POLITICA
El Gobierno vuelve a reunir a la mesa política con el foco en superar el caso Adorni y definir una batería de anuncios

El Gobierno prepara para miércoles o jueves una nueva reunión de mesa política que buscará definir las prioridades legislativas de las próximas semanas y acompañarla con anuncios de gestión de alto impacto.
En el Ejecutivo reconocen que la intención es retomar la iniciativa con medidas que vuelvan a poner en el centro de la escena la agenda oficial, en momentos en que el avance de las causas que involucran a Manuel Adorni siguen condicionando la conversación pública.
La discusión interna pasa, sobre todo, por cómo comunicar ese paquete. Adorni y Santiago Caputo volvieron a coordinar este viernes la estrategia y se reunieron ayer en la Casa Rosada para ordenar las medidas en carpeta.
En Balcarce 50 admiten que no descartan una conferencia de prensa esta semana, aunque aclaran que la decisión todavía depende del jefe de gabinete y del clima político que deje el fin de semana.
Puertas adentro, los avances judiciales sobre el ministro coordinador siguen marcando el pulso de la gestión. En su entorno reconocen que el funcionario continúa “golpeado” y que sus equipos atraviesan días de fuerte tensión, mientras monitorean si el escándalo pierde intensidad.
“Bajó un poco la espuma el viernes”, resumen en despachos oficiales, donde también dejan abierta la posibilidad de convocar a una reunión de gabinete para mostrar orden interno y respaldo político.
La principal apuesta inmediata de Nación es el envío al Congreso de la reforma política y electoral. El oficialismo busca que el proyecto genere discusión pública y vuelva a abrir el debate sobre el sistema de representación.
Entre los puntos bajo análisis aparece la incorporación de circunscripciones uninominales para elegir diputados, una idea que ya había sido incluida por el Poder Ejecutivo en el proyecto de Ley Bases girado al Congreso en 2023, junto con la eliminación de las PASO y cambios en el financiamiento partidario.
La mesa política deberá resolver además cómo escalonar el resto de los expedientes. El Gobierno venían ubicando hasta ahora como prioridades a la Ley Hojarasca, el Tratado de Cooperación en Materia de Patentes y el paquete de propiedad privada, mientras que una nueva Ley de Salud Mental no figuraba entre las urgencias inmediatas.
Entre las medidas que el Ejecutivo quiere activar también aparece el decreto para destinar el 10% de los ingresos provenientes de las privatizaciones al reequipamiento de las Fuerzas Armadas. Javier Milei habló de la decisión el 2 de abril, durante el acto por Malvinas, al sostener que esos fondos se usarán para “la compra de armamento y bienes de capital” del sistema de defensa.
Leé también: Milei enviará al Congreso un proyecto para cerrar un litigio por el default del 2001
La estrategia oficial apunta a que esa agenda reabra frentes de discusión con la oposición, los gobernadores y los gremios, pero con una lógica distinta a la de las últimas semanas: correr el foco del frente judicial y volver a disputar la centralidad con iniciativas propias.
En la Casa Rosada creen que una reforma política, sumada a decretos y proyectos con alto voltaje político, puede ordenar a la tropa y recuperar margen en el debate público.
El cierre de esa hoja de ruta quedará atado a la reunión de mesa política que buscan concretar entre miércoles y jueves.
En varios despachos oficiales buscan llegar con una medida de impacto, como el envío de la reforma del Código Penal al Congreso. El juez Mariano Borinsky estuvo además en Balcarce 50 este viernes en medio de las versiones que indican que el oficialismo planea retomar las negociaciones por la Corte Suprema. Por el momento, descartan oficialmente anuncios de esa índole.
Gobierno, anuncios
POLITICA
Tres gobernadores elogiaron el rumbo económico, pero pidieron cambios impositivos y obras públicas

Cómo sobrevivir y crecer en medio de las severas restricciones fiscales que impone la Casa Rosada. Fue ese uno de los puntos centrales del debate que los gobernadores Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Alberto Weretilneck (Río Negro) sostuvieron en el contexto de la jornada organizada por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (Amcham).
Durante más de media hora de debate, coordinado por la periodista Sofía Terrile, los gobernadores mostraron coincidencias y apoyo al rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Pero hicieron suyas críticas hacia la falta de obras públicas financiadas por Nación, y pidieron un nuevo pacto fiscal, con baja o eliminación de impuestos productivos. También se oyeron, fuera del salón principal, críticas de Weretilneck al freno al consumo y el torniquete fiscal a las provincias.
“Necesitamos un gobierno nacional al que le vaya bien, y hoy la política se divide entre quienes queremos eso y quienes ponen palos en la rueda”, dijo Frigerio, de Pro. “No hay que cambiar el rumbo nacional de la macro”, coincidió el radical Cornejo, aunque pidió “una reforma fiscal más profunda” y una “mejor ley de coparticipación”. “El país productivo es el de las provincias. Comparto la propuesta de la agenda legislativa del Gobierno, la ley de Glaciares y bosques, es un buen camino”, dijo Weretilneck, quizá el más crítico de los tres mandatarios.
El inicio de las exposiciones se centró en la inserción internacional de cada una de las provincias. Weretilneck habló de la “decisión” de adherir al RIGI impulsado por la Casa Rosada, con un gran monto de inversiones, unos USS 18.000 millones. Habló de “previsibilidad económica”, la necesidad de que los acuerdos con Nación “se mantengan en el tiempo”. Cornejo, algo “nervioso” por el formato, similar al de los debates electorales, con atril incluido, prefirió centrarse en que “Mendoza ha hecho su tarea en el Estado, ha reducido sustantivamente la planta pública, y un gasto público “controlado y en descenso”, y siendo “la única provincia que no entró en default”. Frigerio destacó el “acuerdo Mercosur-Unión Europea y la alianza con Estados Unidos”, y pidió “eficientizar” el desarrollo de la provincia, con “alivios fiscales” internos y externos, y aprovechar la coyuntura favorable para “aprovechar las nuevas condiciones”.
Ya ingresando en las condiciones económicas de cada provincia, Weretilneck afirmó que “asistimos a una incipiente competencia entre las provincias para asegurar fuentes de empleo, y competir hacia el futuro”. Destacó las exenciones y beneficios impositivos para empresas y particulares. “Mendoza está muy enfocada en ampliar su matriz productiva”, sostuvo Cornejo, habló de “reconvertir áreas”, y se entusiasmó con la lengua norte de Vaca Muerta y la minería, en especial de cobre y potasio, en el turismo y la ganadería. Frigerio dijo que “Entre Ríos tiene el norte de generar empleo en el sector privado”, y polos como el de la economía del conocimiento.
En tren de destacar como se trabaja en medio de las restricciones fiscales que impone Nación, Weretilneck detalló que los proyectos de inversión que “tiene una ley específica” que da seguridad jurídica a las inversiones. “De nada vale una buena administración provincial sin estabilidad macro, y la verdad es que el Gobierno está trabajando bien y muy fuerte para esa estabilidad macro”, elogió el gobernador mendocino, en guiño a la Casa Rosada. “Estamos construyendo confianza en estos dos años”, terció Frigerio y afirmó que “hacemos lo que podemos en relación al crédito”, dejando en claro que es uno de los puntos complicados de la actual coyuntura.
¿Habrá un nuevo pacto fiscal para bajar impuestos? Allí hubo disenso. “No la veo en términos reales, cada uno está buscando sus propias inversiones, sí veo acuerdos regionales”, dijo Weretilneck. “Es imperativo un nuevo acuerdo fiscal federal”, dijo Frigerio, y pidió “eliminar el impuesto al cheque”, antes de recoger aplausos. “Ratifico en un cien por ciento”, bromeó Cornejo, y pidió “eliminar muchos impuestos distorsivos”.
Weretilneck pidió poner en agenda “las obras de infraestructura esenciales para el crecimiento”. Cornejo dijo que “no es fácil lograr el equilibrio entre las provincias”, y pidió combatir el “chauvinismo” de la oposición en distintas provincias. “Formosa no tiene hoy incentivos para desarrollar el sector privado”, dijo el gobernador de Mendoza, en referencia al amplio sector público que tiene la provincia gobernada por el peronista Gildo Insfrán desde 1995. Frigerio también pidió inversiones en infraestructura en rutas, puertos, hospitales, escuelas “de manera coordinada” con Nación, “no importa quien pone la plata”.
El primero en llegar, antes de las 9, fue el gobernador rionegrino, quien anticipó a los periodistas que lo aguardaban una visión crítica de la coyuntura, un día después de estar durante largo rato junto al ministro del Interior, Diego Santilli, en su despacho de Casa Rosada. “Hace falta reactivar el consumo, y lo conversamos con Diego que es un gran interlocutor”, dijo Weretilneck en diálogo con la prensa. También reconoció que “la caída del consumo” y afirmó que en la distribución de fondos “las provincias somos los más perjudicados”.
El contexto del vínculo entre la Casa Rosada y los gobernadores no es el mejor, aun en los casos de los mandatarios más cercanos al Gobierno. Según un informe del Iaraf, publicado por , entre enero de 2024 y febrero pasado, dejaron de percibir por la caída de las transferencias nacionales el equivalente a US$18.000 millones.
De todos modos, la relación con Cornejo y Frigerio, con quienes el Gobierno acuerdo electoral provincial el año pasado, es relativamente mejor que el de Weretilneck. “Dentro de la escasez que hay, lo están cuidando como aliado”, dicen cerca del gobernador entrerriano, y dan como ejemplo la cesión de anticipos financieros, y aval para obras públicas como las rutas provinciales. También hay buen diálogo con Cornejo, que partió raudo hacia Chile, donde participará esta noche de una cena del Centro de Estudios de Cobre, con la presencia del presidente José Antonio Kast.
restricciones fiscales,publicado,Jaime Rosemberg,Javier Milei,Conforme a,,El gobierno de Kicillof convoca a intendentes para reclamarle a Caputo por el precio del combustible,,Cena de la Fundación Pensar. Macri advirtió que la Argentina “ya tuvo demasiado tiempo de improvisaciones”,,La pregunta clave. ¿Milei se consolida o se debilita?,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei y sus medidas, en vivo: se conoce la inflación de marzo y Adorni se prepara para asistir al Congreso,,Nueva proyección. El FMI recortó en medio punto la previsión de crecimiento de la Argentina para este año,,“El momento es ahora”. El embajador de Estados Unidos pidió a los empresarios que inviertan en el país
POLITICA
Selección de jueces: la propuesta de la Corte Suprema, un paso en la dirección correcta

La reforma constitucional de 1994 fue, entre otras cosas, un proyecto de desconcentración del poder. Quienes la diseñaron entendían que el hiperpresidencialismo argentino era una patología estructural, no un accidente de personas. El problema no era quién ocupaba la presidencia, sino cuánto poder concentraba quien la ocupara. Y propusieron una arquitectura institucional que lo corrigiera: frenos y contrapesos entre poderes, nuevos órganos de control independientes, tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, mecanismos de democracia semidirecta, mayor acceso a la justicia para ciudadanos y organizaciones. La idea central era que la justicia controlara a la política, que el mérito fuera un límite real a la discrecionalidad del poder, que los ciudadanos tuvieran herramientas concretas para exigir rendición de cuentas.
Dentro de ese diseño, el Consejo de la Magistratura ocupaba un lugar estratégico. Su función no era meramente administrativa: era la pieza que debía resolver uno de los problemas más difíciles del constitucionalismo contemporáneo, que es cómo seleccionar jueces que sean a la vez técnicamente excelentes y democráticamente legítimos. Jueces que fallen bien porque saben derecho, y que fallen con autoridad porque fueron seleccionados de manera que la sociedad puede reconocer como justa.
El diseño era optimista. Tomaba en serio las dos grandes tradiciones de selección judicial que el mundo desarrolló a lo largo del siglo XX. La tradición estadounidense confía en el proceso político: el presidente nomina, el Senado delibera públicamente y confirma, y la legitimidad del juez viene de haber sobrevivido ese escrutinio representativo. La tradición europea continental confía en el proceso técnico: concursos públicos, exámenes anónimos, evaluación de antecedentes por corporaciones de pares, carrera judicial con ascensos meritocráticos. La política da legitimidad democrática; las corporaciones profesionales garantizan la excelencia técnica.
El Consejo de la Magistratura argentino fue diseñado como una síntesis de ambas tradiciones. El proceso técnico -exámenes, evaluación de antecedentes, jurados de especialistas- filtraría a los candidatos más capaces y produciría una terna de los mejores. El proceso político -el Poder Ejecutivo eligiendo de esa terna, el Senado confirmando- les daría legitimidad democrática. La apuesta central era que el mérito disciplinara a la política: que le pusiera un límite objetivo y verificable a la discrecionalidad de las designaciones.
Pero esa apuesta descansaba sobre un supuesto que no llegó a verificarse del todo: que las corporaciones profesionales (los jueces como cuerpo, los abogados organizados en colegios, los académicos reunidos en universidades y asociaciones) producirían y sostendrían estándares colectivos de excelencia técnica suficientemente robustos y autónomos como para resistir la presión de la política partidaria. Que habría, en otras palabras, un mundo jurídico capaz de decirle a la política: hasta aquí, este candidato no pasa porque no sabe derecho o porque no tiene integridad, y eso no es negociable.
Lo que ocurrió fue lo inverso. Sin una práctica jurídica colectiva que sostuviera ese estándar desde adentro, la política no encontró un límite en el proceso técnico. Encontró un nuevo terreno para colonizar. Los partidos aprendieron que ya no alcanzaba con controlar al Poder Ejecutivo o al Senado: había que controlar también quiénes integran los jurados de los concursos, quiénes representan a la academia en el Consejo, quiénes conducen los colegios de abogados, cómo se alinean las asociaciones de magistrados. Las instituciones universitarias, los colegios profesionales, las asociaciones de jueces (todos los espacios que debían producir independencia técnica) se fueron convirtiendo, gradualmente, en extensiones de la disputa partidaria. El proceso técnico no disciplinó a la política. La política convirtió ese proceso en una arena más de sus propias disputas.
La Acordada 4/2026, aprobada por la Corte Suprema el 25 de marzo y remitida al Consejo de la Magistratura para su consideración, debe leerse en este contexto. No es simplemente una mejora de procedimientos técnicos, es un intento de la Corte de recuperar la lógica original de la Constitución del 94: que el proceso técnico vuelva a disciplinar a la política, que el mérito sea nuevamente un límite real a la discrecionalidad partidaria.
Y en esa lectura, los avances concretos que propone adquieren un sentido más preciso. El anonimato en los exámenes escritos, garantizado por medios informáticos con separación estricta entre quienes elaboran las consignas y quienes las corrigen, y con códigos alfanuméricos que impiden identificar al autor hasta que toda la corrección está terminada, apunta directamente a cerrar los espacios donde la captura puede operar. La limitación de la entrevista personal a veinte puntos sobre un total de doscientos es quizás el cambio más significativo: durante años esa instancia fue el lugar donde las influencias que el concursante no podía prever ni rebatir encontraban su expresión más efectiva, donde un orden de mérito construido con esfuerzo técnico podía ser invertido con relativa facilidad. Tasarla, limitarla y distribuirla en criterios explícitos y fundados reduce drásticamente ese margen. La tabulación rigurosa de los antecedentes (con escalas precisas por tipo de cargo, antigüedad y especialidad) busca reemplazar la discrecionalidad del evaluador por criterios objetivos y verificables. Todo el diseño apunta en la misma dirección: achicar los espacios donde la captura política necesita operar para funcionar.
Es, en ese sentido, un gesto institucional que merece una bienvenida genuina. La Corte está intentando tomarse en serio, treinta años después, el mandato que la Constitución del 94 le encomendó al sistema de selección judicial. Y lo hace con una propuesta técnicamente elaborada que reconoce los problemas reales que el sistema acumuló.
Un gesto importante y necesario, pero no suficiente por sí solo, porque el problema de fondo (la ausencia de una práctica jurídica colectiva que sostenga el estándar técnico desde adentro) no se resuelve con un reglamento, por bien diseñado que esté.
Un sistema de concursos funciona bien cuando puede medir a los candidatos contra un estándar que las propias profesiones jurídicas producen y sostienen colectivamente. Ese estándar emerge de la práctica acumulada de jueces que razonan y deciden bien, de abogados que litigan con rigor técnico e integridad ética ante sus clientes, de académicos que investigan con profundidad empírica y valorativa, de profesores que forman juristas con herramientas reales de pensamiento. Cuando esa práctica colectiva es robusta, el concurso puede medirla. Cuando es fragmentaria, el concurso mide indicadores sustitutos (antigüedad, certificados de cursos, artículos publicados, causas documentadas) y los candidatos aprenden a optimizar esos indicadores en lugar de mejorar la práctica.
En los sistemas jurídicos que funcionan bien, ese estándar colectivo tiene dos anclas institucionales principales: la jurisprudencia y la doctrina. La jurisprudencia es el conjunto de criterios que los jueces construyen acumulativamente, leyéndose entre sí y respetando sus decisiones previas como puntos de partida obligados para razonar. No como camisa de fuerza, sino como piso compartido que hace predecible el derecho y obliga a justificar los apartamientos. La doctrina es la producción académica que sistematiza esa jurisprudencia, la critica cuando se equivoca, propone soluciones a los casos que todavía no fueron resueltos, y proyecta el derecho hacia el futuro. Las dos anclas se retroalimentan y producen, con el tiempo, una práctica colectiva reconocible que cualquier profesional competente puede identificar y que el concurso puede medir.
En la Argentina, ambas anclas son débiles. Los jueces no se leen entre sí con la convicción de que los precedentes tienen peso obligatorio: con demasiada frecuencia cada tribunal tiende a empezar desde cero, como si la jurisprudencia acumulada fuera una referencia optativa y no un piso compartido que legitima y estabiliza el sistema. Y la academia jurídica no produce el contrapeso necesario: fragmentada en tradiciones que no dialogan entre sí, sin una comunidad que delibere colectivamente y construya certezas compartidas sobre los grandes problemas del derecho, y sostenida en gran medida por docentes que ejercen la profesión o la judicatura como actividad principal y la enseñanza como actividad secundaria, no está en condiciones de generar el pensamiento jurídico homogéneo que oriente la práctica ni de formar sistemáticamente las destrezas analíticas y argumentativas que un sistema judicial exigente requiere. El resultado es un ecosistema jurídico donde demasiados actores improvisan sus propios criterios, donde el derecho es menos predecible de lo que debería ser, y donde el concurso no tiene, en demasiados casos, contra qué medir con precisión.
Este diagnóstico tiene una consecuencia directa sobre cómo pensar el problema de los evaluadores, que el reglamento propuesto no termina de resolver. El sistema actual recluta a los miembros de los comités de examen y los jurados evaluadores principalmente entre docentes de facultades de derecho, que en su gran mayoría son abogados o jueces en ejercicio que enseñan como actividad secundaria. Dicho de otro modo: quienes evalúan a los candidatos tienen exactamente el mismo problema estructural que los candidatos, no tienen dedicación exclusiva a la tarea de evaluar, no acumulan institucionalmente los criterios que van desarrollando, no mejoran sistemáticamente sus instrumentos de medición, y no están organizados para producir una práctica homogénea y progresivamente más sofisticada sobre qué significa ser un buen juez en la democracia constitucional argentina. La evaluación reproduce el déficit que pretende medir.
Una agenda de profundización debería incluir la creación de un cuerpo profesional de evaluadores dedicado exclusivamente a desarrollar y perfeccionar los instrumentos de selección: los exámenes, los estándares de corrección, entrevista, los parámetros de evaluación de antecedentes. Un cuerpo que acumule experiencia y aprenda de cada concurso, que construya con el tiempo una práctica cada vez más precisa sobre qué conocimientos, qué destrezas y qué disposiciones éticas definen al mejor juez posible para una democracia constitucional como la que el 94 imaginó. Que responda a las demandas que le plantean los consejeros del Consejo de la Magistratura pero también a otras fuentes de evaluación externa de la performance del sistema judicial. Así como la Constitución del 94 creó el Consejo para profesionalizar la selección de jueces, la siguiente etapa lógica es profesionalizar a quienes dentro del Consejo hacen esa selección.
Hay, además, un riesgo específico en el sistema de calificación de antecedentes que el reglamento propone, que vale la pena nombrar para que el Consejo lo considere. Al asignar puntaje por cursos de capacitación, publicaciones en revistas jurídicas homologadas y causas documentadas en la especialidad, el sistema puede generar incentivos que desvíen a cada tipo de profesional de su función propia y socialmente valiosa.
El funcionario judicial (el secretario de juzgado, el fiscal adjunto, el defensor oficial) que quiere maximizar su posición en un futuro concurso aprende que su tiempo libre tiene un rendimiento diferencial: trabajar mejor un expediente difícil no le suma ningún punto; escribir un artículo para una revista homologada, sí. Ser un funcionario ejemplar en el despacho cotidiano no genera puntaje directo; acumular certificados del programa de formación judicial, sí. El sistema no premia al mejor judicial: premia al judicial que mejor construye su perfil concursal. Y esas dos cosas no son lo mismo.
El abogado en ejercicio enfrenta una distorsión análoga. El que optimiza para el concurso no es necesariamente el que litiga mejor o el que actúa con mayor integridad ética frente a sus clientes. Y el académico no escapa a la misma lógica. El que quiere posicionarse bien en un concurso descubre que publicar varios artículos cortos en revistas de la lista le conviene más que escribir el libro riguroso y empíricamente fundado que lleva años. El profesor que invierte tiempo en pensar cómo enseñar mejor razonamiento jurídico no obtiene por eso ningún punto adicional.
Lo que subyace a estos tres casos es un problema más profundo que el diseño de cualquier escala de puntaje: el sistema mide indicadores observables del mérito en lugar del mérito real, y los candidatos racionales aprenden a producir los indicadores. El resultado paradójico es que un sistema diseñado para seleccionar a los mejores termina distrayendo a todos de hacer aquello que los haría mejores y que haría mejor al Poder Judicial y a la sociedad que depende de él.
Resolver esto requiere algo más que un nuevo reglamento. Requiere que las corporaciones jurídicas, las facultades de derecho, los colegios profesionales, las asociaciones de magistrados, las escuelas judiciales construyan y sostengan estándares colectivos de excelencia que el sistema pueda reconocer y medir. Es una tarea de largo aliento que no se decreta ni se reglamenta: se construye, lentamente, a través de los acuerdos que las profesiones jurídicas van alcanzando sobre qué significa hacer bien el trabajo de juez, de abogado, de académico, de profesor. Ninguna acordada puede hacerlo por sí sola. Pero nombrar el problema con claridad es ya parte del camino.
La Acordada 4/2026 abre una oportunidad que el Consejo de la Magistratura debería aprovechar plenamente: no solo adoptar el reglamento propuesto sino usarlo como punto de partida para una conversación más amplia y más profunda sobre qué significa seleccionar bien a los jueces en la Argentina de hoy. Esa conversación está pendiente desde 1994. El mérito que la Constitución quiso convertir en límite de la política sigue esperando las condiciones institucionales y profesionales que lo hagan verdaderamente posible.
La Corte acaba de dar un paso serio en esa dirección, vale la pena acompañarla.
El autor es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Umiversidad de Buenos Aires y profesor visitante de Universidad Torcuato Di Tella.
Martín Böhmer,Conforme a
POLITICA
Mahiques posterga el arranque del sistema acusatorio en Comodoro Py

El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, decidió postergar la entrada en funcionamiento del sistema acusatorio en Comodoro Py, según pudo confirmar de fuentes oficiales.
El nuevo modelo, que empodera a los fiscales y los pone al frente de las investigaciones, debía llegar a los tribunales federales el 27 de abril próximo, de acuerdo a lo que había estipulado el exministro mileísta Mariano Cúneo Libarona.
Mahiques definió que se implementará más adelante.
Esta es la primera vez que este ministro pospone el arranque del sistema acusatorio en Comodoro Py, por donde pasan los delitos federales, entre ellos, los hechos de corrupción que involucran a funcionarios nacionales. Antes ya habían sido oficializado dos retrasos: en agosto y en noviembre de 2025, bajo la gestión anterior del Ministerio de Justicia.
En base a lo que pudo saber , esta semana habrá una reunión de Mahiques con representantes de la Corte Suprema de Justicia, la Procuración General, la Defensoría General y el Consejo de la Magistratura. Ahí, la nueva conducción del Ministerio de Justicia buscará establecer junto a cada una de las partes una fecha definitiva para la efectiva puesta en marcha de la metodología entrante. Por lo pronto, fuentes del Gobierno comentaron que Mahiques va con la idea de que se defina un plazo durante el correr de este año y que no se traslade a 2027.
ya había contado en marzo que el ministro no era optimista con respecto a arrancar ya con la implementación del acusatorio, sobre todo debido a la cantidad de vacantes en las fiscalías y a los déficits en materia de infraestructura.
“Piensa que hay que aplicarlo cuando estén dadas las condiciones y hoy no parecen estar dadas”, habían dicho desde el Ministerio de Justicia a hace un mes.
Los fiscales tampoco estaban convencidos. Principales empoderados con el nuevo régimen en detrimento de los jueces -que pasarán a tener durante la etapa de investigación un rol solo de control vinculado a que se respeten las garantías constitucionales de los ciudadanos-, los fiscales alegan que no tienen las condiciones ni los recursos (cantidad de empleados, falta de tecnología, déficit de infraestructura) para comenzar con la modalidad promocionada por Cúneo Libarona. “Tampoco quieren”, comentaron desde el Ministerio de Justicia apenas desembarcó Mahiques.
De aplicar el nuevo sistema y de salir mal su implementación en los tribunales más observados del país, el ministro se llevaría el costo de una política que él no promovió.
Para Cúneo Libarona este fue el ícono de su gestión. El exministro incluso viajó a distintas provincias para la inauguración de las nuevas reglas procesales. Santa Fe, Mendoza, San Luis, San Juan, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y la región norte de Buenos Aires ya actúan bajo esta modalidad.
En una nota de opinión para en diciembre, Cúneo Libarona dijo que la “implementación plena” del sistema era un “objetivo institucional” porque contribuiría con “mejorar la reputación internacional” y “facilitar la llegada de inversiones extrajeras”.
Juan Bautista Mahiques,contado en marzo,nota de opinión para LA NACION en diciembre,Paula Rossi,Juan Bautista Mahiques,Ministerio de Justicia,Conforme a,,Análisis. Un gesto significativo de Milei,,Cena de la Fundación Pensar. Macri advirtió que la Argentina “ya tuvo demasiado tiempo de improvisaciones”,,La pregunta clave. ¿Milei se consolida o se debilita?,Juan Bautista Mahiques,,Análisis. Si quiere, Milei puede mejorar la Justicia,,En medio de las denuncias. La nueva Oficina Anticorrupción quedó al mando de una jueza conocida de Mahiques y lejos del perfil político del macrismo,,Comodoro Py, a la espera. Milei tiene más de 200 ternas para nombrar jueces, pero ninguna de la justicia federal porteña
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