave para gran parte del petróleo mundial. Parsi dijo que Irán se había vuelto “mucho más fuerte, al menos de manera temporal” y que ya le había dicho al gobierno de Trump, al inicio de la guerra, que era un error.

En una entrevista telefónica, Parsi dijo que había mantenido “conversaciones continuas” con funcionarios del gobierno sobre Irán desde principios del año pasado, incluso “con la gente que está en la mesa de negociaciones”. También dijo que a una parte de la derecha estadounidense “francamente no le importa Irán”.

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“Están más enfadados por el hecho de que se iniciara la guerra en primer lugar que por el hecho de que Estados Unidos sufriera una derrota estratégica”, dijo Parsi. “Eso te da una idea de lo mucho que ha cambiado la percepción sobre Irán”.

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Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.

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