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ECONOMIA

El “momento del cobre” y la oportunidad Argentina-Chile-Canadá

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Detrás de cada plan de electrificación, cada centro de datos de inteligencia artificial y cada parque de energías renovables aparece la misma pregunta: ¿quién y dónde producirá el cobre que hace falta para que todo eso ocurra? (Foto: Reuters)

En 2026 el cobre dejó de ser un simple termómetro de la actividad industrial para convertirse en uno de los cuellos de botella estratégicos de la economía global. Detrás de cada plan de electrificación, cada centro de datos de inteligencia artificial y cada parque de energías renovables aparece la misma pregunta: ¿quién y dónde producirá el cobre que hace falta para que todo eso ocurra?

Las principales consultoras y bancos coinciden en que la demanda de cobre crecerá con fuerza hacia 2035–2040, mientras la oferta se mantiene rígida. S&P Global advierte sobre un “déficit significativo de oferta” a medida que se acelera la electrificación, la carrera por la IA y el gasto en defensa, con un aumento proyectado de demanda cercano al 50% hacia 2040.

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Wood Mackenzie calcula que el mundo podría necesitar alrededor de 2 millones de toneladas adicionales por año solo para alimentar la transición energética en la próxima década. McKinsey habla del “triple desafío de los materiales”: descarbonizar, mantener costos razonables y asegurar suficiente oferta, en un contexto donde los plazos típicos de desarrollo de una mina de cobre ya exceden el horizonte 2035.

La demanda de cobre crecerá con fuerza hacia 2035–2040, mientras la oferta se mantiene rígida

Los bancos ajustan sus modelos a ese diagnóstico. Deutsche Bank elevó su proyección de precio promedio del cobre para 2026 a unos USD 10.600 por tonelada; Bank of America estima alrededor de 11.300 dólares, con escenarios de picos por encima de 11.000–15.000 dólares si las disrupciones de oferta se profundizan.

Goldman Sachs y JPMorgan describen un mercado estrecho y volátil, con rangos 2026 entre 10.000 y 11.000 dólares y trayectorias de largo plazo que pueden acercarse a USD 15.000 hacia los años 2030.

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En síntesis, el mensaje es que el mundo va a necesitar mucho más cobre y que las toneladas nuevas de baja huella de carbono serán activos cada vez más codiciados.

En este contexto, Argentina aparece en los radares internacionales como un caso peculiar: tiene geología y proyectos, pero todavía casi no produce cobre.

Informes oficiales recientes hablan de, al menos, nueve proyectos de cobre en etapas avanzadas, con necesidades de inversión superiores a USD 28.000 millones y un potencial de producción que podría superar 1,5 millones de toneladas anuales hacia 2035. Eso implicaría pasar de una producción casi inexistente a representar cerca de 6% del suministro mundial en un plazo relativamente corto.

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Argentina aparece en los radares internacionales como un caso peculiar: tiene geología y proyectos, pero todavía casi no produce cobre (Foto: Reuters)
Argentina aparece en los radares internacionales como un caso peculiar: tiene geología y proyectos, pero todavía casi no produce cobre (Foto: Reuters)

Un estudio de CRU Group de 2025, titulado “Copper Mining: A ~USD 47 billion opportunity for the Argentinian economy”, estimó que cinco proyectos de gran escala -El Pachón, Los Azules, Josemaría, Taca Taca y MARA- podrían generar, en conjunto, un aporte promedio de unos USD 4.000 millones anuales a la economía entre 2031 y 2040, con un impacto acumulado cercano a USD 47.000 millones en ese período bajo su metodología de Host Country Cash Flow.

La comparación que hace CRU es provocadora: el potencial económico del cobre argentino, si se materializa, sería del mismo orden que el histórico préstamo del FMI.

Think tanks y medios internacionales ya hablan del “momento del cobre” para Argentina. Americas Quarterly y Americas Society/Council of the Americas (AS/COA) plantean que el país podría entrar en el grupo de los diez principales productores mundiales en menos de una década si resuelve sus cuellos de botella institucionales.

El Pachón, Los Azules, Josemaría, Taca Taca y MARA- podrían generar, en conjunto, un aporte promedio de unos USD 4.000 millones anuales a la economía entre 2031 y 2040

Informes europeos describen la cartera de siete a nueve proyectos cupríferos como “una de las historias de commodities a seguir en 2026”, con especial foco en la provincia de San Juan.

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La dimensión binacional es clave. La cordillera que separa a Argentina y Chile es una misma unidad geológica: los sistemas de pórfidos cupríferos se extienden a ambos lados de la frontera. Del lado chileno hay puertos, proveedores especializados y redes de energía consolidadas; del lado argentino, grandes yacimientos con potencial de desarrollo. Esa combinación configura un corredor natural para el cobre de la transición energética.

Desde el 2000 está vigente el Tratado de Integración y Complementación Minera (TICM), que habilita el desarrollo integrado de yacimientos en zona de frontera. Durante años estuvo subutilizado, pero en 2026 la agenda se reactivó: se retomaron conversaciones técnicas y el 7 de julio se reanudaron en Buenos Aires las sesiones de la Comisión Administradora del Tratado, lo cual es una muy buena señal para trabajar en un “corredor binacional del cobre” con coordinación aduanera, tributaria y de infraestructura.

El 7 de julio se reanudaron en Buenos Aires las sesiones de la Comisión Administradora del Tratado de Complementación Minera, lo cual es una muy buena señal para trabajar en un “corredor binacional del cobre” con coordinación aduanera, tributaria y de infraestructura (Foto: Reuters)
El 7 de julio se reanudaron en Buenos Aires las sesiones de la Comisión Administradora del Tratado de Complementación Minera, lo cual es una muy buena señal para trabajar en un “corredor binacional del cobre” con coordinación aduanera, tributaria y de infraestructura (Foto: Reuters)

La Comisión es hoy la mesa donde se debería ordenar la letra fina que puede convertir ese corredor en proyectos concretos. Pensado estratégicamente, el eje Argentina–Chile es, ante todo, una apuesta binacional y proregional: integrada, la cordillera puede convertirse en uno de los grandes polos de oferta de cobre de la próxima década; desconectada, ambos países quedan por debajo de su potencial.

Integrar capacidades permite reducir costos, acortar plazos y, sobre todo, disminuir la huella de carbono de los proyectos gracias a mejores rutas logísticas y acceso a energías renovables.

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Cooperación con Canadá: estándares y credibilidad

La cooperación con Canadá suma otra pieza al tablero. Canadá es el principal inversionista en minería de Argentina y uno de los países que mejor ha combinado desarrollo minero, regulación exigente y estándares ambientales y sociales reconocidos a nivel internacional. Además, se ha posicionado como actor central en la agenda de minerales críticos de Norteamérica.

Incorporar miradas, tecnologías y prácticas del ecosistema canadiense en el desarrollo del cobre argentino–chileno no implica importar recetas cerradas, sino acelerar el aprendizaje local y facilitar la integración de los proyectos en cadenas de suministro que ya están bajo escrutinio de gobiernos, empresas tecnológicas y grandes fondos.

Incorporar miradas, tecnologías y prácticas del ecosistema canadiense en el desarrollo del cobre argentino–chileno no implica importar recetas cerradas, sino acelerar el aprendizaje

En un escenario de competencia por capital y confianza, mostrar puentes de cooperación con Chile y Canadá es una forma concreta de blindar la credibilidad de la región y de sus proyectos de cobre.

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El mensaje a los inversores es sencillo: Argentina quiere jugar en las ligas donde la minería se mide no solo por toneladas, sino también por gobernanza y desempeño ambiental.

Todo esto no significa que la “revolución del cobre” argentino esté garantizada. Las inquietudes sobre agua, glaciares, biodiversidad e impactos sociales son legítimas y van a crecer a medida que los proyectos avancen. Ningún inversor institucional financiará minas que no tengan licencia social y ambiental robusta, por más que los números geológicos sean atractivos.

La verdadera oportunidad radica en construir un modelo distinto: proyectos cupríferos de gran escala en la cordillera, desarrollados bajo estándares de transparencia, participación temprana e innovación ambiental, en cooperación con Chile y vinculados a buenas prácticas internacionales como las de Canadá (Foto: Reuters)
La verdadera oportunidad radica en construir un modelo distinto: proyectos cupríferos de gran escala en la cordillera, desarrollados bajo estándares de transparencia, participación temprana e innovación ambiental, en cooperación con Chile y vinculados a buenas prácticas internacionales como las de Canadá (Foto: Reuters)

La verdadera oportunidad radica en construir un modelo distinto: proyectos cupríferos de gran escala en la cordillera, desarrollados bajo estándares de transparencia, participación temprana e innovación ambiental, en cooperación con Chile y vinculados a buenas prácticas internacionales como las de Canadá. En un mundo donde los minerales críticos y la seguridad de suministro se han vuelto temas geopolíticos, ese tipo de corredor del cobre puede ser un activo estratégico para la región.

Visto desde Buenos Aires, el cuadro que dibujan CRU, S&P, Wood Mackenzie, McKinsey y los bancos es claro: el mundo está buscando el cobre que Argentina tiene, pero todavía no produce. La escala de la cartera existe, el déficit global es real y el precio promete acompañar si los proyectos se concretan.

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El mundo está buscando el cobre que Argentina tiene, pero todavía no produce

Lo que falta es demostrar que el país -en alianza inteligente con Chile y en diálogo con socios como Canadá- puede ofrecer un terreno confiable, previsible y socialmente legítimo para construir, paso a paso, el próximo capítulo del cobre a escala mundial.

El autor es director de la Comisión Binacional de Minería y secretario general de la Cámara Chileno-Argentina de Comercio



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ECONOMIA

¿Qué pasa con los plazos fijos?: en julio vuelven a subir las colocaciones, según datos del Banco Central

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El dato del último mes estuvo en el segmento en moneda extranjera: los depósitos privados en dólares aumentaron USD 503 millones y terminaron en USD 39.347 millones. Actualmente se aproximan a USD 40.000 millones (Foto: Reuters)

Según los últimos datos del Banco Central de la República Argentina, en la primera semana de julio de 2026 subieron los saldos de depósitos del sector privado en cajas de ahorro y plazos fijos, tras una baja real de las imposiciones a más de 30 días durante junio.

El dato del último mes estuvo en el segmento en moneda extranjera: los depósitos privados en dólares aumentaron USD 503 millones y terminaron en USD 39.347 millones, principalmente por el pago de capital e intereses del Bopreal por USD 1.028 millones. Parte de esos fondos se retiró durante el mes, pero el saldo final quedó por encima del nivel previo, y actualmente se aproximan a USD 41.000 millones.

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Según el Informe Monetario Mensual del Banco Central de la República Argentina, publicado el 7 de julio, junio combinó estacionalidad en la demanda de dinero, movimientos del Tesoro y cambios heterogéneos dentro del sistema financiero. Ese cuadro explicó tanto la presión temporaria sobre las tasas de interés cortas como la recomposición posterior de la liquidez.

Junio combinó estacionalidad en la demanda de dinero, movimientos del Tesoro y cambios heterogéneos dentro del sistema financiero

La Base Monetaria se redujo 1,2% real desestacionalizado en junio y acumuló diez meses seguidos de caída. En términos del producto bruto interno, se ubicó en 3,9%, por debajo del registro de junio de 2025. En valores nominales, la base aumentó $3,7 billones. El principal impulso provino de operaciones del Tesoro Nacional, que utilizó fondos de su cuenta en pesos en el BCRA para atender vencimientos de deuda pública.

También influyó la compra neta de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina, que adquirió USD 1.418 millones durante el mes. Parte de esa expansión se esterilizó mediante Operaciones de Mercado Abierto y repos, los instrumentos habituales para administrar la liquidez.

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El mercado monetario registró hacia el cierre de junio un episodio de tensión que elevó de manera transitoria las tasas de interés de corto plazo. Tras la última licitación del Tesoro, la liquidez se normalizó y las tasas regresaron a niveles similares a los previos.

Entre las referencias del mes, la caución bursátil cerró en 18,4% nominal anual y las cuentas remuneradas de prestadoras de servicios financieros, en 13%. El plazo fijo mayorista TM20 terminó en 22,7% nominal anual y el plazo fijo para personas humanas, en 19,2 por ciento.

El punto central para los ahorristas fue que las tasas de interés de los plazos fijos mostraron menos volatilidad que las tasas cortas y terminaron junio en valores parecidos a los de mayo.

Las tasas de interés de los plazos fijos mostraron menos volatilidad que las tasas cortas y terminaron junio en valores parecidos a los de mayo

Ya en la primera semana de julio, el relevamiento del Banco Central mostró una baja leve del promedio general de las tasas de depósitos, de 21,61% a 21,29% nominal anual. Ese movimiento fue desigual entre segmentos:

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  • plazo fijo para personas humanas pasó de 19,2% a 19,27%;
  • prestadoras de servicios financieros bajó de 22,53% a 22,12%;
  • otras personas jurídicas, de 21,86% a 21,22%;
  • Tamar (activa) de bancos privados, de 22,69% a 21,94%;
  • Badlar (pasiva) de bancos privados se mantuvo en 23,13%;
  • plazos fijos en dólares descendieron de 1,62% a 1,54% para personas humanas y de 1,42% a 1,37% para personas jurídicas.
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El arranque de julio mostró un cambio en la composición de las colocaciones. El relevamiento oficial indicó menores saldos en depósitos a la vista y un aumento de los fondos en caja de ahorro y en plazos fijos, con mayor impulso de las colocaciones a tasa de interés que de las ajustables por cláusula CER.

La demanda de dinero desde el inicio del gobierno de Milei

En el último mes completo del gobierno de Alberto Fernández, los depósitos en pesos del sector privado no financiero representaban 12% del PBI y se desagregaban en imposiciones a la vista por el equivalente de 6,4% del PBI: 4,2% del PBI en colocaciones no remuneradas (transaccionales) y 2,2% del PBI remuneradas. Superaban al total de saldos a plazo fijo, que totalizaban 5,5% del PBI, según los informes mensuales del Banco Central de la República Argentina: 5,4% del PBI constituidos a tasa de interés y 0,1% del PBI ajustables por inflación o cláusula dólar.

Al cabo de 31 meses de gobierno de Javier Milei los depósitos a la vista en pesos cayeron en 1,8% del PBI y a plazo fijo aumentaron en 0,5% del PBI

Transcurridos casi más de 31 meses de la presidencia de Javier Milei, la demanda de pesos cayó a 10,8% del PBI, por la disminución de los depósitos a la vista, tanto los transaccionales (se redujeron a 3,4% del PBI) como los remunerados (descendieron a 1,2% del PBI). Las colocaciones a plazo, por el contrario, aumentaron a 6% del PBI.

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En el actual Gobierno, los depósitos en dólares en bancos se elevaron del heredado 2% del PBI a 5,3% del PBI, con crecimientos en los parciales a la vista de 1,6% del PBI a 3,8% del PBI y, en términos relativos, más a plazo: de 0,4% del PBI a 1,5% del PBI.

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En este período de gobierno, la tasa de interés promedio de los depósitos a plazo fijo se redujo de 251,7% nominal anual a 18,6% TNA.

El último Informe Monetario del BCRA destacó: “En un mes en que la demanda de dinero es estacionalmente elevada, los medios de pagos tradicionales, medidos a través del M2 privado transaccional, registraron un aumento de 3,2% en términos reales. Ajustando por estacionalidad, la expansión mensual fue de 0,2%, con un comportamiento heterogéneo por componente: mientras que el circulante en poder del público se expandió por segundo mes consecutivo, los depósitos a la vista transaccionales se contrajeron”.

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El circulante en pesos en poder del público se redujo a 2,3% del PBI desde 2,4% de un año antes, pero aumentó una décima de punto porcentual respecto de la relación que registró en noviembre de 2023 (BCRA)

En términos del PBI, el circulante en pesos en poder del público se redujo a 2,3% desde 2,4% de un año antes, pero aumentó una décima de punto porcentual respecto de la relación que registró en noviembre de 2023.

El segmento dolarizado fuera del sistema bancario que el Indec estimó para marzo de 2026 en USD 268.808 millones, representativo del 36,2% del PBI, fue el que más se contrajo en términos relativos: era 37,8% del PBI en el último trimestre de 2023 y 37% del PBI en junio del año pasado.

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Así, la demanda agregada de dinero del sector privado en el segmento en moneda nacional (circulante en poder del público más depósitos a la vista y a plazo) fue en junio de 2026 equivalente a 13,1% del PBI; fue inferior en una décima de punto porcentual (pp) a la de un año antes y en 1,1 pp a la estimada al final del gobierno de Alberto Fernández.

Por el contrario, la demanda agregada de dinero en el tramo dolarizado, tanto en el sistema bancario como en poder del público, aumentó desde 39,8% del PBI a fines de 2023 a 41,3% en junio de 2025 y a 41,5% en la actualidad.

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En el gobierno de La Libertad Avanza, la demanda de dinero agregada, en pesos y dólares, aumentó de 54% del PBI a 54,6% del PBI, con mayor participación de la franja dolarizada en el sistema bancario

De este modo, en el gobierno de La Libertad Avanza, la demanda de dinero agregada, en pesos y dólares, aumentó de 54% del PBI a 54,6% del PBI, con mayor participación de la franja dolarizada en el sistema bancario y menor participación del resto de los componentes.



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ECONOMIA

Los que encanutaron dólares bajo el colchón por 10 años perdieron casi 30% de poder de compra

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La inflación no es solo un problema local, sino que, aunque en menor medida, también incide en Estados Unidos. Esto se refleja de manera directa en el menor poder de compra que tiene el dólar, la moneda preferida por los argentinos para ahorrar debido a que siempre se utilizó como resguardo ante la devaluación histórica del peso. En concreto, en las últimas tres décadas su valor neto cayó a la mitad.

«El dólar norteamericano perdió el 53% de su valor (poder adquisitivo) a lo largo de los últimos 30 años. Más vale que saquen esos dólares del colchón y los pongan a trabajar en activos reales«, sentencia Gustavo Neffa, economista y director de Research for Traders (RfT).

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Es decir, todo ahorrista que dejó sus billetes estadounidenses «encanutados» durante tres décadas, ahora puede comprar menos de la mitad de los mismos bienes y servicios a los que podía acceder apenas comenzó a ahorrar.

Y con una inflación acumulada en Estados Unidos del 38% en 10 años, «la pérdida de poder adquisitivo en la última década fue de 28%«, acota a iProfesional Isaías Marini, economista de ONE618 (ex Consultatio). Por lo que este experto agrega que, como cualquier moneda, el dólar también pierde poder adquisitivo como consecuencia de la inflación estadounidense.

«De hecho, aun si la inflación se mantuviera exactamente en el objetivo de largo plazo de la Reserva Federal (Fed), en el 2% anual, al cabo de 30 años un dólar habría perdido alrededor del 45% de su capacidad de compra«. A eso se sumaron períodos de mayor inflación, especialmente durante la salida de la pandemia, cuando coincidieron estímulos fiscales y monetarios, restricciones de oferta y aumentos de los precios internacionales de la energía y los alimentos», detalla Marini.

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Al respecto, Darío Rossignolo, economista y profesor de Finanzas Públicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), suma: «Entiendo que la pérdida del poder adquisitivo del dólar fue mayor en los últimos 50 años con más del 80%. Las razones para esto son varias, todas las cuales llevan a una expansión de la cantidad de dinero comenzando con la eliminación del patrón oro en 1971, lo que introdujo el dinero fiduciario».

Además, indica que la Reserva Federal procura sostener un nivel de inflación que, «si bien es bajo (2% como objetivo), al acumularlo a interés compuesto se conforma una cifra elevada. Esto es para evitar la deflación y sostener el consumo. Las expansiones de la cantidad de dinero en situaciones específicas, como la crisis de las subprime de 2008 o el Covid 2019, sumaron eventos en el mismo sentido. Y, junto con la inflación de los precios de bienes no transables elevaron el nivel general de precios y, con más dinero corriendo sobre la misma cantidad de bienes, el efecto de desvalorización del dólar está claro», finaliza Rossignolo a iProfesional.

En este sentido, Andrés Salinas, economista e investigador de la Universidad de La Matanza (Buenos Aires), coincide: «La razón de esto radica, principalmente, en la política monetaria llevada a cabo por la Fed durante ese periodo que, de forma deliberada, aceptó una inflación moderada como costo de mantener el crecimiento y amortiguar las grandes crisis económicas. En 2008, redujo las tasas casi a cero e inyectó liquidez comprando bonos, algo similar ocurrió en la pandemia, donde también al estímulo monetario para la reactivación lo acompañó un estímulo fiscal».

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Por eso, afirma que existe un «trade off entre inflación y crecimiento, el mismo va a depender de la magnitud y profundidad de la política monetaria, como también de la duración de la misma». En los últimos 30 años, en Estados Unidos, el dólar perdió 53% de poder de compra.

¿Por qué el dólar blue y el dólar oficial siguen siendo elegidos por los argentinos?

Ahora bien, la elección de los argentinos de ahorrar en dólares, pese a los datos contundentes que muestran que es un activo que va perdiendo valor mundial por la inflación internacional, se contrarresta en cierta medida por un factor local: la fuerte devaluación que tuvo el peso en las últimas décadas.

Es decir, en el 2001, un dólar valía un peso; en cambio hoy, 25 años después, un dólar equivale a unos $1.500. Por ende, más allá de la pérdida de poder adquisitivo mundial, a nivel doméstico el dólar igual se revalorizó frente a la moneda argentina.

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«Si bien el dólar ha experimentado una pérdida de poder adquisitivo histórica debido a una inflación promedio del 3% anual en los últimos 30 años, con una aceleración singular tras la pandemia, en el contexto local argentino sigue funcionando como el activo de resguardo por excelencia. Para la economía familiar, el dólar no debe entenderse como una inversión de renta, sino como un mecanismo de protección indispensable frente a un escenario doméstico marcado por devaluaciones recurrentes, inflación en pesos y constantes restricciones cambiarias y comerciales», resume a iProfesional Federico Zerba, economista y jefe de Economía Sectorial de IES (Instituto De Economía Sectorial).

Por el lado de Salinas, sostiene: «Esto no quiere decir que el dólar sea una mala moneda, sino que perdió poder de compra como muchas otras. Por eso, en Argentina el peso perdió mucho más poder adquisitivo que el dólar, entonces el dólar siempre se consolida como moneda de ahorro para el argentino, mantiene mejor el poder de compra que la moneda doméstica y, diría, cumple un rol de seguro patrimonial más que de inversión en sí».

En tanto, Rossignolo completa: «En Argentina, los efectos inflacionarios son mucho más marcados, ya que el peso se ha desvalorizado en mayor medida, dado que la emisión monetaria fue en la mayoría de los períodos utilizada para financiar el déficit fiscal del gobierno de turno, lo que generó caídas de la demanda de dinero y huida hacia el dólar como refugio de valor, al resultar menos desvalorizado que el propio peso».

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A nivel local, este año el dólar apenas sube de precio 1%, mientras que la inflación argentina en los primeros 6 meses del año fue de 16,8%, según los últimos datos del Indec.

Inversiones y alternativas financieras: ¿cómo ganarle a la inflación en dólares?

En la Argentina, el dólar ha funcionado históricamente como una protección frente a la pérdida de valor adquisitivo del peso. Sin embargo, los «dólares en el colchón» no protegen de la inflación internacional. El problema es que existe cierta dificultad de los ahorristas para encontrar otras alternativas de inversión que reemplacen al billete estadounidense.

«Actualmente, los ahorristas cuentan con distintos instrumentos para intentar conservar o incrementar el poder adquisitivo de esos dólares. Entre ellos aparecen:

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  • Las obligaciones negociables (ON) de empresas
  • Los bonos soberanos
  • Para horizontes más largos, pueden dolarizarse a través de CEDEARs al apostar por acciones o fondos del exterior

Cada alternativa supone riesgos diferentes, por lo que la elección debe depender del plazo y del perfil de cada inversor», resume Marini.

Sobre este tema, los analistas indican que el dólar billete es muy accesible para todo tipo de perfil de personas, debido a que se puede comprar en determinados canales sin estar bancarizado. Incluso, se transformó en una mejor alternativa que el tradicional «ladrillo».

«Esta preferencia se valida al comparar el dólar con otras alternativas tradicionales de ahorro, como los inmuebles. El valor promedio del metro cuadrado ha caído entre 5% y 10% en comparación con 2018, lo que demuestra que, incluso, la inversión en ´ladrillos´ ha generado pérdidas nominales frente al simple resguardo de billetes físicos en una caja de seguridad. Esto ocurre porque el riesgo soberano y devaluatorio de Argentina termina arrastrando y deprimiendo el valor de casi todos los activos locales», concluye Zerba.

Y finaliza: «Hay una falta de herramientas financieras accesibles para el ciudadano común que permitan mitigar la inflación de la propia divisa norteamericana, como la compra directa de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Factores como la informalidad de los fondos, el desconocimiento financiero y las trabas del sistema bancario local impiden que los ahorristas tradicionales accedan a carteras de inversión internacionales», dejándolos expuestos a la pérdida pasiva del poder de compra del dólar frente a bienes transables.

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ECONOMIA

Según un estudio privado, el año próximo el gobierno de Javier Milei podría reducir en casi 10% la deuda con el FMI

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FOTO DE ARCHIVO: Vista del logotipo del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su sede en Washington, D.C., Estados Unidos. 24 de noviembre de 2024. REUTERS/Benoit Tessier/Archivo
FOTO DE ARCHIVO: Vista del logotipo del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su sede en Washington, D.C., Estados Unidos. 24 de noviembre de 2024. REUTERS/Benoit Tessier/Archivo

El programa financiero presentado por el Ministerio de Economía, que buscó responder a las inquietudes de inversores y tenedores de bonos de la Argentina y allanar el camino para reducir el riesgo país, generó reacciones positivas en el mercado y entre analistas privados, pero también dejó aspectos sin resolver.

Al respecto, un informe de la consultora Quantum señaló que la hoja de ruta presentada por el ministro Luis Caputo presenta ciertas incógnitas para 2027. Por ejemplo, al contabilizar los vencimientos en divisas del año próximo, se omiten USD 5.300 millones en Bopreales, que si bien debe afrontar el Banco Central y no el Tesoro, afectan la ecuación de financiamiento conjunto. Otros aspectos no considerados son posibles contingencias por fallos judiciales adversos y la evolución de la base monetaria y la “esterilización” de los pesos que sea necesario emitir para adquirir los dólares requeridos.

Según el análisis de Quantum, el programa oficial implica que en 2027 el gobierno de Milei reducirá en cerca de 10% el pasivo con el FMI, el mayor acreedor del Estado argentino. La deuda con el FMI, según datos del organismo al 17 de julio, es de 42.252 millones de Derechos Especiales de Giro (DEGs), equivalentes a USD 59.153 millones. El informe anticipa que en 2027 Argentina recibirá un último desembolso de USD 1.700 millones del FMI, pero pagará USD 4.400 millones en concepto de capital y USD 3.100 millones en intereses. Por lo tanto, la diferencia de USD 5.700 millones reducirá en 9,8% el pasivo con el Fondo, del que Argentina es el principal deudor, con el 34% de la cartera.

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Con el resto de los organismos internacionales (principalmente Banco Mundial y BID), los vencimientos de capital e intereses suman USD 4.900 millones y la previsión es una reducción neta de USD 700 millones, aunque según Quantum existen mayores posibilidades de ampliar el crédito si la situación financiera lo requiere.

El informe se centra en vencimientos de USD 24.900 millones en divisas para 2027 (equivalentes al 3,5% del PBI), incluidos capital por USD 15.700 millones e intereses por USD 9.200 millones. El análisis excluye las necesidades en pesos, que se asume serán cubiertas con renovaciones en el mercado local. A fines de junio de este año, los vencimientos anuales en pesos ascienden al 12% del PBI.

Tres hombres en traje sentados en una mesa frente al emblema del Ministerio de Economía de Argentina. El hombre central habla, los otros observan
Caputo, entre Daza y Furiase, cuando presentaron el programa financiero 2026-27

Respecto a los vencimientos en divisas, Quantum destaca que los datos del programa no contemplan los USD 5.300 millones en Bopreales, responsabilidad del BCRA, que forman parte de las divisas necesarias para cubrir los pagos de 2027. Además, señala la importancia de considerar posibles pagos por sentencias judiciales y el manejo monetario relacionado con la adquisición de divisas.

Quantum destaca como relevante que el gobierno no prevé emitir deuda en el mercado internacional, aspecto que generó debate recientemente.

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El informe presenta cinco “consideraciones clave”:

  1. El Gobierno estima finalizar 2026 con un saldo de caja de USD 3.700 millones, apoyado en acuerdos con acreedores, renovación de repos con bancos por USD 6.000 millones y nuevos préstamos por USD 3.200 millones garantizados por el BID y el Banco Mundial.
  2. Se emitirían títulos de deuda en moneda extranjera en el mercado local por USD 5.000 millones en 2027 (y USD 6.000 millones en 2026), con la intención de renovar el 100% de los bonos con vencimiento en 2027.
  3. El Tesoro prevé comprar al BCRA USD 4.900 millones con pesos provenientes del superávit financiero, emisiones de deuda en pesos y transferencias de utilidades del BCRA.
  4. Respecto al FMI, se afrontarían vencimientos por USD 5.800 millones (USD 7.500 millones en pagos de capital e intereses, menos USD 1.700 millones de desembolsos), reduciendo la exposición al FMI, aunque en menor medida de la deseada.
  5. Se estiman ingresos por privatizaciones de USD 1.500 millones, a partir de la venta de activos de empresas públicas, principalmente del sector energético, ferroviario y de aguas.

En conclusión, Quantum considera que el programa financiero oficial representa un avance en términos de claridad y si bien persisten dudas estas “se irán resolviendo en la práctica” y el programa “luce factible”. Una de las claves, insiste, será articular el programa monetario y los roles del BCRA y el Tesoro “para garantizar el acceso a las fuentes de financiamiento y avanzar en la estabilización económica”.



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