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Panorama Internacional: El inesperado Vietnam de Donald Trump

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La guerra se ha vuelto un abismo para los dos bandos. Irán quedó gravemente dañado tras cinco semanas de bombardeos que dejaron una economía destruída y que ya venia en crisis.Y EE.UU., enfrentado al riesgo de un reinicio del conflicto que es claro que no puede ganarse sin decenas o cientos de miles de soldados en tierra. Para evitar ese Vietnam es que Donald Trump obliga a Israel a retroceder en Líbano y abrir la chance de un nuevo dialogo tras el fracaso de la anterior negociación en Islamabad. Ambos enemigos lo necesitan.

El líder norteamericano nunca admitirá que así son las cosas. Pero lo cierto es que este conflicto desnuda limitaciones de la potencia que nunca debieron ser expuestas. Pero por qué esto ha sucedido. Veamos con atención el escenario.

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Un hilo no tan sutil conecta por ejemplo la reciente derrota aplastante de Viktor Orban en Hungría, la propia guerra y reacción del establishment europeo celebrando la caída de ese polémico populista y, a la vez, amplificando el alejamiento del liderazgo anárquico del mandatario de EE.UU., Donald Trump.

El derrumbe de Orban está cargado de símbolos. Su principal valor histórico revela el final de una etapa junto a otros procesos de pulso similar contra las ultraderechas iliberales en Francia, Italia, Holanda, España y Dinamarca. Al mismo tiempo podría anticipar lo que sucederá en EE.UU. en las legislativas de noviembre o bien, poco antes, en las elecciones generales de octubre en Israel donde, como Trump, el premier Benjamín Netanyahu se abrazó al destino y pensamiento ideológico de Orban.

Algunos números sirven para amplificar el cuadro. El premier húngaro perdió por amplios dos dígitos frente al liberal Péter Magyar, que arrebató la mayoría de dos tercios en las Cámaras. Dos dígitos ha sido también el promedio de la ventaja en EE.UU. que sacó la oposición en un puñado de importantes elecciones desde octubre pasado, con la excepción de Nueva York donde Zohran Mamdani lo logró apenas por debajo de los 10 puntos.

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Son datos que constatan una masiva presencia de votantes martillando a quienes gobiernan, pero también arrasando para abortar maniobras en las urnas. Un doble aviso a Trump, que impulsó en su país el llamado gerrymandering, una manipulación para disolver los distritos electorales opositores, que también caracterizó el mandato de Orban.

Los procesos en Israel y EE.UU. son, sin embargo, diferentes. Trump es producto de una distorsión, la misma que alimentó la oleada ultra derechista y segregacionista que se extendió por Europa desde el final de la primera década de este siglo. En Israel, esas formaciones integristas tienen otros fundamentos ligados a la propia historia de ese país en su obstinada tarea para impedir el nacimiento del Estado palestino, ausente desde la partición en 1947 de la provincia palestina del Imperio Otomano.

La distorsión que hizo posible a Trump presidente es una característica de este cuarto de siglo y parte del anterior. Se trata de una aguda concentración del ingreso que se agudizó en los dos gobiernos de George W Bush. Aquel republicano utilizó la autonomía que le brindaba la “guerra” contra el terrorismo tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 para reconfigurar su país.

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El peligroso manejo del poder

En su primer mandato se produjeron las dos quiebras por entonces mayores del capitalismo: la energética Enron en 2001 y la tecnológica WorldCom en 2002. Ambas producto de estafas a la Bolsa cuya Comisión de Valores la dirigía el abogado Harvey Pitt, un aliado del mandatario que promovía “la creatividad” en las finanzas. No es casual que el gobierno de Bush terminara con el país incendiado en 2008 por el «exceso de creatividad» que supusieron las hipotecas basura que llevaron a la bancarrota a Wall Street superando el récord trágico de aquellas dos empresas.

Esa crisis tuvo ganadores, pero dejó a grandes masas de clase media fuera del camino del reparto. El populismo trumpista es producto de ese disgusto, como lo ha sido Vox en España, AfD en Alemania, el PVV de Geert Wilders en Holanda o Amanecer Dorado en Grecia, entre otros que sufrieron la onda expansiva de la crisis. De esa época es el Brexit, y también la consolidación de Orbán en mayo de 2010 cuando arrancó su segundo mandato con control total del Parlamento para gobernar durante 16 años con un modelo extremista que disolvió los pesos y contrapesos del sistema, prohijando de paso una corrupción y nepotismo sin parangón en la UE.

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El problema, como se ve, no es solo cómo estos dirigentes de rancio nacionalismo llegan al poder. Es la forma peligrosa en que lo utilizan. Orban se convirtió en un topo ruso dentro del bloque europeo y un fanático anti inmigrante en un país necesitado del continente y de trabajadores. Trump, del mismo modo proteccionista, crítico del libre comercio y de la multiculturalidad, por el tamaño de su país puso en riesgo el sistema de acumulación del capitalismo. Un defecto que comenzó con los aranceles y se disparó a alturas mayores con sus juegos de guerra. A punto tal que el FMI calcula una caída de la economía global este año del 3,4% previsto al 2,5% debido al conflicto en Oriente Medio.

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En ese diseño reposa la razón de la ruptura atlántica y la batalla en la superestructura que libran los mayores establishment planetarios. Como ejemplo Francia este 2 de abril se unió a China en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear la resolución que autorizaba el uso de la fuerza contra Irán. París y Beijing venían coordinando sus pasos en conversaciones de alto nivel desde el 2 de marzo apenas cuatro días luego del estallido de la guerra. Tres semanas después hubo otro contacto relevante entre ambas potencias. París muestra así con mayor audacia lo que el resto de su vecindario ya tomó como regla, desdeñar las amenazas y griterío del jefe de la Casa Blanca y trazar un camino alternativo hasta que se produzca un relevo en EE.UU.

La actual guerra contra la dictadura iraní emerge como un ejemplo central de la distorsión Trump en el tablero del capitalismo mundial. Europa (y China) entiende mayoritariamente que ese conflicto es una aventura, noción que el líder republicano confirma modificando constantemente los motivos de la ofensiva. La ruptura atlántica arrastra, además, un drama previo consistente en la incomprensión por parte de Washington del problema existencial para el bloque que implica la amenaza rusa tras la invasión a Ucrania.

La guerra en Oriente Medio ha agudizado estas diferencias y la desconfianza. En el bloque se asombran por algunas infidencias que llegan desde EE.UU. El portal Politico citó a funcionarios del Pentágono advirtiendo que “Irán no es el final. Es la primera prueba de una reorientación geopolítica más amplia. Estamos reconstruyendo la capacidad de proyectar poder simultáneamente en múltiples escenarios: Eurasia, el Pacífico y Oriente Medio”.

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Visiones superficiales

Simpatía. Viktor Orbán y el premier israelí, Benjamín Netanyahu. Foto Reuters

La realidad, sin embargo, desmiente la existencia de una coherencia estratégica. The Economist, vocero de ese establishment, remarcó que lo que en verdad ha revelado el conflicto es “la superficialidad de la visión de Trump para ejercer el poder estadounidense”. Alcanza con observar que envió a su vicepresidente, James Vance, a negociar la paz con Irán, pero sin ayuda diplomática. La discusión que debió durar semanas, se disolvió en menos de un día.

La preocupación por los riesgos que supone un reinicio del conflicto es la base de la presión a Israel para un cese del fuego en Lìbano, que era una precondición de Irán para avanzar en negociaciones sobre la compleja cuestión nuclear y que Netanyahu había ignorado.

También, revela el dudoso resultado de repetir en el Golfo el bloqueo naval que practicó Trump en Venezuela y que ahora parece reducirse apenas a alimentar la narrativa triunfalista del republicano. Todo es muy inestable, pero es claro que EE.UU. no podría tolerar mucho tiempo las consecuencias de esa maniobra. Por eso, solo con el retiro pactado de Israel, el estrecho de Ormuz quedó liberado. Sobrevuela la posibilidad de una nueva negociación. Tiene sentido. Habrá novedades.

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US military conducts strike on another vessel carrying alleged narco-traffickers, killing 2

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The U.S. military on Sunday announced a lethal strike on another vessel in the Caribbean carrying alleged narco-traffickers, killing two people.

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The U.S. Southern Command said it conducted a «lethal kinetic strike on a vessel operated by Designated Terrorist Organizations» at the direction of the leader of the Southern Command, Gen. Francis L. Donovan of the Marine Corps.

The military claimed, citing intelligence, that the vessel «was transiting along known narco-trafficking routes in the Caribbean and was engaged in narco-trafficking operations.»

ALLEGED NARCO-TERRORISTS KILLED AS US FORCES STRIKE SUSPECTED DRUG-TRAFFICKING VESSEL IN CARIBBEAN

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A U.S. military strike on a vessel in the Caribbean on June 21, 2026. (U.S. Southern Command)

There were six male survivors in addition to the two men killed in the strike.

«Following the engagement, USSOUTHCOM immediately notified U.S. Coast Guard to activate the Search and Rescue system for the survivors,» the military said.

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This is the latest attack that the Trump administration has said was launched in an attempt to eliminate alleged narco-terrorists, with the death toll in these strikes carried out since September sitting at more than 200.

The U.S. military said it struck a vessel in the Caribbean

The military claimed, citing intelligence, that the vessel «was transiting along known narco-trafficking routes in the Caribbean and was engaged in narco-trafficking operations.» (U.S. Southern Command)

The Pentagon has refused to release the identities of those killed in the strikes since last fall or provide evidence of drugs on board.

The administration has been scrutinized in recent months over the strikes by Democrats and even some Republicans, including Sen. Rand Paul, R-Ky., who has raised concerns about killing people without due process and the possibility of killing innocent people.

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RAND PAUL SAYS GOP COLLEAGUES ‘DON’T GIVE A S‑‑T ABOUT THESE PEOPLE IN THE BOATS’: THEY ‘SAY THEY’RE PRO-LIFE’

President Donald Trump speaking during a Cabinet meeting with Secretary of War Pete Hegseth looking on

The Pentagon has refused to release the identities of those killed in the strikes since last fall or provide evidence of drugs on board. (Jacquelyn Martin/AP)

«I look at my colleagues who say they’re pro-life, and they value God’s inspiration in life, but they don’t give a s‑‑- about these people in the boats,» Paul said in January. «Are they terrible people in the boats? I don’t know. They’re probably poor people in Venezuela and Colombia.»

CLICK HERE TO DOWNLOAD THE FOX NEWS APP

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The senator previously cited Coast Guard statistics that show a significant percentage of boats boarded on suspicion of drug trafficking are innocent.

The attacks have also been denounced by human rights groups as «extrajudicial killings.»



marines, coast guard, drugs, counter terrorism

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El absurdo del “Nuevo” Nuevo León

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Toca demostrar que Nuevo León sigue vivo y lleno de futuro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay ideas que nacen para resolver problemas. Y hay ideas que nacen para distraernos de ellos. La ocurrencia del “Nuevo Nuevo León” de Samuel García pertenece claramente a la segunda categoría. Porque antes de preguntarnos si necesitamos un “Nuevo” Nuevo León, conviene responder una pregunta sencilla: ¿qué tenía de malo el original?

¿Acaso el Nuevo León que construyó algunas de las empresas más importantes de México estaba equivocado? ¿El que levantó universidades de clase mundial? ¿El que convirtió la palabra empeñada en un activo económico? ¿El que hizo del trabajo duro una forma de identidad colectiva? La respuesta es evidente: nada.

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Por eso la idea misma de un “Nuevo Nuevo León” resulta tan extraña. No responde a una necesidad social real. Responde a una obsesión contemporánea por la novedad. El filósofo francés Gilles Lipovetsky describió cómo la novedad dejó de ser un medio para mejorar las cosas y se convirtió en un fin en sí mismo. Lo importante ya no es que algo funcione mejor; lo importante es que parezca nuevo: vanidad y frivolidad pura.

Y pocas cosas son más peligrosas para la política que confundir novedad con progreso. Las sociedades no avanzan cambiándose de nombre. Avanzan resolviendo problemas. Ninguna familia se preocupa porque su estado tenga una identidad insuficientemente moderna. La gente se preocupa por el tráfico, el agua, la seguridad, la contaminación y las oportunidades para sus hijos.

La antropología también tiene algo que decir. Clifford Geertz sostenía que las comunidades necesitan referencias compartidas para entender quiénes son y hacia dónde van. Las identidades fuertes no se reinventan cada seis años. Se construyen durante generaciones. Y Nuevo León es precisamente una de esas identidades fuertes.

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No es una marca. No es un logotipo. No es un eslogan. Es una cultura. Es una manera de trabajar. Es una relación particular con el esfuerzo, la responsabilidad y la construcción de patrimonio. Por eso el problema de Nuevo León nunca ha sido su identidad. El problema aparece cuando dejamos de estar a la altura de ella para vivir en Samuelandia y la extorsión como forma de gobierno.

Durante décadas, el prestigio de Nuevo León se construyó sobre valores muy concretos. La palabra valía. Las obras se terminaban. El dinero se cuidaba. La capacidad importaba. La seriedad era una virtud pública. Nadie necesitaba inventar un Nuevo Nuevo León porque el verdadero funcionaba.

De hecho, la idea del “Nuevo Nuevo León” termina pareciéndose a esas versiones pirata que cualquiera reconoce de inmediato. Se parecen al original. Intentan copiar su apariencia. Dan el gatazo. Pero no están hechas de la misma tela. No duran igual. No resisten igual. No aguantan la friega. Y ahí es donde la discusión deja de ser semántica para convertirse en una discusión política de fondo.

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Porque defender la Transformación en Nuevo León significa defender lo mejor del Nuevo León original: la cultura del trabajo, la palabra cumplida, la capacidad para gobernar, la honestidad como base de la confianza y la convicción de que la riqueza importa, pero también la forma en que se construye y llega a las familias.

La verdadera discusión que viene para nuestro estado no es entre pasado y futuro. Tampoco entre izquierda y derecha. Mucho menos entre novedad y tradición. La discusión real es entre frivolidad y seriedad. Entre apariencia y resultados. Entre quienes creen que gobernar consiste en administrar percepciones y quienes creemos que gobernar consiste en resolver problemas y materializar una verdadera Transformación.

La Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, ha planteado para el país una visión de Crecimiento con Justicia. Una visión donde la economía crece, pero donde ese crecimiento también se traduce en bienestar para las familias. Y esa idea dialoga mucho mejor con la tradición histórica de Nuevo León que cualquier intento artificial de reinventarlo.

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Porque el Nuevo León que admiramos nunca estuvo peleado con el progreso, la innovación o la inversión. Lo que entendía era algo más profundo: que la prosperidad solo vale cuando se construye con trabajo, responsabilidad y comunidad. Por eso llega un momento en que hay que definirse. Sin medias tintas. Sin ambigüedades. Porque la pregunta ya no es si queremos un “Nuevo” Nuevo León hechizo y hueco.

La pregunta es si queremos recuperar lo mejor del verdadero Nuevo León y llevarlo al siguiente nivel. El de Mariano Escobedo. El de la cultura de la tenacidad. El de Eugenio Garza Sada y el Capitalismo Social. El de las familias que construyeron patrimonio trabajando. El de las universidades que formaron talento de clase mundial. El de las empresas que generaron comunidad además de utilidades. Ese es el proyecto que representa la 4T Norteña.

Y por eso defender la Transformación en Nuevo León es mucho más que una definición partidista. Es una definición sobre qué tipo de estado queremos ser. Porque si se trata de Nuevo León, con el original nos quedamos. Y ahora nos toca demostrar que sigue vivo y lleno de futuro: esa es la tarea.

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*El autor es Alcalde, con licencia, del Municipio de General Escobedo, Nuevo León, México.



Nuevo León,México,paisaje urbano,noche,edificios,montañas

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Quién es Abelardo De la Espriella, el libertario admirador de Javier Milei que asumirá la presidencia de Colombia

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“Pónganle la raya al tigre porque hoy vamos a construir la patria milagro”. Con la camiseta amarilla de la selección de fútbol colombiana, como usó en gran parte de su campaña, rodeado por su esposa y sus cuatro hijos, Abelardo De la Espriella amaneció temprano y, antes de ir a votar, envió un mensaje en video por sus redes sociales, ya en postura de ganador.

El líder de la derecha libertaria llega a la presidencia de Colombia tras una carrera meteórica, menos de un año después de su debut en política. Ahora viene lo más difícil: mostrar desde la Casa de Nariño que podrá desplegar la misma destreza y capacidad para gobernar un país de más de 53 millones de habitantes que enfrenta desafíos complejos.

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Hace un año, este abogado penalista era conocido por su exitosa carrera profesional y sus excentricidades, lejos de cualquier aspiración política. Pero decidió postularse a la presidencia de Colombia cuando el país estaba en “sus horas más oscuras”, en referencia al gobierno socialdemócrata de Gustavo Petro.

De la Espriella creó en julio de 2025 el movimiento Defensores de la Patria, y lanzó una campaña arrolladora, con tintes de espectáculo, provocadora, con fuerte presencia mediática y sobre todo en las redes sociales.

En apenas once meses arrebató a los partidos tradicionales el liderazgo de la derecha colombiana y sorpresivamente ganó la primera vuelta del 31 de mayo con el 43,78% de los votos, por encima del hasta entonces favorito Iván Cepeda, el candidato oficialista que quedó segundo con el 40,98%.

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Admirador de Donald Trump y donante del Partido Republicano, De la Espriella hizo fortuna como abogado defensor de clientes controvertidos, como el empresario venezolano Alex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro, ahora detenido en Estados Unidos, o David Murcia Guzmán, protagonista de la mayor estafa piramidal de Colombia. También defendió a deportistas y estrellas del espectáculo.

También tiene gran afinidad con el presidente argentino Javier Milei, con quien habló por teléfono esta semana y a quien ha elogiado por su política de «motosierra» para recortar el gasto del Estado.

Con 47 años y un estilo desfachatado, lenguaraz, promete “poner orden” en el país. Se ha presentado en su campaña como el Tigre feroz que vencerá a sus detractores.

A quienes le critican que nunca ha ocupado cargos públicos, les responde que es una ventaja porque lo libra de compromisos con políticos y grupos económicos, y subraya que su experiencia está «en ser exitoso» como empresario y lo mismo hará en el gobierno.

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Imagen y lujos

Puntilloso con su atractivo físico, no oculta su gusto por la ropa elegante y viaja cada año a Italia a comprar trajes de las marcas más exclusivas. Admitió tiempo atrás en una entrevista que se hizo un implante de pelo porque tiene una cabeza “que se ve horrible calva” y suele estar muy pendiente de su imagen.

También es un apasionado por la comida gourmet y puede gastar cientos de dólares en una comida con amigos en restaurantes de lujo.

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El éxito en su estudio de abogados, que lo convirtió en millonario, lo llevó a crear la marca “De la Espriella Style”, que define como «un espacio para celebrar la ‘dolce vita’, el buen gusto y las cosas que se hacen con pasión». Eso incluye marcas propias de ron, vino y una línea de indumentaria masculina para compradores de alto poder adquisitivo. Además tiene propiedades en Bogotá, Barranquilla, Córdoba, Magdalena, Tolima y Miami.

Abelardo de la Espriella fue a votar este domingo junto con su esposa y sus cuatro hijos. Foto: XINHUA

Nacido en Bogotá el 31 de julio de 1978, se crió en Montería, capital del departamento de Córdoba, en el noroeste del país. En su casa se respiraba política. Su padre fue diputado del Partido Liberal, aspiró sin éxito dos veces a la gobernación de Córdoba y una vez al Senado.

Desde muy chico le gustó destacarse. Según contaron algunos de sus maestros al sitio digital La Silla Vacía, Abelardo era a la vez el “niño brillante” y el “niño insoportable”. Desafiaba la autoridad, buscaba protagonismo y parecía incapaz de pasar inadvertido.

En un colegio de Montería cursó el secundario y luego se graduó como abogado en Bogotá.

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De la Espriella también tiene ciudadanía italiana y estadounidense, un dato que generó polémica en la campaña y dio pie a una discusión entre juristas sobre si eso era un impedimento para ser presidente de Colombia. Pero la justicia electoral desestimó los cuestionamientos y dio luz verde a su candidatura.

Saludo militar e invocaciones a Dios

En muchos de sus actos políticos apareció detrás de un cristal antibalas y con saludo militar se ha convertido en un fenómeno político con una campaña que adoptó símbolos que aluden a la identidad nacional, como la camiseta de la selección de fútbol y la bandera nacional. Tampoco ahorró invocaciones a Dios, y ha conquistado a buena parte del electorado católico y evangélico, que lo ven como una especie de salvador, con sus posturas contra el aborto y lo que llama «ideología de género». Criticado por comentarios y actitudes machistas, también promete «combatir con mano de hierro a los delincuentes y a los corruptos».

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En actos políticos que parecían espectáculos ambientados con fuegos artificiales y rugidos de tigre, ha prometido “reconstruir la República», recuperar la seguridad, defender la democracia «por la razón o por la fuerza» y convertirse en «enemigo acérrimo» de la izquierda.

Está casado desde 2008 con la administradora de negocios Ana Lucía Pineda, con quien tiene cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca.

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