ECONOMIA
El Banco Central intensificó la compra de dólares y sumó más de USD 700 millones en una semana

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantiene una racha de 74 jornadas consecutivas con compras de dólares en el mercado oficial, a través de operaciones directas y acuerdos en bloque con empresas y organismos. Este viernes, la entidad sumó USD 80 millones y, en lo que va de 2026, el total acumulado superó los 6.700 millones de dólares.
Con la implementación del nuevo esquema monetario en enero de este año, el BCRA incorporó USD 6.765 millones, superando largamente la mitad de la meta anual prevista. Durante abril, el ritmo de adquisición de divisas se aceleró: en ese mes, las compras alcanzaron los 2.379 millones de dólares. Solo esta semana, el Central adquirió 745 millones de dólares.
Actualmente, la autoridad monetaria lleva cubierto el 67% del objetivo de compras para 2026. No obstante, los pagos de deuda realizados por el Tesoro, en parte con dólares canalizados a través del Banco Central, limitaron el aumento neto de las reservas.
Para sostener este ritmo, el organismo aumentó la emisión de pesos sin utilizar instrumentos de esterilización, mientras que el Tesoro nacional colocó deuda en moneda local para absorber el excedente de liquidez y evitar una expansión mayor de la base monetaria. El propósito es contener eventuales presiones sobre el tipo de cambio y la inflación.
Según estimaciones oficiales, el saldo neto de compras podría ubicarse entre 10.000 y 17.000 millones de dólares a lo largo de 2026, dependiendo tanto de la disponibilidad de divisas como de la demanda de pesos. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que estas variables serán determinantes para el resultado anual.
Al cierre de la última jornada, las reservas internacionales totalizaron USD 46.184 millones, con un incremento diario de 17 millones de dólares. En febrero, el stock había llegado a USD 46.905 millones, el nivel más alto desde 2018 y el mayor de la gestión actual. El descenso observado en los últimos meses responde tanto a pagos de deuda en moneda extranjera como a cambios en la valuación de activos, como oro y bonos, en un contexto internacional volátil.
La dinámica de la deuda corporativa será clave para el flujo de divisas en los próximos meses, más allá del ingreso de dólares provenientes del sector agroexportador. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las empresas argentinas emitieron deuda en mercados internacionales por unos 10.000 millones de dólares.
Una parte importante de esos fondos ya se incorporó al mercado local, apuntalando la estabilidad cambiaria. Según estimaciones oficiales, todavía quedan pendientes de liquidación más de 3.000 millones de dólares, cuya incorporación paulatina podría contribuir a sostener la estabilidad del tipo de cambio.
En una reunión con inversores en Washington, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, explicó que entre octubre de 2025 y abril de 2026, las compañías emitieron obligaciones negociables por USD 9.900 millones, de los cuales 6.800 millones ya ingresaron al mercado local. Resta incorporar USD 3.200 millones, suma que podría incrementar la oferta de dólares en el corto plazo.
El dólar mostró una tendencia alcista en el segmento mayorista, impulsado por una mayor demanda de cobertura detectada por los operadores, a pesar de que el volumen operado fue elevado y alcanzó los 954,5 millones de dólares. Esto ocurre en un contexto de fuerte liquidación de divisas provenientes del sector agroexportador y un flujo significativo de dólares por la colocación de deuda corporativa y provincial.
Gustavo Quintana, de PR Corredores de Cambio, señaló que este viernes se registró un “volumen récord en el segmento de contado para 2026, superando el máximo alcanzado el 29 de diciembre del año pasado”.
El precio del dólar mayorista subió 7,50 pesos, ubicándose en $1.399,50, el nivel más alto desde el 13 de marzo. En lo que va de 2026, el tipo de cambio oficial acumula una baja de 55,50 pesos, equivalente al 3,8 por ciento. Durante la última semana, el dólar comercial sumó 35 pesos, lo que representa un avance del 2,6 por ciento. El Banco Central fijó el techo de la banda cambiaria en $1.693,51, por lo que el dólar mayorista se mantiene a 294,01 pesos, o 21%, por debajo de ese límite.
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ECONOMIA
Mercados frente a la inteligencia artificial

La inteligencia artificial se ha convertido en la narrativa dominante de los mercados financieros globales. Nvidia superó los cinco billones de dólares de capitalización bursátil; Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta destinan cientos de miles de millones de dólares a infraestructura; y empresas privadas como OpenAI, Anthropic o xAI alcanzan valuaciones que hace apenas unos años parecían imposibles.
Los siete magníficos de la Bolsa (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla) representan casi el 40% del principal índice bursátil del mundo, el S&P 500.
Sin embargo, detrás de esta historia de crecimiento extraordinario comienza a aparecer una pregunta incómoda: ¿cuánto del crecimiento que observamos responde a una demanda genuina de clientes finales y cuánto responde a mecanismos de financiamiento que se retroalimentan dentro del propio ecosistema?

La pregunta no implica negar la revolución tecnológica que representa la inteligencia artificial. Tampoco implica afirmar que exista fraude o manipulación.
Lo que sí plantea es la posibilidad de que una parte relevante de la expansión actual esté impulsada por una estructura de inversión circular que hace que el crecimiento aparente sea mayor que el crecimiento económico subyacente.

El circuito de la IA
La forma más sencilla de entender el fenómeno es observar uno de los circuitos más conocidos del sector.
Nvidia invierte en empresas de inteligencia artificial como OpenAI. OpenAI, a su vez, firma contratos multimillonarios para adquirir capacidad de procesamiento en centros de datos operados por Oracle, Microsoft o Amazon. Esas empresas compran enormes cantidades de chips fabricados por Nvidia para satisfacer esa demanda.
El resultado es que el dinero que inicialmente sale de Nvidia termina regresando, directa o indirectamente, a Nvidia. En el proceso, cada participante puede mostrar crecimiento.
Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema
OpenAI incrementa sus gastos en infraestructura. Oracle, Microsoft o Amazon registran mayores ingresos por servicios de nube y procesamiento. Nvidia registra ventas crecientes de chips.
Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema.

La diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental. Una cosa es una demanda financiada por clientes independientes que generan ingresos suficientes para pagar los servicios que consumen. Otra, muy distinta, es una demanda impulsada por capital de riesgo, emisiones de acciones o financiamiento cruzado entre empresas que apuestan a una rentabilidad futura que todavía no existe.
La empresa que hoy ocupa el centro de esta estructura es OpenAI.
Las estimaciones más difundidas sugieren que OpenAI tiene compromisos de largo plazo cercanos a USD 1,4 billones entre infraestructura, centros de datos, procesamiento y equipamiento tecnológico.
Dentro de esos compromisos aparecen montos significativos destinados a Oracle, Microsoft, Nvidia, AMD, Amazon y diversos proyectos de construcción de centros de datos.
El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos.
El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos
OpenAI genera ingresos crecientes y probablemente se encuentre entre las empresas tecnológicas de expansión más rápida de la historia.
Sin embargo, continúa registrando pérdidas significativas y depende de sucesivas rondas de financiamiento para sostener su ritmo de inversión.

En otras palabras, buena parte de la infraestructura que se está construyendo hoy no está siendo financiada con utilidades generadas por el negocio, sino con expectativas sobre la rentabilidad futura del negocio.
La apuesta es que la demanda terminará justificando la inversión. Pero todavía no está claro cuándo ocurrirá eso ni en qué magnitud.
La historia financiera ofrece numerosos ejemplos de procesos similares. A finales de los años noventa, empresas como Lucent Technologies, Global Crossing o WorldCom invirtieron sumas gigantescas en redes de telecomunicaciones.
Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber
La tesis era correcta: internet transformaría el mundo. Lo que resultó incorrecto fue el timing y la magnitud de las inversiones. Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber.

En 2008, la crisis financiera global mostró cómo un sistema basado en deuda y expectativas crecientes podía sostenerse durante mucho tiempo antes de quebrarse abruptamente.
Más cerca en el tiempo, el boom del shale norteamericano produjo enormes inversiones financiadas por deuda bajo el supuesto de que los precios del petróleo permanecerían elevados durante décadas. Muchas compañías terminaron destruyendo capital aun cuando la revolución energética finalmente se materializó.
En todos los casos aparece un patrón recurrente: sobreinversión, financiamiento abundante y expectativas que terminan creciendo más rápido que la demanda efectiva.
Los defensores de la inteligencia artificial tienen argumentos sólidos:
- Productividad podría aumentar de forma extraordinaria.
- Automatización de tareas intelectuales podría abrir mercados completamente nuevos.
- Aplicaciones empresariales apenas están comenzando.
Y es perfectamente posible que dentro de 10 años la infraestructura construida hoy resulte insuficiente. Sin embargo, el mercado no necesita que la revolución fracase para sufrir una corrección importante:
- Basta con que la adopción ocurra más lentamente de lo esperado.
- Basta con que los ingresos crezcan menos de lo proyectado.
- Basta con que una empresa central del ecosistema encuentre dificultades para financiar sus pérdidas.
Cuando los sistemas dependen de cadenas de financiamiento interconectadas, una interrupción en un punto puede propagarse rápidamente al resto de la red. Y esa es precisamente la preocupación de algunos analistas.

La cuestión no es si la inteligencia artificial cambiará el mundo. Probablemente lo haga.
La cuestión tampoco es si Nvidia, OpenAI, Anthropic o los grandes proveedores de nube tienen tecnologías extraordinarias. Claramente las tienen.
La pregunta relevante para los inversores es otra: ¿el crecimiento que hoy observamos está impulsado por una demanda económica ya consolidada o por expectativas de demanda futura?
Si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración
Porque si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración del crecimiento.
El riesgo es que el mercado esté descontando hoy beneficios que todavía no existen.

La historia demuestra que las grandes innovaciones suelen transformar la economía. Pero también demuestra que los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que esa transformación se traduce en ganancias reales.
Los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que la transformación se traduce en ganancias reales
La inteligencia artificial podría convertirse en la tecnología más importante del siglo XXI.
La pregunta es si los precios actuales ya descuentan un futuro perfecto.
El autor es Director de Club de Inversores
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ECONOMIA
Un abismo millonario en el Mundial 2026: la Selección argentina vale casi 40 veces más que el plantel de Jordania

La Argentina y Jordania se enfrentan este sábado a las 23 por la última fecha del Grupo J del Mundial 2026. El encuentro representa la tercera presentación de ambos equipos en el torneo y destaca por la marcada diferencia en la cotización de sus planteles.
La Scaloneta brilló en los primeros dos encuentros al imponerse por 3-0 ante Argelia y 2-0 frente a Austria con un Lionel Messi incontenible que anotó los cinco goles de la selección nacional. De esta manera, se clasificó primera a los 16avos de final. Por su parte, el combinado jordano cayó por 2-1 ante los argelinos y por 3-1 frente a los austríacos.
Lo cierto es que la brecha entre los conducidos por Lionel Scaloni y el seleccionado asiático no solo es futbolística sino también en la valuación de los 26 jugadores que integran las listas de cada equipo. De hecho, la plantilla argentina está valuada en USD 928,62 millones mientras que la de su rival apenas alcanza los USD 23,34 millones, según datos de Transfermarkt. Es decir, el conjunto argentino vale casi 40 veces más que el jordano.

Al colocar la lupa sobre la Albiceleste, Julián Álvarez aparece como el futbolista con mayor valor de mercado, con una cotización de 115 millones de dólares. El delantero del Atlético Madrid encabeza la lista, seguido por Enzo Fernández, mediocampista del Chelsea, cuyo pase se estima en USD 103,5 millones, cifra que refleja su relevancia tanto en la Premier League como en la selección argentina.
En el tercer puesto figura Lautaro Martínez, delantero del Inter de Milán, con una tasación de 97,75 millones de dólares. Nicolás Paz, mediocampista ofensivo del Real Madrid, se perfila como una de las principales promesas con un valor de 92 millones de dólares.
Alexis Mac Allister, jugador del Liverpool, completa el grupo de los cinco mejor valuados con 80,5 millones de dólares. Estos montos evidencian la actualidad y el potencial de los futbolistas argentinos en el fútbol europeo.
- Julián Álvarez: USD 116,12 millones
- Enzo Fernández: USD 104,51 millones
- Lautaro Martínez: USD 98,70 millones
- Nicolás Paz: USD 92,90 millones
- Alexis Mac Allister: USD 81,28 millones
Dentro del equipo de Jordania, Mousa Tamari destaca como el futbolista mejor valuado, con una cotización de 11,5 millones de dólares. Tamari, extremo derecho de 29 años, representa la principal figura y activo del seleccionado jordano.
Detrás de Tamari aparecen Yazan Al-Arab, defensor central de 30 años, con un valor de mercado de USD 1,15 millones, y Ali Olwan, delantero centro de 26 años, tasado en 920.000 dólares. Mohammad Abu Zrayq, extremo derecho de 28 años, alcanza una valoración de USD 805.000, mientras que Nizar Al-Rashdan, pivote de 27 años, completa el grupo de los cinco más valiosos con una cotización de 690.000 dólares.
La suma de estos cinco futbolistas representa una parte significativa del valor total del plantel jordano y, en ese sentido, surge un dato curioso: la ficha de Nicolás González, USD 25,30 millones, supera a todo el equipo del país asiático.
- Mousa Tamari: USD 11.500.000
- Yazan Al-Arab: USD 1.150.000
- Ali Olwan: USD 920.000
- Mohammad Abu Zrayq: USD 805.000
- Nizar Al-Rashdan: USD 690.000
- Julián Álvarez: USD 115 millones
- Enzo Fernández: USD 103,50 millones
- Lautaro Martínez: USD 97,75 millones
- Nicolás Paz: USD 92 millones
- Alexis Mac Allister: USD 80,50 millones
- Cristian Romero: USD 51,75 millones
- Lisandro Martínez: USD 46 millones
- Giuliano Simeone: USD 46 millones
- Valentín Barco: USD 46 millones
- Exequiel Palacios: USD 28,75 millones
- Marcos Senesi: USD 28,75 millones
- José Manuel López: USD 28,75 millones
- Nicolás González: USD 25,30 millones
- Facundo Medina: USD 20,70 millones
- Lionel Messi: USD 17,25 millones
- Nahuel Molina: USD 17,25 millones
- Thiago Almada: USD 17,25 millones
- Rodrigo De Paul: USD 16,10 millones
- Emiliano Martínez: USD 13,80 millones
- Giovani Lo Celso: USD 9,20 millones
- Gerónimo Rulli: USD 6,9 millones
- Leandro Paredes: USD 5,75 millones
- Gonzalo Montiel: USD 5,17 millones
- Nicolás Tagliafico: USD 4,6 millones
- Juan Musso: USD 3,45 millones
- Nicolás Otamendi: USD 1,15 millones
Cabe destacar que la tasación de los futbolistas realizada por plataformas especializadas no guarda relación directa con los sueldos que perciben en sus clubes. Un caso ilustrativo es el de Lionel Messi, quien no lidera el ranking de valor de mercado, aunque sigue siendo el futbolista con los ingresos más altos a nivel mundial.
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ECONOMIA
La “W” celeste y blanca: el curioso fenómeno que genera la demanda eléctrica en cada partido de la Argentina en el Mundial

Cada vez que la Selección argentina sale a la cancha en el Mundial 2026, el sistema eléctrico nacional registra un comportamiento que no tiene equivalente en ningún otro evento. La curva de demanda se transforma: cae, sube, vuelve a caer y repunta. El gráfico resultante tiene la forma de una letra “W”. No es casualidad ni anomalía: es el reflejo eléctrico de millones de personas haciendo exactamente lo mismo al mismo tiempo. Así lo detalló en las últimas horas EconoJournal, un portal especializado en temas energéticos.
La Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) lleva un registro de este fenómeno desde el Mundial de Qatar 2022 y emite informes técnicos antes y después de cada encuentro de la Selección. Lo que describe, según citó Econojournal, es una regularidad: “Durante los partidos de fútbol de la selección argentina en campeonatos del mundo se presenta una evolución muy particular y característica de la demanda eléctrica del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), un patrón debido a la simultaneidad en el comportamiento de millones de personas volcadas a un medio de comunicación (principalmente televidentes) que se acentúa durante días hábiles y en la medida en que la selección avanza”.
El patrón citado se verificó en los dos partidos que Argentina jugó en la fase de grupos del Mundial 2026: el 16 de junio ante Argelia y el 22 de junio frente a Austria. En ambos casos, la curva de consumo dibujó la misma figura.
El partido contra Austria, disputado el 22 de junio con inicio a las 14, ofrece el ejemplo más reciente y detallado. Según los registros de Cammesa, el descenso del consumo comenzó antes de que el árbitro pitara el inicio: a partir de las 13:50, la demanda cayó en forma pronunciada. En 60 minutos, el sistema registró una reducción de aproximadamente 1.800 megavatios (MW).

Con el inicio del entretiempo, la curva revirtió su trayectoria de manera abrupta. En apenas 13 minutos, la demanda subió alrededor de 1.050 MW: el equivalente al consumo de una ciudad grande activándose de golpe. Fue el primer vértice ascendente de la W.
Al comenzar el segundo tiempo, el consumo volvió a descender. Durante los siguientes 54 minutos, la caída fue de alrededor de 1.300 MW. Cuando el partido terminó, el rebote fue el más intenso de la jornada: en 40 minutos, la demanda se recuperó unos 1.850 MW. Más tarde, cerca de las 21, el Sistema Argentino de Interconexión registró el pico del día con 25.189 MW.
Esas variaciones bruscas y en muy poco tiempo no son un dato estadístico neutral. Para los operadores del sistema eléctrico, representan un desafío técnico concreto: subas y bajas de esa magnitud, si no se anticipan con precisión, pueden generar variaciones de tensión y frecuencia que afecten la calidad del suministro o, en el peor caso, provoquen cortes.
Por eso Cammesa despliega un operativo específico en cada partido de la Selección. Para el Argentina-Austria, la condición de alerta estuvo activa desde una hora antes del inicio hasta una hora después del final. Durante ese período se trabajó bajo despacho de seguridad, con todas las líneas del Sistema de Transporte de Energía Eléctrica de Alta Tensión (STAT) en servicio y con los trabajos de mantenimiento programados suspendidos.

Parte del operativo implicó poner en modo bomba el Grupo N°2 de la Central Hidroeléctrica Río Grande y el Grupo N°2 de la Central Hidroeléctrica Los Reyunos. En ese modo, las turbinas consumen energía para elevar agua hacia un embalse superior, lo que permite mantener reservas disponibles para responder con rapidez ante una variación repentina de la demanda. El informe técnico de Cammesa concluyó que “la operación se desarrolló con total normalidad, tanto antes, durante y con posterioridad al partido de la selección argentina de fútbol”.
El caso más extremo que registró Cammesa fue la final del Mundial Qatar 2022, jugada el 18 de diciembre de ese año entre Argentina y Francia. Ese partido, a diferencia de los de 2026, se disputó en pleno verano austral, con temperaturas elevadas que mantenían alto el consumo por el uso de equipos de aire acondicionado y ventilación. Por esa razón, la caída inicial de demanda fue mucho menor a la habitual: apenas 600 MW desde el inicio del juego, contra los 1.800 MW del Argentina-Austria.
El entretiempo mostró el repunte esperado. Pero lo más llamativo fue lo que ocurrió después del pitido final: la demanda no subió con la fuerza habitual. Cammesa lo registró en el informe con mayúsculas incluidas: “Muchos televidentes continuaron mirando la celebración y otros salieron a festejar el CAMPEONATO MUNDIAL”. La curva permaneció plana hasta el pico nocturno. El sistema eléctrico, a su manera, también estaba festejando.
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