ECONOMIA
¿Qué va a pasar con la inflación?: factores estacionales y estabilidad cambiaria impulsan la moderación en el segundo trimestre

Tras el 3,4% de marzo, considerado un “mal dato” por el presidente Javier Milei, la inflación se habría desacelerado en abril y mantendría esa tendencia en mayo. Esta moderación responde tanto a factores estacionales como a la evolución de la demanda interna y un contexto internacional menos convulsionado. El comportamiento del rubro Alimentos y bebidas también cumple un rol clave.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el BCRA, arrojó que los analistas privados sitúan el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en 2,6% para abril y 2,3% para mayo. Ambas proyecciones fueron ajustadas al alza en 0,4 puntos porcentuales respecto al informe anterior.
Desde Equilibra, el economista Gonzalo Carrera estimó una inflación de 2,5% para el mes en curso, destacando el arrastre parcial del aumento de 20% en los combustibles durante marzo, derivado de la suba del precio internacional del petróleo por el conflicto en Medio Oriente.
En paralelo, la carne dejó de presionar, por lo que su impacto en abril sería acotado. Carrera agregó que, sin el componente estacional de Educación y con un tipo de cambio relativamente estable en torno a $1.400, abril debería mostrar una dinámica más contenida.

Para mayo, Carrera dijo que si los valores de la carne se mantienen contenidos tras el salto previo, la estacionalidad jugará a favor. Con un tipo de cambio sin sobresaltos y una demanda débil, la inflación podría ubicarse más cerca del 2% mensual.
En la consultora EcoGo, estiman que el nivel general de precios alcanzará el 2,5% en abril. “La desaceleración en Alimentos continúa siendo el contrapeso más relevante, logrando atenuar el impacto de la inercia de costos. Si bien persisten presiones de arrastre heredadas de marzo y ajustes en Indumentaria, la estabilidad en los productos de primera necesidad ayuda a contener el efecto de dichos factores”, afirmaron.
La desaceleración en Alimentos continúa siendo el contrapeso más relevante, logrando atenuar el impacto de la inercia de costos (EcoGo
El economista de la consultora Analytica, Claudio Caprarulo, proyecta que abril cerraría con una inflación de 2,9%. “Nuestro relevamiento indica que los alimentos y bebidas mantienen una tendencia a la baja. En contraposición, las consecuencias del incremento en los combustibles todavía traccionan al alza”, señaló.
Desde la Fundación Libertad y Progreso, Iván Cachanosky, economista Jefe, pronostica una suba del IPC de entre 2,5% y 2,7% para abril. “Estamos viendo una fuerte desaceleración en alimentos y bebidas, especialmente la carne, y detectamos una baja de precios en indumentaria. Además, se observan muchos rubros con poca variación, como restaurantes, comunicaciones, recreación y cultura”, indicó
Respecto de mayo, Cachanosky precisó: “Creemos que rondará el 2% mensual. La devaluación y el traslado a precios, producto de la incertidumbre electoral del año pasado, ya están dejando de surtir efecto y comenzará a sentirse el apretón monetario del BCRA. Por otra parte, se vienen los meses de liquidación de la cosecha gruesa, lo que contribuye a que el dólar se mantenga estable”.
El economista Fausto Spotorno, del estudio Orlando Ferreres y Asociados, calcula que la inflación de abril estará en el rango de 2,5% a 2,7%. Aunque se trata de un dato preliminar, resaltó que todo apunta a que será menor a la de marzo. Para mayo, prevé un registro más cercano al 2,5 por ciento.
Todos son planteos que se alinean con lo expresado por el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, en una presentación ante inversores en Washington. Enfatizó que shocks globales, estacionalidad y la normalización de tarifas impulsaron el IPC en los últimos meses. Argumentó que actualmente los precios se determinan por la oferta y demanda específica de cada mercado, sin otros factores incidentes.
En ese contexto, el funcionario sostuvo que el incremento de la carne vacuna se está desacelerando y que la suba previa no se trasladó a los precios internos del cerdo o el pollo, lo que, a su criterio, muestra que se trata de un ajuste relativo de corto plazo y no de una inercia nominal persistente. Esto explicaría que el sector privado proyecte una disminución de la inflación en el corto plazo.
El ministro de Economía, Luis Caputo, luego del dato de marzo, justificó: “La inflación es un fenómeno monetario, y puede acelerarse por un aumento en la oferta monetaria, una caída en la demanda o una combinación de ambas. A medida que el impacto rezagado del desplome pre electoral en la demanda de dinero vaya perdiendo fuerza, el orden fiscal y monetario permitirán que continúe su convergencia hacia niveles internacionales”.
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ECONOMIA
Entre la góndola, el delivery y el living: mapa del consumo argentino esperado para el Mundial de Fútbol

El Mundial empezó a jugarse mucho antes del primer partido. No en la cancha, sino en las casas, en las góndolas y en las decisiones cotidianas de consumo. Un informe de Worldpanel by Numerator deja en claro que, en la Argentina, el torneo se va a vivir intensamente puertas adentro.
El dato es contundente: el 88% de los argentinos planea ver los partidos desde su casa. No es solo una preferencia, es un patrón que ordena todo lo demás. Qué se compra, cuándo se compra y dónde se compra. El hogar se convierte en el centro de la experiencia mundialista y, al mismo tiempo, en el principal motor del gasto.
En ese contexto, el consumo no aparece como un fenómeno expansivo en términos tradicionales, sino como una reorganización. El Mundial no cambia tanto cuánto se gasta, sino cómo y cuándo se gasta. El momento del partido define el ritmo de las compras. El 48% de los argentinos asegura que va a abastecerse apenas unas horas antes del encuentro y otro 38% lo hará el día previo. La lógica es clara: menos planificación de largo plazo y más decisiones en caliente.
Esa dinámica no es casual. Responde a un consumidor que ya venía cambiando sus hábitos. Después de un 2025 marcado por caídas en el consumo, con canastas más chicas y menor frecuencia de compra, los hogares llegan al Mundial con una lógica más cautelosa.
En ese escenario, los canales de compra también se ordenan según el grado de impulso. “Los más impulsivos prefieren abastecerse en el canal tradicional, los autoservicios y almacenes, en cambio, las compras más planificadas se resuelven generalmente en cadenas de supermercados”, explicó Paulina Argimón, Advanced Analytics Manager de Worldpanel by Numerator en Argentina.
La escena es conocida: minutos antes del partido, filas en el almacén del barrio, compras rápidas, reposiciones de último momento. Y, en paralelo, compras más estructuradas en supermercados para quienes organizan encuentros más grandes.

El delivery también juega su partido. El 17% de los consumidores afirma que pedirá comida a domicilio durante los encuentros, mientras que un 14% señala que alguien más llevará la comida. No se trata solo de comer, sino de compartir: el Mundial sigue siendo, ante todo, una experiencia social.
En la mesa, hay un podio claro. La pizza lidera con el 45% de las preferencias, seguida por la picada (38%), los snacks (34%) y las empanadas (28%). Son elecciones que combinan practicidad, costo compartido y facilidad para el consumo grupal.
Pero hay otro dato que explica por qué el consumo puede moverse, incluso en un contexto de ajuste: el entusiasmo. Argentina es el país más apasionado por el Mundial en la región. Más del 80% de los encuestados planea ver todos o algunos partidos, y apenas un 4% asegura que no verá ninguno.

Ese nivel de interés tiene impacto directo en las marcas. El 76% de los aficionados declara que estaría dispuesto a probar nuevas marcas durante la Copa. Es una ventana poco habitual: en un contexto donde el consumidor se vuelve más racional, el Mundial abre un espacio para la experimentación.
“En un contexto donde los encuentros sociales se multiplican, resulta clave que las marcas estén presentes en los canales correctos y en el momento justo, para capitalizar ese entusiasmo y convertirlo en resultados concretos en la góndola”, señaló Argimón.
Hay una dimensión del consumo que no pasa por el supermercado ni por el almacén. Y que puede tener un impacto incluso mayor en términos económicos. El Mundial de 2026 tiene un componente especial para los argentinos: todo indica que será la última participación de Lionel Messi con la Selección. Ese factor, según distintos análisis, puede impulsar un fenómeno que trasciende el consumo cotidiano: el turismo internacional asociado al torneo.

La posibilidad de ver a Messi en su despedida mundialista está generando una expectativa que se traduce en decisiones de gasto de alto impacto. Viajes, entradas, estadías y consumo en el exterior configuran un flujo de salida de divisas que podría escalar a cientos de millones de dólares.
En ese marco, el Mundial no solo dinamiza el consumo interno, sino que también tensiona el frente externo. Cada argentino que decide viajar para ver los partidos implica un gasto que se realiza fuera del país, en un contexto donde la disponibilidad de divisas es un factor sensible.
El contraste es claro. Mientras puertas adentro el consumo se reorganiza en torno a compras pequeñas, cercanas y muchas veces impulsivas, puertas afuera se proyecta un gasto significativo concentrado en una minoría que decide vivir el Mundial en vivo.
Son dos caras del mismo fenómeno. De un lado, el consumo masivo adaptado a un contexto económico más restrictivo. Del otro, un gasto extraordinario impulsado por un evento irrepetible.
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ECONOMIA
Se levantó el paro de transportistas: hubo acuerdo sobre las tarifas y terminaron los bloqueos en el Puerto de Quequén

Las operaciones en Puerto Quequén comenzaron a normalizarse luego de más de dos semanas de conflicto. Transportistas, dadores de carga y autoridades alcanzaron un acuerdo tarifario que permitió destrabar los bloqueos en los accesos a la terminal y retomar la actividad logística en uno de los principales nodos agroexportadores del país.
Según informó el Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, el entendimiento se logró en el marco de una mesa de diálogo desarrollada en la propia terminal. “Se logró destrabar el paro que se extendía por más de 15 días”, señalaron en un comunicado oficial. Como parte del acuerdo, se estableció “un incremento del 16% sobre la última tarifa vigente, aplicable a todo el hinterland de Puerto Quequén”.
La negociación contó con la intermediación del presidente interino del Consorcio, Mariano Carrillo; la diputada nacional Jimena López; y el director provincial de Permisos y Habilitaciones de Transporte de Cargas, Miguel Ángel Bettili. De acuerdo con el comunicado, también se definió que “los gastos administrativos no podrán superar el 2%”.
El esquema acordado incluye también otros puntos operativos. Por un lado, se determinó que las tarifas correspondientes a las playas de estacionamiento de Sitio 0 de Quequén S.A. “se mantendrán sin modificaciones”. Por otro, se dispuso una regulación sobre los tiempos de permanencia de los camiones: “Transcurridas 24 horas desde el ingreso de cada camión con cupo a la zona portuaria, en caso de permanecer detenido, el transportista deberá abonar la correspondiente estadía”.
Con el entendimiento, las partes dieron por finalizada una medida de fuerza que había paralizado la operatoria portuaria durante más de dos semanas y que había convertido a Quequén en el principal foco de conflicto dentro del sistema logístico del sur bonaerense.

El acuerdo llega luego de un período de negociaciones sin resultados concretos, en el que persistieron bloqueos en los accesos al puerto a pesar de avances parciales en otros puntos del país. En ese contexto, la terminal de Quequén se mantuvo como el último enclave con actividad interrumpida, incluso cuando otros puertos ya habían retomado su funcionamiento.
La medida de fuerza había sido impulsada por transportistas autoconvocados que reclamaban una actualización de las tarifas de flete ante el incremento de los costos operativos, en particular el precio del combustible. El conflicto se inició a comienzos de abril y, con el correr de los días, derivó en cortes totales en los accesos a la terminal, lo que impidió el ingreso de camiones y la carga de buques.
Durante ese período, distintas entidades del sector agroexportador advirtieron por el impacto económico de la paralización. La interrupción de la logística afectó el cumplimiento de contratos internacionales y generó demoras en la salida de granos en plena cosecha gruesa.
De acuerdo con estimaciones difundidas durante el conflicto, las pérdidas alcanzaron al menos USD 450 millones en una semana, como consecuencia de la imposibilidad de embarcar mercadería y los sobrecostos asociados a la demora de buques . En paralelo, se acumulaban embarcaciones a la espera de carga tanto en Quequén como en otros puertos, en un contexto de alta demanda internacional.
La situación también impactó sobre toda la cadena agroindustrial. Productores, acopios, cooperativas, industrias y exportadores se vieron afectados por la interrupción del flujo de mercadería y por las dificultades para cumplir compromisos comerciales en el exterior. En algunos casos, incluso, se evaluó el desvío de buques hacia otras terminales o hacia puertos de países vecinos.

En el plano operativo, el bloqueo provocó la acumulación de camiones y la paralización de tareas en la zona portuaria. En los días previos al acuerdo, se registraban buques fondeados a la espera de carga y un volumen significativo de granos sin poder ser despachado.
El conflicto en Quequén se dio en paralelo a negociaciones en otros puntos del país, donde se habían alcanzado acuerdos tarifarios que permitieron normalizar progresivamente la actividad. Sin embargo, un grupo de transportistas mantuvo las medidas en esa terminal, lo que prolongó la crisis logística más allá del resto del sistema.
Con el acuerdo alcanzado, se espera que la operatoria recupere gradualmente su ritmo habitual. La reanudación de las actividades permitirá avanzar en la carga de los buques demorados y en la normalización de los flujos de exportación, en un momento clave para la salida de la producción agrícola.
ECONOMIA
No solo petróleo, gas y fertilizantes: la Guerra en Medio Oriente también disparó el precio mundial del pistacho

Pistachos (Freepik)
El 26 de febrero pasado se celebró el “Día mundial del Pistacho”. Dos días después, el 28, se inició la Guerra en Medio Oriente, que además de Israel enfrentó a los dos principales productores mundiales de este fruto seco que en los últimos años se puso de moda.
Estados Unidos es el principal productor mundial, con casi 713.000 toneladas producidas (principalmente en California) en el “año comercial” 2025/26, nada menos que 65% de la producción mundial, e Irán es el segundo, con unas 200.000 toneladas, un 13% del total. Es decir, dos de los tres protagonistas de la guerra explican el 83% de la producción global y un país cercano a la zona de conflicto, Turquía, produce otro 11%, estirando la proporción al 94 por ciento.
Más grave aún, el grueso del comercio mundial se realiza por el Estrecho de Ormuz, con lo cual la guerra provocó el mayor aumento del precio del pistacho en los últimos ocho años, tanto por la interrupción de los suministros como por la fuerte demanda, impulsada por el auge de productos como el chocolate de Dubái y otros alimentos elaborados a base de pistacho.
De hecho, la proporción iraní del comercio mundial, cerca de 30%, es aun mayor a su participación en la producción, mientras EEUU consume gran parte de lo que produce.

El precio del pistacho, precisó un artículo del Financial Times, llegó en marzo a su nivel más alto desde 2018, 4,57 dólares por libra, esto es,poco más de 10 dólares el kilo. Además, la cosecha de 2025 fue inferior a lo esperado en los principales países productores, incluida Irán, afectada por la sequía. Además, las exportaciones iraníes ya estaban limitadas por sanciones y conflictos internos, a lo que en la últimas semanas se sumaron los cortes de internet, que complican la coordinación con compradores internacionales.
El gráfico del precio del pistacho de FRED (sigla de Federal Reserve Economic Data), el seguimiento que realiza el Banco Central de EEUU, es contundente al respecto. Tras un largo período de estabilidad, casi una línea horizontal, los precios se dispararon con la guerra. Los compradores internacionales buscan alternativas de provisión, pero los exportadores de EEUU ya vendieron la mayor parte de su stock, con lo cual la persistencia del conflicto, los precios seguirían su escalada.

En la Argentina, en los últimos años el cultivo del pistacho se proyectó como un producto orientado a una demanda mundial en crecimiento. La brecha entre oferta y demanda provocó que los precios se duplicaran en varios mercados y generó interés por nuevos productores que pudieran abastecer a mercados con escasez. “El pistacho no es una moda, viene creciendo hace veinte años a un 6,5% anual. La oferta tiene una barrera de entrada muy alta, principalmente agroclimática, y es capital intensivo al inicio. Eso hace que la brecha entre demanda y producción se agrande año contra año, y para 2040 se estima un déficit estructural de 250.000 toneladas”, había señalado a Infobae, en el pasado día mundial del futo, Juan Ignacio Ponelli, dueño de Agrofides, “
En el país, el modelo adoptado en varios proyectos combina la plantación de hectáreas, infraestructura y administración profesionalizada por fideicomisos rurales, con costos por hectárea de unos 72.000 dólares incluyendo inversión inicial y gastos anuales.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El retorno no es inmediato, pues los cultivos empiezan a dar su fruto a partir del séptimo año, aunque llegado ese punto son muy gauchas, al punto de mantenerse productivas durante casi 50 años, aunque no de forma constante. Eso depende mucho de las condiciones climáticas.
El auge del pistacho en Argentina abarcó la gastronomía: heladerías, chocolaterías y pastelerías lo adoptaron como ingrediente en preparaciones dulces y saladas: el fruto dejó de ser exclusivo de nichos gourmet.
Además, posee buenas propiedades nutricionales: alto contenido de proteínas, grasas saludables y minerales, lo cual reforzó su posición como “producto funcional”, más allá de su sabor y textura.
En el país la superficie sembrada con pistacho aumentó fuertemente en los últimos años. San Juan lidera con unas 6.500 hectáreas, casi 90% de la superficie y la producción nacional y Mendoza la secunda con cerca de 770 hectáreas. La Rioja y La Pampa tienen áreas dispersas dedicadas al cultivo.
“Argentina creció aproximadamente 500% en superficie plantada en los últimos años, pero en proporciones mundiales sigue siendo muy pequeña. Eso nos da una posibilidad de crecimiento enorme y la oportunidad de reconvertir otros sectores, como la uva, que hoy está en crisis en varias regiones”, agregó Ponelli.
El pistacho fue así una oportunidad para la diversificación agrícola frente a cultivos tradicionales, en especial en regiones en que el clima limita otras producciones. Pero la Argentina aún no produce suficiente para abastecer toda la demanda local, aunque sí sería satisfecha cuando todo lo plantado en los últimos años entre en producción. Además, la Argentina ya exporta pistacho, aunque todavía menos delo que importa del producto.
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