ECONOMIA
La lección del Rust Belt: por qué Argentina debería mirar a Pittsburgh y no a Detroit

En 1950, Detroit era una de las ciudades más ricas del planeta y el corazón de la industria automotriz mundial. Ford, General Motors y Chrysler producían allí los vehículos que simbolizaban el poder económico estadounidense. A pocos cientos de kilómetros, Pittsburgh ocupaba un lugar similar en la industria siderúrgica. Ambas ciudades parecían invencibles, pero ninguna lo era.
Durante las décadas siguientes, la globalización, la competencia doméstica e internacional y la automatización pusieron en crisis al llamado Rust Belt (“Cinturón del óxido”), el gran cinturón industrial estadounidense.
Sin embargo, aunque enfrentaron desafíos similares, los resultados fueron muy distintos. Detroit se convirtió en un símbolo de decadencia industrial. Pittsburgh, en cambio, emergió como un ejemplo de reconversión económica.
Detroit se convirtió en un símbolo de decadencia industrial. Pittsburgh, en cambio, emergió como un ejemplo de reconversión económica
El contraste entre ambas historias contiene enseñanzas que Argentina haría bien en estudiar.
Detroit: cuando una ciudad se queda sin plan B
Detroit apostó a que la industria automotriz recuperaría el lugar que había tenido durante la posguerra. La ciudad continuó dependiendo de un único sector mientras el resto de la economía evolucionaba. Los resultados fueron contundentes: la población cayó de 1,9 millones de habitantes en 1950 a 630.000 en la actualidad. Miles de edificios fueron abandonados y, en 2013, la ciudad protagonizó la mayor quiebra municipal de la historia estadounidense. La crisis no ocurrió porque Detroit hubiera dejado de producir, sino porque dejó de generar nuevas fuentes de crecimiento.
La crisis no ocurrió porque Detroit hubiera dejado de producir, sino porque dejó de generar nuevas fuentes de crecimiento
Una imagen resume parte de esa historia. Recorrer el Henry Ford Museum permite dimensionar la magnitud que alguna vez tuvo Detroit. Los automóviles, las líneas de producción, las innovaciones tecnológicas y los objetos exhibidos recuerdan que la ciudad fue durante décadas uno de los grandes motores de la economía estadounidense y mundial.
El museo deja una impresión difícil de ignorar: admiración por la capacidad industrial que ayudó a transformar a Estados Unidos en potencia económica y, al mismo tiempo, la sensación de que parte de aquella grandeza hoy pertenece al terreno de la memoria.

El Estado de Michigan, cuya ciudad más emblemática es Detroit, ensambla aún un número enorme de vehículos y sigue siendo líder nacional en producción automotriz: 2 millones de unidades por año, el 20% del total estadounidense. Pero hace 70 años producía el doble y representaba el 50% del total nacional.
Detroit fue, en muchos sentidos, la ciudad que ayudó a construir el siglo XX norteamericano. El hecho de que esa historia se contemple hoy, sobre todo, a través de un museo también deja una lección económica: ningún liderazgo productivo es permanente.
Pittsburgh: cuando una crisis se convierte en estrategia
Pittsburgh también sufrió un golpe devastador cuando colapsó su industria siderúrgica y buena parte de la producción comenzó a desplazarse hacia otros estados (Indiana, Arkansas, Alabama, entre otros) o hacia proveedores externos. La ciudad comprendió que el acero no volvería a ocupar el lugar que había tenido y decidió construir un nuevo motor de crecimiento.
La ciudad comprendió que el acero no volvería a ocupar el lugar que había tenido y decidió construir un nuevo motor de crecimiento
Apoyada en instituciones como Carnegie Mellon University y la Universidad de Pittsburgh, comenzó a atraer investigación, tecnología, servicios médicos avanzados y empresas innovadoras. Hoy es uno de los polos más importantes de robótica, inteligencia artificial, iencias de la vida y desarrollo tecnológico de Estados Unidos. Empresas como Google, Amazon, Nvidia o Duolingo mantienen allí operaciones relevantes.
La diferencia no se percibe solo en las estadísticas. Basta ingresar a ambas ciudades para advertir que evolucionaron de manera distinta. Detroit transmite la sensación de una ciudad que continúa buscando cómo reinventarse. Pittsburgh, en cambio, exhibe la confianza de una ciudad que encontró un nuevo propósito económico, visible en el dinamismo de los barrios, la inversión privada, la renovación urbana y la presencia de estudiantes, emprendedores y nuevas empresas. Una ciudad construyó un futuro; la otra todavía intenta reconciliarse con su pasado.
La diferencia entre Detroit y Pittsburgh no fue la apertura económica, ni la globalización, ni la competencia. Ambas enfrentaron exactamente las mismas fuerzas. Lo distintivo fue que una intentó preservar indefinidamente una estructura productiva que perdía competitividad, mientras la otra construyó nuevas ventajas competitivas. Detroit intentó reparar consecuencias. Pittsburgh intentó modificar causas.

La economía argentina está entrando en una etapa de transformación profunda. Después de décadas de alta protección comercial, subsidios, controles y distorsiones macroeconómicas, el país comienza a salir de un modelo que priorizó la protección de sectores existentes por sobre la competencia, la productividad y la integración con los mercados internacionales.
La participación de la industria manufacturera en el PBI nacional se acercaba al 20% hace dos décadas. Hoy se ubica por debajo del 15% y mantiene una tendencia descendente, reflejando un proceso de largo plazo que trasciende gobiernos y ciclos económicos.

Ese esquema permitió preservar capacidades productivas y empleo en numerosas actividades, pero también redujo incentivos para invertir, innovar y ganar eficiencia.
La estabilización macroeconómica y la apertura gradual exponen inevitablemente diferencias de competitividad. Algunas ramas productivas descubrirán que pueden competir, e incluso expandirse. Otras enfrentarán mayores dificultades.
Esta transición ocurre, además, en un contexto internacional particularmente desafiante. El mundo atraviesa una nueva revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial, la automatización avanzada y la digitalización de procesos productivos. Como ocurrió con la electricidad, la computadora o Internet, todavía resulta difícil dimensionar por completo sus efectos. Lo que parece claro es que volverá a modificar la productividad, la organización del trabajo y la localización de muchas actividades económicas.
Lo que parece claro es que volverá a modificar la productividad, la organización del trabajo y la localización de muchas actividades económica
Para Argentina, esta revolución tecnológica representa un riesgo, pero también una oportunidad. La inteligencia artificial puede acelerar ganancias de productividad, potenciar sectores intensivos en conocimiento y mejorar la competitividad de actividades tradicionales.
Al mismo tiempo, el escenario global ya no se parece al de décadas pasadas. Las tensiones entre Estados Unidos y China, la competencia tecnológica, los conflictos geopolíticos y la búsqueda de mayor seguridad energética están modificando las reglas del comercio internacional. Cada vez pesa más la capacidad de cada país para identificar cuáles serán sus ventajas competitivas en el nuevo contexto.
La comparación con Detroit y Pittsburgh es útil, pero tiene un límite evidente. Las experiencias de reconversión más exitosas del Rust Belt ocurrieron dentro de la economía más rica del mundo. Cuando Pittsburgh reconfiguró su matriz productiva, Estados Unidos ya contaba con universidades de excelencia, mercados de capitales profundos, financiamiento privado abundante y un ecosistema propicio para movilizar grandes inversiones.

Argentina enfrenta un desafío similar desde un punto de partida más complejo. La transición ocurre en una economía que todavía intenta consolidar la estabilidad macroeconómica, acumular capital y recuperar niveles de inversión. Por eso el desafío argentino es, en cierto sentido, más exigente. No se trata solo de crear nuevas ventajas competitivas; se trata de hacerlo con menos recursos y márgenes de error más acotados.
Además, la reconversión productiva requiere tiempo. Ningún polo tecnológico, ni un complejo energético o minero, se desarrolla plenamente en un ciclo político. Por eso la estabilidad macroeconómica y la previsibilidad institucional son activos tan importantes como los recursos naturales o el capital humano.
La transformación que podría experimentar Argentina no sería solo sectorial: también sería territorial. Durante gran parte del último siglo, el núcleo industrial del país se concentró alrededor del AMBA y otros polos tradicionales. Pero los sectores que aparecen como candidatos a liderar la próxima ola de crecimiento ocupan una geografía distinta:
- Neuquén emerge como el corazón energético del país de la mano de Vaca Muerta.
- Bahía Blanca busca consolidarse como nodo petroquímico y logístico-exportador.
- Rosario posee condiciones excepcionales para liderar procesos de innovación vinculados a la agroindustria, la biotecnología y la agregación de valor a los recursos naturales.
- Córdoba combina una base industrial sólida, desarrollo tecnológico y talento en ingeniería.
- La minería, por su parte, podría renovar el perfil económico de provincias como San Juan, Catamarca y Salta.
Como ocurrió en Estados Unidos, los cambios productivos podrían venir acompañados de movimientos de inversión, capital y población hacia las regiones más dinámicas. La experiencia estadounidense vuelve a ser ilustrativa. Mientras parte del Rust Belt perdía relevancia económica, miles de personas migraban hacia regiones más pujantes como Texas, Florida o Arizona. El capital siguió a las oportunidades. Y las personas siguieron al capital.
Si Argentina atraviesa un proceso similar de reasignación productiva, no debería descartarse un fenómeno comparable, aunque naturalmente a otra escala. La pregunta no será solo qué sectores crecerán más rápido, sino también qué ciudades y provincias lograrán convertirse en polos de atracción para inversiones, empresas y trabajadores.
Mientras tanto, parte del entramado manufacturero tradicional -en particular en el cordón industrial bonaerense, aunque no solo allí-podría enfrentar exigencias crecientes para competir en un entorno más abierto y estable.
El debate público suele concentrarse en cuántas fábricas cierran. La experiencia del Rust Belt sugiere que esa no es la pregunta correcta. La pregunta correcta es cuántas actividades nuevas están naciendo.
Argentina necesita aumentar exportaciones, inversión y productividad. Pero también necesita generar empleo de calidad y expandir el consumo interno
Argentina necesita aumentar exportaciones, inversión y productividad. Pero también necesita generar empleo de calidad, expandir el consumo interno y crear nuevas oportunidades de progreso.
Hace 50 años, Detroit y Pittsburgh enfrentaron el mismo desafío. Una quedó atrapada en la nostalgia de su pasado industrial. La otra utilizó la crisis para reinventarse. Argentina enfrenta hoy una decisión similar.
La cuestión no es si habrá transformación productiva; es si el país será capaz de expandir nuevos motores de crecimiento, inversión y empleo antes de que los viejos pierdan relevancia.
Los autores son economista, director de VDC Consultora y Contador Público Nacional, ligado a la actividad industrial
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ECONOMIA
Mercados: caen las acciones y los bonos argentinos en una rueda sin la referencia de Wall Street

Los negocios financieros de Argentina mostraron un generalizado recorte de liquidez este viernes por un feriado en los Estados Unidos, donde se conmemora el Día de la Emancipación, lo que redujo la cantidad de operaciones y alejaba inversores institucionales.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 1,3%, en los 3.291.321 puntos, mientras que los bonos soberanos en dólares -Globales y Bonares- promediaron una baja de 0,3 por ciento.
No obstante, el riesgo país de JP Morgan no experimentó variaciones para la Argentina, en los 429 puntos básicos, debido a la inactividad en Wall Street.
Las acciones de Banco Macro (-4,6%), Banco Francés (-4,2%), Banco Supervielle (-3,6%) y Grupo Galicia (-2,8%) encabezaron las caídas diarias.
Este ajuste de precios local -aunque con un escaso volumen- definió la tendencia de la semana, pues el panel de acciones líderes recortó cerca de 2% respecto del viernes 12, a la vez que los bonos en dólares finalizaron con una suba promedio cercana a 0,7 por ciento.
Hay que destacar que el punto de comparación del viernes anterior, cuando el Merval había marcado un máximo nominal intradiario en los 3.390.505 puntos, indica aún precios en zona de niveles récord por la abundancia de dólares originada en el superávit fiscal y comercial, junto a un riesgo país en los niveles mínimos desde abril del 2018.
Argentina acumula saldos positivos en sus cuentas fiscales y en sus saldos comerciales desde hace meses por el compromiso del Gobierno de Javier Milei de recortar gastos para mitigar la alta inflación que aún afecta a la actividad doméstica.
“Con cada feriado en Estados Unidos hay una natural caída de operaciones porque no hay liquidaciones normales, por lo que algunos inversores aprovechan a tomar un día de pausa ante la falta de referencias desde Wall Street”, comentó a Reuters un agente financiero del Banco Galicia.
El INDEC reportó en su informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) de mayo un saldo positivo récord de USD 3.504 millones, un dato muy por encima del esperado por los analistas. Los saldos positivos en la balanza de intercambio de bienes con el exterior se han repetido desde que Milei asumió la presidencia en diciembre del 2023.
Juan Manuel Franco, economista Jefe del Grupo SBS, coincidió en que “el dato macro saliente del jueves fue el histórico record nominal del superávit comercial en mayo, que se ubicó en USD 3.504 millones, quedando a muy poco del récord ajustado por inflación de EEUU de abril y mayo 2009. El petróleo fue el gran protagonista en contexto de precios entonces muy elevados por la guerra en Medio Oriente”.
“En 12 meses, se acumula un superávit comercial de USD 21.220 millones, de los cuales USD 10.393 millones corresponden al superávit en la balanza de combustibles. Si bien el precio del crudo bajó tras el acuerdo EEUU-Irán, las perspectivas en términos de producción de hidrocarburos hacia adelante permite seguir siendo optimista en cuanto a la diversificación de los flujos de entradas de divisas para Argentina”, consideró Juan Manuel Franco.
En otro sentido, el Tesoro celebró un canje de deuda lanzado el jueves para los instrumentos vinculados al dólar oficial, como pauta previsible dentro de la estrategia financiera del Gobierno a sumar una adhesión por 2.805 millones de dólares. La estrategia es alargar plazos de vencimiento.
“El dato analítico más relevante es que la gran mayoría de quienes aceptaron la propuesta fueron bonistas privados. Esto confirma que parte del apetito corporativo sigue concentrado en preservar la cobertura cambiaria de corto plazo”, comentó Eric Ritondale, economista Jefe de Puente.
La próxima semana, MSCI determinará si abre o no una consulta para una posible reclasificación de Argentina, hoy ubicada en la categoría Standalone. Una mejora en el posicionamiento habilitaría la llegada de nuevos jugadores al mercado doméstico.
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ECONOMIA
Aranceles e impuestos: por que el precio de un auto importado se duplica ni bien desembarca en Argentina

Cuando Toyota decidió importar la nueva generación del SUV RAV4 y traer a Argentina el auto más vendido del mundo, sabía que se enfrentaba a un escrutinio público por su precio, de USD 70.200 para la versión híbrida, la más accesible de las tres que llegaron al país en la primera semana de junio.
El motivo de ese precio es que, por ser un vehículo que se trae desde Japón, no está amparado ni beneficiado por ningún tipo de exención arancelaria parcial o total. Debe pagar directamente el 35% que marca el Acuerdo de Complementación Económica (ACE14) que rige entre Argentina y Brasil y que establece ese arancel para todos los vehículos que se importen desde países fuera de la región y del Mercosur.
Sin embargo, esa condición ya no es la misma para todos los mercados productores de automóviles en gran escala como la Unión Europea y Estados Unidos, porque en ambos casos ya están firmados convenios complementarios que mediante el sistema de cupos, permitirán que los vehículos que tengan la integración local suficiente en esos países, puedan llegar a Argentina con una reducción arancelaria (Europa) o una eliminación total (EEUU).
Japón, Corea, Tailandia, Sudáfrica y China, como potencias automotrices que son, no tienen ningún tipo de acuerdo bilateral con Argentina como país o con el Mercosur como bloque. Hay un cupo de 50.000 vehículos híbridos y eléctricos anuales eximidos del pago del arancel común Mercosur, pero el 80% de ese volumen de unidades viene desde China.
Así es como el Toyota RAV4 y otros vehículos que provienen de países “sin beneficios” soportan una carga impositiva alta que lleva su precio a casi el doble de lo que se paga en el país de origen. El motivo por el cual se duplica el precio y no sube únicamente un 35%, sigue siendo la matriz impositiva que carga Argentina a los autos.
Tomando cinco casos y comparándolos con Chile y Brasil, dos vecinos con reglas completamente distintas de arancelamiento, y con EEUU y el país de origen de cada modelo, la cuenta es bastante similar en todos los casos.

El Toyota RAV4 híbrido se vende en Japón en unos USD 32.000, y en EEUU en USD 43.300, por los aranceles aplicados por la administración Trump. Sin embargo, en Argentina cuesta USD 70.200, una diferencia del 120% respecto de su precio de origen. Ese mismo auto en Brasil, que tiene el mismo 35% de arancel extrazona, cuesta USD 67.900 y en Chile, donde no hay arancel de importación, el precio llega hasta los USD 47.750.

El Hyundai Santa Fe se fabrica en Corea del Sur, donde tiene un precio de USD 35.000, contra USD 47.300 que cuesta en EEUU y USD 52.800 en Chile. Pero al llegar a la Argentina su precio sube hasta los USD 70.900, un 102% más. No hay referencias de Brasil, porque allí no se vende este modelo de Hyundai.

Otro caso coreano es el del Kia Carnival, vehículo que en su país tiene un precio de USD 35.820, en EEUU se vende en USD 46.990, en Chile en USD 55.000 y en el mercado argentino cuesta USD 75.000, 110% por encima del país de origen. Aquí tampoco hay referencia de Brasil, porque en ese país se vende una versión diferente que se destaca por su propulsión híbrida.

Otro caso de un vehículo japonés es el del Nissan Xtrail ePower. Un vehículo que tampoco se vende en todos los mercados de referencia pero sí en los de la región. En Japón su precio ronda los USD 25.000, y en Estados Unidos, donde se denomina Nissan Rouge, todavía no se vende la especificación equivalente. Sin embargo, en Chile sí y tiene un precio de USD 40.650. En cambio, al llegar a Brasil el precio sube nuevamente hasta los USD 48.620 y en Argentina sube aún más y tiene un precio equivalente a USD 56.842. La diferencia de precio con Japón es del 127 por ciento.

Por último, un auto coreano pero de una marca europea, sirve también como ejemplo. Es el Renault Koleos E-Tech Esprit Alpine. Un vehículo desarrollado conjuntamente por Renault y Samsung Motors en ese país asiático, donde tiene un precio de USD 32.500. Ese auto se vende también en la región. En Chile tiene un precio de USD 42.730, en Brasil USD 56.400 y en Argentina USD 60.800. La diferencia entre Corea del Sur y Argentina es del 87%.
Tomando un valor simbólico de USD 100.000, un auto tiene que pagar inicialmente unos USD 2.500 de flete y seguro para llegar a Argentina. Una vez en el puerto se aplica el 35% de arancel de importación extrazona, con lo que el precio sube a USD 138.375.
Sobre ese valor se cobra el 3% de tasa de estadística, que eleva el número a USD 142.526, y encima se aplica el IVA del 21%, llevando la suma hasta los USD 172.456. Sobre ese número se pagan USD 1.000 de costos de logística y un 10% de otros impuestos entre Ingresos Brutos, impuesto a las Ganancias o anticipo, impuesto a los Débitos y Créditos, tasas municipales, con lo que el precio llega hasta los USD 190.800.

A ese precio se le debe sumar el margen del fabricante y el del concesionario, que entre ambos oscila entre el 15 y el 20%, lo que determina un precio de venta al público de USD 228.900, es decir un 128%.
La razón por la cual el precio de venta en Argentina no llega a ese monto sino que se queda cerca del 100% es que las terminales o importadoras no compran el auto al mismo precio que un cliente particular en el país de origen, sino a precio de filial o importador oficial.
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Jornada financiera: cayeron las acciones argentinas, subió el dólar y el BCRA compró USD 50 millones en el mercado

Los negocios financieros loclaes mostraron un generalizado recorte de liquidez este viernes debido al feriado en los Estados Unidos, donde se conmemora el Día de la Emancipación, lo que redujo la cantidad de operaciones y alejaba inversores institucionales.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 1,3%, en los 3.291.321 puntos, mientras que los bonos soberanos en dólares -Globales y Bonares- promediaron una baja de 0,3 por ciento.
No obstante, el riesgo país de JP Morgan no experimentó variaciones para la Argentina, en los 429 puntos básicos, debido a la inactividad en Wall Street.

Las acciones de Banco Macro (-4,6%), Banco Francés (-4,2%), Banco Supervielle (-3,6%) y Grupo Galicia (-2,8%) encabezaron las caídas diarias.
“Con cada feriado en Estados Unidos hay una natural caída de operaciones porque no hay liquidaciones normales, por lo que algunos inversores aprovechan a tomar un día de pausa ante la falta de referencias desde Wall Street”, comentó a Reuters un agente financiero del Banco Galicia.
Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL, reseño que “la tercera semana de junio concluyó con una marcada reconfiguración de expectativas en los mercados globales. El mercado tuvo que asimilar tres factores clave: el endurecimiento en la proyección de tasas por parte de la Reserva Federal, los avances diplomáticos entre Estados Unidos e Irán, y la primera semana bursátil de SpaceX”.
“En el plano local, los activos argentinos operaron con un balance semanal favorable, impulsados por la reciente mejora en la calificación crediticia, nuevos respaldos de organismos multilaterales y buenos datos macro que permitieron una compresión en la prima de riesgo soberano”, agregó Vlassich.
Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS, ponderó “el histórico récord nominal del superávit comercial en mayo, que se ubicó en USD 3.504 millones, quedando a muy poco del récord ajustado por inflación de EEUU de abril y mayo 2009. El petróleo fue el gran protagonista en contexto de precios entonces muy elevados por la guerra en Medio Oriente”.
“En 12 meses, se acumula un superávit comercial de USD 21.220 millones, de los cuales USD 10.393 millones corresponden al superávit en la balanza de combustibles. Si bien el precio del crudo bajó tras el acuerdo EEUU-Irán, las perspectivas en términos de producción de hidrocarburos hacia adelante permite seguir siendo optimista en cuanto a la diversificación de los flujos de entradas de divisas para Argentina”, consideró Franco.
“Creemos que de darse una continuidad en la mejora en los factores macro locales -nivel de actividad, inflación a la baja, recuperación del salario real y recuperación de préstamos al sector privado- sumado a un contexto internacional favorable, podríamos ver a la renta variable local alcanzando nuevos máximos”, evaluaron desde IEB.
“Un factor adicional, podría venir dado por la reunión semestral de MSCI que se llevará a cabo la semana próxima. No obstante, la probabilidad de ser incorporados en Emerging Market es prácticamente cero, algo que también se vió reflejado en el reporte de MSCI 2026 Global Market Accessibility Review Report y Country Comparison Report, dado que las puntuaciones de cada uno de los criterios observados se mantuvieron sin cambios con respecto a 2025″, añadieron los analistas de IEB.
En una sesión mayorista con USD 408,1 millones operados en el segmento de contado, el dólar finalizó con una suba de diez pesos o 0,7%, a 1.461 pesos, en lo más alto desde el 12 de enero de este año ($1.467,50).
“Ya en las primeras operaciones, los precios se mostraron algo dispares, ya que el feriado en Estados Unidos redujo la profundidad habitual del mercado y generó una mayor amplitud en las cotizaciones. En ese contexto, la demanda que apareció desde el comienzo fue impulsando gradualmente al dólar hasta alcanzar máximos intradiarios de $1.465″, detalló Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios.
“En la semana que acaba de finalizar el tipo de cambio mayorista subió 33 pesos, muy por encima de la baja de 12,50 pesos registrada en la semana anterior”, comentó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.
El dólar al público finalizó negociado a $1.480 para la venta en el Banco Nación. en su cuarta suba consecutiva. En el transcurso de junio el dólar minorista anota un ascenso de 50 pesos o 3,5 por ciento.
El BCRA informó que en las entidades financieras el dólar al público promedió $1.481,94 para la venta y $1.432,05 para la compra.
El precio del dólar en el mercado paralelo recortó cinco pesos o 0,3%, a $1.480 para la venta, después de haber alcanzado el jueves su nivel más alto desde el 28 de enero, en los 1.485 pesos. En el transcurso de junio el blue gana 50 pesos o 3,5 por ciento.
El Banco Central compró USD 50 millones en el mercado, el 12,3% de la oferta privada, mientras que las reservas internacionales brutas de la entidad descontaron USD 134 millones, a USD 47.368 millones, un mínimo desde el 22 de mayo, en parte por la baja de 1,7% en la cotización del oro, a USD 4.172,90 la onza.
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