ECONOMIA
¿Qué escaseará en la era de la Inteligencia Artificial?: el ensayo de un economista que desafía el relato dominante

El economista conductual Alex Imas publicó recientemente un ensayo en el que desafía el relato dominante sobre la inteligencia artificial y el futuro del trabajo: la IA no destruirá el empleo, sino que trasladará la escasez económica hacia un nuevo tipo de bienes, aquellos cuyo valor es inseparable de quien los produce. El texto, titulado What will be scarce? (“¿Qué será escaso?”) y publicado en su Substack, combina teoría económica, filosofía y datos de mercado para proponer que la automatización no vaciará el mercado laboral, sino que lo reorganizará en torno a lo que el autor llama el sector relacional: la parte de la economía donde el componente humano es parte del valor mismo del bien o servicio.
Para ilustrar su tesis, Imas abre con un ejemplo que parece contradecir la lógica de la automatización. Starbucks, con una capitalización de mercado de 112.000 millones de dólares, vende uno de los productos más estandarizados de la economía moderna y dispone desde hace años de tecnología suficiente para reemplazar a sus empleados. Durante un tiempo, siguió ese camino: automatizó la preparación del café e instauró rutinas mecánicas para la atención al cliente. El resultado fue el contrario al esperado. El CEO Brian Niccol concluyó que “las notas escritas a mano en los vasos”, las tazas de cerámica y “la vuelta de los buenos asientos” lograban que más clientes “se quedaran en las cafeterías”, y que “los pequeños detalles y la hospitalidad generan satisfacción”. La empresa revirtió el rumbo: más baristas por local, menos automatización.
El argumento de Imas parte de una premisa básica de la ciencia económica: la escasez no desaparece, muta. Si la inteligencia artificial genera abundancia material —si las máquinas pueden producir casi todo lo que produce un ser humano a un costo marginal ínfimo—, lo que se vuelve escaso no es el producto, sino el componente humano detrás de él. “Después de responder esa pregunta”, escribe Imas, “el resto del análisis es bastante directo”. La clave, entonces, está en identificar qué tipo de escasez reemplazará a la actual.
Para explicar el origen de la economía tal como la conocemos, el autor recurre a Karl Marx y su concepto de “forma mercancía”. Antes de la industrialización, era difícil separar un producto de quien lo fabricaba. El tejedor que hacía una camisa, el panadero que horneaba el pan: su reputación estaba atada al objeto y la transacción económica tenía un componente social inherente. La producción industrial rompió ese vínculo al dividir el oficio en pasos estandarizados y repetibles. Lo que antes era un oficio se convirtió en fuerza de trabajo abstracta, un factor de producción comprable y vendible como cualquier materia prima. La pantalla desde la que alguien lee el ensayo de Imas fue diseñada en un país, fabricada en otro y ensamblada con componentes de una docena más. Nada de eso importa para la experiencia de compra.

Marx describió ese proceso con lenguaje deliberadamente cargado: la forma mercancía, argumentó, se construyó sobre la explotación y la alienación, la separación del trabajador respecto del producto de su labor, del proceso de fabricación y, en última instancia, de los demás. Lo que el filósofo alemán veía como la patología más profunda del capitalismo fue, al mismo tiempo, el motor de una prosperidad extraordinaria. Al desligar la producción de personas específicas, fue posible desagregarla, reorganizarla, enviarla a través de océanos y escalarla de maneras que convirtieron pocos recursos en grandes riquezas. Ambas cosas eran ciertas a la vez, señala Imas: la forma mercancía creó riqueza masiva, pero volvió invisible al ser humano detrás de cada producto y, con el tiempo, prescindible.
Ese es el modelo mental que la mayoría aplica a la inteligencia artificial: si una máquina puede hacer cualquier cosa que hace un humano —redactar un informe, generar una imagen, componer una canción, interpretar una tomografía—, el humano será reemplazado en todos los frentes y los empleos simplemente desaparecerán. En su ensayo, Imas resalta que los economistas David Autor y Neil Thompson cuestionan esa visión en un artículo reciente. Su argumento es que la IA no eliminará los empleos sin más, sino que reconfigurará el valor económico de la experiencia humana.
Su marco conceptual distingue entre tareas expertas e inexpertas dentro de cada ocupación. Cuando la automatización elimina las tareas más simples —como hizo el software contable con los empleados de teneduría de libros—, el trabajo restante se vuelve más especializado, los salarios suben y menos trabajadores califican. Cuando elimina las tareas más complejas —como hicieron los sistemas de gestión de inventario con los empleados de almacén—, el trabajo se vuelve más accesible, el empleo se expande y los salarios caen. La misma tecnología puede producir resultados opuestos en el mercado laboral, dependiendo de qué parte del trabajo se automatice.
Autor y Thompson contemplan también un escenario más sombrío: que la IA avance hasta el punto en que la experiencia humana pierda por completo su valor económico. En ese caso, produciría lo que el economista Herbert Simon llamó “abundancia intolerable”. Ya no se trataría de gestionar una transición laboral —para la cual existen precedentes históricos—, sino de construir herramientas para mantener la organización social, la distribución del ingreso y la estabilidad democrática sin el mercado de trabajo que históricamente las ha sostenido.
Frente a ese escenario, Imas propone una hipótesis distinta, y aclara desde el inicio que parte de un supuesto ambicioso: que la automatización pueda replicar la producción humana y las mercancías que genera. Aun así, sostiene que el trabajo humano no desaparecería. El motivo está en la economía del cambio estructural combinada con rasgos profundos de las preferencias humanas. A medida que las personas se enriquecen, no solo quieren más mercancías: quieren cosas que no son mercancías en el sentido convencional. Los aspectos sociales de los productos —las relaciones, el estatus, la exclusividad, la autenticidad— adquieren mucha más relevancia una vez que las necesidades básicas están satisfechas.

Para fundamentar ese punto, el autor recurre al filósofo francés René Girard y su teoría del deseo mimético: queremos lo que otros quieren, y ese impulso se intensifica cuando la abundancia material ya no es el problema central. La demanda de esas propiedades —proveniencia, contacto humano, exclusividad— devolverá el elemento humano al proceso productivo y, con él, los empleos. Imas lo formula con precisión: los sectores automatizados se contraerán como proporción del PIB; los sectores relacionales crecerán.
Si esa hipótesis es correcta, la IA no solo automatizará la economía de las mercancías. Desencadenará el surgimiento de una economía post-mercancía, donde una proporción creciente del gasto se orientará hacia bienes y servicios cuyo valor es inseparable del ser humano que los provee. Las mismas fuerzas económicas que desplazaron al 40% de la fuerza laboral estadounidense desde las granjas hacia las fábricas y las oficinas moverán ahora a los trabajadores fuera de la producción automatizable y hacia el sector relacional: la parte de la economía intensiva en trabajo humano, a veces artesanal, donde la presencia humana no es un costo a eliminar, sino una fuente de valor a preservar.
Imas es explícito sobre los alcances de su argumento. No sostiene que la participación del trabajo en el ingreso total deba aumentar ni que se mantenga en sus niveles actuales. Puede caer a medida que la automatización avance. Lo que afirma es algo más acotado: que en las economías ricas habrá una reasignación sectorial, y que las propiedades intrínsecas de la demanda en el sector relacional garantizan que el trabajo humano no se reduzca a cero. El modelo, además, funciona mejor para el mundo desarrollado, donde el aumento del ingreso puede financiar esa transición. Para el mundo en desarrollo —cuyas economías se construyeron sobre la producción de mercancías para países ricos— el panorama es, en palabras del propio Imas, “más complicado y potencialmente más preocupante”.
El autor reconoce también que no es el primero en hacer este argumento. Variantes del mismo fueron desarrolladas por Seb Krier, Adam Ozimek y Philip Trammell. Su aporte es intentar formalizarla con un modelo económico que genere predicciones precisas y una microfundamentación conductual, basada en las preferencias miméticas, que explique por qué los bienes artesanales —donde el elemento humano está directamente ligado al valor— tienen una elasticidad ingreso especialmente alta.
El caso de Starbucks con el que abre el ensayo condensa toda esa lógica. Cuando una empresa intenta convertir la experiencia humana en una mercancía eficiente, descubre que los clientes no solo compran café. Compran la nota escrita a mano, la taza de cerámica, la silla cómoda. Compran, en definitiva, la presencia de otra persona, y eso es algo que ninguna máquina, por ahora, puede vender.
*Alex Imas es economista especializado en Inteligencia Artificial y su impacto en el mercado laboral, la productividad y la creatividad.
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ECONOMIA
Lo que cobrarían los jubilados con 30 años de aporte en mayo 2026 y cómo se calcula

En mayo, la ANSES actualiza jubilaciones y pensiones y se detalla cómo se calcula el haber de quienes tienen 30 años de aportes y qué montos perciben
03/05/2026 – 09:00hs
El sistema previsional de ANSES mantiene como requisito central los 30 años de aportes para que los jubilados accedan a la jubilación ordinaria, aunque el haber final depende del historial salarial y de la fórmula de actualización vigente. En mayo de 2026, las prestaciones vuelven a ajustarse en línea con la inflación.
Cómo se calcula la jubilación inicial
El organismo determina el haber inicial a partir de un promedio de los últimos 120 salarios del trabajador, que corresponden a los 10 años finales de actividad registrada. Sobre ese cálculo base se aplica una actualización mediante un índice oficial que refleja la evolución de los salarios y el sistema de movilidad previsional.
Desde los últimos meses de 2025 comenzó a regir un cambio en la forma de actualización de haberes: la Disposición 29/2025 del Ministerio de Capital Humano fijó un nuevo índice de cálculo mixto, que surge de combinar el RIPTE con el índice de movilidad previsional. Este esquema se utiliza únicamente para las jubilaciones otorgadas a partir de diciembre de 2025.
Cómo impacta tener más de 30 años de aportes en el haber final
El esquema previsional contempla un reconocimiento adicional para quienes superan los 30 años de aportes. En esos casos, se agrega un 1% por cada año excedente, con un tope de hasta el 15%, lo que equivale a un máximo de 45 años de contribuciones.
Sin embargo, si el haber calculado queda por debajo del mínimo garantizado, el sistema paga igualmente la jubilación mínima vigente.
Jubilados: cuánto se cobra en mayo de 2026 tras el ajuste de haberes
En mayo de 2026, las jubilaciones y pensiones de ANSES registran un aumento del 3,4%, vinculado a la inflación de marzo medida por el INDEC. La actualización se realiza bajo el esquema de movilidad mensual basado en el IPC.
Con ese ajuste, los haberes se determinan de la siguiente forma:
- Jubilación mínima: $393.250,17 / bono: $70.000 / total con bono: $463.250,17
- Jubilación máxima: $2.646.201,22
- PUAM: $314.600,12 / total con bono: $384.600,12
- PNC: $275.275,12 / total con bono: $345.275,12
El incremento alcanza a todas las prestaciones del sistema: jubilaciones, pensiones contributivas, PUAM y pensiones no contributivas.
Cómo se aplica el bono de refuerzo de $70.000 y a quiénes alcanza
El refuerzo mensual se mantiene en $70.000 y no registra cambios desde hace más de dos años. Se paga de manera automática junto al haber y alcanza principalmente a quienes perciben la mínima, PUAM o pensiones no contributivas.
En el caso de haberes superiores, el bono se reduce progresivamente hasta el tope establecido ($463.250,17); por encima de ese nivel, no se cobra.
Juicios por reajuste: cuándo se puede reclamar
El juicio por reajuste jubilatorio es una vía judicial que utilizan jubilados y pensionados para pedir la revisión del haber cuando consideran que el cálculo aplicado por la ANSES no fue el adecuado.
En una serie de fallos, la Corte Suprema señaló que los mecanismos de cálculo aplicados en etapas anteriores por la ANSES no seguían de forma fiel la evolución de los salarios, lo que derivó en la apertura y multiplicación de numerosos reclamos judiciales en toda la Argentina.
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ECONOMIA
El gasto en turismo y compras de los argentinos alcanzó USD 2.560 millones en el primer trimestre, sin presionar al tipo de cambio

En el primer trimestre de 2026, los argentinos realizaron gastos por USD 2.560 millones en turismo y compras con tarjetas en el exterior. A eso se sumó la adquisición de USD 6.643 millones bajo el concepto de Formación de Activos Externos (FAE), que incluye principalmente atesoramiento – aunque una porción de esta última cifra también va a la cancelación en moneda extranjera de resúmenes de tarjeta.
A pesar de la apreciación del peso y de ese nivel de utilización de divisas por parte de particulares y empresas, el déficit del mercado único y libre de cambios (MULC) no se disparó, sino que se mantuvo en niveles controlables y se espera que en este segundo trimestre pueda incluso ser superavitario.
Un informe de la consultora LCG identificó que el primer trimestre cerró con “un saldo de cuenta corriente pagado poco negativo para el bajo nivel de tipo de cambio real multilateral, al menos si se lo compara con la gestión Cambiemos”.
En la administración anterior, bajo el Frente de Todos, el comercio exterior se mantuvo reprimido por lo cual no permite comparaciones directas (LCG)
La consultora remarcó que en la administración anterior, bajo el Frente de Todos, el comercio exterior se mantuvo reprimido por lo cual no permite comparaciones directas, mientras que el resultado actual refleja una mayor correlación con las variables del mercado internacional.
Según LCG, la liquidación de la cosecha gruesa explicó en gran parte que la salida de divisas por consumo privado no ensanchara el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, aunque “más importante para la comparación con 2017/18, fueron más relevantes los saldos comerciales positivos del sector hidrocarburos”.
El volumen de Formación de Activos Externos operado en el trimestre resultó significativo, aunque menor al salto que había dado a fines del año previo en contexto electoral. Pese a ese flujo de demanda, la cuenta corriente de la balanza de pagos de Argentina no sólo no mostró un deterioro pronunciado sino que podría pasar a cifras positivas en el segundo trimestre.

LCG explicó que “esperamos que la cuenta corriente tenga números positivos en los próximos meses, sobre todo por la liquidación de la cosecha gruesa e importaciones mantenidas a raya por el estancamiento de la actividad productiva”. La consultora proyectó que “para el total del año, es posible un saldo cercano al equilibrio”.
La consultora económica agregó: “El flujo total de dólares posiblemente se encuentre un poco más tensionado en la segunda mitad del año: el agro perderá impulso y el endeudamiento de empresas privadas, que fue una oferta importante del MLC hasta el momento, puede verse afectado por el fly to quality debido a la guerra de oriente medio y rendimientos más altos en los Bonos del Tesoro de Estados Unidos”.

La consultora Quantum detalló el comportamiento de las reservas internacionales: “Desde el inicio del 2026 el BCRA compró divisas prácticamente todos los días; al 23 de abril la compra anual acumulada ascendía a USD 6.685 millones, de los cuales USD 4.386 millones fueron en el primer trimestre”. Sin embargo, aclaró que “en ese período sólo se acumularon reservas por transacciones por USD 10 millones porque se utilizaron divisas para atender pagos del Tesoro, entre otros”.
El informe destacó que la acumulación dependerá de:
- la continuidad de emisiones de deuda en el mercado internacional;
- liquidación de divisas de empresas y provincias;
- de ingresos por inversión extranjera directa; y
- que no se verifiquen cambios en la demanda de atesoramiento de dólares del sector privado. Este punto resulta relevante para entender los desafíos que enfrenta el ente monetario durante el resto del año.
Fernando Baer de Quantum dijo a Infobae: “Por ahora no tenemos un problema serio de déficit de cuenta corriente como el que sufrimos durante el Gobierno de Mauricio Macri. Es buena la campaña del agro. En términos de balance cambiario, el dólar no parece necesariamente barato porque tenés superávit comercial, y tenés oferta neta de divisas. Si eso se sostiene, el tipo de cambio podría apreciarse aun más”.
Por ahora no tenemos un problema serio de déficit de cuenta corriente como el que sufrimos durante el Gobierno de Mauricio Macri (Ber)
La regulación vigente también influye en el comportamiento del mercado cambiario. La política del BCRA, sumada a las restricciones para acceder al MULC y las condiciones del comercio exterior, resultaron determinantes para evitar una mayor presión sobre el tipo de cambio.
La comunicación A 8226 del BCRA permitió que empresas giraran sus ganancias a sus casas matrices por el ejercicio 2025, tuvo impacto en el récord de pagos de utilidades al exterior, especialmente desde el sector petrolero.
El contexto internacional se sumó como elemento de peso. El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y la incertidumbre derivada de la guerra en Medio Oriente limitaron el financiamiento externo y el comportamiento de las empresas privadas argentinas en materia de endeudamiento y liquidación de divisas.
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ECONOMIA
Mayo arranca con aumentos que pegan fuerte en los bolsillos: transporte, peajes, gas y alquileres

El transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) arrancó mayo con nuevas tarifas. El boleto mínimo de colectivo en la Ciudad de Buenos Aires quedó en $753,86 para recorridos de hasta 3 kilómetros.
Los tramos más largos también treparon. Para distancias de 3 a 6 kilómetros, el valor es de $837,66. En viajes de 6 a 12 kilómetros, el costo alcanza los $902,19. Y cuando el recorrido se extiende entre 12 y 27 kilómetros, la tarifa llega a $966,77.
Estos valores rigen solo para colectivos que circulan exclusivamente en territorio de CABA. Se trata de un universo de 31 líneas, entre ellas las 4, 6, 7, 12, 23, 25, 26, 34, 39, 42, 44, 47, 50, 61, 62, 64, 65, 68, 76, 84, 90, 99, 102, 106, 107, 108, 109, 115, 118, 132 y 151.
El aumento es del 5,4%. El gobierno porteño aplica una actualización mensual que combina inflación más dos puntos porcentuales. En este caso, tomó la inflación de marzo (3,4%), la última conocida del Indec hasta el momento.
Cuánto sale el colectivo en provincia de Buenos Aires
El impacto también pegó en la Provincia. El boleto mínimo provincial quedó en $918,35. Los tramos más largos superan los $1.000.
El incremento alcanza a todas las líneas provinciales. Son aquellas numeradas a partir del 200. La diferencia con CABA no es menor: en algunos casos, el pasajero bonaerense paga más de $160 adicionales por el mismo tipo de recorrido.
Subte: tarifa diferenciada según registro de la SUBE
El boleto de subte pasó de $1.414 a $1.490 para usuarios con tarjeta SUBE registrada. Pero quien no tenga nominalizada su tarjeta, pagará $2.369,10 por viaje.
La brecha entre ambos valores es enorme. Supera los $870 por viaje. Esta diferenciación busca incentivar a los pasajeros a registrar su SUBE para acceder a la tarifa social y descuentos vigentes.
El sistema tarifario contempla beneficios para grupos sociales vulnerables a través de la tarifa social, que ofrece valores reducidos respecto a la tarifa plena. La nominalización de la tarjeta es el requisito clave para acceder a esos descuentos.
Peajes: los valores según autopista y horario
El ajuste en los peajes siguió el mismo criterio inflacionario. En las autopistas 25 de Mayo y Perito Moreno, las motos pagan $1.799,66, que se elevan a $2.879,82 en horarios pico.
Los vehículos livianos abonan $4.319,63 en horario normal. En hora pico, ese valor salta a $6.121,62.
En la autopista Illia los montos son más bajos. Las motos pagan $1.079,98, y $1.295,68 en hora pico. Los autos, por su parte, abonan $1.799,66 o $2.544,99 según la franja horaria en que circulen.
La tarjeta SUBE registrada sigue siendo obligatoria para acceder a las tarifas publicadas. Los usuarios deben chequear el alcance de cada aumento según el recorrido y el tipo de transporte utilizado.
Gas residencial: qué paga cada categoría en CABA y provincia
El Ente Nacional Regulador del Gas informó las nuevas tarifas que aplica Metrogas desde este viernes. Los montos varían según categoría y nivel de consumo.
Para la categoría de menor consumo (R1), el cargo fijo es de $3.976,22 en CABA y $4.591,88 en la provincia. En el extremo opuesto, la categoría R4 paga $94.995 en CABA y $51.624,44 en PBA.
Entre R1 y R4, los valores crecen progresivamente. Cada escalón refleja mayor consumo y mayor costo fijo mensual. Las diferencias entre Ciudad y Provincia responden a estructuras tarifarias distintas según jurisdicción.
Alquileres: tres tipos de contratos, tres ajustes diferentes
Mayo también trajo ajustes en alquileres. Pero no todos los inquilinos suben el mismo porcentaje. Depende del momento y modalidad en que se firmó el contrato.
Los contratos bajo la ley de alquileres sancionada durante el gobierno de Alberto Fernández (vigente hasta octubre de 2023) se ajustan anualmente por el Índice de Contratos de Locación (ICL). Para quienes actualizan en mayo, el aumento es del 9,32%, reflejo de la desaceleración de valores contractuales por mayor oferta tras la pérdida de vigencia de aquella norma.
Otro grupo son los contratos firmados entre octubre y diciembre de 2023 con cláusula de ajuste semestral por el índice Casa Propia. A ellos se aplica el último ajuste semestral, del 15,13%.
Por último, están los alquileres más nuevos. Se pactaron a partir de la desregulación aprobada a fines de diciembre de 2023, ya durante el gobierno de Javier Milei. La mayoría incluye cláusulas de ajuste trimestral, cuatrimestral o semestral.
En estos casos, el ajuste dependerá de la variación del índice elegido y del período acordado entre las partes. No hay un porcentaje único: cada contrato tiene su propia fórmula de actualización.
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