ECONOMIA
Las exportaciones de soja argentina quedaron bajo la lupa luego de que se detectaran en Europa embarques con transgénicos prohibidos

Argentina se esfuerza por mantener el flujo de embarques de soja hacia Europa después de que se detectaran cargamentos con presencia de material genéticamente modificado no aprobado, lo que aumenta el riesgo de rechazos generalizados del producto de exportación más valioso del país.
Los agricultores y las plantas procesadoras están realizando esfuerzos adicionales para aislar la variedad de soja resistente a la sequía conocida como HB4 del resto de la cosecha, dijo en una entrevista Gustavo Idigoras, presidente de Ciara-Cec, la cámara de la industria aceitera y exportadora. Si bien está aprobada en lugares como Argentina y China, la variedad, desarrollada por Bioceres Crop Solutions, carece de autorización en la Unión Europea.
La alarma surge tras recientes rechazos de cargamentos de harina de soja argentina por parte de Países Bajos, luego de que análisis detectaran la presencia de la variedad HB4. Si bien el país es hasta ahora el único miembro de la UE que ha rechazado embarques, constituye una puerta de entrada clave al bloque.
“Muchos de los importadores en Europa están paranoicos en este momento”, señaló Idigoras. Ciara-Cec representa a gigantes del comercio agrícola mundial en Argentina, incluidos Cargill, Bunge Global y Cofco International.

Bioceres declinó hacer comentarios.
Lo que está en juego para Argentino es significativo: se estima que las exportaciones de soja generaron más de USD 18.000 millones el año pasado. El presidente Javier Milei necesita desesperadamente ingresos similares de la cosecha de este año para reconstruir las reservas del banco central y demostrar a los acreedores internacionales que el país, con escasez de liquidez, puede cumplir con sus obligaciones de deuda.
El episodio de HB4 ocurre mientras el Mercosur y la UE implementan provisionalmente un acuerdo de libre comercio a partir de este mes, mientras el máximo tribunal europeo lo revisa. El acuerdo tardó unos 25 años en concretarse y enfrentó una fuerte oposición de países europeos con grandes sectores agrícolas.
Para salvar la relación comercial de la soja, la industria argentina está colocando de hecho la cosecha de HB4 bajo una especie de cuarentena.
“Estamos trabajando con nuestra autoridad de seguridad alimentaria para garantizar que haya un traslado directo desde todos los campos, todos los camiones, hacia un solo puerto sin instalaciones de molienda para evitar cualquier problema de contaminación”, dijo Idigoras, quien agregó que la industria ya geolocalizó todas las áreas sembradas con soja HB4.
“Tenemos que convencer a los importadores y a la Comisión Europea de que estamos haciendo un muy buen trabajo para lograr cero HB4”, señaló. “Hasta ahora, es un desafío”.
En Argentina, solo unos pocos miles de hectáreas de campos están sembrados con HB4, que aún se encuentra en fase de desarrollo y no en plena comercialización. También existe un programa de desarrollo en Brasil. Pero la contaminación representa una amenaza para la totalidad de los 17 millones de hectáreas de soja del país, dado que la UE suele comprar cerca de una cuarta parte de su harina, y los agricultores están en plena cosecha.
El plan es enviar la cosecha aislada de HB4 sin procesar a China, donde la variedad está aprobada, indicó Idigoras.
En paralelo a los esfuerzos por aislar el HB4, el gobierno argentino y los exportadores de soja están presionando a la UE para que permita cierto nivel de tolerancia en los controles, incluso si la solicitud de presencia de bajo nivel de Bioceres aún no ha sido aprobada por Bruselas.
Si Argentina no logra convencer a la UE de que sus cargamentos cumplen con las normas, buscaría redirigirlos a otros destinos, posiblemente en Asia, “pero a un buen precio”, concluyó Idigoras.
Con información de Bloomberg
Agricultural Markets,South America / Central America
ECONOMIA
Renegade Willys 2026: una marca icónica de mundo de los vehículos 4×4 impulsa la protección de especies nativas en la Patagonia
Desde la Segunda Guerra Mundial, y como consecuencia de haber sido los creadores del famoso Willys MA, que protagonizaron las campañas más exigentes en Europa, Jeep tiene una impronta difícil de igualar.
En ese marco, y a lo largo de más de 80 años, la narrativa de esta marca se construyó sobre la capacidad offroad y la fortaleza de sus modelos, desde los más básicos hasta los más equipados, a los que con el paso del tiempo se les fue sumando confort, tecnología y equipamiento premium para las gamas más altas.
Pero la esencia del vehículo no cambió y la identidad visual tampoco. Jeep no hace SUV coupé, no rompe su propio molde tipo boxy, de siluetas cuadradas, y cuando lo hizo, en poco tiempo volvió a su ADN.

El Jeep Renegade es el modelo de entrada a la gama en Sudamérica, y fue el modelo elegido por Stellantis para protagonizar acontecimientos en Argentina bajo la denominación de Jeep Nature, en los que se busca conectar al auto y su destreza, con acciones relacionadas con el cuidado del medio ambiente en distintas zonas de la geografía nacional.
Hace algunas semanas se realizó un evento de Jeep Nature en Villa Pehuenia, en el noroeste de la provincia de Neuquén, en el que se vinculó la prueba del nuevo Renegade Willys 2026 4×4 con una problemática que día a día crece en la región precordillerana argentina como son los incendios forestales.
“ En Villa Pehuenia y en toda la Patagonia, estamos por los incendios forestales. La cantidad de hectáreas que se queman aumentaron a punto tal que este año está declarada la emergencia en estas provincias. Nuestra forma de contribuir es a través este programa para dar divulgación y crear conciencia”, dijo Martín Fox, brand manager de Jeep Argentina.

Para eso, un equipo de 15 vehículos recorrió la región incluso hasta llegar al límite con Chile, para observar las zonas en las que la Araucaria, árbol autóctono de la zona, se ve invadido por el pino canadiense, traído hace más de 50 años como un eventual reemplazo para la tala de la Araucaria, y que generó un desequilibrio en el ecosistema por su mayor propensión al fuego en épocas de sequía o de menor humedad de la tierra como son los meses de verano.
Jeep trabajó con la Fundación Tierras Patagónicas, que se encargó de coordinar una acción posterior a la travesía, que consistían en colaborar con el talado y corte de pinos bajos en las zonas cercanas al casco urbano de la ciudad.
Esta tarea se lleva a cabo en los meses de invierno, coordinadamente con las fuerzas vivas de la ciudad y la provincia de Neuquén, con el objetivo de eliminar todo el “combustible vegetal” que representan, y que se convierten en un potencial foco de propagación del fuego en los meses de calor.
El incendio del Valle de Magdalena, de enero de 2025, fue el más grande de toda la historia en la provincia de Neuquén, y consumió más de 20.000 hectáreas de bosques nativos. El cambio climático, al que se asocian una baja considerable de la humedad de la tierra y una aparición de tormentas eléctricas inéditas en la Patagonia, son los principales causales de los incendios en la actualidad, incluso más allá de los que causan los humanos y sus conductas.

El desmalezamiento de las plantas bajas, según comentaron las autoridades locales, es la clave para prevenir incendios que se puedan salir de control, incendios que hoy se clasifican como incendios de sexta generación, en los cuales se afectan todo tipo de infraestructura, desde las poblaciones y los bosques, pero también las comunidades originarias.
Anteriormente se había realizado uno en 2024 en Península Valdéz, Chubut, que consistía en ir con los vehículos hasta las playas más lejanas de Puerto Pirámides para hacer un operativo de recolección de plásticos que trae el mar producto de los desechos de la industria pesquera; y otro el año pasado en Esteros del Iberá, Corrientes, buscando contribuir a la recuperación de la fauna autóctona como los ocelotes y el yaguareté.
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ECONOMIA
Bunge es nuevo líder de exportaciones agrícolas argentinas

El ranking de agroexportadoras del primer semestre de 2026 quedó marcado por un cambio de fondo, ya que Bunge pasó a encabezar la lista de compañías que más granos y subproductos vendieron al exterior, luego de absorber en la Argentina la operación de Viterra, la firma que hasta hace apenas un año era la continuadora de la ex Glencore.
El movimiento se explica por la fusión global entre ambas corporaciones, cerrada a mediados de 2025 y cuya integración operativa en el país recién se terminó de instrumentar en enero y febrero de este año.
De acuerdo con el informe semestral de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado en base a las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) que releva la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el volumen total comprometido en exportaciones de granos y subproductos alcanzó 52,3 millones de toneladas durante el primer semestre de 2026. La cifra marca una baja del 19% frente a las 64,5 millones de toneladas del mismo período de 2025, aunque se ubica 17% por encima del promedio de los últimos cinco años y constituye el tercer volumen más alto para un primer semestre, solo detrás de 2025 y 2021.
En ese contexto, Bunge se quedó con el primer lugar del ranking con 11,6 millones de toneladas declaradas, el mayor registro semestral de una sola compañía en al menos los últimos cinco años. Detrás se ubicaron Cargill, con 8,1 millones de toneladas, y la china COFCO, con 6,4 millones. Si se suman los volúmenes de esas tres firmas, el resultado llega a 26,1 millones de toneladas, exactamente la mitad de todo lo declarado por el sector en el semestre.
El salto de Bunge no es menor, ya que en el primer semestre de 2025 la compañía había exportado 5,7 millones de toneladas, muy lejos del liderazgo. En apenas un año, más que duplicó ese volumen y desplazó a Cargill al segundo escalón.
Cómo Viterra desapareció del mapa en apenas tres campañas
Para entender el fenómeno hay que remontarse a la historia reciente de Viterra, la marca bajo la cual operaba en el país el negocio agrícola de la ex Glencore, heredero a su vez de la vieja Oleaginosa Moreno. Viterra irrumpió en el ranking argentino en 2023, con exportaciones cercanas a las 4 millones de toneladas en el primer semestre, un volumen que repitió en 2024.
Bunge se quedó con el primer lugar del ranking con 11,6 millones de toneladas declaradas
En 2025 directamente duplicó esa marca y llegó a 8 millones de toneladas en el primer semestre, ubicándose segunda detrás de Cargill. Ese crecimiento estuvo directamente vinculado a la incorporación de buena parte de la estructura fabril que había pertenecido a la quebrada Vicentin.
Sin embargo, la compañía tuvo una vida corta, con apenas tres campañas. Su desaparición llegó de la mano de la decisión de Bunge de tomar, a nivel global, el control total del negocio agrícola de Glencore. La fusión entre ambos grupos fue anunciada oficialmente por Bunge Global SA el 2 de julio de 2025 y quedó completamente instrumentada en la Argentina en febrero de 2026, según precisó en su momento la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA).
El resultado quedó reflejado en los números del primer semestre de este año: Viterra apenas exportó 180.000 toneladas, presumiblemente durante enero, antes de que sus registros dejaran de existir como tales. A partir de febrero, todas las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior que antes se anotaban bajo Viterra Argentina pasaron a contabilizarse directamente bajo Bunge Argentina, la denominación que el grupo mantiene en el país.
Vale recordar que hasta enero, Viterra Argentina había declarado exportaciones por 152.383 toneladas de harina y aceite de soja, pellets y aceite de girasol, maíz y trigo, un volumen que quedó absorbido en los libros de Bunge desde febrero en adelante.
La propia BCR aclara en su informe que, si se toman en conjunto los volúmenes de Bunge y Viterra —para hacer una comparación más representativa contra el año pasado, cuando ambas firmas competían por separado—, el resultado combinado llega a 11,8 millones de toneladas en el primer semestre de 2026, un 14% menos que las 13,8 millones que ambas habían sumado en igual período de 2025. Pese a esa caída, la participación conjunta sobre el total de tonelaje declarado por el sector subió un punto porcentual, hasta el 22%.
Es decir, que aun cuando el volumen combinado de las dos marcas retrocedió en la comparación interanual, el peso relativo de lo que hoy es Bunge dentro del negocio exportador argentino se agrandó.
Por primera vez desde 2021, el maíz superó a la soja en exportaciones
Otro dato saliente del informe de la BCR es que, por primera vez desde 2021, el complejo maíz superó al complejo soja en volumen de exportaciones declaradas durante un primer semestre. El maíz concentró 23 millones de toneladas, equivalentes al 44% del total de los seis principales complejos agroindustriales relevados, con una suba interanual del 1% y el segundo mejor registro de los últimos cinco años para esta época del año.
En ese complejo, sin embargo, el liderazgo no fue para Bunge sino para Cargill, con 4,8 millones de toneladas (21% del total), seguida por COFCO con 3,8 millones (17%) y ADM Agro con 3,6 millones (16%).
El complejo soja, en cambio, sí quedó en manos de Bunge. Con 13,7 millones de toneladas declaradas —una caída del 56% respecto al año anterior y 30% por debajo del promedio de los últimos cinco años—, el podio lo encabezó Bunge con 4,5 millones de toneladas (33%), escoltada por Cargill con 1,8 millones (13%) y Molinos Agro con 1,5 millones (11%).
Del total del complejo, el 76% correspondió a subproductos de soja, 16% a aceite y el 8% restante a poroto.
En el resto de los complejos relevados por la BCR, Bunge también se quedó con el primer lugar. En trigo, con 9,4 millones de toneladas declaradas —71% más que el año anterior—, el podio quedó integrado por Bunge (2,3 millones), Cargill (1,6 millones) y LDC (1,3 millones).
En girasol, complejo que con 3,33 millones de toneladas prácticamente igualó todo lo exportado durante 2025 completo y mostró un crecimiento interanual del 82%, el ranking también lo lideró Bunge (1,1 millones), seguida por AGD (0,5 millones) y Unión Agrícola de Avellaneda (0,4 millones).
En cebada, con 2,24 millones de toneladas declaradas, el podio quedó compuesto por Bunge (0,6 millones), Cervecería y Maltería Quilmes (0,4 millones) y la Asociación de Cooperativas Argentinas (0,3 millones). Y en sorgo, el complejo más chico con 0,63 millones de toneladas, el orden se invirtió: encabezó Unión Agrícola de Avellaneda (0,2 millones), seguida por la ACA (0,13 millones) y Bunge (0,1 millones).
La estrategia global de Bunge para ganar escala
El desembarco de Bunge en el primer puesto del ranking argentino replica lo que ya venía ocurriendo a nivel global. Gracias a la integración con Viterra, Bunge cerró el ejercicio 2025 con un procesamiento mundial de soja de 41 millones de toneladas, contra 36,8 millones en 2024, mientras que la comercialización de poroto de soja pasó de 15,3 a 20,4 millones de toneladas. La operación, además, le permitió a la acción de Bunge —que cotiza en la bolsa de Nueva York— recuperar el valor que había perdido durante el año y medio previo a la fusión.
En el plano local, la absorción de Viterra se combina con otro movimiento relevante: el grupo Grassi, que quedó a cargo de la «Nueva Vicentin Argentina», definió una asociación estratégica con Cargill y Bunge para originar mercadería y consolidar la exportación de productos agroindustriales, lo que le suma a Bunge una ventaja adicional en el tablero oleaginoso argentino.
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ECONOMIA
La UCA advirtió un cambio en el mercado laboral: cada vez más desocupados terminan en el autoempleo informal

El mercado laboral argentino atraviesa una transformación que, para Agustín Salvia, excede los indicadores tradicionales de empleo. Durante una entrevista en Infobae al Regreso, el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) afirmó que en la última década se consolidó un proceso marcado por la pérdida de puestos asalariados, el crecimiento del autoempleo informal y una creciente división entre los sectores más dinámicos de la economía y quienes subsisten en actividades precarias.
En diálogo con Gonzalo Aziz, el sociólogo sostuvo que el deterioro del empleo registrado constituye uno de los principales cambios del mercado laboral argentino. “Estamos viendo un proceso de deterioro del mercado de trabajo en donde se perdió trabajo asalariado y se generó mayor trabajo de autoempleo, cuenta propia, emprendimientos de distinta naturaleza”, afirmó. En ese sentido, precisó que “aproximadamente casi un millón de puestos de trabajo asalariados se perdieron durante estos últimos diez años” y estimó que cerca de la mitad de esa caída ocurrió en los últimos dos o tres años.
Según explicó Salvia, la pérdida de empleo formal empujó a una parte creciente de la población hacia formas de trabajo independientes e informales. Para el investigador, ese fenómeno refleja la falta de oportunidades dentro del mercado registrado y explica por qué muchas personas recurren a actividades de subsistencia apenas quedan desocupadas. “En situación de desempleo, la opción disponible es pasar a un autoempleo informal. No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque”, describió.
De acuerdo con un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 29% de las personas que pierde su empleo termina incorporándose a ese tipo de ocupaciones, una tendencia que, aseguró, ya existía entre 2011 y 2013, pero que en la actualidad “se agravó notablemente”.
El especialista aclaró, sin embargo, que no todo el autoempleo responde a la misma lógica. Explicó que existe un segmento de trabajadores técnicos y profesionales que opta por independizarse para desarrollar actividades vinculadas con la economía del conocimiento y los servicios digitales. “Hay una parte de la mano de obra técnico profesional que va al autoempleo, pero formal. Trabajadores que son productores digitales, de contenidos digitales. Esos trabajadores prefieren dejar un trabajo asalariado y constituirse en un trabajo independiente. Pero ese es un segmento minoritario también de la población”, señaló.
Para Salvia, la expansión del trabajo independiente está dominada por ocupaciones de baja productividad y escasa protección social. A diferencia del reducido universo de profesionales independientes, sostuvo que la mayor parte del crecimiento se concentra en servicios personales, tareas de mantenimiento, producción domiciliaria y distintas modalidades de comercialización informal. “Esos sectores crecieron mucho más que el trabajo en plataformas”, explicó al describir un fenómeno que, según su análisis, profundiza la precarización laboral.

En esa línea, relativizó el peso que suelen tener las aplicaciones dentro del debate público. Si bien reconoció que ese tipo de empleos creció en los últimos años, indicó que representa apenas entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral. Además, advirtió que buena parte de esos trabajadores tampoco cuenta con protección social. “En Argentina, el nivel de subregistración o no registración es el más alto. Esos empleos la gente trabaja y no quiere hacer su aporte. Eventualmente, en el mejor de los escenarios, le hacen algún aporte a la Seguridad Social, pero en general lo dejan a voluntad del trabajador”, explicó.
El director del Observatorio sostuvo que la situación más crítica continúa concentrándose en quienes desarrollan changas o actividades informales tradicionales. A su entender, ese universo representa un porcentaje muy superior al de los trabajadores de plataformas y constituye uno de los principales núcleos de pobreza estructural del país. “El vendedor ambulante, el limpiavidrios, el trabajador que hace changas constituye el 25, 30% de la fuerza de trabajo en Argentina, el trabajador marginal. Esa Argentina sigue produciendo pobreza estructural”, resumió.
Otro de los aspectos que destacó durante la entrevista fue el creciente nivel de endeudamiento entre quienes dependen de trabajos informales para sostener sus ingresos. Como ejemplo, mencionó el caso de los repartidores de aplicaciones, que en muchos casos financian la compra o reparación de sus herramientas de trabajo mediante créditos vinculados a las propias plataformas. “Los trabajadores de aplicaciones en promedio están endeudados en novecientos mil pesos con su propia aplicación, para comprar o arreglar motos y bicicletas para seguir trabajando”, detalló.

Salvia atribuyó esa situación a las expectativas de recuperación económica que se habían generado hacia fines de 2024. Según explicó, muchas familias asumieron deudas convencidas de que la actividad mejoraría durante 2025, aunque ese escenario finalmente no se consolidó. “La gente se endeudó porque pensó que 2025 iba a ser un año extraordinario. Pero lo que vino después se fue para abajo”, afirmó al describir el impacto que tuvo ese cambio de expectativas sobre los ingresos de numerosos trabajadores.
Más allá del crecimiento del empleo informal, Salvia consideró que el principal problema del mercado laboral argentino es su creciente fragmentación. Según explicó, mientras un sector reducido logra insertarse en actividades de alta productividad y mejores salarios, una porción mucho más amplia permanece atrapada en ocupaciones precarias con escasas posibilidades de movilidad social. “Mientras en el sector más dinámico de la economía vas observando un proceso de movilidad social ascendente, la pequeña y mediana empresa no crea empleo y los empleos que crea son más precarios”, sostuvo.
El investigador remarcó que esa mejora alcanza únicamente a una parte de la población. “Hay movilidad social ascendente en el segmento técnico profesional, en los segmentos dinámicos. Nada más que esa es la Argentina para 10, 15 millones de habitantes”, señaló, al advertir que el resto enfrenta un mercado laboral caracterizado por la baja productividad y la informalidad.

Finalmente, comparó la evolución argentina con la de otros países de la región y sostuvo que, a diferencia de Chile, las transiciones laborales fueron mucho menos bruscas. En ese marco, cuestionó que el análisis público se concentre exclusivamente en la tasa oficial de desocupación y propuso observar también el peso de las ocupaciones de muy baja productividad. “La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%”, afirmó.
A modo de síntesis, concluyó que el país enfrenta un problema estructural que excede la creación de empleo: “Hoy tenés un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad, pero un 70% de subproductividad”.
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