DEPORTE
Los presuntos mensajes clave del ‘Caso Bastoni’: “La menor te quiere; en mi opinión, tiene ganas de divertirse”

Alessandro Bastoni está en el ojo del huracán desde que su nombre quedó vinculado a una investigación judicial en Italia relacionada con una presunta red de prostitución, cenas privadas y fiestas organizadas para clientes con alto poder adquisitivo. El defensa del Inter ha recibido una citación para comparecer ante la Fiscalía y está siendo investigado por un presunto episodio ocurrido en junio de 2020, cuando una joven que habría participado en uno de esos encuentros era menor de edad. La defensa del jugador niega de forma tajante que hubiera mantenido relaciones de pago, especialmente con menores.
Alessandro Bastoni celebra junto a sus compañeros la conquista del ‘Scudetto’ 2025/2026 de la Serie A italiana / EFE
El futbolista nerazzurro recibió este martes un aviso de garantía y está previsto que sea interrogado el viernes, según recoge ‘La Gazzetta dello Sport’. En las últimas semanas, los investigadores ya habían tomado declaración a varias jóvenes relacionadas con la investigación. Según la documentación del caso, la hipótesis que se analiza gira en torno a un supuesto encuentro entre Bastoni y una chica que, en el momento de los hechos, no había cumplido los 18 años.
La investigación forma parte de una causa más amplia sobre la agencia Made, con sede en Cinisello Balsamo, que según la acusación habría organizado veladas para, entre otros clientes adinerados, jugadores de la Serie A y la Serie B italianas. Los investigadores habrían reconstruido parte de los encuentros mediante conversaciones incautadas durante las pesquisas.
Los mensajes bajo investigación
Uno de los elementos centrales de la investigación son precisamente estas conversaciones. Según la acusación, de madrugada, alrededor de las cuatro, la joven habría escrito al relaciones públicas Antonio Salomone desde la casa de Bastoni: «Duermo aquí y mañana me llevan de vuelta a casa». La tesis de la Fiscalía sostiene que la chica, entonces de 17 años, habría pasado la noche en el domicilio del defensa del Inter en el marco de un encuentro sexual de pago, supuestamente organizado por un colaborador de la agencia. Tanto el futbolista como Salomone aparecen investigados por prostitución de menores.
En otra conversación, siempre según lo recogido por los investigadores, Salomone habría informado a Bastoni de la supuesta disponibilidad de la joven, con la condición de que fuera llevada de vuelta a casa a la mañana siguiente: “Me pregunta qué piensa Alessandro de mí…”
Bastoni, durante un partido con Italia / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE
También figuran conversaciones relacionadas con una cena de sushi. En una de ellas, Salomone habría escrito: “Amigo, ¿puede costar 100 euros un sushi? Además somos 8… Si quieres, hacemos que lo pidas tú, así decides tú. Creo que harán falta 200 o 300 euros”.
De acuerdo con la reconstrucción de los investigadores, Salomone también habría añadido: “La menor te quiere; en mi opinión, tiene ganas de divertirse”. Posteriormente, habría organizado una “cena con unos pocos íntimos” para favorecer el encuentro. En ese contexto aparece también una supuesta pregunta atribuida a Bastoni: “¿Hay sitios para esconderse por allí?”
Más investigados
Además de Bastoni y Salomone, también están investigados Emanuele Buttini y Deborah Ronchi, señalados como responsables de la presunta organización y actualmente bajo arresto domiciliario. Según la acusación, ambos habrían tenido un papel central en la gestión de la red de escorts. Además, ya habían sido acusados previamente de blanqueo de capitales, favorecimiento y explotación de la prostitución.

El jugador del Inter Milan Alessandro Bastoni durante el partido de este domingo ante el Roma. / EFE/MATTEO BAZZI
La Fiscalía deberá ahora comprobar el alcance real de los hechos. La joven ya habría confirmado que estuvo en casa del futbolista, aunque negó haber mantenido una relación sexual con él. Los próximos pasos de la investigación, incluido el interrogatorio previsto para el viernes, serán clave para determinar la situación procesal del defensa del Inter.
Por el momento, Bastoni es el primer futbolista investigado formalmente dentro de esta causa. Los investigadores habrían llegado a él a través de varios mensajes entre colaboradores de Made y algunas de las jóvenes implicadas. En paralelo, la Guardia di Finanza también ha citado para prestar información sumaria a otros tres futbolistas que no están investigados: Daniel Maldini, Riccardo Calafiori y Kevin Bonifazi. Los tres aparecen en distintas conversaciones, aunque ahora deberá aclararse el contenido de esos mensajes.
En todo caso, los investigadores subrayan un punto clave en la investigación: dejando la moral de lado, si las jóvenes mencionadas eran mayores de edad en los encuentros con otros jugadores, no habría delito que imputarles. Las declaraciones de estos futbolistas podrían producirse durante la próxima semana y no se descarta que haya nuevas citaciones.
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Inglaterra-República Democrática del Congo, EN VIVO, por los 16avos de final del Mundial 2026: hora, TV, formaciones y todo lo que hay que saber

Televisación: en Argentina va por TyC Sports, Telefe, TV Pública, DSports, Disney+ y Paramount+; en Uruguay, por Canal 5; en Paraguay, por GEN y Trece; en Brasil, por Globo, CazéTV y SporTV. En Colombia lo transmite Caracol TV y RCN; Ecuador, por Teleamazonas; Perú, por América TV. En México se ve por Canal 5, Azteca 7, TUDN, Las Estrellas y ViX; en Estados Unidos, por FOX, FS1, Telemundo, Universo y Peacock; y en España, por La 1 de RTVE, DAZN y Movistar+. Y en todo Latinoamérica vía streaming a través de DGO (DSports), Disney+ y Paramount+.
Horario: en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil a las 13:00; Venezuela, Chile y Bolivia desde las 12:00; Colombia, Ecuador, Panamá y Perú a partir de las 11:00; México a las 09:00; España desde las 18:00.
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Viajó durante más de dos años en un Falcon desde Ushuaia hasta Alaska para cumplir un sueño: alentar a la Selección

Mientras miles de argentinos llegaron a Estados Unidos en avión para seguir a la selección argentina durante el Mundial, Fabián eligió un camino completamente distinto. El suyo comenzó dos años y medio antes, en el extremo sur del continente, a bordo de un Ford Falcon Ranchero de 1977. Desde entonces, recorrió más de 50 mil kilómetros, atravesó gran parte del continente, llegó hasta Alaska y luego volvió a bajar rumbo a Estados Unidos con un único objetivo: estar cerca de la Scaloneta.
“Una parte del sueño era llegar hasta Alaska, porque era un viaje que tenía programado desde hacía muchos años. Pero, la verdad, lo armé un poco con trampa para llegar justo para el Mundial”, contó entre risas durante la entrevista con Infobae desde Dallas, antes de partir rumbo a Miami para ver el partido por los 16avos contra Cabo Verde.
Detrás de esa aventura hay una historia de vida, de kilómetros, de paciencia y de una filosofía muy particular para enfrentar los problemas. Fabián nació en Las Heras, Santa Cruz, aunque desde hace varios años vive en Rada Tilly, Chubut. Fue desde allí que comenzó a darle forma al proyecto que cambiaría su vida.

“El inicio del viaje fue a fines de 2023. Salí de Rada Tilly, me fui hasta Ushuaia y después recorrí toda la Ruta 40. La idea era probar el auto. Anduvo tan bien que ahí decidí que tenía que irme hasta Alaska en él”, asegura el hombre, de 66 años.
El vehículo que eligió tampoco es uno cualquiera. Se trata de un Ford Falcon Ranchero modelo 1977 que mantiene prácticamente toda su mecánica original. “Es un Falcon Ranchero del año 77. Tiene el motor original, carburador, todo lo antiguo. No tiene nada moderno y así ya lleva más de 50 mil kilómetros”, afirma.
Durante esos más de dos años, atravesó rutas de todo tipo, desde los caminos patagónicos hasta las carreteras del norte del continente. Finalmente, llegó a Alaska, donde permaneció durante julio y agosto del año pasado.

“Llegué a Alaska y después tuve que bajar hasta México porque tenía que salir de Estados Unidos por el tema de la visa. Estuve seis meses en México y desde Mazatlán manejé derecho hasta Dallas porque ya se venían los partidos”, recuerda el santacruceño.
El Falcon dejó hace mucho de ser solamente un automóvil. Hoy, es su casa, su oficina y el lugar donde transcurre prácticamente toda su vida. “Yo vivo acá. Trabajo con la computadora, edito mis videos, hago todo desde el auto y tengo un baño portátil”, cuenta.
El proyecto también encontró una forma de financiarse. “Hago videos para YouTube y todas las redes sociales. También, hago algunos canjes por publicidad y con eso prácticamente me banco el viaje”, resalta Fabián sobre su cuenta en redes sociales que se llama FabianViaja, en donde tiene 109 mil seguidores en Instagram.
Al comienzo, utilizó algunos ahorros y una fuente de ingresos que todavía conserva. “Tenía unos ahorros y además tengo un par de alquileres, que son como una jubilación para mí. Con eso sobrevivo y cuando YouTube anda bien me puedo dar algunos gustitos más”, explica.

Su rutina es sencilla y bastante austera. “No soy cocinero, soy durísimo para cocinar. Muchas veces compro comida. Tengo una heladera en el auto, así que voy al supermercado, compro mercadería y la guardo ahí. No es que voy a restaurantes todos los días; por ahí me doy algún gusto, pero la mayoría de las veces como acá”, dice.
¿Cuánto cuesta cruzar América? Aunque no lleva una estadística exacta, Fabián hizo una cuenta aproximada de lo que gastó para completar semejante travesía. “No soy muy de las estadísticas, pero hice unos 50.000 kilómetros. Habré gastado unos 7 mil litros de nafta, que son alrededor de 7 mil dólares. Después, el barco me salió unos 3 mil dólares. O sea que llegar hasta acá me costó unos 10 mil dólares entre combustible y barco”, aclara Fabián.
Sin embargo, esa cifra corresponde a dos años y medio de viaje: “No es que gastás todo junto. Si haces la cuenta son unos 600 dólares por mes aproximadamente. Todo eso prácticamente lo pagué con YouTube”.
Uno de los aspectos más llamativos de la aventura es que Fabián casi nunca lleva el vehículo a un taller. “Al mecánico casi no lo llevo, porque lo arreglo yo. Viajo con herramientas y algunos repuestos”, revela.
Incluso, el conductor explicó que Estados Unidos terminó siendo un lugar ideal para conseguir piezas. “Acá se consigue prácticamente todo porque el motor es parecido al de los Mustang del 67 y 68. La suspensión también”, cuenta.
Claro que después de más de 50 mil kilómetros aparecieron algunos desperfectos. “Alguna cosita tuvo porque son muchos kilómetros. Además, viajás con 40 grados de calor, el auto viene cargado y pobrecito se pone pesado”, sostiene.
A pesar de eso, jamás pensó en abandonar y detalla: “No sé si la memoria es selectiva, pero la verdad es que no recuerdo haber pasado momentos tan malos. Hoy mismo me preguntaban si alguna vez me arrepentí y les dije que no”.
Su manera de enfrentar los inconvenientes es simple. “Si el auto se rompe, hay que arreglarlo. Es como en tu casa: se quema la luz del baño, cambias la lamparita y seguís. No significa que el universo esté en contra tuyo”.
Antes de comenzar el viaje había decidido cerrar otra etapa de su vida. “Siempre tuve negocios, pero hacía unos años que ya los había dejado”, afirma.
También, dejó a su familia, aunque asegura que sus hijos siempre apoyaron la decisión. “Tengo dos hijos y una hija. Ya son grandes: tienen 40, 41 y 30 años. No tengo ese problema de que me digan que vuelva o que me extrañen”.
Durante el recorrido incluso hizo una pausa para reencontrarse con ellos. “Cuando llegué a Canadá, me agarró el invierno y había 40 grados bajo cero. Ni loco me iba a quedar. Volví unos meses para el sur y ahí pude estar con mi hija y con uno de mis hijos. Al otro lo había visto cuando pasé por San Luis”, indica.
Después de haber unido Ushuaia con Alaska y regresar a Estados Unidos, todavía le queda cumplir el último objetivo. Paradójicamente, después de recorrer más de 50 mil kilómetros, aún no pudo ingresar a un estadio para ver a la selección argentina y su deseo es verla en Miami. “Todavía no pude ver a Argentina, porque las entradas están carísimas y no las puedo pagar”, reconoce.

Sin embargo, mantiene intacta la ilusión: “Estoy esperando que aparezca alguna invitación o alguna entrada de cortesía de alguna marca. Ojalá se dé. Me pongo la camiseta y voy”.
La historia de Fabián demuestra que el Mundial también se vive mucho antes del pitazo inicial. Que para algunos hinchas el verdadero viaje comienza años antes, cuando un sueño parece imposible y la única decisión es poner primera.
En su caso, fueron más de dos años y medio, 50 mil kilómetros, un Ford Falcon Ranchero de 1977, cientos de rutas, miles de historias y una certeza que nunca cambió: llegar manejando desde el fin del mundo hasta el Mundial para volver a alentar a la Selección.
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Miguel Brindisi, el Mundial 74 y la muerte de Perón: “Cuando vimos la bandera a media asta, nos quisimos volver”

En el año 2015, AFA Revista convocó a un centenar de profesionales del fútbol para votar a las figuras de un “11 ideal de la historia”, y en ese seleccionado soñado, junto a Kempes, Batistuta, Maradona y Messi, entre otros, estaba Miguel Ángel Brindisi, considerado uno de los mejores volantes de la historia del fútbol argentino. Había sido figura en el Huracán de César Luis Menotti —fue capitán del equipo que salió campeón en 1973— y luego también fue campeón en el Boca Juniors de 1981, junto a Diego Maradona. Además, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Mundial de 1974. En toda su carrera, convirtió 224 goles, de los cuales 194 los hizo en Argentina, por lo que está entre los 10 máximos goleadores de la historia del fútbol argentino.
Aquel plantel del 74 que integró Brindisi fue definido por el propio Menotti como uno de los mejores de la historia, un grupo de brillantes individualidades que sin embargo no llegó a solidificarse como equipo.
“El Mundial de 1974 había sido, para Argentina, una campaña complicada desde el comienzo —dijo a Infobae el historiador Camilo Scaglia—. Omar Sívori había renunciado meses antes como DT por conflictos con la AFA y para el mundial, Vladislao Cap fue designado como entrenador titular, encabezando un triunvirato técnico junto a José Varacka y Víctor Rodríguez. La AFA atravesaba una crisis institucional propia, con cambios de autoridades en medio del torneo”.
Cuando falleció el presidente Juan Domingo Perón, el 1° de julio, el país quedó paralizado. La noticia llegó también al hotel de la concentración argentina en Alemania Federal. Scaglia señala que muchos futbolistas provenían de familias trabajadoras cuyas historias estaban ligadas a las transformaciones impulsadas durante el primer peronismo. La conmoción fue tal que los futbolistas analizaron seriamente la posibilidad de no disputar el encuentro frente a Alemania Oriental. Se destacó la reacción de René Houseman, que al marcar el gol del empate en ese último partido gritó: “¡Viva Perón!” y luego no pudo contener el llanto.

En esta charla con Infobae, a 52 años de esos hechos, Miguel Ángel Brindisi evoca aquellos días de la Copa del Mundo en Alemania y el impacto que causó en el plantel la noticia de la muerte de Perón.
También habla con entusiasmo y hasta con emoción del seleccionado de hoy y sobre todo de su capitán. Elogia el temperamento de Lionel Messi y la ausencia de rencor por parte de quien fue tan criticado hasta hace pocos años. Agradece a este equipo que le “devolvió el fútbol a la familia”. Dice que los argentinos tenemos que madurar. No se valoraba que Argentina hubiese sido dos veces finalista en Mundiales: “Solo sirve ser campeón, somos implacables en la crítica, acá perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía, y eso es muy injusto”.

— Jugaste un mundial, el del 74, con la Argentina sumida en un clima político impactante, con la vuelta de Perón y su tercera presidencia, con la gente quizás más preocupada por ir a Plaza de Mayo, a diferencia de ahora que se paraliza el país por el fútbol. ¿Qué clima vivían ustedes en el mundial?
— Nosotros estábamos aislados de todo lo que fuera político, más allá de que se sabía todo lo que estaba sucediendo y había preocupación porque sabíamos que el general Perón, el presidente, estaba enfermo. Eso sí, angustiaba que el presidente de tu país y una figura como él estuviera atravesando un momento tan delicado.
— ¿Cómo se enteraron de la muerte de Perón ese 1° de julio?
— Nosotros esa mañana tuvimos libre. No son tantas las cosas que me acuerdo del mundial, pasaron cincuenta y dos años, pero de eso sí. Estábamos en Colonia (Köln) y teníamos la mañana libre porque entrenábamos a la tarde. Habíamos ido hasta el centro, toda la delegación. Y cuando volvimos al hotel, encontramos la bandera a media asta. Eso nos marcó. Entramos al hotel y no había un solo dirigente. Se había ido todo el mundo a hacer trámites para venirse. Fue un momento duro, traumático, difícil. Nosotros teníamos una postura muy firme de que no íbamos a jugar, porque era una falta de respeto estar jugando al fútbol y estar velando al presidente del país.

— Pero finalmente tuvieron que hacerlo…
— Sí, porque, ¿qué sucedía?, la siguiente sede del Mundial era Argentina. Y si nosotros hubiéramos seguido adelante con esa postura, Argentina habría perdido la sede. Obviamente, recibimos del Gobierno la comunicación de que podíamos, de que teníamos que jugar. Hicimos una misa, que compartió todo lo que quedó de la delegación, que era el plantel y los colaboradores. A nivel dirigencial, se habían vuelto, como era lógico, para llegar al velatorio y por todo lo que significaba la muerte del Presidente de la República y mucho más la figura del general Perón.
— ¿Lo conociste?
— Sí, yo tuve la suerte de que me distinguió por un gesto que tuve, por convicción, de quedarme en el país, de no querer ir a jugar al exterior para jugar el Mundial con mi selección. Quería vivir esa experiencia. Esperé cinco años, porque en las eliminatorias del 69 para el mundial de México 70 nos eliminó Perú. Era muy joven yo en ese momento, tenía 18 años y quería vivir esa experiencia, me decía “no me puedo perder el jugar un Mundial”. Entonces, por el hecho de no haber querido ir a jugar a diferentes equipos de Europa [N. de la R: tuvo ofertas del Sevilla y del Olympique de Marsella], el General, cuando regresó, me distinguió con una plaqueta, y eso para mí fue increíble. Que haya tenido ese detalle contigo por una acción que yo tenía muy clara: quería jugar un Mundial con la camiseta argentina.

— ¿Dónde fue ese encuentro con Perón y cómo te convocaron?
— En la Casa de Gobierno. Me llamaron de Presidencia. Me llamó un periodista, Jorge Conti, a la casa de mi mamá. Antes era teléfono de línea [risas]. Primero pensé que era una broma, se pueden imaginar. Ese día hubo distinciones para deportistas de diferentes disciplinas. Hubo chicos de natación, chicas de esgrima; ese día Perón reconoció a los deportistas.
— Finalmente, se cumplió tu sueño del Mundial.
— Tuve esa suerte, más allá de que terminamos en un sexto lugar y de que no estuvimos a la altura de lo que se esperaba, porque aunque teníamos un gran plantel, nunca pudimos construir equipo. Nos tocó entrar a la zona de Holanda, que fue la revolución con ese fútbol total, de presión, de achique, de líneas cortas, que te asfixiaba, que después lo adoptó, o trató de adoptarlo, el mundo entero. Y Alemania y Brasil, nos tocaba una zona bastante difícil. Terminamos en un sexto lugar, que no era lo que aspirábamos, pero después también me tocó vivir la formación de la otra, los dos primeros años de lo que fue después la selección campeona del 78 con el Flaco Menotti. Y en el 76 me fui a jugar al exterior, a España.

— Volviendo a aquel 1° de julio, decías que hicieron una misa…
— Sí, ahí mismo en Colonia. Cierro los ojos y lo veo. La bandera a media asta, y ya nos queríamos volver nosotros también. Porque resultaba chocante que estuvieran velando al presidente de la República y nosotros jugando un partido. Pero la FIFA nos obligó y el Gobierno lo autorizó.
— En el partido que jugaron, ¿hubo un homenaje?
— Sí, sí. Con luto, como correspondía, salimos a cumplir, nada más. Nuestra cabeza estaba en otro lado.

— A los de tu generación, ¿los habían marcado los torneos Evita para tener esa identificación con Perón?
— Mi familia era bien peronista, tanto mi mamá como mi papá. Nuestra primera casa en Villa Luzuriaga cuando, mirá lo que te estoy diciendo, no había ni calle asfaltada, fue por un plan Evita. Mi padre fue siempre un agradecido y me contaba, cuando yo era chico, las horas de cola, con lluvia y frío, que había hecho para poder llegar al velatorio [de Evita|. Y en el 73 tuvimos de técnico a (Omar) Sívori, que acompañó a Perón en el regreso.

— Fue uno de los pasajeros del vuelo charter que trajo a Perón…
— Sí, y todo ese grupo, también el Cordero (Roberto) Telch, el Ratón (Rubén) Ayala, el Cabezón Sívori, que era el técnico, y tres o cuatro muchachos más fuimos a Puerta de Hierro una noche para conocerlo, pero no pudo darse. Eso fue en el año 73. Después, bueno, su figura, lo que significaba, me acuerdo lo que sentí con la distinción que me dio y además tuvo el gesto de recibirnos a todos los que íbamos a jugar Copa Libertadores. Fuimos con el plantel de Huracán, y vino también Rosario Central, que representaba a Argentina. Perón era futbolero, le gustaba mucho el fútbol, y dialogó con nosotros desde una simpleza tremenda. Verdaderamente su figura atrapaba.
— De aquel último partido en el Mundial de Alemania otra cosa que trascendió fueron las lágrimas de René Houseman.
— Sí, René hace el gol y se pone a llorar. Lloraba y… es que estábamos todos sentidos. Era una figura más que atrayente, era el Presidente de la República. Es muy difícil para un plantel que está representando a un país, que fallezca el Presidente, más allá de que se sabía que estaba peleándola. Pero fue duro.

— ¿Y cómo fue ese partido?
— Era contra la otra Alemania [N. de la R: República Democrática Alemana, la Alemania comunista, o Alemania Oriental]. Habíamos perdido con Brasil y con Holanda y el único punto que sacamos fue en ese partido con la otra Alemania.
— ¿No pudieron llegar al velatorio?
— No, porque jugábamos dos días después del día que falleció Perón. De lo contrario, hubiéramos estado todos los de la delegación. Al otro día se hizo la misa, y después se jugó.

— ¿Qué diferencias ves entre el fútbol de los 70 y el de hoy?
— Antes se jugaba, hoy se trabaja en el fútbol. El materialismo mató la pasión. [risa] Antes, qué sé yo, me quedo por la camiseta. Por ejemplo, yo volví de Europa porque quería terminar mi carrera en mi club, donde me había formado desde los doce años, que era Huracán. Y llegué a Huracán para terminar mi carrera. Tenía 29 años, estaba próximo a cumplir los 30, y en esa época, a los 30, 31, la pregunta era si ya te retirabas. Vine a terminar mi carrera en Huracán y me encontré al presidente detenido, fugado el tesorero. Nada fuera de lo normal, ¿no? Más o menos como la inflación en nuestro país. Pero yo quería terminar mi carrera en Huracán. Eso sí, en el carretel había bastante hilo, porque después fui a Boca, jugué en Unión, jugué en Nacional de Montevideo y terminé mi carrera en Racing.

— ¿Hasta qué edad jugaste?
— Hasta los 34. Me retiré en 1984.
— ¿Eso también cambió un poco ahora? ¿Se estira más la edad del retiro? Hay varios veteranos en este mundial, y Messi, que cumplió 39.
— Hoy es profesionalismo puro. Hoy el que no se cuida, el que no es profesional, no puede competir. Se han profesionalizado muchísimo los dirigentes de acá y en Europa no tienen por qué profesionalizarse porque ya lo son. Es decir, la única preocupación que tenés es cuidarte, entrenar, jugar, competir. Y te cumplen. Hoy hay una infraestructura diferente. También se avanzó mucho en el fútbol de divisiones inferiores. Antes se creía que era un dinero tirado a la calle, hoy se dan cuenta de que es la mejor inversión porque ahí está el capital más grande de una institución. Cambiaron totalmente los tiempos. Hoy, sin ninguna duda, el fútbol es un negocio. Son empresas y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo estás viendo el Mundial y a la Selección?
— Me sorprendió para bien. Para lo de Messi ya no hay calificativos. Es lo máximo. Él viene de recibir muchas injusticias, muchas críticas. Y esas críticas vinieron después de haber jugado tres finales. Pero estamos muy lejos culturalmente todavía como sociedad. Tenemos que aprender mucho, porque solo sirve ser campeón, no hay análisis, es muy injusto. Se deteriora una figura que, si llega a ser débil, puede terminar mal. Tuvimos la suerte de que este pibe todo eso se lo puso al hombro, lo sacó adelante, y ahora en el Mundial lo está demostrando, con el problema personal tan fuerte que está atravesando, y sin embargo tiene una entereza… Lo que construyó este chico no sé cómo definirlo, lo único que sé es que me hace feliz, me hace sentir orgulloso.
— ¿Cambió la imagen de nuestro fútbol en el mundo?
— En los años setenta, en los países en los que me tocó trabajar, todos tenían una camiseta brasileña. Hoy todos tienen una camiseta argentina. Más allá del mérito de todo el equipo, del entrenador, de todo lo bueno que se viene haciendo hace años, hay un común denominador en la aceptación de lo que es este pibe como diferente, porque es grande no solo en el rectángulo, sino también afuera. Es un fenómeno social muy importante. Y cuando se viven estas instancias, hay que tener una gran mujer al lado. Él la tiene, tiene una familia que lo ha contenido. Este chico no es casualidad: está su formación, su educación, su simpleza. Viene de una escuela como La Masía, el Barcelona. Este pibe cada día es más grande. Yo tengo una admiración, una devoción…. Devolvió la familia a las canchas.

— Se puede disfrutar en familia…
— Sí, la familia disfruta del espectáculo que brinda él con la Selección y todo el mundo se va feliz, no te defraudan. Y eso hacía muchísimos años que no pasaba. Tampoco es casualidad, esto se viene construyendo, hace muchos años que la Selección viene haciendo un trabajo extraordinario desde las formaciones en la sub-17, la sub-20, la 23, los diferentes torneos.
— También se ve armonía entre ellos, integración.
— La gran mayoría también se vino construyendo un grupo. Casi todos juegan en Europa. Y es otra la disciplina, otra la formación, otro el estrés. Aquí vos perdés dos partidos y te tiene que sacar la policía. Tenés amenazas, convivís con la barra, con los impagos, vivís siempre con una tensión diferente que en Europa. Ellos fueron creciendo con esa cultura, han contenido a su amigo y referente, en este momento tan difícil para Messi. Si no se hacía público nadie se habría dado cuenta, si no hubiera sido porque se le escaparon las lágrimas y él abrió esa puerta, no se habría sabido. Hay que tener muchos hombros. Es un chico que nunca tuvo que golpear la mesa para ejercer su liderazgo, lo hace a través del juego. Se ganó un respeto. Nunca una palabra fuera de lugar. Lo peor que se le escuchó fue: “Andá pa’ allá bobo”. Estamos en presencia de un diferente total y eso a mí me resulta maravilloso.

— ¿Cómo ves al resto del plantel? ¿Somos una selección en torno a una sola persona o hay realmente un equipo?
— Son familia estos pibes. Hay equipo. Una cosa es plantel y otra cosa equipo. Y ellos son equipo, con excelentes jugadores. Hay una competencia muy sana. A mí me tocó trabajar con diferentes grupos, y siempre destaco que son familia en todo sentido, porque Messi es la cabeza de todo esto, pero también su esposa y las esposas de los jugadores. Quieren ser campeones y ellas acompañan. Miren a dónde llegaron y no hubo nadie, nadie, que se haya desubicado cuando la cosa venía mal. No le dijeron al esposo: “No vayas más, nos quedamos con los nenes”, y tienen una posición económica para salvar a cuatro generaciones. Con esa forma de ser nos han dado participación a todos los hinchas, a todos los argentinos, ese orgullo de cuando cantamos el himno, cuando vemos al equipo, cómo gritamos los goles. Y hay una generación de chicos, que así como eligen equipos cuando son campeones y se hacen hinchas de esos equipos, hoy todos los pibes son hinchas de la selección. Estos chicos atrapan, hacen feliz a la gente, por cómo se expresan en la cancha, cómo juegan. Estamos todos identificados y orgullosos con el fútbol que intentan. Revirtieron una situación que era muy, muy difícil. Y Messi se pudo haber negado tranquilamente a venir a jugar después de todos los ataques recibió. Sin embargo, terminaba de jugar, se subía a su avión y hacía doce horas para venir. No faltó nunca a un partido, porque también tenía un desafío grande: quería ser campeón, primero de América, después del Mundo. Hoy están consolidados. Y a veces hay partidos, como el de Austria, que al principio estaba medio complicado, te presionaban arriba, él no logra hacer el gol de penal y, sin embargo, con la experiencia que ya tienen y cómo se conocen, mantuvieron la situación y después la rompieron. Por eso yo ya no sé más qué adjetivo ponerle, no solo a Messi, a toda la selección y al trabajo que vienen haciendo.
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