ECONOMIA
Cepo cambiario para las empresas: en el Banco Central no hay apuro por levantar las restricciones pendientes

La pregunta no deja de repetirse entre analistas y empresarios, con mayor insistencia si se considera que el Banco Central ya compró USD 7.000 millones en lo que va del año. Si la oferta de dólares es muy fuerte y promete serlo aún más, con un tipo de cambio está planchado, ¿por qué el Gobierno no aprovecha para quitar el remanente del cepo cambiario que todavía rige para las empresas? La respuesta no tiene que ver con la oportunidad, sino con algo más conceptual: el Banco Central no ve necesidad de hacer cambios.
En su discurso de esta semana en ExpoEFI, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, dijo que la compra de dólares le permitirá al Central “avanzar en el desarme de las restricciones cambiarias”, al tiempo que destacó que este año las empresas extranjeras ya distribuyeron dividendos por más de USD 1.300 millones. También recordó que ya se relajaron algunas trabas del cepo para las empresas, pero que a la vez se mantendrá “un sesgo prudencial buscando evitar los movimientos de capital de corto plazo”.
Más allá del discurso público, la visión del Central apunta a hacer “cambios quirúrgicos”, a quitar alguna capa del cepo aún vigente que ponga en riesgo alguna operación puntual. De allí que cada vez se vuelve menos esperable que el BCRA habilite la compra de dólares para las personas jurídicas del mismo modo en que se lo hizo para las personas físicas en abril de 2025. O dicho de otra forma: que la apertura del cepo cambiario de Javier Milei se parezca a la desregulación total que aplicó en el comienzo de su gestión Mauricio Macri.
En el Central no hay ningún apuro para una desregulación cambiaria total. En la entidad reina la idea de que se levantarán más restricciones únicamente si afecta algún aspecto del funcionamiento de la economía. Si hay exportaciones récord e importaciones fluidas (al punto que hay críticas porque se importa demasiado), ¿para qué modificar el esquema actual?
Esa idea se llevó un ejecutivo del sector financiero que, según relató a Infobae, hizo la consabida pregunta, cuánto se permitirá comprar libremente dólares a las empresas, a una alta autoridad del BCRA. La respuesta lo sorprendió: “¿Para qué? Las empresas no necesitan comprar dólares para atesorar. Acá se cree que es un derecho. En Brasil, en México o en Colombia, las empresas ni siquiera tienen cuentas en dólares“. La entrelínea de la respuesta indica que todo puede quedar casi como está hoy.

Al haber una brecha cambiaria reducida, entienden en el Central, las empresas pueden manejarse sin problemas con los dólares alternativos, aún en sectores que demandan divisas en forma intensa, como el turismo. Que las empresas puedan comprar dólares en el mercado oficial para “hacer caja”, no es una prioridad.
De esa forma, la postura oficial es que en materia de cepo a las empresas no hay cuestiones pendientes, aún cuando sí hay disposición a analizar cambios puntuales, tales como los que se implementaron hace dos semanas. Esa posición aleja la posibilidad de que las personas jurídicas accedan a dólares oficiales como cobertura y le quita la ilusión a muchas multinacionales que acumularon años sin poder girar dividendos a sus casas matrices de poder normalizar esa situación. Esa anomalía se corrige hacia el futuro, no hacia el pasado.
La normativa del BCRA todavía mantiene para las personas jurídicas diversas regulaciones y restricciones cambiarias en vigencia, no solamente en lo que hace a la compra de dólares para atesorar, sino también en cuanto a plazos para liquidar exportaciones, restricciones cruzadas entre el dólar oficial y el financiero, el “parking” para la compra de títulos, las deudas “intercompany” y el ya mencionado giro de dividendos, entre otras.
En este escenario, el BCRA puede decidir que por el momento el esquema cambiario para las empresas quede, a grandes rasgos, con su diseño actual, siempre que no existan dificultades para el comercio exterior, en apoyo al criterio general de abrir la economía al mundo.
Otras voces ven contradicciones entre esa narrativa de apertura y desregulación que pregona el Gobierno y la permanencia de los controles. Algunos incluso ven un impacto negativo del cepo sobre la llegada de inversiones extranjeras y sobre el punto en que el gobierno de Javier Milei pone todas sus fichas: la pelea contra la inflación.
El ex ministro de Economía Domingo Cavallo publicó en su blog un artículo cuyo título resume esa idea: “La remoción total de los controles de cambio alentaría la inversión eficiente y aumentaría la productividad de la economía”. Allí aseguró que sin una reforma monetaria hay riesgos de que “el proceso de desinflación tienda a ralentizarse o empantanarse”.
Para Cavallo, quitar el cepo pendiente “es, probablemente, la política de liberalización y desregulación económica con mayor potencial, porque, al impulsar la caída del riesgo país, ayudaría a reactivar la economía en el corto plazo e impulsar el crecimiento genuino”.

Cavallo destacó además que la persistencia de los controles cambiarios y de capitales le pone un freno a los cambios promovidos por Federico Sturzenegger: “La liberalización cambiaria potenciaría los beneficios de las reformas estructurales impulsadas por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, al facilitar la reasignación de recursos desde los sectores declinantes hacia los sectores con potencial de expansión”.
En concreto, el ministro de Economía de Carlos Menem propone “suprimir el cepo cambiario que aún afecta a las empresas” y disponer que quienes exportan o quienes consiguen financiamiento en dólares en el exterior no estén obligados a vender esas divisas al BCRA.
En su opinión, el fuerte superávit comercial reduce considerablemente el riesgo de que levantar el cepo por completo provoque “un salto devaluatorio pronunciado”. A la vez, Cavallo dejó una advertencia: si continúan los controles y el superávit comercial se reduce, “el cambio hacia la libertad cambiaria puede resultar traumático”.
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ECONOMIA
La lección del Rust Belt: por qué Argentina debería mirar a Pittsburgh y no a Detroit

En 1950, Detroit era una de las ciudades más ricas del planeta y el corazón de la industria automotriz mundial. Ford, General Motors y Chrysler producían allí los vehículos que simbolizaban el poder económico estadounidense. A pocos cientos de kilómetros, Pittsburgh ocupaba un lugar similar en la industria siderúrgica. Ambas ciudades parecían invencibles, pero ninguna lo era.
Durante las décadas siguientes, la globalización, la competencia doméstica e internacional y la automatización pusieron en crisis al llamado Rust Belt (“Cinturón del óxido”), el gran cinturón industrial estadounidense.
Sin embargo, aunque enfrentaron desafíos similares, los resultados fueron muy distintos. Detroit se convirtió en un símbolo de decadencia industrial. Pittsburgh, en cambio, emergió como un ejemplo de reconversión económica.
Detroit se convirtió en un símbolo de decadencia industrial. Pittsburgh, en cambio, emergió como un ejemplo de reconversión económica
El contraste entre ambas historias contiene enseñanzas que Argentina haría bien en estudiar.
Detroit: cuando una ciudad se queda sin plan B
Detroit apostó a que la industria automotriz recuperaría el lugar que había tenido durante la posguerra. La ciudad continuó dependiendo de un único sector mientras el resto de la economía evolucionaba. Los resultados fueron contundentes: la población cayó de 1,9 millones de habitantes en 1950 a 630.000 en la actualidad. Miles de edificios fueron abandonados y, en 2013, la ciudad protagonizó la mayor quiebra municipal de la historia estadounidense. La crisis no ocurrió porque Detroit hubiera dejado de producir, sino porque dejó de generar nuevas fuentes de crecimiento.
La crisis no ocurrió porque Detroit hubiera dejado de producir, sino porque dejó de generar nuevas fuentes de crecimiento
Una imagen resume parte de esa historia. Recorrer el Henry Ford Museum permite dimensionar la magnitud que alguna vez tuvo Detroit. Los automóviles, las líneas de producción, las innovaciones tecnológicas y los objetos exhibidos recuerdan que la ciudad fue durante décadas uno de los grandes motores de la economía estadounidense y mundial.
El museo deja una impresión difícil de ignorar: admiración por la capacidad industrial que ayudó a transformar a Estados Unidos en potencia económica y, al mismo tiempo, la sensación de que parte de aquella grandeza hoy pertenece al terreno de la memoria.

El Estado de Michigan, cuya ciudad más emblemática es Detroit, ensambla aún un número enorme de vehículos y sigue siendo líder nacional en producción automotriz: 2 millones de unidades por año, el 20% del total estadounidense. Pero hace 70 años producía el doble y representaba el 50% del total nacional.
Detroit fue, en muchos sentidos, la ciudad que ayudó a construir el siglo XX norteamericano. El hecho de que esa historia se contemple hoy, sobre todo, a través de un museo también deja una lección económica: ningún liderazgo productivo es permanente.
Pittsburgh: cuando una crisis se convierte en estrategia
Pittsburgh también sufrió un golpe devastador cuando colapsó su industria siderúrgica y buena parte de la producción comenzó a desplazarse hacia otros estados (Indiana, Arkansas, Alabama, entre otros) o hacia proveedores externos. La ciudad comprendió que el acero no volvería a ocupar el lugar que había tenido y decidió construir un nuevo motor de crecimiento.
La ciudad comprendió que el acero no volvería a ocupar el lugar que había tenido y decidió construir un nuevo motor de crecimiento
Apoyada en instituciones como Carnegie Mellon University y la Universidad de Pittsburgh, comenzó a atraer investigación, tecnología, servicios médicos avanzados y empresas innovadoras. Hoy es uno de los polos más importantes de robótica, inteligencia artificial, iencias de la vida y desarrollo tecnológico de Estados Unidos. Empresas como Google, Amazon, Nvidia o Duolingo mantienen allí operaciones relevantes.
La diferencia no se percibe solo en las estadísticas. Basta ingresar a ambas ciudades para advertir que evolucionaron de manera distinta. Detroit transmite la sensación de una ciudad que continúa buscando cómo reinventarse. Pittsburgh, en cambio, exhibe la confianza de una ciudad que encontró un nuevo propósito económico, visible en el dinamismo de los barrios, la inversión privada, la renovación urbana y la presencia de estudiantes, emprendedores y nuevas empresas. Una ciudad construyó un futuro; la otra todavía intenta reconciliarse con su pasado.
La diferencia entre Detroit y Pittsburgh no fue la apertura económica, ni la globalización, ni la competencia. Ambas enfrentaron exactamente las mismas fuerzas. Lo distintivo fue que una intentó preservar indefinidamente una estructura productiva que perdía competitividad, mientras la otra construyó nuevas ventajas competitivas. Detroit intentó reparar consecuencias. Pittsburgh intentó modificar causas.

La economía argentina está entrando en una etapa de transformación profunda. Después de décadas de alta protección comercial, subsidios, controles y distorsiones macroeconómicas, el país comienza a salir de un modelo que priorizó la protección de sectores existentes por sobre la competencia, la productividad y la integración con los mercados internacionales.
La participación de la industria manufacturera en el PBI nacional se acercaba al 20% hace dos décadas. Hoy se ubica por debajo del 15% y mantiene una tendencia descendente, reflejando un proceso de largo plazo que trasciende gobiernos y ciclos económicos.

Ese esquema permitió preservar capacidades productivas y empleo en numerosas actividades, pero también redujo incentivos para invertir, innovar y ganar eficiencia.
La estabilización macroeconómica y la apertura gradual exponen inevitablemente diferencias de competitividad. Algunas ramas productivas descubrirán que pueden competir, e incluso expandirse. Otras enfrentarán mayores dificultades.
Esta transición ocurre, además, en un contexto internacional particularmente desafiante. El mundo atraviesa una nueva revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial, la automatización avanzada y la digitalización de procesos productivos. Como ocurrió con la electricidad, la computadora o Internet, todavía resulta difícil dimensionar por completo sus efectos. Lo que parece claro es que volverá a modificar la productividad, la organización del trabajo y la localización de muchas actividades económicas.
Lo que parece claro es que volverá a modificar la productividad, la organización del trabajo y la localización de muchas actividades económica
Para Argentina, esta revolución tecnológica representa un riesgo, pero también una oportunidad. La inteligencia artificial puede acelerar ganancias de productividad, potenciar sectores intensivos en conocimiento y mejorar la competitividad de actividades tradicionales.
Al mismo tiempo, el escenario global ya no se parece al de décadas pasadas. Las tensiones entre Estados Unidos y China, la competencia tecnológica, los conflictos geopolíticos y la búsqueda de mayor seguridad energética están modificando las reglas del comercio internacional. Cada vez pesa más la capacidad de cada país para identificar cuáles serán sus ventajas competitivas en el nuevo contexto.
La comparación con Detroit y Pittsburgh es útil, pero tiene un límite evidente. Las experiencias de reconversión más exitosas del Rust Belt ocurrieron dentro de la economía más rica del mundo. Cuando Pittsburgh reconfiguró su matriz productiva, Estados Unidos ya contaba con universidades de excelencia, mercados de capitales profundos, financiamiento privado abundante y un ecosistema propicio para movilizar grandes inversiones.

Argentina enfrenta un desafío similar desde un punto de partida más complejo. La transición ocurre en una economía que todavía intenta consolidar la estabilidad macroeconómica, acumular capital y recuperar niveles de inversión. Por eso el desafío argentino es, en cierto sentido, más exigente. No se trata solo de crear nuevas ventajas competitivas; se trata de hacerlo con menos recursos y márgenes de error más acotados.
Además, la reconversión productiva requiere tiempo. Ningún polo tecnológico, ni un complejo energético o minero, se desarrolla plenamente en un ciclo político. Por eso la estabilidad macroeconómica y la previsibilidad institucional son activos tan importantes como los recursos naturales o el capital humano.
La transformación que podría experimentar Argentina no sería solo sectorial: también sería territorial. Durante gran parte del último siglo, el núcleo industrial del país se concentró alrededor del AMBA y otros polos tradicionales. Pero los sectores que aparecen como candidatos a liderar la próxima ola de crecimiento ocupan una geografía distinta:
- Neuquén emerge como el corazón energético del país de la mano de Vaca Muerta.
- Bahía Blanca busca consolidarse como nodo petroquímico y logístico-exportador.
- Rosario posee condiciones excepcionales para liderar procesos de innovación vinculados a la agroindustria, la biotecnología y la agregación de valor a los recursos naturales.
- Córdoba combina una base industrial sólida, desarrollo tecnológico y talento en ingeniería.
- La minería, por su parte, podría renovar el perfil económico de provincias como San Juan, Catamarca y Salta.
Como ocurrió en Estados Unidos, los cambios productivos podrían venir acompañados de movimientos de inversión, capital y población hacia las regiones más dinámicas. La experiencia estadounidense vuelve a ser ilustrativa. Mientras parte del Rust Belt perdía relevancia económica, miles de personas migraban hacia regiones más pujantes como Texas, Florida o Arizona. El capital siguió a las oportunidades. Y las personas siguieron al capital.
Si Argentina atraviesa un proceso similar de reasignación productiva, no debería descartarse un fenómeno comparable, aunque naturalmente a otra escala. La pregunta no será solo qué sectores crecerán más rápido, sino también qué ciudades y provincias lograrán convertirse en polos de atracción para inversiones, empresas y trabajadores.
Mientras tanto, parte del entramado manufacturero tradicional -en particular en el cordón industrial bonaerense, aunque no solo allí-podría enfrentar exigencias crecientes para competir en un entorno más abierto y estable.
El debate público suele concentrarse en cuántas fábricas cierran. La experiencia del Rust Belt sugiere que esa no es la pregunta correcta. La pregunta correcta es cuántas actividades nuevas están naciendo.
Argentina necesita aumentar exportaciones, inversión y productividad. Pero también necesita generar empleo de calidad y expandir el consumo interno
Argentina necesita aumentar exportaciones, inversión y productividad. Pero también necesita generar empleo de calidad, expandir el consumo interno y crear nuevas oportunidades de progreso.
Hace 50 años, Detroit y Pittsburgh enfrentaron el mismo desafío. Una quedó atrapada en la nostalgia de su pasado industrial. La otra utilizó la crisis para reinventarse. Argentina enfrenta hoy una decisión similar.
La cuestión no es si habrá transformación productiva; es si el país será capaz de expandir nuevos motores de crecimiento, inversión y empleo antes de que los viejos pierdan relevancia.
Los autores son economista, director de VDC Consultora y Contador Público Nacional, ligado a la actividad industrial
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ECONOMIA
“No vengan”: una provincia se encuentra en estado de alerta por la migración masiva y asegura que no sobran trabajos

El auge de Vaca Muerta convirtió a la provincia de Neuquén en uno de los pocos destinos del país donde el empleo registrado crece y las empresas se multiplican. Esa imagen de bonanza, sin embargo, choca con una advertencia que viene repitiendo el gobierno provincial desde hace meses y que en los últimos días volvió a ganar fuerza: viajar sin trabajo confirmado tiene riesgos concretos, y la infraestructura de Añelo —el municipio en el corazón del yacimiento— ya no da a basto.
El intendente de esta localidad, Fernando Banderet, fue directo en su mensaje. “No se vengan con la familia. Hace dos años atrás, en 2024 y principios de 2025, recibimos prácticamente familias enteras, sobre todo del norte del país, principalmente desde Salta y Tucumán”, señaló en diálogo con el programa Buenas Tardes China. Precisó que sólo en 2024 llegaron más de 1.400 personas, 1.700 en 2025, y 546 en lo que va de 2026. A eso se suma un 20% adicional de personas que ni siquiera hicieron el cambio de domicilio en los registros.
Las consecuencias de ese flujo migratorio ya se sienten en los servicios básicos. “Esa migración lo que nos generó fue una saturación sobre las currículas escolares. Las escuelas quedaron superpobladas y el sistema de salud quedó con una alta demanda de asistencialismo, por lo cual tuvieron que trabajar y abordar esta problemática el gobierno provincial y el municipio para darle una solución”, explicó Banderet. Aun así, el intendente aclaró que la localidad no cierra sus puertas. “El que quiere venir a buscar una oportunidad, bienvenido sea. Añelo recibe a todo el mundo, lo recibimos con los brazos abiertos, pero que vengan con algo seguro”, dijo.
El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, también salió a enfriar las expectativas hace algunas semanas, en una entrevista para Infobae en Vivo. Con una imagen que apunta directamente a la percepción que se tiene del yacimiento desde afuera, planteó que “muchas veces desde acá se mira que Vaca Muerta es como una lámpara de Aladino, que uno la frota y sale riqueza, y es muy diferente a eso”. La frase sintetiza la preocupación de la administración provincial ante una ola migratoria que, según sus propias autoridades, no siempre tiene sustento real.

Figueroa, a su vez, reconoció que la provincia tiene una deuda pendiente con sus propios habitantes. “Estamos eliminando una de las mayores injusticias de la provincia. No podemos permitir que, en el corazón de Vaca Muerta, de donde sale el gas para todo el país, nuestra gente no tenga gas natural”, afirmó, en referencia a la inauguración de la primera etapa del gasoducto en Añelo, realizada en marzo de este año por YPF, que permitió abastecer a 2.000 personas de la meseta que vivían sin acceso a la red domiciliaria. El mandatario también fue claro sobre las prioridades de su gestión: “Nosotros estamos focalizados en sacar gente de Neuquén del desempleo y la pobreza”.
El mensaje no es nuevo. En abril, el ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral de Neuquén, Lucas Castelli, publicó un video en sus redes sociales que se volvió viral y que marcó el tono de la postura oficial. “En Neuquén no sobran puestos de trabajo”, fue la frase central. Castelli explicó que la provincia lleva más de dos años liderando el ranking nacional de empleo registrado —el único distrito donde creció el número de empresas privadas desde 2023—, pero que eso no se traduce en una disponibilidad ilimitada de puestos.
“Nos enorgullece liderar el ranking de empleo registrado en todo el país. Hace ya más de dos años que lo venimos realizando y eso habla de que el modelo neuquino realmente funciona, algo que nos pone sumamente orgullosos”, afirmó. Pero remarcó el límite: “Venimos diseñando distintas políticas públicas para darle la prioridad a aquellos neuquinos y aquellas neuquinas que están esperando una oportunidad en distintas fuentes laborales”. La política provincial, en definitiva, prioriza a los residentes históricos sobre los recién llegados.
El gobernador Figueroa también puso el acento en la formación como condición de acceso al mercado laboral del yacimiento. “No nos sobra trabajo. Para que alguien pueda acceder a trabajo en Vaca Muerta se tiene que formar. Nosotros tenemos el Instituto Vaca Muerta, que es el más moderno del mundo, pero requiere de mucha formación”, indicó.
La advertencia apunta a uno de los problemas estructurales que plantea la migración no planificada: quienes llegan sin las calificaciones que demanda la industria hidrocarburífera difícilmente consigan empleo en el sector, y terminan en ocupaciones informales o de baja calificación en gastronomía, hotelería o servicios.
La perspectiva del gobierno nacional contrasta con la cautela de las autoridades neuquinas. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, anticipó que “a Neuquén se van a ir en los próximos 30 años, un millón y medio de personas”. La declaración pinta un escenario de transformación demográfica de largo plazo, pero no aborda los desafíos inmediatos de infraestructura y mercado laboral que enfrentan quienes migran hoy.
Esa tensión entre la visión de largo plazo que proyecta Nación y la realidad cotidiana que administran la provincia y el municipio es, en buena medida, el nudo del problema. El boom de producción es real: en abril, Neuquén registró un nuevo récord hidrocarburífero con 628.924 barriles equivalentes de petróleo por día, un 36,18% más que en el mismo mes de 2025.
El presidente de YPF, Horacio Marín, estimó que se necesitarán alrededor de 40.000 nuevos puestos de trabajo netos hacia 2030. Pero esa demanda futura no resuelve el desajuste presente entre la cantidad de personas que llegan y la capacidad real del territorio para absorberlas.
Añelo creció un 142% entre los censos de 2010 y 2022, según datos relevados por el Laboratorio de Ideas Sostenibles. La investigadora María Delia Porta, que estudia el desarrollo urbano territorial en el área de Vaca Muerta, calculó que la localidad recibe cerca de 1.500 habitantes por año y que su población ya supera los 10.000 habitantes.

“Imagínense para un pueblo de unos 6.500 habitantes recibir 1.500 habitantes por año. Lo que eso implica a nivel demanda de infraestructura, demanda de servicios básicos, equipamiento comunitario, salud, educación y vivienda”, describió. La ciudad avanzó de manera horizontal sobre el territorio, pero la infraestructura no acompañó ese crecimiento. El déficit habitacional ronda el 60%.
El otro dato que complica el panorama es la brecha de calificación. Más del 60% de los mayores de 18 años que viven en Añelo no completó el nivel secundario, lo que genera un desajuste con la demanda de mano de obra calificada que requiere la industria. Como señaló Porta, el costo de vida en la zona es muy alto y los salarios del sector petrolero, aunque elevados, no son accesibles para quienes llegan sin una oferta laboral confirmada: “Hay mucha gente que se traslada sin una oportunidad laboral confirmada. Los salarios son altos, pero también el costo de vida es muy alto”.
ECONOMIA
Semana financiera: subió el dólar y cedió el riesgo país, en un momento de ajuste de expectativas financieras

Las últimas ruedas financieras estuvieron influenciadas por el cese de hostilidades en Oriente Medio y las proyecciones sobre las futuras decisiones de tasas de interés de la Reserva Federal de EEUU, ahora al mando de Kevin Warsh.
En el plano local se dio la particularidad de una suba de 2% en la cotización del dólar, dinámica que contribuyó en parte a revertir el atraso exhibido desde el inicio de 2026.
En el exterior, los principales indicadores de la bolsas de Nueva York concluyeron con ganancias y próximos a los máximos históricos. El S&P 500, en los 7.500 puntos, ganó 1,2%, el panel tecnológico Nasdaq anotó un alza de 2,9%, en los 26.517 puntos, mientras que el promedio Dow Jones de Industriales sumó 0,8%, en los 51.564 puntos.

A su vez, los precios del petróleo descendieron cerca de 5%, con un barril de Brent del Mar del Norte nuevamente en el rango de USD 80, para regresar al nivel de comienzos de marzo.
El índice S&P Merval, de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, próximo a los 3.300.000 puntos, cedió 1,6% semanal en pesos, y cerca de 3% en dólares, dada la suba de la paridad del contado con liquidación. La mayor ponderación de las acciones energéticas en el panel líder condicionó este resultado.
Por sectores, el desempeño fue desparejo, tal como lo revela el comportamiento de las acciones y los ADR en el exterior. Del lado ganador destacaron los títulos financieros: Banco Francés (8,5%), Supervielle (4,5%), Banco Macro (3,9%) y Grupo Galicia (1,7%). Los títulos ligados al rubro energía padecieron la baja del crudo: YPF (10,5%), Tenaris (9,1%), Vista Energy (5%) y Pampa Energía (2%).

Los expertos de IEB indicaron que “en la semana los Globales subieron 0,7% y los Bonares 0,4%, ambos con subas cercanas a 0,5% para el tramo más corto de la curva y de 1% para el más largo. Así, en lo que va del mes la deuda soberana argentina sube 3 por ciento. En el acumulado del 2026, por su parte, los Globales suben 8,8% y los Bonares 7,1%, posicionando a la Argentina entre los emisores soberanos de mejor desempeño en lo que va del año”. En dicho contexto, el riesgo pais de JP Morgan cedió siete unidades para la Argentina, en los 429 puntos básicos.
Debe destacarse que el punto de comparación del viernes anterior, cuando el Merval había marcado un máximo nominal intradiario en los 3.390.505 puntos, indica aún precios sostenidos por la abundancia de dólares originada en el superávit fiscal y comercial, junto a un riesgo país en los niveles mínimos desde abril del 2018. El lunes el indicador tocó los 422 puntos, un piso desde el 27 de abril de 2018 (419 puntos).
“Con ese telón de fondo, volvió a instalarse la pregunta sobre si es momento de reabrir el mercado internacional. El nivel actual del EMBI (430 puntos) es comparable al promedio de la gestión Cambiemos y las garantías multilaterales del Banco Mundial y el BID suman USD 2.550 millones como potencial puente. Pero la decisión no depende solo de los fundamentos locales: con el Treasury a 10 años en 4,5% y una Fed que empieza a sonar más hawkish, el contexto global también tiene voto”, subrayó GMA Capital.
El jueves el Indec reportó en su informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) de mayo un saldo positivo récord de USD 3.504 millones, un dato muy por encima del esperado por los analistas. Los saldos positivos en la balanza de intercambio de bienes con el exterior se han repetido desde que Milei asumió la presidencia en diciembre del 2023.
En otro sentido, el Tesoro celebró un canje de deuda lanzado el jueves para los instrumentos vinculados al dólar oficial, como pauta previsible dentro de la estrategia financiera del Gobierno a sumar una adhesión por 2.805 millones de dólares. La estrategia es alargar plazos de vencimiento.
“Los mercados internacionales siguieron de cerca el debut de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal, que mantuvo las tasas pero reforzó un sesgo más restrictivo, en un contexto de frágil distensión geopolítica en Medio Oriente. En Argentina, el récord de superávit comercial, la caída del riesgo país y nuevas señales de financiamiento externo impulsaron las expectativas sobre un eventual regreso a los mercados internacionales, mientras los inversores aguardan definiciones de MSCI sobre la reclasificación del mercado local”, sintetizó TSA Bursátil.
Los expertos de Puente señalaron que “la mejora financiera refleja una combinación de factores técnicos y fundamentales. Las subas de calificación amplían la base potencial de inversores y reducen restricciones de mandato, mientras las garantías multilaterales apuntan a cubrir necesidades de financiamiento sin depender plenamente del mercado internacional de bonos”.
“A la vez, el fuerte superávit comercial y las compras del BCRA refuerzan la oferta de divisas, aunque en junio el ritmo diario de intervención empezó a moderarse. En el frente fiscal, el resultado sigue siendo positivo, pero la consolidación depende cada vez más de la recuperación de la actividad y de la base tributaria. Esto mantiene una política macro enfocada en estabilidad cambiaria y prudencia monetaria”, completaron desde Puente.
Una demanda más firme tanto de empresas como de minoristas -que en el período de cobro del medio aguinaldo activan compras en los bancos- más las habituales compras del Banco Central contribuyeron a reforzar la tendencia alcista para el dólar en junio.
En las cuatro ruedas operativas de la última semana, el dólar mayorista anotó una ganancia de 33 pesos (+2,3%), a $1.461, el precio más alto desde el 12 de enero ($1.467,50), cinco meses atrás. En 2026 la suba se ajusta a solo seis pesos o 0,4 por ciento.
En lo va de junio, el tipo de cambio oficial acumula un incremento de 53 pesos o un 3,8% que es de prever superará holgadamente a la inflación de este mes en curso, dinámica que no se daba desde octubre del año pasado.
El dólar al público finalizó negociado a $1.480 para la venta en el Banco Nación. en su cuarta suba consecutiva. En la última semana el billete sumó 30 pesos o 2,1%, a la vez que en el transcurso de junio el dólar minorista anota un ascenso de 50 pesos o 3,5 por ciento.
El BCRA informó que en las entidades financieras el dólar al público promedió $1.481,94 para la venta y $1.432,05 para la compra.
El dólar blue, a $1.480, subió 20 pesos o 1,4% respecto del viernes anterior. En el transcurso de junio el blue gana 50 pesos o 3,5 por ciento.
El Banco Central completó un saldo comprador en la semana de USD 233 millones, mientras que las reservas internacionales brutas, en los USD 47.368 millones, cayeron en 51 millones de dólares.
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