POLITICA
El Consejo de la Magistratura aprobó por unanimidad un Código de Ética que no regirá para la Corte Suprema

La Comisión de Reglamentación del Consejo de la Magistratura de la Nación aprobó por unanimidad el nuevo Código de Ética para los magistrados del Poder Judicial de la Nación.
El documento fue votado este jueves por siete consejeros sin abstenciones ni votos en contra. Participaron los jueces Alberto Lugones y Diego Barroetaveña; las abogadas Jimena de la Torre y Fernanda Vázquez; el académico Hugo Galderisi; el representante de la Cámara de Diputados, Gonzalo Roca, y el del Poder Ejecutivo, Santiago Viola.
El Código regirá para jueces federales y nacionales, con excepción de los miembros de la Corte Suprema, que cuentan con su propio régimen.
Entre sus ejes centrales figuran la prohibición de recibir regalos o beneficios de litigantes o terceros, el deber de conservar bienes públicos, la obligación de asistir a los tribunales, limitaciones a conversaciones privadas con litigantes y prudencia en lugares y vínculos personales.
El reglamento destaca la necesidad de utilizar la perspectiva de género y la atención a sectores vulnerables; la capacitación permanente; la lealtad institucional y el secreto profesional.
Ademá hace hincapié en la participación transparente en eventos, moderación en la vida pública y privada, el uso responsable de tecnologías y redes sociales y la protección de datos personales.
Uno de los puntos más relevantes es la obligación de asistir físicamente a los tribunales, una práctica que se había relajado tras la pandemia de coronavirus.
Sobre las restricciones, sus impulsores destacan que se trata de una norma de carácter preventivo y pedagógico, no sancionatorio, que unifica y actualiza principios éticos dispersos en distintas regulaciones.
El proyecto se alinea con estándares internacionales y regionales. Sus objetivos declarados son fortalecer la confianza pública en la Justicia, mejorar la transparencia institucional y elevar la calidad del servicio de justicia en todo el país. Los consejeros coincidieron en que se trata de un avance consensuado en más del 90 por ciento y que solo requerirá ajustes menores en el plenario.
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Durante la votación, varios miembros destacaron la relevancia del documento. Lugones lo calificó como un proyecto “consensuado”. Barroetaveña subrayó su trascendencia “para todos en general, no solo para el Poder Judicial”.
Viola valoró que los representantes de los jueces demuestren “claros estos principios”, mientras Galderisi lo definió como “un hito inconmensurable para el Consejo” y un paso que salda “una deuda”.
Consejo de la Magistratura, jueces, Corte Suprema
POLITICA
“La suerte está echada”: la decisión clave que tomó Milei para los próximos meses y el tarifazo inminente que impactará en el Conurbano

Las interpretaciones y especulaciones que se pueden hacer sobre lo que sucede al interior del Gobierno son diversas, pero en ocasiones importa detenerse a observar lo que se elije plasmar en el ámbito de lo público. Javier Milei ratificó en su cargo a Manuel Adorni y dijo que no va a “ejecutar a una persona honesta”, aún con el avance rampante de las investigaciones en Comodoro Py y las nulas explicaciones públicas que dio el funcionario. Sin dudas, el Presidente tomó una decisión que impacta en su narrativa para los próximos meses, tanto de cara la sociedad como para los actores económicos que lo miran en calidad de policymaker.
El mensaje también se repitió este viernes en la reunión de Gabinete en Casa Rosada. Milei solamente estuvo media hora y en su discurso dio explicaciones de porqué sostendrá al ministro coordinador. La directiva buscó ser contundente, un nuevo gesto de autoridad frente al reclamo público de Patricia Bullrich para que Adorni acelere su declaración jurada. “Dijo que no se va a tirar por la ventana a nadie y que no va a ejecutar a nadie para ganar una elección”, reveló uno de los ministros presentes.
El reclamo de desplazar al jefe de Gabinete es generalizado cuando los ministros, secretarios y principales dirigentes libertarios se sinceran en el off the record, pero los Milei no piensan hacerlo. Esto generó un caldo de cultivo de malestar que, paradójicamente, no se trasladó en reclamos a la cúpula del Gobierno. La mayoría de funcionarios eligió callar principalmente porque no tienen la autoridad ni la confianza para sugerirlo. Quienes sí tienen ambos atributos confesaron a Infobae que no se quieren quemar ni tampoco apuntar contra uno de sus colegas: solo lo recomendarán si es que alguno de los Milei pide un consejo.
Pese a las críticas, Bullrich no realizó esos comentarios al comienzo del escándalo: lo hizo a los dos meses del inicio del escándalo y cuando la declaración del contratista terminó por derrumbar la moral del Gabinete, que pensaba que la interpelación en la Cámara de Diputados había puesto un punto final al asunto.
¿Qué hará hacia adelante la senadora si el escándalo se perpetúa en el tiempo y los Milei siguen sin removerlo? En su entorno saben que tiraron una granada al interior del oficialismo y que no tuvieron una respuesta en el sentido que les hubiera gustado. “No vamos a volver a insistir, la suerte está echada. Ahora solo queda ver las consecuencias de esta decisión. Si sigue, la relación con los aliados se va a complejizar”, afirma.

Adorni no tiene la declaración jurada lista. “No se va a presentar hasta que terminen las declaraciones en la Justicia”, afirma una fuente inobjetable. El miércoles pasado, el Presidente se apuró a declarar que el jefe de Gabinete la iba a presentar de manera inmediata y desde más de un despacho del Gobierno comenzaron a mandarle mensajes en vivo para que aclarara que iba a ser en cuestión de semanas, pero antes del 31 de julio, la nueva fecha límite.
En el karinismo marcan que ese siempre había sido el plazo que se había acordado internamente pero que, para ellos, Bullrich quiso “primerear” en la esfera pública para imponerse discursivamente con la narrativa de la transparencia interna. Con esa jugada, dejó en una posición incómoda a todos quienes justifican la falta de explicaciones de Adorni. “Patricia tiene que entender que es su último tiro y que depende de la voluntad del Presidente. Si quiere traicionar espacios, lo que hizo toda la vida, ya no le va a servir. Esta es la última”, dice una de las manos derechas de “El Jefe” a Infobae.
No es la única persona que generó enojo en este sector, donde reconocen que “está todo mal” con el diputado nacional Luis Petri. Las razones son múltiples, tanto por movimientos que realizó antes de saltar a LLA y que generaron desconfianza entre los armadores nacionales como la traición que dijo haber sufrido Adorni con ese entorno. Salvo que el Presidente insista, no se inmolarán por postularlo como candidato violeta a gobernador de Mendoza siendo que el vínculo que tienen con Alfredo Cornejo es fluido.
Pese a que la estructura que responde a la Secretaria General parece ser la que más sostiene a Adorni, hay quienes al interior sugieren que esto podría ser un maquillaje. “Creo que ahora el que lo sostiene es Milei y que Karina se dio cuenta del daño”, opina una persona que habita ese grupo, que agrega que “garpa más hacerse el boludo” e “inducir un poquito sin que se note” antes que pedir la cabeza del jefe de Gabinete. “No son ingenuos y juegan a la mancha con los aviones. Saben que si le va mal a Milei a muchos se les acaba la gallina de los huevos de oro. Y si Patricia se anima y gana consideración les disputa la Presidencia”, remata una fuente en estricta reserva.

En los sectores neutrales a este conflicto tienen una mirada parecida. Creen que con la jugada de esta semana la senadora nacional sumó puntos en una porción de los potenciales votantes o militantes libertarios que no está de acuerdo con las últimas decisiones políticas impartidas por la cúpula del Gobierno. “Ante todo, sabe que tiene votos y que está en una posición de poder difícil para que la saquen. Es clave en el Senado”, opina una referente oficialista que camina por los pasillos de la Casa Rosada.
La euforia mundialística no está al nivel de otros años probablemente porque Argentina ganó la última edición y hay más distensión de parte de los hinchas argentinos. Aun así, esperan que en las próximas semanas ese tema sea una suerte de bálsamo que pueda contrarrestar otros asuntos de la esfera política. También creen que el tema del jefe de Gabinete terminará cansando, aunque hay expectativa ante eventuales revelaciones en materia de las billeteras de criptomonedas que tiene el fiscal Gerardo Pollicita. Preocupa aún más que en los medios se esté empezando de hablar de presuntos cobros de sobresueldos en altos cargos políticos. “Si hay secretarios de Estado a los que se les conoció un sueldo doble a través de empresas públicas, no me extrañaría que haya casos de dinero por fondos que no se pueden trazabilizar fácilmente”, sugirió un subsecretario a este medio.
El ministro de Economía, Luis Caputo, teorizó en conferencia de prensa en Casa Rosada que el ruido mediático por los asuntos políticos no configuran una preocupación para los mercados. Una lectura que no coincide con los pedidos que hizo en diferentes reuniones con funcionarios del Gabinete para solicitar mayor orden en la política y, en particular, la relación con los gobernadores y el Congreso. En rigor, una altísima fuente legislativa confesó a Infobae que a esta altura del año aspiran a “sacar los proyectos que se puedan” y no los que quieren. En ese sentido, la eliminación de las PASO aparece muy lejana. Los asuntos más avanzados son los envíos de los pliegos de jueces y fiscales: esta semana habrá un tercer paquete del Poder Ejecutivo al Senado.
Paradójicamente, el mismo día que se dio a conocer la muy buena noticia de que Argentina recuperó una calificación B- de Fitch Ratings, el sitio de The Economist -medio de referencia absoluta para el mundo financiero- tenía en cabecera un artículo titulado Javier Milei está en serios problemas. En el párrafo final del artículo enfatizan que “Milei necesitará mantener una tendencia ganadora” y que la buena noticia que tiene el Gobierno por el momento es que “aunque su aprobación cae, la de ningún rival sube de modo significativo”.
Un gobernador que tiene diálogo practicamente semanal con los Milei conversó con Infobae y dio su punto de vista sobre lo que está sucediendo: “Es raro que un jefe de Gabinete no funcione como un fusible. Eso te genera debilidad. El Gobierno tiene buenos fundamentals, pero el crecimiento es en la Pampa Húmeda, en Vaca Muerta y en la minería. Yo miro los conurbanos y están en baja. Pasar este momento requiere una salida más amplia a nivel político, idealmente con una alianza con 10 gobernadores. El Gobierno se equivoca en no dar presivilibilidad política porque ahí sí corre riesgo la economía y si no se afirma, es muy probable que tenga viabilidad una opción de centro que acapare el descontento porque se va a correr el eje ideológico del electorado. La corrupción no siempre daña, pero sí agraba los problemas cuando la economía no anda”.
El Gobierno logró sostener el humor social hasta el año pasado y prometió que estos meses serán los que generen una reactivación económica definitiva. Es algo que creen imperioso varios estrategas políticos del Gobierno, incluso aquellos que están en Casa Rosada, quienes ven que los estudios cualitativos muestran cada vez más impaciencia con la motosierra; o al menos no registran el nivel de tolerancia que había al comienzo de la gestión.
En ese sentido, en los próximos días se dará a conocer una decisión de magnitudes de parte del Ministerio de Economía. El flamante secretario de Transporte, Mariano Plencovich, aprobó la semana pasada un aumento de tarifas para el transporte ferroviario, el cual no se incrementa desde septiembre del 2024. Se estima que por estos días se publicará una resolución en el Boletín Oficial que llame a una audiencia pública para autorizar el incremento. Las autoridades no quisieron revelar de cuánto será, pero una fuente oficial adelanta que será “fuertísimo”. Esto se debe al congelamiento que impera hasta ahora, así como la estrategia de aumentar de más ahora y evitar tener que hacerlo durante el año electoral.

El último informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios realizado por UBA-CONICET marca que la segunda partida más relevante del sector transporte es la que va orientada a Sociedad Operadora Ferroviaria (SOF) -la compañía que administra el servicio de trenes urbanos, entre otras rutas- y que el acumulado a abril de 2026 tuvo una reducción nominal del 21% y una caída real del 40% en sus transferencias. Una fuente inobjetable de la Casa Rosada confirma que la intención es generar condiciones más atractivas para cuando se busque la privatización de la compañía.
Pese a que la Casa Rosada afrontará esta semana una masiva marcha del sector universitario por la ley de financiamiento que no quieren aplicar, en el oficialismo tienen la certeza de que podría pasar tiempo hasta que la Corte Suprema decida sobre la medida cautelar. El recurso extraordinario que pidió el Gobierno llegó hace 72 horas al Palacio de Justicia y parece que imperará la filosofía de “la ansiedad es problema de otros”. Los supremos pueden tardar una semana, un mes o la cantidad de años que consideren necesario.
Un elemento que no se suele tener en cuenta es que el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) tiene otra vía judicial en curso en la Sala III de la Cámara Contenciosa Administrativa Federal, en donde se solicitó un incidente de ejecución de sentencia (contemplado en el artículo 258 del Código Procesal Civil y Comercial) que exige que se cumpla la cautelar mientras la Justicia decide sobre la medida en sí. Esa puede ser una forma en la que las universidades nacionales pueden conseguir una noticia positiva mientras los jueces de la Corte deciden. Aun así, quienes tienen años en los pasillos tribunalicios recuerdan que es el mismo recurso que utilizó Tabacalera Sarandí: “Con el paso del tiempo perdió. No son ejemplos iguales, pero la estrategia sí”.
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POLITICA
Los riesgos de la obstinación política en tiempos de ebullición social

La conversación digital de los argentinos muestra un clima social más áspero, con la negatividad en alza por cuarto mes consecutivo y un universo emocional dominado por fuerte sentimientos como la culpa, el odio, la tristeza, la preocupación, el enojo y la venganza.
En este clima social tan adverso, el caso de Manuel Adorni aparece como el segundo nombre más dominante en la charla digital local detrás del de Javier Milei, asociado a un debate digital que inflige un daño reputacional al corazón mismo del poder libertario.
Ante este escenario, cabe preguntarse si el Presidente, en modo “bombero incendiario” debe moderar su discurso buscando bajar la tensión pública o bien continuar con un agite político dañino para el humor de los argentinos.
La gobernabilidad, por otros medios
Desde el punto de vista institucional, un gobierno puede tener margen formal para tomar decisiones, con el riesgo de perder margen social para sostenerlas.
Abril mostró precisamente este problema: la conversación de los argentinos en redes sociales develó una negatividad que combinó el malestar social general, la crisis política de gobierno de Javier Milei, en un texto de ansiedad pública potenciada por ambos fenómenos.
En ese contexto, la gobernabilidad de Milei enfrenta un riesgo: que la confrontación permanente, que pudo haber servido como combustible electoral o como técnica de cohesión del núcleo duro, empiece a rendir cada vez menos como herramienta de gobernabilidad.
La motosierra comunica mejor cuando promete futuro, pero impacta peor cuando el público empieza a agitar sentimientos de culpa, odio, preocupación y desesperación.
La llamada polarización afectiva, como fenómeno en cuestión, puede amenazar la cohesión social, obstaculizar la formulación efectiva de políticas públicas y aumentar la distancia social entre grupos políticos.
Lo que luce como una decisión de riesgo, para los libertarios pareciera ser una opción válida para darse volumen político y fundamentalmente lograr gobernabilidad.
Adorni, el “jarrón chino”
Sostener en el cargo al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aparece como una decisión de alto costo reputacional para Milei.
Adorni es un actor central que ordena la conversación general en redes sociales, sólo detrás del presidente.
En una charla pública ya deteriorada, esa centralidad convierte su permanencia en un recordatorio constante de la crisis interna se sufre el gobierno.
Desde el punto de vista de la gestión de crisis, el peor escenario es aquel en el que el gobierno no logra cerrar el episodio ni resignificarlo.
De hecho, la gestión libertaria intentó obturar la crisis con la exposición desafiante de Manuel Adorni en el Congreso, en su presentación del informe de gestión.
La teoría situacional de comunicación de crisis, usada en estudios de reputación, diferencia entre negar, minimizar, reconstruir y dar respuestas de base.
La evidencia experimental muestra que las respuestas informativas —explicar qué pasó, cómo afecta al público y qué se hará para evitar repetición— pueden mitigar el deterioro reputacional, mientras que la ausencia de respuesta o el simple “recordatorio” de méritos previos puede empeorar la confianza y la percepción pública.
Si Manuel Adorni permanece sin una respuesta institucional robusta, el gobierno queda atrapado en una defensa de pertenencia.
Sirve para decir “no nos vencerán”, pero no servirá para reconstruir confianza.
Y en un contexto de alta crispación de la conversación pública, con 59% de negatividad en abril, la “épica del aguante” puede terminar pareciéndose demasiado a la obstinación.
Atacar a la prensa: útil para polarizar, malo para gobernar
El ataque a la prensa que el gobierno sostiene y profundiza puede tener un rendimiento táctico en pleno despliegue del Adornigate: activa identidad, ordena enemigos, retiene conversación y disciplina al propio espacio.
Pero en un clima digital deteriorado, su efecto de gobernabilidad es regresivo.
La agresión abierta al periodismo no sólo suma conflicto: transforma una crisis de gestión en una crisis de legitimidad informativa.
La investigación sobre acusaciones de desinformación realizadas por políticos muestra que esas acusaciones pueden reducir la confianza general en los medios entre ciudadanos con actitudes populistas fuertes.
La clave es que el ataque no impacta sólo sobre un medio específico: puede derramar sobre la confianza en la institución periodística en general.
Tal vez es lo que busca el gobierno de Javier Milei, contrariando los manuales de buenas prácticas políticas.
Para el presidente, el problema es práctico: un gobierno que necesita reformas, negociación legislativa, tolerancia social al ajuste y credibilidad externa no puede vivir indefinidamente en guerra con todos los intermediarios de confianza.
La prensa puede ser incómoda; convertirla en enemigo permanente es pegarle al termómetro que, en realidad, es el medio que marca la fiebre, pero no explica la enfermedad que la causa.
Moderar el discurso no es retroceder: es administrar poder
Más allá de si Javier Milei debe abandonar o no su identidad política, la cuestión es si puede gobernar con la misma intensidad discursiva con la que construyó poder: los datos de abril sugieren que no le conviene.
La moderación, en este contexto, no implica volverse “tibio”, sino separar la situación en tres planos:
- confrontar por temas (como fue la reforma laboral).
- negociar por gobernabilidad (como lo hizo con los gobernadores aliados)
- responder con transparencia ante crisis (como no lo hizo hasta ahora con Adorni)
En un contexto de negatividad en aumento, el gobierno debe bajar el volumen del conflicto identitario y subir la calidad de la explicación pública.
No es tan difícil, aunque resulte casi impracticable para el gobierno de La Libertad Avanza.
Según Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro “Cómo mueren las democracias”, estos regímenes políticos no dependen sólo de reglas formales, sino también de normas informales como la tolerancia mutua y la contención institucional.
Cuando los rivales pasan a ser tratados como enemigos existenciales, aumenta la tentación de usar cualquier herramienta para bloquearlos o destruirlos.
Esta perspectiva aplica de lleno al problema argentino: la moderación discursiva no sería una concesión estética, sino un mecanismo de reducción de riesgo institucional.
Construir puentes con opositores cercanos
En presidencialismos fragmentados, gobernar exige algo más que voluntad ejecutiva.
En ese sentido, Javier Milei entendió que trabar acuerdos con gobernadores aliados (cercanos o lejanos ideológicamente) le permite construir un interesante músculo político, con resultados parlamentarios.
Esta suerte de coalición ad hoc del gobierno libertario dio sus resultados en leyes clave como la reforma laboral, que fue aprobada (no sin sobresaltos) en el Congreso, pese a haber tenido fuertes resistencias en la sociedad.
El problema es si el caso Adorni (y más aún la imposibilidad de librase de sus efectos) no está poniendo en juego esos méritos acuerdistas del gobierno con distintos sectores políticos.
¿Será esa la razón por la cual Patricia Bullrich vienen exigiéndole al gobierno una solución concreta a la situación de Manuel Adorni, para atemperar los ánimos opositores que se blandean sobre futuros acuerdos parlamentarios?
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La realpolitik expone a Javier Milei a una inevitable corrección de método: si necesita aprobar nuevas reformas, sostener el vínculo con los gobernadores, ordenar el Congreso y administrar conflictos sectoriales, debe ofrecer algún tipo de previsibilidad a los opositores más cercanos.
Esta concesión no implica cogobierno, pero sí forjar la interlocución, fijar reglas (más o menos) claras y establecer un mínimo de respeto público, en favor de la salud del debate público.
Javier Milei, Manuel Adorni
POLITICA
Una lista infinita de enemigos, traidores y golpistas

El jueves por la noche, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, contó que se sentía traicionado por “una persona” que conduce un noticiero porque vio cómo se indignaba ante uno de sus viajes, cuando originalmente había planeado compartir ese viaje con él. Horas después, la periodista Cristina Pérez se dio por aludida. “Mucha gente te votó y también se sintió traicionada”, le respondió. “Yo avisé y el que avisa no es traidor”. Unos días antes, la diputada oficialista Lilia Lemoine estaba enojada por un comentario editorial de Esteban Trebucq, también, respecto del futuro de Adorni. Entonces, sugirió que el periodista era golpista. “¿Qué sigue, Esteban? ¿Javier, bajate?”, le escribió en la red social X.
Los dos episodios contribuyen a explicar algunas de las cosas que le pasan al Gobierno en estos días. Pérez y Trebucq son dos colegas que muchas veces pusieron en riesgo su reputación por defender políticas oficiales, algo que siempre es difícil para cualquier periodista. Sus posturas respecto del caso Adorni reflejan hasta qué punto el escándalo genera una opinión casi unánime. No se trata de la oposición o del periodismo más crítico. Incluso quienes han sostenido una postura comprensiva hacia el Gobierno en otros momentos difíciles, consideran que las evidencias son categóricas. En el caso Adorni, el Gobierno está aislado como nunca; ese es el primer dato.
El segundo elemento es la reacción oficial: no tolera la disidencia ni siquiera entre aquellos más cercanos. Tarde o temprano, por hache o por be, toda cabeza rodará. La única alternativa para ser “un argentino de bien” consiste en obedecer todo, ser ciego, hincarse. Lo otro es traición o golpismo. Progresivamente, eso va aislando al Presidente incluso de los más cercanos, que muchas veces prefieren callar críticas muy elementales, por temor a una reacción destemplada.

En el caso Adorni se ha producido una disociación muy profunda entre la percepción de la sociedad y la del círculo más cerrado del poder político. Más allá de lo que defina la Justicia en su momento, hay evidencias contundentes de que incrementó su calidad de vida de manera sensible luego de llegar al poder, al punto de acceder a bienes y servicios -como un viaje en avión privado por motivos particulares- que son exclusivos de la elite más privilegiada de la sociedad. Nuevas propiedades, pasajes en primera clase, estadías en hoteles carísimos: la exposición pública de todos estos detalles derrumbó la imagen social de la mano derecha del Presidente. En ese contexto, durante sesenta días, Milei y Adorni tenían dos opciones: explicar lo que pasaba o que el jefe de Gabinete renunciara. No hicieron ninguna de las dos cosas.
Es impresionante la cantidad de miembros del oficialismo que, en este caso, desautorizaron la mirada presidencial sobre el asunto. Nicolás Márquez, el biografo presidencial que era hasta hace poco un incondicional, ahora también engrosa la larguísima lista de traidores. La senadora Patricia Bullrich, la principal aliada del Gobierno, se diferenció por segunda vez: la primera había sido con el escándalo Espert. Las relaciones con ella empiezan a derrapar hacia una ruptura paulatina pero inevitable. El ex jefe de Gabinete Guillermo Francos sumó su propio señalamiento y ahora amenazan con eyectarlo del directorio YPF. Es que para la inmensa mayoría de los argentinos, Adorni ha incurrido en conductas muy cuestionables. Pero un ínfimo puñado de ellos cree que no: el líder de ese grupito cerrado es el Presidente. El choque de percepciones es monumental.

Esa disociación, en la que existe consenso casi unánime en un sentido pero el Presidente va en otro, también se produce en el área económica. En las últimas semanas los tres medios económicos más importantes del mundo –The Wall Street Journal, Financial Times, The Economist- publicaron notas donde detallan los problemas de la gestión Milei. Hasta hace poco, en esas páginas elogiaban al Presidente. Ahora explican que la persistencia de la inflación crónica, la recesión y los escándalos de corrupción amenazan el futuro de la gestión libertaria. La coincidencia entre los editores de esos medios puede decir dos cosas: que realmente el programa de Caputo está en problemas, o que hay una conspiración internacional en contra de la Argentina. Para la inmensa mayoría de los economistas profesionales, sucede lo primero. Para el círculo áulico de Milei, se trata una conspiración.
Algo de esto se puede percibir en la ácida polémica que enfrentó esta semana a Milei y Caputo con el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo. Todo empezó hace casi dos años cuando, en su blog, Cavallo insinuó, en términos muy respetuosos, algunas críticas laterales al plan económico. A Milei le resultó intolerable, a tal punto que despidió del Gobierno a Sonia Cavallo, la hija del ex ministro, que no había hecho nada. Se ve que algo le molestó mucho al ex ministro porque el enfrentamiento tuvo, esta vez, una franqueza inédita. Cavallo sostuvo que a Milei no le interesa el funcionamiento de la macroeconomía porque prefiere dedicarse “a la filosofía económica, esas cosas de Keynes, Hayek o Rothbard” y que Caputo es un “trader”, no un buen economista. “Enfoca para un lado, y si no le sale cambia de rumbo y va para otro lado. No tiene un esquema definido de cómo funciona la economía”, dijo. Además, contó que el presidente lo bloqueó en Whatsapp y en la red social X. La reacción, otra vez, fue violentísima. Cavallo pasó de ser el mejor de la historia a un expropiador y un resentido que generó la crisis del 2001, cuando era fácil de evitar.
En medio del intercambio, intervino Joaquín Cottani, el ex secretario de política económica de Caputo y amigo personal de Cavallo.

“Durante mis ocho años en Wall Street tuve lo que se podía llamar ‘complejo de economista’. Muchas veces los traders nos menospreciaban –medio en joda, medio en serio- por nuestro exceso de teoría y falta de gimnasia y conocimiento del mercado en el día a día. Yo nunca me ofendía por eso porque, por un lado, tenían bastante razón y, por el otro, yo trabajaba de economista, no de trader, y ambos hacíamos falta en la organización. A diferencia de lo que me pasaba a mí en Wall Street, a Toto no le gusta que le digan que ‘como economista es un buen trader’. La diferencia es que él es ministro de Economía, y para eso no hace falta un buen trader sino un buen economista. Lo mismo ocurre con el presidente Milei. Como presidente es un buen filósofo del anarcocapitalismo”.
Todas estas personas, como los medios internacionales mencionados, comparten la filosofía pro mercado de Milei y participan de su marco conceptual. A todos ellos, tanto en lo que se refiere a los escándalos de corrupción como a los desmanejos de la economía, les ocurre lo mismo: se preocupan por los errores, nadie les presta atención, disienten en público, son agredidos brutalmente y entonces todo termina como termina. Una y otra vez, cientos de veces.
La disociación presidencial llega, por momentos, a dimensiones preocupantes. Esta semana hubo un episodio estremecedor cuando un frigorífico anunció en Moreno que se abrían sesenta puestos de trabajo. Se presentaron más de 4000 personas. Una cola interminable de doce cuadras, por momentos bajo la lluvia. Jóvenes que habían dormido allí para ser los primeros en ser atendidos, argentinos desperados por un trabajo fijo, que sobreviven como pueden, con menos de 500 mil pesos al mes, al mando de familias con cuatro o más integrantes. Los dueños de la empresa se sorprendieron porque había postulantes mayores de 70 años y otros que no sabían leer y escribir. Los testimonios recogidos por los medios durante todo el día eran estremecedores, entre otras razones, porque todos contaban que sus casos eran de lo más comunes, o sea, que todo el mundo en su entorno está así.

Esa noche, el Presidente habló por televisión, a los gritos, para defender a Adorni. Eso ya marcaba una disociación obvia con la mayoría de la población. Pero había otra: no hizo ninguna referencia a lo que había sucedido en Moreno. Si alguna de las personas que había hecho cola bajo la lluvia durante horas escuchó la nota, habrá deducido que Milei no le hablaba a él o a ella. No le importaba. Estaba en otra cosa. ¿Llegarán la imágenes de Moreno a los despachos oficiales o solo miran las que postea el Presidente, de las colas cuando frente a los bazares con chucherías importadas? ¿Alguien recuerda algún discurso donde el Presidente se refiriera a los haberes de los jubilados, por ejemplo, o a los trabajadoresque tienen tres trabajos y aun les cuesta llegar a fin de mes, o a los millones de sobreendeudados? “El consumo récord, la exportación récord, la producción récord”, dijo el Presidente, el jueves, en su enésimo viaje a los Estados Unidos.
La disociación compromete en estos días también al ministro Caputo. “Muchos argentinos tomaron crédito porque creían que la inflación les iba a licuar la deuda. Pero como no hubo inflación ahora no la pueden pagar”, dijo esta semana. Nadie se endeudó por necesidad, o para financiar consumos básicos, o con la tarjeta. Él no tuvo responsabilidad alguna en la desregulación del mércado de crédito, que gatilló una campaña agresiva para convencer a quien lo necesitaba de endeudarse a altas tasas de interés.

Tal vez a todo esto se refería la revista The Economist, cuando editó su última nota sobre la Argentina. El título decía: “Javier Milei está en serios problemas”. Luego, se leía: “El presidente sostiene que es la verdadera víctima de una economía en crisis”. Es que unos días antes, en uno de sus últimos discursos, el Presidente se golpeó el pecho y gritó: “El que más perdí fui yo, que no actualicé mi salario”.
Por momentos, pareciera que hay un mundo real -el de las colas interminables de personas que desesperan por un puesto de trabajo, el de los escándalos de corrupción, el de la opinión pública- y otro mundo, muy distante, en el que vive el Presidente. Para conocer este segundo universo, basta mirar un poco sus redes sociales. Su nuevo berretín son los videítos de inteligencia artificial. En uno de los últimos aparece como arquero de un equipo argentino donde juegan también Lionel Messi Guillermo Francella, Susana Gimenez y Agustín Laje, tamaña ensalada. El equipo contrario es un seleccionado comunista integrado por Lenin, Fidel Castro, Nicolás Maduro, Mao Zedong y Hugo Chávez. Cuando aparecen las imágenes de estos últimos, se escucha una música de fondo.
“Tirapiedras, Kuka, tirapiedras”.
Mesa Política
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