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ECONOMIA

Suba de Kicillof en sondeos coincide con tasa alta para bono 2028 y complica a Caputo

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Al pelear en varios frentes al mismo tiempo, Toto Caputo corre el riesgo de enviar mensajes contradictorios, porque a cada auditorio debe darle argumentos diferentes. Fue lo que le ocurrió cuando, después de haber agitado durante meses el fantasma del «riesgo kuka», salió a argumentar que no hay ninguna posibilidad de que Axel Kicillof llegue a presidente.

Claro, eran dos momentos y dos públicos distintos. Cuando envió el primer mensaje, estaba justificando por qué el mercado le cobra tasas de interés tan altas cuando pide crédito en dólares. Y su argumento es que, en realidad, ese alto diferencial entre la tasa argentina y la que se paga en el resto de la región -el «riesgo país»- no se debía al temor de que el gobierno entrara en crisis, sino a que en 2027 pudiera ganar el peronismo y declarar un default de la deuda.

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Era un argumento potente desde el punto de vista político y, además, Caputo encontró una forma de «demostrar» que lo del «riesgo kuka» no era una mera chicana sino que era un factor de análisis concreto de los inversores a la hora de prestarle dinero a Argentina.

La primera vez que Caputo se refirió a este tema fue en plena campaña electoral por las legislativas. En una autocrítica, admitió que se había equivocado al proyectar que el índice de riesgo país que mide el JP Morgan iba a situar en 400 puntos el riesgo argentino. El ministro argumentaba que la mejora en los indicadores económicos era incuestionable pero que el temor a una victoria kirchnerista en las urnas había puesto en duda que fuera sostenible el equilibrio fiscal.

Lejos de los 400 puntos que esperaba el ministro, el riesgo país saltó por encima de los 1.200 puntos, y Caputo dijo que todo se explicaba por la seguidilla de proyectos de ley que expandían el gasto público sin garantizar financiamiento.

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Pero no todos estaban de acuerdo con ese argumento. Varios economistas de línea ortodoxa dijeron que si los argentinos habían huido a refugiarse en el dólar hasta el punto de convertir la mitad de la base monetaria no era tanto por culpa del peronismo sino por errores propios en el manejo de la liquidez bancaria y por generar una extrema volatilidad de las tasas de interés.

La profecía en la tasa de interés

Pero este año, Caputo encontró un argumento que parece irrefutable. Emitió dos bonos en dólares, destinados al público doméstico. Uno de ellos tiene vencimiento a fines de 2027 -es decir, aún dentro del mandato de Javier Milei– mientras que el segundo pagará el capital a fines de 2028.

Salvo por las fechas de vencimiento, las demás características del bono son idénticas: incluye el pago de un cupón mensual, lo cual lo torna atractivo para un pequeño ahorrista que quiera obtener una renta dolarizada. Y, en los dos casos, el Tesoro indica una tasa de referencia, pero la tasa real a pagar es determinada por el mercado, dependiendo de si la demanda por este título es alta o baja.

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El resultado fue llamativo y, desde el punto de vista de Caputo, resultó una confirmación de su postura política: el «riesgo kuka» no es una invención política sino una realidad concreta que hasta se puede cuantificar. Ocurre que el bono con vencimiento en 2027 un rendimiento efectivo anual de 5,12%, mientras que el que vence en 2028 tiene una tasa de 8,51%.

Con ese argumento, el «riesgo país Milei» está en torno de 120 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono AO27 el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial estuvo, hasta hace pocas semanas, encima de 600 puntos.

En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 es calculado por Caputo en 440 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14%.

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Las encuestas y el riesgo país

Pero la estrategia de Caputo tiene un punto débil: detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.

Es algo que le han advertido los analistas del mercado en las últimas licitaciones del Tesoro. Así lo planteó la consultora Outlier: «El argumento del ‘riesgo kuka’ para explicar esa situación es un arma de doble filo, porque implica reconocer que el mercado asigna una probabilidad significativa no solo a la no continuidad de la actual administración, sino a un quiebre y reversión abrupta del enfoque por la misma impulsado».

Lo cierto es que hay muchos analistas que coinciden en que la licitación de estos bonos no es buena para el gobierno, y no necesariamente por los montos de las tasas, sino por el mensaje tácito que devuelve el mercado. Básicamente, que la confianza sobre la estabilidad del modelo económico es de corto plazo.

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Y las encuestas confirman esas advertencias: al tiempo que la intención de voto para Milei va en caída, se observó una llamativa mejora para las chances de Axel Kicillof ,quien le saca una diferencia de 12 puntos al presidente en un sondeo de la consultora Zuban Córdoba.

La pauta de que en el gobierno se toman en serio esa amenaza la dio el ministro de economía, Toto Caputo, en el foro Llao Llao, durante el pasado fin de semana largo. El ministro intentó transmitir su optimismo por los dólares que aportarán los sectores emergentes, como el petróleo y la minería, pero no pudo eludir el tema que sobrevolaba las mesas del «círculo rojo». 

Y agregó un comentario sugestivo: dijo que el empresario que estuviera encargando encuestas para medir la intención de voto del gobernador bonaerense «está tirando la plata». Según el ministro, es imposible que el kirchnerista Kicillof tenga chances de disputarle la presidencia a Milei.

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¿De quién es la culpa?

El comentario de Caputo dejó en evidencia que las rispideces entre Milei y altos dirigentes industriales -como Paolo Rocca, de Techint, y Javier Madanes Quintanilla, de Aluar- han dejado heridas. De hecho, la comidilla del Foro Llao Llao fue, justamente, la de que entre empresarios de primera línea se especula respecto de una figura alternativa a Milei, que mantenga ciertos lineamientos en lo que respecta al plan de estabilidad económica, pero que no profundizara el atraso del tipo de cambio ni dejara a la industria local sin defensa frente a la competencia asiática.

La seguridad que intentó transmitir el ministro respecto de la reelección de Milei encuentra, paradójicamente, un escollo en el argumento que él mismo fomentó: si en el mercado se pensara que Kicillof no tiene chances, entonces los bonos con vencimiento en 2028 no estarían pagando una tasa por encima del 8%, sino que caerían por debajo del 6%.

En los últimos días, la cotización de los bonos de deuda soberana mejoró, gracias a un «ascenso» en la nota que la agencia Fitch Ratings le puso al riesgo crediticio argentino. Economistas cercanos al gobierno están defendiendo el argumento de que el mercado ve una victoria de Milei. Y algunos le pusieron cifras concretas, como Agustín Etchebarne: calculó que, por la diferencia de tasas, hay un 85% de posibilidades de una reelección y un 15% de que triunfe el kirchnerismo.

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Lo irónico es que ese argumento termina contradiciendo la tesis principal de Caputo. Porque si Kicillof ya no es un peligro, ¿entonces a quién hay que atribuir el alto riesgo país y el «salto» de la tasa a partir de 2028?

No por casualidad, generó tanto enojo en el gobierno el comentario del siempre influyente Domingo Cavallo, para quien los problemas de Argentina para acceder al crédito internacional son generados por el propio Caputo, que se resiste a un levantamiento total del cepo cambiario.

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Cómo es y cuánto cuesta el nuevo auto 0 km que llegó a la Argentina y está entre los 10 más vendidos de la región

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El nuevo Nissan Kait toma la plataforma y motor del anterior Kicks y lo revitaliza con una silueta mucho más moderna. (Nissan Argentina)

Apenas unos meses después de su lanzamiento en Brasil, Nissan lanzó el nuevo Kait en el mercado argentino en una clara maniobra comercial de alto impacto que la permitió completar su nueva oferta de modelos SUV sin dejar ningún segmento libre.

El Kait es el más pequeño de los modelos de esta categoría que Nissan comercializa en la región, compuesta por el nuevo Kicks y el X-Trail, pero no es un auto que debe ganarse el mercado sino solo darle continuidad al exitoso recorrido que hizo su antecesor, el original Nissan Kicks, que en 8 años de comercialización local, superó las 40.000 unidades.

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Del Kicks hereda una plataforma y mecánica de probado funcionamiento y aceptación en los mercados de Latinoamérica, a punto tal . De hecho, en el estudio anual de Car Industry Analysis publicado en abril, ubicó al Nissan Kicks como el octavo vehículo más vendido entre los 19 países más relevantes de la región en 2025.

SUV Compactas
El exitoso Nissan Kicks se despidió del mercado con la llegada de Kait. El formato es el mismo, la apariencia y tecnología son un paso más adelante

Pero el nombre Kicks no se fue, sino que cambió de carrocería. Es ahora un SUV del segmento C, completamente nuevo y revolucionario, y por eso la importancia de seguir ocupando el espacio que tuvo hasta finales del año pasado.

El Kait es un vehículo global que Nissan desarrolló para ser producido en Brasil y abastecer a los mercados regionales, ya que será exportado a más de 20 países.

En este nuevo SUV hay dos pilares que sobresalen incluso por encima de una estética modernizada del anterior Kicks, y que es lo que salta a la vista. Se trata de la confiabilidad y la seguridad, ejes esenciales del vehículo.

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El motor es el conocido y eficiente 1.6 litros aspirado de cuatro cilindros, cadenero y de inyección directa, que entrega 120 CV de potencia y que ya tenía el modelo anterior, asociado a las ruedas delanteras a través de una caja automática tipo CVT.

Primer plano del lateral izquierdo de un automóvil blanco, mostrando el faro, guardabarros, llanta de aleación y neumático sobre adoquines
La imagen ilustra la parte frontal izquierda del nuevo Nissan Kait, que cambió totalmente su aspecto, aunque mantiene el adn de su predecesor. (Nissan Argentina)

El segundo es su equipamiento de seguridad, mejorado respecto al Kicks Play en un 40 por ciento. Tiene 17 ítems que componen lo que la marca denomina como el “Escudo de Nissan Safety Shield”, y que está dividido en tres capas. Hay 8 relacionados con el monitoreo, otros 5 ítems de intervención o respuesta, y los restantes 4 relacionados con la protección.

Se destacan el control crucero adaptativo con la función stop que se mantiene activa hasta detenerse completamente, asistente de prevención de cambio de carril, asistente inteligente de frenado con detector de peatones, monitor de punto ciego complementado por el Around view monitor con detector de movimiento en el entorno del auto al hacer maniobras de estacionamiento, y incorpora monitor de presión en los neumáticos.

Lo destacable es que para este segmento de vehículos, este no suele ser un equipamiento de serie para todas las versiones, pero el Kait las tiene. Por eso es más destacable en seguridad que en otros aspectos este nuevo SUV-B de Nissan.

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En el interior, el cuadro de instrumentos digital es una innovación, al igual que las butacas, desarrolladas con la ya conocida tecnología de Nissan Gravity Zero que proporcionan una posición relajada que no genera cansancio en viajes largos. En contra, la pantalla central de 9” queda muy chica en relación con el equipamiento que tienen actualmente los autos de nueva generación.

Primer plano del lateral izquierdo de un automóvil blanco, mostrando el faro, guardabarros, llanta de aleación y neumático sobre adoquines
El interior del Kait es lo que menos cambió y se hace notar. Una pantalla de 9″ parece pequeña en comparación con los competidores del segmento. (Nissan Argentina)

Dinámicamente el auto tiene un comportamiento indiscutido, con una nobleza de respuesta en los virajes y las frenadas del tránsito urbano, que se traslada a un andar suave pero firme en ruta, gracias a una recalibración del eje trasero que se desarrolló para este nuevo modelo.

El diseño, por último, es lo de menos porque es subjetivo. Hay una renovación muy grande con superficies planas y rectas de mayor volumen, con doble línea de luces LED y una reducción de las entradas de aire que fueron suplantadas por partes más grandes y llamativas en la carrocería en general.

Particularmente llama la atención una elevación del capó en la parte superior, llegando al parabrisas, que sale de lo común, pero que responde a la necesidad de mejorar la aerodinámica en velocidades medias y altas y dar una imagen de un vehículo más grande de lo que es. Misión cumplida, porque lo han conseguido, más allá del gusto de quien observe la silueta.

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El auto se comercializa en tres versiones, Sense, Advance y Exclusive, con precios que van desde los $36.500.000 hasta los $46.500.000.



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El efecto aguinaldo enciende el dólar e impulsa la demanda de bonos: cuál es el más buscado por los inversores

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La suba del dólar en el mes de 2,7% deja obsoleto el carry trade. (REUTERS/Sam Mircovich)

La suba del dólar en el mes de 2,7% está derrotando a las tasas en pesos y, por lo tanto, alentando el final del carry trade por la dolarización de las ganancias en pesos.

De hecho, se vio en el mercado a inversores vendiendo las LECAP, bonos a tasa fija, y buscando cobertura en bonos dollar linked (atados a la devaluación). Por otra parte, la oferta de LECAP viene creciendo desde hace un tiempo porque la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) canceló la deuda del Programa de Atención Médica Integral (PAMI) con proveedores de servicios de salud con estos bonos.

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De este modo, la tasa de rendimiento anual subió de 23% a 24,5%, lo que representa un 2,04% efectivo mensual, aún por debajo del incremento que registró el dólar en el mismo período.

En el Mercado Libre de Cambios (MLC) se operaron USD 566 millones y el Banco Central compró 70 millones de dólares. El tipo de cambio mayorista anotó un alza de $10 (+0,7%) a $1.451 y acumula una suba de 3% en lo que va de junio lo que justifica las inversiones en los bonos dollar linked.

Según la consultora F2 que dirige Andrés Reschini “mientras el tipo de cambio se mueve al alza, también lo hace la banda superior y la distancia con el mayorista se mantiene por encima del 20% (23,3%), no sin la ayuda de intervenciones oficiales en la curva dollar linked evitando una volatilidad mayor”.

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En la plaza financiera, el MEP aumentó $6,70 (+0,55) a $1.468,70 y el contado con liquidación (CCL) $3,60 a 1.509 pesos. El dólar “blue” subió $10 a 1.475 pesos. La dolarización está influida por el próximo pago de aguinaldos.

De acuerdo a F2, esta dinámica se observó en el mercado de futuros donde “el volumen fue similar al de la rueda anterior y se negociaron 1.226.325 contratos. Sin embargo, esta vez el interés abierto dejó un desarme neto de USD 84 millones; el contrato de fin de junio el único que mostró cierre de posiciones por USD 138,4 millones”.

“Este comportamiento puede estar influenciado por el rolleo que ofreció el Tesoro por medio del cual logró patear vencimientos por USD 2.805 millones (VN) mediante canje de TZV26 por D31L6 que vence el 31 de julio por USD 2.561 millones (VN) y el TZVD8 que vence el 15de diciembre de 2028 por USD 318 millones (VN). Con esta operación logró refinanciar el 58% del VN en circulación del TZV26 atado al dólar oficial que vence el 30 de junio y fijaría su precio con el tipo de cambio del 25 de junio”, detalló el reporte.

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La caída del peso en la Argentina beneficia a los exportadores, ya que el dólar continúa fortaleciéndose frente a las principales monedas del mundo. Ayer avanzó 0,76% y suma un aumento del 3% en los últimos 15 días, impulsado por la expectativa de que la Reserva Federal suba las tasas de interés antes de fin de año y por las previsiones de una inflación en alza. Aunque se firmó un tratado de paz, las consecuencias del conflicto con Irán siguen impactando en los mercados.

Los bonos soberanos tuvieron leves alzas que hicieron bajar el riesgo país 6 unidades (-1,8%) a 429 puntos básicos. La decepción de los inversores fue que la Argentina no entró en revisión en la reunión de Morgan Stanley Capital International (MSCI). Se espera que el próximo 23 de junio pueda ser revisada, pero sería algo excepcional porque se anticipa siempre en la reunión previa.

En tal sentido, el país sigue en la categoría más baja, conocida como Standalone o mercado aislado. Los inversores esperaban que se abriera una revisión para que, en la próxima reunión, la Argentina pudiera ser reclasificada como país Frontera, el paso previo a recuperar la categoría de Emergente. El principal obstáculo es el cepo cambiario, que para MSCI representa una restricción significativa para el mercado de capitales. En tanto, el comportamiento de los bonos argentinos fue distinto al de la región donde el índice de Emergentes subió 3 por ciento.

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El S&P Merval de las acciones líderes siguió en alza motorizado por los bancos y subió 1,26% en pesos y 0,79% en dólares. BBAR (+4,5%) y Banco Macro (+3,9%) lideraron las subas.

En el overnite, tras las subas de las Bolsas de Nueva York de hasta 1,91% en el Nasdaq, se observaba una leve toma de ganancias. El oro seguía en baja de casi 1% y el petróleo cotizaba por debajo de los USD 80 por barril por la apertura paulatina del estrecho de Ormuz.

El feriado de Estados Unidos de hoy impedirá analizar con claridad el comportamiento de los inversores locales por la falta de referencia del principal mercado del mundo.

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El “Jano económico” argentino: dos caras, un mismo cuerpo

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Hoy la economía argentina encarna esa figura bifronte. Una cara, moderna y ambiciosa, mira hacia afuera: los mercados globales, los commodities y la inversión extranjera. La otra, fatigada y preocupada, mira hacia adentro (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la mitología romana, Jano era el dios de las dos caras: una miraba hacia el pasado y la otra hacia el futuro. Hoy la economía argentina encarna esa figura bifronte. Una cara, moderna y ambiciosa, mira hacia afuera: los mercados globales, las materias primas y la inversión extranjera. La otra, fatigada y preocupada, mira hacia adentro: el mercado doméstico, las pymes y el conurbano bonaerense.

Esta dualidad no es un accidente coyuntural, sino el reflejo de una transición estructural: de una economía proteccionista y cerrada a otra que se abre al comercio, estabiliza variables macroeconómicas y busca una inserción competitiva en el mundo.

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La cara orientada hacia afuera se muestra más dinámica. En 2025, el PBI creció alrededor del 4,4%, impulsado principalmente por minería (litio y cobre), petróleo y gas de Vaca Muerta, agro y ganadería, y servicios de economía del conocimiento. Argentina pasó de un déficit de USD 5.000 millones en 2022 a un superávit de USD 7.815 millones en 2025, y se proyecta que será aún mayor en 2026.

Transición estructural: de una economía proteccionista y cerrada a otra que se abre al comercio, estabiliza variables macroeconómicas y busca una inserción competitiva

El litio atrae inversiones millonarias, el agro apunta a cosechas récord y las exportaciones de software y servicios continúan en expansión. Provincias como Neuquén, Catamarca, Jujuy y Santa Cruz atraviesan un ciclo de ingreso de divisas, empleo calificado y obras de infraestructura. Esta cara respira globalización: precios internacionales de materias primas, contratos con grandes empresas estadounidenses y chinas, y un superávit comercial que fortalece las reservas.

La cara orientada hacia adentro, en cambio, muestra desgaste. En el AMBA y en el centro industrial (Córdoba, Rosario), la industria manufacturera, el comercio minorista y la construcción siguen deprimidos. El consumo masivo no repunta plenamente, las ventas en supermercados acumulan caídas y el empleo formal privado se resiente. La actividad crece en los sectores exportadores, pero el traslado al resto de la economía es lento y todavía no se percibe con fuerza. Es la conocida economía a dos velocidades, o recuperación en “K”: una rama asciende y la otra se arrastra.

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Vista del Puerto de Buenos Aires con buques de carga, remolcadores, grúas portuarias y contenedores, y la silueta de rascacielos de la ciudad al amanecer.
La actividad crece en los sectores exportadores, pero el traslado al resto de la economía es lento y todavía no se percibe con fuerza (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Por qué, en una economía que deja atrás el proteccionismo, estabiliza la inflación (cerró 2025 en 31,5%, la más baja en ocho años), unifica y estabiliza el tipo de cambio y reduce las tasas de interés reales, la mejora del mercado doméstico demora tanto?

La respuesta tiene raíces teóricas. Arthur Lewis, en su modelo de economía dual (1954), describió la coexistencia entre un sector moderno (capital-intensivo, alta productividad, orientado a exportaciones) y un sector tradicional (exceso de mano de obra, baja productividad, orientado al consumo interno). El primero absorbe recursos y crece; el segundo tarda más en modernizarse. En Argentina, el sector moderno se concentra en el interior productivo; el tradicional, en el AMBA.

En Argentina, el sector moderno se concentra en el interior productivo; el tradicional, en el Área Metropolitana de Buenos Aires

A esto se suma la “enfermedad holandesa” (Dutch Disease), conceptualizada por Corden y Neary (1982). Un boom de recursos naturales genera entrada de dólares que aprecia el tipo de cambio real, encarece los costos de la industria manufacturera y reduce su competitividad. Los sectores no transables (servicios internos) también sufren por la reasignación de recursos hacia el boom. Argentina lo vivió históricamente y lo enfrenta otra vez: Vaca Muerta y el litio aportan divisas, pero afectan de manera transitoria a parte de la industria local.

Cuando se corrigen distorsiones acumuladas por décadas (subsidios, regulaciones, emisión), el ajuste impacta primero en el consumo interno y en sectores que dependían de protección (Foto: EFE)
Cuando se corrigen distorsiones acumuladas por décadas (subsidios, regulaciones, emisión), el ajuste impacta primero en el consumo interno y en sectores que dependían de protección (Foto: EFE)

La estabilización macroeconómica -déficit cero, desinflación y apertura- resulta costosa durante la transición. Cuando se corrigen distorsiones acumuladas por décadas (subsidios, regulaciones, emisión), el ajuste impacta primero en el consumo interno y en sectores que dependían de protección.

La “destrucción creativa” de Schumpeter entra en acción: cierran o se reconvierten empresas poco competitivas, mientras aparecen otras en clústeres exportadores. El crédito recién comienza a fluir, los salarios reales se recuperan con lentitud y la confianza de los consumidores tarda en consolidarse. Por eso el mercado doméstico reacciona después: la macro puede ordenarse antes de que la microeconomía termine de reacomodarse.

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La macro puede ordenarse antes de que la microeconomía termine de reacomodarse

¿Qué debería ocurrir para que Jano oriente sus dos caras hacia un mismo horizonte?:

  1. Un derrame productivo. Los dólares de Vaca Muerta y el litio deben impulsar no solo exportaciones “puras”, sino también cadenas de valor: petroquímica, baterías de litio, gas natural licuado, procesamiento agroindustrial y software aplicado a la industria. Hace falta un plan de industrialización inteligente, como sugieren ejecutivos de Evonik: aprovechar la riqueza shale para desarrollar proveedores locales y clústeres.
  2. Reconversión laboral y regional. Programas de capacitación a escala para trasladar mano de obra del AMBA hacia sectores de mayor productividad, junto con infraestructura que conecte el interior con puertos y centros urbanos. La apertura comercial debería ser gradual y selectiva, con salvaguardias temporales y acuerdos que abran mercados para productos de valor agregado.
  3. Institucionalidad estable. Mantener el ancla fiscal y monetaria es una condición necesaria, pero no suficiente. Se requiere previsibilidad regulatoria, reducción de costos internos (energía, logística, impuestos) y mejoras sostenidas en capital humano para elevar la productividad. Si el dinamismo exportador logra contagiar al mercado interno, Jano dejará de ser una figura dividida. Si no, se profundizarán brechas regionales y sociales que pondrán en tensión la sustentabilidad política del modelo. La Argentina de 2026 crece, pero todavía a dos velocidades. La oportunidad es convertir esa dualidad en sinergia: que el impulso externo también se traduzca en recuperación puertas adentro.
  4. El autor es Analista Económico y director de la consultora Focus Market



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