CHIMENTOS
Parálisis cerebral y un 70% de discapacidad física: quién es Lucho Miranda, el humorista que desafía prejuicios

El humorista Lucho Miranda y su interacción con el público durante el show
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Hay historias que no solo se cuentan: se sienten. Historias que avanzan entre obstáculos, prejuicios y silencios incómodos hasta encontrar una voz propia. La de Lucho Miranda es una de ellas. Y no porque esté atravesada por la adversidad —que lo está—, sino porque eligió transformarla en materia prima para algo mucho más poderoso: un humor que interpela, incomoda y, al mismo tiempo, libera.
El próximo 30 de abril, esa historia tendrá un nuevo capítulo en el Teatro Gran Rex, donde el comediante chileno se presentará con una única función que ya genera expectativa y confirma un fenómeno que no deja de crecer y de cruzar fronteras. No es solo un show. Es el encuentro entre un artista que se animó a decir lo que muchos callan y un público que encontró en él una forma distinta de verse reflejado.
Luis Alberto Miranda Espinosa nació el 30 de enero de 1995 en Vicuña, tierra también de Gabriela Mistral. Su llegada al mundo estuvo marcada por una asfixia neonatal de ocho minutos que derivó en una parálisis cerebral —tetraparesia—, con un 70% de discapacidad física. Sus cuatro extremidades resultaron comprometidas: rigidez en las manos, dificultades para caminar, un cuerpo que desde el inicio le impuso límites concretos. Pero su historia nunca se construyó desde la resignación.
Cierre del show de stand up del humorista Lucho Miranda
“El humor siempre ha sido parte de mi vida”, explicó en un diálogo exclusivo con Teleshow. Y en esa frase, breve pero contundente, se condensa una forma de atravesar la realidad. Porque mientras su infancia transcurría entre cuidados, restricciones y sobreprotección —“a veces me sentía como en una burbuja. No me dejaban jugar a la pelota o salir y compartir con mis amigos”—, Lucho empezó a desarrollar un universo propio. Uno donde la imaginación reemplazaba lo que el cuerpo no podía hacer.
“De una u otra forma, eso me ayudó mucho a trabajar la imaginación, ya que me hice experto en crear historias con mis juguetes”, rememoró. Y en ese terreno, casi sin darse cuenta, apareció la comedia. Primero en forma de “payas”, esos versos improvisados típicos de la cultura chilena que repetía frente a sus amigos. Juegos de palabras simples, casi ingenuos, pero que ya anticipaban una pulsión: provocar risa, generar conexión.
“Eran payas simples… ‘un diablo se cayó al agua, otro diablo lo levantó, mientras el otro diablo le decía: ¿cómo diablos se cayó?’”, recordó con esa mezcla de ironía y ternura que hoy define su estilo.
Su paso por la Teletón Chile – institución sin fines de lucro, fundada en 1978, dedicada a la rehabilitación integral de niños, niñas y jóvenes con discapacidad motora- fue clave en su desarrollo, tanto físico como emocional. Y también lo fue su familia, un sostén constante en los momentos más complejos. “Mis primeros años los recuerdo con mucho cariño. Hubo momentos difíciles, pero siempre se pudo salir adelante gracias a mi familia”, aseguró.
En ese recorrido, hay recuerdos que todavía laten con fuerza, escenas que explican mucho más que cualquier definición. “Yo creo que gran parte de lo que soy ahora es gracias a mi mamá y gracias a la Teletón. Ayudó a que mi mamá pudiera formar el hijo que ella quería”. También habla de las marcas invisibles de la infancia: “Hay muchos niños que son curiosos y otros que ya son malos… son malos”, dice sobre el bullying. Y de los tiempos propios, esos que no siempre coinciden con los de los demás: “Caminé tarde, como a los seis o siete años”.
En medio de ese proceso, también hubo sueños más íntimos, casi universales, como el de conocer el amor: “Yo quizá fui comediante para tener ese beso… tenía muchos prejuicios de mi propia discapacidad, decía ‘no me van a querer porque soy así’”. Hoy, desde otro lugar, reconoce el cambio: “Ya no sufro mi discapacidad”. Y también el impacto inesperado de su exposición: “Vi en TikTok, en Instagram, que me hablaba mucha gente de otros países… fue un éxito. Ahí entendí que la rutina se entendía en otros lugares. Estoy recién empezando a conocer el mundo”.

Como muchos jóvenes, siguió inicialmente un camino tradicional. Estudió contabilidad, alentado por sus padres, y llegó a trabajar en la municipalidad de Vicuña. Tenía estabilidad, un ingreso fijo, una estructura. Pero no era suficiente.
“No me sentía feliz… aunque era un trabajo remunerado y tenía solvencia económica, no quería eso”, confesó. Esa incomodidad —silenciosa, pero persistente— fue el motor de una decisión que cambiaría todo.
En 2020, en plena pandemia de COVID-19, renunció. Sin certezas, sin garantías. Solo con una convicción: hacer reír.

Con un celular como única herramienta y la casa de sus padres como escenario improvisado, empezó a subir contenido a TikTok e Instagram. Al principio, números modestos: “Tenía 40 likes en una publicación, pero cuando empecé a crear contenido, tenía 150 likes y para mí ya era un viral y pronto iba a llegar la prensa a buscarme”, aseguró, entre risas. Pero lo que parecía un juego empezó a transformarse en fenómeno.
Porque Lucho no hablaba de la discapacidad desde el lugar esperado. No había solemnidad ni victimización. Había humor negro, ironía, incomodidad. Una mirada frontal que rompía con los discursos tradicionales.
“Al momento de escribir comedia, me fue muy fácil hablar de cosas que me pasan en el día a día, y dentro de esas cosas está obviamente la discapacidad. Incluir esta parte de mi vida en mi show se hizo de manera muy orgánica”, explicó.

Esa organicidad fue, quizás, la clave. Sus videos comenzaron a viralizarse, a generar miles de comentarios, a instalar una conversación distinta. No solo hacía reír: obligaba a repensar.
“Mi contenido creo que llega a quitarle este pensamiento de que la discapacidad es lo peor que te puede pasar en la vida y a normalizarlo. No somos personas tan diferentes a la persona que se cree normal”, sostuvo.
El salto a los escenarios llegó casi como una consecuencia natural, aunque no exenta de vértigo. “Sudaba, temblaba, me tiritaba la voz”, recordó sobre sus primeras presentaciones. Pero el público respondió. Y lo hizo con una intensidad que no dejó dudas.

En 2021, su participación en Got Talent Chile lo llevó a la final y lo posicionó a nivel masivo. Pero el momento bisagra llegaría poco después, cuando enfrentó al temido “monstruo” del Festival de Viña del Mar.
“Antes de salir estaba nervioso”, admitió. Pero apenas pisó el escenario, algo se alineó. Su rutina —incómoda, honesta, sin concesiones— encontró su lugar. Y el público, también. La consagración fue inmediata.
Desde entonces, su carrera no se detuvo. Giras por todo Chile, presentaciones internacionales, salas llenas. Y un detalle no menor: cada vez más personas con discapacidad forman parte de su público, generando un ida y vuelta que el propio Miranda incorporó a su show.
Se anima, incluso, a interactuar con ellas desde el humor más crudo. Sin filtros. Sin condescendencia. En igualdad.

Argentina, en ese mapa, ocupa un lugar especial. Cada presentación se convierte en un sold out. Cada visita, en una celebración.
“Me sorprende el cariño que tengo del pueblo argentino. Me da mucha felicidad que mi humor sea bien recibido y genere esas ganas de ir a verme. Muy feliz”, reconoció.
Lo que Lucho Miranda propone va más allá del stand up. Es, en esencia, una forma de desarmar prejuicios desde adentro. De apropiarse de lo que históricamente fue señalado como diferencia y convertirlo en identidad.
El 30 de abril, en el Gran Rex, no solo habrá risas. Habrá algo más difícil de lograr: una incomodidad necesaria. De esas que, cuando pasan, dejan una marca.
Y quizás ahí radique su verdadero impacto. En demostrar que el humor, cuando es honesto, no solo entretiene. También transforma.
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CHIMENTOS
Pepe Ochoa descubre su pasado, revela datos desconocidos de su vida privada y confiesa sus ganas de ser papá: “Quiero formar una familia”

Todos los días aporta información y primicias que logra conseguir gracias a su entusiasmo, profesionalismo y dedicación. Y cada una de sus noticias —algunas, verdaderas bombas mediáticas— marcan la agenda en los portales y los programas de chimentos. Pero en esta oportunidad es él, Pepe Ochoa, quien abre su corazón en este A solas con Paparazzi para hablar de todo aquello que pocoas veces contó: su infancia y su adolescencia, este presente tan buscado y el futuro —personal y laboral— deseado.
Apasionado por el periodismo pero también actor, comediante, influencer y conductor en streaming y televisión, Ochoa atraviesa un gran momento, en el lugar que tanto Ángel de Brito como Yanina Latorre le dieron. Sin embargo, por este éxito profesional que persigió durante años debió pagar un costo alto, como reconoce: relegar el plano sentimental.
Ahora, el panelista de LAM y figura de Bondi asegura que ya está listo para encontrar el amor y formar una familia. Y dispuesto al diálgo, brinda detalles del lado B de la famosa Suricata. “Muchas veces en el portal, pero es mi primera vez en Paparazzi —dice Pepe, entusiasmado—. Estoy contento con seguir en esta industria, en la que entré medio de sopetón. A diferencia de los años anteriores, siento que estoy en eje, que me gane un lugar y que no tengo que andar pidiendo mucho permiso. Siento que estoy siendo yo”.
—Es difícil llegar, y todvaía más mantenerse.
—La información es nuestro negocio. Y lo entendí rápido trabajando con Yanina y Ángel. Uno puede tener una gran historia o personalidad, pero en un programa de espectáculos la primicia, la información, el detalle, el famoso que te cuenta, es el mejor camino que uno puede trazar.
—Sabés combinarlo con tu carisma, picardía y espontaneidad.
—Lo entendí muy rápido. Siento que soy muy observador. Mi parte artística, haber sido actor. Siempre supe que cuando me sentaron con Fefe (Bongiorno), él era la parte más intelectual del reality y el análisis profundo, y sentí que tenía como la veta del humor. Pero la información era un lugar donde me podía destacar.

—¿Cómo era Pepe antes de sentarse en LAM?
—Soy un tipo entusiasta y me voy alineando detrás de las cosas que me gustan, y la comunicación siempre fue mi vida. Antes me expresaba en las redes sociales y me dediqué toda la vida al teatro. Hice más comercial, revista; fui conociendo el universo de los famosos desde otro lado. A raíz de las conexiones y los contactos conocí a Ángel. Él me invitó a formar parte de LAM desde las redes. Era un universo que manejaba muy bien, pero de repente un día me dijo: «Che, ¿estás para maquillarte y salís al aire?». Fui probando. Fui construyendo un camino con mucho ímpetu y ganas de crecer.
—¿Sentís que te merecés un Martín Fierro al remador?
—No espero nada en general de nadie, ni de mi familia. Hago las cosas porque me entusiasma, y eso me da empuje. El camino siempre fue ese. Llegué a trabajar en teatro con Antonio Gasalla y no siento que sea el más talentoso: nunca fui el mejor cantante, ni el mejor actor, ni el mejor comediante, pero tengo esto que me alinea y entusiasma. En este medio hay que trabajar todo el día, no descansás.
—¿Apagás el celular para dormir?
—Sí, lo apago. Tengo un cuarto sin tecnología. La gente no lo puede creer porque no tengo tele ni ningún aparato electrónico en el cuarto. Entro y tengo mis momentos, mis rituales, antes de dormir. 
—¿Por ejemplo?
—Me acuesto en la cama y leo un libro, pero generalmente me quedo mirando la pared, pensando. Todo lo dejo una hora y media antes de irme a dormir. Lo que me empezó a pasar el año pasado es que tuve un momento en que se me empezaron a cruzar todos los cables. Sentía que debía estar a la altura de tal proceso, porque me pasó que conduje LAM y SQP y me estaba asfixiando, pensando en que tenía que hacer algo bien grande. Y dejé de disfrutar. Mucho de eso por la hiperconectividad. Estaba todo el tiempo conectado y sentía que tenía que tener siempre algo para el programa, porque sino mi carrera se iba a acabar. Eso me enseñó y a partir de ahí dije: «Cuando vuelvo del programa desconecto o me pongo una serie, música o me cocino».
—¿Hacés terapia?
—Sí, hago. Mucha. Es importante mirar para dentro. Y es un espacio que es mío, y que nadie me diga que tal o cual cosa desde otro lugar, de querer darme consejos. Estamos pasado de información, de qué es el éxito, el like, la cosa… Y la terapia me ayuda a encontrarme y replantearme qué busco. 
—¿Tenés amistades en el medio?
—Tengo muy buenos amigos del medio. Fede Bal es uno. Creo que con Ángel, hoy lo somos. Son amistades que compartís como un gran amor por la profesión, pero Ángel primero fue mi jefe y ahora es más mi amigo. Compartís la vida y lo cotidiano. La amistad existe en el medio si tenés códigos: nunca vi a alguien como un medio para algo más. Siempre sentí que me dieron oportunidades, y eso depende de cada uno. ¿Cuántos han pasado por programas sin pena ni gloria y cuántos han hecho de una oportunidad un mundo?
—¿Saliste con algún famoso?
—No, nunca. Le esquivo al amor, en general. Recién ahora, que tengo mis objetivos cumplidos, me abrí a la posibilidad. La prioridad era mi laburo, mi vida, mis cosas. Sí, obviamente: cositas, romances, pero nunca nada tan profundo. Ahora sí estoy disponible: hoy miro a futuro y quiero una pareja, tengo ganas de tener una familia. Pero se me fue despertando con tiempo: a los 20, que estaba de joda en el teatro, en Mar del Plata, nunca pensé que necesitaba una pareja. Pero ahora, a los 37, estoy más grande y he recorrido un gran camino que me llevó hasta acá. Me gustaría esto de compartir, llegar a casa y estar con alguien, pero tampoco conozco porque nunca tuve una pareja estable, salvo una cosita de nueve meses que terminó mal. Cuando conozco gente me cuesta conectar porque siento que soy un chabón al que le apasiona lo que hago. No me falta mucho ni me siento carente de cosas.
—Ese pensar en formar una familia, ¿incluye ser papá?
—Me gustaría ser papá. Me gustan mucho los chicos: tuve una etapa de mi vida en teatro donde hacía infantiles y me encantaban los niños. Fui tío hace poco, y verlo a mi hermano padre, a mis papás abuelos, fue algo muy loco… Siempre tuve un sentido de familia, pero nunca… y ahora me pegó. Sé que ser papá es un quilombo.
—¿Alguna vez te sentiste atraído por una mujer?
—La verdad que sentirme atraído, como de querer tener un vínculo, nunca. Pero he tenido experiencias con mujeres pero terminaron afirmando mi homosexualidad. Fueron situaciones complejas. Ahora, si me preguntás una famosa con la que me pondría de novio: Pampita. Me parece magnética, la amo, ensalza el rol de la mujer en general. También Moria Casan. Mujeres aguerridas.
—Hace mucho que estás sin pareja, y muchos famosos me han contado que llevan largos periodos de abstinencia sexual.
—Cada uno vive el sexo como puede, como le sale. He tenido años donde para mí era importante y otros en los que no. Si tenés la líbido en el trabajo, no lo tenés en la pareja, y al revés. Son momentos. Lo importante es vivirlo con naturalidad. (El sexo) no se cuantifica. Hoy es difícil encontrar alguien para compartir, pero es fácil con quien tener algo casual, y a mí lo casual siempre me aburrió. Soy clásico. Dentro de lo lógico necesité tener confianza con la persona antes de avanzar. Peor para mí el sexo es reimportante en la vida. Habla mucho de uno y el otro, es una conexión que habla, una comunión. Puedo garchar todos los días como estar sin sexo un año. Me tiene que dar ganas de ir a la cama con esa persona, no el trámite.
—¿Te costó de chico asumir tu sexualidad?
—Empecé terapia porque fui al psicólogo sabiendo que era gay y le dije que tenía que vivir una vida heterosexual y que él me tenía que ayudar. Quería trabajar sobre eso. El psicólogo me contestó: «¿Y qué tiene de malo ser gay?». Era otra época y no existía la información que hoy tiene los chicos, que sienten diferente. Hace 20 o 30 años no había. Por eso yo salí del closet sin conocer un gay: no es que veía uno en la calle o algún amigo de mi mamá. No se hablaba, era muy tabú. Me jugó una mala pasada la presión social, el salir. Pero cuando salí, mi familia me acompañó mucho, y eso es reimportante. Con todos los miedos que mis papás tenían por tener un hijo gay y que me puedan discriminar; mis hermanos también. El amor todo lo puede. Tener ganas de ser libre y vivir procesos sanos se puede. Después, hay cosas como la opinión y mirada ajena, pero uno se va dando cuenta de que lo que opina el otro no es tan importante y que nunca podés posponer tu vida. Ni por un laburo, ni la sexualidad. Estamos de paso.
—Te estaba mirando el brazo. ¿Cuántos tatuajes tenés?
—Siete. El primero que me hice es como el de Lali, que dice «Soy». Un triángulo que me hice antes que ella. El triángulo significa mente, cuerpo y espíritu; si están alineados puedo ser mi mejor versión. El elefante es como un animal que si está solo, muere: necesita vivir en comunidad y manada; pisa fuerte y es espiritual. No me gusta estar solo. Después el signo de la paz. Otro que dice «Equilibrio», que es algo que busco todo el tiempo. Y uno que si lo das vuelta, es mi primer perro, pero del otro lado parece una pija… Me lo hice en pedo en un casamiento: al otro día me di cuenta de lo que parece. El que se casaba se hizo una empanada de humita.
—Ahora tenés que jugartelá: ¿Ángel de Brito o Yanina Latorre?
—Angel. Yanina es una persona que admiro, quiero, muy importante para mí en los medios, pero quien me dio todo y más, la posibilidad, fue Ángel. Por eso lo elijo por sobre ella.
—¿Cuál fue o es la peor angelita?
—Luciana Elbusto. Llegaste muy arriba y te pinchaste. Llegaste con todo el quilombo, dándolo todo, peleando, que sí, que no, haciéndote cargo de tu historia. Y de repente un día te pinchaste. En la tele no hay tiempo.
—¿Podrías trabajar con Rodrigo Lussich y Adrián Pallares, siendo que estás tan identificado con Ángel?
—Sí. No sé qué le pasa a Rodrigo conmigo. Soy muy chicanero en la tele. Con Adrián me llevo muy bien. Son personajes con los que he crecido y vi laburar. Me parece digno de admiración la carrera que han hecho. Recontra laburaría con ellos. No sé si bailaría cuando se arma el bailongo… Son un combo que te incentivan al formato de show que tienen.
—¿Pampito y Matías Vázquez hacen buena dupla o son el agua y el aceite?
—Son el agua y el aceite. Para mí se odian.
—¿Es buena Fernanda Iglesias? Si te dieran un programa, ¿la pondrías en el panel?
—Sí. Es una excelente profesional. El año pasado tuvo un año espectacular. Lo que pasa con Fer es que a veces no sé en cuál anda. De lo profesional la recontrato, pero en lo personal, a veces puede ser difícil tratarla. Me gusta cómo está y me alegra que esté bien: la he visto batallar duro con la salud mental.
—Wanda, Pampita, Nicole, la China Suárez: ¿a quién ves como la futura diva?
—Puede ser Wanda y Pampita. Pero como dice Moria Casan, ya no se si hay un star system como antes. Hoy hay cercanía con las redes: es complicado sentir que va a haber alguien como Moria, Susana Giménez, Mirtha Legrand o Marcelo Tinelli. Pasa con Santi del Moro: es el uno de la tele porque hace el programa más importante, pero no es divo. No hay misterio en las figuras de la tele.
—¿Con qué no te metés a la hora de dar un chimento?
—Me meto con todo hasta donde sienta que puede dañar a la otra persona. Lo vamos trabajando con el famosos si es algo complicado. Mis límites tienen que ver con hasta donde me habilita o no el famoso. Las infidelidades a veces son difíciles. Si el famoso elige ser infiel y no cuida la manera y las formas, es problema es del famoso también porque es obvio que se va a filtrar en la prensa.
—¿Hay alguna bomba que no contaste?
—Sí. No la puedo decir, y acá te lo muestro en mi celular. Un vínculo de hace tiempo que si se cuenta, explota todo por el aire….
—¿Qué le diría este Pepe al de 10 años atrás?
-Que la está rompiendo. Que lo celebre, que lo disfrute, porque costó mucho llegar hasta acá. Seguir estando con los pies sobre la tierra, ocupado en qué y cómo lo quiero. Que estamos allá arriba. Y besos a todos los del colegio que me jodían.
Pepe Ochoa
CHIMENTOS
Agustín Rada contó cómo es su rutina de entrenamiento para su debut como Willy Wonka

El comediante relató los detalles de su preparación para el estreno de Charlie en la Fábrica de Chocolate
Con la cuenta regresiva en marcha, la expectativa por el estreno de Charlie y la Fábrica de Chocolate no para de crecer. Entre intensas jornadas de ensayos, las figuras de la obra ultiman detalles para pulir cada escena del espectáculo. Entre ellos, uno de los que más disfruta de los nervios previos es Agustín Rada Aristarán, quien se prepara para dar vida a su propia versión de Willy Wonka.
En ese marco, Teleshow tuvo acceso a uno de los ensayos del elenco, el cual dejó ver la dinámica del grupo y nuevos detalles de la súper producción que estrenará el 4 de junio en el teatro Gran Rex. Así las cosas, en horas de la tarde, en una especie de galpón audiovisual, ubicado en el barrio porteño de Villa Ortúzar, Agustín Rada, Mery del Cerro, Sebastián Almada y los pequeños actores se preparan para repasar los números iniciales y dar rienda suelta a la magia. Según explica Carlos Rottemberg, el lugar funciona como un set teatral, listo para realizar pruebas de vestuario, montajes de ensayos y un espacio para la creatividad.
Sin embargo, antes de comenzar, el equipo de actores se reúne en un círculo y realiza una arenga grupal. Mientras tanto, Rada corre detrás de un escenario en un busca de algo que había olvidado y regresa con sus compañeros. Inmediatamente levanta una mano, levanta el pie contrario y se pone a bailar junto a sus compañeros. Con esa energía, el comediante y sus compañeros toman sus posiciones para el ensayo de uno de los primeros números de la obra.
Cuando la música empieza a sonar, Willy Wonka y Charlie se asoman en una estructura que representa el cuarto de una casa y comentan las noticias de su universo. Entre los canales, un mensaje capta la atención del chocolatero, el noticiero anuncia la aparición de los primeros cuatro ganadores de los Golden Tickets. Acto seguido, sobre una estructura de madera de más de 10 metros de largo, compuesta por cuatro escalones y costados curvos, Dolores Ocampo, Marcelo Albamonte, Denise Cotton y Sebastián Holz representan cada uno de sus actos.
Luego, llega el turno de Charlie, quien descubre su golden ticket, le cuenta la noticia a su familia y decide que irá a la fábrica de Wonka con su abuelo. Para cerrar, el ensayo finaliza con la recordada escena en la que cada ganador es recibido por el chocolatero en su paraíso, dando inicio a la misteriosa aventura.

– ¿Cómo estás faltando menos de un mes para el estreno?
– No lo digas. Falta un montón todavía. Muy contento, muy emocionado y muy ansioso para que Charlie y la fábrica de chocolate vea la luz.
– ¿Cómo van avanzando los nervios?
– Cuanto más cerca la fecha, más nervios. Pero son nervios lindos, nervios de energía, de ganas de que lo vean.
– ¿Cómo vas memorizando cada parte? ¿Hay alguna que te preocupe?
– Hay dos canciones que son muy trabalenguas o que dicen frases muy parecidas una de la otra. Y que no se puede chamullar. Tenés que decir lo que tenés que decir. Pero sí, es una obra que tiene la magia de que son escenas cortas, entonces para el espectador va a ser muy fácil de ver y muy entretenida. Y para nosotros también, porque es al palo, cambia una cosa a la otra, va a la otra, una sala a la otra, se levanta una cosa, aparece una rampa, se infla un coso gigante. La verdad que es la obra más grande en la que estuve y la obra más grande que se hizo también acá en Argentina.


– ¿Cómo te afecta el hecho de que ya hay 14.000 entradas vendidas?
– Finjo demencia y que aguante todo. El público que nos apoya ya viene a ver este evento que es un clásico en el Gran Rex, estos dos meses de locura en el Gran Rex.
– ¿Vas viviendo la expectativa en redes, en la calle? ¿Qué te llega?
– Obvio, el: “Te veo en Wonka, Te veo en Wonka. Vamos a Wonka”. Eso es hermoso. La verdad es que tanta gente esté expectante por lo que va a pasar en este evento. Insisto, son dos meses, nada más. No se repite, no se alarga, eso es espectacular.

– Has tenido grandes personajes en muchas obras, pero ¿creés que este quizás sea el más grande?
– No sé si el más grande, sí el que más me desafía. Es un personaje, desde su estructura, muy extraño. Tiene muchas caras a la vez. Es un nene dentro del cuerpo de un adulto, pero a su vez también es muy tierno, es muy inmaduro, también es oscuro, entonces tiene un montón de cosas que tiene que contar este personaje. Y, por otro lado, no tiene que parecer a otros Wonkas, porque yo quiero darle mi propio pincel. Entonces sí, es un desafío grande este personaje.
– ¿Cómo es tu rutina para ir trabajándolo? ¿En qué momento del día encontrás un hueco para practicar las canciones?.
– Muchas horas en el auto, ahí muchas canciones. Yo entreno todos los días, entreno calistenia, el físico. Y lo que hago es que en los descansos entre ejercicio y ejercicio pongo una canción. Entonces, esos dos minutos o tres minutos que tengo que descansar entre serie y serie, ahí canto la canción. Y eso me sirve porque hago muchas series, muchas veces repito la canción. Así me obligo, es una hora que estoy entrenando, una hora que tengo que repetir, repetir y repetir.

– ¿Cuánto de tu día ocupa Wonka? ¿Llevás el tema a tu intimidad, tu familia?.
– En las cenas intento no hablar de laburo, pero sí con Bianca, que aparte de mi hija, está estudiando teatro y demás, ella me ayuda mucho a pasar letra. Con Fer (Metilli), le cuento cosas, que es actriz, entonces le cuento: “Che, voy a encarar esto por acá, esto por allá”. Pero la verdad es que yo entreno, ensayo a la mañana, de la mañana me voy a grabar Otro día perdido, termino y vuelvo acá a ensayar. Entonces, estoy medio que todo el día con Wonka.
– ¿Ya has hecho alguna vez alguna obra que tenga tres funciones diarias?
– No, porque Matilda y School of Rock y Aladdín eran doble diaria. Es la primera vez que haremos tres. He hecho tres de mis espectáculos, pero no tres todos los días. Era tres en un tiro. Como un fin de semana en Santa Fe, tres funciones. Pero no, esta vez va a estar buenísimo.
– ¿Cómo es el vínculo con el equipo?, previo al ensayo los veía haciendo una arenga…
– Espectacular, es hermoso lo que vivimos, para nosotros en total son cuatro meses y medio, para el público son dos meses, pero convivimos, estamos de lunes a sábados todo el día juntos, entonces se genera un vínculo hermoso.

– ¿Y con Mery, con Seba, con los Choco Papis?.
– Con ellos no me hablo, los detesto a los dos. No, son bárbaros, nos reímos mucho, la pasamos muy bien. Hay algo de cotidianidad, de todos los días, hermoso. Nos vemos después de los ensayos, nos vamos a morfar. Entonces, sucede algo muy lindo, de familia, se arma una familia.
– En estos trayectos que estás trabajando y ensayando, ¿volvés a ver alguna película de Wonka?
– No, me pasó lo mismo con Matilda y con School of Rock. No las vi, no quiero contaminar al Wonka que estoy armando. Las vi, por supuesto, hace mucho tiempo. Las tres versiones de Wonka que hay, de Charlie y la fábrica de chocolate, pero intento no verlas.
– ¿Cómo reaccionaría Mario (Pergolini) a la obra?
– Hoy me dijo que no va a venir. Es mentira. Porque después me dijo: “Sí, sí voy a ir”. Pero al aire nunca te va a decir que va a venir. Tengo la suerte de que vino a casi todas las obras que hice antes de laburar con él. Yo creo que él es asiduo veedor de musicales. A su hija le gustan mucho los musicales, a Valen, entonces probablemente venga con Valen a verlo.

– ¿Cómo el grupo de Otro día perdido después de que falleció la madre de Mario?.
– Bien, bancando a Mario, pero bueno, Mario se está recuperando, me imagino. La verdad es que vivir un duelo debe ser complejo, que se te muera tu madre. Por suerte, la mía está viva, entonces, no sé, lo viví hace un año atrás con la mamá de Fer (Metilli). Es muy duro, estamos como equipo bancando y estando ahí.
– ¿Se charla sobre eso?
– Por supuesto, el día que volvió sabíamos que la madre estaba pasando un momento complicado de salud ya hacía un tiempo. Y a la vuelta, por supuesto, él agradeció mucho a todo el equipo por el aguante y sí, sí, a laburar.
CHIMENTOS
Gran Hermano: los dos eliminados por plantas que sacudieron la casa

En una decisión controversial, que activó intensos debates entre los fanáticos, Gran Hermano dispuso de la salida de dos concursantes en la misma gala. Bajo la lógica de solicitarle al público que elija a los participantes que más se comportan como ‘plantas’, se produjeron dos eliminaciones muy fuertes.
La producción anunció, el martes, la sentencia de someter a votación a nueve integrantes de la casa. Por eso, Santiago del Moro fue comunicando aquellos que evitaron el abismo, hasta que quedaron Grecia Colmenares, Lolo Poggio y Franco Zunino.
De ese trío solo se salvaría uno. En tanto que el conductor abrió el primer sobre y leyó la elección de los espectadores, ya que confirmó que la actriz venezolana fue seleccionada para retirarse de la competencia. Lejos de llorar, la artista se retiró con elegancia.
El Big la despidió en el jardín con palabras bellas y le expresó: «Grecia llegó el momento de abandonar la casa, fue un honor haberte tenido en la casa. Te deseo mucha suerte». En ese interín, Colmenares le pidió al hombre disfrazado de arbusto que la cargue en sus brazos y así cruzó la puerta a la vida exterior.
GRECIA COLMENARES Y LOLO POGGIO FUERON ELIMINADAS DE GRAN HERMANO
A raíz de la actitud loable de la actriz, Del Moro reflexionó al aire: «Me encanta el humor con lo que se tomó Grecia». Luego de un par de minutos, la tensión se volvió a apoderar de la casa porque restaba definir al otro eliminado, en esa batalla de dos sobrevivientes desde el primer minuto de esta temporada.
Tras unos instantes de incertidumbre, Santiago anunció que el público optó por echar a Lolo del reality. «Sale de Gran Hermano, Lolo. Lolito te quiero», manifestó el conductor. Por su parte, la hermana de Julieta Poggio dejó la competencia con una sonrisa y les pidió a sus compañeros: «Rompanla y que gane el mejor».
Gran Hermano
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