ECONOMIA
A 1 año del «comprá dólares, campeón»: cómo les fue a los ahorristas que le hicieron caso a Caputo

A lo largo de un año pueden ocurrir muchas cosas en la economía argentina, pero aun así no alcanza como para hacer olvidar algunas situaciones especiales o frases célebres. Por ejemplo, el ya histórico «comprá, no te la pierdas, campeón», con la que Toto Caputo «toreó» a quienes, exactamente un año atrás, afirmaban que se estaba generando un atraso cambiario y que era inevitable una suba en la cotización del dólar.
En aquel entonces recién llevaba poco más de dos meses el levantamiento del cepo y la inauguración del sistema cambiario de banda de flotación. Y, como tantas veces, se planteaba el debate respecto de si realmente había un cambio flotante o si el gobierno lo «pisaba» mediante medidas intervencionistas.
Un año más tarde, y con un contexto no tan diferente, los economistas recuerdan aquella frase y entran en polémicas respecto de si el ministro de Economía había tenido razón o si cometió un error al provocar a los ahorristas nerviosos, que le tomaron la palabra y compraron todos los dólares que pudieron.
Un reciente informe del Banco Central indica que el año pasado hubo -entre la compra de billetes verdes en efectivo y las tomas de cobertura financiera- una demanda de dólares de u$s35.000 millones. En otras palabras se dolarizó el 60% de la base monetaria M2 -que incluye circulante y cuentas bancarias a la vista-.
De manera que, si la intención de Caputo había sido la de disuadir a los inversores para que no compraran dólares, no puede decirse que su frase haya tenido un efecto positivo. Tanto es así que, al día de hoy, ya pasados ocho meses de las elecciones legislativas, todavía no se nota un aumento importante en la demanda de pesos, lo cual ha llevado a que, entre el Tesoro y el Banco Central, hayan retirado liquidez para evitar cualquier riesgo de dolarización excesiva.
Punta a punta, perdió el dólar
Pero otra cosa es determinar si Caputo tuvo razón al vaticinar que quienes invirtieran en dólares saldrían perdiendo frente a otras alternativas de inversión. En ese caso, obviamente, hay una discusión de acuerdo imposible, porque el resultado depende de si se hace la medición «punta a punta» o si se considera la volatilidad ocurrida a lo largo del año.
En el primer caso, las cifras le dan la razón al ministro, porque quien compró en julio y guardó los billetes bajo el colchón, tuvieron una pérdida de 7,4% contra la inflación.
También perdieron frente a quienes depositaron sus ahorros en pesos a plazo fijo: para quien haya renovado colocaciones a 30 días desde julio del año pasado, la suba nominal es de 29,9%, que pierde contra la inflación pero que igual le gana al 23,5% que subió el dólar.
Y, desde ya, las pérdidas para los «ahorristas del colchón» fueron mucho mayores si la comparación se hace con quienes compraron bonos de deuda pública en pesos, apostando al «carry trade».
Ganadores en la montaña rusa
Claro, esa evaluación que da la razón a Caputo tiene validez solamente para quienes se dolarizaron por todo el año. Pero, en el medio, hubo una «montaña rusa» en la cotización. De manera que, quienes hayan sabido cuándo entrar y salir a tiempo, no sólo no tuvieron pérdidas, sino que obtuvieron grandes ganancias por apostar al billete verde.
Para empezar, los que le tomaron la palabra al ministro y compraron dólares en el mismo momento de su desafío, la valorización fue alta. Sólo en el mes siguiente a la célebre frase, el dólar tuvo una suba nominal de 14%, algo que superaba cualquier cobertura en pesos. Pero en seguida hubo un bajón de 6% en la cotización. A partir de ahí, el día en que el dólar tuvo su cotización más baja fue el 20 de agosto, con un precio de $1.292,50.
Fue en ese momento en que se produjo otra aceleración de 14% en apenas un mes, hasta que el billete alcanzó un pico de $1.475. Fue entonces cuando apareció Scott Bessent, el secretario del US Treasury, con su histórico tuit en el anunció que haría «todo lo que haga falta» para ayudar a Argentina a recuperar la estabilidad monetaria. Esto derrumbó la cotización un 10% en una semana, hasta el precio de $1.326.
Pero la ayuda del amigo americano nunca logró imponer una estabilidad prolongada. Lo que siguió desde entonces fue un «electrocardiograma» cambiario, que alcanzó su pico en los días previos a la elección legislativa, con una cotización de $1.492 en el mercado mayorista.
A esa altura, quienes hubieran comprado dólares en el momento del desafío de «compra campeón», se habrían encontrado con una valorización de 24% en menos de cuatro meses. La inflación acumulada en ese período fue de 8,4%, mientras que el rendimiento del plazo fijo fue de 12%.
Es decir, hasta la elección, Caputo no había quedado bien parado con su provocadora frase: los «campeones» que apostaron al dólar ganaron en grande.
Tras la elección comenzó otra historia, en la que bajó el riesgo país, disminuyó la demanda de dólares por parte del público minorista y empezó una paulatina normalización de las tasas de interés. El tipo de cambio cayó un 7% en tres semanas, hasta el nivel de $1.387.
Sin embargo, hubo otra escalada en los últimos meses del año, de forma que el 2026 se inició con un dólar de $1.475, un valor que no sería superado hasta después de seis meses. En el medio, hubo muchos «subibajas» del dólar, con una tendencia a la baja en marzo y una recuperación en abril.
En medio del renovado debate sobre el atraso cambiario, el tipo de cambio se mantuvo debajo de los $1.400 hasta fines de mayo, cuando empezó la tendencia ascendente en la que se encuentra ahora.
El gobierno rechaza las acusaciones de haber «pisado» el precio y, más bien al contrario, afirma que las compras del Banco Central -u$s11.175 millones en el primer semestre- eran la prueba de que no existía tal intervención. Más bien al contrario, afirma Caputo, si no fuera por el Central, el dólar se habría desplomado en un contexto de boom exportador.
Sin embargo, los críticos no terminan de aceptar ese argumento. Para empezar, porque señalan que el «cepo residual» que sigue rigiendo para las empresas es un factor distorsivo en el mercado. Y, además, porque el BCRA suele intervenir en los momentos de suba de la divisa, ya sea a través de la venta de bonos «dólar linked» o mediante fuertes posturas que aplastan la tasa de interés implícita en el mercado de futuros.
Lo que viene
Como el debate cambiario es recurrente, podría ahora la misma situación del año pasado, y Caputo hasta podría sentirse tentado de repetir el mismo desafío a los inversores, con el argumento de que quienes no le creyeron el año pasado, terminaron perdiendo plata.
En un intento de transmitir confianza, el ministro usó la llamativa expresión de que «esta vez, la economía se va a llevar puesta a la política». Es decir, que no ocurrirá la situación de que la incertidumbre electoral se traduzca en una corrida cambiaria, sino que la fortaleza del plan económico no sólo garantizará la estabilidad financiera sino que, además, le allanará a Javier Milei el camino a la reelección.
Pero es una opinión que está lejos de generar consenso. Porque la afirmación de Caputo parte de la base de que el elevado saldo de balanza comercial -y hasta un posible superávit de cuenta corriente– seguirá permitiendo las compras de divisas por parte del Banco Central, lo cual dará respaldo para que los inversores no teman por el calendario de pagos de la deuda.
Además, el ministro ha dejado en claro que sigue de cerca la evolución de la demanda de dinero, y que está dispuesto a «prender la aspiradora» ante la menor duda sobre si los pesos que emite el BCRA cuando compra dólares pueden presionar los precios o el tipo de cambio.
Con ese panorama, Caputo se animó a otra frase con destino de polémica: «Ahora, hay dólares para todos».
Del lado opuesto al de Caputo, los economistas críticos afirman que el actual boom exportador es más una excepción que una «nueva normalidad». Y apuntan, en particular, que el precio del petróleo ya volvió a los niveles previos al conflicto de Medio Oriente, lo cual hará que el «efecto Vaca Muerta» pierda fuerza en los próximos meses.
Por otra parte, muestran su convencimiento de que la dolarización pre-electoral resultará inevitable. De hecho, la demanda de dólares por parte de los ahorristas viene en ascenso, con un promedio de unos u$s3.000 millones por mes -de los cuales, dos tercios son compras de billetes en efectivo-. Caputo se consuela con el argumento de que, a diferencia de lo que ocurría en gobiernos anteriores, ahora la mayoría de esos dólares no van «al colchón» sino que quedan en el sistema bancario.
Pero lo cierto es que él mismo ha sido el principal promotor del argumento del «riesgo kuka», según el cual el mercado toma actitudes defensivas ante la posibilidad de que en 2027 haya un cambio de signo político en la Casa Rosada.
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ECONOMIA
YPF recibió cinco ofertas para vender Metrogas: quiénes son los empresarios que pujan por la mayor distribuidora de gas del país

Cinco grupos empresarios presentaron este jueves sus propuestas económicas para quedarse con el 70% de Metrogas, hoy en manos de YPF. Según pudo confirmar Infobae, el plazo venció hoy y la petrolera estatal, asesorada por el banco Citi, ingresa a la etapa más delicada del proceso: no solo revisará cuál es la oferta más alta, sino cuál tiene detrás una estructura de financiamiento que pueda sostenerse hasta el cierre de la operación.
El paquete en juego podría valer USD 560 millones, dentro de una valuación total de la distribuidora cercana a los 800 millones de dólares. Quien se quede con ese bloque accionario deberá además lanzar una oferta pública de adquisición (OPA) por el resto de las acciones, repartidas entre la Anses (8%), el capital que cotiza en la Bolsa porteña (13%) y la porción que ya tiene el empresario José Luis Manzano (9,23%) a través de su vehículo de inversión Integra Capital.
Los cinco finalistas son:
- Central Puerto—la principal generadora eléctrica del país, controlada por los empresarios Guillermo Reca, la familia Miguens-Bemberg y Eduardo Escassany— en sociedad con Ecogas, distribuidora de gas cuyo grupo de control comparten esos mismos accionistas junto a Ronaldo Strazzolini y Gonzalo Pérès Moore.
- Andina, el vehículo de Manzano, que ya tiene presencia en Metrogas a través de Integra Gas Distribution.
- MSU Energy, del empresario Manuel Santos Uribelarrea.
- Grupo Pierri, del empresario y exdiputado justicialista Alberto Pierri, dueño de Telecentro.
- Litoral Gas, distribuidora del centro y norte de la provincia de Buenos Aires cuyo capital comparten Grupo Sofía y Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint.
La lista tuvo un movimiento de último momento. Neuss Capital, el consorcio que lideraba Germán Neuss junto a Mubadala Capital —el brazo inversor del fondo soberano de Abu Dabi— y la española SIA Capital, no llegó a esta instancia con una propuesta económica. En su lugar se sumó Litoral Gas, que no figuraba entre los cinco que habían avanzado a la etapa de auditoría.

El proceso arrancó en abril con 13 compañías interesadas que presentaron ofertas no vinculantes. Ese universo se redujo a nueve tras una primera selección y luego a cinco en la etapa de due diligence, cuando los candidatos accedieron a la información financiera más sensible de la compañía y mantuvieron entrevistas con gerentes y técnicos de Metrogas.
Dos de los grupos que llegaron a la definición tienen actividad en generación eléctrica y apuntan a combinar ese negocio con la distribución de gas. Central Puerto y Ecogas conforman el consorcio más experimentado del sector: la primera es la mayor generadora privada del país, mientras que Ecogas ya opera redes de distribución en varias provincias.
MSU Energy, por su parte, opera siete centrales térmicas y tiene negocios en parques solares y almacenamiento con baterías. Este año amplió su presencia en el sector eléctrico con la adquisición de las hidroeléctricas Chocón-Arroyito. Su cabeza visible, Santos Uribelarrea, proviene de una familia con raíces en el agro pampeano.
Andina, el vehículo de Manzano, llega a esta instancia con una ventaja particular: ya es accionista de Metrogas con el 9,23% del capital a través de Integra Gas Distribution. El exministro del Interior acumula posiciones en varios segmentos del sector energético: es uno de los dueños de Edenor, la distribuidora eléctrica más grande del país, y en junio participó de la compra de las 894 estaciones de servicio Shell en Argentina, una operación valuada en USD 1.420 millones liderada por el fondo suizo Mercuria Energy Group, socio de su grupo inversor Integra Capital en la petrolera Phoenix Global Resources.
Grupo Pierri suma a la lista a uno de los empresarios más discretos del mundo de los negocios argentinos. Pierri, exdiputado nacional y expresidente de la Cámara de Diputados durante una década en los años ’90, construyó su holding a partir de tres plantas papeleras y luego diversificó hacia las telecomunicaciones con la fundación de Telecentro, operador de internet y cable con presencia en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. El grupo también tiene participación en el canal de noticias Canal 26.
Según pudo saber Infobae, la decisión no recaerá únicamente sobre la cifra que cada grupo depositó sobre la mesa. La estructura de pagos y el respaldo financiero detrás de cada propuesta tendrán tanto peso como el monto ofrecido. El objetivo es evitar ofertas infladas que después no puedan concretarse.
En las próximas semanas se analizará si las propuestas cumplen con los requisitos fijados en el proceso. Solo las que superen ese filtro entrarán en la comparación final. La expectativa es tener un panorama claro hacia mediados de agosto.
El atractivo de Metrogas para los compradores no es solo estratégico. La distribuidora, que abastece a más de 2,4 millones de clientes en toda la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 11 partidos del sur y sudoeste del Gran Buenos Aires, repartió en julio dividendos por $100.000 millones —unos USD 66 millones al tipo de cambio oficial—. Fue la primera distribución de utilidades desde noviembre de 2001, cuando la crisis económica interrumpió esa práctica por más de dos décadas.
A la variable financiera se suma una definición regulatoria que todavía no llegó. La licencia de Metrogas, vigente desde hace 35 años, vence en diciembre de 2027. El Enargas ya elevó al Poder Ejecutivo su recomendación para extenderla por 20 años, hasta 2047, como habilita la Ley Bases, pero la resolución sigue pendiente. Para los oferentes, esa definición condiciona la previsibilidad de ingresos del negocio que están dispuestos a comprar.
La venta de Metrogas se inscribe en el Plan 4×4 de YPF, la hoja de ruta del presidente de la compañía, Horacio Marín, que apunta a la focalización en shale —con Vaca Muerta como eje central— y a la salida de activos considerados no estratégicos. Bajo esa misma lógica, YPF completó en diciembre de 2025 la venta de Profertil, la principal productora de urea del país, en una operación valuada en USD 1.200 millones que terminó en manos de Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).
ECONOMIA
El Gobierno busca frenar el fallo millonario de la Justicia de EE.UU. por Aerolíneas Argentinas

El Gobierno evalúa distintas alternativas legales luego de que la Corte de Apelaciones de Estados Unidos confirmara la sentencia contra Argentina en el caso relacionado con la expropiación de Aerolíneas Argentinas y Austral.
Hay que tener en cuenta que se trata de una resolución que no implica el pago inmediato de la deuda ni tampoco cierra la posibilidad de una defensa por parte del Gobierno argentino.
Cómo el Gobierno quiere frenar el fallo de la Justicia de EE.UU. contra Aerolíneas Argentinas
Es por eso que en la Casa Rosada están analizando diversos caminos que pueden tomar para frenar el fallo. Uno es pedir una revisión del fallo ante la propia Cámara que dio la sentencia en contra de Argentina.
Por otro lado, se podría recurrir directamente a la Corte Suprema estadounidense. Y otra posibilidad es la de solicitar la suspensión de la ejecución mientras se tramitan esos planteos.
La causa enfrenta al Estado argentino con Titan Consortium 1 LLC. Esta firma adquirió los derechos económicos derivados del laudo que iniciaron sociedades españolas del Grupo Marsans por la expropiación ejecutada en 2008. El monto reconocido por la Justicia estadounidense asciende a u$s390.907.115 al 10 de diciembre de 2024, más intereses posteriores a esa fecha.
La Procuración del Tesoro quedó a cargo de analizar los próximos pasos. En la estrategia legal argentina evalúan múltiples opciones antes de que el fallo quede firme y Titan pueda avanzar con medidas de embargo.
Qué recursos judiciales le quedan a Argentina para frenar el cobro
La primera opción apunta a que el mismo tribunal revise su decisión. Se trata de pedirle a los jueces que ya fallaron que reconsideren su propio fallo. Es un recurso excepcional, pero forma parte del menú de herramientas disponibles.
La segunda alternativa busca que el caso sea evaluado por más jueces de la Cámara de Apelaciones. En lugar de que resuelvan solo los tres magistrados que ya se expidieron, el planteo apuntaría a que intervenga una integración más amplia del tribunal.
La tercera vía es avanzar directamente con un planteo ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Esta opción llevaría el caso al máximo tribunal estadounidense, aunque las chances de que acepte revisar el expediente son estadísticamente bajas.
El Ejecutivo también analiza solicitar una suspensión de los efectos del fallo. En términos prácticos, se trata de intentar frenar el avance del cobro y evitar que Titan pueda ejecutar rápidamente medidas sobre activos argentinos en Estados Unidos mientras se resuelven los recursos.
Expropiación de Aerolíneas Argentinas: cómo nació el caso y quién lo compró
El demandante original no fue Titan. El caso arrancó con el grupo español Marsans, que controlaba Aerolíneas Argentinas y Austral cuando el Estado las expropió en 2008.
La operación se hizo con un pago simbólico. Marsans consideró que eso era confiscatorio y reclamó una indemnización ante el Ciadi.
Luego transfirió ese derecho al fondo Burford Capital, el mismo que litigó contra la Argentina por la expropiación de YPF. Burford se lo cedió finalmente a Titan Consortium.
Los fondos que compran este tipo de litigios son habituales en el mercado financiero internacional. Anticipan el dinero del juicio a cambio de quedarse con una parte de lo que eventualmente se cobre, apostando a que el país termine pagando más de lo que ellos invirtieron.
En 2017, el Ciadi emitió un laudo que ordenó a la Argentina pagar más de u$s320 millones en compensación y casi u$s3,5 millones en honorarios legales. Los intereses corren hasta la cancelación total.
El país intentó anular el fallo en 2019. El Ciadi rechazó el pedido y le sumó más de u$s1 millón en costos y gastos de representación.
Un conflicto que se arrastra desde 2008
El origen del caso se remonta a 2008, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dispuso la reestatización de Aerolíneas Argentinas, entonces controlada por el grupo español Marsans. La medida derivó en una extensa disputa judicial en el ámbito internacional.
En 2017, el Ciadi determinó que el Estado argentino debía pagar una compensación de u$s320 millones, más intereses. Con el paso del tiempo, los derechos de litigio fueron cambiando de manos: primero pasaron al fondo Burford Capital —conocido también por su rol en el juicio por YPF— y luego fueron adquiridos por Titan Consortium, que ahora impulsa la ejecución del fallo.
Durante la gestión de Marsans, la compañía acumuló pasivos cercanos a u$s890 millones y se desprendió de activos clave, como oficinas en distintas ciudades del mundo, simuladores de vuelo y rutas internacionales. Estas decisiones deterioraron la estructura operativa de la aerolínea y su posicionamiento global.
Al momento de la expropiación, las valuaciones de la empresa fueron contradictorias: mientras el banco Crédit Suisse estimó un valor de entre u$s250 y u$s450 millones, el Tribunal de Tasación de la Nación fijó un valor negativo superior a u$s760 millones, cifra que finalmente fue convalidada en el Congreso.
Cómo funciona el cobro cuando un país no paga
El Ciadi no tiene poder para ejecutar sus propias sentencias. Cuando un país se niega a pagar, los beneficiarios del laudo deben ir a cobrar ante los tribunales de cada país donde quieran hacer efectiva la condena.
En el caso de Argentina, el camino natural fue la corte del Distrito de Columbia, en Washington D.C. Allí, en 2021, Titan demandó al país para forzar el cobro.
La Argentina respondió pidiendo que la acción se desestimara por prescripción. La corte rechazó ese argumento: los jueces consideraron que los plazos invocados por la defensa «no son convincentes».
El Estado apeló. Ahora la Justicia de Estados Unidos desestimó esa apelación y el país debe pagar.
Pero existe un mecanismo adicional. Si la Argentina no demuestra buena fe ni voluntad de negociar el pago, los beneficiarios del laudo pueden solicitar autorización para buscar activos soberanos argentinos en otros estados de Estados Unidos y lograr que esas jurisdicciones reconozcan las sentencias ya obtenidas.
Eso es exactamente lo que Titan pidió: que se le permita rastrear y ejecutar activos por todo el territorio estadounidense.
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ECONOMIA
Beltrán Briones: cómo convirtió su marca personal en un negocio que ya captó US$45 millones

En el negocio inmobiliario, la ubicación, el diseño y el precio suelen ser los factores que definen una operación. Sin embargo, para Beltrán Briones existe un activo que en los últimos años comenzó a pesar tanto como cualquier proyecto: la confianza. A sus 26 años, el fundador de Grupo Briones sostiene que construir una marca personal le permitió diferenciarse en un mercado históricamente conservador, atraer inversores, conseguir mejores proveedores y posicionar su empresa en un sector donde la experiencia suele medirse por la trayectoria.
En una entrevista con Infobae a la Tarde, el desarrollador explicó que su exposición en redes sociales nunca respondió únicamente a una estrategia de comunicación. Desde el comienzo, el objetivo fue fortalecer su actividad principal. “Mi diferencial no era el edificio, porque podía ser muy parecido al de cualquier competidor. Lo que tenía distinto era que a mí me conocían y me consultaban”, resumió al explicar cómo esa visibilidad terminó convirtiéndose en una ventaja para hacer negocios.
Briones asegura que todavía existe un gran desconocimiento sobre el trabajo de un desarrollador inmobiliario. “Mucha gente cree que un desarrollador es un inmobiliario, cuando en realidad es quien estructura financieramente un proyecto, consigue el capital, compra la tierra, coordina la obra y después comercializa las unidades”, explicó. En ese contexto, considera que mostrar públicamente cómo funciona ese proceso ayudó a generar credibilidad entre potenciales clientes e inversores.
La construcción de esa reputación también estuvo atravesada por un desafío personal. Comenzó en el sector con apenas 20 años y reconoce que la edad jugaba en su contra al momento de sentarse frente a personas que duplicaban la suya y debían decidir si confiaban su dinero en un proyecto. “Si pudiera elegir, me gustaría tener canas, un anillo de casado y 50 años”, dijo entre risas. Sin embargo, detrás de esa ironía había una convicción: sabía que no podía permitirse errores. “Si me equivocaba, enseguida aparecía el ‘este pibe no sabe nada’. Eso me obligó a estudiar mucho más y a prepararme mejor”.

Las redes sociales fueron una consecuencia de esa búsqueda. Aunque hoy analiza métricas, formatos y algoritmos con naturalidad, recuerda que su primer gran salto ocurrió de manera inesperada. Un video grabado durante un viaje de fin de año a Río de Janeiro se volvió viral y le mostró el alcance que podía tener una audiencia masiva. A partir de ese momento decidió profesionalizar esa faceta y estudiar cómo funcionan las plataformas digitales para convertirlas en una herramienta al servicio de su empresa.
Según explicó, el contenido que mejor funciona es el que transmite espontaneidad y cercanía, una lógica que las propias marcas comenzaron a replicar a través del denominado User Generated Content (UGC). Para Briones, esa tendencia también alcanzó al real estate. Mostrar el detrás de escena de un desarrollo, responder preguntas o compartir decisiones de negocio genera un vínculo diferente con el público y permite construir confianza antes incluso de concretar una venta.
En ese camino también aprendió que la atención suele ir acompañada de la polémica. Reconoce que algunas publicaciones generan discusiones porque entiende que el debate amplifica el alcance de los contenidos, aunque marca una diferencia respecto de otros creadores digitales. “Yo no trabajo con marcas ni hago canjes. Cuando un video genera rechazo, el costo es relativamente bajo. Cuando funciona bien, llegan consultas, clientes e inversores”, afirmó.

Toda esa experiencia terminó condensándose en el llamado Método Briones, un sistema que luego transformó en un libro y que reúne aprendizajes sobre ventas, negociación, liderazgo y construcción de marca personal. Más que una fórmula, lo define como una manera de ordenar conceptos que fue incorporando durante sus primeros años como emprendedor. A su entender, el producto dejó de ser el único factor decisivo. “Podés tener un edificio prácticamente igual al de otro desarrollador. Si las personas ya saben quién sos, entienden cómo trabajás y confían en vos, arrancás con una ventaja enorme”, sostuvo.
Esa lógica desembocó en el proyecto más ambicioso de su carrera hasta el momento: la creación del primer Real Estate Investment Trust (REIT) argentino. Se trata de un fondo que reúne aportes de múltiples inversores para adquirir inmuebles destinados al alquiler y distribuir posteriormente la renta obtenida. La particularidad es que permitirá participar con montos desde $1.000, una cifra muy inferior a la que tradicionalmente exige el mercado inmobiliario. Según explicó, la iniciativa ya reunió alrededor de US$45 millones en compromisos de inversión.
Más allá del nuevo vehículo financiero, Briones considera que el verdadero cambio es cultural. A su juicio, la imagen del empresario comenzó a modificarse en los últimos años gracias al crecimiento de los podcasts, los streamings y los contenidos dedicados al mundo de los negocios, que acercaron historias de emprendedores a un público cada vez más amplio. Al mismo tiempo, entiende que la riqueza dejó de concentrarse exclusivamente en familias tradicionales y comenzó a surgir una nueva generación de empresarios que construyó su patrimonio a partir de proyectos propios.

Consultado sobre el rol del dinero, aseguró que la motivación también cambia con el tiempo. Explicó que, una vez resueltas las necesidades básicas, el desafío pasa por desarrollar proyectos que representen un estímulo personal más que una búsqueda de rentabilidad inmediata. “Hay edificios que podrían dejarme más plata, pero prefiero hacer otros que me entusiasman más. Llega un momento en el que el desafío pesa más que la ganancia”, reflexionó.
Esa mirada también explica por qué descarta una carrera política. Aunque aseguró respetar a quienes ejercen la función pública con honestidad, considera que su lugar está en el mundo empresario. “No me interesa. Es un ambiente muy hostil y hoy disfruto mucho más creando empresas y desarrollando proyectos”, concluyó.
Para Briones, el negocio inmobiliario sigue dependiendo de buenos proyectos, pero ya no alcanza con construir edificios. En un mercado donde la competencia es cada vez mayor y la información circula a una velocidad inédita, sostiene que la confianza se convirtió en un activo tan importante como el ladrillo y que, muchas veces, empieza a construirse mucho antes de colocar el primer cimiento.
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