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ECONOMIA

La fórmula para matar la inflación y reactivar la economía

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La aceleración de la inflación hundió los salarios reales en la segunda mitad del 2025 y mató la demanda de crédito, quitándole al consumo sus dos principales motores (REUTERS/Francisco Loureiro)

Los datos fiscales de enero del 2024 tomaron por sorpresa al propio ministro, que entonces llamó al Presidente y transmitió la novedad: el equilibrio fiscal se había alcanzado antes de lo esperado. El fogonazo hiperinflacionario del cambio de gobierno había producido la paradoja del electrodoméstico; el candidato que había llegado prometiendo la motosierra, saneaba las cuentas con una licuadora, que él mismo había ayudado a encender levantando la mano en el congreso para borrar de un plumazo la recaudación del impuesto a las ganancias de la cuarta categoría, lo que hizo subir el rojo de las cuentas públicas sobre finales del 2023 y le causó el primer enfrentamiento con los gobernadores que le reclamaron reinstalarlo, para no perder coparticipación.

Lo cierto es que Javier Milei se abrazó tan fuerte al equilibrio presupuestario que incluso aceptó pagar un enorme costo político congelando los salarios de los residentes del hospital de niños más prestigioso de América Latina, por menos de una décima parte de un punto del PBI. El mensaje se leyó fuerte y claro; “no hubo en los últimos 40 años, ni habrá en las próximas cuatro décadas, ningún presidente tan comprometido con el ancla fiscal”.

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Con el fin de la emisión para financiar el déficit y ayudada por la tablita cambiaria, la inflación se derrumbó hasta abril del 2025 y siguió cayendo una vez liberado el tipo de cambio y eliminado el cepo para las personas físicas. Pero en junio, el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas con el FMI, forzó al Gobierno a cambiar la política monetaria; el BCRA empezó a controlar agregados y la tasa de interés se puso tan volátil como lo indican los manuales de la facultad. Después vino el riesgo electoral y el programa monetario y cambiario quedó en una trampa, porque por un lado se había comprometido a la acumulación de reservas, pero por el otro tenía un mecanismo de bandas que obligaba al Central a funcionar como un cajero automático de dólares, cuando la paridad pasaba el límite superior de intervención. El revés electoral del oficialismo en septiembre derrumbó la demanda de dinero y aceleró el proceso de dolarización, pero la desmonetización de la economía no se detuvo siquiera en octubre, a pesar de que las urnas dieron entonces un espaldarazo a los libertarios.

La aceleración de la inflación hundió los salarios reales en la segunda mitad del 2025 y mató la demanda de crédito, quitándole al consumo sus dos principales motores. La volatilidad de tasas hacía daño por el lado de la oferta penalizando los stocks y enfriando la actividad. Para abril, el Banco Central ensayó otro cambio en su política monetaria y, aunque decía que seguía controlando la cantidad de dinero, en la práctica armó un corredor de pases activos que planchó la tasa. Por fortuna, más por el timming de los precios regulados y por los shocks estacionales, que por la errática política monetaria, la inflación cedió en el cuarto y el quinto mes del año.

Si los precios continúan en relativa calma durante junio, como lo muestran las mediciones de alta frecuencia de las consultoras privadas, para cuando termine el mundial la economía habrá hilado tres meses consecutivos de baja de la inflación y es plausible pensar que entonces se recuperen los salarios y reviva la demanda de crédito, empujando la reactivación de la economía en el segundo semestre, pero tan pronto empiece el ruido político del 2027, el fantasma del “riesgo kuka” golpeará otra vez la puerta.

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El acta de defunción del principal problema económico argentino de los últimos 20 años depende de la irrelevancia de la próxima elección. En Brasil, en Chile, o en Uruguay, también pasaba en los 80 lo mismo que acá, pero hoy la izquierda y la derecha alternan sin que se hunda la demanda de dinero cuando ganan los que quieren más gasto público o amenazan con más regulaciones sobre los mercados. La clave es que ellos tienen un banco central independiente, de suerte que la política monetaria no depende del gobierno de turno.

Nosotros somos los únicos latinoamericanos, además de Venezuela, que tenemos problemas con la inflación y seguimos insistiendo en nuestra capacidad de hacer cosas distintas a las que hacen todos los países que terminaron con el flagelo. Al borde de una hiper, con el Banco Central estallado de pasivos remunerados y el balance enfermo, el ejecutivo tenía un argumento para concentrar el poder de la política monetaria en cabeza del ministro de economía, pero resuelto ese problema y luego de dos temporadas repartiendo “utilidades” al tesoro, la felicitación del presidente al ministro por el dato de la inflación de mayo es un desatino innecesario. Pensemos que la moneda es una institución basada en la confianza y si el presidente se atribuye la política monetaria, entonces la moneda refleja la confianza en su gobierno, que naturalmente será volátil.

El acta de defunción del principal problema económico argentino de los últimos 20 años depende de la irrelevancia de la próxima elección

Para que la próxima elección resulte monetariamente irrelevante y se termine para siempre la inflación en Argentina necesitamos una regla muy simple; que nunca más un presidente de la nación pueda nombrar, ni mucho menos despedir, a un director o al presidente del Banco Central.

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Hay varias fórmulas posibles para esa arquitectura, pero la que más me gusta es una regla simple: que los diez principales bancos del país según volumen de depósitos nombren cada uno a un director y que entre ellos elijan al presidente. En paralelo, en el ámbito del ministerio de economía, una superintendencia de entidades financieras, sin poder sobre la política monetaria, regularía el normal funcionamiento del sistema.

Idealmente, esa tecnología debería estar protegida por la constitución, pero hasta que tengamos una nueva carta magna puede hacerse por ley. Es cierto que un nuevo gobierno con mayoría parlamentaria podría afectar la independencia del central, pero, como ocurrió con la norma que derogó el régimen de convertibilidad, los responsables de ese cambio se convertirían en muertos políticos, porque la sociedad los condenaría por atacar la estabilidad.



Corporate Events,South America / Central America

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ECONOMIA

Por qué el Gobierno celebra un consumo privado récord que no se percibe a nivel de calle

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El consumo privado incluye gastos en servicios públicos y prepagas que aumentaron más que la inflación. (Imagen ilustrativa Infobae)

El consumo privado alcanzó un máximo en los registros oficiales durante el primer trimestre de 2026, según los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El Producto Interno Bruto (PIB) creció 0,7% respecto del trimestre anterior y 2,3% en la comparación interanual, lo que impulsó al Gobierno a destacar un “nuevo récord histórico” que contrasta con datos públicos y privados de ventas en caída en comercios pequeños y grandes. Sin embargo, el dato es totalmente correcto: sólo hay que conocer los límites de la medición para entender por qué ese número crece mientras que los ingresos no siempre alcanzan para llegar a fin de mes.

Desde el punto de vista técnico, el consumo privado forma parte de la fórmula básica del PIB, junto con el gasto público, la inversión, las exportaciones y las importaciones. Este indicador mide el gasto de los hogares y empresas en bienes y servicios, pero su alcance es mucho más amplio que la percepción cotidiana de consumo, que suele asociarse principalmente a compras en comercios, supermercados, shoppings y restaurantes. Incluye todo el gasto, por ejemplo servicios públicos y medicina prepaga (entre muchos otros), popularmente poco asociados a la idea de “consumo”.

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El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró hoy que el consumo privado y el PIB alcanzaron “máximos históricos” en la serie desestacionalizada. Destacó que “las exportaciones y el consumo privado crecieron 9,8% y 2,7% en la comparación interanual, respectivamente”. Además, Caputo remarcó que la expansión económica sumó ocho trimestres consecutivos con resultados positivos, con 12 de los 16 sectores económicos en alza.

Sin embargo, el contraste con los datos de consumo en comercios resulta evidente. De acuerdo con los últimos informes del Indec, las ventas reales en supermercados cayeron 3,7% interanual, aunque subieron 0,8% en relación a marzo. En autoservicios mayoristas, las ventas reales bajaron 5,0% interanual y 1,1% mensual. En los centros de compras (shoppings), las ventas reales crecieron 12,6% interanual y 3,4% mensual.

Pero el consumo privado como concepto técnico incluye gastos que no suelen considerarse consumo en el lenguaje común. Abarca todos los gastos en bienes y servicios, y dentro de estos servicios figuran tarifas de servicios públicos reguladas, prepagas de salud y otros gastos fijos. Muchos de estos ítems registraron subas de precios superiores a la inflación en el último año, lo que impactó directamente en el monto total del consumo privado registrado en las Cuentas Nacionales.

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El economista Fausto Spotorno explicó que no existe una medición completa y precisa del consumo privado. “No hay una medida buena y completa del consumo. Es algo en lo que estoy trabajando hace rato, pero no hay una medición buena. El consumo privado en la Argentina se mide más como un cálculo entre la diferencia entre lo que se gasta y lo que se produce que como una medición de las cantidades que se consumen”, señaló.

Una vista de estantes de supermercado repletos de paquetes transparentes de panes, muffins y otros productos de panadería.
Las ventas en supermercados y mayoristas muestran caídas, mientras que el turismo y la compra de autos crecieron. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Spotorno, la metodología actual consiste en tomar esa diferencia, obtener valores nominales y luego deflactarlos mediante un deflactor de consumo. “Mi sospecha es que ese deflactor de consumo usa una canasta relativamente estable y, si tengo un shock de aumento de tarifas, de un día para el otro, no puedo reacomodar mi consumo de servicios rápidamente. En la canasta que me queda, cambié mucho la estructura de consumo de corto plazo, entonces lo que me queda que estoy deflactando con un deflactor que subestima el consumo de servicios”, agregó.

Dicho más claro: la sospecha es que el aumento de precio de los servicios hace crecer el valor del consumo privado, pese a que no se consuma más en términos de cantidades.

Hay otro punto. El especialista remarcó también que, aunque el consumo privado alcanzó cifras récord en términos agregados, esto no ocurre si la medición es per cápita. “Si bien es récord el consumo privado, no es récord si se lo mide per cápita”, puntualizó.

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La importancia de observar el consumo per cápita surge de trabajos de organismos como el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea. Este enfoque permite analizar el consumo en función del crecimiento poblacional, brindando un termómetro más directo de la situación de los hogares. Según la serie oficial, el pico de consumo privado per cápita ocurrió en 2011. Los niveles de 2025 y 2026 se ubican aún 3,1% por debajo de aquel máximo, y también por debajo de los registros de 2012, 2013 y 2017.

Los datos históricos muestran que el PBI per cápita y el consumo privado per cápita no superaron los techos alcanzados en 2011 y 2012. En el primer trimestre de 2026, el PBI per cápita se situó en 16.210, mientras que el consumo privado per cápita alcanzó 12.188. Ambos valores se mantienen por debajo de los picos de 17.312 y 12.357 registrados en el tercer y cuarto trimestre de 2011.

Hay otro problema de medición afectando a las medidas de consumo: las ventas online. No existen, hoy por hoy, datos precisos de consumo online. Si existieran, el consumo que se registra en comercios probablemente sería mayor.

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En el primer trimestre de 2026, según datos oficiales, las exportaciones de bienes y servicios crecieron 9,8% interanual y fueron el principal motor de la demanda. La formación bruta de capital fijo cayó 11,6% interanual, las importaciones retrocedieron 7,5% y el consumo público bajó 0,9%. Doce de los dieciséis sectores de actividad registraron expansión respecto al primer trimestre de 2025, con la pesca, la agricultura y la explotación de minas y canteras liderando los aumentos.



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ECONOMIA

Con riesgo país en mínimos en 8 años, Caputo apuesta a un shock para una economía que no despega

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Luis Caputo tiene desafíos pendientes para el corto plazo. El ministro de Economía sacó a relucir en las últimas horas que mediante su gestión bajó el riesgo país a un escalón cercano a los 400 puntos, un escenario que parecía lejano.

Este lunes, de hecho, el riesgo país siguió retrocediendo hasta tocar 422 puntos básicos, el nivel más bajo desde fines de abril de 2018.

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También puede sacar pecho con el manejo del mercado cambiario.

Mientras el mundo financiero parece vivir una «fiesta«, la economía real muestra una fisonomía mucho más compleja y heterogénea.

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Los últimos datos de la actividad confirman que la recuperación no es pareja: una economía de «dos marchas» donde sectores extractivos como la minería y el petróleo vuelan, mientras que la industria manufacturera y la construcción siguen atrapadas en el barro del ajuste.

La minería, el motor de la economía que no para

La «marcha rápida» de la economía está claramente liderada por la minería. En abril, este sector anotó una suba del 0,7% desestacionalizada frente a marzo, acumulando en el primer cuatrimestre un alza del 7,4% respecto al mismo período del año pasado.

Si miramos la película, el contraste es total. La dinámica del sector fue impulsada casi totalmente por la «extracción de petróleo», que representa la mitad del índice minero y trepó un impactante 19% frente a 2025 y un asombroso 34% contra los niveles de 2023, momento en que asume Javier Milei.

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Es, hoy por hoy, el gran sostén de los números de actividad que el Gobierno exhibe con orgullo, apalancado en el potencial de Vaca Muerta.

La industria y la construcción siguen en rojo

En la otra vereda, la industria manufacturera parece haber puesto reversa. Tras un leve rebote en marzo, el sector retrocedió un 2,1% mensual en abril. Un informe de la consultora Eco Go, al que tuvo acceso iProfesional, echa luz sobre la cuestión.

Lo más preocupante es el acumulado anual: la industria está un 2,4% por debajo de 2025 y, lo que es más grave para medir el camino que queda por delante, se ubica un 8,9% por debajo de los niveles promedio de 2023.

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¿Cuáles son los sectores que más sufren? La apertura comercial y la caída del consumo interno vienen pasando factura. Las caídas interanuales más profundas se registran en:

  • Textil: -25,5%.
  • Maquinarias y equipo: -19,8%.

Como contracara, dentro del mismo mundo industrial, sólo los rubros vinculados a la energía y la química logran sacar la cabeza del agua.

La refinación de petróleo creció un 9,6% y los productos químicos un 10,3% frente a 2025. Por su parte, alimentos y bebidas, aunque tuvo una leve merma del 0,5% en abril, se mantiene un 2,3% por encima de 2023.

Si hay un sector que refleja la crudeza del parate económico es la construcción. En abril experimentó una caída mensual del 4%, prolongando el impacto del freno total en la obra pública.

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Si bien el índice logró una mejora acumulada del 2,1% respecto a un 2025, la comparación contra la prepandemia luce demoledora: el sector evidencia un desplome generalizado del 22,7% respecto a 2023.

En este escenario, prácticamente ningún rubro se salva, a excepción del segmento de pinturas para la construcción, que es el único que logra mantenerse en terreno positivo en esa comparación.

¿Cuánto falta para recuperar el terreno perdido?

La pregunta refiere a cuándo estos sectores retornarán a los niveles previos a esta crisis. Los datos de Eco Go sugieren que la brecha es todavía enorme para los sectores que dependen del mercado interno y de la inversión en infraestructura.

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Para que la industria vuelva a niveles de 2023, debería crecer casi un 10% desde los niveles actuales, algo difícil de imaginar en un contexto de consumo debilitado.

En la construcción, el desafío es mayor: necesita recuperar casi un cuarto de su actividad perdida para volver a ser lo que era hace apenas dos años.

La economía se mueve hoy sobre un desfiladero. Por un lado, el frente financiero muestra señales de alivio con la desinflación —que Eco Go proyecta en torno al 1,9% para junio— y el ordenamiento de las cuentas públicas.

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Por el otro, el tejido productivo tradicional (pymes, textiles, metalmecánicas) y la construcción siguen sufriendo el impacto de una recesión sectorial y también de la decisión del Gobierno de mantenerse aislado de las inversiones en la obra pública.

La decisión de que esas inversiones de capitales las desarrollen los privados puede llevar más tiempo.

El Gobierno apuesta a que el «rally» de los bonos y la mejora crediticia eventualmente se traduzcan en una baja del costo de financiamiento que reactive la inversión. Pero mientras tanto, la realidad es la de una Argentina a dos velocidades: una que viaja en el jet de la energía y otra que camina con pesadez por el llano de la industria y la obra pública.

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ECONOMIA

¿Vuelve el carry trade?: con los dólares financieros otra vez arriba de $1.500, revive el atractivo de posicionarse en pesos

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Los dólares financieros superaron nuevamente los $1.500 y reviven el atractivo por el carry trade, según especialistas. (REUTERS/Willy Kurniawan)

El dólar mantuvo ayer su tendencia alcista y, salvo el oficial, el resto de las cotizaciones superaron los 1.500 pesos. La mayor presión compradora del mercado obligó al Banco Central a reducir su participación en el mercado, donde adquirió solo USD 20 millones, una de las cifras más bajas de los últimos meses.

El “blue” cerró la jornada a $1.505, mientras que el dólar MEP (que es el que operan los inversores no autorizados a comprar y vender por el oficial) trepó 1,6% para finalizar en 1.507 pesos. La cotización más alta quedó para el contado con liquidación, que llegó 1.550 pesos.

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La suba del CCL también reflejó mayor presión de los inversores por dolarizarse y enviar divisas al exterior. La brecha con el tipo de cambio oficial subió significativamente desde menos de 3% a 4,5% en las últimas horas.

La suba de la divisa de los últimos días habría estado influida por distintos factores: por un lado el pago del medio aguinaldo, que llevó a mucha gente a comprar dólares con el dinero adicional que recibieron en sus cuentas. También estaría influyendo que muchos inversores aprovecharon para dolarizarse a lo largo del mes, aprovechando que el tipo de cambio venía muy planchado.

El ajuste del dólar ya se ubica en alrededor del 4,5% en lo que va de junio. Esto significa que por primera vez en lo que va de 2026 le gana a la inflación del mes, que perforaría el 2 por ciento. De esta forma, la economía dejó de encarecerse en moneda dura, un tema que preocupa especialmente a los sectores que se ven obligados a competir con las importaciones.

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En los primeros cinco meses del año, producto de un dólar planchado y la inflación que acumuló un incremento superior al 14%, la apreciación cambiaria resultó significativa. Pero para adelante se espera un escenario más parejo, donde el tipo de cambio no se atrasaría tanto en relación a la evolución de la inflación.

El nuevo escenario, con el dólar nuevamente arriba de los $1.500, llevó a algunos asesores de inversión a recomendar un regreso al “carry trade”. “Estamos diciéndoles a nuestros clientes que aprovechen el tipo de cambio a este nivel para pasarse a pesos, porque creemos que la cotización del dólar no tiene mucho recorrido en estos niveles”, explicó el director de una Alyc local.

La desaceleración de compras por parte del Banco Central sería una clara muestra de la voluntad del Gobierno de evitar que el tipo de cambio se escape. Por eso, el ritmo de compras oficiales a lo largo de junio disminuyó sustancialmente. Si el BCRA se hubiera mantenido con la mismas posturas compradoras de mayo, por ejemplo, el tipo de cambio hubiera tenido un ajuste mucho más sustancial.

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No obstante, el BCRA ya compró casi USD 11.000 millones en lo que va del año, aunque desacelerando de manera sustancial en lo que va de junio. Además, este mes también dejaron de subir las reservas, que ayer finalizaron en 47.469 millones de dólares.

Junto a la suba del dólar, también repuntó el riesgo país más de 2%, hasta los 433 puntos básicos. Fue una jornada muy negativa para los mercados internacionales y el índice tecnológico Nasdaq se derrumbó 3%. Esto impactó negativamente en los bonos argentinos y también en las acciones. Pero en este último caso pegó la decisión del MSCI de no abrir la consulta para recalificar a la Argentina como mercado fronterizo o emergente.

La decisión del Gobierno de mantener los controles cambiarios para las empresas y los inversores en general llevó al MSCI a mantener al mercado argentino en la categoría de “aislado” o como ellos mismos lo califican “Standalone”.

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