SOCIEDAD
Hantavirus: hay 45 contagios confirmados en el país y crecieron los casos en la provincia de Buenos Aires

El hantavirus suma 45 casos confirmados en lo que va de 2026 en Argentina, según el Boletín Epidemiológico Nacional, ubicando a la temporada 2025-2026 como una de las de mayor incidencia desde que se realiza vigilancia sistemática.
Ante este panorama, un equipo del Instituto Malbrán se encuentra en Ushuaia investigando el origen del brote registrado en el crucero MV Hondius, que partió de Tierra del Fuego y generó alerta internacional por la variante Andes.
Los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación indican que los casos se distribuyen principalmente en las provincias de Buenos Aires, Salta, Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Entre Ríos y Chubut. La tasa nacional de incidencia alcanzó los 0,22 casos por 100.000 habitantes, superando el umbral de brote en la mayoría de las regiones.
El 81% de los casos corresponde a varones, con predominio en el grupo etario de 20 a 49 años. La mediana de edad de los confirmados es de 36 años. En cuanto a la mortalidad, se registraron 33 fallecimientos, lo que representa una letalidad del 31,4%, la más alta de las últimas temporadas.
La tasa de mortalidad nacional es de 0,69 por millón de habitantes, casi tres veces superior a la del período anterior. Salta registra la mayor incidencia y mortalidad provincial, mientras que Buenos Aires concentra la mitad de los decesos totales.
La enfermedad, una zoonosis transmitida principalmente por inhalación de partículas de excremento de roedores silvestres, mantiene su patrón estacional con mayor circulación entre octubre y mayo. Sin embargo, la actual temporada muestra un incremento sostenido y circulación extendida, atribuible en parte a factores ambientales como el cambio climático y modificaciones en el uso del suelo.
El brote en el crucero
El caso que motivó mayor atención ocurrió en el buque MV Hondius, que zarpó de Ushuaia el 1° de abril con 147 pasajeros y tripulantes de 23 nacionalidades. Hasta mediados de mayo se confirmaron ocho contagios, dos sospechosos y un caso en estudio, con tres fallecimientos.
Todos los casos están vinculados a la variante Andes, la única que se transmite de persona a persona por vía respiratoria, lo que generó alerta de la Organización Mundial de la Salud y vigilancia en varios países.

En respuesta, un equipo del Instituto Malbrán se trasladó a Tierra del Fuego. Los científicos realizan capturas de roedores en zonas seleccionadas por criterios ecológicos y epidemiológicos, utilizando trampas Sherman y estrictos protocolos de bioseguridad.
El trabajo en el terreno es de alto riesgo. Por eso, los equipos usan mamelucos descartables, ropa de campo especial, guantes, protección ocular, mascarillas de alta eficiencia, equipos de presión positiva y sistemas de respiración autónoma. Todo está pensado para minimizar la exposición durante la manipulación de animales y muestras potencialmente infectadas.
Las muestras se procesan en un laboratorio de campaña y se enviarán al laboratorio nacional de referencia para análisis serológicos, moleculares y de secuenciación genética. La hipótesis principal es que el caso índice se contagió antes de embarcar.
Alerta en Buenos Aires
La provincia de Buenos Aires atraviesa un brote de hantavirus en áreas rurales y periurbanas, según confirmó el último boletín epidemiológico del Ministerio de Salud bonaerense.
En lo que va de 2026 ya se registraron 18 casos confirmados y siete muertes, una cifra que encendió la preocupación de las autoridades sanitarias por la rapidez de propagación y la gravedad de los cuadros detectados.
El informe oficial, correspondiente a la semana epidemiológica del 3 al 9 de mayo, advirtió que desde comienzos de 2025 se observa un incremento sostenido de contagios en zonas endémicas de la Provincia.
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Aunque el hantavirus suele tener mayor circulación durante la primavera y el verano, Salud alertó que actualmente se registra una persistencia de casos fuera de la temporada habitual. Ese comportamiento epidemiológico fue uno de los factores que encendió las alarmas.
Durante todo 2025 se habían confirmado 37 contagios y 12 fallecidos en territorio bonaerense. Además, la comparación interanual muestra una suba: a esta altura del año pasado se habían contabilizado 12 casos, mientras que en 2026 la cifra ya llegó a 18.
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SOCIEDAD
Mejora la salud de los heridos por la tragedia del Skate Park en Mar del Plata: un joven despertó y un menor recibió el alta

A casi dos semanas de la tragedia ocurrida en la zona del Skate Park Bristol de Mar del Plata, donde una joven de 18 años murió al ser atropellada por un colectivo de la línea 532 que se subió a la vereda, comenzaron a conocerse las primeras noticias alentadoras sobre la evolución de algunos de los heridos.
Thiago Vera, uno de los jóvenes que permanecía internado en terapia intensiva desde el siniestro, despertó en las últimas horas y logró comunicarse con su familia mediante gestos y apretones de mano, según contó su padre, Diego Vera, a través de un video difundido en redes sociales.
“Nos encontramos con la grata sorpresa de que Thiago tenía los ojitos abiertos, nos escuchó y pudimos intercambiar cositas mediante apretones de mano y gestos. Obviamente no puede hablar porque tiene una traqueotomía”, expresó.
El hombre explicó que el joven continuará internado en terapia intensiva y que todavía deberá atravesar un largo proceso de recuperación. “Queríamos compartir con toda la gente que oró y no pregunta por él esta pequeña felicidad que tenemos todos. Si bien va a seguir en terapia, sabemos que no es el fin de todo, sino el comienzo”, afirmó.
En ese sentido, agradeció el acompañamiento recibido desde el día del accidente y pidió que continúen enviándole mensajes de aliento. “Les pedimos que sigan ayudándonos, orando y dándole fuerzas. Todos los mensajitos que quieran mandar alentando a Thiago, se los hago escuchar y ver porque le hace muy bien”, concluyó.
El accidente ocurrió el 22 de junio, cuando el colectivo perdió el control, se subió a la vereda en la zona del Skate Park Bristol y embistió a varias personas que esperaban en una parada sobre el paseo costero. Como consecuencia del impacto murió Guadalupe Merlos, de 18 años, mientras que otras seis personas fueron trasladadas al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) “Oscar Alende” con heridas de distinta gravedad.
Según pudo saber Infobae a través de fuentes sanitarias, la situación clínica de los pacientes evolucionó durante los últimos días. El adolescente de 15 años que había resultado herido recibió el alta médica tras una rápida recuperación.
Además, una de las mujeres que permanecía internada fue derivada primero a un hospital de Berazategui y luego al Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires para continuar su tratamiento.
En tanto, Thiago y una mujer de 42 permanecen internados en terapia intensiva. Si bien continúan en estado delicado, las fuentes consultadas señalaron que evolucionan y que el riesgo de vida disminuyó con respecto a los primeros días posteriores al accidente.
Por su parte, otras dos mujeres, de 47 y 56 años, permanecen internadas en sala común por las fracturas sufridas durante el siniestro y podrían recibir el alta médica en los próximos días.
La investigación por la tragedia continúa a cargo del fiscal Germán Vera Tapia, titular de la UFI N°11 de Delitos Culposos de Mar del Plata. La principal hipótesis apunta a que el colectivo habría sufrido un desperfecto mecánico antes de subirse a la vereda, aunque esa circunstancia deberá ser confirmada por las pericias ordenadas sobre la unidad.
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Frotar una bola de papel aluminio sobre la canilla del baño: por qué lo recomiendan

En el mundo de los trucos caseros, el papel aluminio es una de los productos más usados en casa. Entre todos ellos, existe uno que llama la atención por su simpleza y efectividad: frotar una bola de papel aluminio sobre la canilla del baño.
Aunque suene extraño, las canillas pierden su brillo con el paso del tiempo. Además, acumulan sarro, restos de jabón y manchas de agua que dañan el metal.
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Por qué recomiendan frotar una bola de papel aluminio en la canilla del baño
El papel aluminio ayuda a eliminar marcas superficiales y a recuperar el aspecto brillante del metal sin necesidad de utilizar limpiadores abrasivos.
La clave está en el aluminio, que es un metal más blando que el cromo o el acero inoxidable con los que suelen fabricarse las canillas. Cuando se lo desliza suavemente por la superficie, puede desprender residuos adheridos y pulirla sin rayarla, siempre y cuando se haga con cuidado.
Cómo aplicar el truco del papel aluminio en la canilla
- Limpiá previamente la canilla con agua tibia y detergente neutro
- Formá una bola pequeña con papel aluminio
- Humedecé levemente la bola y también la superficie de la canilla
- Frotá con movimientos suaves, sin ejercer demasiada presión
- Secá con un paño de microfibra limpio para potenciar el brillo
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Por qué funciona el papel aluminio
Este efecto limpiador funciona porque:
- El aluminio actúa como un pulidor muy suave
- Ayuda a desprender restos minerales adheridos
- Reduce pequeñas manchas de óxido superficial en algunas superficies metálicas
- Favorece que el acabado cromado recupere parte de su brillo original
Además, al usar solamente agua y papel aluminio, se evita el uso frecuente de productos químicos que pueden deteriorar algunos acabados.
Qué precauciones hay que tener en cuenta
Aunque el truco suele ser útil para las canillas, se recomienda no aplicarlo en todas las canillas. Los especialistas consideran que debe evitarse en:
- Canillas con pintura o acabado mate
- Superficies lacadas o esmaltadas
- Metales muy deteriorados o con el cromado levantado
Con estos hábitos y el truco del papel aluminio, es posible mantener las canillas limpias, brillantes y en buen estado durante mucho más tiempo.
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Del folclore familiar en Santa Fe y “Cantaniño” a los Latin Grammy: la voz argentina que emociona cantándole a Dios

Canta con los ojos cerrados. No es un gesto escénico ni una marca de estilo. Es la forma en la que Athenas Vénica se concentra y reza con el poder de su voz. En esos momentos, dice, la escena que la rodea deja de ser un lugar de exposición en la que ella es el centro para convertirse en otra cosa. “En ese momento yo desaparezco. Y las personas, por medio de mi voz, conectan con Dios. Y cuando eso pasa es hermoso”, dice conmovida.
En esa manera de habitar el escenario condensa buena parte de su historia: una cantante argentina de música católica que fue niña prodigio en la televisión, pero que antes cantó folclore. Luego integró un grupo juvenil que llenó teatros y llenó de giras todo el país; y años más tarde reorientó su vida hacia la música católica. En 2013 vivió uno de los momentos más decisivos y emotivos de su carrera cuando participó de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, durante la visita del Papa Francisco, frente a millones de personas.
Desde entonces, su carrera fue atravesada por el deseo de hacer de la música un espacio de encuentro espiritual, donde las personas no solamente se encuentren para escucharla, sino que se encuentren en la fe que comparten, dice. Y en ese camino, plagado de amor, conoció al que desde 2017 es su esposo, el músico y compositor: Tobías Buteler.
Las raíces de su voz
Athenas María Vénica nació el 10 de enero de 1992 en Buenos Aires, pero creció con una fuerte conexión con el norte santafesino, de donde proviene su familia, oriunda de las ciudades Reconquista y Avellaneda. Esa identidad marcó su vínculo con la música y con la cultura popular desde la infancia. “Mi papá es del paraje El Timbó, una zona agropecuaria que quiero mucho. Todavía está mi abuelo con su casa, ahí en el campo”, cuenta orgullosa.
Y la música era parte de la vida cotidiana en su hogar. Cantar en familia era una costumbre y su madre —a quien define como una cantante extraordinaria— la alentó desde pequeña a explorar distintos géneros. Antes de aprender canciones infantiles, Athenas ya cantaba zambas, chamamés y tangos. “Lo primero que aprendí fue una zamba, El Chúcaro, de Horacio Guarany. La segunda fue un chamamé, Puerto Tirol. Tenía seis años y la música estaba muy presente en mi infancia. Son canciones que aprendés de chico y se te quedan grabadas para toda la vida”, cuenta.

Mientras el folclore echaba raíces en su casa, la televisión de comienzos de los 2000 despertaba en ella nuevos sueños. Programas como Popstars y el fenómeno de Bandana y Mambrú ampliaron su universo musical, sin desplazar a sus referentes populares. Entre todos ellos, hubo una figura que la marcó especialmente: Soledad Pastorutti. “Yo tenía ocho años en 2001, así que todo eso me marcó mucho. Me acuerdo que en los libritos de los CD escribía que mi cantante favorita era La Sole”, cuenta. Fue también en esa época cuando hizo una promesa que todavía recuerda, admirada de su propia seguridad: “Le dije a mi mamá: ‘Si hay un concurso así para niños, yo voy a ir, voy a concursar y lo voy a ganar’”.
Con los años, ese vínculo con el folclore permaneció intacto, aunque tomó nuevos caminos. Después de vivir un tiempo fuera del país, regresar a la Argentina significó también reencontrarse con la música que había acompañado su infancia. “Hace mucho tiempo que teníamos ganas de hacer canciones con nuestras raíces. Volver a estar en Argentina, con nuestra gente, con nuestra cultura, fue el contexto perfecto”, explica.
Ese reencuentro dio origen a uno de los proyectos más personales de su carrera: un chamamé dedicado a la Virgen de Itatí, patrona de Corrientes y del Nordeste Argentino. “Fue como unir dos amores: la música popular y la fe. Es una canción que hice con muchísimo amor”, afirma. Para Athenas, esa obra no solo representó un regreso al género con el que creció, sino también una forma de volver a sus raíces familiares y culturales desde la música que siente que más la identifica.

Cantaniño y la irrupción de la exposición
Haciendo una línea de tiempo imaginaria sobre su vida, Athenas cuenta que a los diez años ingresó al reality musical Cantaniño, de Telefé, un programa que reunía a chicos de todo el país y que fue el punto de quiebre entre la vida cotidiana y la exposición pública. Pronto se formó un grupo infantil con el que recorrió escenarios de Argentina y Uruguay. Desde allí entendió de qué se trata ser una estrella pop, con apenas once años. “El primer evento que hicimos fue en La Rural, frente a doce mil personas. Pasamos de cero a cien en un instante”, cuenta. Ensayos, grabaciones, televisión y shows multitudinarios se volvieron parte de su día a día.
La rutina del grupo era intensa: los chicos ensayaban varias veces por semana, grababan discos, participaban de programas de televisión y viajaban a distintas provincias. “Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue la energía de los ensayos, el esfuerzo colectivo y la pasión de todos los chicos por la música”, relata. La exposición trajo reconocimiento, pero también una dinámica difícil de asimilar a esa edad. “Fue fuerte, no te lo voy a negar, pero la familia estaba muy presente. Las familias estaban super presentes. Mi familia, absolutamente. Creo que uno a esa edad no llega a tomar conciencia de todo. Yo tenía mis amigas y seguí viéndolas. Hice el colegio normal, pero afuera de todo eso no había mucho tiempo”, reconoce.

El grupo fue nominado a premios como los premios Martín Fierro y Gardel, y durante un tiempo, la fama fue parte de lo cotidiano. “Esas experiencias duran un tiempo y después rápidamente se apagan, y volvés casi a la normalidad. Como mucho, años después, algún comentario: ‘Vos eras la de Cantaniño, la de KtrasK’... El tiempo fuerte de mucha fama no fue tan largo tampoco. Se dio con naturalidad”, admite. Para ella, la experiencia fue una escuela de vida: aprendió a trabajar en equipo, a enfrentar el escenario y a manejar la presión de los grandes eventos desde muy pequeña.
Con el paso de los años, la vida del grupo fue perdiendo intensidad. No hubo un final brusco, sino un proceso gradual en el que cada uno fue tomando su propio rumbo.
“La exposición se fue apagando de a poco, no fue algo traumático. Cada uno siguió su camino, algunos en la música, otros no. Pero todos nos llevamos recuerdos muy fuertes y un aprendizaje enorme”, afirma. Con el tiempo, el silencio reemplazó a las luces del escenario y, en ese espacio, surgió la oportunidad de descubrir otras facetas de la música y de la vida.
El silencio elegido y la reconstrucción
A los quince años, Athenas sintió la necesidad de poner una pausa a la exposición y al ritmo que había marcado su infancia y preadolescencia. No fue una decisión motivada por el rechazo, sino por el deseo de experimentar una adolescencia diferente, lejos de los escenarios y las cámaras. “Dije: no quiero hacer nada por uno, dos, tres años. Tenía ganas de vivir mi adolescencia con mis amigos, salir, disfrutar de la vida cotidiana sin cámaras ni giras”, explica. Ese período funcionó como un descanso necesario, una oportunidad de reencontrarse con la música desde otro lugar.
Durante ese tiempo, la música siguió estando presente, pero de manera menos pública. Poco a poco, el deseo de explorar nuevos géneros y aprender más sobre su instrumento la llevó al Conservatorio Julián Aguirre, donde se acercó a la formación clásica y se animó a probar diferentes estilos e instrumentos, incluso la batería. “No era lo mío, pero fue divertido. La música ya no era solo escenario, era proceso”, relata. Participó en bandas de tango, de rock y de folclore, volviendo sobre las raíces que había cultivado en su casa y en su infancia.
A la par de la búsqueda musical, apareció un movimiento personal y espiritual que cambiaría el sentido de su vocación. “Empecé un proceso de fe y espiritualidad en el movimiento de la Palabra de Dios, que es una experiencia muy linda para los jóvenes”, cuenta. Fue allí donde descubrió, por primera vez, que la música podía ser un medio de conexión con Dios y no solo de expresión artística. “Nunca había utilizado la música como un medio para conectarme con mi fe, con mi espiritualidad. Y ahí por primera vez lo descubrí… La música te conmueve, te emociona, te ayuda a ir más allá de lo racional”, asegura emocionada.
Ese descubrimiento reorganizó su manera de cantar, componer y pensar el arte. El deseo de compartir lo que vivía en lo personal se volvió motor para integrar la música y la fe en un mismo proyecto vital. “Descubrí que la música podía ser mucho más que expresión artística; por primera vez la sentí como un medio para conectarme con Dios y con mi fe. Esa experiencia fue tan profunda que quise compartirla, y pensé que, si yo estaba viviendo algo así a través de mi voz, también podía ayudar a otros a experimentar lo mismo”, revive. Así empezó a sumarse a grupos de música católica contemporánea, a escribir canciones y a buscar nuevas formas de llegar a quienes también buscaban una experiencia transformadora.

La música como misión, el amor y el escenario
Con esa nueva perspectiva, Athenas decidió profesionalizar su camino en la música católica. Jonatan Narvaez fue el productor que la invitó a grabar y, sin saber que ese paso marcaría un antes y un después, aceptó el desafío. “Me dijo: ‘Si hacés esto es para tomártelo en serio, puede ser que tengas que viajar’. Yo tenía entre diecinueve y veinte años, y era justo lo que estaba buscando”, cuenta. Los primeros videos, grabados en un entorno sencillo y familiar, pronto alcanzaron una gran repercusión digital. “Subimos esos videos a una plataforma que entonces era nueva, YouTube, y rápidamente se volvieron virales. Llegó al millón de reproducciones. En ese momento llegar al millón era una locura, porque recién comenzaba YouTube”, recuerda.
Esa masividad inesperada abrió nuevas puertas: invitaciones a eventos, viajes a otros países y la oportunidad de compartir su música en escenarios internacionales. Uno de los momentos más impactantes llegó en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, en 2013, donde cantó ante millones de jóvenes y el Papa Francisco.
“Por una ‘diocidencia’ —una combinación entre Dios y coincidencia—, como me gusta decir, me invitaron a cantar en el escenario principal, donde estaba el Papa. Todavía no había terminado de lanzar mi primer disco y ya estaba ahí, ¡frente a millones de personas! Era una emoción gigante, no lo podíamos creer”, revive.

En ese contexto religioso, en 2014, conoció a Tobías, su esposo y compañero musical. Pianista, compositor y con una formación académica sólida, compartía la visión de la música como vocación de servicio. “Nos conocimos en un encuentro musical católico y fue muy natural empezar a trabajar juntos. Los dos queríamos que nuestro primer amor fuera Dios”, resume el eje de la relación que también nació como un designio.
“Realmente nos conocimos gracias a una especie de ‘señal’. Tobías me contó que, mientras rezaba el rosario con su papá en el auto, sintió en el corazón que debía invitarme a salir. No es que estuviera interesado de antes ni nada parecido, simplemente tuvo esa intuición. Le pidió a un amigo, Maxi Largie —que también canta música católica—, que nos presentara. Maxi organizó una grabación y, con la excusa de que yo fuera a hacer coros para un video, logró que coincidamos. Fue ahí donde empezamos a hablar, y poco después comenzamos a salir y nos pusimos de novios”, resume. Desde entonces, componen y producen juntos, e hicieron de la música y la fe un proyecto compartido. La maternidad y la vida familiar también se integraron a ese viaje, aportando nuevas dimensiones a su arte y a su misión.

A lo largo de los años, Athenas lanzó varios discos, oraciones grabadas, salmos cantados y colaboraciones con otros músicos. En 2022, su álbum “Alfa y Omega” fue nominado al Latin Grammy como Mejor Álbum Cristiano. “Fue tremendo. Uno cuando se dedica a la música cristiana piensa que ciertas cosas no le van a pasar, pero que haya pasado es un reconocimiento al esfuerzo y también una oportunidad para que la música católica se conozca más”, explica y agradece a Dios —lo hace en todo momento— por ser ella ese nexo que un día supo en su interior que debía ser.
En el escenario, Athenas conserva la costumbre de cantar con los ojos cerrados, no como una pose, sino como un gesto de interioridad y conexión. Y dice que es inevitable. “Cuando cantamos, tenemos que desaparecer. Somos un medio para que la experiencia de fe y la música lleguen a los demás. El centro no soy yo, es la posibilidad de encuentro entre el público y Dios. Yo hasta desaparezco físicamente porque me arrodillo en el escenario”, afirma. Esa búsqueda de trascender lo individual y habilitar una experiencia colectiva es, en definitiva, el hilo que une toda su historia. “Mi misión es hacer música para que la gente pueda conectarse con su fe y que pueda conectarse con Dios”, finaliza.
Athenas Vénica
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