ECONOMIA
Inflación y crecimiento, un debate recurrente

En los últimos días, el debate económico volvió a centrarse en un eje clásico: si la inflación es compatible con el crecimiento o si lo destruye. Mientras el presidente Javier Milei sostiene que la inflación es siempre perjudicial, algunos economistas advierten que reducirla rápidamente puede frenar la actividad. La discusión, lejos de ser meramente ideológica, cuenta con décadas de desarrollo teórico y evidencia empírica.
El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión. La literatura económica internacional y los datos recientes en Argentina muestran que el vínculo entre inflación y crecimiento es complejo, no lineal y depende del contexto, los niveles alcanzados y las expectativas de los agentes económicos.
La literatura especializada destaca que no existe una relación simple ni universal entre inflación y crecimiento. Estudios empíricos coinciden en que el vínculo es no lineal y depende de las particularidades de cada país. Algunas investigaciones concluyen que, a partir de ciertos umbrales, la inflación comienza a afectar negativamente el crecimiento. En países en desarrollo, se identifican “niveles críticos” por encima de los cuales el impacto sobre la actividad es claramente adverso.
El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión
En el corto plazo, la evidencia resulta aún más ambigua. Trabajos clásicos, como los de Sebastián Edwards, encuentran que en América Latina la relación entre expansión monetaria (y por ende inflación) y crecimiento puede ser positiva en algunos casos, pero inexistente en otros. No hay, por tanto, una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo.
Existen, incluso, situaciones puntuales donde la inflación muestra efectos positivos sobre el crecimiento en determinados períodos, lo que refuerza la idea de una relación altamente dependiente del contexto. La perspectiva heterodoxa, predominante en estos estudios, pone el foco en la “inercia inflacionaria”, es decir, la persistencia de la suba de precios aun cuando cambian las condiciones iniciales.

No obstante, existe una explicación alternativa, sólida desde el punto de vista teórico, vinculada a los rezagos de la política monetaria. La persistencia de la inflación suele responder a la rigidez de contratos nominales (salarios, alquileres, tarifas, acuerdos comerciales) que se ajustan con demora, y a los retardos de la política monetaria, definidos por Milton Friedman como “prolongados e irregulares”.
Esto implica que los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar. Por eso, incluso cuando se corrigen las causas fiscales o monetarias, la dinámica inflacionaria puede persistir por los mecanismos de transmisión imperfectos.
Los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar
Un elemento clave adicional es la demanda de dinero. En contextos de estabilización, si los agentes reducen abruptamente su disposición a mantener saldos monetarios—por ejemplo, ante cambios de expectativas o pérdida de confianza—se genera un exceso de oferta de dinero respecto a su demanda, que rápidamente se canaliza hacia bienes, servicios o activos, presionando sobre los precios.
En términos simples, aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación.
Este punto es especialmente relevante en una economía bimonetaria como la argentina, donde la demanda de pesos y de dólares compite en la cartera de los agentes. Cuando crece la preferencia por dólares, disminuye la demanda de pesos. Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo “por el lado de la demanda”, elevando la velocidad de circulación y presionando sobre los precios en pesos, incluso sin expansión de la base monetaria.
Este mecanismo resulta útil para interpretar dinámicas recientes. La fuerte dolarización observada en septiembre y octubre de 2025, en un contexto de reacomodamiento de expectativas, probablemente redujo de manera significativa la demanda de pesos. Los rezagos de transmisión señalados por Friedman explican que parte de ese efecto se manifestara meses después, lo que contribuye a que la inflación se haya alcanzado 3,4% mensual en marzo de 2026.
Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo
A este fenómeno monetario se sumaron factores adicionales de carácter puntual pero relevantes: ajustes de tarifas públicas rezagadas; factores estacionales, como subas en alimentos -en particular, carne- y en educación; y un shock en los precios internacionales del petróleo.
En este punto, suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia, ante estos factores, sostiene la “multicausalidad”. Sin embargo, podría ser más preciso considerar que no se trata de causas independientes, sino de distorsiones que vuelven más prolongados e irregulares los rezagos de la política monetaria. No alteran necesariamente el origen último del fenómeno, pero sí su dinámica temporal y velocidad de convergencia.

El comportamiento reciente de la economía argentina confirma estos mecanismos. El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad y caída del consumo, con pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones en un contexto de aceleración transitoria de la inflación.
Más recientemente, se observan señales de cambio. El relajamiento de la política monetaria y la compra sostenida de dólares por parte del BCRA indican una reversión del proceso previo de sustitución de monedas: aumenta la demanda de pesos en detrimento de la de dólares, reduciendo presiones inflacionarias asociadas a la caída en la demanda de dinero.
El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad
A esto se suma la rebaja de encajes bancarios y la instauración del “corredor de pases” del BCRA, instrumento para ordenar las tasas de interés de corto plazo y facilitar su descenso. Este esquema favorece la recomposición del crédito y la liquidez.
De sostenerse estas condiciones, es esperable que, en los próximos meses, se observe una reversión gradual de la dinámica contractiva previa: recuperación de la actividad, mejora del consumo y recomposición del poder adquisitivo, mientras la inflación se desacelera hacia niveles internacionales en un plazo más breve de lo previsto inicialmente.
En definitiva, el mismo mecanismo monetario que amplificó la desaceleración debería ahora operar en sentido inverso, acompañando una fase de recuperación.
En el largo plazo, la evidencia converge con mayor claridad. La mayoría de los estudios empíricos y la tradición monetarista -desde Milton Friedman hasta Thomas Sargent-sostienen que inflaciones altas y persistentes terminan deteriorando el crecimiento económico.
Las razones son conocidas: distorsión de precios relativos, menor inversión y horizonte de planificación, aumento de la incertidumbre y caída de la profundidad financiera. Adicionalmente, en contextos de alta inflación, la relación entre emisión y precios se torna más evidente.
Modelos clásicos como los de Thomas Sargent y Neil Wallace vinculan directamente la inflación con el déficit fiscal persistente. Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso.
La evidencia no es concluyente respecto de cuál estrategia es superior. Los programas de “shock” pueden reducir la inflación rápidamente, pero suelen tener costos iniciales en la actividad. Los enfoques graduales tienden a suavizar esos costos, aunque prolongan el proceso.
En este contexto, la evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa económico y de la elección entre un enfoque gradual o una “terapia de shock”.
La evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa
Un ajuste gradual suele generar una recesión más extensa, con caída prolongada del salario real y menor inversión. Si el déficit no se corrige rápidamente, el financiamiento vía emisión se mantiene, alimentando la inflación y neutralizando el esfuerzo antiinflacionario.
Paradójicamente, intentar bajar la inflación lentamente puede resultar contraproducente: si los agentes perciben inconsistencia, pueden anticiparse y provocar una aceleración mediante una corrida cambiaria. El riesgo central del gradualismo es no lograr coordinar un cambio brusco de expectativas, imprescindible para romper una dinámica inflacionaria alta. Sin ese quiebre, la inflación tiende a persistir y el programa puede fracasar o resultar más costoso.
El autor es Economista
Corporate Events,Society / Social Issues,South America / Central America
ECONOMIA
Clima de Negocios: Cómo piensa Peter Thiel, el magnate libertario que se enamoró del experimento argentino y se instaló en Buenos Aires

Al final, la pregunta parece ser la misma, acá y allá.
Se contó en el Clima de Negocios del domingo pasado que el concepto de moda entre muchos empresarios locales e inversores que miran al país, incluso entre quienes bancan fervientemente a Javier Milei, su gestión y sus ideas, es “experimento”. Casi a coro se preguntan ahora si el experimento libertario va a funcionar. Seguramente con una mirada un poco más de largo plazo y no tan atada a las urgencias de la inflación de los próximos meses, si conviene no “enterrar” dólares en el país o el resultado de la elección de 2027, es lo mismo que le preguntó el jueves pasado en Casa Rosada el mega magnate tech Peter Thiel al Presidente. Literalmente.
Lo contó el propio mandatario en una entrevista en Neura. “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”, consultó este inversor, fundador de gigantes como PayPal y Palantir, que tiene una fortuna personal de unos USD 30.000 millones y se define como libertario y anarcocapitalista.
Milei dijo que hubo elogios a sus logros y contó su respuesta ante la pregunta del millón. “Le dije que lo que garantizaba el resultado a largo plazo es la batalla cultural”, destacó y contó, sin dar detalles, que también hablaron de lo “aberrante” que es el impuesto a la riqueza y de los límites del anarcocapitalismo y del Estado.
A Thiel le deben haber brillado los ojos con la idea de “batalla cultural”. Más allá de sus negocios y su fortuna, sus ideas y formación filosófica lo hacen pensar en esos términos. Allí asoma el Thiel más polémico: el que habla del anticristo –y hasta asocia con esa idea a la activista climática sueca Greta Thunberg–, de que la democracia es incompatible con la libertad y que los monopolios son útiles. El mismo que está obsesionado con la inmortalidad y al que se lo apunta por espionaje digital.

Como se sabe, Thiel está en Argentina. Llegó hace unas semanas con su esposo Matt Danzeisen, un exvicepresidente del mega fondo financiero BlackRock, y sus tres hijos. Planea quedarse unos dos meses para ver en vivo y en directo lo mismo que le preguntó a Milei: cómo funciona el único país del mundo con un presidente libertario.
Como se contó en la semana, compró una mansión en Barrio Parque por unos USD 12 millones, analiza algunos negocios —adquirir más propiedades y ganado— y además de Milei se reunió con su asesor Santiago Caputo y cenó en la casa del ministro Federico Sturzenegger, una velada familiar de la que también participó el canciller Pablo Quirno. Comieron pollo al curry y flan con dulce de leche. Estuvieron presentes, además, empresarios como Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía.
En otros encuentros con representantes del círculo rojo, también se habría reunido, según pudo saber este medio, con Marcos Galperin, presidente de Mercado Libre y el hombre más rico del país; Eduardo Elsztain, presidente de IRSA; y Nicolás Szekasy, del fondo Kaszek, entre otros. Elsztain lo invitó al Foro Llao Llao, que se hará desde el miércoles en Bariloche, pero el inversor se excusó diciendo que gran parte de esta semana estará fuera del país. Thiel también estuvo en el superclásico de la semana pasada en el Monumental.
Los integrantes del ecosistema emprendedor vernáculo están esperando algunas reuniones y hasta un evento un poco más grande, quizás un asado, con Thiel como protagonista. Nada confirmado por el momento. A pesar de todo el movimiento que se genera a su alrededor —y que viaja con equipos de asistentes y personal de seguridad—, el empresario asegura que vino en plan familiar.
Thiel es hoy el inversor más influyente de Silicon Valley. No solo eso, es el mecenas de J.D. Vance, el vicepresidente de Donald Trump, que fue su empleado y al que muchos ven como un futuro candidato a la Casa Blanca.

Controvertido y poderoso, suele acorralar a sus futuros socios o empleados con una pregunta demoledora: “¿Cuál es una verdad en la que vos crees mucho, pero con la que casi nadie está de acuerdo?”.
Según tres fuentes locales que lo conocen hace tiempo, Thiel vino al país, sobre todo, porque disfruta de estar en lugares gobernados por dirigentes políticamente afines a sus ideas. En rigor, sería la primera vez que ve un experimento libertario en vivo y en directo porque es la primera vez que eso sucede.
Ese, básicamente, es su principal atractivo de pasar dos meses en Argentina. “Le resulta muy interesante el fenómeno Milei y Argentina puede ser un lugar de refugio ante la eventualidad de un mundo en crisis”, coincidió una fuente oficial ante la pregunta de Infobae.
El empresario argentino Martín Varsavsky, agregó: “Su interés por Argentina es parecido al mío, por un lado un país curioso, diferente, contradictorio pero ahora muy bien encaminado con Javier Milei y además un refugio para la tercera guerra mundial nuclear que esperemos que no sea necesaria pero que es siempre una posibilidad».
Como contó este medio meses atrás, el propio Varsavsky invirtió en un campo en Mendoza al que define como un refugio en caso de guerra nuclear.
Esa idea de seguridad ante un evento de escala global y pagar menos impuestos podría decirse que son dos grandes tópicos, hoy por hoy, de los grandes tecno-ricos del mundo.
“Mountainhead” es una película del año pasado de Jesse Armstrong, también creador de la exitosa Succession. Ácida y satírica, relata el encuentro de cuatro multimillonarios estadounidenses en una mega mansión en una montaña nevada. Amigos y competidores, son los reyes del mundo tech que discurren mientras el mundo se viene abajo por lo que generó el lanzamiento de una app de uno de ellos que facilita la creación de fake news.
El film se estrenó y, muy rápido, se empezó a especular sobre en quiénes se había inspirado Armstrong para crear a sus personajes. La respuesta resultó obvia: Elon Musk (X y SpaceX), Mark Zuckerberg (Meta), Marc Andreessen (Andreessen Horowitz), Sam Altman (OpenAI), Jack Dorsey (fundador de Twitter) y, claro, Peter Thiel. Alguno más también, seguramente. El propio Armstrong confesó que aunque había parecidos muy claros, los personajes era mezclas de varios de ellos.
Randall, protagonizado por Steve Carell, es el más grande del grupo y parece una mezcla de los inversores Thiel y Andreessen. Con pensamientos más profundos y filosóficos que sus amigos, está obsesionado con la inmortalidad y la búsqueda de tratamientos médicos que lo eternicen. Pasivo-agresivo, cuestiona a las democracias y al “exceso de regulación del Estado ingrato”. “Si nos volviésemos malos qué capacidad militar tendría EEUU?, se pregunta Venis, el más rico de los cuatro, el más parecido a Musk.
La película es tan divertida como aterradoramente verosímil. Un detalle no menor: Argentina tiene su lugar destacado en la película. En medio de la crisis global, el país queda envuelto en un caos. Los cuatro millonarios, desde sus smartphones, deciden tomar el control para gestionarlo como una empresa. Uno de ellos hace una videoconferencia y es nombrado presidente. Randall cree que tiene una mansión en Buenos Aires; pero duda, no está seguro: quizás ya la vendió.

En el mundo real, en los márgenes del poder tech y político global, Thiel se convirtió en un personaje que desafía las convenciones de Silicon Valley.
Cofundador de PayPal, primer inversor externo en Facebook, al frente de brazos inversores potentes como Founders Fund y Clarium Capital y fan del Señor de los Anillos, la saga de Tolkien, su influencia trasciende el capital de riesgo tradicional y se proyecta sobre debates éticos, filosóficos y geopolíticos. Su nombre aparece asociado a polémicas empresas, a una visión rupturista sobre la competencia y a una serie de intervenciones públicas que acompañan, y a veces anticipan, las tensiones de la era digital.
Nació en Alemania, al año se radicó con su familia en EEUU y poco tiempo después se mudaron se mudó a Sudáfrica donde su padre fue a trabajar a una mina de uranio. Regresó a EEUU y estudió en la Universidad de Stanford, donde fundó la revista Stanford Review. Ya desde entonces era un crítico del consenso progresista y la corrección política. Su trayectoria empresarial lo llevaría a codirigir el auge de las fintech con PayPal y más tarde a impulsar iniciativas que van desde la IA hasta la longevidad, pasando por la energía nuclear. Su famoso libro “Zero to One” (De cero a uno) condensa una de sus tesis centrales: “la competencia es para perdedores y los monopolios genuinos no son siempre malos”. Milei opina parecido.
El nuevo vecino de Susana Giménez en Barrio Parque cree que el verdadero valor surge de crear productos o servicios únicos, capaces de dominar mercados enteros. Para Thiel, los mejores negocios no compiten: los construyen fundadores capaces de encontrar respuestas a preguntas que nadie se atreve a formular.

Una de sus inspiraciones intelectuales es el filósofo René Girard, cuya teoría sobre el “deseo mimético” sostiene que el deseo humano no es autónomo, sino imitativo y que esta dinámica termina en conflicto. Por eso rechaza la copia y busca oportunidades donde otros solo ven riesgos o limitaciones. Además, postula que Occidente atraviesa una fase de estancamiento tecnológico desde los ‘70 –con excepción del boom informático– y vincula este fenómeno a una falta de visión definida sobre el futuro. Promueve la idea de que el progreso requiere individuos capaces de planificar y ejecutar saltos disruptivos y está convencido de que democracia y libertad resultan difíciles de conciliar.
La empresa más emblemática de Thiel es Palantir Technologies, algo así como la reina global del big data. La fundó en 2003, junto a su actual CEO, Alex Karp, en medio del impulso de control y análisis de datos de inteligencia después del 9/11. Desde el vamos tuvo el respaldo del fondo de inversión de la CIA (In-Q-Tel) y esta conexión explica muchas de las controversias que acompañaron su crecimiento. Se llama así por las “esferas videntes” élficas de Tolkien, la tecnología para ver más allá.
Palantir se convirtió en contratista del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en 2011, y más recientemente obtuvo un contrato de 30 millones de dólares para desarrollar ImmigrationOS, una plataforma que utiliza IA para rastrear y deportar inmigrantes. Este acuerdo ubicó a la compañía en el centro del debate sobre las políticas migratorias de Donald Trump y el uso de tecnologías de vigilancia. Otra polémica reciente involucra el uso de plataformas de Palantir en el conflicto de Gaza.
La semana pasada hubo un episodio que colocó a Palantir y a Thiel otra vez en el centro de la discusión pública global. La empresa publicó en su cuenta de X un resumen de “The technological republic: hard power, soft belief, and the future of the west”, un libro de Karp y Nicholas Zamiska. Ya era bestseller número 1 del New York Times, pero se viralizó mucho más y desató una oleada de comentarios que oscilaron entre la acusación de “tecnofascismo” y la caracterización de su autor como un “supervillano”.
El texto, intencionalmente político, delinea una visión de futuro que busca redefinir el papel de la tecnología en la seguridad nacional de EEUU y el desarrollo económico.
Algunos puntos resuenan como declaraciones de principios de una nueva derecha tech, como marcaron medios internacionales, como Time y The Guardian. Uno de esos puntos tilda a Silicon Valley directamente de “blando” y le exige participar en la defensa de EEUU. No como opción: como un deber moral. Pide decirle chau al soft power —”La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral”— y asegura que el nuevo el hard power se construirá con software como basamento.

Luego va más lejos: “La pregunta no es si se construirán armas de IA, sino quiénes las construirán y con qué propósito. Nuestros adversarios no harán una pausa para debates teatrales”. El mensaje es claro: la neutralidad tecnológica solo beneficiará a rivales de EEUU. China, básicamente. Además pide servicio militar obligatorio y pertrechar a las fuerzas armadas de la mejor manera.
El punto 12 es quizás el más inquietante de todos: “La era atómica está terminando. Una nueva era de disuasión construida sobre la IA está por comenzar”. La declaración promueve la inversión masiva en innovación atómica para garantizar autonomía estratégica y alimentar la carrera de la IA.
El texto subraya la necesidad de reducir la influencia extranjera en sectores estratégicos y de fortalecer las capacidades de defensa a través de la colaboración entre el sector privado y el Estado. No pocos destacaron que la retórica del manifiesto remite a la era del Proyecto Manhattan, el mismo que dio origen a la bomba atómica.
Hay otras dos compañías en el centro de la estrategia de Thiel, que responden al marco conceptual del manifiesto: General Matter y Anduril. La primera es una startup que busca desarrollar tecnología para enriquecer uranio a niveles inéditos y proveer combustible a una nueva generación de reactores nucleares. Anduril —otro término de El Señor de los Anillos, que remite al nombre de la espada del rey Aragorn— fabrica armas autónomas.
Como quedó claro, una de las obsesiones más recientes de Thiel se articula en torno a la recuperación del liderazgo estadounidense en tecnología atómica. En abril, su fondo de capital de riesgo Founders Fund, lideró una inversión de 50 millones de dólares en General Matter, en cuyo equipo hay ex ingenieros de SpaceX, y fue seleccionada por el gobierno de Trump como parte de un consorcio para desarrollar HALEU (High-Assay Low-Enriched Uranium, o uranio de bajo enriquecimiento para reactores modulares pequeños).
La proyección pública de Thiel ha estado acompañada de episodios que avivaron el debate sobre el poder de los magnates tecnológicos. Uno de los más notorios fue su rol en la demanda del luchador Hulk Hogan (Terry Gene Bollea) contra el sitio web Gawker, por la difusión de un video sexual, al que financió en secreto después de que el medio filtró detalles sobre su orientación sexual. El caso, de 2013, derivó en una condena de USD 140 millones contra Gawker, aunque el monto se redujo en instancias de apelación. Thiel reivindicó su intervención como una forma de filantropía.

En el terreno político, Thiel se distinguió como el primer referente de Silicon Valley en apoyar abiertamente a Donald Trump durante la campaña de 2016. Su respaldo incluyó financiamiento a figuras del ala más nacionalista del Partido Republicano, como Vance, quien fue su empleado y luego llegó a la vicepresidencia de EEUU.
La influencia de Thiel y de ejecutivos vinculados a sus empresas en la administración Trump evidenció la convergencia entre capital de riesgo, tecnología y estrategia nacionalista. A lo largo de su carrera, transitó un camino marcado por el pensamiento contracorriente, la búsqueda de monopolios creativos y la intervención directa en áreas donde la tecnología y la política se mezclan.
Su defensa del riesgo, la audacia y los fundadores de empresas como agentes casi míticos lo distingue de otros inversores de Silicon Valley. Su influencia se extiende desde la IA hasta la energía nuclear, pasando por polémicas judiciales y una redefinición del papel de las grandes empresas en temas de seguridad global.
Tiene fondos de sobra e ideas controvertidas que defiende en cuanto ring se pare. Sus próximos pasos podrían tener influjos porteños y haber sido inspirados con vistas al Río de la Plata, desde alguna de las ventanas de su nueva mega mansión de Barrio Parque.
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ECONOMIA
La lluvia de dólares se intensificará y el peso seguiría fortaleciéndose en los próximos meses, pero las compras del público no aflojan

El peso es una de las monedas que más se viene apreciando en el año y todo indica que la tendencia se intensificará para lo que resta de 2026. Sin embargo, la caída del dólar en términos nominales y reales no aflojó la demanda por la divisa.
Según los últimos datos del balance cambiario elaborado por el Banco Central, la compra por parte del público para atesoramiento y atender gastos corrientes llegó solo en marzo a USD 2.470 millones.
Este comportamiento revela que la cobertura en dólares sigue estando presente, aun cuando la corriente vaya en sentido contrario. En los cuatro primeros meses del años apostar por inversiones en pesos dejó una ganancia cercana al 20% medido en moneda dura, especialmente los bonos que ajustan por inflación (Boncer). En el mismo período, el dólar cayó 5,1% en términos nominales.
Durante la crisis cambiaria previa a las elecciones legislativas del año pasado, la compra de dólares llegó a un récord de USD 4.500 millones mensuales entre agosto y octubre. La demanda actual está lejos de esos montos, pero tampoco se derrumbó.
Por eso el Gobierno se mantiene alerta y no da el brazo a torcer con el cepo cambiario: no solo mantuvo todas las prohibiciones que tienen las empresas, sino que además endureció los controles para evitar arbitrajes del público entre el dólar oficial y los financieros. Esa medida generó alguna sorpresa, pero se explica por una elevada demanda de dólares.
La oferta de dólares tiene tal magnitud que hubo lugar para todos: las “personas humanas” compraron USD 8.100 millones en el primer trimestre. Mientras tanto, el Banco Central ya adquirió en lo que va del año USD 6.500 millones. A pesar de esta presión compradora, el tipo de cambio no logró sostenerse.

Un informe elaborado por Quantum Finanzas indicó que el tipo de cambio real acumula una apreciación de 12,2% en lo que va del año. Esto significa que la economía argentina volvió a encarecerse en dólares, ante una inflación acumulada del 9,4% en el primer trimestre y la baja del dólar en términos nominales.
El dólar mayorista pasó a moverse en un rango acotado de $ 1.350 a $ 1.400, lo que ayudará a reducir la inflación en los próximos meses. Al mismo tiempo, la cotización quedó 27% por debajo del techo de la banda cambiaria.
Se trata de un fenómeno que se dio con todas las monedas de la región, pero en menor medida: el real brasileño se apreció 7,3%, el peso colombiano el 5,5%, y el peso mexicano el 2,0%.
Detrás de esta presión a la baja del tipo de cambio hay un fenómeno inusual para el mercado argentino, como es una verdadera lluvia de dólares. Ya le había sucedido a Mauricio Macri en los primeros años de su gestión.
En aquella oportunidad ese fenómeno estuvo muy vinculado al endeudamiento, ante el gran déficit fiscal que tuvo que ser cubierto con colocación de deuda en el mercado internacional.
Ahora los motivos son bien distintos: un fuerte aumento de la cosecha, incremento del superávit energético y un abultado volumen de emisiones de deuda por parte de empresas y provincias. En todos los casos hay obligación de liquidar las divisas en el mercado.
A esto se suma un aumento en los precios internacional que claramente juega a favor: el precio general de las exportaciones aumentó 8,5%, impulsados por los valores de Combustibles y energía (+15%), productos agrícolas (+8,1%) y las manufacturas de origen industrial (+8,3%). Se dio así un escenario casi ideal de incremento en los volúmenes exportados y al mismo tiempo de los precios.
Alejo Costa, economista jefe de Max Capital, aseguró que “Argentina recibirá USD 10.000 millones adicionales este año respecto a lo que se esperaba a fines de 2025”. Con este ingreso de divisas el escenario más probable, en su opinión, es el de una apreciación adicional del tipo de cambio.
La cuenta corriente permanecería casi equilibrada en 2026. Con estos datos parece casi insostenible afirmar que el tipo de cambio se encuentra muy atrasado
Una Argentina más cara en dólares, sin embargo, no parece ser un problema para muchos sectores. Las exportaciones subieron 30% interanual en marzo, mientras que las del sector industrial lo hicieron 25%. Al mismo tiempo, las exportaciones aumentaron apenas 1% y las de bienes de consumo solo 6%.
Las últimas estimaciones indican que la cuenta corriente permanecería casi equilibrada en 2026. Con estos datos parece casi insostenible afirmar que el tipo de cambio se encuentra muy atrasado, aún después de la apreciación de los últimos meses.

Es cierto que las compras para atesoramiento y para viajes se mantienen firmes. Pero hoy la economía genera dólares suficientes para que esa demanda de divisas no provoque un salto en la cotización.
Con este escenario el Central llegaría fácilmente a los USD 10.000 millones que había establecido como piso al lanzar la “fase 4” del plan monetario. Los cálculos conservadores que circulan en el mercado estiman que la cifra no bajará de los USD 12.000 millones.
Claro que la bonanza en materia cambiaria convive con una situación mucho más frágil en la economía real, que sufre una suba del desempleo, deterioro salarial y cierre de empresas. ¿Un tipo de cambio más alto conllevaría un alivio? No parece que pueda ayudar demasiado. Por lo pronto provocaría nuevos saltos de la inflación y un nuevo golpe al poder adquisitivo.
En abril la inflación traerá el primer alivio luego de diez meses de alzas consecutivas. El tipo de cambio planchado y un fuerte apretón monetario empezarán a tener efecto. Se espera alrededor de 2,5% y la expectativa es que se acelere la desinflación en los meses siguientes hasta alcanzar el “1 y pico” en los últimos meses de 2026.
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ECONOMIA
La curva incómoda de la inteligencia artificial en las pyme

Por estos días, pocas palabras generan tanta expectativa y ansiedad como inteligencia artificial en las pequeñas y medianas empresas (pyme). Para este segmento, la promesa resulta tentadora: automatizar procesos, reducir costos, optimizar la logística y aumentar las ventas. La realidad, sin embargo, suele mostrarse menos lineal y presenta varios desafíos.
El economista Erik Brynjolfsson describe el recorrido como una “curva J” de la productividad: tras la adopción de nuevas tecnologías, es habitual observar primero una caída en el rendimiento antes de percibir mejoras.
“No es un error: es parte del proceso”, amplía el académico en base a investigaciones vinculadas al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), una de las principales universidades de investigación tecnológica del mundo, cuya labor en transformación digital y productividad es referente para la industria. Estas investigaciones aseguran que la adopción de inteligencia artificial genera inicialmente ciertas dificultades hasta que la organización logra adaptarse completamente.
Este fenómeno permite comprender por qué muchas pyme sienten que la IA no da resultado: invierten en herramientas, capacitan al personal, reorganizan procesos, pero la productividad no mejora al principio. Diversos análisis recientes recalcan que existe una diferencia fundamental entre usar herramientas de IA y transformar los métodos de trabajo.
Existe una diferencia fundamental entre usar herramientas de IA y transformar los métodos de trabajo
Aun así, los beneficios existen. Diferentes estudios muestran que las pyme que logran integrar la IA pueden aumentar su productividad hasta 30%. A nivel global, se proyecta que esta tecnología podría incluso duplicar el crecimiento de la productividad en economías avanzadas en los próximos años.
El primer obstáculo es la cuestión de escala. Las grandes compañías disponen de recursos, equipos técnicos y tiempo suficiente para tolerar la baja de rendimiento inicial asociada a la curva J. Las pyme, en contraste, operan con márgenes acotados y menos tolerancia al error: cada inversión debe generar resultados rápidamente.

En segundo término, influye la falta de capacidades internas. Según estudios de consultoras especializadas como McKinsey, con amplia trayectoria global en análisis de negocios y digitalización, aunque el uso informal de IA entre empleados es alto, la adopción organizacional efectiva todavía es baja: apenas una minoría de empresas logra integrarla estratégicamente.
La tercera barrera, menos visible pero relevante, es la fragmentación. Muchas pyme incorporan soluciones desconectadas: una aplicación para marketing, otra para inventarios, otra diferente para atención al cliente, sin diseñar una visión integrada de negocio. Como resultado, la complejidad aumenta, pero la productividad no acompaña ese crecimiento.
Frente a este panorama, se vuelve necesario adaptarse a la curva J., destaco en mi libro El futuro de las pymes. Lo importante de cambiar antes que crecer, y tanto en Argentina como en Estados Unidos, Uruguay y Paraguay, pude constatar una reacción común en el sector pyme: predominan la desorientación, la falta de comprensión y una notable quietud.
El avance tecnológico suele significar un freno más que una superación de las barreras de entrada a las nuevas herramientas
El avance tecnológico suele significar un freno más que una superación de las barreras de entrada a las nuevas herramientas.
Algunas recomendaciones concretas pueden marcar la diferencia:
- Empezar por problemas, no por tecnología. La IA no es un fin en sí mismo.
- Identificar un proceso crítico (por ejemplo, gestión de stock o atención al cliente) y aplicar soluciones específicas suele tener mayor impacto que optar por herramientas genéricas.
- Pensar en procesos completos. La productividad mejora cuando se rediseña la manera de trabajar. La IA debe integrarse al flujo operativo, no funcionar como un parche. Capacitar y acompañar al equipo.
- El mayor desafío es cultural. La resistencia interna y la falta de habilidades suelen ser los principales obstáculos. Medir, ajustar y escalar.
- Las implementaciones exitosas suelen comenzar con pilotos acotados, aprender de los errores y, luego, escalar de forma progresiva.
- Aceptar el bajón inicial. Resulta contraintuitivo, pero si la productividad cae al principio, eso no necesariamente es negativo: la empresa está transitando la parte más difícil de la transformación.
La inteligencia artificial no es una solución automática sino un proceso de transformación, que supone costos, aprendizaje y tiempo. Las pyme que logran atravesar ese trayecto podrán operar con mayor eficiencia en un escenario donde la tecnología se ha vuelto condición fundamental para el crecimiento empresarial.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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