ECONOMIA
El Gobierno anticipa nueva presión a la baja del dólar y revela indicios de su próxima estrategia

El viceministro de Economía, José Luis Daza, lanzó un mensaje contundente durante su participación en el 3° Foro Estratégico IAEF: dijo que la Argentina entró en un «círculo virtuoso» que desafía los pronósticos tradicionales del establishment.
Con una mirada forjada tras 45 años de experiencia laboral en los centros financieros globales, Daza fue categórico al señalar que la economía argentina está transitando un cambio de paradigma, pasando de un programa defensivo para evitar el colapso a uno de consolidación y crecimiento, según dijo ante una audiencia repleta de financistas y empresarios.
¿El precio del dólar puede seguir bajando?
El viceministro de Caputo aventuró que en los próximos tiempos, la Argentina atravesará una «fuerte presión» bajista sobre el tipo de cambio, producto de un poderoso ingreso de divisas. Ya sea tanto de un sector tradicional -el campo- y el renovado rubro energético.
Según el funcionario, el mes de enero marcó un hito en esta transición. Uno de los pilares de este fenómeno es el comportamiento de las tasas de interés.
Daza destacó que, tras alcanzar picos superiores al 100% el año pasado, la tasa de los bonos de corto plazo cayó 15 puntos porcentuales de forma «sostenible y creíble».
Lo que resulta «extraordinario» para la visión del Ministerio es que esta baja de tasas cortas fue acompañada por una caída en las tasas de largo plazo, una señal para el mercado que indica «sostenibilidad».
«Es el sueño de todo macroeconomista: bajan las tasas cortas, bajan las tasas largas y caen las expectativas de depreciación», afirmó el viceministro, subrayando que este equilibrio se alcanzó sin necesidad de mantener tasas artificialmente altas para sostener el peso.
Reservas: el Banco Central registra compras récord
Frente a las críticas de ciertos sectores del empresariado y también de algunos economistas, como Domingo Cavallo, que reclaman medidas adicionales para asegurar el plan de estabilización, Daza aportó cifras contundentes: el Banco Central compró u$s4.500 millones durante los primeros tres meses del año.
A ese flujo se sumaron otros u$s1.000 millones que las empresas extranjeras remitieron como dividendos a sus casas matrices.
A pesar de esta masiva absorción de divisas y la salida de capitales por dividendos, el peso no sólo se mantuvo estable, sino que se apreció.
Daza aclaró que el Gobierno no tiene un «objetivo de tipo de cambio» ni busca atrasarlo artificialmente; por el contrario, sostuvo que, de no haber sido por las compras del Banco Central, el dólar estaría hoy en niveles significativamente más bajos.
Para el funcionario, lo que se observa no es una intervención política, sino la respuesta del mercado a un programa fiscal y monetario consistente.
El mensaje del Gobierno a los empresarios
El punto más ácido de su exposición fue la advertencia directa al sector privado.
Daza pidió a los empresarios «no apostar a un tipo de cambio más débil» como solución a sus problemas de competitividad.
Según su visión, el tipo de cambio real no es una variable que el Gobierno controle o deba manipular, sino que vendrá determinado por los flujos comerciales y de capital.
La proyección de la balanza de pagos hacia el futuro inmediato, respaldada por datos del Ministerio de Economía y el Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IAPG), sugiere una «abundancia de dólares», sin precedentes, impulsada por el sector energético y minero.
«En los próximos cinco años vamos a enfrentar una oferta de dólares muy difícil», advirtió, señalando que la presión hacia la apreciación será constante.
En este sentido, el viceministro instó a los sectores que hoy se sienten desafiados por la estabilidad cambiaria —como el textil— a enfocarse en la «productividad y la modernización».
El compromiso del Gobierno, aseguró, es trabajar en la baja del «costo argentino», eliminando trabas impositivas, facilitando el acceso al crédito y promoviendo reformas estructurales como la laboral y la desregulación económica.
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ECONOMIA
Señal de alarma: volvió el déficit primario en marzo según las cuentas del Congreso

Finalmente se encendió la luz roja que más temía el gobierno: los números fiscales, base del programa económico de Javier Milei, tuvieron un punto de inflexión en marzo, cuando se produjo un regreso a los números en rojo, tanto a nivel primario -es decir, comparando ingresos y gastos corrientes- como en el plano financiero -o sea, descontando además el pago de intereses de la deuda-.
Este es, al menos, el alerta que surge del último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que mensualmente informa el resultado de las cuentas fiscales con una semana de antelación respecto de los datos que publica el ministerio de Economía.
Estos números de la OPC suelen ser considerados un predictor de las cifras oficiales, aunque no necesariamente haya coincidencia en las cifras. El reporte cubre la administración central -no todo el sector público- y se trata de cifras «base devengado» y no «base caja» -es decir, sobre los gastos hechos pero no necesariamente ya pagados-, lo que implica que en la versión final podría haber cambios.
Pero más que los números, lo relevante es «la historia» que cuentan las cuentas fiscales: que, luego de ocho meses consecutivos en los que se produjo una caída interanual real del ingreso por impuestos, y ante las dificultades para seguir aplicando la «motosierra» a un gasto público donde ya los recortes gruesos fueron realizados, el resultado fiscal va adelgazando peligrosamente.
Puesto en números, en marzo la OPC registró un ingreso corriente total por $11 billones, mientras los gastos ascendieron a $12 billones. Es decir, un resultado económico en rojo por $1 billón, que se reduce a $700.000 millones cuando se consideran ingresos por inversiones y transferencias de capital.
El resultado financiero, después del pago de intereses de la deuda pública, registra un déficit de $1,3 billones.
La vuelta del gasto público
Estos números marcan el ingreso a una zona peligrosa, en la que el gobierno pone en riesgo su meta fiscal para el año, consistente en un superávit primario de 2,2% del PBI, ampliando el logro del año pasado, cuando el saldo positivo fue del 1,4%.
Y las cifras son el resultado de una combinación letal: ingresos en caída junto con un gasto duro de recortar. De hecho, el renglón del gasto público ya está mostrando una suba en términos reales.
Uno de los rubros en los que el gobierno está «recomponiendo precios relativos», como el de las tarifas a los servicios públicos, fue, paradójicamente, uno de los que registró mayores costos por subsidios. En marzo, el aumento interanual por el subsidio estatal a la energía fue de 89% -hablando en plata, unos $400.000 millones-.
La OPC detalla que este gasto estuvo compuesto por transferencias a Cammesa -la empresa de propiedad mixta que provee en forma mayorista la energía al sistema nacional- para atender la brecha entre los costos y las tarifas de la generación eléctrica. Además, se registraron transferencias al Fondo Fiduciario para Subsidios a Consumos Residenciales de Gas.
También volvieron a registrarse incrementos de gasto en el crucial rubro de jubilaciones y pensiones, que representa, por lejos, el principal rubro del presupuesto, con un 42% del total. En marzo, la erogación fue de $5,1 billones, lo que supone una suba real de 1,1% respecto del año pasado.
Y la perspectiva es que ese gasto continúe al alza, dada la disparada inflacionaria de los últimos meses. Las jubilaciones de marzo tomaron como referencia al IPC de enero, que fue del 2,9%. La misma cifra se aplicará en el pago de abril y, de acuerdo con las previsiones de las consultoras privadas, el número podría ser mayor aun para el pago de pasividades en mayo -que se ajustará según el IPC de marzo-.
Si a las jubilaciones se les suma el gasto por programas de asistencia social y pensiones no contributivas, entonces el gasto por prestaciones sociales saltó a $8,3 billones en marzo, lo que representa un incremento real de 1,6% interanual.
Como casi siempre, el mayor rubro que cumplió el rol de variable de ajuste, fue el de los salarios del personal estatal, también uno de los más voluminosos del presupuesto, con un 11% del gasto público total. En el mes, la masa salarial de los trabajadores públicos cayó un 0,7% real, lo que implica que en el primer trimestre del año acumula una caída de 5,8%.
No es de extrañar que uno de los sectores con mayor conflictividad sindical sea, precisamente, el de los gremios de los trabajadores del Estado, cuyo salario ha evolucionado por debajo de la inflación desde mediados del año pasado, según la estadística del Indec.
Esperando el rebote impositivo
Pese al mal resultado de marzo, cuando se considera el saldo fiscal del primer trimestre, los números siguen siendo positivos, de $6,8 billones a nivel primario y de $2,3 billones en el plano financiero.
La preocupación de los economistas es que, con una economía que todavía no da señales de recuperación plena, no hay optimismo sobre una mejora drástica en el ingreso.
Con apenas un aumento nominal de 26,2%, la recaudación tributaria tuvo una caída interanual de 4,5% -asumiendo que el IPC de marzo rondará el 3% y la inflación anual acumulada será de un 32,2%-. Esto hace que marzo haya tenido una de las peores performances en cuanto a ingreso fiscal, y ponga mayor presión al gobierno para acentuar la «motosierra» sobre el gasto público, de manera de no poner en riesgo el superávit primario.
El ítem más llamativo de la recaudación de marzo es el ligado al comercio exterior. Con apenas $503.000 millones -apenas un 3% en la «torta» de la recaudación-, las retenciones hicieron un aporte muy exiguo. En la comparación interanual es un desplome de 35%, algo que se explica por el boom exportador que se registró un año atrás luego de la rebaja temporaria del impuesto al agro.
Es así que, pese al optimismo por los buenos volúmenes logrados en la cosecha -y el pronóstico de Toto Caputo sobre un ingreso exportador de u$s42.000 millones por aporte del campo-, todavía no se refleja un cambio positivo en la caja de ARCA.
Lo que parece seguro es que, pese a las críticas por los incrementos en los costos de los insumos -derivados del petróleo-, el campo no tendrá este año otra ayuda de un «tax holiday». Los números fiscales están demasiado ajustados como para que Caputo pueda darse el lujo de prescindir de las retenciones.
Sobre todo, cuando acaba de verse obligado a posponer la actualización del impuesto a los combustibles, con el objetivo de no acentuar el malhumor social tras la suba de precios en las estaciones de servicio.
Con una suba real de 35%, el impuesto a los combustibles se ha transformado en uno de los puntales de la recaudación, al punto que ya resulta más importante que los derechos de exportación y los aranceles de importación.
Motosierra cerca del límite
Pero las preocupaciones no se limitan a los ingresos, sino también al rendimiento decreciente de la «motosierra». Los economistas que analizan las cuentas fiscales afirman que el primer año todo se facilitó por la «licuación inflacionaria» de las jubilaciones y por el freno en la obra pública. Pero que, a partir de allí, se ingresa en una etapa en la que la mayor parte del gasto es rígido.
Aun así, empiezan a surgir visiones escépticas sobre que se pueda sostener el superávit únicamente con las subas de tarifas, y será necesario un avance en las reformas de tipo estructural, con mayor recorte en la nómina de empleados estatales. Lo que ven los economistas es que cada vez se necesita un esfuerzo mayor en el recorte, para obtener una mejora marginal en las cuentas.
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ECONOMIA
Abril arrancó mejor: fuertes compras del BCRA, inflación en baja y expectativa de “derrame” de la gran liquidación de la cosecha

Luego del pico alcanzado tras la victoria legislativa, el Gobierno fue perdiendo respaldo. La suba de la inflación, caída de ventas en el mercado local, aumento de la morosidad y un aumento del desempleo claramente jugaron en contra. Pero a eso se le sumaron varios escándalos que degradan el combate a la casta que pregona desde antes de la campaña presidencial Javier Milei. El Presidente optó por defender a Manuel Adorni a pesar del fuerte rechazo generado por sus conductas y la falta de respuestas adecuadas.
Marzo resultó un mes complicado para la Casa Rosada, también en lo económico. La guerra en el Golfo Pérsico pegó de rebote con una suba de 20% en la nafta. El índice de inflación, que se divulgará el martes estaría en torno al 3% (como en la ciudad de Buenos Aires), pero algunos reportes como el de Balanz y el de FMyA creen que podría estirarse incluso al 3,2%. Los salarios pierden poder adquisitivo y eso se siente en una merma de consumo.
La consultora Empiria, del ex ministro Hernán Lacunza, midió que el “ingreso disponible” cayó por quinto mes consecutivo. Esto significa que queda menos plata del sueldo para comprar lo básico.
Los salarios pierden poder adquisitivo y eso se siente en una merma de consumo
Otra historia
Abril es otra historia y la gran expectativa oficial es que aparezcan señales más claras de reactivación en la calle. Por ahora los sectores que traccionan los indicadores de actividad generan poco empleo: el campo principalmente, pero también la energía (ahora favorecida por la suba del petróleo) y la minería. El despegue en estos rubros es tan importante que alcanza para impulsar el PBI, aún cuando casi el 50% de la economía atraviesa una situación entre difícil o directamente crítica.
El mes arrancó con compras récord del Banco Central. En apenas seis jornadas hábiles ya compró más de US$ 1.000 M en tan solo seis jornadas, mientras que las reservas brutas subieron USD 1.700 millones. A medida que ingresen los dólares de la cosecha esta intervención podría incluso acelerarse.
En su viaje a Washington a mediados de esta semana para participar de la reunión de Primavera del FMI, Luis “Toto” Caputo buscará destrabar un desembolso del FMI por USD 1.000 millones, que se utilizaría para cancelar el vencimiento de Bopreales el 31 de mayo. Se trata del bono emitido por este gobierno para pagar la deuda con importadores que dejaron Alberto Fernández y Sergio Massa.

El descenso de la inflación desde abril (se calcula un 2,4%) sería clave para que los salarios empiecen a recuperar terreno perdido. De acuerdo a un relevamiento efectuado por el economista Fernando Marull las paritarias se están cerrando a un promedio de 3%. “Esto implicaría que los salarios le ganarían a la inflación por primera vez en siete meses”, agregó.
El Gobierno está jugado a conseguir un derrumbe de la inflación en los próximos meses. El dólar planchado debería ayudar para conseguir ese objetivo. Además, la tranquilidad cambiaria también es una invitación para que se ponga en marcha de una vez el plan de remonetización e la economía. Para eso, los pesos que emite el Central para comprar dólares no deberían ser reabsorbidos como hizo el Tesoro a lo largo del primer trimestre.
Los salarios podrían ganarle a la inflación por primera vez en siete meses
Otro foco de reactivación viene por el lado de la cosecha gruesa, que ya empezó a levantarse. Significa no solo un gran ingreso de dólares que ayuda a fortalecer el balance del Central. También implica más movimiento de camiones, carga de combustible y venta de neumáticos, entre otras cuestiones, que mueven la actividad.
La gran incógnita es hasta qué punto esta disponibilidad de divisas para el sector agropecuario se sentirá en las grandes ciudades. En otras palabras, hasta dónde llegará el derrame a los bolsillos. Ya hay muchas ciudades del interior que están viviendo una realidad muy diferente a la del Conurbano bonaerense, golpeado por los ingresos magros de las familias y el cierre de fábricas. Se trata de las que están en zonas cercanas a la zona agrícola núcleo o de Vaca Muerta.
Alivio de tasas
La fuerte baja de las tasas en pesos sobre todo para plazos cortos también es un alivio para las empresas que precisan descontar cheques para capital de trabajo. Esto implica que la situación de liquidez es adecuada y ya quedó atrás el súbito aumento que se produjo en la previa a las elecciones legislativas.
En aquel momento el Central subió los encajes a niveles récord, restringiendo al máximo la cantidad de dinero. Aquel apretón monetario provocó una fuerte suba de tasas y los bancos restringieron el otorgamiento de crédito.
Los niveles de atraso para el pago de los créditos ya venían aumentando en ese momento y alcanzaron un pico a principios de 2026. “La morosidad bancaria superó el 10% por primera vez en quince años y para entidades financieras no bancarias supera el 30%”, de acuerdo a un trabajo difundido por la consultora Empiria, a partir de los balances divulgados por las entidades en la web del Central.
En este caso, también se espera que haya tocado niveles máximos y que empiece a retroceder a partir de un mejor manejo de cartera por parte de las entidades, tasas un poco más accesibles y una recuperación gradual de los ingresos. La cuota de los préstamos ya representa el 25% de los ingresos familiares, según el mismo informe.
Jacquelyn Martin/Pool vía REUTERS
La perspectiva del fin de la guerra en el Golfo Pérsico es otra variable que debería jugar a favor de una reactivación. Lo más relevante es que aumentaría el apetito por activos de mercados emergentes y Argentina podría aprovecharlo. Crecen las chances en este escenario de una reducción del riesgo país, que podría volver sin tanto esfuerzo a la zona de los 500 puntos básicos.
Para el Gobierno las tasas siguen siendo altas para colocar deuda en el mercado internacional. Pero una mayor tranquilidad financiera permitirá que provincias como Mendoza finalmente acudan a financiarse, lo que representa otra fuente de acceso de dólares. Y lo mismo sucedería con emisiones corporativas.
Javier Milei precisa detener el deterioro de su imagen y tiene la oportunidad de lograrlo en estos meses. Según el monitor mensual de humor social que elabora la consultora Dalessio/Beresztein, las opiniones negativas sobre la gestión del gobierno subieron a un record de 57%, mientras que las positivas cayeron a 41%, la más baja desde que arrancó el gobierno libertario. Aún así se trata de niveles relativamente altos de apoyo pensando en las elecciones del año que viene.
Por eso, el principal desafío es frenar el deterioro y en lo posible impulsar una recuperación no solo en la imagen del gobierno sino además en las expectativas económicas.
Reactivación vs “riesgo kuka”

La necesidad de reactivar el consumo y de bajar el riesgo país que tiene el Gobierno choca, sin embargo, con otro escollo: ya se empezó a hablar de las elecciones presidenciales. Aunque falta casi un año y medio, el propio Caputo aseguró que serán “un paseo” para el oficialismo. Y al mismo tiempo Axel Kicillof realizó un llamado a la “unidad nacional” del peronismo.
“Me aterra lo que puede pasar en las elecciones del año que viene”, aseguró un administrador de cartera de Wall Street que pasó esta semana por Buenos Aires. La perspectiva de un regreso del kirchnerismo o de una versión no aggiornada del peronismo sigue espantando a los mercados, como quedó demostrado tras la victoria de los intendentes peronistas en septiembre pasado.
Por eso, el Gobierno se maneja con cautela extrema y ni quiere hablar de un eventual levantamiento del cepo cambiario. La batalla política del año próximo también se librará en el mercado cambiario, con el peligro de ponerle nuevamente un freno a la posible reactivación.
ECONOMIA
Aunque la recaudación lleva 8 meses de caída, detectan signos positivos en los datos de marzo

En la noche del domingo, en una entrevista televisiva, el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que el declive de ingresos fiscales durante 8 meses consecutivos no se debe a un menor nivel de actividad económica, sino a los alivios impositivos que dio el gobierno.
Si bien los datos del primer trimestre del año arrojan datos negativos, un informe de Quantum coincide con Caputo. Si bien dice que la recaudación de impuestos nacionales de marzo cayó 4,4% anual en términos reales, anota que esa caída interanual es menor a la de los dos meses anteriores aunque -reconoce- el acumulado de la recaudación del primer trimestre del año es aún 7,4% inferior al de igual periodo de 2025 y los ingresos de marzo fueron –sin estacionalidad- 8,5% menores a los de octubre pasado, cuando empezó el declive recaudatorio.
Como posible coletazo negativo, la consultora señala que de mantenerse la tendencia recautoria total, para cumplir la meta de 2,2% de superávit primaria “base caja” firmada con el FMI, el gobierno debería hacer una nueva revisión (léase, recorte) de gastos y concentrarse en los que no se ajustan de modo automático, como transferencias y prórroga de pagos de obligaciones.
La merma de ingresos se da en un contexto de aumento de actividad económica
Un aspecto notable, destaca Quantum, es que la merma de ingresos se da en un contexto de aumento de actividad económica, pues según el EMAE del Indec la economía tocó máximos históricos absolutos en enero, último dato disponible.
Causas sin azares
Según el informe “la divergencia entre máximos en actividad y caída en la recaudación puede estar asociada a diversos factores, entre los cuales cabe mencionar: la composición sectorial del crecimiento, con participación de los sectores agropecuario, petróleo y gas, minería y servicios financieros, en contraste con los sectores comercio e industria, que experimentan reducciones, el incremento de la informalidad en sectores afectados por la competencia externa y la reducción de las alícuotas de algunos impuestos, entre otros”.
Tras señalar esos tres factores, Quantum subraya el señalado por Caputo. “La reducción de alícuotas y la eliminación de impuestos que se viene haciendo desde principios del año pasado -enfatiza- es central en la explicación de la caída interanual observada. Se han reducido las retenciones a las exportaciones de cereales y oleaginosas, se eliminaron las de economías regionales, impuestos internos a diversos productos y se han reducido las alícuotas del impuesto a las ganancias de empresas, entre otros”.

Entre las principales apunta las reducciones permanentes de 26 a 24% de la alícuota sobre las exportaciones de poroto de soja,del 24,5 al 22,5% sobre subproductos, del 9,5 al 7,% sobre trigo y cebada del 9,5 al 8,5% sobre maíz y sorgo, del 5,5 al 4,5% al girasol. Además, recuerda, ya en enero y junio de 2025 se habían implementado reducciones transitorias y se llevaron a cero las retenciones a varias economías regionales (azúcar, algodón, tabaco, entre otras) y tuvo lugar una baja transitoria de las retenciones a la soja (33 a 26%) y a economías regionales. Y en julio hubo rebajas permanentes en carnes y produuctos aviares.
Aranceles, Ganancias, Bienes personales
Del mismo modo, Quantum menciona las reducciones, en varios casos, a la mitad, de los aranceles sobre la importación de celulares, videojuegos, textiles, hilados, telas y bienes de capital, y la eliminación para bienes producidos en Tierra del Fuego.
En Ganancias, recuerda el informe, se redujo del 30% al 27% la alícuota para “el segundo escalón”, y del 35% al 31,5% en el tercero y las tasas máximas de bienes personales al 0,75%, además de actualizarse las exenciones para patrimonios bajos y medios.
En los impuestos en que no hubo reducciones la evolución recaudatoria fue más favorable el mes pasado, nota Quantum. “El IVA DGI -asociado directamente al nivel de actividad, y 25% del total recaudado en 2026- creció 0,4% real interanual y algo similar pasó con el impuesto al cheque, que aumentó 4,8% en la misma comparación.
Por otro lado, concluye el informe, “a nivel del total y en prácticamente todos los impuestos principales, la variación real interanual de marzo es mejor que la del promedio del primer trimestre del año, lo que representa una señal positiva de la evolución reciente”.
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