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ECONOMIA

Vuelan las importaciones vía TEMU y Shein pero caen las de insumos y «fierros» para la industria

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Opacado por los festejos del récord de exportaciones registrado en marzo, hay un dato de la balanza comercial que refleja el «lado B» del modelo económico: una tendencia a la reducción de las importaciones, en particular las vinculadas a insumos para la producción industrial.

A primera vista podría hasta parecer una buena noticia, porque un nivel bajo de importaciones, en simultáneo con una cifra récord de ventas promete un gran saldo comercial -ya se prevé más de u$s20.000 millones-. Eso ayudará al gobierno a conseguir los dólares necesarios para los pagos de intereses de la deuda, a proveer las divisas de los turistas argentinos que viajen al exterior y, además, permitirá que el Banco Central acumule reservas.

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Pero hay un lado negativo en el bajón importador: es el reflejo de la recesión en la industria. La estadística es de una contundencia que exime de comentarios: el recientemente publicado EMAE de febrero marcó una baja interanual de 2,12% general. -Y se destaca un retroceso de 8,7% en la industria manufacturera, un 6% de caída en la generación eléctrica y una leve baja en la construcción.

Son números que no sorprendieron a nadie en el mercado, y que van en línea con el bajo nivel de uso de la capacidad fabril instalada, que se ubica en un promedio de 53% y que en algunas ramas particularmente afectadas, como la textil, cayó por debajo del 30%.

Pero lo peor, tal vez, no sea la comprobación del retroceso ya ocurrido, sino las bajas expectativas sobre un repunte de la situación. Lejos del mantra oficialista de que «lo peor ya pasó», repetido varias en varios discursos por el presidente Javier Milei, las encuestas entre empresarios muestran una escasa predisposición a incrementar la inversión.

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Así, en una encuesta del Indec sobre las perspectivas del empleo, un 79% dijo que no tomará nuevo personal, mientras que un 17,3% tiene prevista una reducción de su plantilla. Cuando se les pidió que identificaran los motivos por los cuales ven un límite a su nivel de producción, la respuesta mayoritaria fue la «demanda interna insuficiente» -52,5% de menciones-, seguía por «competencia de productos importados», con un 11,5%.

Corrigiendo previsiones a la baja

Tras el EMAE de febrero, muchos economistas avisaron que habrá una revisión a la baja en los pronósticos de crecimiento de la economía. La última encuesta REM del Banco Central marcó expectativas de 3,3% de crecimiento, contra un 3,5% que se estimaba en diciembre. También el Fondo Monetario Internacional corrigió su previsión a la baja, desde un 4% a un 3%.

Lo cierto es que las importaciones están dejando ver un futuro poco prometedor. A esta altura del año pasado, ya se habían realizado importaciones por u$s17.600 millones, mientras que el primer trimestre de este año está por debajo, con u$s16.345 millones.

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Al comienzo, la explicación que se daba para explicar esa caída era que, como en los meses previos a la elección legislativa de octubre se había generado una expectativa devaluatoria, se habían concretado importaciones «por las dudas» cuyo objetivo era acumular stock aprovechando un tipo de cambio que se percibía bajo.

Sin embargo, ese argumento, que era entendible en el momento inmediatamente posterior a la elección, ya va perdiendo fuerza seis meses después de realizada la elección. Tanto que los economistas creen que el bajón importador no es un accidente sino una tendencia estable en la economía.

La última encuesta REM ya recortó en u$s2.500 millones su previsión inicial, y hay analistas que creen que el próximo informe tendrá una proyección de u$s78.000 millones. Incluso hay, entre los expertos, algunos que llegan más lejos y hasta creen que las importaciones serán menores que las del año pasado. Por caso, un reciente informe de inversión Morgan Stanley pronostica que el volumen de las compras será de apenas u$s74.700 millones.

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¿Indiferencia al dólar barato?

Lo más llamativo no es el hecho de que la importación esté estancada, sino que ocurre en un momento en el que muchos economistas vuelven a acusar al gobierno de estar fomentando un retraso cambiario.

 En lo que va del año, la cotización del dólar mayorista cayó un 6,6% en términos nominales, mientras que la inflación superó un 11%. Hablando en plata, que a los empresarios argentinos se les encarecieron los costos un 19% en dólares, algo que no se puede compensar con la suba en los precios internacionales.

Lo normal ante esas situaciones es que las importaciones se disparen, pero en este caso no se verifica esa situación. Parte de la explicación es que hay una oferta alta de divisas, producto de la ola de emisión de deuda por parte de empresas y gobiernos provinciales, y esa situación hace que disminuya la expectativa devaluatoria. De hecho, el sistema bancario cuenta con casi u$s40.000 millones, el punto más alto de los últimos ocho años.

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Pero, además, la previsión de una «lluvia de dólares» en el próximo trimestre, por la combinación de la exportación sojera y el excepcional año del sector petrolero -con sus precios excepcionalmente altos, dado el contexto bélico en Medio Oriente-.

No se descarta que en los próximos meses la exportación ronde los u$s10.000 millones, mientras que no se perciben muchos factores que impulsen a la importación por encima de su actual nivel de u$s6.100 millones.

Esta situación genera sentimientos ambiguos en el mercado. Por un lado, un superávit comercial mensual de u$s4.000 millones implica un alivio y disipa los temores de un déficit en la cuenta corriente, dado que el superávit por bienes será mayor que el déficit por turismo y otros servicios.

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Pero, al mismo tiempo, esa abundancia de divisas puede reimpulsar las compras de billetes para atesoramiento por parte de los ahorristas, que no encuentran atractivo en las tasas de interés en pesos.

Protagonismo para bienes de consumo

Hay, además, otro factor que ilustra el momento de la economía: cómo se compone la «torta» de las importaciones. En este momento, los rubros que más crecen son los productos de consumo final y los automóviles. Sumados, ya representan un 23% del total, cuando hace dos años apenas superaban el 10%.

Ese dato es el reflejo de las eliminaciones de trabas regulatorias y aranceles para productos terminados. Y también es una confirmación del «dólar barato» que abarata algunos productos externos ante la competencia nacional, como quedó evidenciado en debates como el de la crisis textil o la suspensión en la fabricación de neumáticos de Fate.

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No por casualidad, los rubros que registraron menores aumentos de precio fueron los textiles -principalmente por importaciones vía TEMU y Shein- y los electrodomésticos, que llevan una variación interanual de 13% y 21%, respectivamente, contra un IPC general de 32,6%.

Esto deja en claro que, para el gobierno de Milei, la apertura comercial no sólo es una convicción ideológica: es también, una herramienta anti inflacionaria porque permite compensar las altas subas de precios en otros rubros, como las tarifas de servicios públicos.

En todo caso, el hecho de que haya un aumento relativo en el peso de los productos importados para consumo implica que cada vez es menor la importancia de las importaciones de insumos para la industria. En marzo, los bienes de capital apenas registraron una suba de 4,5% respecto del año anterior.

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Y ese dato, que difícilmente tenga cambios en el futuro cercano, parece predecir un enfriamiento de la actividad. Hay un consenso entre los economistas respecto de que, para que el PBI crezca un punto porcentual, las importaciones deben subir tres puntos. Y en este momento las importaciones vienen creciendo a un lento 1,7% interanual, un número que da pie a los más pesimistas para corregir a la baja las expectativas de crecimiento de la economía.



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ECONOMIA

Caputo: “Todavía hoy la gente tiene desconfianza, ahorra en dólares y los pone abajo del colchón”

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El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que aún hay gente que tiene desconfianza. (Foto crédito: Reuters).

Luego de que la semana pasada el Gobierno girará al Congreso un nuevo proyecto de Inocencia Fiscal para subsanar los puntos débiles y que los argentinos saquen los dólares del colchón, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que “todavía hay gente que tiene desconfianza” y que elige ahorrar fuera del sistema.

“Todavía hoy la gente tiene desconfianza, todavía hoy la gente tiene sus ahorros afuera del sistema financiero. Ahorra en dólares y los pone abajo del colchón, se va al sector informal por el temor a que los políticos le vuelvan a hacer lo mismo”, sostuvo el ministro Caputo en una entrevista con Crónica.

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Las declaraciones del ministro de Economía se dieron luego de que el jueves pasado se presentó el nuevo proyecto de Inocencia Fiscal con el que se busca dar mayor seguridad jurídica a los contribuyentes que saquen sus dólares del colchón que se no van a ser perseguidos ante un cambio de gestión.

Noticia en desarrollo



Luis Caputo,IAE

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ECONOMIA

Volvió a caer la venta de ropa: se redujo 6,9% y sólo una de cada seis empresas espera una mejora

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El 55% de las empresas de indumentaria reportó caídas en sus ventas durante el tercer bimestre de 2026, frente a un 27% que logró subas. (Magnific)

El sector de la indumentaria textil continúa en crisis, en un contexto donde la debilidad del consumo sigue marcando el pulso de la actividad. Así lo refleja la última encuesta de la Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI), correspondiente al tercer bimestre de 2026.

El relevamiento marcó una caída interanual del 6,9% en unidades vendidas. El dato representa una desaceleración respecto de los bimestres previos, en los que las bajas habían sido más pronunciadas: en el primer bimestre de este año la contracción había sido del 7%, y en el sexto bimestre de 2025 había llegado al 9,4 por ciento. Aun así, la serie se mantiene en terreno negativo desde hace más de dos años, con una sola excepción registrada en el segundo bimestre de 2025, cuando las ventas habían crecido 1,2% interanual.

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A nivel de empresas, el 55% reportó caídas en sus ventas durante el período, mientras que un 27% logró subas y un 18% no registró cambios. Se trata del séptimo relevamiento consecutivo en el que la proporción de empresas con bajas supera a la de empresas con subas, aunque la brecha entre ambos grupos se redujo respecto del bimestre anterior, cuando el 59% había reportado caídas y el 34% subas.

La falta de demanda, en el centro del problema

Consultadas sobre las principales problemáticas que enfrentan, ocho de cada diez empresas señalaron la caída de la demanda como su principal preocupación, una percepción que viene en ascenso y que subió cuatro puntos porcentuales respecto del relevamiento anterior. Esta variable se mantiene como el problema dominante del sector desde hace más de dos años, muy por encima de otros factores como el incremento de costos, la falta de financiamiento o la falta de stocks.

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Ocho de cada diez empresas señalan a la caída de la demanda como su principal problema, la preocupación más mencionada en la encuesta de la CIAI.

La persistencia de la demanda débil como principal obstáculo del sector se refleja también en el clima general que describen las empresas consultadas. En un ejercicio de opinión abierta incluido en el informe, la palabra que más se repitió entre las respuestas fue “incertidumbre”, acompañada de expresiones como preocupación, bajo nivel de ventas y caída de la rentabilidad. Entre los testimonios recogidos, hay empresarios que describen escenarios de cierre después de años de actividad, otros que hablan de sostener la estructura cediendo rentabilidad para evitar despidos masivos, y también quienes plantean la necesidad de adaptación y eficiencia como respuesta al momento.

De cara a los próximos tres meses, el 63% de las empresas espera que las ventas no varíen, mientras que un 22% anticipa que empeoren. Sólo un 16% —cerca de una de cada seis— proyecta una mejora en el corto plazo. Esta distribución se mantiene en línea con la tendencia que muestra la serie desde hace más de un año, en la que las expectativas de estabilidad predominan de manera sistemática sobre las de mejora o empeoramiento.

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Las expectativas económicas generales para el año, consultadas de manera más amplia, muestran un panorama similar: el 53% de las empresas espera un escenario sin grandes variaciones para 2026, un 25% tiene expectativas malas (cuatro puntos porcentuales más que en el relevamiento anterior) y un 12% las califica como muy malas.

Más allá de las ventas y la demanda, el informe de la CIAI relevó otros aspectos de la operatoria de las empresas del sector, donde aparecen algunas señales de estabilización. En materia de stocks, se registró una reducción de siete puntos porcentuales en la proporción de empresas con niveles excesivos, mientras que un 51% ya declara un nivel de stock equilibrado, cinco puntos más que en el bimestre previo.

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Los niveles de stock excesivo se redujeron en el último relevamiento y el 51% de las empresas ya declara un nivel de stock equilibrado.

Sin embargo, la posibilidad de trasladar los aumentos de costos a precios se agravó. El 55% de las empresas no pudo trasladar nada de los incrementos de costos que enfrentó, cinco puntos porcentuales más que en el relevamiento anterior. Un 33% trasladó menos de la mitad de esos aumentos, y sólo un 10% logró trasladar más de la mitad.

En la cadena de pagos, el informe muestra una mejora relativa: cayeron tanto los atrasos ocasionales como los frecuentes, cada uno nueve puntos porcentuales, mientras que la proporción de empresas sin atrasos significativos creció dieciséis puntos. No obstante, reaparecieron las interrupciones en la cadena de pagos, señaladas por el 2% de las empresas encuestadas, lo que la CIAI interpreta como una señal de que persisten focos de estrés financiero en el sector.

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En el plano del empleo, el informe registró una intensificación del ajuste. Los despidos representaron el 27% de las medidas adoptadas sobre la dotación de personal en el tercer bimestre, siete puntos porcentuales más que en el relevamiento anterior, y ya equivalen a casi un tercio de todas las decisiones tomadas por las empresas en esta materia.

En contraste, cayeron diez puntos porcentuales las renuncias no reemplazadas, y subió con fuerza —veinte puntos porcentuales— la proporción de empresas que no reportan cambios en su plantilla. Este último movimiento indica que, si bien los despidos ganaron peso relativo entre las medidas tomadas, también creció la cantidad de empresas que optó por no modificar su dotación de personal durante el período.

El resumen ejecutivo del informe de la CIAI sintetiza el panorama del tercer bimestre señalando que las ventas volvieron a caer, aunque a un ritmo más lento, y que la debilidad de la demanda sigue presionando a numerosas empresas, algunas de las cuales enfrentan procesos de cierre o de reconversión. Al mismo tiempo, el documento identifica algunas señales de estabilidad relativa, vinculadas al equilibrio de los stocks, a la menor tensión en la cadena de pagos y a una moderación en el ritmo del ajuste laboral, en un contexto donde la recuperación de la demanda continúa sin concretarse.

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ECONOMIA

Morosidad en Argentina pegó un salto récord y millones dejaron de pagar deudas

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La morosidad en Argentina alcanzó el nivel más alto de las últimas dos décadas. El endeudamiento de los hogares y el estallido de la irregularidad en las billeteras virtuales dibujaron un escenario crítico en el sistema financiero.

El nivel de morosidad en el sector privado trepó hasta 7,6% en mayo pasado, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Se trata del pico después de 19 meses consecutivos de aumentos.

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El deterioro en el pago de los créditos se concentra con especial fuerza en las familias, donde el índice de morosidad en los bancos escaló del 2,5% en octubre de 2024 al 12,3% en mayo de 2026, reflejando una crisis de ingresos estructural que golpea directamente a los hogares argentinos.

Los préstamos personales y las tarjetas de crédito son los productos más castigados. La mora en préstamos personales alcanzó el 14,9%, mientras que en tarjetas de crédito llegó al 12,5%.

Juntos, estos dos tipos de crédito representan el 73% del saldo irregular total del sistema. La concentración del problema en estos instrumentos refleja cómo las familias intentan sostener el consumo básico a través del endeudamiento.

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Las billeteras virtuales muestran cifras de morosidad que superan los peores momentos de la pandemia

En las fintech y billeteras virtuales, la situación presenta números aún más preocupantes. La mora saltó del 7,3% al 29,6% en el mismo periodo analizado.

Este porcentaje incluso perforó el récord histórico que se había registrado durante la pandemia de covid. Las billeteras virtuales, que operan con menores controles de riesgo crediticio, se convirtieron en el epicentro de la crisis de impagos.

El informe destaca que de los 20,9 millones de deudores que existen en el sistema, 5,8 millones ya se encuentran en situación de mora. Los datos surgen de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU).

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Esto significa que casi 3 de cada 10 personas con deudas no pueden cumplir con sus pagos. La magnitud del problema alcanza proporciones que exigen una mirada de política pública urgente.

Los jóvenes y las provincias del interior lideran el ranking de incumplimiento

En cuanto al perfil del deudor afectado, el trabajo refleja que casi 4 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 34 años son morosos, y en la franja de hasta 24 años la tasa de irregularidad alcanza el 40,9%, revelando que las generaciones más jóvenes enfrentan las mayores dificultades para sostener sus compromisos financieros.

En relación al género, la cantidad de morosos se reparte casi equitativamente. Los varones representan el 50,2% de los morosos, mientras las mujeres alcanzan el 49,8%.

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Sin embargo, existen diferencias en el tipo de endeudamiento: los varones tienden a endeudarse más con bancos tradicionales, mientras las mujeres recurren con mayor frecuencia a billeteras virtuales.

A nivel geográfico, la región de Cuyo y el NOA presentan los niveles más altos de incumplimiento. La Rioja lidera con 22,8% de morosidad, seguida por San Luis con 20,1% y Catamarca con 20,0%.

En el otro extremo, La Pampa registra el nivel más bajo con 9,1%, mientras que CABA alcanza el 10,1%. La brecha entre provincias revela desigualdades estructurales en el acceso al empleo y los ingresos.

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Las empresas también sufren pero la construcción es el sector más golpeado

Aunque la morosidad corporativa es menor a la de los hogares, también muestra una tendencia ascendente. El nivel de irregularidad en empresas alcanza el 3,0%, pero afecta de manera desigual al entramado productivo.

La construcción es el sector más afectado con un 7,0% de irregularidad. Le siguen el sector de alojamiento y servicios de comida con 6,9%, y las actividades administrativas con 5,5%.

Estos sectores, intensivos en mano de obra y altamente sensibles al ciclo económico, reflejan el impacto de la recesión sobre las empresas que operan en la economía real.

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El Gobierno y los economistas chocan por las causas reales de la morosidad récord

El informe de CEPA confronta directamente el diagnóstico oficial. El Gobierno atribuye la morosidad al «desconocimiento financiero», a «gastos irresponsables» o a la especulación con una posible devaluación.

Por el contrario, el estudio concluye que la causa estructural es la fuerte caída del salario real tanto a nivel público como privado, que acumula una retracción de entre el 8,7% y el 18,7% desde el inicio de la gestión de Javier Milei, mostrando que el endeudamiento refleja una insuficiencia de ingresos y no consumos irresponsables.

Según CEPA, el problema se agrava por tasas de interés reales muy elevadas y un escaso control del riesgo por parte de las billeteras virtuales. La combinación de salarios deprimidos y crédito caro genera una trampa de endeudamiento.

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Al escenario crítico actual se le suma que recientemente el presidente del BCRA, Alejandro Werning, afirmó que comenzará un nuevo ciclo crediticio «más saludable y selectivo». Esto significa que las entidades proveedoras de crédito dejarán de considerar sujeto de crédito a aquellos que refinancian sus deudas.

CEPA remarcó al respecto que resulta irreal que el crédito se vuelva en el corto plazo un motor de crecimiento como el Gobierno espera. Con 5,8 millones de personas en mora y salarios reales cayendo, la expansión del crédito enfrenta límites estructurales que no se resuelven solo con ajustes de política monetaria.

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