ECONOMIA
Inflación y crecimiento, un debate recurrente

En los últimos días, el debate económico volvió a centrarse en un eje clásico: si la inflación es compatible con el crecimiento o si lo destruye. Mientras el presidente Javier Milei sostiene que la inflación es siempre perjudicial, algunos economistas advierten que reducirla rápidamente puede frenar la actividad. La discusión, lejos de ser meramente ideológica, cuenta con décadas de desarrollo teórico y evidencia empírica.
El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión. La literatura económica internacional y los datos recientes en Argentina muestran que el vínculo entre inflación y crecimiento es complejo, no lineal y depende del contexto, los niveles alcanzados y las expectativas de los agentes económicos.
La literatura especializada destaca que no existe una relación simple ni universal entre inflación y crecimiento. Estudios empíricos coinciden en que el vínculo es no lineal y depende de las particularidades de cada país. Algunas investigaciones concluyen que, a partir de ciertos umbrales, la inflación comienza a afectar negativamente el crecimiento. En países en desarrollo, se identifican “niveles críticos” por encima de los cuales el impacto sobre la actividad es claramente adverso.
El núcleo de la discusión reside en si bajar la inflación garantiza mayor crecimiento económico o si, por el contrario, la desinflación rápida puede acentuar la recesión
En el corto plazo, la evidencia resulta aún más ambigua. Trabajos clásicos, como los de Sebastián Edwards, encuentran que en América Latina la relación entre expansión monetaria (y por ende inflación) y crecimiento puede ser positiva en algunos casos, pero inexistente en otros. No hay, por tanto, una ley universal que vincule inflación y crecimiento en el corto plazo.
Existen, incluso, situaciones puntuales donde la inflación muestra efectos positivos sobre el crecimiento en determinados períodos, lo que refuerza la idea de una relación altamente dependiente del contexto. La perspectiva heterodoxa, predominante en estos estudios, pone el foco en la “inercia inflacionaria”, es decir, la persistencia de la suba de precios aun cuando cambian las condiciones iniciales.

No obstante, existe una explicación alternativa, sólida desde el punto de vista teórico, vinculada a los rezagos de la política monetaria. La persistencia de la inflación suele responder a la rigidez de contratos nominales (salarios, alquileres, tarifas, acuerdos comerciales) que se ajustan con demora, y a los retardos de la política monetaria, definidos por Milton Friedman como “prolongados e irregulares”.
Esto implica que los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar. Por eso, incluso cuando se corrigen las causas fiscales o monetarias, la dinámica inflacionaria puede persistir por los mecanismos de transmisión imperfectos.
Los efectos de una política monetaria contractiva (o expansiva) no se reflejan de inmediato en los precios: las demoras son variables y difíciles de anticipar
Un elemento clave adicional es la demanda de dinero. En contextos de estabilización, si los agentes reducen abruptamente su disposición a mantener saldos monetarios—por ejemplo, ante cambios de expectativas o pérdida de confianza—se genera un exceso de oferta de dinero respecto a su demanda, que rápidamente se canaliza hacia bienes, servicios o activos, presionando sobre los precios.
En términos simples, aunque la autoridad monetaria deje de emitir, una caída brusca en la demanda de dinero puede acelerar transitoriamente la inflación o demorar su desaceleración, al aumentar la velocidad de circulación.
Este punto es especialmente relevante en una economía bimonetaria como la argentina, donde la demanda de pesos y de dólares compite en la cartera de los agentes. Cuando crece la preferencia por dólares, disminuye la demanda de pesos. Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo “por el lado de la demanda”, elevando la velocidad de circulación y presionando sobre los precios en pesos, incluso sin expansión de la base monetaria.
Este mecanismo resulta útil para interpretar dinámicas recientes. La fuerte dolarización observada en septiembre y octubre de 2025, en un contexto de reacomodamiento de expectativas, probablemente redujo de manera significativa la demanda de pesos. Los rezagos de transmisión señalados por Friedman explican que parte de ese efecto se manifestara meses después, lo que contribuye a que la inflación se haya alcanzado 3,4% mensual en marzo de 2026.
Una compra masiva de dólares implica la liquidación de posiciones en moneda local, generando una caída de la demanda de pesos que actúa como un shock monetario contractivo
A este fenómeno monetario se sumaron factores adicionales de carácter puntual pero relevantes: ajustes de tarifas públicas rezagadas; factores estacionales, como subas en alimentos -en particular, carne- y en educación; y un shock en los precios internacionales del petróleo.
En este punto, suele discutirse el origen exclusivamente monetario de la inflación. La heterodoxia, ante estos factores, sostiene la “multicausalidad”. Sin embargo, podría ser más preciso considerar que no se trata de causas independientes, sino de distorsiones que vuelven más prolongados e irregulares los rezagos de la política monetaria. No alteran necesariamente el origen último del fenómeno, pero sí su dinámica temporal y velocidad de convergencia.

El comportamiento reciente de la economía argentina confirma estos mecanismos. El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad y caída del consumo, con pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones en un contexto de aceleración transitoria de la inflación.
Más recientemente, se observan señales de cambio. El relajamiento de la política monetaria y la compra sostenida de dólares por parte del BCRA indican una reversión del proceso previo de sustitución de monedas: aumenta la demanda de pesos en detrimento de la de dólares, reduciendo presiones inflacionarias asociadas a la caída en la demanda de dinero.
El “apretón monetario” implementado en 2025 para enfrentar la creciente demanda de dólares se tradujo en una fuerte contracción de la liquidez en pesos, estabilizando el frente cambiario pero generando enfriamiento de la actividad
A esto se suma la rebaja de encajes bancarios y la instauración del “corredor de pases” del BCRA, instrumento para ordenar las tasas de interés de corto plazo y facilitar su descenso. Este esquema favorece la recomposición del crédito y la liquidez.
De sostenerse estas condiciones, es esperable que, en los próximos meses, se observe una reversión gradual de la dinámica contractiva previa: recuperación de la actividad, mejora del consumo y recomposición del poder adquisitivo, mientras la inflación se desacelera hacia niveles internacionales en un plazo más breve de lo previsto inicialmente.
En definitiva, el mismo mecanismo monetario que amplificó la desaceleración debería ahora operar en sentido inverso, acompañando una fase de recuperación.
En el largo plazo, la evidencia converge con mayor claridad. La mayoría de los estudios empíricos y la tradición monetarista -desde Milton Friedman hasta Thomas Sargent-sostienen que inflaciones altas y persistentes terminan deteriorando el crecimiento económico.
Las razones son conocidas: distorsión de precios relativos, menor inversión y horizonte de planificación, aumento de la incertidumbre y caída de la profundidad financiera. Adicionalmente, en contextos de alta inflación, la relación entre emisión y precios se torna más evidente.
Modelos clásicos como los de Thomas Sargent y Neil Wallace vinculan directamente la inflación con el déficit fiscal persistente. Estudios recientes sobre Argentina remarcan que la consolidación fiscal es condición necesaria para bajar la inflación, aunque puede generar fricciones en el proceso.
La evidencia no es concluyente respecto de cuál estrategia es superior. Los programas de “shock” pueden reducir la inflación rápidamente, pero suelen tener costos iniciales en la actividad. Los enfoques graduales tienden a suavizar esos costos, aunque prolongan el proceso.
En este contexto, la evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa económico y de la elección entre un enfoque gradual o una “terapia de shock”.
La evidencia sugiere que reducir la inflación es condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero el proceso de desinflación puede implicar costos de corto plazo y su velocidad dependerá, sobre todo, de la credibilidad del programa
Un ajuste gradual suele generar una recesión más extensa, con caída prolongada del salario real y menor inversión. Si el déficit no se corrige rápidamente, el financiamiento vía emisión se mantiene, alimentando la inflación y neutralizando el esfuerzo antiinflacionario.
Paradójicamente, intentar bajar la inflación lentamente puede resultar contraproducente: si los agentes perciben inconsistencia, pueden anticiparse y provocar una aceleración mediante una corrida cambiaria. El riesgo central del gradualismo es no lograr coordinar un cambio brusco de expectativas, imprescindible para romper una dinámica inflacionaria alta. Sin ese quiebre, la inflación tiende a persistir y el programa puede fracasar o resultar más costoso.
El autor es Economista
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ECONOMIA
Noviembre llega con aumentos en transporte, salud, alquileres y servicios

- El boleto mínimo, de hasta 3 kilómetros, llegará a $ 1.263,69 con SUBE registrada.
- El tramo de 3 a 6 kilómetros tendrá un valor de $ 1.421,65.
- Las 104 líneas nacionales que unen la Capital Federal y el Conurbano conservarán sus tarifas, con el objetivo de evitar otra suba en esos recorridos.

- En electricidad, se mantiene el límite de 200 kWh mensuales de consumo subsidiado.
- Los usuarios alcanzados tendrán una bonificación adicional de 25% durante noviembre.
- En gas, quienes estén incluidos en los Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) recibirán una bonificación general de 50% sobre el Precio Anual Uniforme, además de un descuento extraordinario.

- Medicus: 2,95%.
- Sancor Salud: hasta 2,88%.
- Omint: hasta 2,75%.
- Swiss Medical: 2,3%.
- Hospital Italiano: 2,3%.
- Galeno: 2,2%.
- OSDE: entre 1,7% y 2,2%.

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ECONOMIA
El debate sobre el atraso cambiario: las exportaciones crecieron mientras caía el tipo de cambio real

En la crisis de la convertibilidad el TCRM pasó de un mínimo en 30 años de 43,8 puntos, a un máximo de 106,2, y el índice de cantidades exportadas se mantuvo levemente por sobre las 95 unidades
Se tomaron medidas que tuvieron un efecto directo sobre los costos de operar de empresas exportadoras e importadoras

Obstáculos para el crecimiento del comercio exterior: costos logísticos, infraestructura, restricciones regulatorias, financiamiento, presión tributaria y los problemas de acceso a mercados (CERA)
La competitividad sistémica incorpora todos los elementos que influyen en la capacidad de una empresa para producir, transportar, financiar y vender en el exterior
La expansión no estuvo asociada a cambios en el tipo de cambio real sino, principalmente, a inversiones, aumentos de producción y mayor demanda internacional, a partir de las desregulaciones y el RIGI
El interrogante más relevante es cuánto de la competitividad depende efectivamente del dólar y cuánto a los determinantes para producir más, invertir más y vender más al mundo
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ECONOMIA
Cada vez se pide más experiencia para empezar a trabajar: qué aconsejan los especialistas para romper esa barrera

Nueve de cada diez jóvenes en el país tienen dificultades para encontrar trabajo y el 72% identifica la falta de experiencia como el principal obstáculo (Roitman)

Las empresas están en plena transformación, buscando ser más eficientes y cuidando la rentabilidad, y ahí se abre una brecha entre lo que se pide y lo que el mercado puede dar

La experiencia no se construye únicamente a través de un trabajo formal (Barni)

Lo que realmente diferencia a un candidato es su capacidad y disposición para aprender y desarrollar nuevas habilidades (Avila)
- operadores de depósito,
- vendedores,
- personal de atención al cliente,
- repositores, y
- cajeros.

Rotman aconseja que los procesos de selección contemplen el potencial, la disposición para aprender y las habilidades transferibles
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