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ECONOMIA

Inflación y crecimiento, un debate recurrente

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El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión (Foto: Reuters)

En los últimos días, el debate económico volvió a centrarse en un eje clásico: si la inflación es compatible con el crecimiento o si lo destruye. Mientras el presidente Javier Milei sostiene que la inflación es siempre perjudicial, algunos economistas advierten que reducirla rápidamente puede frenar la actividad. La discusión, lejos de ser meramente ideológica, cuenta con décadas de desarrollo teórico y evidencia empírica.

El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión. La literatura económica internacional y los datos recientes en Argentina muestran que el vínculo entre inflación y crecimiento es complejo, no lineal y depende del contexto, los niveles alcanzados y las expectativas de los agentes económicos.

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La literatura especializada destaca que no existe una relación simple ni universal entre inflación y crecimiento. Estudios empíricos coinciden en que el vínculo es no lineal y depende de las particularidades de cada país. Algunas investigaciones concluyen que, a partir de ciertos umbrales, la inflación comienza a afectar negativamente el crecimiento. En países en desarrollo, se identifican “niveles críticos” por encima de los cuales el impacto sobre la actividad es claramente adverso.

El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión

En el corto plazo, la evidencia resulta aún más ambigua. Trabajos clásicos, como los de Sebastián Edwards, encuentran que en América Latina la relación entre expansión monetaria (y por ende inflación) y crecimiento puede ser positiva en algunos casos, pero inexistente en otros. No hay, por tanto, una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo.

Existen, incluso, situaciones puntuales donde la inflación muestra efectos positivos sobre el crecimiento en determinados períodos, lo que refuerza la idea de una relación altamente dependiente del contexto. La perspectiva heterodoxa, predominante en estos estudios, pone el foco en la “inercia inflacionaria”, es decir, la persistencia de la suba de precios aun cuando cambian las condiciones iniciales.

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No hay una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo (Foro: EFE)
No hay una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo (Foro: EFE)

No obstante, existe una explicación alternativa, sólida desde el punto de vista teórico, vinculada a los rezagos de la política monetaria. La persistencia de la inflación suele responder a la rigidez de contratos nominales (salarios, alquileres, tarifas, acuerdos comerciales) que se ajustan con demora, y a los retardos de la política monetaria, definidos por Milton Friedman como “prolongados e irregulares”.

Esto implica que los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar. Por eso, incluso cuando se corrigen las causas fiscales o monetarias, la dinámica inflacionaria puede persistir por los mecanismos de transmisión imperfectos.

Los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar

Un elemento clave adicional es la demanda de dinero. En contextos de estabilización, si los agentes reducen abruptamente su disposición a mantener saldos monetarios—por ejemplo, ante cambios de expectativas o pérdida de confianza—se genera un exceso de oferta de dinero respecto a su demanda, que rápidamente se canaliza hacia bienes, servicios o activos, presionando sobre los precios.

En términos simples, aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación.

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 aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación del dinero (Foto: Reuters)
aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación del dinero (Foto: Reuters)

Este punto es especialmente relevante en una economía bimonetaria como la argentina, donde la demanda de pesos y de dólares compite en la cartera de los agentes. Cuando crece la preferencia por dólares, disminuye la demanda de pesos. Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo “por el lado de la demanda”, elevando la velocidad de circulación y presionando sobre los precios en pesos, incluso sin expansión de la base monetaria.

Este mecanismo resulta útil para interpretar dinámicas recientes. La fuerte dolarización observada en septiembre y octubre de 2025, en un contexto de reacomodamiento de expectativas, probablemente redujo de manera significativa la demanda de pesos. Los rezagos de transmisión señalados por Friedman explican que parte de ese efecto se manifestara meses después, lo que contribuye a que la inflación se haya alcanzado 3,4% mensual en marzo de 2026.

Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo

A este fenómeno monetario se sumaron factores adicionales de carácter puntual pero relevantes: ajustes de tarifas públicas rezagadas; factores estacionales, como subas en alimentos -en particular, carne- y en educación; y un shock en los precios internacionales del petróleo.

En este punto, suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia, ante estos factores, sostiene la “multicausalidad”. Sin embargo, podría ser más preciso considerar que no se trata de causas independientes, sino de distorsiones que vuelven más prolongados e irregulares los rezagos de la política monetaria. No alteran necesariamente el origen último del fenómeno, pero sí su dinámica temporal y velocidad de convergencia.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia sostiene la “multicausalidad” (Imagen Ilustrativa Infobae)

El comportamiento reciente de la economía argentina confirma estos mecanismos. El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad y caída del consumo, con pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones en un contexto de aceleración transitoria de la inflación.

Más recientemente, se observan señales de cambio. El relajamiento de la política monetaria y la compra sostenida de dólares por parte del BCRA indican una reversión del proceso previo de sustitución de monedas: aumenta la demanda de pesos en detrimento de la de dólares, reduciendo presiones inflacionarias asociadas a la caída en la demanda de dinero.

El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad

A esto se suma la rebaja de encajes bancarios y la instauración del “corredor de pases” del BCRA, instrumento para ordenar las tasas de interés de corto plazo y facilitar su descenso. Este esquema favorece la recomposición del crédito y la liquidez.

De sostenerse estas condiciones, es esperable que, en los próximos meses, se observe una reversión gradual de la dinámica contractiva previa: recuperación de la actividad, mejora del consumo y recomposición del poder adquisitivo, mientras la inflación se desacelera hacia niveles internacionales en un plazo más breve de lo previsto inicialmente.

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En definitiva, el mismo mecanismo monetario que amplificó la desaceleración debería ahora operar en sentido inverso, acompañando una fase de recuperación.

En el largo plazo, la evidencia converge con mayor claridad. La mayoría de los estudios empíricos y la tradición monetarista -desde Milton Friedman hasta Thomas Sargent-sostienen que inflaciones altas y persistentes terminan deteriorando el crecimiento económico.

Las razones son conocidas: distorsión de precios relativos, menor inversión y horizonte de planificación, aumento de la incertidumbre y caída de la profundidad financiera. Adicionalmente, en contextos de alta inflación, la relación entre emisión y precios se torna más evidente.

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Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso (Foto: Reuters)
Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso (Foto: Reuters)

Modelos clásicos como los de Thomas Sargent y Neil Wallace vinculan directamente la inflación con el déficit fiscal persistente. Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso.

La evidencia no es concluyente respecto de cuál estrategia es superior. Los programas de “shock” pueden reducir la inflación rápidamente, pero suelen tener costos iniciales en la actividad. Los enfoques graduales tienden a suavizar esos costos, aunque prolongan el proceso.

En este contexto, la evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa económico y de la elección entre un enfoque gradual o una “terapia de shock”.

La evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa

Un ajuste gradual suele generar una recesión más extensa, con caída prolongada del salario real y menor inversión. Si el déficit no se corrige rápidamente, el financiamiento vía emisión se mantiene, alimentando la inflación y neutralizando el esfuerzo antiinflacionario.

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Paradójicamente, intentar bajar la inflación lentamente puede resultar contraproducente: si los agentes perciben inconsistencia, pueden anticiparse y provocar una aceleración mediante una corrida cambiaria. El riesgo central del gradualismo es no lograr coordinar un cambio brusco de expectativas, imprescindible para romper una dinámica inflacionaria alta. Sin ese quiebre, la inflación tiende a persistir y el programa puede fracasar o resultar más costoso.

El autor es Economista



Corporate Events,Society / Social Issues,South America / Central America

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Argentina hace todo bien pero el mundo no acompaña: en qué invertir y aguantar hasta que aclare

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El mundo tiene que despejar la incertidumbre que generó por la guerra comercial, el cierre del estrecho de Hormuz y el cambio de presidente en la Reserva Federal. Argentina va por la buena senda, pero somos parte de un contexto de alta incertidumbre que impide proyectar escenarios claros para los próximos meses.

Tres eventos globales que frenan a los mercados

El mundo está con tres eventos gigantes que traen preocupación a los mercados:

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  • El primero es el problema sin solución del estrecho de Hormuz. En la medida en que no se habilite dicho paso, el petróleo seguirá en niveles elevados, la suba de precios irá materializando una mayor inflación y esto traerá consigo un mayor estancamiento económico. Sin resolver este conflicto, es difícil que los mercados adopten un rumbo alcista
  • El segundo problema es la relación entre China y Estados Unidos. La cumbre entre los presidentes dejó como saldo un comercio administrado, pero de ninguna manera se resolvieron estructuralmente los conflictos entre ambas potencias; Taiwán quedó como un interrogante para el futuro de la región
  • En tercer lugar, el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, está siendo sometido a prueba por el mercado. Salieron a vender bonos del Tesoro americano y las tasas de retorno se volaron: el bono a 2 años rinde el 4,08% anual, a 10 años el 4,60% anual y a 30 años el 5,13% anual. La próxima reunión del comité abierto de la Reserva Federal será el 16 y 17 de junio; allí veremos las habilidades del nuevo presidente para que los miembros del comité se comiencen a alinear a sus ideas sobre la política monetaria a desarrollar en Estados Unidos

La evolución del comercio entre las dos principales potencias del mundo, la liberación del estrecho de Hormuz y una definición clara de la política monetaria en Estados Unidos son condiciones básicas para proyectar la evolución de los mercados a escala mundial.

Sin estas definiciones, es imposible proyectar un escenario para los próximos meses. Con estas incertidumbres de por medio, lo ideal es acopiar liquidez, bajar deuda y seguir apostando por empresas con buena salud financiera y un flujo de fondos libre de caja que sea interesante.

Argentina: tierra de oportunidades para invertir

En Argentina, la tasa de interés de plazo fijo es negativa contra la inflación proyectada a 12 meses, que se ubica en torno al 26% anual. La tasa de financiamiento para empresas en pesos también es negativa contra la inflación, ya sea por ofertar tasas competitivas para determinados productos o bien por tomar financiamiento a tasas del 40% anual. Si a esta última le descontamos la tasa del impuesto a las ganancias, nos queda en el 26% anual, una tasa similar a la inflación.

Con tasas negativas frente a la inflación, se hace atractivo acopiar instrumentos financieros en dólares, como los archiconocidos bonos AO27, AO28 y AN29.

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Argentina ha recibido las visitas de las tres calificadoras más importantes del mercado: Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s. La primera mejoró la calificación de Argentina a B menos, mientras que las otras dos podrían mejorarla en las próximas semanas. Si dos de las tres empresas nos suben la nota, podrían ingresar muchos fondos para invertir en activos de riesgo argentino, lo que generaría una baja importante del riesgo país.

Argentina en el año 2025 vivió un escenario disruptivo para la historia del país: en medio de las elecciones legislativas, los agentes económicos compraron dólares pero los dejaron en los bancos, algo que nunca había ocurrido antes.

Hoy tenemos u$s41.800 millones en depósitos y u$s22.300 millones en préstamos al sector privado, con una brecha de u$s19.500 millones ociosos en las entidades financieras argentinas; nunca vivimos un escenario parecido. Por otro lado, en el año 2025 las elecciones legislativas, sumadas a la alta volatilidad del mercado, no impidieron que el gobierno tuviera superávit fiscal. Las calificadoras pondrán mucho énfasis en estos dos aspectos salientes de la vida económica de los argentinos.

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Lo que viene, lo que viene

Sin una mejora del escenario internacional, es difícil que Argentina sea una fiesta. La mayoría de los presidentes del mundo han tenido una pérdida de imagen con la crisis internacional. Será difícil domar la inflación y retomar fuertemente la actividad económica con un petróleo en torno a los u$s100 el barril.

Este año, Argentina va a tener una exportación récord por u$s100.000 millones. Si proyectamos para todo el año 2026 los dólares que lleva comprados el Banco Central, podríamos decir que lograría adquirir un total de u$s20.000 millones. Las reservas ya superan los u$s46.000 millones y cubrimos sin problemas los vencimientos del año 2026.

Para el año 2027, los vencimientos de amortización de deuda en dólares podrían ubicarse en torno a los u$s13.000 millones si renovamos los repos, las deudas con el FMI más organismos financieros internacionales y la deuda del Tesoro. Tenemos todo el segundo semestre para conseguir ese dinero y entrar al año 2027 sin preocupaciones. Los intereses de la deuda se pagan con los ingresos fiscales, ya que Argentina no tiene déficit presupuestario.

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En conclusión, Argentina tiene un gran escenario por delante si el mundo acompaña con un comercio internacional menos trabado, con un petróleo descendiendo y, por último, con una tasa de retorno de los bonos del Tesoro americano a la baja.

Nuestro país está haciendo los deberes; no se puede tapar el sol con las manos y soslayar los problemas importados del mundo exterior. Hay que desensillar hasta que aclare el escenario internacional, acopiar liquidez, cancelar deuda y esperar que el mundo sea un poco más predecible.

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ECONOMIA

Cuánto tienen que aumentar los sectores de la industria y la construcción para recuperar el nivel que dejó el gobierno anterior

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¿Cuánto debe crecer la actividad para superar el nivel de noviembre de 2023? Y ¿Cuánto tienen que crecer los sectores para llegar a los máximos que en muchos casos registraron hasta 10 años antes? (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tanto la producción fabril como la actividad de la construcción registraron al cierre del primer trimestre un repunte generalizado respecto al año anterior. En este contexto surgen dos preguntas: ¿Cuánto debe crecer la actividad para superar el nivel de noviembre de 2023? Y ¿Cuánto tienen que crecer los sectores para llegar a los máximos que en muchos casos registraron hasta 10 años antes?

La industria y la construcción representan, en conjunto, el 19,3% del PBI nacional -15,3% lo aporta la industria y 4% la construcción- y el 18,1% del empleo total (13,7% del empleo asalariado en blanco y 18,1% del empleo no registrado). Además, su incidencia se incrementa al 25,6% en los puestos independientes (monotributistas, autónomos y trabajadores informales).

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A pesar de esta relevancia, algunos economistas destacan que los sectores que se muestran más dinámicos, como Agro, Energía y Combustibles y extracción de minerales -que impulsan el PBI y las exportaciones- apenas aportan 13,3% a la generación de riqueza y 8% del total de los puestos de trabajo.

Los datos más recientes del Indec, correspondientes a marzo de 2026, mostraron aumentos en comparación con el mismo mes del año anterior: 5% en el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPIM) y 12,7% en el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC). El IPIM desestacionalizado, que permite comparar de forma homogénea la evolución mensual, reflejó una variación positiva de 3,2% respecto de febrero, reduciendo así la caída acumulada en el primer trimestre de 2026 a 2,3% frente al mismo lapso de 2025.

Imagen combinada con una planta industrial activa y obra en construcción arriba; abajo, trabajadores de manufactura y obreros de construcción en sus labores.
El IPIM desestacionalizado, que permite comparar de forma homogénea la evolución mensual, reflejó una variación positiva de 3,2% respecto de febrero (Imagen Ilustrativa Infobae)

En marzo, el Indec registró subas interanuales en 10 de las 16 divisiones de la industria manufacturera.

Según su incidencia en el nivel general, las variaciones fueron: alimentos y bebidas, 7,9%; sustancias y productos químicos, 15,9%; madera, papel, edición e impresión, 12,8%; refinación del petróleo, coque y combustible nuclear, 13,5%; vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes, 7,6%; productos de metal, 9,2%; productos minerales no metálicos, 6,9%; productos del tabaco, 28,2%; muebles y colchones y otras industrias manufactureras, 3,1%; y otro equipo de transporte, 4 por ciento.

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La industria y la construcción representan, en conjunto, el 19,3% del PBI nacional -15,3% lo aporta la industria y 4% la construcción- y el 18,1% del empleo total

En contraste, disminuyeron industrias metálicas básicas, 10,1%; maquinaria y equipo, 11,3%; productos textiles, 23,3%; prendas de vestir, cuero y calzado, 8,9%; productos de caucho y plástico, 2,4%; y otros equipos, aparatos e instrumentos, 0,5 por ciento.

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El ISAC muestra en su serie desestacionalizada una variación positiva de 4,7% respecto del mes anterior, con un incremento acumulado en el primer trimestre de 3,9% frente al mismo período de 2025.

En marzo de 2026, el consumo aparente de insumos para la construcción mostró, sobre igual mes del año anterior, subas en artículos sanitarios de cerámica, 24%; pinturas para construcción, 18%; hierro redondo y aceros, 16,2%; ladrillos huecos, 14,6%; el resto de los insumos (grifería, tubos de acero sin costura y vidrio), 13,7%; hormigón elaborado, 12,8%; cemento portland, 11,6%; asfalto, 10,3%; pisos y revestimientos cerámicos, 8,7%; placas de yeso, 7,9%; cales, 6,5%; mosaicos graníticos y calcáreos, 5,8%. Se registró una baja de 4,6% en yeso.

El ISAC muestra en su serie desestacionalizada una variación positiva de 4,7% respecto del mes anterior, con un incremento acumulado en el primer trimestre de 3,9 por ciento

El índice general de la actividad industrial, en términos desestacionalizados, fue en marzo 3,2% menor al registrado en el último mes completo de la presidencia de Alberto Fernández.

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Siete de los 16 sectores de la industria -43,8% del total- superaron el nivel de entonces: alimentos y bebidas, 9,1%; productos del tabaco, 18,4%; madera, papel e impresiones, 1,1$; refinación de combustibles, 8,8%; sustancias y productos químicos, 5,5%; otros equipos de transporte, 5,9%; y muebles, colchones y otros, 3,4 por ciento.

Los restantes nueve sectores, 56,2% del total, se mantuvieron por debajo del nivel de noviembre de 2023: productos textiles, 34,6%; prendas de vestir, cuero y calzado, 8,9%; productos de caucho y plástico, 22,8%; productos minerales no metálicos, 19,2%; industrias metálicas básicas, 17%; productos de metal, 16,6%; maquinaria y equipo, 15,2%; otros equipos, aparatos e instrumentos de precisión, 8,8%; y automotores, carrocerías y autopartes, 16,2 por ciento.

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Para que el índice general de la actividad manufacturera supere el nivel que dejó el gobierno anterior, debe aumentar 3,3%. Este objetivo luce cercano considerando estimaciones preliminares para abril, que anticipan la continuidad de la mejora de la actividad agregada según datos del Ministerio de Economía y consultoras.

Para que el índice general de la actividad manufacturera supere el nivel que dejó el gobierno anterior, debe aumentar 3,3 por ciento

La brecha es considerable en los sectores rezagados: indumentaria; otros equipos y aparatos de precisión; maquinaria y equipo, 18%; automotores, carrocería y autopartes, 19%; productos de metal y metálica básica, 20%; minerales no metálicos, 24%; productos de caucho y plástico, 30%; y el sector que más debe recuperar, los fabricantes de productos textiles, 53 por ciento.

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En la construcción, el nivel de actividad alcanzado en marzo fue 18,9% inferior al de noviembre de 2023. Por lo tanto, debe crecer poco más de 23% para igualar el índice heredado del gobierno anterior.

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Una vez alcanzado el nivel de noviembre de 2023 en los grandes agregados industriales y de la construcción, el reto para el equipo económico que conduce Luis Caputo será que la política de estabilización de precios, orden macroeconómico y apertura comercial, lleven a que todos los sectores de actividad superen los máximos históricos de la última década.

En la construcción, el nivel de actividad alcanzado en marzo fue 18,9% inferior al de noviembre de 2023. Por lo tanto, debe crecer poco más de 23% para igualar el índice heredado

En el índice general del IPIM, el mayor registro corresponde a noviembre de 2017, y en nueve de los 16 sectores, los picos se anotaron entre ocho y diez años atrás.

Apertura sesiones ordinarias Congreso - Javier Milei - Recinto
Bajo la presidencia de Javier Milei alcanzaron máximos históricos la producción de alimentos y bebidas y la refinación de combustibles (Foto: AP)

Las únicas marcas históricas anotadas durante el gobierno de Alberto Fernández se dieron en la elaboración de sustancias y productos químicos, productos minerales no metálicos, maquinaria y equipo, y automotores, carrocerías y autopartes.

En tanto, bajo la presidencia de Javier Milei alcanzaron máximos históricos los rubros de alimentos y bebidas y la refinación de combustibles, los cuales respondieron a la apertura de la economía, las desregulaciones y baja de impuestos y el incentivo fiscal a las grandes inversiones.

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La recuperación de los índices de actividad en la industria y en la construcción que se habían registrado en el último cuatrimestre de 2023 permitiría crear 366.000 empleos

En la construcción, el máximo se registró durante el gobierno de Mauricio Macri (diciembre de 2017), con un índice 39,4% superior al de marzo de este año.

La recuperación de los índices de actividad en la industria y en la construcción que se habían registrado en el último cuatrimestre de 2023, junto con el mantenimiento de la dotación total de puestos de trabajo de ese período -ajustada por el crecimiento de la población-, permitiría crear 366.000 empleos: 286.000 en la actividad manufacturera y 80.000 en la construcción.

En ese caso, la productividad laboral promedio en la industria se mantendría; y en la construcción recuperaría el nivel previo.

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Giro en la batalla contra la inflación: consultora detectó deflación en la última medición de mayo

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Después de la inflación del 2,6% en abril -que incluyó el dato de una suba promedio de sólo el 1,5% en el rubro «Alimentos»-, el escenario podría ser todavía mejor para este mes de mayo.

Así lo detectó una consultora líder en el monitoreo de los precios en las góndolas de los autoservicios y en las cadenas de supermercados.

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Puntualmente, la consultora LCG, liderada por el economista Javier Okseniuk, reveló una cifra que pocos esperaban: una deflación promedio del 0,8% en la canasta de alimentos y bebidas durante la segunda semana de mayo de 2026.

La baja en los precios de los alimentos prosiguió a una primera semana del mes donde los precios quedaron sin aumentos respecto de la última semana de abril.

El quiebre que nadie anticipaba en la dinámica de precios

Este resultado marca un quiebre significativo respecto a la dinámica inflacionaria.

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Según el reporte de LCG, el motor principal detrás de este retroceso en los precios fue el comportamiento de dos rubros extremadamente sensibles para la mesa de los argentinos: las verduras y las carnes.

En el caso de las verduras, se midió una caída semanal del 5,3%, mientras que las carnes retrocedieron un 2,0%.

En términos de incidencia directa sobre el índice, estos dos sectores fueron los que más «empujaron» el indicador hacia terreno negativo, con aportes del -0,43% y -0,62% respectivamente, logrando compensar con creces las subas registradas en otros rubros.

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El informe de LCG detalla que, a pesar de la baja general, categorías como «azúcar, miel, dulces y cacao» subieron un 2,7% durante la última semana, seguida por las «bebidas e infusiones para consumir en el hogar», que treparon un 1,1%.

La tensión entre frescos y procesados que define el panorama mensual

Para entender la magnitud de este «giro inesperado», es necesario poner la lupa sobre el comportamiento acumulado.

El promedio de las últimas cuatro semanas, la perspectiva todavía muestra desafíos: la inflación promedio en alimentos se sitúa en un 2,7%. Este número mensual está fuertemente traccionado por los «productos lácteos», que acumularon un alza del 8,5%, explicando por sí solos el 40% de la inflación promedio del último mes.

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Lo que el equipo de Okseniuk ha detectado es una señal potente: aunque la inercia de productos procesados como los lácteos sigue siendo alta, la fuerte caída en los frescos ha logrado quebrar la tendencia alcista en la medición semanal.

Incluso en el promedio mensual, las frutas ya muestran un signo negativo del -1,4%, lo que refuerza la idea de que ciertos sectores están empezando a ajustar a la baja.

Esta medición de LCG se convierte en un dato clave para el análisis macroeconómico. ¿Estamos ante un alivio temporal o es el inicio de una desaceleración más profunda? Por ahora, el dato del -0,8% semanal es una realidad que redefine la discusión sobre la velocidad de los precios en este mes de mayo.

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