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ECONOMIA

Reforma de Ganancias: la medida que llevó a los gobiernos a la derrota electoral y que pide el FMI

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La ampliación de la base tributaria en el impuesto a las Ganancias es una de esas propuestas que generan la opinión mayoritaria en el gremio de los economistas pero que están prohibidas en términos políticos. De hecho, ya forma parte importante del debate interno el impacto electoral que tendría la sugerencia del Fondo Monetario Internacional.

Y los analistas políticos creen que, tal como está planteada, la reforma implicaría un elevado riesgo electoral para el gobierno de Javier Milei, sobre todo si el debate se da en un contexto de pérdida de los salarios contra la inflación -algo que viene ocurriendo desde septiembre del año pasado-.

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Tal como informó iProfesional, desde el Palacio de Hacienda admiten que el escenario económico no tolera otro ajuste. «Toto está preocupado. No quiere ajustar más y el FMI le exige más suba de impuestos», señalaron fuentes oficiales a iProfesional. «No está en los planes aumentar los impuestos que plantea el FMI», agregan las mismas fuentes.

Los antecedentes históricos son elocuentes al respecto. Fue Cristina Kirchner quien pagó el mayor costo, con su derrota en las legislativas de 2013. En aquel momento, como el «piso» a partir del cual se pagaba el impuesto no seguía a la inflación, se llegó a una situación en que el impuesto alcanzaba al 25% de los asalariados.

Es, coincidentemente, una cifra cercana a la que pasaría a tributar ahora si el gobierno de Milei aplicara la recomendación del FMI, en el sentido de dar de baja impuestos distorsivos, y sustituir ese ingreso fiscal por un impuesto a las Ganancias que abarque a mayor cantidad de personas.

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La argumentación de quienes apoyan esa reforma es que, mientras en Argentina este impuesto al ingreso de los asalariados aporta un 8% de la recaudación total, en los países desarrollados que forman parte de la OCDE, el porcentaje sube a 24%. Y, si se mide en términos de PBI, en Argentina el impuesto a las Ganancias equivale a sólo un 2% mientras que el promedio de los países ricos recauda más de un 8%.

No faltan incluso los economistas que afirman que si, en vez de aumentar la base de Ganancias, se incrementaran los aportes patronales, el efecto fiscal sería parecido y el salario sufriría de la misma manera -porque los empresarios trasladarían el mayor costo fiscal a la paga de haberes-. Pero que, en ese caso, el cambio sería políticamente más aceptado.

Lo cierto es que pocos temas han sido tan «piantavotos» como el impuesto a las Ganancias, sobre todo porque en su origen se trató de un tributo que afectaría sólo a individuos de altos ingresos, que con el paso de los años terminó alcanzando a la clase media.

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Cristina y la disyuntiva peronista

El antecedente del gobierno kirchnerista es claro. Afectada por una caída en otros impuestos más vinculados a la actividad comercial e industrial, Cristina Kirchner se tornaba cada vez más dependiente de lo que Ganancias dejaba en las arcas fiscales.

Contradiciendo a sus críticos, decía que, sin esos ingresos, le resultaría imposible financiar el costo fiscal de ayudas como la Asignación Universal por Hijo. Fue allí cuando surgió el debate respecto de si un verdadero peronista debía defender o combatir el polémico impuesto.

Pero, del lado de enfrente, había tal unanimidad sobre la necesidad de aliviar a los asalariados, que el reclamo unió a dirigentes tan diversos como Mauricio Macri, Sergio Massa y Hugo Moyano.

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Se llegó al punto de que cambió la prioridad de reclamos sindicales. Moyano, que lideraba uno de los gremios que más había mejorado el ingreso, empezó a preocuparse más por las Ganancias que por las paritarias, porque sabía que de nada servía ganar algunos puntos porcentuales de aumento que luego serían licuados por el Impuesto.

Fue entre 2012 y 2015 que se produjeron las mayores manifestaciones sobre este tema, bajo el eslogan «El salario no es ganancia».

Y, en buena medida, fue gracias al impuesto a las Ganancias que Sergio Massa tuvo su lanzamiento político, con el triunfo en las legislativas de 2013. En ese momento, tras su derrota en las PASO, Cristina, a regañadientes, terminó accediendo a una mejora que, de los 2,4 millones de contribuyentes que pagaban Ganancias, exoneraba a 1,5 millón por la vía de un súbito aumento del «mínimo no imponible».

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En aquel momento, la oposición acusó al gobierno de «robar» una propuesta de los otros partidos. Y Massa fue quien más duramente «chicaneó» a la presidente, a quien desafió a sacar la medida por ley y no por decreto, de manera que se pudiera establecer un mecanismo de indexación automática para que la inflación no termine neutralizando el beneficio. De todas formas, el alivio tardío dejó a Cristina sin recaudación tributaria y con derrota electoral.

A Macri le llegó la factura

El debate se renovó luego, cuando ya con Macri en la Casa Rosada, se trató una nueva ley para Ganancias, y el peronismo le inflingió una derrota en la cámara de diputados. El proyecto opositor reducía a la mínima expresión la base imponible, pero Macri tuvo dos ayudas inesperadas.

La primera fue un error de cálculo cometido por los diputados opositores -con Axel Kicillof a la cabeza-, que habían subestimado el costo fiscal. El número previsto inicialmente por la oposición peronista era de u$s3.000 millones, mientras el gobierno macrista estimaba el triple.

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Entonces Macri tuvo la picardía política de hacer lo contrario a lo que todos esperaban: cuando se daba por obvio que vetaría la ley por sus inconsistencias fiscales, avisó que la mantendría tal como saliera del congreso. El mensaje era claro: no estaba dispuesto a regalarle al peronismo la victoria consistente en votar una ley simpática pero infinanciable y luego asumir el costo político de vetarla, de manera que el peronismo disfrutase del rédito de su discurso popular y no asumiera responsabilidad por las consecuencias de ese proyecto.

Entonces llegó la otra ayuda, la de los gobernadores provinciales, en su mayoría peronistas, que no querían perderse su mitad de la recaudación de Ganancias. Y, por lo tanto, le dieron apoyo en el Senado a Macri para mantener una base tributaria amplia.

De todas formas, la alegría de Macri no duró mucho, porque tras su dura derrota en las PASO de 2019, adoptó un paquete de medidas de urgencia, entre las cuales se encontraba el alivio de Ganancias hasta fin de año. Como a Cristina seis años antes, tampoco le alcanzó a Macri para revertir el malhumor.

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Contradicciones en el Congreso

Ya durante la gestión de Alberto Fernández, el tema de Ganancias generó una fisura interna. Massa volvió a tomar el tema como bandera, y presentó un proyecto para que los contribuyentes pasaran otra vez a ser el 10% de los asalariados mejor pagos, y con un ajuste por inflación en el mínimo no imponible.

La facción kirchnerista sostenía que esa medida sacrificaría recursos fiscales para favorecer a asalariados de clase media que, de todas formas, nunca votarían al peronismo. Es probable que ese sector haya sentido que su visión era la correcta, dado que el proyecto de Massa se aprobó en marzo de 2021, pero el gobierno igualmente fue derrotado en las legislativas.

Aun así, Massa y la mayoría del peronismo no cambiaron su visión, dado que en 2023, en pleno cierre de la campaña presidencial, se votó otro proyecto que prácticamente eliminó el impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría -es decir, dejó de afectar a asalariados y quedó sólo como un impuesto para empresas-.

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El proyecto fue aprobado, y entre los votantes estuvo el entonces diputado Javier Milei.

Cuando se le cuestionó su voto como una contradicción en su discurso fiscalista -se estimaba que la ley costaría 0,8 puntos del PBI-, Milei ya tenía la respuesta preparada. Dijo que había que cambiar la forma de concebir el equilibrio fiscal: no se trataba de adecuar los impuestos al volumen del gasto público, sino de llevar las partidas presupuestaria al nivel que resultara pagable con la recaudación tributaria.

Una medida difícil

El resto es historia reciente: ni bien asumido en su cargo de presidente, en su primer decreto de necesidad y urgencia, Milei retrotrajo la situación de Ganancias a como estaba antes de la ley que él mismo había votado.

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Para todos resultó un debate incómodo. Milei tuvo su primer choque con la justicia, que le exigió sacar el tema por ley. Y la CGT despertó de un letargo de cuatro años para convocar de inmediato a un paro general.

Los gobernadores provinciales -a quienes Massa les había prometido que lo que perdieran por Ganancias les sería compensado con una coparticipación del impuesto al Cheque-, se encontraron con una repentina caída de ingresos fiscales. Esto los llevaba, por un lado, a sentir la presión de apoyar la iniciativa de Milei en el Congreso, pero por otra parte los enemistaba con la cúpula de la CGT, que tenía al tema Ganancias en el tope de su agenda de prioridades.

Lo cierto es que todos quienes votaron la restitución del odiado tributo -rebautizado como impuesto a los Ingresos- sintieron que habían pagado un costo político. Y ahondar en esa reforma, justo en un momento en el que el salario lleva -hasta marzo, último dato del Indec- una saga de siete meses de pérdida contra la inflación, no parece ser la mejor forma de recuperar la simpatía popular.

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Precisamente, el objetivo del gobierno es revertir la caída de Milei en las encuestas de imagen. Un reciente sondeo de consultora Zentrix reveló que el 59,5% de la población quiere un cambio en el rumbo económico, y que un 64,4% apenas llega con sus ingresos al día 20 de cada mes.

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ECONOMIA

Por qué la estabilidad del desempleo no alcanza para reflejar la crisis laboral, según un especialista

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Matías Ghidini advirtió que la estabilidad del desempleo no refleja la crisis laboral porque caen el empleo registrado y los salarios reales

La tasa de desocupación se mantuvo en el 7,8% durante el primer trimestre de 2026, según los últimos datos publicados por el INDEC. Aunque el indicador se mantiene lejos de los niveles de dos dígitos que marcaron otras etapas de la economía argentina, detrás de esa estabilidad persisten señales de fragilidad en el mercado laboral.

Así lo planteó el especialista en mercado laboral Matías Ghidini durante una entrevista en Infobae a la Tarde, donde analizó la evolución del trabajo registrado, los salarios y las perspectivas de recuperación para los próximos meses.

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“Es un número relativamente bajo si se lo compara con otros períodos de la historia argentina”, señaló al referirse a la cifra de desempleo. Sin embargo, advirtió que el dato debe leerse junto a otros indicadores que reflejan la calidad y la dinámica del empleo.

Según explicó, la principal preocupación pasa por la caída del trabajo registrado. De acuerdo con sus cálculos, entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 se perdieron cerca de 500.000 puestos formales.

“Si tomás el último dato disponible y lo comparás con el inicio de la gestión Milei, se perdieron 497.000 empleos registrados. Si además incorporás el trabajo informal, la cifra es considerablemente mayor”, afirmó.

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La tasa de desempleo se mantuvo en 7,8% en el primer trimestre de 2026, según el INDEC, pero el mercado laboral sigue mostrando señales de fragilidad (REUTERS/Agustín Marcarian)

Para Ghidini, la fotografía actual muestra un mercado laboral que logró evitar un deterioro mayor en los niveles de desempleo, pero que continúa exhibiendo problemas estructurales. “La desocupación está relativamente estable, pero hay menos trabajo registrado y menos salario. No vemos todavía un cambio significativo en esas variables”, sostuvo.

En materia salarial, el especialista señaló que la recuperación del poder adquisitivo continúa siendo uno de los principales desafíos. Recordó que en la mayor parte de los últimos años la inflación avanzó por encima de los aumentos salariales y consideró que 2026 difícilmente marque una excepción. “En el mejor de los casos, los salarios van a empatar a la inflación”, afirmó.

Según detalló, las empresas proyectan ajustes salariales cercanos al 25% para este año, en línea con las expectativas inflacionarias. La explicación, aseguró, radica en los márgenes cada vez más estrechos con los que operan numerosos sectores de la economía. “Los negocios están muy ajustados y las compañías tienen poco margen para otorgar incrementos superiores”, explicó.

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Ghidini afirmó que en 2026 los salarios podrían apenas empatar a la inflación por los márgenes ajustados de las empresas (Europa Press)
Ghidini afirmó que en 2026 los salarios podrían apenas empatar a la inflación por los márgenes ajustados de las empresas (Europa Press)

Pese a las dificultades, Ghidini consideró que el mercado laboral ya habría atravesado su momento más complejo en términos de destrucción de empleo. “Creo que lo peor de la desocupación ya pasó”, aseguró, aunque aclaró que la mejora será gradual y muy heterogénea.

En ese sentido, destacó las fuertes diferencias que existen entre regiones. Mientras algunos polos productivos vinculados a la energía y la minería exhiben niveles de desempleo muy bajos, otros grandes centros urbanos continúan mostrando indicadores significativamente más elevados.

“En Neuquén o Comodoro Rivadavia las tasas son muy inferiores al promedio nacional, mientras que en zonas del Gran Buenos Aires o de Córdoba se mantienen bastante más altas”, señaló.

La expansión de sectores como el petróleo, el gas, la minería y parte de la actividad agropecuaria explica buena parte de esas diferencias regionales. En cambio, la industria manufacturera y el consumo masivo todavía muestran señales de debilidad.

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Hombre con chaqueta lleva una caja de cartón con objetos personales, como carpetas y una planta, saliendo de un edificio de oficinas con puertas de cristal.
Entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 se perdieron cerca de 500.000 empleos registrados, de acuerdo con los cálculos de Matías Ghidini (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de los indicadores coyunturales, Ghidini puso el foco en un problema de largo plazo: la incapacidad de la economía argentina para generar empleo privado formal de manera sostenida.

Según indicó, si se compara febrero de 2026 con febrero de 2016, el número de trabajadores registrados en el sector privado muestra una caída cercana al 1%. “En diez años no logramos crear empleo formal. Ese es el gran desafío pendiente”, resumió.

Para el especialista, la discusión sobre la modernización laboral debe comenzar por resolver el problema de la informalidad, que deja a millones de trabajadores sin acceso a derechos básicos ni protección social.

“Antes de hablar de nuevas formas de trabajo, hay que hablar de quienes hoy no tienen ninguna cobertura porque trabajan en negro”, concluyó.

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Efecto paritarias: el salario privado volvió a ganarle a la inflación, tras ocho meses de caída

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Justo en pleno debate sobre si hay o no una crisis del consumo privado, Luis Caputo recibió un dato estadístico que le cae como anillo al dedo: el salario privado registrado le ganó en abril a la inflación, algo que no ocurría desde agosto del 2025. Y esto abre la expectativa de que se abra un período de mejora en la demanda doméstica de bienes y servicios.

Si bien el ministro venía defendiendo, con otros indicadores, que el consumo estaba en recuperación -sin ir más lejos, tomó el PBI del primer trimestre, donde se registra una variación positiva de 2,7% interanual en el consumo privado-, lo cierto es que la medición que hace el Indec sobre la evolución salarial siempre dejaba un gusto amargo.

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Ese problema se exacerbó, además, con la ola inflacionaria del verano, ocurrida por el impacto de la actualización de tarifas de servicios públicos, junto con un inesperado encarecimiento de la carne vacuna, que tiene una alta ponderación en la canasta del Indec.

Fue el momento de mayor caída del salario para la estadística oficial, pero ya en marzo se había dado una señal de que podría acercarse un punto de quiebre: en el segmento de los empleados públicos, hubo una mejora en términos reales.

La señal en salarios estatales

Ese mes, el salario estatal tuvo un empuje de 5% en el promedio nacional -se compone por un 5,8% de mejora para la administración central y de 4,7% para los empleados de gobiernos provinciales-.

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Lo cierto es que, con esa mejora, los estatales recuperaron posiciones frente a los empleados privados -aunque ambos siguen de lejos a la inflación-.

¿Cómo se explica el hecho de que tras un extenso período en el que registraba mejoras de apenas 1% mensual, haya dado ese salto hasta el 5% de marzo? La respuesta está en la aplicación de mejoras retroactivas, que recién se cobraron en marzo, como consecuencia de las negociaciones con los gremios.

Si bien el inicio de año es una típica fecha de revisión salarial, lo cierto es que en los últimos años no se había producido tal variación en un único mes. El 5% fue el producto de la entrada en vigencia de nuevos convenios, que incluyeron además cláusulas de pagos que formalmente se imputaron a enero y febrero pero recién se hicieron efectivos en marzo.

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El decreto de fines de marzo homologó el acuerdo por el cual se aplicó una escala de mejoras descendentes, arrancando con un 2,5% en enero hasta un 1,5% en mayo para los dependientes del gobierno nacional. Hubo también refuerzos con sumas fijas.

En cambio, el dato del Indec de abril marca una vuelta a la «normalidad»: los salarios públicos aumentaron 2,3%, tres décimas debajo del IPC del mes.

Punto de inflexión

Ahora, con los datos actualizados hasta abril, se notó la recuperación en el salario privado registrado. El 4% de aumento supera al 2,6% que había marcado el IPC, e incluso está por encima del pico inflacionario de 3,4% que se había observado en marzo.

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Así como el mes anterior con el segmento de estatales, ahora fue en el ámbito privado donde se notó el impacto de las paritarias en los grandes gremios. Los acuerdos incluyeron también correcciones retroactivas por la pérdida causada por la inflación en meses previos, y eso fue lo que motivó que la variación de abril haya duplicado a la del mes previo.

El número promedio que marca el Índice Salarial es de 3,7%, y es el resultado de ponderar a las remuneraciones del sector privado formal, al estatal y al privado no registrado. Este último tuvo una variación del 4,7% y es el que acumula la mayor variación anual, con un 69,6% frente a una inflación acumulada de 32,4%. Sin embargo, los economistas suelen recomendar prudencia frente a este indicador, dada la dificultad que representa la recolección de datos en la economía informal, que por su propia naturaleza ofrece dificultades para ser censada.

En cuanto al sector registrado, tanto los privados como los estatales continúan debajo del nivel salarial de hace un año: una mejora nominal de 29,4% frente a la inflación del 32,4%. Eso implica, en términos reales, una pérdida de 2,2% en el poder adquisitivo de los asalariados.

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Lo que viene para los sueldos

El gran interrogante es si la ruptura de esta saga de ocho meses de caída salarial se trata de un episodio aislado o si puede ser realmente un cambio de tendencia que abra un período de recuperación.

El argumento del gobierno es que, en un contexto de desinflación, con un IPC que se ubicará durante el resto del año por debajo del 2% mensual, el ingreso real seguirá recuperando terreno perdido y habrá una mejora en el consumo.

Argumenta, además, que la estabilidad cambiaria y la apertura comercial permitirá un mejor acceso a los bienes importados, algo que ya se está viendo en la fuerte demanda de indumentaria y artículos de electrónica a través de las plataformas de compra online.

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En cambio, no está tan claro lo que puede ocurrir con el sensible rubro de alimentos. La canasta básica alimentaria, que es el indicador que marca la línea a partir de la cual se ingresa en la categoría de indigencia, dio una variación 2,4% en mayo. Es decir, estuvo por encima del IPC, que marcó 2,1%.  Y, más allá de la cifra, es un pésimo dato porque más que duplica el del mes anterior y reafirma que la inflación de alimentos no se limitó a una situación puntual del verano, sigue siendo un problema estructural de la economía.

Hablando en plata, se necesita $681.246 para que una familia tipo, de dos adultos y dos niños en edad escolar, puedan mantener una dieta sana para reponer nutrientes a diario. Según el último censo de pobreza del Indec, un 4,8% de la población sigue debajo de la línea de indigencia.

La visión del gobierno es que lo ocurrido ese mes en el IPC fue accidental, porque hubo una influencia estacional de la suba de tarifas de servicios públicos, junto con una suba de alimentos que también estuvo motivada por una situación estacional en las verdulerías y los productos lácteos.

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Pero los relevamientos de consultoras privadas marcan también indicios de normalización en el rubro de alimentos. Con la mitad de junio ya relevada, la consultora Analytica pronostica que el IPC del mes será de 1,9%.

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ECONOMIA

Neuquén registró un récord histórico de producción de gas en mayo y podría seguir creciendo por el invierno

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Según datos de la Secretaría de Energía de la Nación, la producción de gas natural de Neuquén promedió 115,14 millones de metros cúbicos diarios en mayo de 2026. (Reuters)

La temporada de frío todavía no arrancó en serio, pero Neuquén ya aceleró sus niveles de producción de gas. De hecho, los datos de mayo de 2026, correspondientes a la Secretaría de Energía de la Nación, muestran que la provincia alcanzó un máximo histórico absoluto de producción gasífera, superando incluso los picos que históricamente se daban en julio y agosto, cuando la demanda por calefacción tracciona al sector. El registro no es solo una marca para los libros: llega antes del pico de consumo invernal y con margen de crecimiento todavía por delante.

La producción de gas natural de Neuquén llegó en mayo a 115,14 millones de metros cúbicos diarios, según datos de la Secretaría de Energía, procesados por EnergíaOn. Con ese número, la provincia desplazó el récord anterior, que databa de julio de 2025, cuando se habían alcanzado 114,51 millones de metros cúbicos diarios. La diferencia puede parecer acotada en términos absolutos, pero el dato que la vuelve llamativo es el contexto: mayo es la antesala del invierno, no su momento de máxima exigencia.

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A nivel nacional, el promedio diario de producción de gas en mayo fue de 155,96 millones de metros cúbicos, lo que implicó un incremento del 5,6% frente al mismo mes del año anterior, según la Secretaría de Energía. Neuquén explicó la mayor parte de esa cifra y volvió a confirmar su posición como la principal provincia productora de gas del país, un lugar que ocupa desde hace años y que Vaca Muerta consolida cada mes.

El salto en los números de mayo tiene una explicación central: el crecimiento de la producción de shale gas, el gas no convencional extraído de Vaca Muerta. Según los datos de la Secretaría de Energía, ese segmento creció 20% entre mayo de 2025 y mayo de 2026, lo que se tradujo en 16 millones de metros cúbicos diarios adicionales. Fue esa expansión la que compensó con creces la caída que experimentaron tanto el gas convencional como el tight gas durante el mismo período.

El shale gas de Vaca Muerta creció 20% interanual en mayo y aportó 95,16 millones de metros cúbicos diarios. (Reuters)
El shale gas de Vaca Muerta creció 20% interanual en mayo y aportó 95,16 millones de metros cúbicos diarios. (Reuters)

El convencional y el tight registraron bajas interanuales de 12% y 17%, respectivamente, en mayo pasado. La producción convencional, que durante décadas fue el sostén del sector, cayó unos 6 millones de metros cúbicos diarios entre los dos años. El shale no solo absorbió esa pérdida sino que la multiplicó.

El resultado fue que la producción de gas de Vaca Muerta (sin contar el resto de Neuquén) llegó en mayo a 95,16 millones de metros cúbicos diarios.

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El récord de mayo también se reflejó en el frente exportador. Durante ese mes, las exportaciones de gas natural promediaron 9,29 millones de metros cúbicos diarios, un 12% más que en mayo de 2025, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Energía. El principal destino fue Chile, con 8,98 millones de metros cúbicos diarios. Uruguay recibió el segundo flujo del mes, con 310.000 metros cúbicos por día.

Esas exportaciones, con todo, explican solo una parte del récord. El grueso del crecimiento provino del mercado interno y de la propia dinámica de expansión del shale, no de una redistribución de volúmenes hacia el exterior.

Las exportaciones de gas natural promediaron 9,29 millones de metros cúbicos diarios en mayo. (Reuters)
Las exportaciones de gas natural promediaron 9,29 millones de metros cúbicos diarios en mayo. (Reuters)

El contexto más amplio de la producción neuquina también acompañó. En abril de 2026, la producción de gas de la provincia había llegado a 101,19 millones de metros cúbicos diarios, con una mejora del 10,91% frente a abril de 2025 y un acumulado anual 5,94% por encima del año anterior, según datos de la subsecretaría de Hidrocarburos provincial. El salto de mayo, entonces, no fue un resultado aislado sino la continuación de una tendencia.

La pregunta lógica es si los récords de mayo pueden sostenerse —o superarse— cuando llegue el pico de la demanda invernal. La respuesta, según los propios datos de producción, apunta a que sí existe ese margen, aunque con una condición: la capacidad de transporte. El límite para que Neuquén produzca todavía más no pasa tanto por la extracción como por el espacio disponible en los gasoductos del país.

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Ese es el principal cuello de botella que la industria viene señalando desde hace tiempo y que el crecimiento sostenido de Vaca Muerta torna cada vez más urgente. Julio y agosto, los meses de mayor consumo, dirán si la infraestructura de transporte permite trasladar al sistema todo lo que la formación es capaz de producir.

Lo que los datos de mayo ya muestran, en todo caso, es que la producción de shale gas de Vaca Muerta llegó a un nivel que, por sí solo, equivale a lo que generaba toda la cuenca neuquina en su momento de mayor esplendor convencional.

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