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ECONOMIA

Caputo apaga aspiradora de pesos y prepara boom de créditos: qué alertan bancos con morosidad récord

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La aspiradora de pesos durará unos meses más, pero el objetivo del gobierno es que en el segundo semestre vuelva el célebre «Punto Anker». Es decir, que ya Toto Caputo no sacará liquidez «sobrante» del mercado, sino que los pesos quedarán en los bancos, para que sean canalizados al crédito productivo. Es un plan que los ejecutivos del sistema financiero comparten, aunque no ocultan su escepticismo sobre que pueda haber un boom crediticio en el corto plazo, después del golpe que significó el récord de morosidad.

Puesto en números, lo que el Gobieno espera es que hacia fin de año el volumen de dinero prestado por los bancos al sector privado haya aumentado un 0,3% del PBI, lo que equivale a u$s21.000 millones o unos $30 billones.

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Ese es el plan, según las definiciones del ministro y de algunos de sus funcionarios, como el secretario de Finanzas, Federico Furiase, así como de informes del Banco Central, como el que el vicepresidente Vladimir Werning presentó antes inversores extranjeros.

Y, en términos concretos, significa que cambiará la tónica de las licitaciones del Tesoro. En los últimos meses, el mercado se acostumbró a que Caputo no se contente con «rollear» el monto de la deuda que llega a su vencimiento, sino que además coloca bonos en exceso, para aspirar pesos. En la última licitación, ese sobrefinanciamiento fue del 27%, lo que implicó que se sacaron de la calle $2,1 billones.

Caputo había sido elocuente respecto de cuál era el motivo por el cual se preocupaba por sacar liquidez de la plaza: hay un temor a que la demanda de dinero por parte del público todavía no sea lo suficientemente firme. Y, en consecuencia, que los pesos que circulan puedan ir a presionar los precios o a buscar refugio en el dólar.

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«Yo no puedo forzar a la gente a que se quede con pesos que no quiere tener en el bolsillo», fue su recordada definición, que usó para explicar por qué el botón a apretar en el tablero era el de ajustar la oferta monetaria.

Pero esa política es para el gobierno un arma de doble filo: en la parte positiva, muestra una cautela que el mercado celebra porque atenúa el temor a un desborde inflacionario; pero el efecto no deseado es que reafirma el pesimismo de quienes ven un panorama recesivo.

Y es para contrarrestar ese estado de ánimo -que se exacerbó tras la publicación del EMAE de febrero con su caída de 2,6% interanual-, que la palabra «crédito» está empezando a aparecer con mucho mayor frecuencia en los discursos y entrevistas de los funcionarios.

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Un cambio de política

Hasta el año pasado, cuando el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (Lefi) disparó una alta volatilidad de las tasas y una suba abrupta del dólar, el gobierno consideraba que era una situación deseable que los bancos no renovaran todos los vencimientos de deuda. Consideraban que eso era un síntoma de que la economía estaba en recuperación, y que el sistema financiero priorizaba canalizar la liquidez hacia el crédito para la producción y el consumo en vez de la compra de deuda pública.

La frase favorita de Caputo en ese momento era: «Hicimos que los bancos volvieran a trabajar de bancos». Era una alusión obvia a la diferencia con lo que había ocurrido durante la gestión peronista, en la que dos tercios de los activos del sistema bancario terminaban financiando al Tesoro.

Entre el ministro y sus funcionarios -casi todos provenientes de la consultora Anker-, solían celebrar que el mercado les diera la razón a sus proyecciones, y calificaban como «punto Anker» el momento en el que la liquidez del sistema dejaba de fluir hacia los bonos del Tesoro y cambiaba su dirección hacia el fondeo del crédito.

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Pero hace mucho tiempo que el mercado se acostumbró a la situación contraria: no sólo hubo un impacto contra el crédito, sino que si, en alguna licitación, no se llegaba a «rollear» la deuda que se estaba venciendo, el BCRA emitía una regulación para forzar a los bancos a comprar bonos con los cuales cubrir mayores niveles de encaje.

El argumento del gobierno era que la forma de defender la estabilidad en un momento de incertidumbre política -el llamado «riesgo kuka»- consistía en, precisamente, cerrar la canilla de pesos. Hablando en plata, el resultado de esa política es que hoy el Tesoro tiene más de $9 billones depositados en su cuenta del BCRA.

Ese dinero es el producto de los superávits fiscales más la «aspiradora de pesos» activada mediante la colocación de títulos. Y esa liquidez se aplica a la compra de dólares cada vez que hay que cancelar vencimientos de la deuda externa.

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Polémica por el «Plan Platita» libertario

Claro que al «Punto Anker» no le viene mal algún empujoncito para adelantar su regreso. Por ejemplo, los nuevos planes de tasa preferencial para pymes que se están implementando en el Banco Nación.

Es una situación que ha levantado otra vez el debate político, dado que la oposición no dejó pasar la oportunidad de usar la chicana sobre un «plan platita libertario». Mientras que desde la trinchera oficial se defienden con el argumento de que la situación actual no es comparable a la política de Sergio Massa, porque ahora el estímulo se produce en un contexto de equilibrio fiscal.

En cualquier caso, lo que los economistas están percibiendo es una preocupación en el gobierno por la caída de la actividad en los sectores menos competitivos de la economía, como la industria, que sigue usando apenas 53% de su capacidad instalada.

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Pero, del otro lado del mostrador, los bancos privados se muestran cautelosos sobre el regreso del crédito. Los ejecutivos de las mayores entidades creen que para que una baja de tasas de interés sea visible, primero debe terminarse el proceso de depuración de los balances, afectados por la explosiva suba de la morosidad.

De hecho, algunos advierten que el gobierno debería ser cuidadoso en su afán de forzar una baja de las tasas, porque podría haber efectos colaterales indeseados. Por ejemplo, que la tasa pasiva -la que se paga a los depositantes- empiece a caer mucho más rápido que la tasa activa -la que se cobra por los créditos-. Si eso ocurriera, el spread de tasas se agrandaría, y habría un aliciente extra para que los ahorristas miraran con deseo al dólar.

Un agrandamiento del spread es una mala noticia, dado que actualmente la distancia entre las tasas ya es muy alta. Los ahorristas que llevan dinero a los bancos para colocarlos en plazo fijo reciben, en el mejor de los casos, una tasa efectiva anual de 25%. Pero si quieren solicitar un crédito a tasa fija, se encontrarán con un interés nominal de 120% que, con la capitalización de intereses más cargos administrativos llegan a un costo total de 300% anual.

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¿Se aleja el fin del cepo?

El otro debate pasa por si es correcto el pronóstico del gobierno sobre una recuperación en la demanda de pesos. Los analistas están observando un cambio en la política del gobierno, que ya no tiene como meta el mantenimiento de la «base monetaria amplia» y que pasa a un esquema más tradicional.

La parte positiva es que hay menor volatilidad de las tasas, sobre todo desde que el Central reimplantó el «corredor» para manejar la liquidez de cortísimo plazo en el sistema financiero. Les toma a los bancos su caja sobrante a un 20% y les presta a un 25% a quienes tienen necesidad de liquidez.

El resultado es que mientras la base monetaria tradicional se mantiene relativamente estable desde inicios de año, la base «amplia» -que incluye los títulos de deuda pública- viene subiendo. Un reporte de la consultora Adcap marca que mientras la primera cayó 5% en un año, la segunda subió un 7%.

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Y el detalle importante es que el gobierno había dicho que el cepo cambiario remanente recién sería eliminado cuando ambas bases confluyeran. Hoy ese momento luce lejano, pero la situación puede cambiar. Todo dependerá de que Caputo decida abrir la billetera y usar los pesos del Tesoro para cancelar deuda en dólares.



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ECONOMIA

La novedosa inversión que ofrecen bancos y que muy pocos conocen: paga renta en dólares

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En la Argentina, donde el inversor de alto patrimonio suele mirar al dólar como punto de partida y no como una inversión en sí misma, la banca privada empezó a empujar con más fuerza un tipo de producto que hasta hace algunos años quedaba reservado para mesas muy específicas. Se trata de las notas estructuradas, instrumentos que combinan exposición a activos internacionales, pagos periódicos en moneda dura y una protección de capital que puede sonar atractiva, aunque depende de condiciones muy concretas.

La promesa comercial es potente: se puede generar renta mensual en dólares, con cupones que pueden moverse en torno a niveles de dos dígitos anuales, según el diseño del producto, los activos elegidos y el riesgo aceptado por el inversor. En algunos casos, la tasa ofrecida puede acercarse al 13% anual, especialmente cuando se incorporan subyacentes más volátiles, barreras más exigentes o condiciones de pago menos defensivas.

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El ejemplo concreto que circula entre clientes de banca privada local, sobre acciones de Microsoft y Oracle, el cupón estimado es más bajo, pero igual queda muy por encima de lo que suele pagar una colocación tradicional en dólares: cerca de 9,5% anual.

Rocco Abalsamo, asesor financiero, lo explica de esta manera: «Las notas estructuradas son un producto OTC que no tiene una cotización en un mercado secundario tradicional y se arma como un producto personalizado, ajustado a los objetivos del cliente». Esa flexibilidad es justamente lo que las vuelve atractivas para banca privada, porque permite modificar activos, barreras, plazos y frecuencia de pago de acuerdo con el perfil del inversor.

De todo lo disponible en el mercado, el producto analizado en este artículo es la nota estructurada del tipo Phoenix Memory Autocall, vinculada a dos acciones tecnológicas internacionales: Microsoft y Oracle. La estructura tiene un vencimiento de 24 meses, está denominada en dólares, paga un cupón mensual estimado de 0,79% y apunta a un rendimiento anual de 9,48% en el mejor escenario.

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Cómo funciona la nota estructurada

La mecánica es más simple de explicar que de evaluar, ya que, el cliente invierte dólares en la nota y, todos los meses, se observa la evolución de Microsoft y Oracle. El producto no mira el promedio de ambas acciones ni la que mejor se comporta, sino la peor de las dos. En la jerga financiera, esto se conoce como «worst of»: la condición relevante siempre queda atada al activo que peor performa.

Para cobrar el cupón mensual, esa acción de peor desempeño debe mantenerse al menos por encima del 50% de su precio inicial. En el caso de Microsoft, el precio de referencia informado es u$s417,42. En el de Oracle, u$s181,46. Mientras la peor de las dos no caiga por debajo de la barrera del 50%, el inversor cobra la renta mensual.

Ahí aparece el atractivo para quienes buscan flujo en dólares. Una inversión de u$s10.000, bajo el escenario favorable planteado por el material, permitiría cobrar u$s1.896 de renta acumulada en dos años y recuperar el capital al vencimiento. El total estimado llegaría a u$s11.896, siempre que se cumplan las condiciones de pago durante todo el período y no haya un evento adverso sobre los subyacentes.

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La estructura también tiene un mecanismo de «memory coupon», que significa que, si en algún mes no se cumple la condición para pagar la renta, ese cupón no desaparece automáticamente: queda acumulado y puede cobrarse más adelante, junto con los cupones siguientes, cuando el peor de los dos activos vuelva a ubicarse por encima de la barrera requerida.

El gancho de la banca privada

El producto se vende como una alternativa para perfiles que no quieren comprar directamente acciones tecnológicas, pero que aceptan tener exposición indirecta a esos papeles a cambio de cobrar una renta mensual en dólares. No es lo mismo que tener Microsoft u Oracle en cartera. El inversor no participa de toda la suba eventual de esas acciones, porque el beneficio está concentrado en el cupón. A cambio, recibe una estructura que tolera caídas importantes antes de afectar el capital.

La protección, de todos modos, no es absoluta. El capital está protegido al 100% únicamente si, al vencimiento, la acción que peor se comportó vale al menos el 50% de su precio inicial. Esa condición es la que separa a una nota estructurada de un instrumento conservador tradicional. Puede parecer una barrera amplia, porque implica que Microsoft u Oracle deberían caer más de la mitad para comprometer el capital, pero el riesgo existe y está explicitado en el propio diseño.

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En un escenario intermedio, una de las acciones puede caer durante parte del período, provocar meses sin pago de cupón y recuperarse antes del vencimiento. En ese caso, el inversor podría terminar recuperando el 100% del capital y cobrando parte o la totalidad de los cupones acumulados, dependiendo del momento y de la magnitud de la recuperación. Con este escenario, una inversión de u$s10.000 podría terminar con un total estimado de entre u$s11.000 y u$s11.500.

El escenario adverso es mucho más duro: si al vencimiento una de las dos acciones termina por debajo del 50% de su valor inicial, el inversor no recibe los dólares invertidos, sino acciones de la empresa que peor performó, calculadas al precio de emisión. Si una acción cierra al 49% de su valor inicial, una inversión de u$s10.000 puede transformarse en acciones valuadas en u$s4.900. La pérdida sobre capital sería de 51%, aunque podría quedar parcialmente amortiguada por los cupones cobrados durante la vida del producto.

Qué significa el rescate anticipado

Otro componente relevante es el «autocall», o rescate anticipado. Desde el cuarto mes, el banco emisor puede devolver el capital antes del vencimiento si se cumplen determinadas condiciones de precio. En ese caso, el inversor recibe el 100% del capital más la renta cobrada hasta ese momento, pero la inversión termina antes de los 24 meses.

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Este punto limita el horizonte real del producto. Aunque el vencimiento natural sea mayo de 2028, la nota puede finalizar antes si las acciones se mantienen suficientemente arriba. Para el inversor, eso puede ser positivo porque recupera el capital más rápido y captura cupones en dólares. Para quien esperaba cobrar durante dos años completos, el rescate anticipado reduce la renta total acumulada.

Para el inversor, el negocio buscado muchas veces no es quedarse necesariamente los 24 meses, sino cobrar algunos cupones y recuperar el capital por rescate anticipado. «El principal atractivo es estar dentro de la nota tal vez seis u ocho meses, cobrar los cupones y que después llegue el rescate anticipado», explicó Abalsamo.

La banca privada suele usar este tipo de estructuras para clientes que buscan mejorar el rendimiento de una cartera dolarizada sin asumir de manera directa todo el riesgo de una acción. El problema aparece cuando el producto se mira solo desde el cupón y no desde el riesgo que hay detrás. Un cupón de 9,5%, 11% o 13% anual en dólares no existe de manera aislada y responde a una combinación de volatilidad, barreras, plazo, emisor y condiciones de repago.

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Los riesgos que no se pueden pasar por alto

Los principales riesgos de este tipo de notas estructuradas son:

  • Riesgo de mercado: Si Microsoft u Oracle caen fuerte y no se recuperan antes del vencimiento, el inversor puede perder capital
  • Riesgo de producto: La estructura tiene reglas específicas, ventanas de observación, barreras, posibles pagos acumulados y rescate anticipado. No alcanza con mirar el cupón anual para entender la inversión
  • Riesgo de liquidez: Este tipo de notas puede no tener una salida secundaria tan simple como un bono líquido o una acción negociada todos los días. Quien entra debe pensar en un horizonte compatible con el vencimiento del producto, aunque exista la posibilidad de rescate anticipado

«Los principales riesgos son el riesgo de liquidez, porque es un activo OTC, y el riesgo de los subyacentes, porque alguno puede caer por debajo de la barrera al vencimiento», remarcó Abalsamo. También aclaró que, aunque no exista un mercado secundario tradicional, las sociedades que distribuyen estos productos pueden buscar puntas para entrar o salir, aunque vender antes del plazo puede implicar vender a un precio muy poco conveniente.

También está el riesgo de emisor. Aunque el producto esté atado a Microsoft y Oracle, quien promete los pagos es el emisor de la nota. Por eso importa quién está detrás, cuál es su calificación crediticia y qué condiciones legales tiene el instrumento.

Para qué inversor puede servir

Una nota estructurada de este tipo puede tener sentido para un inversor dolarizado, con patrimonio diversificado, horizonte de al menos dos años y capacidad para asumir exposición a acciones globales. También puede encajar en carteras que buscan generar flujo mensual en dólares sin comprar directamente los papeles tecnológicos.

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No es un producto adecuado para colocar todo el ahorro líquido, para perfiles que necesitan disponibilidad inmediata o para inversores que no toleran una caída fuerte del capital. La renta mensual puede ser atractiva, pero el precio de esa renta es aceptar una condición de mercado que, si se rompe al vencimiento, cambia por completo el resultado.

Por todo esto, la banca privada encontró en estas notas una forma de ofrecer algo distinto al menú tradicional de bonos, ONs y fondos. Para el cliente de alto patrimonio, el atractivo pasa por cobrar dólares todos los meses y mantener una protección parcial frente a caídas moderadas. Para el mercado, el punto delicado está en explicar bien que el cupón no es una tasa libre de riesgo, que la protección no es incondicional y que el rendimiento final dependerá de cómo terminen las acciones que sostienen toda la estructura.

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ECONOMIA

El Gobierno avanza con las concesiones viales y le otorgó a privados la operación de 1.871 kilómetros de rutas

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El Tramo Pampa, adjudicado a Construcciones Electromecánicas del Oeste SA, atraviesa zonas de fuerte actividad cerealera y ganadera. (cvsa.com.ar)

El Gobierno avanzó con un nuevo paso dentro de su plan de concesiones viales y, a partir de este miércoles, un grupo de empresas privadas pasará a hacerse cargo de la operación y el mantenimiento de un conjunto de rutas y autopistas que hasta ahora estaban bajo la órbita estatal. La medida se enmarca en la Red Federal de Concesiones, el esquema con el que la administración nacional busca transferir al sector privado la gestión de la infraestructura vial del país.

El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó la noticia a través de su cuenta en la red social X. “Seguimos avanzando con la Red Federal de Concesiones mediante inversión 100% privada”, escribió el funcionario, quien precisó que ya se firmaron los contratos correspondientes a la Etapa II-A del programa. Según detalló, las empresas adjudicatarias asumirán desde mañana la operación y el mantenimiento de 1.871 kilómetros de rutas nacionales y autopistas que, hasta el momento, eran administradas por la empresa estatal Corredores Viales.

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Los tramos involucrados son dos: el Tramo Pampa, que corresponde a la Ruta Nacional 5, y el Tramo Sur-Atlántico-Acceso Sur, que incluye la Ruta Nacional 3, la Ruta Nacional 205, la Ruta Nacional 226 y las autopistas Ezeiza-Cañuelas, Riccheri y Jorge Newbery. Caputo definió a ambos corredores como “estratégicos para la producción, la logística y el comercio en Buenos Aires y La Pampa” y cerró su publicación con una frase que resume el espíritu de la medida: “Más inversión privada, más eficiencia y mejores rutas para los argentinos”.

La adjudicación de los dos tramos había sido formalizada semanas atrás, cuando el Gobierno firmó la resolución que definió a los ganadores de cada licitación. El Tramo Sur-Atlántico-Acceso Sur quedó en manos del consorcio integrado por Concret Nor SA, Marcalba SA, Pose SA y Coarco SA, que presentó una oferta de 997 pesos sin IVA para la tarifa de peaje. El Tramo Pampa, por su parte, fue adjudicado a Construcciones Electromecánicas del Oeste SA, con una propuesta de 2.355,37 pesos sin IVA para el mismo concepto.

Una autopista de cuatro carriles se curva a través de un paisaje rural con campos verdes y secos, y varios coches circulando bajo un cielo nublado
Las concesiones tienen una duración de 20 años y las obras de mantenimiento estarán a cargo de las empresas. (cvsa.com.ar)

Ambos contratos tienen una duración de 20 años, un plazo que el Gobierno definió con el objetivo de otorgar previsibilidad a los consorcios ganadores y permitirles planificar las inversiones de largo plazo que demanda la gestión de los corredores. En los dos casos, las obras de modernización, mantenimiento y mejora de los servicios quedan a cargo exclusivo de las empresas, sin aportes ni subsidios por parte del Estado nacional.

Noticia en desarrollo…

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ECONOMIA

Melconian cuestionó el rumbo económico y reveló que el superávit comercial se evapora por turismo

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Carlos Melconian volvió a la carga contra el programa económico del Gobierno. En su exposición durante el Congreso Nacional Pyme, el economista disparó críticas al esquema cambiario, la dinámica de reservas y la recuperación desigual que atraviesa el país.

El diagnóstico del ex titular del Banco Nación fue lapidario: la Argentina vive una «economía gris», un estado intermedio donde la inflación baja pero la actividad no despega, donde algunos sectores crecen y otros se hunden. Una situación que, según su mirada, genera tensiones difíciles de sostener en el tiempo.

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Uno de los blancos principales fue la salida de divisas. Melconian advirtió que los dólares del superávit comercial se evaporan por turismo al exterior y ahorro en moneda extranjera. Una dinámica que, en su visión, pone en jaque la acumulación de reservas.

Los dólares entran por las exportaciones y se van por Miami

El eje más duro del análisis fue el comportamiento del flujo de divisas. Melconian puso números sobre la mesa: el saldo comercial de los últimos meses fue de u$s2.700 millones. Pero las personas sacaron del sistema u$s2.600 millones.

«El saldo comercial fue de u$s2.700 millones y las personas nos llevamos u$s2.600 millones», planteó, para graficar cómo el acceso al mercado cambiario para individuos compensa casi por completo el ingreso de divisas por exportaciones.

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El economista cuestionó la liberalización parcial del acceso al dólar. Un esquema donde las personas pueden comprar divisas pero las empresas enfrentan restricciones genera, según su diagnóstico, tensiones estructurales.

«Es muy difícil un país así», señaló. La frase resonó en el auditorio: los dólares que ingresan por ventas al exterior terminan siendo absorbidos por consumo en moneda extranjera.

Con su estilo directo, Melconian fue más allá: «Los dólares de Vaca Muerta terminan en la Comuna 16, que es Miami». La referencia apuntó a la salida de divisas por turismo, pero también mencionó Punta Cana como destino frecuente de ese flujo.

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Recuperación a dos velocidades: solo el 20% crece rápido

Otro punto central fue la falta de homogeneidad en la recuperación. Según Melconian, la actividad económica muestra un desempeño dispar entre sectores. No todos reman en la misma dirección.

El 20% de la economía va a buena velocidad, según estimó. Ese segmento incluye actividades como energía, minería y agro. Pero entre el 40% y el 50% del aparato productivo permanece rezagado, estancado o en caída.

En ese marco, advirtió sobre el impacto en la economía real. Caída en la industria, consumo estancado, dificultades en sectores vinculados al mercado interno. «Este programa no llegó a la calle», afirmó.

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La frase apuntó al corazón del dilema: la mejora de algunos indicadores macroeconómicos no se traduce en recuperación generalizada. Una economía de dos velocidades que, en su visión, genera tensiones sociales y productivas.

Inflación, actividad y el dilema electoral que se viene

Melconian también analizó la tensión entre desacelerar la inflación y reactivar la actividad. Si bien reconoció la baja del índice general, advirtió que la inflación núcleo continúa en torno al 2% mensual.

«Es muy difícil ir por un plan de colapso total sin congelar la economía aún más», planteó. La frase resumió su diagnóstico sobre las restricciones del esquema actual: bajar la inflación implica mantener condiciones contractivas.

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De cara al calendario político, sostuvo que el Gobierno deberá definir su estrategia económica en un contexto electoral. «Después del mundial deben tomar una decisión: si quieren continuar así o tirarse un lance», afirmó. Y agregó: «Los meses que vienen son la última oportunidad antes de que el ruido político se meta».

La referencia al Mundial de Clubes marcó un plazo: junio-julio como ventana para decisiones de fondo. Después, el calendario electoral copará la agenda y las opciones se reducirán.

Críticas duras, pero sin rechazo total al programa

Pese al tono crítico, el economista aclaró que no se ubica en una posición de rechazo absoluto. «No es el 94 de Menem, ni el 2006 de Kirchner, ni el 2010 de Cristina», comparó.

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Esa enumeración buscó ubicar el contexto: ni el boom de la convertibilidad, ni el viento de cola kirchnerista. Melconian describió el escenario actual como «una economía muy gris».

En esa línea, señaló que el desafío será definir la intensidad de esa situación: «gris claro o gris oscuro». Una metáfora para graficar el margen de maniobra del Gobierno.

También reconoció un factor que juega a favor del oficialismo: «El hecho de que no haya nadie enfrente, hoy le juega competitivamente a favor». Una referencia a la fragmentación opositora que, en su visión, amplía el margen de tolerancia política al programa económico.

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