ECONOMIA
¿Vuelve el carry trade?: por qué los inversores apuestan por los pesos y dejan el dólar de lado

Al igual que el resto de los mercados, la Argentina comenzó a operar como si el conflicto del Golfo Pérsico no existiera. Si bien, las exportaciones son favorecidas porque estos precios del petróleo por encima de USD 100 vinieron para quedarse por al menos un año y medio, como todo beneficio tiene un costo. La inflación demorará más en bajar y la reactivación también.
En tanto, la Argentina tiene asegurado el pago de la deuda soberana por la llegada de dólares y esto ha despertado de nuevo el deseo de las inversiones en pesos.
Adcap Grupo Financiero por caso aconsejó a sus clientes que “a medida que las expectativas de inflación implícitas (breakeven) para 2026 continúen desacelerándose hacia el 30% (desde 31,5%), los BONCAP muestran mejor desempeño que los bonos a tasa fija, especialmente en el tramo medio de la curva. En los niveles actuales, seguimos viendo mejor valor en los BONCER (ajustan por inflación) particularmente en el tramo medio, donde ofrecen aproximadamente 300 puntos básicos adicionales de rendimiento frente a alternativas a tasa fija».
“En particular, esperamos que el BONCER TZX27 (vence el 30 de junio de 2027) supere al BONCAP T30J6 (vence en junio) hasta en 3%, bajo nuestro escenario base de inflación. Dentro de la curva de BONCAP y en un escenario de desinflación más rápida, nos gusta el T30A7 (vence en abril de 2027) , que ofrece un atractivo rendimiento del 28% combinado con buena liquidez”, sumaron respecto a cómo evolucionan los instrumentos en pesos.
Las estimaciones, hasta ayer, mostraban el réquiem del carry trade. Lo que hasta hace 48 horas era novedad, hoy es antiguo. Parece volver a primar entre expertos la recomendación de vender dólares para invertir en pesos. En otras palabras, parte del mercado apuesta a que las tasas de interés superarían al porcentaje de suba de la divisa.
Por caso, ayer en el Mercado Libre de Cambios (MLC) se operaron USD 448 millones y el Banco Central compró 207 millones de dólares. En tanto, dl dólar mayorista bajó 50 centavos a 1.391 pesos. Las reservas descendieron USD 928 millones a USD 44.483 millones por un pago de USD 800 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los movimientos de divisas propios de fin de mes.
En la plaza financiera, el dólar MEP recuperó parte de la fuerte caída del día anterior y subió $7 a $1.442, mientras el contado con liquidación (CCL) aumentó $20,6 a 1.509,76 pesos. El “blue” tuvo un desplome de $15 y vale $ 1.400 pero al vendedor se lo pagan a $1.360 y es el dólar más barato del sistema.
Los bonos soberanos experimentaron fuertes alzas que no registró a pleno la medición del riesgo país. El Global 2030, uno de los más operados con legislación extranjera y de mayor incidencia en el Embi, subió 2 por ciento. El riesgo país bajó 7 unidades (-1%) a 567 puntos básicos.
En paralelo, la Bolsa tuvo otra rueda desfavorable. Los bancos siguen sin poder traccionar a este mercado, porque una de las consecuencias de la caída de la actividad económica, es el incremento de la morosidad.
El S&P Merval, el índice de las acciones líderes, subió 0,1% en pesos y cayó 0,5% en dólares. Supervielle con una baja de 2,8% y Galicia con 2,5%, fueron los mayores perdedores. El petróleo tuvo una leve suba de 0,6% y siguió por encima de los USD 111 por barril.
Para hoy los mercados overnite marcaban leves subas en los tres principales índices de las Bolsas de Nueva York; el oro subía 0,11% tras la buena performance del día anterior y el petróleo marcaba alzas de 0,50%.
Todo esto es un dato que no se utilizará hoy por el feriado de los mercados locales, pero marca una tendencia positiva. Los inversores rezan para que no sea otro fin de semana con sorpresas en el conflicto entre Estados Unidos e Irán como viene sucediendo en los últimos tiempos.
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ECONOMIA
Se necesita un puente financiero para que el crecimiento llegue a todos

Una asistencia internacional transitoria brindaría el tiempo necesario para afianzar la generación genuina de divisas por exportaciones energéticas, reconfigurando la economía y dando lugar a una nueva etapa de crecimiento sostenido.
En 2025, el peso sufrió un fuerte ataque especulativo que buscó desestabilizar el modelo económico de Argentina. El puente financiero proporcionado por Estados Unidos resultó decisivo: permitió consolidar el salto exportador y evitó una nueva crisis cambiaria.
El año cerrará con exportaciones energéticas por USD 16.500 millones -con un barril a USD 64- tras inversiones para aumentar la producción de USD 11.000 a USD 17.000 millones. Estas cifras continuarán creciendo hasta alcanzar USD 50.000 millones en 2032, cuando las exportaciones de LNG estén totalmente operativas, evitando así futuras crisis de balanza de pagos.
El economista Ricardo Arriazu advierte que, desde 1980, Argentina acumuló 20 años de crecimiento negativo sobre 45 años, atribuibles principalmente a crisis de balanza de pagos, originadas en buena medida por la propia acción de los argentinos: ataques especulativos debido a la desconfianza en el peso.
En 2025, los clientes bancarios compraron para atesorar USD 42.000 millones, aun enfrentando alternativas financieras más rentables, un fenómeno que se constituyó en el principal riesgo para la estabilidad económica y la concreción de un desarrollo a futuro.

El puente financiero de Estados Unidos cubrió el faltante transitorio de divisas y ayudó a restaurar la confianza tras las elecciones de medio término y errores políticos del gobierno. La recuperación permitió avanzar en las obras de infraestructura necesarias para que la producción en Vaca Muerta se duplicara, sentando las bases para sostener el nuevo ciclo exportador.
Este año, las exportaciones energéticas sumarán USD 16.500 millones, y podrían llegar a USD 20.500 millones si el barril se sostiene en USD 100. Además, se proyecta alcanzar USD 20.000 millones cuando el oleoducto Vaca Muerta Sur funcione a pleno desde 2027, y continuar el crecimiento hasta los USD 50.000 millones en 2032 con la operación completa de los buques de gas natural licuado de YPF-ENI, XRG y Adnoc, la estatal de Emiratos Árabes.
A estas cifras deben sumarse USD 6.056 millones de exportaciones mineras de litio y cobre previstas para este año. Estas exportaciones se estiman en USD 22.000 millones para 2035, junto a USD 7.000 millones generados por el agro tras una cosecha récord. El agro puede elevar sus exportaciones en un 50% si se eliminan las retenciones actuales.
El agro puede elevar sus exportaciones en un 50% si se eliminan las retenciones actuales
Estas fuentes aseguran dólares suficientes para el país, aunque en sectores que no son grandes generadores de empleo y cuyas áreas productivas se encuentran alejadas del conurbano bonaerense, la región más afectada por el desempleo y la insuficiencia salarial.
El comercio, la construcción y la industria sufren la crisis, a pesar de tratarse de los sectores que más mano de obra demandan. El economista Juan Carlos de Pablo recuerda que, en economías en transformación, el crecimiento es desigual entre sectores, dada la asincronía inherente al cambio estructural. Esto no debe sorprender: es un fenómeno propio de una economía en ajuste.

El sector industrial afronta una transformación estructural forzada por la apertura económica y la eliminación de subsidios. El tiempo insuficiente para adaptarse junto con condiciones lejos de ser ideales acentúan la caída del poder adquisitivo.
Este es un desafío serio para el gobierno: debe atender un sector que genera malestar social y cuyos cambios se ven reflejados en la forma “K” del ciclo económico actual, con energía, minería y agro creciendo, pero generando poco empleo, y sectores demandantes de mano de obra (comercio, construcción, industria) en baja.
La industria presenta una retracción prolongada, mientras el economista austríaco Joseph Schumpeter explicaba que el proceso destructivo suele adelantarse al proceso de creación de lo nuevo; una tendencia acentuada por la apertura de importaciones y la competencia internacional.
Existen beneficios cuantiosos -cosecha récord, superávit energético, apoyo financiero internacional (con Estados Unidos, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional)-, pero estos ingresos no impactan en el salario ni el empleo. El modelo actual no traslada estos fondos al consumo y, por lo tanto, no reactiva la economía en los sectores más vulnerables.
El modelo actual no traslada fondos al consumo y, por lo tanto, no reactiva la economía en los sectores más vulnerables
Los sondeos de opinión revelan un cambio de humor social y respaldo al gobierno, pero persiste el desencanto por la desconexión entre los indicadores económicos positivos y la experiencia cotidiana de la población.
Las encuestas muestran que el 70% de la población debió recortar gastos básicos, evidenciando la fractura entre el crecimiento y el bienestar generalizado. Según Arriazu, esto ocurre por dos motivos: el crecimiento no “derrama” hacia los salarios ni el empleo en el conurbano, y el pico de consumo registrado beneficia en especial al 30% favorecido por los cambios, con alto consumo de automóviles, turismo y bienes de lujo.
A pesar de las señales alentadoras de los bancos internacionales, el escenario político es inestable y la economía dista de haber alcanzado el equilibrio. Es preciso sostener el rumbo y adoptar medidas concretas en lugar de esperar sólo por una mejora espontánea.
El tiempo resulta esencial: aunque la inflación parece ceder, los salarios recién empiezan a recuperarse y el crédito da señales de reactivación, la economía requiere un empuje adicional.
Frente a la proximidad de elecciones -donde el 70% del conurbano vota y es el más afectado-, se plantea la necesidad de tender un puente salarial a los desocupados de la construcción, el comercio y la industria, para acompañarlos hasta que sus empleos se regeneren.
Arriazu propone un programa de desempleo transitorio dirigido a quienes sufren el redimensionamiento del comercio y la industria del conurbano y un programa de obras públicas
Arriazu propone dos instrumentos: un programa de desempleo transitorio dirigido a quienes sufren el redimensionamiento del comercio y la industria del conurbano, hasta que la economía y el consumo se reactiven, y un programa de obras públicas transitorio, focalizado en esa misma zona para quienes perdieron su empleo en la construcción. Estos mecanismos funcionan como puente hasta que el crédito hipotecario y la construcción privada retomen su marcha.
Estos programas sociales impulsarán la economía al recomponer el empleo y la recaudación fiscal, fortaleciendo el superávit fiscal hoy debilitado por la caída de ingresos.

Restablecer el sustento a las familias de los sectores en transición permitirá la recuperación de la demanda, el consumo y la recaudación fiscal, y dará tiempo a los empresarios para completar la transformación estructural, mientras la economía encuentra su nuevo equilibrio. Estas medidas pueden financiarse a través de un préstamo puente del Programa de Reforma Estructural del Banco Mundial y el BID, conceptualmente equivalente al puente financiero que permitió superar la crisis de 2025.
Así, el país podrá encarar 2027 y 2028 en mejor posición, permitiendo el desarrollo de soluciones estructurales para los problemas industriales, con acceso a crédito, reducción del riesgo país y el apoyo de la calificación de la calificadora internacional Fitch Ratings, facilitando el cumplimiento de obligaciones externas sin usar reservas del Banco Central.
Por último, se plantea la inclusión de los jubilados que realizaron aportes en las mejoras, utilizando los fondos que acumuló el Fondo de Garantía de Seguridad del Anses: USD 36.000 millones de incremento hasta los USD 78.000 millones al 30 de abril de 2026, desde los USD 42.000 millones en diciembre de 2023.
Estos fondos pueden aplicarse normativamente, permitiendo diferenciar a quienes contribuyeron de quienes no lo hicieron, sin afectar ningún derecho ni comprometer el superávit fiscal o el presupuesto.
El autor es Director del Comité del Comité de Asuntos Energéticos del CARI
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ECONOMIA
El mercado de las oficinas se enfrenta al desafío de su reconversión

El mercado de oficinas en Argentina enfrenta el reto de su reconversión. Tradicionalmente, el desempeño del sector se midió en ladrillos y hormigón, pero las proyecciones para 2028 muestran que los metros cuadrados previstos no alcanzarán para absorber una demanda cada vez más selectiva, que prioriza servicios y calidad. Con una absorción neta que en 2025 marcó el mayor movimiento de la década, la vacancia en el segmento alta gama mantiene una baja constante, impulsada por el fenómeno de flight to quality.
Los datos del primer trimestre de 2026 refuerzan esta tendencia: la absorción neta del mercado Clase A en Buenos Aires fue de 19.405 m², y la tasa de vacancia bajó a 14,9% tras varios trimestres consecutivos de descenso. Un año atrás, ese indicador estaba en 16,5%. La disponibilidad total se precisó en 340.044 m² sobre un inventario de 2.283.838 m², mientras que la incorporación de nueva superficie fue de apenas 3.850 m² en el trimestre.
En este contexto, el reto se traslada: construir deja de ser el eje y toma protagonismo la reconversión. Existe una diferencia entre la sobreoferta de edificios Clase B y la escasez de producto Premium que abre una oportunidad financiera a través de la modernización de inmuebles.
La absorción neta del mercado Clase A en Buenos Aires fue de 19.405 m², y la tasa de vacancia bajó a 14,9% tras varios trimestres consecutivos de descenso
Un ejemplo es la Torre Pirelli, ubicada en el corazón del Microcentro porteño, y la Torre ProUrban -conocida como el “Rulero” de Libertador-. Ambos edificios, mediante la incorporación de tecnología, el rediseño de plantas y la elevación de estándares operativos, lograron reposicionarse en el segmento A y capturar rentas más altas. La transformación integral fue resultado de una decisión de gestión y no de intervenciones superficiales; la modernización implica también optar por un gerenciamiento profesional.
La segmentación del mercado evidencia el nuevo escenario. Submercados con alta calidad edilicia, como Puerto Madero (8,2% de vacancia), Polo Saavedra (5,3%) y Corredor Libertador GBA (9,8%), exhiben vacancias muy inferiores al promedio de la ciudad, mientras que zonas como Microcentro (25,0%) y Corredor Panamericana (23,9%) concentran la mayor superficie desocupada. Esta disparidad responde a la diferencia clara entre activos que lograron aumentar su propuesta de valor y aquellos que no superaron el estándar tradicional.

Si bien la infraestructura es la base inicial, alcanzar la categoría Premium demanda una transformación operativa. Convertir un activo Clase B en uno A o A+ depende en gran medida de elevar el nivel de servicio al mismo nivel de la calidad constructiva. Las empresas, que compiten por captar y retener talento, eligen oficinas donde el bienestar, la experiencia y los servicios sean parte central de la propuesta.
Hoy los edificios de oficinas necesitan robustecer tanto su propuesta “blanda” -experiencia, servicios, bienestar- como su estructura “dura” -infraestructura, prestaciones, seguridad-. Sin embargo, un tercer componente suele pasar inadvertido: el equipo humano responsable de la operación diaria del edificio. Un proyecto triple A promete tiempo, confort y soluciones. Para sostener estos atributos, el personal de un edificio Premium trasciende el rol tradicional de “seguridad” o “limpieza” y se convierte en anfitrión de una experiencia de hospitalidad.
El gerenciamiento profesional deja de ser una cuestión administrativa para convertirse en una herramienta clave. No se trata solo de administrar expensas; es custodiar la integridad de la propuesta de valor y articular el vínculo entre arquitectura y servicio de alta gama. La calidad de este gerenciamiento marca el ritmo para evitar la depreciación acelerada de los activos frente a su amortización contable.
En los próximos años, el mercado de oficinas en Buenos Aires enfrentará una demanda creciente y exigente, con una cartera de nuevos desarrollos que no estará funcional antes de 2028.
El autor es cofundador y CEO de Wave
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ECONOMIA
Actividad y reservas reavivaron el apetito por bonos Globales y cambiaron la lectura del riesgo país

Luego de varias semanas con noticias semiamargas para el Gobierno, la última dejó una acumulación de señales favorables para la economía argentina. El EMAE (proxy del PBI) de marzo rebotó 3,5% mensual desestacionalizado y más que compensó la caída de febrero; el FMI aprobó la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas y habilitó un nuevo desembolso por USD 1.000 millones; y el Gobierno anunció, casi por sorpresa, una reducción permanente de retenciones para trigo y cebada junto con una eliminación transitoria para algunos sectores industriales.
En paralelo, mejoró la confianza del consumidor, se confirmó que el Tesoro siguió comprando dólares al BCRA y los bonos Globales se recuperaron de un arranque turbulento, ayudados también por un mejor clima internacional. El mercado volvió a reaccionar a un combo que gana peso en la historia de crédito argentina: más actividad y más reservas.
El dato de actividad fue alentador, aunque convino leerlo con cautela. El propio BCRA reconoció en su último Informe de Política Monetaria que los registros de febrero y marzo estuvieron afectados por factores puntuales, entre ellos paros en la industria, menor cantidad de días hábiles y efectos de base. Mirado el bimestre en conjunto, la foto fue más representativa: la actividad de marzo se ubicó 0,7% por encima de enero y 5,5% arriba en la comparación interanual.
Si bien el FMI destacó que la meta de reservas netas no se cumplió a diciembre del año pasado, reconoció avances y validó medidas correctivas
Las compras del BCRA en el mercado oficial volvieron a acelerar y acumularon unos USD 9.000 millones en lo que va del año. Si bien el FMI destacó que la meta de reservas netas no se cumplió a diciembre del año pasado, reconoció avances, validó medidas correctivas y dejó la puerta abierta a que el objetivo incluso pueda sobrecumplirse este año.
Para un programa que el mercado juzgó, en buena medida, por su capacidad de acumular poder de fuego, el dato no fue menor.
Hecho este balance de la semana, el foco pasa a los bonos. Tras años de volatilidad, la prudencia se volvió un instinto de supervivencia, pero hay momentos en que incluso el inversor más escéptico necesita hacerse una pregunta menos emocional: ¿cuál es hoy el verdadero costo de oportunidad de “mirar desde afuera”?
Para dimensionar ese costo, conviene mirar un ejercicio simple de puntos de indiferencia. La idea consiste en estimar, para cada Global argentino, cuál debería ser su exit yield al 29 de octubre de 2027 para que el retorno total de mantenerlo hasta esa fecha iguale el de una alternativa más conservadora. La fecha no fue elegida al azar: octubre de 2027 coincide con las elecciones presidenciales, una instancia que el mercado suele leer como la prueba de estrés para la deuda.
El concepto de exit yield refiere a la Tasa Interna de Retorno (TIR) a la que debería rendir el bono en esa fecha de salida. En otras palabras, no se pregunta cuánto debería valer el bono hoy ni cuánto podría subir o bajar en el camino, sino qué rendimiento tendría que convalidar el mercado postelectoral para que, mirando hacia atrás, hubiera dado lo mismo quedarse en el soberano o haber elegido otra alternativa.
El GD30 hoy rinde 8,9% anual. Para que mantenerlo hasta octubre de 2027 empate el retorno de quedarse en un Treasury al 3,80%, su exit yield debería ubicarse en 18,4 por ciento
La mecánica parte del precio dirty actual de cada bono, incorpora los pagos intermedios hasta el 29 de octubre de 2027 y calcula el precio de salida consistente con tres costos de oportunidad. El primero es Vista 2038 al 7% anual. El segundo es un bono del Tesoro de los Estados Unidos (Treasury) a un año al 3,80% anual. En estos dos casos, se asume que las tasas se mantienen constantes. El tercero es un umbral nominal de 0%, como referencia extrema para medir cuánto debería deteriorarse cada bono para no dejar retorno alguno entre hoy y esa fecha.
Los ejemplos ayudan a llevar la intuición a números. El GD30 hoy rinde 8,9% anual. Para que mantenerlo hasta octubre de 2027 empate el retorno de quedarse en un Treasury al 3,80%, su exit yield debería ubicarse en 18,4%. Si la referencia fuera Vista 2038 al 7%, esa tasa de salida sería 12,1%. Y para que el retorno acumulado fuera nulo, el GD30 debería cerrar ese día rindiendo 27,1 por ciento.
En el GD35 la lógica es la misma. Su rendimiento actual ronda el 10,1%. Para empatar el retorno de un Treasury al 3,80%, la exit yield de indiferencia sería 12,3%. Si la comparación se hiciera contra Vista 2038 al 7%, la tasa de salida compatible sería 11,1%. Y si el umbral fuera no ganar ni perder en términos nominales, el GD35 debería rendir 13,8% a fines de octubre de 2027.
Cuando el ejercicio pasa del bono individual a la curva agregada, el mensaje queda más nítido. El proxy de EMBI (riesgo país) equivalente para octubre de 2027 se ubica hoy en torno a 515 puntos básicos. Bajo el escenario de indiferencia frente a Vista 2038 al 7%, ese proxy subiría a 678 puntos básicos. Si la alternativa fuera un Treasury al 3,80%, escalaría hasta 885 puntos básicos. Y si el umbral fuera un retorno nominal nulo, treparía hasta 1.165 puntos básicos.
En términos simples: para que refugiarse hoy en un Treasury termine siendo una mejor decisión que mantener los Globales hasta el día posterior a la elección presidencial, la deuda argentina debería llegar a esa fecha con un castigo suficiente como para convalidar riesgo país cercano a 885 puntos básicos. Cabe recordar que el Gobierno inició su mandato con un riesgo país mayor a 2.000 puntos.
Desde ya, se trata de un ejercicio simplificado. Sirve para poner en perspectiva el costo de oportunidad implícito detrás de decisiones más defensivas y para traducirlo a un proxy de riesgo país equivalente, pero no pretende replicar de manera exacta la metodología del EMBI de JPMorgan.
Tampoco captura por completo la volatilidad del camino, los supuestos de reinversión ni los cambios de régimen que pueden alterar la trayectoria de los precios. En un activo tan sensible al contexto político y financiero como la deuda argentina, la diversificación siguió siendo una aliada clave.
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