CHIMENTOS
Yanina Latorre confirmó la crisis de Wanda Nara con su novio y contó el fuerte motivo: “Se pelearon…”

La pulsión desbordante por exhibirse, por abrir los portales de su privacidad al mundo. Borbotea en sus entrañas ese deseo irrefrenable de convertirse en objeto de interés, en tema de conversación pública. Wanda Nara ama, desesperadamente, cargar sus redes sociales de cualquier nimiedad.
Merced a esa exacerbación a cargar contenidos a sus plataformas digitales se activó un rumor fortísimo. Todo se remonta a la nula actividad de la mediática junto a su novio, Martín Migueles. La blonda no compartió ni una sola foto, ni un mensaje, ni un like hace varios días.
Todas las especulaciones se maximizaron por la dirección opuesta de la pareja, que se enfrascó en subir una catarata de publicaciones junto a la ex de Mauro Icardi. Así se aceleraron las conjeturas, por la simple lógica y se instaló la teoría de una crisis, de una tormenta en ese amor.
Experta en estos entramados, Yanina Latorre comprobó su capacidad para acceder a las entrañas de las historias más complejas del universo del espectáculo. La conductora de América TV indagó directamente a la fuente, a la mismísima Wanda.
YANINA LATORRE CONTÓ QUE WANDA NARA SE PELEÓ CON SU NOVIO
En el desarrollo de Sálvese quien pueda, la ex angelita corroboró que soplan vientos huracanados en el seno de la pareja de Nara. «Me la encontré, estaba divina. Le pregunté por Migueles que no sube cosas de él, se rió», arrancó y luego soltó la bomba: «Algo raro hay ahí».
Y para terminar de iluminar el panorama espinoso de la relación de Wanda, Yanina aseveró. «Si pasa una semana sin postear del novio, es porque por lo menos se pelearon». Y para completar, Latorre aportó un gesto muy peculiar, que se vincula con el reencuentro de Nara con un famoso con el que mantuvo un romance. «Le tiré lo de Agustín Bernasconi. Le pregunte si le dió y se reía, se hacía la boluda».
«Si pasa una semana sin postear del novio, es porque por lo menos se pelearon. Hay algo raro ahí», aseguró Yanina sobre Wanda Nara y su novio.
Yanina Latorre, Wanda Nara
CHIMENTOS
Elina Firpo y Lucía Zin Ungaro: la amistad como motor y los secretos de la serie que redefine el amor a los veinte

En tiempos donde las relaciones parecen navegar entre la inmediatez y la fragilidad, Tengo algo que compartir con vos irrumpe en la pantalla chica con una propuesta tan cercana como necesaria. Creada y dirigida por Lucía Zin Ungaro y Elina Firpo, la ficción invita a sumergirse en la intimidad de los vínculos contemporáneos, explorando el amor, la amistad y las contradicciones de una generación que busca sinceridad en medio de la incertidumbre afectiva. La historia, compuesta por cuatro capítulos breves pero contundentes, sigue el verano de cuatro mujeres que, al borde de los 20, intentan descifrar sus propios deseos y heridas en una Buenos Aires tan luminosa como compleja. En medio del furor por su estreno y el revuelo que generó la historia, las directoras le cuentan a Teleshow los detalles de su creación.
En apenas quince minutos por episodio, Tengo algo que compartir con vos condensa los dilemas y la belleza de una etapa marcada por los finales y los nuevos comienzos. Con una mirada fresca y honesta, la serie pone el foco en la amistad como refugio y en la búsqueda constante de espacios donde decir lo que de verdad importa. Las protagonistas, interpretadas por Micaela Riera, Malena Sánchez, Martina Campos y Laila Maltz, dan vida a escenas que resuenan en quienes alguna vez sintieron que crecer es también aprender a compartir miedos, ilusiones y decisiones difíciles.
Firpo y Zin Ungaro, las mentes creativas detrás del proyecto, lograron construir una comedia romántica distinta: lejos de los lugares comunes, apuestan por el realismo emocional y la autenticidad generacional. Con una trayectoria que abarca cine, videos musicales y televisión, ambas directoras decidieron a apostar por historias que laten cerca de la experiencia cotidiana. En medio del furor que despertó el estreno, la dupla abrió el juego y se sinceraron en este medio sobre el proceso creativo, los desafíos de retratar los vínculos actuales y el valor de la complicidad femenina en la pantalla.
—La serie propone una mirada muy honesta sobre los vínculos actuales. ¿Cómo nació este proyecto y la sociedad creativa entre ustedes?
—Lucía Zin Ungaro: Nosotras somos amigas desde hace muchos años. Nos conocimos en la facultad, pero en realidad la amistad comenzó después de recibidas. Siempre trabajamos en equipos de dirección de películas, series, videoclips, publicidades, y compartíamos todo lo que nos pasaba laboralmente. Nos aconsejábamos, pensábamos juntas cómo atravesar los desafíos y también nos acompañábamos mucho en las historias amorosas que vivíamos en ese momento. Hablábamos de con quiénes salíamos, lo que sentíamos, nos escuchábamos y reflexionábamos juntas.

—Elina Firpo: Recuerdo que hace muchos años, me perdía con los chicos que salía Luli: “¿Y ese cuál es? ¿Ese es el chico de los martes?”. Había uno del trabajo, otro de una clase. Y ahí apareció la idea de hacer una serie sobre “los chicos de la semana”. Mucho tiempo después, cuando pensamos en hacer una serie juntas, le recordé esa idea a Luli, que no la tenía tan presente, pero después sí. Así arrancó nuestro primer proyecto como directoras. Dirigir de a dos es genial, porque es difícil hacerlo sola, y enseguida supimos que tenía que ser una serie sobre el amor.
—Zin Ungaro: Ahora que lo pienso, era el plan perfecto. Nosotras consumimos muchas comedias románticas y nos encanta ese universo. Poder crear historias propias a nuestro gusto era un sueño. Nos dimos cuenta de que podíamos inventar relatos de amor y hacerlos juntas. Fue un sueño cumplido.

—¿Cómo transformaron esa idea y esas charlas en una serie concreta?
—Firpo: Yo estoy viviendo en España y ese verano iba a viajar a Buenos Aires. Sabíamos que teníamos que filmar durante el verano y que debía ser algo breve, conciso, de un tirón. Siempre pensamos en un tamaño que pudiéramos manejar nosotras mismas. El proyecto fue como un tren rápido: si alguien quería sumarse, genial, si no, seguíamos de largo. Surgió una convocatoria de la Universidad del Cine para filmar un piloto en doce jornadas. Finalmente, nos dieron diez y filmamos todo en ocho días, con solo uno de descanso.
—Zin Ungaro: Además, enero es un mes en el que hay poco trabajo audiovisual, así que pudimos sumar a gente muy talentosa, tanto en el equipo técnico como en el elenco. Nadie quería filmar en enero, y eso jugó a nuestro favor.

—Apostaron por un formato breve, pero muy intenso emocionalmente. ¿Qué les permitió narrativamente esa duración precisa, que quizás no hubieran logrado con una serie más larga?
—Firpo: Principalmente, la posibilidad de concretarlo. Era un proyecto que podíamos abarcar por nuestro tamaño y recursos. Podríamos haber hecho un piloto de una hora, pero preferimos una serie entera que funcionara como unidad. Además, los capítulos cortos nos permitieron mostrar distintas situaciones y profundizar en las escenas, acompañando a los personajes en sus pensamientos y en esos momentos en los que se les cae una idea. No queríamos un montaje demasiado apurado.
—Zin Ungaro: Es nuestra primera ficción, así que no tenemos toda la cancha del mundo en estructura y guion. Los 15 minutos nos ayudaron a enfocarnos: cada episodio tiene un conflicto claro y nos permitió abordarlo con espacio y profundidad. Si no, era fácil dispersarse. Así, elegimos un tema por capítulo y lo mantuvimos como eje.

—Mencionaban que la serie surge de sus propias charlas y experiencias románticas. ¿Cuánto hay de ustedes mismas en las protagonistas, y cuánto viene de la observación o la ficción?
—Firpo: La gente que nos conoce nos ve reflejadas en los personajes y hasta en las actrices. Se mezcla todo. También tomamos situaciones y frases de otras personas que nos parecieron interesantes o que podrían pasarnos. Todo termina en la serie.
—Zin Ungaro: Sí, está todo combinado. Estamos en todos los personajes, pero no por egocentrismo, sino porque están nuestras vivencias, lo que querríamos tener y hasta personas que no nos cruzamos pero nos gustaría conocer. Es una mezcla entre lo propio y lo observado.

—¿Por qué sintieron la necesidad de trasladar estas reflexiones y charlas a la pantalla?
—Zin Ungaro: Sentíamos que no se estaba hablando de estos temas de esta manera. Barajar la posibilidad de hacerlo nosotras fue habilitador: si no lo veíamos, ¿por qué no hacerlo nosotras mismas? Hicimos la serie que queríamos ver. Nos interesaba mostrar el brillo y el romanticismo en lo cotidiano, sin caer en la épica de la comedia romántica clásica, y darle importancia a lo que nos pasa a todos.
—Firpo: También, porque no hay tantas historias de amor en esta edad. Hay muchas películas sobre adolescentes o sobre mujeres mayores con otros conflictos, pero la etapa de los finales de los 20 años, sin maternidad ni casamiento como eje, no estaba tan representada. Es un momento donde la posibilidad de la pareja y el amor todavía es central, y los conflictos son pequeños, pero merecen ser contados.

—La amistad tiene un rol clave en la serie. ¿Sienten que en la vida real es el verdadero sostén emocional para afrontar los temas más complejos?
—Zin Ungaro: Sí, obvio. No es solo catarsis; es un espacio donde te preguntan qué te pasa de verdad y te ayudan a ver tus deseos y expectativas. Es un sostén activo. Además, intentamos representar la amistad de la manera en la que la vivimos. Me pasaba con series que trataban el tema que no me sentía representada, sino que sentía una carencia de cualidades como el amor, el cariño, la empatía… Entonces era re importante también ponerlo en la pantalla y hacer que eso exista.
—Firpo: Es un acompañamiento para todo. En la serie, la amistad no está solo para consolar por el amor, sino también para apoyar en proyectos, en la vida profesional y en cualquier momento importante. Y eso es lo que intentamos mostrar: la amistad desde la acción, no solo un hombro para llorar.
—¿Cómo influye la repercusión de la serie a la hora de derribar los mitos sobre las relaciones y amistades actuales, que están cambiando tan rápido?
—Firpo: Creo que suma un granito de arena a este universo. Es reconfortante saber que hay series hablando de estos temas y que aunque sea una persona encuentre ese espacio en nuestra serie, ya es valioso. Además, nos están llegando mensajes re lindos a partir de este proyecto. El otro día, una chica nos escribió para decirnos que la serie fue “un abrazo” para ella, ya que no veía hace mucho a sus amigas y verla sola tomando una cerveza era como si se hubiera juntado con ellas. La posibilidad de que la serie también sea un lugar de compañía es muy lindo.
—Zin Ungaro: Ojalá ayude. Nosotros hicimos la serie que nos gustaría ver.

—¿Hubo alguna escena o tema difícil de llevar a la pantalla, que les costara especialmente?
—Zin Ungaro: Sí, hubo mucho trabajo, especialmente en el segundo capítulo, en la escena entre Francisca (Martina Campos) y el personaje de Nicolás (Juan Cruz Márquez de la Serna). Al principio pensábamos terminar la escena después de que hablaran de sus sueños, pero nos dimos cuenta de que ahí realmente empezaba el conflicto.
—Firpo: Nos daba miedo que el personaje de Nico pareciera psicópata por insistir, así que trabajamos mucho para que sus acciones fueran realistas y humanas. Todo el tiempo estábamos midiendo el límite entre la comedia romántica y lo realista, para que los personajes fueran auténticos, y no una típica escena como donde le dice “quedate para acá para siempre”, como Ross que la busca a Rachel y no va a París en Friends.
—La serie ya trascendió fronteras y tuvo repercusión internacional. ¿Qué sienten al ver que historias tan argentinas conectan con personas de otros países?
—Zin Ungaro: Es muy loco y muy lindo. Recibimos mensajes de gente de afuera y la experiencia en el festival de Alemania fue muy fuerte.
—Firpo: Además, ver a un público tan distinto reírse de nuestros chistes nos emocionó, en especial porque algunos no causaron tanta gracia en Buenos Aires. Por ahora está en Argentina, Uruguay, Paraguay, vamos a tener que seguir moviendo el proyecto. Ahora queremos llevarla a más plataformas internacionales y ver hasta dónde puede llegar.

—¿Hay planes para una segunda temporada o algún otro proyecto juntas?
—Zin Ungaro: Sí, estamos pensando en la segunda temporada. Va a ser en breve… Es muy lindo el hecho de que la gente quiera ver más, ya que entendemos que eran pocos capítulos y cortitos, ya que era lo que podíamos hacer.
—Firpo: Hay muchas historias de amor para contar y sería hermoso poder seguir representándolas. Pero, primero tenemos que desarrollarla, encontrarle la forma y el formato.
—Si una espectadora termina la serie y siente ganas de compartir algo, ¿qué les gustaría que se anime a decir después de ver estos temas en pantalla?
—Zin Ungaro: Me gustaría que se anime a decir lo que siente, lo que tiene ganas de decir.
—Firpo: Y que valide su propia voz, que entienda que lo que le hace ruido está bien, que está bien querer, desear y amar, aunque el otro no quiera lo mismo.
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CHIMENTOS
El gesto que conmovió en Argentina vs. Suiza: por qué los jugadores llevaron un brazalete negro

El partido entre Argentina y Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026 comenzó con una escena que no pasó inadvertida. Los dirigidos por Lionel Scaloni saltaron al campo de juego con un brazalete negro en uno de sus brazos, un gesto que rápidamente despertó la curiosidad de los fanáticos en las redes sociales.
Lejos de estar vinculado al desarrollo del torneo, la decisión respondió al fallecimiento de Antonio Rattín, una de las máximas glorias de Boca Juniors y de la Selección Argentina, quien murió este sábado a los 89 años. Como muestra de respeto y reconocimiento a su trayectoria, el equipo nacional lució la tradicional cinta negra durante el partido.
La AFA autorizó que los futbolistas argentinos utilizaran el brazalete negro en señal de duelo por la muerte de Rattín, histórico mediocampista que dejó una huella imborrable. Durante el encuentro, también hubo un minuto de silencio por Jayden Adams, el futbolista sudafricano de 25 años fallecido este sábado.
En el fútbol, esta cinta se utiliza habitualmente cuando fallece una personalidad ligada a un club, una selección o al deporte en general. Se trata de un símbolo de respeto que suele acompañarse con un minuto de silencio o un aplauso antes del comienzo del partido. El momento fue un homenaje para los familiares y fanáticos del histórico deportista.
QUIÉN FUE ANTONIO RATTÍN
Antonio Rattín fue uno de los grandes ídolos de Boca Juniors y una figura emblemática del fútbol argentino. Defendió la camiseta xeneize durante más de una década, disputó cientos de partidos oficiales y fue capitán del equipo en una de las etapas más recordadas de la institución.
Además, representó a la Albiceleste en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Justamente en esa última Copa del Mundo protagonizó uno de los episodios más recordados de la historia del fútbol, cuando fue expulsado en el partido frente al seleccionado inglés en una decisión arbitral que generó una enorme polémica.
Su fallecimiento, a los 89 años, provocó un profundo pesar en el ambiente futbolístico y motivó que la Selección Argentina lo homenajeara en un partido tan importante como el de los cuartos de final del Mundial 2026.
Argentina, Suiza
CHIMENTOS
Juan Isola: “En el teatro independiente me puedo hacer preguntas que en el comercial no”

El recorrido del Juan Isola -actor, dramaturgo, director y docente-, atraviesa escenarios tan diversos como la televisión, el cine y el teatro. Su rostro se volvió familiar para el gran público tanto por su participación en diferentes publicidades, como por compartir escenas de películas con Adrián Suar. La multiplicidad de registros y formatos no alteró su búsqueda. “Es algo que hacemos a diario, constantemente”, repite el actor de El jefe del jefe (Paseo La Plaza), sobre una reflexión existencial que, según él, convierte a Hamlet, por ejemplo, en un texto imprescindible.
Es que, precisamente, el deseo de interpretar alguna vez a Hamlet sigue siendo el motor vital para Isola, quien reconoce en la obra de William Shakespeare mucho más que un desafío profesional. En una profunda charla con Teleshow confiesa: “Poder hacer Hamlet para mí sería un sueño total… Es como la obra icónica sobre la actuación, que se hace esa reflexión también sobre la vida, que me parece que es completamente profunda y es algo que a diario hacemos constantemente, constantemente. Es un poco el motor de, de la existencia. por eso me fascina”.
La pasión de Isola por el arte dramático no se limita a los papeles que encarna. También transmite su visión a nuevas generaciones como profesor, profundizando en el sentido de la actuación y en las preguntas que surgen sobre el escenario y fuera de él.
A lo largo de su trayectoria, Isola fue adoptado por distintos lenguajes y públicos, pero sostiene que el teatro le proporciona un espacio único para explorar los dilemas humanos.
—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Ahora estoy haciendo El jefe del jefe en el Paseo La Plaza, con dirección de Javier Daulte. Además, arranco a ensayar a mitad de septiembre con Hernán Franco y con Nacho Bartolone una obra nueva en el Teatro Cervantes para estrenar el once de noviembre, El misterio de Irma Vep. Está escrita para dos actores y cuatro personajes cada uno.
—¿Cuál es el foco de la obra?
—Es como una parodia de las obras clásicas inglesas. Es la historia de una mujer que vive con su marido en una cabaña alejada y por una cuestión misteriosa, la mujer ha desaparecido, el hijo ha sido asesinado por un lobo y cuando matan al lobo que piensan que es el asesino de su hijo, se desatan una cantidad de monstruos por todos lados. Es muy loca, muy graciosa, es para delirar.
—¿Por qué quisiste ser actor?
—La razón, creo, no sé si la comprendo. Sí me acuerdo de que le dije a mi mamá: “Quiero ser actor” cuando tenía cuatro años y bailaba con mi abuela cuando me sacaron el yeso. Nací el pie rotado y la rodilla rotada. Tenía como el pie para adentro y no podía caminar. Me hicieron dos operaciones y me alinearon.
—Entonces…
—A mí me gustaba mucho Julio Bocca, me gustaba cómo bailaba, desaba poder imitarlo. Lo veía en la tele con mi abuela, con mi tía Graciela, que me llevaba mucho al teatro. Me gustaba disfrazarme. Jugábamos con mi hermana con disfraces que tenía mi tía, y que además los habían traído de España, eran viejísimos. Nos vestíamos y jugábamos todo el tiempo y era un deseo de querer ser otro, ser muchas personas. O hacer todas las cosas que la vida permitía. Y bueno, la actuación es un camino para eso.
—¿Cómo se fue desarrollando ese deseo?
—Yo arranqué a estudiar teatro a los diez años en el colegio y había varios profesores, pero habia uno solo de teatro.
—¿Te elegían para los actos?
—Me elegían, yo me proponía. Yo quería el protagónico siempre. Era protagonista de todas las fiestas de fin de año.

—Luego llego el tiempo de la escuela secundaria.
—Hice teatro durante la secundaria, y hacía representaciones ahí mismo. Una vez fui a lo de Augusto Fernández, pero me dijo que era muy chico para empezar y seguí actuando en el colegio.
—¿A qué edad fue eso?
—A los catorce, creo. Fui con mi vieja y me dijo: “No, bueno, traelo en unos años”. Después, a los diecisiete, me anoté en el conservatorio, me anoté en la UBA en Historia. Hice las dos carreras durante dos años y medio.
—¿Por qué pensás que te eligen? ¿Qué tenés vos?
—Supongo, o me gusta pensar, que tengo algo genuino o propio, que si bien soy una persona que consume muchas obras de teatro, de películas o lecturas, que me lleno de la cabeza de imágenes, todas pasan por un filtro personal que hace mi trabajo particular. Y se que hay deseo fuerte de ser visto, de actuar. Un deseo loco para actuar, como dice la artista Diana Szeinblum. Actuar es algo que me llama la atención. Obviamente que uno tiene sus límites, pero en la imaginación o en las imágenes uno puede hacer lo que quiera. Eso me excita, me genera emoción, me genera voluntad de vivir.
—Algunos lo llaman prejuicios: hay actores, en algunos casos, que e vuelcan solamente al teatro clásico, no suelen hacer comedia o televisión. ¿Qué opinás?
—Para mí eso es una tontería en el sentido de que está bueno hacer absolutamente todo, porque todo tiene su complejidad, su desafío y todo es: hay que hacerlo. Yo esto que estoy haciendo ahora, que son cuatrocientas funciones de una misma obra, no lo había hecho nunca en mi vida y la repetición entra, te forma. Yo aprendo muchísimo con lo que estoy haciendo ahora, que de otra manera no lo hubiera podido hacer. Yo pienso que de todos lados se aprende, seguramente.
—¿Qué aprendés de la repetición?
—Un nivel de repetición, de poder repetir lo mismo, de que suceda lo mismo en escena a otro nivel que nunca había sucedido, de hacer tantas veces la misma obra. Entonces ya empiezo a pensar de otra manera. Puedo ver la escena con mucho más tiempo, tengo más tiempo para percibir. El tiempo es el mismo, pero mi sensación es que estoy más cómodo, que puedo hacerlo si estoy muy cansado, que puedo hacerlo si estoy muy excitado y puedo mantener lo que necesita la obra de mí, lo que me pide el director también.
—¿Sentís que es un género menor hacer comedia?
—No, para nada. Es muy difícil hacer reír. Y lo que hacen Diego Peretti y Federico D’Elía es espectacular. Son completamente generosos y yo creo que estoy actuando con actores con una experiencia espectacular que son referentes. Eso es un privilegio.

—¿Cómo te llevás con la fama o el reconocimiento?
—No tengo ningún tipo de fama. Muchas veces me saluda la gente en la calle y la verdad es algo lindo porque se reconocen, se acuerdan de que te vieron actuar y está bueno, porque entonces pasó algo con esa persona. Me parece lindo. Eso es un halago también.
—¿Soñabas con actuar como alguien en particular?
—Referentes en todos lados, obviamente. Cuando era chiquito, Jim Carrey me parecía una cosa, una locura. Cuando lo veía no lo podía creer. Después, más grande, vi a Alejandro Urdapilleta dos veces actuar en teatro y me parecía también que estaba loco y me daba miedo y a la vez me gustaba eso. Agustín Rittano a mí me vuelve loco cada vez que lo veo. Me encantaría tener la voz de Agustín y el cuerpo de Hernán Franco. Pompeyo Audivert me parece una locura. Cuando lo vi en Habitación Macbeth fue sinceramente descomunal. Me encantaría actuar como él, sin lugar a dudas.

—¿Y una mujer?
—Cristina Banegas es una cosa que parte el escenario con su mirada, con su presencia. Tener la presencia de Cristina Banegas sería un gran deseo.
—¿Querés seguir trabajando de esto?
—Toda la vida. Soy un privilegiado, me encanta trabajar de esto, me parece fantástico. Ojalá que podamos seguir manteniéndolo toda la vida.
—¿Qué papel te gustaría interpretar?
—Hamlet para mí sería un sueño total. Me encantaría. Eso me vuelve loco. Porque es como la obra icónica sobre la actuación, que se hace esa reflexión también sobre la vida, que me parece que es completamente profunda y es algo que a diario hacemos constantemente. Cualquier decisión que tomamos es como: bueno, el ser o no ser, más allá de ser una persona o no ser esa persona. ¿Sigo estudiando teatro aunque nadie me llame o me pongo a manejar un Uber? Todo el tiempo esa decisión y me parece que es un poco el motor de la existencia. Por eso me fascina.

—¿Dónde sentís que más aprendiste?
—Para mí la obra donde más aprendí en mi vida fue con Lamborghini. Creo que lo que tenemos con Nacho Bartolone y con el actor Hernán Franco, es algo muy sincero, es un trabajo de teatro independiente que a mí me mantiene vivo, me da ganas.
—¿Por qué?
—Porque me puedo hacer preguntas que en el teatro comercial no podés. En el teatro comercial hay que rendir, hay que ser efectivo y es una cosa de una comunicación con la gente muy particular, muy única y muy hermosa. Trabajás para la gente y lo que pasa en el teatro independiente es que trabajas para vos y para la gente. Te podés permitir hacerte preguntas porque tenés más tiempo para hacer las cosas.

—¿Qué tipo de preguntas?
—Preguntas de qué es la actuación, cuáles son las imágenes que me gusta ver, qué cosas quiero contar. En el teatro comercial esa pregunta ya está dada porque la idea de personaje está muy arraigada y el relato hay que contarlo. Es un desafío complejo poder contar un relato que la gente lo entienda y que se vaya contenta. Las dos cosas me gustan y creo que una de las cosas alimenta a la otra.
—¿Qué te molesta del público?
—Me molesta cuando ponen una cara de: “A ver, haceme divertir”. Se ponen así, te miran como si fuera un emperador romano que tenés que hacerlo divertir. Eso no me gusta. Igual me voy a encargar de que se termine riendo y que salga de esa posición.
—¿Te pasa mucho eso?
—Sí, te pasan y algunos que se sientan a examinarte y vos decís: ¿Pero qué te pasa? ¿Qué te pensás que soy?. No empiezan jugando el juego, pero después se meten y está bueno. Otros no, pero bueno. Lo que en general no me molesta. Yo particularmente observo al público.
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