ECONOMIA
Pocos modelos nacionales en el ranking: cuáles son y cuánto cuestan los 10 SUV más vendidos en la Argentina

Aunque en el ranking de ventas absoluto de 2026 los primeros tres lugares los ocupan una pickup, un sedán y un hatchback, el mayor porcentaje de autos que se vendieron entre enero y abril en Argentina fueron SUV, que ya superan el 36% y parecen viajar directo hacia el 40% en los próximos dos meses.
Los tres ocupantes del podio de los más vendedores son la pickup Toyota Hilux, el Peugeot 208 y el Fiat Cronos, todos de fabricación nacional, mientras que en cuarto lugar aparece el primer modelo de esta categoría, el Ford Territory que además es también el mejor auto importado en desempeño de patentamientos.
No es casual que el mejor SUV sea también el primer auto que llega a Argentina desde el exterior, porque la industria automotriz local, a pesar de la tendencia mundial hacia ese tipo de formato de “auto alto”, sólo produce dos modelos en el país: el Chevrolet Tracker y el Peugeot 2008.
Pero como el avance de los SUV se está cuantificando en porcentajes del mercado, vale la pena ver qué porción tienen los modelos más elegidos por los usuarios argentinos. Como dato inicial y general, solo entre los 10 SUV de mayor demanda se reparte el 22% del total de autos vendidos en lo que va del año.

Este auto se destaca por ser fabricado en China por una empresa asociada a Ford, JMC, aunque a diferencia de otros modelos que se venden con el logo de una marca occidental pero tienen su auto equivalente en ese país asiático, este C-SUV es un diseño exclusivamente hecho para la marca del óvalo. Tiene tres versiones, dos nafteras y una híbrida (que entra en el cupo exento de arancel de importación), con precios que van desde los $48.110.210 hasta los 56.032.510 pesos.

El Tera es el vehículo más reciente de los que se producen en Brasil y llegan a Argentina a través del acuerdo de libre comercio entre ambos países. Se lanzó en agosto de 2025 y la marca lo posicionó desde el primer momento como el auto con el precio más bajo de todo su portafolio, incluso más accesible que el VW Polo Track. Se vende en 4 versiones nafteras que van desde los $36.755.250 hasta los 46.747.750 pesos.

Es el SUV argentino más vendido en los últimos dos años y fue el líder del segmento B-SUV desde 2021. Es el único producto de la planta santafesina de General Motors y combina parte de su producción con la de Brasil, ya que algunas versiones se fabrican en Argentina y otras en el país vecino, de modo tal que ambas plantas abastecen a los dos mercados. Se vende en 4 versiones con precios que arrancan en $39.159.900 y llegan hasta los 49.058.900 pesos.

Este es el otro SUV fabricado en Argentina, y al igual que el Chevrolet Tracker, tiene un lugar en el Top 5 de la categoría, lo que respalda la decisión de seguir apostando por este tipo de vehículo a pesar de la creciente mutación hacia las pickups en la industria automotriz argentina. Se empezó a vender en julio de 2024, aunque su “despegue” parece estar dándose recién desde el segundo semestre del año pasado. Se vende en 3 versiones con precios desde $45.420.000 hasta 53.520.000 pesos.

El de este modelo importado desde Brasil es curioso, porque fue el SUV más vendido del mercado argentino hasta haber tenido que detener la producción a fines de septiembre del año pasado por la destrucción de la planta de motores de Porto Feliz. Sin embargo, el restablecimiento del flujo de unidades desde enero de este año, coincidió con la suba de Ford Territory y la llegada de los B-SUV más demandados, y sus resultados no volvieron todavía a los niveles anteriores. Es también uno de los pocos modelos que tienen opciones de motorización híbrida entre los más vendidos. Sus 6 versiones empiezan en un precio de $51.918.000 y llegan hasta los 64.083.000 pesos.

Es casi un empate técnico entre los dos C-SUV que dominaron el mercado entre 2023 y 2025. Entre este modelo de Volkswagen y el Toyota Corolla Cross hay solo 78 unidades de diferencia en los primeros cuatro meses del año. Lo que cambió es que ahora ambos son importados, ya que el Taos no se produce más en Argentina sino que viene importado desde México. Se vende en 3 versiones que tienen precios entre $57.511.950 y 66.319.150 pesos.

Este es el primer modelo de la nueva generación de SUV que Renault lanzó en el mercado argentino en los últimos dos años, y el único del segmento más competitivo, el de los B-SUV. Se fabrica en Brasil, llegó en julio de 2024 y luego fue seguido por el Koleos que llega desde Corea del Sur y por el reciente lanzamiento de Boreal, que también se hace en Brasil. El Kardian es uno de los autos con más versiones ya que tiene 9 versiones con precios que arrancan en $37.310.000 y alcanzan los 47.710.000 pesos.

Casi con el mismo volumen de ventas del auto que lo precede (100 unidades menos), el Jeep Compass fue uno de los modelos con mayor crecimiento en el mercado entre 2024 y 2025, aunque actualmente está un 20% por debajo de los patentamientos del primer cuatrimestre del año pasado. Se fabrica en Brasil y se comercializa en Argentina con $56.050.000 como precio de entrada a la gama y $72.930.000 en la versión de mayor equipamiento que a la vez es la única con tracción integral.

Este C-SUV con carrocería estilo “Boxie” es uno de los autos que marcaron el año pasado por su crecimiento de ventas, ya que la versión 4×2 híbrida entró en el cupo de 50.000 vehículos electrificados que no pagan arancel de importación extrazona. El BJ30 tiene también una alternativa de tracción 4×4, que lo distingue de la mayoría de sus competidores. Es el auto de una marca china más vendido en Argentina en los primeros cuatro meses del año con precios de USD 35.800 ($50.657.000) y de USD 42.500 ($60.137.600).

El último SUV del Top 10 es también brasileño y es el único que proviene de una carrocería estilo crossover, es decir, que no tiene la forma tradicional de los vehículos de esta categoría y apela a una silueta más emparentada con un auto particular deportivo. De hecho, está mejor posicionado que el T-Cross, que es el B-SUV original de Volkswagen nacido en 2020 para competir en un mercado que todavía era menor al de los autos de pasajeros y de las pickups. El Nivus se vende en 5 versiones, que van desde los $43.554.600 hasta los 54.029.100 pesos.
ECONOMIA
La fiebre del Mundial dispara la venta de televisores: cuáles son los modelos más vendidos, cuánto cuestan y cómo financiarlos

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La cuenta regresiva para el Mundial ya se siente en el mercado argentino de televisores. A pocos días del inicio del torneo, las cadenas de electrodomésticos, fabricantes y consultoras coinciden en un diagnóstico: las ventas se aceleran, los consumidores buscan pantallas cada vez más grandes y las tecnologías premium ganan terreno dentro de las preferencias de compra.
El fenómeno no es nuevo. Los años mundialistas suelen funcionar como un disparador para la renovación de televisores y adelantan decisiones de consumo vinculadas al entretenimiento en el hogar. Sin embargo, la dinámica de este año presenta además otro rasgo distintivo: el fuerte avance de las pantallas de gran tamaño, un segmento que gana participación a medida que se acerca el debut de la competencia.
Los datos de NielsenIQ muestran que la categoría TV atraviesa un momento positivo. Entre enero y abril, las ventas acumularon un crecimiento de 11% en unidades, mientras que abril registró una expansión interanual de 17% en volumen, acelerando la tendencia observada durante los primeros meses de 2026. Si bien desde la firma no anticiparon datos de mayo, desde la industria aseguraron que el crecimiento durante ese mes fue ampliamente superior.
Brenda Marengo, Senior Specialist CSM de NielsenIQ, explicó que el contexto mundialista constituye uno de los principales motores de la demanda. “Al ser un año mundialista, históricamente impulsa la renovación de televisores y adelanta decisiones de compra”, señaló.
La ejecutiva destacó además que el crecimiento no se concentra únicamente en la cantidad de equipos vendidos. También se observa una transformación en el tipo de producto elegido por los consumidores. Los segmentos de mayor tamaño, especialmente desde las 55 pulgadas en adelante, lideran la expansión de la categoría.
Ese cambio impacta directamente sobre los valores promedio del mercado. Según NielsenIQ, el precio promedio de la categoría acumula un incremento de 12% interanual, impulsado en buena medida por la creciente participación de televisores de mayores dimensiones.
El impulso también se reflejó durante el último Hot Sale. De acuerdo con la consultora, los televisores se ubicaron como la categoría más vendida del evento. Durante esa semana, las unidades comercializadas crecieron 26% respecto del Hot Sale anterior, mientras que el ticket promedio avanzó 46 por ciento.

(Imagen ilustrativa Infobae)
Desde la industria también observan una aceleración marcada. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte), el mercado argentino de televisores comenzó el año con un crecimiento acumulado cercano al 10% hasta abril frente al mismo período de 2025.
Sin embargo, mayo marcó un cambio de ritmo. La entidad señaló que las ventas aumentaron más de 50% interanual durante ese mes, impulsadas por la cercanía del Mundial y el efecto promocional del Hot Sale. Como resultado, el acumulado de los primeros cinco meses del año muestra un crecimiento cercano al 20% respecto del mismo período del año anterior.
La asociación también identifica una modificación importante en la composición de las ventas. Actualmente, los televisores de 50 pulgadas o menos representan el 35% de la facturación de la industria, mientras que las pantallas de 55 pulgadas o más ya concentran el 65% del negocio.
El mercado mantiene además una fuerte concentración en materia de marcas. Seis fabricantes explican más del 85% de las ventas de televisores en Argentina. El ranking está encabezado por Samsung, seguido por TCL, Noblex, Philips, RCA y BGH.
El furor por las pantallas más grandes
La tendencia hacia equipos de mayor tamaño aparece también en las estadísticas de las cadenas de retail.
Desde Frávega explicaron que la expectativa para este año es alcanzar un crecimiento de entre 30% en unidades frente a 2025. La compañía señaló además que los años mundialistas suelen concentrar gran parte de las ventas durante el primer semestre. Mientras que en un año habitual las operaciones se distribuyen de manera relativamente equilibrada entre ambas mitades del calendario, durante los años de Mundial cerca del 60% de las ventas anuales se concretan antes de mitad de año.
Alejandro Taszma, director comercial de Frávega, aseguró que la actividad se aceleró de manera significativa en las últimas semanas.

“A un mes del Mundial y con el Hot Sale en pleno estamos vendiendo siete veces más que en una semana normal de venta de televisores”, indicó. Según el ejecutivo, el desempeño actual también supera al registrado en la previa del Mundial anterior. “Estamos vendiendo un 30% más en unidades que en la misma fecha previa al Mundial pasado”, afirmó.
La evolución de las preferencias de compra resulta uno de los aspectos más notorios. Taszma explicó que las pantallas de 75 pulgadas y 65 pulgadas lideran actualmente la demanda, mientras que los equipos de 85 pulgadas ya aparecen entre las opciones con mayor crecimiento. También destacó la creciente adopción de tecnologías de mayor calidad de imagen. Entre ellas sobresale QLED, una alternativa que gana espacio frente a los modelos LED tradicionales.
Una situación similar describen desde Cetrogar. Juan Manuel Almeida, gerente de Marketing de la compañía, señaló que el mercado registra un crecimiento cercano al 50% en las ventas de Smart TV respecto del mismo período del año pasado y que “si en el Mundial de 2022 el estándar estaba en las 43 pulgadas, hoy las 50 y 55 pulgadas se consolidaron como los tamaños más buscados por los consumidores”, indicó.
El ejecutivo agregó que incluso los modelos de más de 65 pulgadas ganaron protagonismo dentro de las ventas. Actualmente, entre los veinte televisores más vendidos aparecen equipos de 65 y hasta 75 pulgadas, algo que años atrás estaba reservado para un segmento mucho más reducido del mercado.
La transformación no se limita al tamaño de pantalla. Según Cetrogar, existe una búsqueda creciente de tecnologías premium vinculadas con una mejor experiencia visual. Entre las más demandadas figuran QLED, Mini LED, OLED y ULED, opciones que ofrecen mejoras en calidad de imagen, brillo, contraste y rendimiento.
La evolución de los precios acompaña el cambio de preferencias observado en el mercado.
Actualmente, el precio promedio de un televisor en Argentina se ubica en una franja cercana a los $650.000 a $750.000, aunque el valor varía significativamente según el tamaño de pantalla, la resolución y la tecnología del panel. Los modelos más vendidos son los Smart TV 4K de entre 50 y 55 pulgadas, considerados el punto de equilibrio entre precio y experiencia de visualización.

Dentro de los tamaños más demandados, los televisores de 50 pulgadas se comercializan en un rango que va aproximadamente de $600.000 a $900.000, dependiendo de la marca y las prestaciones. Se trata de la medida que domina las ventas masivas por su relación entre costo y tamaño de pantalla. En el segmento de 55 pulgadas, que concentra gran parte de la oferta disponible para quienes buscan una experiencia más inmersiva, los precios parten desde alrededor de $650.000 y pueden superar el millón de pesos en versiones QLED o de gama superior.
A medida que aumenta el tamaño de pantalla, la inversión crece de manera considerable. Los televisores de 65 pulgadas se ubican mayormente entre $1,1 y $1,7 millones, mientras que los modelos de 75 pulgadas suelen encontrarse en una franja de $1,7 a $2,5 millones. En ambos casos, la mayoría de las opciones disponibles ya incorporan resolución 4K y funciones inteligentes, mientras que los equipos premium con tecnologías OLED o Mini LED pueden superar ampliamente esos valores
La financiación volvió a ocupar un lugar central en la venta de televisores. Mientras los planes de 12 cuotas sin interés son prácticamente un estándar del mercado, algunas cadenas y bancos elevaron la apuesta con esquemas de 18, 24 e incluso 30 cuotas sin interés en la previa del Mundial 2026, especialmente para equipos de gran tamaño y modelos 4K
Según explicaron desde Cetrogar, “en un contexto donde el acceso al crédito continúa siendo clave para las decisiones de consumo, las cuotas sin interés y las distintas alternativas de financiación permiten acercar tecnologías que de otra manera serían más difíciles de alcanzar. Hoy las 12 cuotas sin interés o más —llegando incluso en determinados momentos a 24 cuotas sin interés— se han convertido en un requisito indispensable para impulsar el consumo, aun cuando las tasas de financiación continúan siendo elevadas y generan presión sobre los márgenes de rentabilidad del sector».
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ECONOMIA
En 10 días, el Banco Mundial y el BID aprobarán las garantías que Argentina utilizará para cancelar la deuda privada que vence en julio

(Desde Washington, Estados Unidos) Luis Caputo tiene asegurado los fondos necesarios para cancelar la deuda privada de 4.300 millones de dólares que vence en julio.
Durante su último viaje a Washington, Caputo acordó con el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se concederían garantías a la Argentina por 2.550 millones de dólares, y eso sucederá en los próximos 10 días.
Si no hay cambios de agenda imprevistos, el 16 de junio se reunirá el directorio del BM para aprobar una garantía aproximada a los 2.000 millones de dólares, mientras que un día más tarde (17 de junio) fue convocado el board del BID para ratificar que se otorgará al país cerca de 500 millones de dólares para honrar la deuda con fecha de julio.
De esta manera, Ajay Banga -presidente del Banco Mundial- e Illan Goldjan -titular del Banco Interamericano de Desarrollo- cumplirán con la palabra prometida a Caputo.
“Lo primero que hay que aclarar es que no es nueva deuda, sino que es para refinanciar los vencimientos de capital. Venimos trabajando hace mucho en financiamientos alternativos que son más accesibles en tasa, más baratos que el mercado», sostuvo el ministro de Economía ante un pregunta de Infobae, cuando estaba negociando en DC
Y completó: “¿Por qué no salimos al mercado? Porque es nuestra obligación refinanciar al país a la tasa más baja posible. Y esta tasa es mucho más baja de lo que hoy Argentina puede obtener en el mercado”, en referencia al porcentaje de interés que pagara al BM y al BID.

Acorde a la información obtenida por Infobae en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, las garantías se tomarían a una tasa cercana al seis por ciento con un plazo de 3 años con tres años más de gracia.
Con el nivel de riesgo país actual, una hipotética colocación de deuda soberana argentina requeriría tasas anuales superiores al 9% en dólares, un rendimiento poco atractivo para el Gobierno.
“Es un swap de deuda con importantes ventajas. Argentina accede a tasas más bajas y más plazo. Y eso sucede porque el programa económico funciona en las variables que aquí se miran con detenimiento: superavit fiscal, emisión monetaria y reservas”, explicó un funcionario clave de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos que conoce el detalle de las negociaciones que lideró Caputo.

La ingeniera financiera consiste en acordar con un club de bancos el pago a los bonistas privados que tienen la deuda que vence en julio. El Banco Mundial asigna a los bancos que tomarán la garantía, mientras que el Palacio de Hacienda definirá a las entidades crediticias que se apalancarán sobre la garantía del BID.
JPMorgan, Citi, Bank of America y Santander aparecen como los bancos que se encargarán de cancelar la deuda de julio apalancados con las garantías concedidas por el BM y el BID.
Ajay Banga e Illan Goldfjan tienen excelente relación con Caputo, y eso fue clave al momento de acelerar los trámites políticos burocráticos que preceden a las reuniones de directorio.
El board del BM se reunirá el 16 de junio, y la garantía que concederá a la Argentina -más de 2.000 millones de dólares- será un acontecimiento institucional que no sucedía desde hace 25 años.
A principios del siglo XXI, Argentina incumplió un contrato con una empresa japonesa que terminó pagando el Banco Mundial. Y ese deuda impaga pesó al momento de iniciar las negociaciones con la línea burocrática del organismo multinacional.
Pero el presidente Banga ejerció su poder interno, y la garantía fue aprobada en tiempo record. El BID, en cambio, conoce la lógica política de América Latina y actuó en consecuencia.
Goldfjan, titular del Banco Interamericano de Desarrollo, no tuvo mayores obstáculos y convocó al directorio para el 17 de junio.
Es decir: en 10 días, Argentina tendrá los fondos necesarios para honrar la deuda privada que vence en julio.
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ECONOMIA
Clima de Negocios: el RIGI, el ampliado y el Súper RIGI, luces y sombras de la otra “fábrica de dólares” a la que apuesta el Gobierno

Volaba sobre el Atlántico cuando, hace justo un mes, apretó el botón. El 7 de mayo de 2026, mientras el avión presidencial dejaba atrás Los Ángeles, el presidente Javier Milei –que había sido parte de la Conferencia Global del Instituto Milken– publicó en su cuenta de X lo que llamó una “mega bomba”: el anuncio del Súper RIGI, una versión expandida del régimen de grandes inversiones que ya había convertido en la pieza central de su estrategia económica. “Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit”, escribió el Presidente, “no me queda otra que lanzar una MEGA BOMBA desde el avión presidencial”.
Según el Gobierno, el esquema actual de incentivos ya comprometió casi USD 140.000 millones –a varios años y con desembolsos escalonados– y generará un total de 180.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos. No sólo eso, en un artículo del jueves en el Financial Times, el mandatario se comprometió a que la IA tendrá en el país el “marco legal y fiscal más atractivo del mundo” e invitó a las empresas tecnológicas a desembarcar con la promesa de la absoluta desregulación del sector. Además, la semana que pasó el ministro de Desregulación y Reforma del Estado, Federico Sturzenegger, le propuso al Congreso cambiar la ley se Sociedades, con una simplificación completa y hasta la incorporación de “sociedades full IA”, empresas operadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada, en las que los accionistas humanos podrán participar, pero no serán un requisito.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, o simplemente RIGI, nació en julio de 2024 como el capítulo más ambicioso de la Ley de Bases. La idea era simple en su enunciado y más compleja en su ejecución: crear un paraguas normativo tan robusto, tan blindado contra la voracidad fiscal argentina, que los grandes capitales globales se animaran a apostar por el país.
El mínimo de ingreso quedó fijado en USD 200 millones por proyecto. También propuso 30 años de estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria. Una suerte de cerrojo legal que ningún gobierno futuro podría abrir sin pagar costos jurídicos enormes.
Los beneficios concretos son de una generosidad que no tiene precedentes en la historia reciente del país. El Impuesto a las Ganancias baja del 35% al 25% para los vehículos adheridos al régimen. Los derechos de importación sobre bienes de capital quedan exentos. Las exportaciones tampoco pagan retenciones después del tercer año. Y lo más importante para inversores que piensan en el largo plazo: la posibilidad de girar divisas al exterior sin restricciones, de forma escalonada pero garantizada.
Lo cierto es que el RIGI tardó más de lo esperado en arrancar. El primer proyecto en ser aprobado fue el parque solar El Quemado, de YPF Luz, en Mendoza.
El segundo proyecto marcó el cambio de escala. En marzo de 2025, el ministro de Economía, Luis Caputo anunció la aprobación del Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS): USD 2.900 millones: YPF junto a seis socios estratégicos, 437 kilómetros de caño entre Allen y Punta Colorada, en Río Negro. Permitirá exportar más de 550.000 barriles diarios a partir de 2027, con ingresos anuales que el Gobierno proyecta en más de 15.000 millones de dólares. Un oleoducto que, si cumple lo prometido, cambiaría la geografía exportadora del país.

El mapa de proyectos muestra un patrón claro: Neuquén, Río Negro, San Juan, Mendoza, Salta, Catamarca. Vaca Muerta y el triángulo del litio. Petróleo, gas, cobre, litio, oro, energías renovables. Desde entonces se aprobaron 18 proyectos, dos de ellos en las últimas horas.
El Gobierno no esperó a que el RIGI original madurara para empezar a modificarlo. En julio de 2025, lo amplió para incluir proyectos de generación eléctrica —térmica, renovable, nuclear—, en medio de una emergencia energética declarada que dejó cientos de miles de usuarios del AMBA sin luz durante una ola polar. Una señal de que el régimen también era una herramienta de gestión de crisis.
La reforma más profunda llegó en febrero de 2026, con el Decreto 105/2026. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, lo presentó como una mejora técnica destinada a hacer el RIGI “más claro y eficiente”. En la práctica, fue una reingeniería. El plazo de adhesión se extendió un año, hasta julio del año próximo. Más relevante aún: el régimen incorporó la exploración y producción de hidrocarburos, el segmento upstream, que hasta ese momento había quedado afuera. Para proyectos en Vaca Muerta, el piso mínimo de inversión subió a USD 600 millones; para los proyectos offshore, se mantuvo en 200 millones.
Desde el sector energético, la recepción general del esquema siempre fue muy positiva. En parte, porque asusta una idea que el presidente de YPF, Horacio Marín, repite desde siempre: “Sin RIGI no hay GNL”. O sea, sin esos incentivos Vaca Muerta no terminará de explotar debidamente y los hidrocarburos que yacen en esas piedras patagónicas no se convertirán en los dólares que tanto necesita el país.

A pesar de que las voces a favor son más, el RIGI no convence a todos. Hay dudas sobre si muchas de las inversiones que entraron al régimen, sobre todo las destinadas a Vaca Muerta, no se hubieran igualmente realizado; gremios que se quejan por el impacto, sobre todo en las pymes sectoriales; empresarios que señalan que la libre importación de bienes de capital prevista suena a competencia desleal contra la industria nacional; y legisladores que hacen números sobre el golpe que los beneficios impositivos dará a las cuentas fiscales.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof nunca adhirió al RIGI y lanzó su propio régimen provincial con otra lógica: valor agregado y diversificación productiva. En el Día de la Industria de 2024, lo dijo sin rodeos: lo que el Gobierno nacional proponía era “primarización de los recursos naturales”. Los recursos se van “por un caño o por un puerto para el desarrollo de otros países”, graficó.
Lo cierto es que la tensión entre los que ven en el RIGI una palanca histórica de desarrollo y los que lo leen como una cesión sin retorno no desapareció con los resultados. Los proyectos aprobados son, en su enorme mayoría, extractivos. Petróleo, gas, litio, cobre, oro. Ningún proyecto de manufactura compleja o de mayor valor agregado se ha adherido hasta ahora al régimen. El patrón no es un accidente: el RIGI fue diseñado para proyectos con alto potencial exportador, y eso, en Argentina, casi inevitablemente significa recursos naturales. Ahora, sobre ese mapa, el Gobierno lanzó el Súper RIGI.
Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias
La denominación oficial del proyecto ingresado a Diputados es “Ley de Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias”.

El piso de entrada sube a USD 1.000 millones por proyecto. A cambio, los beneficios son inéditos en la legislación argentina reciente. El Impuesto a las Ganancias baja del 25% que ya preveía el RIGI al 15 por ciento. Las contribuciones patronales para nuevas relaciones laborales generadas en los proyectos adheridos quedan fijadas en una alícuota única del 10%. Los dividendos llegan al 3,5% en cuatro años, frente a los siete que requería el RIGI original. La estabilidad normativa: 30 años, igual que antes. La ventana para presentar proyectos: cinco años, con posibilidad de una única prórroga de otros cinco.
Los sectores que el Gobierno tiene en la mira son los que no existen hoy en el país: IA, datacenters, autos eléctricos, centros de procesamiento de datos a gran escala, hidrógeno verde y hasta semiconductores, biotecnología avanzada, farmacéutica de innovación e industrialización del cobre. También podría ser para la cadena de valor del litio y baterías, plantas de GNL, pequeños reactores modulares nucleares (SMR), paneles solares y turbinas eólicas, petroquímica, industria aeroespacial, cadena de valor del uranio, industrialización de la pesca y fertilizantes. Habrá que ver cuáles de todos ellos quedan plasmados en la eventual ley.
En ese contexto, el timing del anuncio encendió las alarmas de la oposición en un contexto en el que el mega magnate tech Peter Thiel se radicó en el país (¿temporariamente?) y visitó la Casa Rosada.
El diputado Guillermo Michel, peronista y hombre de confianza de Sergio Massa, bajo cuya gestión como ministro de Economía, condujo la Aduana, tomó los 13 primeros proyectos aprobados del RIGI original y concluyó que el costo fiscal anual de esas inversiones supera los USD 1.800 millones, equivalentes a 0,27 puntos porcentuales del PBI.
“El peronismo siempre fomentó las inversiones productivas. En 2023 se creó el Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos que permitía disponer de hasta el 20% de las divisas y con un 0% de derechos de exportación. El RIGI tomó algunos de esos beneficios, pero le da más a las empresas de lo que pedían. No respetar el compre nacional o la baja de contribuciones (del Súper Rigi) son beneficios innecesarios para muchas inversiones que se harían de igual manera”, aseguró el diputado.
El miércoles pasado, en tanto, Daniel González, secretario Coordinador de Energía y Minería de Economía, defendió el nuevo proyecto en una comisión de Diputados. Destacó que es la continuidad de un esquema exitoso y que “sería un error intentar extender nuevamente ese régimen porque fue concebido como una herramienta excepcional y con vencimiento. Creemos que llegó el momento de evolucionar el RIGI hacia un régimen enfocado en la industrialización de los recursos naturales”.
Además, destacó que el siguiente paso implica aprovechar los recursos naturales y la infraestructura cuya inversión fue movilizada por el RIGI y que “la industrialización de esos recursos naturales debería traducirse en un aumento mucho más significativo del empleo y del valor agregado”.

González aclaró que no se busca impacto de corto plazo y que el potencial exportador conjunto alcanza los USD 41.000 millones de dólares por año, algo que en términos agregados duplicaría las exportaciones argentinas.
“Sabíamos que minería y energía serían los sectores con mayor recepción de inversiones. La mina El Pachón fue descubierta hace más de 60 años. Tiene un estudio de factibilidad realizado hace 27 años y Glencore es propietaria del proyecto desde hace 13 años. La decisión final de inversión se tomó recién el año pasado. Según la propia empresa, la decisión estuvo vinculada al RIGI“, ejemplificó.
Aclaró también que sólo podrán ingresar proyectos nuevos y que no alcanza a planes de infraestructura y de extracción de recursos naturales.
El consenso de los analistas y consultoras es favorable al esquema, pero no faltan las críticas.
En principio, se destaca que la lógica económica detrás del “Súper RIGI” es distinta a la del original. Mientras que el primero buscaba destrabar inversiones extractivas y de infraestructura, el nuevo apunta a profundizar la industrialización, atraer cadenas de valor tecnológicas, facilitar financiamiento internacional y competir globalmente por proyectos muy intensivos en capital.
Abeceb, la consultora del ex ministro de Desarrollo Productivo de Cambiemos, Dante Sica, destacó que este último proyecto apunta a obras de escala; que el acuerdo con EEUU puede empujar inversiones estratégicas, no solo comerciales; que el acuerdo UE-Mercosur mejora el racional exportador; que si bien la captura no sería masiva ni automática Argentina podría disputar una parte de inversiones regionales que hoy van a otros países; y que el impacto real está en el “capex inducido” (cada proyecto grande no mueve solo la planta; mueve construcción, ingeniería, energía, caminos, logística, proveedores, empleo y demanda de servicios). Ahí, dice, el multiplicador puede ser más relevante que el beneficio fiscal.
“El RIGI original es una muy buena herramienta y hay que evaluarla por lo que busca resolver, que sin dudas no son los problemas estructurales de Argentina. Fue pensado como un marco excepcional para dar previsibilidad a proyectos de gran escala, con reglas estables. Argentina tiene un problema histórico de credibilidad para conseguir inversiones de largo plazo. El régimen aparece para compensar parcialmente desventajas muy conocidas. Se le exige al RIGI que resuelva problemas que no son el objetivo del instrumento”, aseguró Soledad Pérez Duhalde, Directora de Desarrollo de Negocios de Abeceb.
Días atrás se conoció un dato de la OCDE que muestra que Argentina quedó última en un ranking regional de Inversión Extranjera Directa (IED) con un flujo neto de capitales bastante inferior al de Brasil, México, Chile y Colombia. “Un mal dato de IED no invalida el RIGI. Sí, muestra que Argentina todavía tiene un problema general de atracción de capital. Pero por eso, justamente, son importantes estos instrumentos. Si el régimen general fuese suficiente para traer inversión, probablemente no haría falta un RIGI”, detalló Pérez Duhalde.
Sobre la nueva idea de un Súper RIGI, Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo, se preguntó desde su consultora Audemus si es la primera iniciativa productivista del actual gobierno, para muy rápido responder que “no se observa ninguno de los elementos clave que aparece en cualquier estrategia de desarrollo productivo vinculado a esos sectores (inversión en centros tecnológicos, generación de capacidades, recursos humanos y científicos), no exige inversiones en I+D local, ni encadenamiento productivo, ni empleo calificado mínimo; entrega estabilidad fiscal por 30 años sin contrapartidas verificables; y cede la jurisdicción para resolver conflictos a tribunales arbitrales internacionales”.
Kulfas describió que el único sector donde existe un anuncio formal concreto es data centers: el proyecto Stargate (OpenAI-Sur Energy, USD 25.000 millones), que es una carta de intención, no una inversión en curso. No ve ninguna chance en semiconductores ni biotecnología. Con respecto a cuestiones que podrían cambiar en el Parlamento, recomienda incorporar contrapartidas, como en Brasil; revisar el horizonte de estabilidad por ser sectores de alto dinamismo; y revisar el mecanismo de resolución de disputas (para que no sea en el exterior únicamente) y la obligatoriedad de la adhesión provincial, entre otros.
También planteó críticas el consultor energético Juan José Carbajales, quien también fue funcionario del área en el gobierno anterior. Desde su consultora Paspartú, destacó que el RIGI debería ser un esquema más transparente en cuanto a la información del esquema y sus exenciones. “¿Es válido el derecho a que las normas no cambien? ¿puede un Congreso actual limitar las potestades soberanas del Congreso futuro?”, se preguntó en un informe reciente. Con respecto a la ampliación al upstream petrolero, no dudó: habilita proyectos de producción en Vaca Muerta que ya eran rentables sin el RIGI, “proyectos que iban a suceder ne-ce-sa-ria-men-te”.
En su columna en el FT, Milei trazó un paralelo entre la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, en 1602, y este momentum IA. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribió el mandatario. Y pidió a las empresas del mundo que vengan al país a desarrollar sus iniciativas IA con muy bajo control del Estado. “Que Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación a vela“, dijo. ¿Será?
Por ahora hay compromisos de parte del sector privado. Unos USD 31.000 millones ya aprobados que llegarían a USD 140.000 según los anuncios hasta el momento, en plazos de entre 2 y 10 años. El mayor desafío de los diferentes sabores del régimen no parece ser conseguir que las empresas firmen. Es que, cuando llegue el momento de escribir el cheque, la Argentina de 2027 o de 2030 les siga pareciendo el mismo país que conocieron cuando apostaron. Por más beneficios que muestren las leyes, ahí estará la clave.
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