INTERNACIONAL
Se hacía pasar por productor de cine, ganó millones con estafas y hoy no se sabe si está vivo o muerto

A pesar de autoproclamarse productor audiovisual, nunca filmó ni una serie ni una película. Pero seguramente alguna vez se filmará la historia de su vida y sus fraudes se convertirán en una superproducción.
Pat Andrew fue un maestro de la estafa. Tal vez la frase anterior tenga un error, esté mal formulada y debe escribirse en presente. Pat Andrew es un maestro de la estafa.
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Es muy posible que esta frase tenga un nuevo error. Y que Pat Andrew no se llame así.
En 2019 Pat Andrew, productor cinematográfico, desembarcó en Mallorca con grandes planes. Varias películas y siete series. Aseguraba tener proyectos cerrados con cada gran estudio y con cada plataforma. Disney, Amazon, Netflix, Warner, Paramount. Un magnate que todo lo podía convertir en realidad.
Sus cartas de presentación eran una foto abrazado a Spielberg, la presencia de Antonio Banderas encabezando su siguiente película, el estreno asegurado en un gran festival.
Pero con el tiempo se demostró que todo se trataba de una gran farsa, de una estafa monumental orquestada por un hombre sin escrúpulos pero con un gran poder de convicción.
Cuando todo se complicó, alguien de su entorno comunicó su muerte. Eso hacía finalizar la persecución en la justicia, extinguía la acción penal. Pero sus mentiras fueron tantas que la justicia española no creyó que el hombre estuviera muerto. Y, tal vez por primera vez en la historia, la justicia ibérica se puso a perseguir un fantasma.
La historia la dieron a conocer hace poco más de dos años sendas investigaciones de los diarios Sur de Málaga y El País, que llegó a reunir los testimonios de alrededor de veinte damnificados. La foto donde Pat se presentaba con Spielberg. (Foto: Diario Sur)
Pat Andrew vestía trajes caros, usaba pañuelo colorido en el bolsillo superior del saco, camisas ostentosas, gemelos de oro y tenía la sonrisa tatuada en la cara. En un análisis lombrosiano hasta se puede afirmar que en su imagen, en sus modos, están los rastros, los rasgos, del embaucador, de alguien poco fiable.
Todos los testigos, todas las víctimas coinciden en que Andrew era un tipo encantador, con un poder de convicción, de seducción, único.
Aunque había comenzado su actividad en España en 2017 con cierta timidez, como tanteando el terreno, en 2019 se lanzó con todo. Anunció que desde su productora Wanda Halcyon lanzarían siete series para diferentes plataformas.
Pero esos anuncios no eran un comunicado a las redacciones, un posteo en las redes sociales. Nada de eso. Tenían la pompa y el glamour que exige un gran proyecto en un mundo como el del cine. Conferencias de prensa en grandes hoteles, cócteles, grandes sets de filmación para hacer los trailers, afiches, piezas para redes, todo regado con buen vino y espumante y un catering de lujo. También había mandado hacer merchandising de cada uno de sus supuestos proyectos que repartía a inversores y posibles participantes en sus productos.
A algunos de los estafados les sacaba menos de mil dólares. Les exigía un pago para asociarse al sindicato norteamericano, condición indispensable para que las plataformas aceptaran que fuera parte del proyecto. A otros les prometía grandes ganancias y los convencía de invertir varios cientos de miles de dólares. Pero no sólo engañaba a un trabajador que pretendía una buena oportunidad para su carrera. También en sus trampas, urdidas con descaro e ingenio innegable, caían grandes corporaciones.
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Para obtener servicios tenía otra táctica. Prometía y hasta se comprometía a grandes pagos, a inversiones monstruosas para obtener los servicios y luego postergaba indefinidamente los pagos. A una empresa de marketing y lanzamientos digitales les prometió una inversión de un millón de euros a lo largo de un año: debieron agrandar su plantilla, hacer los trabajos para Andrew en tiempo récord y luego quedar con un deuda impagable, que los empujó al abismo de la quiebra. Lo mismo hizo con unos estudios de grabación a los que sedujo con importantes inversiones que nunca realizó. Y hasta con comprarlos y darles luego a los antiguos dueños puestos ejecutivos excelentemente pagos.
Los hoteles con sus suites presidenciales y sus grandes salones reservados para recibir a la prensa también fueron otras de sus víctimas predilectas.
Era (o es: fue tan bueno en lo suyo, en el arte del engaño, que hasta pone difícil el tema de los tiempos verbales) un talento en el arte de la persuasión. Un hombre encantador, que sabía halagar a su interlocutor y que encontraba -casi un don- qué era lo que el otro necesitaba: dinero, buen cartel, adulación, compartir proyecto con alguien de renombre. Utilizaba el método cascada: mentía en el primer gran hombre ya comprometido en el proyecto (por lo general, alguien muy famoso e irreprochable) y después los otros iban cayendo. Cada uno se volvía un eslabón que terminaba de convencer al anterior. Pat Andrew con George Christie, una de las víctimas de sus estafas. (Foto: Diario Sur)
Fue tan extraordinaria la construcción de su mundo de mentiras (era eso un mundo: con una lógica propia, con continentes conectados, complejo, inabarcable) que nadie sabe bien qué fue mentira y qué realidad en sus proyectos. Si todo se trató de una enorme farsa o si en algún momento al menos alguno de los proyectos tuvo algún viso de realidad.
La mayoría de sus estafados firmaron contratos de verdad. Revisados por abogados, certificados por escribanos, en oficinas de alguna productora seria, para proyectos que salían anunciados en los grandes medios españoles. Una arquitectura elaborada, casi perfecta, del engaño.
La llegada de la pandemia le dio la excusa ideal para justificar incumplimientos, para desaparecer.
El camino de la intervención de la justicia española empezó con una nimiedad. El reclamo de un hotel por una deuda de 7.500 euros. A partir de ese momento, un aluvión de demandas y de denuncias. Los damnificados se amontonaban en los juzgados, se peleaban por contar sus penurias, la manera en que fueron timados.
No pasó demasiado tiempo para que se supiera que Pat Andrew no era su nombre real. O al menos no el que había utilizado siempre a lo largo de su vida.
Austin, Augustus, Pat. Quién sabe cuál era su verdadero nombre. Sus supuestos oficios, sus disfraces laborales, también fueron múltiples: productor, editor, diplomático, ex combatiente.
Cuando la demanda de los hoteles NH de Málaga avanzó, Pat Andrew fue detenido. Pasó unos días en un calabozo y fue liberado a la espera del juicio. Fue la última vez que se supo de él. Acorralado por los reclamos, desapareció. Para siempre.
A los pocos días, a través de un mail que se envió a las redacciones de diferentes medios españoles que habían publicado investigaciones sobre su caso, su (supuesta) secretaria anunció su muerte en Londres acaecida unos días antes, el 28 de abril de 2023.
No hace falta subrayar que nadie le creyó. Ni siquiera la justicia española que ordenó continuar con las causas contra Andrew sin extinguir la acción penal y emitió una orden de captura del productor. Si de verdad está muerto, los investigadores estarían detrás de un fantasma.
Desde Inglaterra, llegó el certificado de defunción y toda da a entender que no es apócrifo, que en el registro correspondiente quedó consignada su muerte. El médico participante dijo que él no podía decir más de lo que estaba en el certificado, que no podía violar el secreto profesional.
La que no está muerta es Trudi Rothwell, su mano derecha, la que envió el mail anunciando su deceso. Muchos dicen que ella era su secretaria, su socia, su testaferro, su amante. Lo de Trudi, a esta altura sabemos, es relativo. Su nombre podría ser ese como también Anne Grey, Susan Handler o Lucy Carver. Los que fue utilizando a lo largo de los años junto a Andrew para perpetrar las estafas.
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Una vez respondiendo un mail a sus víctimas españolas cometió un desliz. Lo firmó con uno de sus otros seudónimos delictivos y no con el de Rothwell como era conocida por ellos. Eso hizo que googlearan y descubrieran a partir de ese nombre (Anne Grey) otras estafas de Andrew en otras jurisdicciones. Su camino de engaños se pudo reconstruir con paciencia y gracias a las huellas que fue dejando.
En Estados Unidos fue juzgado y condenado por una deuda de casi siete millones de dólares, de allí pasó a Irlanda en los que cometió-con distinta identidad- otros fraudes millonarios. Antes de ser atrapado en territorio británico escapó a París donde también dejó un tendal. Esa fue su última parada antes de Málaga. En 2019 anunció que lanzaría siete series. (Foto: Diario Sur)
Para el final quedan muchos interrogantes y una certeza menor. Las preguntas sin respuesta: ¿Cómo se llamaba de verdad este artista de la estafa? ¿Cuál era la clave para conseguir engañar a tanta gente a la vez? ¿En qué otros países desplegó sus dotes de timador? ¿Sigue con vida o de verdad está muerto?
La única pregunta con una respuesta contundente e indubitable en el caso de Andrew es la de cómo hizo para tener una foto con Steven Spielberg, una imagen que era una de sus principales cartas de presentación.
Andrew en esa foto no abrazaba a Steven Spielberg sino a la estatua de cera que lo representa en el Museo de Madame Tussuads.
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INTERNACIONAL
Supreme Court’s junior justice goes on solo tear as Trump fights put her at odds with the bench

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Justice Ketanji Brown Jackson stood out from her colleagues this week when she broke with them to rail against the high court’s decision to fast-track its landmark order dismantling a key provision in the Voting Rights Act.
But Jackson’s solo dissent was far from the first time the Biden-appointed justice has been on an island, as she has routinely blasted the court for not asserting more judicial authority over President Donald Trump’s executive actions and drawn rebukes from her colleagues for taking what they have viewed as flawed positions.
Ideological divides over high-profile cases have been common. The trio of liberals has remained unified against the Trump administration by opposing decisions, including on the interim docket, to curb universal injunctions, allow states to ban transgender medical treatments for minors, permit Trump to fire members of independent agencies, authorize the government to cancel immigrants’ temporary protected status and more.
But even in some of those cases, Jackson goes on solo diatribes, highlighting a deeper internal divide within the liberal bloc.
WHY JUSTICE JACKSON IS A FISH OUT OF WATER ON THE SUPREME COURT
Supreme Court Justice Ketanji Brown Jackson speaks to the 2025 Supreme Court Fellows Program at the Library of Congress in Washington, D.C., on Feb. 13, 2025. (JACQUELYN MARTIN/POOL/AFP via Getty Images)
Below are five recent times Jackson gave lone opinions.
1. Louisiana redistricting judgment
The Supreme Court struck down Louisiana’s map last month, finding 6-3 it contained an unconstitutional racial gerrymander.
Upon request, the Supreme Court also decided 8-1 to fast-track the landmark decision — handing it down immediately rather than in roughly a month like it usually does — allowing several red states to more quickly attempt to implement new congressional lines after the high court weakened Section 2 of the Voting Rights Act by limiting the role race may play in congressional redistricting.
Jackson, the bench’s most junior justice, broke with her eight colleagues in that decision, saying the court improperly «[dove] into the fray» of active elections by handing its judgment down immediately.
«Not content to have decided the law, it now takes steps to influence its implementation,» Jackson wrote.
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Justice Samuel Alito, joined by Justices Clarence Thomas and Neil Gorsuch, wrote a scathing concurrence for the sole purpose of ripping apart Jackson’s dissent, saying her claims were «groundless and utterly irresponsible.»
2. Universal injunctions
The Supreme Court is still weighing Trump’s signature plan to severely limit birthright citizenship, but it first entertained the subject last year by addressing how lower courts across the country uniformly issued nationwide injunctions against the plan. The high court decided 6-3 to ban such injunctions but left room for judges and plaintiffs to deploy other methods when seeking widespread relief.
Jackson gave a rogue, separate dissent in the case, drawing eyebrow-raising jabs from Justice Amy Coney Barrett.

Justice Amy Coney Barrett delivered remarks at the Seventh Circuit Judicial Conference at the Swissotel hotel in Chicago, Illinois, on Aug. 18, 2025. (Getty Images)
«We will not dwell on Justice Jackson’s argument, which is at odds with more than two centuries’ worth of precedent, not to mention the Constitution itself,» Barrett wrote in the court’s opinion in 2025. «We observe only this: Justice Jackson decries an imperial Executive while embracing an imperial Judiciary.»
Jackson wrote that nationwide injunctions should be permissible because the courts should not allow the president to «violate the Constitution.»
Barrett disagreed.
«She offers a vision of the judicial role that would make even the most ardent defender of judicial supremacy blush,» Barrett wrote.

Justices of the US Supreme Court pose for their official photo at the Supreme Court in Washington, DC on October 7, 2022. (OLIVIER DOULIERY/AFP via Getty Images)
3. National Institutes of Health grants
The high court fractured last August in dual 5–4 decisions that allowed the National Institutes of Health to cancel nearly $800 million in research grants.
Jackson, in one of her most memorable one-person dissents, appeared to boil over with frustration, observing that the majority «bends over backward to accommodate» the Trump administration.
«This is Calvinball jurisprudence with a twist. Calvinball has only one rule: There are no fixed rules,» Jackson wrote. «We seem to have two: that one, and this Administration always wins.»
Some of the canceled grants were geared toward research on diversity, equity and inclusion; COVID-19; and gender identity. Jackson argued the grants went further and that «life-saving biomedical research» was at stake.
4. Colorado conversion therapy case
When the Supreme Court sided 8-1 with a Christian counselor who challenged Colorado’s ban on counseling minors about sexual orientation and gender identity — which the state barred as conversion therapy — Jackson was the lone dissenter, warning that «to be completely frank, no one knows what will happen now.»
Jackson said the key free speech decision defied «treatment standards» and bucked the medical profession, leading an unlikely colleague, Justice Elena Kagan, to openly reject her dissent.
Kagan, an Obama appointee, said Jackson’s view «rests on reimagining—and in that way collapsing—the well-settled distinction between viewpoint-based and other content-based speech restrictions.»
5. Reasonable suspicion for police
In a lower profile case about police stops, Jackson conspicuously found in April that the high court overstepped its authority by improperly meddling in a lower court’s assessment of how Washington, D.C., police decided to stop a man in a suspicious vehicle.
The Supreme Court reversed the decision by the lower court, saying it should have weighed the «totality of the circumstances» surrounding the vehicle and approved of an officer’s decision to briefly detain the man.
The decision was 7-2, but Justice Sonia Sotomayor opposed the ruling while also opting against joining Jackson’s dissent. Jackson accused the majority of trying to «wordsmith» and interfere with a typically routine evaluation of a police stop.

Justices Sonia Sotomayor and Ketanji Brown Jackson are pictured together. (Getty Images)
«I cannot fathom why that kind of factbound determination warranted correction by this Court,» Jackson wrote.
Jonathan Turley, George Washington University law professor and Fox News contributor, said in an op-ed this month that Jackson has «quickly developed a radical and chilling jurisprudence.»
Despite establishing herself as an outlier, Jackson also has a swathe of supporters from civil rights groups to celebrities. She has been showered with praise on «The View,» nominated for a Grammy for her audiobook and drawn encouragement from Democratic lawmakers.
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Jackson said during her appearance this year on «The View» that «criticism is part of the job.»
«Dissents are an opportunity for the justices who disagree with the majority to really describe their view of the law but also their concerns,» Jackson said, adding that «you hope that your view will prevail in the long run.»
Fox News Digital reached out to the Supreme Court’s press office for comment.
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INTERNACIONAL
Abusos, abandono de menores y un líder que se creía un dios en Manhattan: la comunidad que rompió todas las reglas

Orgías, abusos sexuales, abandono de niños, explotación psicológica y económica en pleno Manhattan durante más de 25 años.
El proyecto comenzó a mediados de los años 50 como una comuna. Vida en conjunto, una pequeña sociedad en la que los participantes compartían grupo de terapia, tiempo, valores y vida. Casi sin que nadie lo percibiera se transformó en un culto, en una secta en la que Saul B. Newton, su líder, actuaba como un tirano voraz, megalómano y predador sexual.
Los Sullivanians se instalaron en el Upper West Side de Manhattan y camuflándose bajo la apariencia de una sociedad psicoanalítica, lograron derribar uno de los orgullos de Nueva York. Siempre comparándose con Los Ángeles, muchos neoyorquinos solían decir que los cultos no eran cosa de su ciudad. Los Sullivanians quebraron ese invicto.
Saul B. Newton nació en 1906. En su juventud se volcó al activismo y militó en el comunismo. Peleó en la Guerra Civil Española y luego regresó a Estados Unidos. No tenía un medio de vida estable. Tampoco sus relaciones eran serenas. En pocos años se casó y se divorció tres veces.
La tercera esposa fue Jane Pearce. Se conocieron en el William Alanson White Institute, un prestigioso centro de psicología y psiquiatría fundado por el psiquiatra Harry Stack Sullivan. Jane era una de las psiquiatras del equipo; Newton trabajaba en la contaduría. Varios años después de la muerte de Sullivan, Pearce y Newton fundaron su propio centro y para bautizarlo utilizaron el apellido del maestro de Pearce: Sullivan Institute.
Miembros de Los Sullivanians esperando el tren en Long Island. (Foto: Donna Warshaw)
Sus propias reglas
Newton de Harry Sullivan sólo sacó el nombre. Ni los métodos ni los objetivos eran similares pero aprovechó para endosarse el prestigio del psiquiatra. Newton, un pequeño detalle, ni siquiera era psiquiatra o psicólogo. Nunca había estudiado. Eso no le impidió forjar una sociedad psicoanalítica que instaba a la vida en comuna.
Aunque su grupo tomó rápidamente el nombre de Sullivanians, Pearce y Newton creían que Sullivan, su mentor, había estado algo tímido en sus respuestas y proposiciones profesionales. Sullivan creía que era fundamental entender al paciente según su entorno y como se relacionaba con sus seres más cercanos y con los lugares en los que se desenvolvía. Newton sostenía que Sullivan se había quedado corto en sus formulaciones, que no había dado el paso fundamental indispensable. Lo acusaban de ser timorato, de aceptar las limitaciones de la sociedad. Lo que ellos proponían era revolucionario: cambiar la sociedad.
Esa idea, como quedaría demostrado después, más que la ambición de Newton, mostraría su mesianismo.
En sus primeros tiempos la pareja estableció que el objetivo primordial del instituto era lograr el bienestar mental y el crecimiento de los participantes a través de modos nuevos de educación y de convivencia. Luego de conseguirlo dentro de su comunidad tenían pensado llevar el método, extenderlo, hacia toda la sociedad.
Había un presupuesto básico, una idea que primaba y que guiaba cada uno de sus movimientos y terapias: la familia como fuente principal de cada trastorno psiquiátrico, era el origen de los problemas mentales. Por eso había que renegar de la familia de origen, separarse de ella y alejar lo más pronto posible a los hijos de las madres.
Otro veneno para los individuos era la fidelidad conyugal. Por eso el grupo promovía el amor libre, las relaciones sexuales no monógamas. Aún dentro de la terapia. Las relaciones sexuales entre doctor y paciente, aún dentro de las sesiones, eran frecuentes y hasta alentadas. Decían que era una manera de cumplir con uno de sus ideales: el acercamiento entre terapeuta y paciente, que en el tratamiento no hubiera una distancia reverencial.
Afirmaban que cada persona, a través del tratamiento adecuado, debía convertirse en una especie de guerrillero que luchara contra el orden capitalista y que derrumbara la unidad fundamental del sistema: la represiva institución familiar.
En la comunidad, además de las terapias y de los postulados del líder Saul Newton, otro factor importante era el alcohol que era visto como un elixir y se incentivaba su consumo para desinhibir a los participantes.

El grupo fue fundado por Saul Newton, en el medio, y su esposa Jane Pearce. (Foto: Donna Warshaw)
Las mujeres debían pedir permiso para embarazarse. No era una elección que dependiera de ellas sino de Newton y los terapeutas principales. La autorización, cuando llegaba, venía acompañada de un ordenado listado de hombres con los que la mujer debía mantener relaciones en días sucesivos. Esa variedad tenía el fin de que no se supiera quién era el padre del bebé. Así nacieron varios chicos cuya paternidad sólo se puede atribuir a los Sullivanians en conjunto. Cuando crecieron muchos de ellos salieron en busca de su padre, en busca de restituir su identidad, a través de múltiples análisis de ADN para averiguar quién había sido su progenitor.
Una vez que los chicos nacían eran alejados de las madres y criados por otras mujeres para evitar el apego y lo que Newton consideraba las malas influencias de las madres, para deshacer de entrada lo que él llamaba un vínculo enfermizo y tóxico.
Ese odio hacia las madres, la aversión hacia el vínculo materno, surgía de circunstancias biográficas. Tanto Newton como su tercera esposa tuvieron relaciones muy conflictivas con sus madres; él hasta fue abandonado por ella.
Dee Dee Agee, la hija del escritor James Agee, por indicación de un terapeuta de los Sullivanians dejó a su hijo de 5 años pupilo en una escuela. Cuando el padre se enteró, lo sacó y se llevó al niño a su casa a vivir con él. Pero Dee Dee y un grupo de sus compañeros Sullivanians irrumpieron en el hogar del ex esposo de la joven, secuestraron al nene y lo dejaron de nuevo en la escuela para que viviera allí. Varios años después Dee Dee dio a luz otro niño. El padre era alguien indeterminado de la comunidad. Apenas el bebé comenzó a llorar ya sea por sueño o por hambre, los líderes de la secta se lo arrancaron de los brazos a la madre sosteniendo que la mujer lo estaba manipulando para que él dependiera de ella y que esas conductas debían ser cortadas de cuajo. Dee Dee Agee suplicó a Newton y a su sexta esposa para que la dejaran estar con su hijo. Pero sólo se lo permitieron, con horarios acotados, cuando ella aceptó tener sexo con ambos.
En una de las varias viviendas del grupo, una en la que sólo se alojaban mujeres jóvenes, había un vibrador de uso comunitario. Con la excusa de que no fuera robado por nadie, había una lista pegada en la pared de la sala principal en la que se registraba quien había hecho uso del juguete sexual con indicación de la fecha y la hora.
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Cuando la pareja fundadora se disolvió, Newton logró que Pearce se alejara del grupo. Una especie de destierro que le dio el poder total. Luego se casó por quinta y sexta vez. En ese reino del amor libre, las esposas de Newton eran las únicas que no tenían permitido las relaciones sexuales abiertas. En cuanto a sus esposas, Newton se mostraba tradicionalista. Sólo en relación a ellas. Mientras tanto él tenía sexo con casi todas las mujeres del grupo. Muchas contaron que en medio de las sesiones hacía que le practicaran sexo oral, convenciéndolas de que la práctica era parte de la terapia. El instituto Sullivan en el Upper West Side de Manhattan, Nueva York. (Foto: Donna Warshaw)
Entre los más de seiscientos miembros que llegaron a tener hubo varias celebridades, además de profesionales muy exitosos en sus rubros. La cantante Judy Collins, el escritor Richard Price, el cineasta Wes Craven, un guitarrista de Steely Dan, músicos de varias bandas de rock de moda en los sesenta, la bailarina Lucinda Childs y el pintor Jackson Pollock. También había abogados, ingenieros, médicos, periodistas.
Algunos de los que conocieron a Pollock están convencidos de que el pintor se unió a los Sullivanians por la tentación que significaba la posibilidad de tener sexo todo el tiempo con diferentes mujeres.
La oferta de los Sullivanians era muy tentadora para los jóvenes de la Nueva York de los años setenta. Para algunos casi irresistible: fiestas, sexo, la conjugación de ambas, orgías, alquileres muy baratos en sus propiedades y terapia psicoanalítica accesible. Casi lo que cualquier joven urbano de ese tiempo anhelaba.
“En un punto era algo muy seductor. Las chicas abundaban y uno podía acceder a ellas con facilidad. Era vida sexual inmediata. Era como si alguien hubiera abierto las puertas del cielo”, dijo el escritor Richard Price para justificar su entrada al grupo cuando era un joven estudiante de escritura.
Si las relaciones sexuales con cualquiera eran fomentadas, los líderes combatían las relaciones amorosas. Los vínculos románticos eran mal vistos y hasta vetados. La fidelidad y las relaciones monógamas eran vistas como un yugo del sistema capitalista que ellos decían combatir.
Jackson Pollock y muchos otros varones que integraron los Sullivanians eran fanáticos de estos preceptos porque les permitían engañar a sus esposas con apoyo de una autoridad y sin sanción moral.
Los principios y tradiciones de los Sullivanians, visto de lejos, eran similares a los de otras comunidades y proyectos colectivos de ese tiempo: vida en común, apoyo al socialismo y crítica al capitalismo, crianza colectiva, poliamor. Como en otros de esos grupos devenidos en sectas, el líder se aprovechaba de la confianza y de la indefensión de los participantes y terminó creyéndose una especie de dios, de ser todopoderoso con derecho a disponer de la vida de los otros. Un grupo de los sullivanians en el tren de Amangasett. (Foto: Donna Warshaw)
Newton se convirtió en el jefe absoluto de la existencia de sus pacientes/participantes. Llegó a tener un control total, obsesivo ( y abusivo) sobre los miembros de la comunidad. Sobre sus vidas sexuales, hábitos sociales, sobre el dinero que ganaban y cómo lo gastaban, o sobre cómo se relacionaban con sus hijos (en realidad en qué momento debían dejar de relacionarse con ellos). La comunidad se convirtió en una secta. Esa entidad social que pretendía ser virtuosa y superadora se convirtió en una usina de abusos psíquicos, físicos y sexuales, de explotación económica y fraudes, de abandono de niños y de lavado de cerebros. Como escribió Alexander Stille en su libro sobre la historia del grupo fundado por Newton, “el de los Sullivanians fue otro de los proyectos utópicos de liberación social del Siglo XX que terminaron convirtiéndose en atroces experiencias totalitarias”.
Era tal el rigor disciplinario que ejercía el líder que, tiempo después, alguien lo comparó con la Stasi, la policía secreta de Alemania Oriental. Pero ese expaciente de Newton no se quedó allí, dijo que los Sullivanians superaron a la Stasi porque no sólo ejercían control sobre lo que hacía la gente sino también lo que pensaban; en las sesiones los hacían confesar.
Más avanzados los años sesenta con la contracultura floreciendo, los Sullivanians fundaron un teatro que mezclaba obras de vanguardia con textos de protesta: The Fourth Wall Theater.
Ya entrada la década del ochenta, el grupo fue afrontando diversos problemas. El envejecimiento y la pérdida de lucidez (y de su control absoluto) de Newton, deserciones, investigaciones policiales, juicios por paternidad y el correlato de todas ellas que era la permanente publicación de notas periodísticas de denuncias sobre los diferentes fraudes, delitos y abusos de los Sullivanians. Al menos cuatro de los profesionales de la salud que atendían allí perdieron sus licencias en esos años.
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Perdieron seguidores y comenzaron los inconvenientes económicos. Fueron rodeados por la prensa, la justicia y los familiares de viejos participantes. Newton, ya afectado por el Alzheimer, no se enteró del declive. En su nebulosa mental creía seguir ejerciendo como amo y señor de la vida de los Sullivanians.
Murió en diciembre de 1991 a los 85 años sin haber tenido que rendir cuentas ante la justicia. Y habiendo arruinado centenares de vidas.
secta sexual, psicoanálisis, Nueva York, Sumario
INTERNACIONAL
Continúa la incertidumbre en Medio Oriente por la respuesta de Irán a la propuesta de paz de EEUU

Estados Unidos espera una respuesta oficial de Irán a sus propuestas para poner fin a más de dos meses de enfrentamientos en Medio Oriente. El sábado, la actividad militar en la región disminuyó de manera considerable, dando paso a una jornada marcada por la expectativa y la cautela.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, había anticipado que la contestación iraní llegaría en cuestión de horas, pero hasta el momento no se registraron novedades por parte de Irán ni Pakistán, país mediador que fue sede en las primeras negociaciones presenciales e indirectas entre Washington y Teherán.
Las conversaciones diplomáticas se intensificaron con una reunión entre Rubio y el primer ministro qatarí, Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, celebrada en Miami.
En ese encuentro, ambos líderes enfatizaron la necesidad de mantener la cooperación regional para disuadir amenazas y promover la estabilidad en Medio Oriente. El comunicado oficial de la delegación estadounidense evitó mencionar a Irán explícitamente en el resumen de la reunión.
En las últimas jornadas, la región experimentó los combates más intensos desde la declaración del alto el fuego hace un mes. El viernes, los Emiratos Árabes Unidos reportaron que sus defensas aéreas interceptaron dos misiles balísticos y tres drones provenientes de Irán, ataque que provocó heridas moderadas a tres personas.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán advirtió el sábado que responderá con represalias directas contra instalaciones estadounidenses en la región y buques identificados como enemigos si alguno de sus petroleros resulta atacado en el estrecho de Ormuz.
Desde el inicio de los ataques aéreos estadounidenses e israelíes a Irán, el 28 de febrero, Teherán restringió el paso de embarcaciones extranjeras por la zona marítima, una vía que antes de la guerra concentraba una quinta parte del flujo mundial de petróleo.
“Cualquier ataque contra petroleros y buques comerciales iraníes provocará una fuerte represalia contra uno de los centros estadounidenses en la región, así como contra los buques enemigos”, declaró el comandante de la marina del CGRI.
El comandante general Majid Mousavi señaló que “misiles y drones apuntan contra el enemigo y esperamos la orden de abrir fuego”, según declaraciones recogidas por la televisión pública Irib y la agencia Isna.
Además, el viernes se registraron choques esporádicos entre fuerzas iraníes y navíos estadounidenses en Ormuz, según señaló la agencia iraní Fars. Más tarde, la agencia Tasnim, vinculada al CGRI, citó a una fuente militar iraní que describió una situación de calma relativa.

El Comando Central de Estados Unidos informó que atacó a dos buques vinculados a Irán que intentaban ingresar a un puerto en territorio iraní. Un avión de combate estadounidense impactó las chimeneas de ambas embarcaciones, lo que forzó su retirada.
“Ya lo oyeron: tomamos nuestros tres destructores y los embestimos contra algunas cosas bastante grandes hoy y los dejamos en muy mal estado. Los destructores no sufrieron ningún daño. No sufrimos daños, pero nos disparaban y nosotros les disparábamos de vuelta, y nuestra potencia de fuego era muchísimo mayor que la suya y los dejaron en muy mal estado”, sostuvo el presidente estadounidense, Donald Trump, ante periodistas el viernes.
La presión internacional sobre Irán para frenar el conflicto creció a pocos días de la visita de Trump a China. Los mercados energéticos reaccionaron con incertidumbre ante la posibilidad de una escalada, que representa una amenaza para la economía global.
Durante más de dos meses de hostilidades, la zona del estrecho de Ormuz se convirtió en un punto estratégico, ya que cualquier alteración en la libre circulación de buques impacta directamente en el suministro energético internacional. El eventual acuerdo de paz propuesto por Estados Unidos busca cerrar formalmente la guerra y abrir la puerta a negociaciones sobre temas más complejos, incluido el programa nuclear iraní.
Por el momento, la expectativa se centra en la respuesta de Irán y la posibilidad de que los canales diplomáticos logren estabilizar la región, lo que permitiría la reapertura segura de una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.
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