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ECONOMIA

Inflación y crecimiento, un debate recurrente

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El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión (Foto: Reuters)

En los últimos días, el debate económico volvió a centrarse en un eje clásico: si la inflación es compatible con el crecimiento o si lo destruye. Mientras el presidente Javier Milei sostiene que la inflación es siempre perjudicial, algunos economistas advierten que reducirla rápidamente puede frenar la actividad. La discusión, lejos de ser meramente ideológica, cuenta con décadas de desarrollo teórico y evidencia empírica.

El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión. La literatura económica internacional y los datos recientes en Argentina muestran que el vínculo entre inflación y crecimiento es complejo, no lineal y depende del contexto, los niveles alcanzados y las expectativas de los agentes económicos.

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La literatura especializada destaca que no existe una relación simple ni universal entre inflación y crecimiento. Estudios empíricos coinciden en que el vínculo es no lineal y depende de las particularidades de cada país. Algunas investigaciones concluyen que, a partir de ciertos umbrales, la inflación comienza a afectar negativamente el crecimiento. En países en desarrollo, se identifican “niveles críticos” por encima de los cuales el impacto sobre la actividad es claramente adverso.

El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión

En el corto plazo, la evidencia resulta aún más ambigua. Trabajos clásicos, como los de Sebastián Edwards, encuentran que en América Latina la relación entre expansión monetaria (y por ende inflación) y crecimiento puede ser positiva en algunos casos, pero inexistente en otros. No hay, por tanto, una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo.

Existen, incluso, situaciones puntuales donde la inflación muestra efectos positivos sobre el crecimiento en determinados períodos, lo que refuerza la idea de una relación altamente dependiente del contexto. La perspectiva heterodoxa, predominante en estos estudios, pone el foco en la “inercia inflacionaria”, es decir, la persistencia de la suba de precios aun cuando cambian las condiciones iniciales.

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No hay una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo (Foro: EFE)
No hay una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo (Foro: EFE)

No obstante, existe una explicación alternativa, sólida desde el punto de vista teórico, vinculada a los rezagos de la política monetaria. La persistencia de la inflación suele responder a la rigidez de contratos nominales (salarios, alquileres, tarifas, acuerdos comerciales) que se ajustan con demora, y a los retardos de la política monetaria, definidos por Milton Friedman como “prolongados e irregulares”.

Esto implica que los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar. Por eso, incluso cuando se corrigen las causas fiscales o monetarias, la dinámica inflacionaria puede persistir por los mecanismos de transmisión imperfectos.

Los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar

Un elemento clave adicional es la demanda de dinero. En contextos de estabilización, si los agentes reducen abruptamente su disposición a mantener saldos monetarios—por ejemplo, ante cambios de expectativas o pérdida de confianza—se genera un exceso de oferta de dinero respecto a su demanda, que rápidamente se canaliza hacia bienes, servicios o activos, presionando sobre los precios.

En términos simples, aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación.

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 aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación del dinero (Foto: Reuters)
aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación del dinero (Foto: Reuters)

Este punto es especialmente relevante en una economía bimonetaria como la argentina, donde la demanda de pesos y de dólares compite en la cartera de los agentes. Cuando crece la preferencia por dólares, disminuye la demanda de pesos. Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo “por el lado de la demanda”, elevando la velocidad de circulación y presionando sobre los precios en pesos, incluso sin expansión de la base monetaria.

Este mecanismo resulta útil para interpretar dinámicas recientes. La fuerte dolarización observada en septiembre y octubre de 2025, en un contexto de reacomodamiento de expectativas, probablemente redujo de manera significativa la demanda de pesos. Los rezagos de transmisión señalados por Friedman explican que parte de ese efecto se manifestara meses después, lo que contribuye a que la inflación se haya alcanzado 3,4% mensual en marzo de 2026.

Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo

A este fenómeno monetario se sumaron factores adicionales de carácter puntual pero relevantes: ajustes de tarifas públicas rezagadas; factores estacionales, como subas en alimentos -en particular, carne- y en educación; y un shock en los precios internacionales del petróleo.

En este punto, suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia, ante estos factores, sostiene la “multicausalidad”. Sin embargo, podría ser más preciso considerar que no se trata de causas independientes, sino de distorsiones que vuelven más prolongados e irregulares los rezagos de la política monetaria. No alteran necesariamente el origen último del fenómeno, pero sí su dinámica temporal y velocidad de convergencia.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia sostiene la “multicausalidad” (Imagen Ilustrativa Infobae)

El comportamiento reciente de la economía argentina confirma estos mecanismos. El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad y caída del consumo, con pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones en un contexto de aceleración transitoria de la inflación.

Más recientemente, se observan señales de cambio. El relajamiento de la política monetaria y la compra sostenida de dólares por parte del BCRA indican una reversión del proceso previo de sustitución de monedas: aumenta la demanda de pesos en detrimento de la de dólares, reduciendo presiones inflacionarias asociadas a la caída en la demanda de dinero.

El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad

A esto se suma la rebaja de encajes bancarios y la instauración del “corredor de pases” del BCRA, instrumento para ordenar las tasas de interés de corto plazo y facilitar su descenso. Este esquema favorece la recomposición del crédito y la liquidez.

De sostenerse estas condiciones, es esperable que, en los próximos meses, se observe una reversión gradual de la dinámica contractiva previa: recuperación de la actividad, mejora del consumo y recomposición del poder adquisitivo, mientras la inflación se desacelera hacia niveles internacionales en un plazo más breve de lo previsto inicialmente.

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En definitiva, el mismo mecanismo monetario que amplificó la desaceleración debería ahora operar en sentido inverso, acompañando una fase de recuperación.

En el largo plazo, la evidencia converge con mayor claridad. La mayoría de los estudios empíricos y la tradición monetarista -desde Milton Friedman hasta Thomas Sargent-sostienen que inflaciones altas y persistentes terminan deteriorando el crecimiento económico.

Las razones son conocidas: distorsión de precios relativos, menor inversión y horizonte de planificación, aumento de la incertidumbre y caída de la profundidad financiera. Adicionalmente, en contextos de alta inflación, la relación entre emisión y precios se torna más evidente.

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Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso (Foto: Reuters)
Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso (Foto: Reuters)

Modelos clásicos como los de Thomas Sargent y Neil Wallace vinculan directamente la inflación con el déficit fiscal persistente. Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso.

La evidencia no es concluyente respecto de cuál estrategia es superior. Los programas de “shock” pueden reducir la inflación rápidamente, pero suelen tener costos iniciales en la actividad. Los enfoques graduales tienden a suavizar esos costos, aunque prolongan el proceso.

En este contexto, la evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa económico y de la elección entre un enfoque gradual o una “terapia de shock”.

La evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa

Un ajuste gradual suele generar una recesión más extensa, con caída prolongada del salario real y menor inversión. Si el déficit no se corrige rápidamente, el financiamiento vía emisión se mantiene, alimentando la inflación y neutralizando el esfuerzo antiinflacionario.

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Paradójicamente, intentar bajar la inflación lentamente puede resultar contraproducente: si los agentes perciben inconsistencia, pueden anticiparse y provocar una aceleración mediante una corrida cambiaria. El riesgo central del gradualismo es no lograr coordinar un cambio brusco de expectativas, imprescindible para romper una dinámica inflacionaria alta. Sin ese quiebre, la inflación tiende a persistir y el programa puede fracasar o resultar más costoso.

El autor es Economista



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ECONOMIA

Expectativa y cautela: el mercado pone la lupa sobre la millonaria licitación del Tesoro en medio de la volatilidad global

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El mercado sigue de cerca el resultado de la licitación del Tesoro de este viernes en la que vencen más de $16 billones. (RONALDO SCHEMIDT/AFP)

La volatilidad es una variable que está instalada y dejó de ser la excepción para convertirse en la normalidad. Un ejemplo lo dio la empresa Micron en Estados Unidos, que ayer subió poco más de 16% y recuperó lo que había perdido en las dos ruedas anteriores.

Los inversores se aferran a distintos elementos para predecir lo que viene. De hecho, en el último tiempo en las Bolsas de Nueva York influían más las acciones relacionadas con la inteligencia artificial que el conflicto en Medio Oriente.

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En este escenario se maneja la Argentina. La sensibilidad es elevada y cualquier suba del dólar parece marcar el principio de una escalada de la moneda estadounidense que, al día siguiente, queda desmentida por la realidad.

En el Mercado Libre de Cambios (MLC) se operaron USD 648 millones y el Banco Central compró 70 millones de dólares. El tipo de cambio mayorista bajó dos pesos a $1.477, mientras la divisa subía 0,05% frente a las principales monedas del mundo y quedó en el nivel más alto de los últimos 19 meses.

El mercado financiero fue contra la corriente y reafirmó el movimiento alcista del peso. El MEP bajó a $1.499 y el contado con liquidación (CCL) a 1.546 pesos.

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En tanto, los bonos soberanos operaron estables y el riesgo país se mantuvo en 437 puntos básicos un poco fuera de línea con la región donde el Índice de Emergentes subió 1,1 por ciento.

El Índice de Gastos del Consumidor (PCE) de Estados Unidos ayudó al arrojar una medición dentro de las previsiones. De esta manera, logró que se fortalezcan los bonos del Tesoro estadounidense y su rendimiento retroceda a 4,39% volviendo más atractivos a los títulos de la región.

En EE.UU., el Dow Jones —que reúne a las 30 empresas más relevantes— se encuentra en niveles históricos. Por su parte, el S&P 500, que incluye el promedio de 500 compañías, se ubica levemente por debajo de su récord alcanzado el 2 de junio. El Nasdaq, en tanto, retrocedió ayer 0,43% y permanece casi 8% por debajo de su máximo del 1 de junio. La situación refleja el sentido de la frase de “El Eternauta”: “Lo viejo funciona”. El avance tecnológico llevó a que los inversores busquen refugio en acciones tradicionales.

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En la Argentina, el mercado bursátil muestra una escala más acotada y enfrenta mayores desafíos para adaptarse al contexto global. El S&P Merval, que agrupa a las principales acciones, registró una baja de 0,46% en pesos y de 0,11% en dólares. Las tasas de interés experimentaron leves subas y se acercaron al 1,9%, impulsadas por la caída de las LECAP.

Para la consultora F2 que dirige Andrés Reschini “los rendimientos de la curva pesos volvieron a desplazarse al alza con más énfasis en el tramo corto. No es una buena señal que esto suceda en la previa a la licitación de deuda, más cuando el menú de instrumentos incluye una letra a tasa fija, y podría forzar al Tesoro a convalidar tasas más elevadas”.

Ayer se fijó el precio del bono dollar linked (ajusta por devaluación) TZV26 del que queda un stock de USD 2.000 millones que vencen el martes. El mercado, por ahora, elige estar cubierto y por eso operó un volumen elevado.

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F2 agregó que “en futuros se operaron 3.042.838 contratos que es el registro más alto desde el 28 de octubre de 2025, luego de las elecciones de medio término y en la rueda de soberanos DL (BYMA, t+1) el volumen de operaciones ascendió a nada menos que 1.147 millones. En ambos casos el instrumento más operado fue el que vence a fin de julio por lo que el rolleo fue la causa que motorizó semejante volumen. La salida de fin de junio hundió la tasa implícita a 10,4% TEA y en la próxima jornada el Tesoro volverá a ofrecer cobertura en la licitación”.

Para Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital el escenario base sigue siendo el de una corrección ordenada del tipo de cambio, sin crisis, mientras continúen los ingresos de divisas por energía, agro y financiamiento privado. Los principales factores a monitorear, son una eventual aceleración de la inflación o una menor oferta de dólares, ya que ambos podrían modificar la dinámica cambiaria prevista”.

En paralelo, el petróleo experimentó una suba de 2% porque los inventarios están por debajo de los niveles deseados ya que la crisis llevó a consumir parte de las reservas estratégicas, lo que hace que el crudo pueda seguir por un tiempo por encima de 70 dólares.

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Anoche, en el overnite, cotizaba a USD 75,22 (+0,30%). El oro, tras la suba de casi 1%, exhibía una baja. Las Bolsas de Nueva York marcaban un nuevo retroceso del Nasdaq de las tecnológicas, un S&P 500 neutro y el Dow Jones con un alza de 0,20 por ciento. El dólar seguía firme frente a las principales monedas del mundo y el Bitcoin consolidaba el quiebre del nivel de resistencia y se desplomaba a USD 59.600 con tendencia bajista.

Para hoy los inversores estarán pendientes del resultado de la licitación de los bonos del Tesoro argentina. Se deben cubrir $16 billones, pero el mercado descuenta que se logrará esa meta y confía en que no habrá problema para colocar los USD 250 millones de bonos en dólares que vencen en 2027 y 2028.



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ECONOMIA

Ingresos Brutos en tickets: por qué el impuesto que mostrarán podría no ser el que realmente pagás

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Las provincias poco a poco comenzaron a adherir al Régimen de Transparencia Fiscal al Consumidor, una iniciativa valiosa que permitirá visibilizar la carga tributaria contenida en los precios. Pero su diseño no es neutro: según cómo lo implemente cada provincia, se puede transparentar la presión fiscal o, por el contrario, ofrecer una imagen incompleta -e incluso engañosa- de la carga real de Ingresos Brutos.

El régimen parte de una premisa simple: que el consumidor identifique qué parte del precio corresponde a impuestos. A nivel nacional, la obligación alcanza al IVA y otros tributos indirectos, y en ese marco, las provincias fueron invitadas a avanzar con Ingresos Brutos.

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Allí surge el verdadero debate: si conviene informar una alícuota, un importe estimado, o ambas cosas. La diferencia no es menor. Informar solo la alícuota evita presentar como exacto un monto que, por la propia mecánica del impuesto, solo puede estimarse.

Por qué Ingresos Brutos no se deja transparentar fácilmente

A diferencia del IVA, Ingresos Brutos es un impuesto de carácter acumulativo: grava las sucesivas etapas de la cadena de comercialización sin neutralizar el tributo soportado previamente. Como consecuencia, el impuesto se incorpora al precio, generando un efecto de imposición «en cascada». Esa incidencia acumulada no aparece reflejada en los regímenes provinciales de transparencia, y reconstruirla en cada ticket sería impracticable.

Una alternativa sería transparentar esa limitación incorporando una leyenda que aclare que no refleja la carga total contenida en el precio, sino apenas una aproximación vinculada a la última etapa comercial.

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La cuestión adquiere una complejidad adicional en los contribuyentes sujetos al Convenio Multilateral, donde la base imponible se distribuye entre distintas jurisdicciones, lo que dificulta aún más la determinación de la incidencia atribuible a una jurisdicción determinada.

Y ello se extiende más aún si consideramos que la mayoría de las provincias aplican regímenes de recaudación que incrementan aún más la carga real del impuesto.

Distintos modelos provinciales

CABA y Mendoza optaron por informar la alícuota aplicable. Es un esquema menos impactante en términos comunicacionales, pero más prudente técnicamente: evita exhibir como cierto un monto que puede distorsionar la carga real.

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Entre Ríos fue más allá: exige informar no solo la alícuota, sino también el impuesto estimado. El modelo tiene valor pedagógico porque traduce la carga fiscal a un monto concreto, pero abre una zona gris evidente: ese importe no necesariamente coincidirá con el impuesto que determine el contribuyente, ya que la reglamentación no estableció la fórmula del cálculo, y sin una metodología uniforme, la transparencia pierde comparabilidad.

El caso más cuestionable es Chubut. La provincia obliga, exclusivamente a los contribuyentes del Convenio Multilateral, a informar un «valor aproximado» del impuesto. Para calcularlo, la resolución adopta una fórmula que consiste en aplicar sobre el precio de la operación, la alícuota «promedio» del 3,5%, y el coeficiente unificado.

En apariencia, la formula luce razonable, pero arroja un resultado, cuando menos, engañoso.

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La dificultad radica en que, bajo el Convenio Multilateral, el coeficiente unificado no refleja la atribución de una operación en particular, sino una pauta de distribución construida a partir de la participación relativa que tuvo cada jurisdicción en la actividad del contribuyente durante períodos anteriores. Por ello, utilizar ese coeficiente para estimar la incidencia de una venta concreta puede arrojar resultados poco representativos. Si ese coeficiente de Chubut es bajo, el ticket mostrará un importe ínfimo, que podría llevar al consumidor a concluir que Ingresos Brutos casi no incide en el precio.

La distorsión del régimen chubutense se acentúa cuando exige aplicar una alícuota «promedio» del 3,5%, que es significativamente inferior a la que deben aplicar los únicos sujetos obligados hasta el momento a cumplir el Régimen, que son los grandes supermercadistas, alcanzados a una alícuota del 5%.

Por último, Córdoba, aún no adhirió formalmente. Solo dictó una norma preparatoria, en la cual justificó la falta de implementación del régimen en los costos de implementación y en la necesidad de armonizar criterios con las restantes jurisdicciones, aun cuando esas dificultades no justificarían demoras respecto de contribuyentes locales.

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Transparencia sí, pero sin distorsionar

La transparencia fiscal al consumidor es más que bienvenida: mejora la información disponible y permite elevar la conciencia del verdadero contribuyente, el consumidor. Pero no basta con mostrar un dato en el comprobante; ese dato debe ser técnicamente razonable, intelectualmente honesto y no inducir a errores de interpretación.

Si las provincias avanzan en la exhibición de importes estimados de impuesto, deberían construir criterios metodológicos comunes, que arrojen resultados homogéneos entre provincias. Asimismo, debería aclararse expresamente que el impuesto estimado no refleja la carga acumulada del tributo en el precio final, sino solo la incidencia de éste en la última etapa de la cadena comercial.

En definitiva, celebramos la iniciativa de transparentar los impuestos, pero para que cumpla su verdadera función, el régimen debe reflejar su verdadero impacto con la mayor fidelidad posible. De otro modo, corre el riesgo de desinformar y terminar oscureciendo, paradójicamente, aquello que pretende transparentar.

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ECONOMIA

Impulsar el crédito: el detalle de las medidas que la UIA le pide a Caputo para reactivar la economía

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El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, reveló que están negociando con Economía medidas para reactivar los créditos.

El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, reveló que negocian con el ministro de Economía, Luis Caputo, medidas para reactivar los créditos. Según pudo saber Infobae con fuentes involucradas, se tratan iniciativas de impulso al financiamiento que van desde la ampliación del esquema de incentivos para pequeñas y medianas empresas (pyme) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y la liberación de encajes para canalizar a empresas con dificultades financieras.

El diálogo entre la UIA y el Ministerio de Economía se mantiene abierto mientras avanzan negociaciones sobre un paquete de estímulos para el crédito productivo y el consumo interno. Rappallini afirmó, en una entrevista con Todo Noticias, que la entidad trabaja con el Gobierno en propuestas para reactivar el crédito. “Estamos en la negociación para buscar caminos para que haya créditos a corto plazo para sostener el consumo que está realmente caído”, comentó.

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Según pudo saber Infobae con fuentes involucradas en las negociaciones, el primer eje de discusión apunta a ampliar el esquema de incentivos al financiamiento PYME del BCRA. La propuesta incluye elevar el porcentaje de depósitos obligatorios destinados a crédito productivo, que actualmente se ubica en 7,5%, hasta el 10% (aumento de 2,5 puntos porcentuales (p.p)). Además, se prevé incrementar el beneficio para los bancos que cumplan con esta franquicia, pasando del 1,88% actual al 2,51%.

Un segundo instrumento bajo negociación es la liberación parcial de encajes para canalizar crédito hacia empresas con dificultades financieras transitorias. La propuesta permitiría a las entidades financieras computar como integración de encajes los préstamos otorgados a empresas clasificadas en ‘Situación 1′ y ‘Situación 2′, orientados a la regularización de pasivos. Las fuentes remarcaron que esta medida no genera costo fiscal ni emisión monetaria directa, ya que reasigna liquidez existente dentro del sistema financiero. El incentivo para los bancos reside en reemplazar activos inmovilizados y sin rendimiento por créditos con tasa positiva.

El ministro de Economía, Luis Caputo, se reúne con el titular de la UIA, Martín Rappallini, Rodrigo Pérez Graziano y Eduardo Nougués para abordar temas económicos.
Desde febrero las autoridades del Ministerio de Economía mantienen negociaciones con la UIA.

Las conversaciones técnicas entre la UIA y el Gobierno avanzaron desde febrero a pesar de los cruces públicos entre el presidente Javier Milei y el CEO de Techint, Paolo Rocca a quien el mandatario definió como “Don Chatarrín”. Es que más allá de la tensión política, el canal de diálogo entre Caputo y las autoridades industriales continuó abierto, con la gestión cotidiana a cargo del secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne. El último encuentro formal se realizó el 19 de mayo y pese a la expectativa por medidas para el sector, no hubo anuncios.

El contexto macroeconómico condiciona el margen de maniobra del Gobierno, ya que la restricción fiscal limita la posibilidad de implementar rebajas de impuestos o incentivos de alto costo. Por eso, empresarios y funcionarios buscan alternativas que no impliquen impacto fiscal directo, como la reasignación de liquidez bancaria y nuevos incentivos regulados por el BCRA.

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La preocupación por la caída del consumo se acentuó en los últimos meses, ya que el repunte de los sectores exportadores aún no se traduce en una mejora del mercado interno. Las propuestas que se discuten incluyen medidas para todas las ramas industriales que sufren la retracción de la actividad y el aumento de la desocupación. Los reciente datos del INDEC publicados muestran que el desempleo afecta con mayor fuerza a ciertos sectores, lo que refuerza la urgencia de medidas para reactivar la inversión y la producción.

El comportamiento del desempleo no resultó igual entre los sectores económicos en el primer trimestre del 2026. Según el Indec, el mayor salto se observó en la industria manufacturera, donde la proporción de desocupados que provenían de ese sector avanzó del 7,3% en el primer trimestre de 2025 al 13,3% en igual período de 2026. Esta cifra duplicó prácticamente el peso de la industria en la composición de la población sin trabajo y marcó un cambio significativo en la tendencia sectorial.

Caracterización de la población desocupada
Caracterización de la población desocupada

Desde hace tiempo en la Unión Industrial Argentina (UIA) alertan sobre la destrucción del empleo y exigen al ministro Caputo, por medidas que permitan “nivelar la cancha” ya sea en términos impositivos como de infraestructura. Luego del buen dato que registro el Indice de Producción Industrial Manufacturera en marzo con un crecimiento del 3,2% intermensual y 5% interanual, en abril volvió a números negativos con una variación intermensual del -2,1%y del 2,8% interanual. Y ya para mayo, en la UIA alertaron que no se encontró un piso para la caída del sector.

Frente a este escenario, Caputo no hace alusión explicita a los números negativos de la industria, pero si les dice a los empresarios argentinos que tienen que animarse a arriesgar y perder. “Argentina tiene un potencial enorme y nosotros tenemos que cambiar la cabeza y esas cosas que nos inculcaron de que proteger una industria que está bien porque hay gente que trabaja ahí, sin entender que hay 47 millones de argentinos que están subsidiando eso”, afirmó durante el Coloquio de Acceso a la Vivienda.

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