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ECONOMIA

¿Qué escaseará en la era de la Inteligencia Artificial?: el ensayo de un economista que desafía el relato dominante

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Según el autor, el sector relacional, donde la presencia humana agrega valor, ganaría protagonismo frente al avance de la automatización y la IA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El economista conductual Alex Imas publicó recientemente un ensayo en el que desafía el relato dominante sobre la inteligencia artificial y el futuro del trabajo: la IA no destruirá el empleo, sino que trasladará la escasez económica hacia un nuevo tipo de bienes, aquellos cuyo valor es inseparable de quien los produce. El texto, titulado What will be scarce? (“¿Qué será escaso?”) y publicado en su Substack, combina teoría económica, filosofía y datos de mercado para proponer que la automatización no vaciará el mercado laboral, sino que lo reorganizará en torno a lo que el autor llama el sector relacional: la parte de la economía donde el componente humano es parte del valor mismo del bien o servicio.

Para ilustrar su tesis, Imas abre con un ejemplo que parece contradecir la lógica de la automatización. Starbucks, con una capitalización de mercado de 112.000 millones de dólares, vende uno de los productos más estandarizados de la economía moderna y dispone desde hace años de tecnología suficiente para reemplazar a sus empleados. Durante un tiempo, siguió ese camino: automatizó la preparación del café e instauró rutinas mecánicas para la atención al cliente. El resultado fue el contrario al esperado. El CEO Brian Niccol concluyó que “las notas escritas a mano en los vasos”, las tazas de cerámica y “la vuelta de los buenos asientos” lograban que más clientes “se quedaran en las cafeterías”, y que “los pequeños detalles y la hospitalidad generan satisfacción”. La empresa revirtió el rumbo: más baristas por local, menos automatización.

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El argumento de Imas parte de una premisa básica de la ciencia económica: la escasez no desaparece, muta. Si la inteligencia artificial genera abundancia material —si las máquinas pueden producir casi todo lo que produce un ser humano a un costo marginal ínfimo—, lo que se vuelve escaso no es el producto, sino el componente humano detrás de él. “Después de responder esa pregunta”, escribe Imas, “el resto del análisis es bastante directo”. La clave, entonces, está en identificar qué tipo de escasez reemplazará a la actual.

Para explicar el origen de la economía tal como la conocemos, el autor recurre a Karl Marx y su concepto de “forma mercancía”. Antes de la industrialización, era difícil separar un producto de quien lo fabricaba. El tejedor que hacía una camisa, el panadero que horneaba el pan: su reputación estaba atada al objeto y la transacción económica tenía un componente social inherente. La producción industrial rompió ese vínculo al dividir el oficio en pasos estandarizados y repetibles. Lo que antes era un oficio se convirtió en fuerza de trabajo abstracta, un factor de producción comprable y vendible como cualquier materia prima. La pantalla desde la que alguien lee el ensayo de Imas fue diseñada en un país, fabricada en otro y ensamblada con componentes de una docena más. Nada de eso importa para la experiencia de compra.

Ilustración dividida. Izquierda: fábrica azul con robots y productos en cinta. Derecha: mercado naranja con personas produciendo y vendiendo artesanías. Signo de interrogación.
El caso Starbucks ilustra cómo la experiencia personalizada y los pequeños detalles humanos pueden revertir estrategias de automatización laboral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Marx describió ese proceso con lenguaje deliberadamente cargado: la forma mercancía, argumentó, se construyó sobre la explotación y la alienación, la separación del trabajador respecto del producto de su labor, del proceso de fabricación y, en última instancia, de los demás. Lo que el filósofo alemán veía como la patología más profunda del capitalismo fue, al mismo tiempo, el motor de una prosperidad extraordinaria. Al desligar la producción de personas específicas, fue posible desagregarla, reorganizarla, enviarla a través de océanos y escalarla de maneras que convirtieron pocos recursos en grandes riquezas. Ambas cosas eran ciertas a la vez, señala Imas: la forma mercancía creó riqueza masiva, pero volvió invisible al ser humano detrás de cada producto y, con el tiempo, prescindible.

Ese es el modelo mental que la mayoría aplica a la inteligencia artificial: si una máquina puede hacer cualquier cosa que hace un humano —redactar un informe, generar una imagen, componer una canción, interpretar una tomografía—, el humano será reemplazado en todos los frentes y los empleos simplemente desaparecerán. En su ensayo, Imas resalta que los economistas David Autor y Neil Thompson cuestionan esa visión en un artículo reciente. Su argumento es que la IA no eliminará los empleos sin más, sino que reconfigurará el valor económico de la experiencia humana.

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Su marco conceptual distingue entre tareas expertas e inexpertas dentro de cada ocupación. Cuando la automatización elimina las tareas más simples —como hizo el software contable con los empleados de teneduría de libros—, el trabajo restante se vuelve más especializado, los salarios suben y menos trabajadores califican. Cuando elimina las tareas más complejas —como hicieron los sistemas de gestión de inventario con los empleados de almacén—, el trabajo se vuelve más accesible, el empleo se expande y los salarios caen. La misma tecnología puede producir resultados opuestos en el mercado laboral, dependiendo de qué parte del trabajo se automatice.

Autor y Thompson contemplan también un escenario más sombrío: que la IA avance hasta el punto en que la experiencia humana pierda por completo su valor económico. En ese caso, produciría lo que el economista Herbert Simon llamó “abundancia intolerable”. Ya no se trataría de gestionar una transición laboral —para la cual existen precedentes históricos—, sino de construir herramientas para mantener la organización social, la distribución del ingreso y la estabilidad democrática sin el mercado de trabajo que históricamente las ha sostenido.

Frente a ese escenario, Imas propone una hipótesis distinta, y aclara desde el inicio que parte de un supuesto ambicioso: que la automatización pueda replicar la producción humana y las mercancías que genera. Aun así, sostiene que el trabajo humano no desaparecería. El motivo está en la economía del cambio estructural combinada con rasgos profundos de las preferencias humanas. A medida que las personas se enriquecen, no solo quieren más mercancías: quieren cosas que no son mercancías en el sentido convencional. Los aspectos sociales de los productos —las relaciones, el estatus, la exclusividad, la autenticidad— adquieren mucha más relevancia una vez que las necesidades básicas están satisfechas.

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Cientos de tazas blancas idénticas en cinta transportadora; una taza destacada tiene huella dactilar, marca, y etiqueta de $200 bajo luz cálida.
Según Imas, la escasez económica cambiará de foco: la abundancia material facilitará que el valor se traslade hacia lo auténticamente humano.. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para fundamentar ese punto, el autor recurre al filósofo francés René Girard y su teoría del deseo mimético: queremos lo que otros quieren, y ese impulso se intensifica cuando la abundancia material ya no es el problema central. La demanda de esas propiedades —proveniencia, contacto humano, exclusividad— devolverá el elemento humano al proceso productivo y, con él, los empleos. Imas lo formula con precisión: los sectores automatizados se contraerán como proporción del PIB; los sectores relacionales crecerán.

Si esa hipótesis es correcta, la IA no solo automatizará la economía de las mercancías. Desencadenará el surgimiento de una economía post-mercancía, donde una proporción creciente del gasto se orientará hacia bienes y servicios cuyo valor es inseparable del ser humano que los provee. Las mismas fuerzas económicas que desplazaron al 40% de la fuerza laboral estadounidense desde las granjas hacia las fábricas y las oficinas moverán ahora a los trabajadores fuera de la producción automatizable y hacia el sector relacional: la parte de la economía intensiva en trabajo humano, a veces artesanal, donde la presencia humana no es un costo a eliminar, sino una fuente de valor a preservar.

Imas es explícito sobre los alcances de su argumento. No sostiene que la participación del trabajo en el ingreso total deba aumentar ni que se mantenga en sus niveles actuales. Puede caer a medida que la automatización avance. Lo que afirma es algo más acotado: que en las economías ricas habrá una reasignación sectorial, y que las propiedades intrínsecas de la demanda en el sector relacional garantizan que el trabajo humano no se reduzca a cero. El modelo, además, funciona mejor para el mundo desarrollado, donde el aumento del ingreso puede financiar esa transición. Para el mundo en desarrollo —cuyas economías se construyeron sobre la producción de mercancías para países ricos— el panorama es, en palabras del propio Imas, “más complicado y potencialmente más preocupante”.

El autor reconoce también que no es el primero en hacer este argumento. Variantes del mismo fueron desarrolladas por Seb Krier, Adam Ozimek y Philip Trammell. Su aporte es intentar formalizarla con un modelo económico que genere predicciones precisas y una microfundamentación conductual, basada en las preferencias miméticas, que explique por qué los bienes artesanales —donde el elemento humano está directamente ligado al valor— tienen una elasticidad ingreso especialmente alta.

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El caso de Starbucks con el que abre el ensayo condensa toda esa lógica. Cuando una empresa intenta convertir la experiencia humana en una mercancía eficiente, descubre que los clientes no solo compran café. Compran la nota escrita a mano, la taza de cerámica, la silla cómoda. Compran, en definitiva, la presencia de otra persona, y eso es algo que ninguna máquina, por ahora, puede vender.

*Alex Imas es economista especializado en Inteligencia Artificial y su impacto en el mercado laboral, la productividad y la creatividad.



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ECONOMIA

El Gobierno extendió la baja de retenciones al maíz, el girasol y el sorgo: cuándo empezará a regir el esquema

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El Gobierno amplió la reducción de las retenciones al maíz, el girasol y el sorgo desde 2027. (REUTERS/Agustin Marcarian)

El Gobierno decidió ampliar la baja de retenciones al sector agropecuario para las exportaciones de maíz, sorgo y girasol, según lo anunciado en una conferencia de prensa encabezada por el ministro de Economía, Luis Caputo.

Durante la presentación, de la que también participaron el secretario de Comercio, Pablo Lavigne, y el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, se estipuló que la nueva política establece que las retenciones a la soja se ajustarán conforme a un calendario ya definido, sin depender de la evolución de la recaudación fiscal.

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Cabe destacar que esta medida, que abarca tanto al sector agrícola como a la industria exportadora, ya fue contemplada en las proyecciones oficiales de costo fiscal.

En 2026, las alícuotas para trigo y cebada experimentarán una reducción de dos puntos a partir de junio. Posteriormente, continuará una disminución gradual en los años sucesivos. Desde 2027, el esquema se amplía a todos los cultivos, incluyendo sorgo, maíz y girasol, con un ajuste mensual previamente determinado.

Para la soja, la baja será de un cuarto de punto porcentual cada mes durante 2027, partiendo de 23,75% y llegando a 21% al cierre de ese año. En 2028, la reducción mensual será de medio punto porcentual para todos los productos alcanzados por la medida, siguiendo el cronograma oficial.

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En tanto, Caputo precisó que el impacto fiscal estimado por esta reducción de retenciones será de USD 32 millones en 2026, USD 415 millones en 2027 y USD 1.224 millones en 2028.

En el caso del sector industrial, la disminución de las alícuotas representará un costo fiscal de USD 25 millones en 2026 y USD 115 millones en 2027. El ministro detalló que estos valores corresponden a la aplicación del esquema escalonado de reducción de tributos y anticipó que el mayor impacto fiscal se registrará en la etapa final, cuando la baja alcance a todos los cultivos y sectores involucrados. El grueso del costo fiscal se concentraría sobre un eventual segundo mandato del presidente Milei o, en todo caso, en el primer año de mandato de quien lo reemplace.

Iraeta atribuyó la decisión de acelerar el alivio fiscal para los productores al encarecimiento de los insumos, principalmente los fertilizantes derivados del petróleo, cuyos precios crecieron de manera significativa debido al conflicto en Irán. “El costo de los insumos explotó en términos de precios. La idea era aliviar esa suba”, indicó el secretario de Agricultura.

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Sobre la modalidad de aplicación, Caputo descartó la necesidad de enviar un proyecto de ley al Congreso para blindar la disminución impositiva. “Esto lo podemos hacer directamente nosotros”, afirmó. También instó a las provincias y a los municipios a acompañar la reducción de impuestos nacionales con una merma de tributos locales, como ingresos brutos y tasas municipales, recordando que las retenciones no son coparticipables.

Desde la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) celebraron el cronograma progresivo de baja de derechos de exportación anunciado para todo el complejo agroindustrial al considera que “es el mejor camino para lograr mayor producción y exportaciones”.

A propósito del esquema, detallaron que en el caso del trigo y de la cebada, la baja será inmediata: pasarán de una alícuota de 7,5% a 5,5% desde junio de 2026. En cambio, para los cultivos restantes, el calendario difundido por el ministro de Economía comenzará a regir desde enero de 2027.

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“La soja, cuya alícuota actual es de 24%, tendrá reducciones mensuales que llevarán el tributo a 21% hacia diciembre de 2027 y luego a 15% en diciembre de 2028. El maíz y el sorgo, actualmente con retenciones de 8,5%, tendrán bajas trimestrales hasta alcanzar 7,5% a fines de 2027 y 5,5% hacia el cierre de 2028. El girasol, que hoy tributa 4,5%, descenderá de manera semestral hasta 3% en 2028. El esquema también contempla una reducción proporcional para subproductos agroindustriales”, enumeraron.



South America / Central America

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Menos consumo: cayeron las ventas en los supermercados y mayoristas durante el primer trimestre

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El consumo en supermercados volvió a mostrar señales de estancamiento en marzo, según los datos difundidos por el Indec. (EFE)

Las ventas en los supermercados y mayoristas volvieron a mostrar señales de debilidad en marzo y cerraron el primer trimestre del año en terreno negativo. Aunque la facturación medida en pesos continuó creciendo por efecto de la inflación, el consumo en términos reales permaneció estancado y profundizó la diferencia con otros indicadores que el Gobierno utiliza para sostener que la demanda privada atraviesa una recuperación.

Según informó el Indec, las ventas totales a precios constantes —es decir, descontando el efecto de la inflación— registraron en marzo una caída interanual de 5,1 por ciento. De esta manera, el acumulado entre enero y marzo mostró una baja de 3,1% frente al mismo período de 2025. En la comparación mensual desestacionalizada, el indicador permaneció sin cambios respecto de febrero.

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Los datos corresponden a la Encuesta de Supermercados publicada por el organismo. En términos nominales y corrientes, las ventas totales relevadas en supermercados alcanzaron los $2,46 billones en marzo, con una suba interanual de 20,5%. Sin embargo, ese incremento quedó por debajo de la variación de precios implícitos del sector, que fue de 26,9%, lo que explica la caída en términos reales.

El desempeño del consumo masivo volvió así a exhibir una dinámica distinta a la que muestran otros sectores de la economía vinculados al gasto privado. En las últimas semanas, el Gobierno sostuvo que «el consumo se encuentra en niveles récord» y destacó especialmente la expansión de las ventas de bienes durables.

Las ventas medidas en valores reales cerraron el primer trimestre con caída tanto en supermercados como en autoservicios mayoristas. (EFE)
Las ventas medidas en valores reales cerraron el primer trimestre con caída tanto en supermercados como en autoservicios mayoristas. (EFE)

Sin embargo, algunos indicadores asociados al consumo cotidiano continúan mostrando un comportamiento más débil. Tanto supermercados como autoservicios mayoristas acumulan variaciones negativas en términos reales, en un contexto en el que los hogares mantienen una mayor cautela sobre los gastos de todos los días.

El informe del Indec reflejó además diferencias importantes entre rubros. Los datos por categorías están expresados en valores nominales y corrientes (sin descontar el efecto de la inflación). Dentro de los grupos de artículos, las mayores subas interanuales correspondieron a “Carnes”, con un aumento interanual de 41,9%; “Panadería”, con 27%; “Alimentos preparados y rotisería”, con 25%; y “Almacén”, con 22,7 por ciento.

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En cambio, el rubro “Electrónicos y artículos para el hogar” registró una caída nominal de 7,2%, mientras que “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” avanzó apenas 8,2%, ambos muy por debajo de la inflación implícita del período.

El rubro de almacén concentró el 27% de la facturación total de los supermercados, seguido por carnes, con el 15%; artículos de limpieza y perfumería, con 13,6%; y lácteos, con 11,2 por ciento.

Otro de los datos que mostró el informe fue el fuerte peso del financiamiento en las compras. Las operaciones realizadas con tarjeta de crédito representaron el 44,9% de las ventas totales y crecieron 18,2% interanual en términos nominales. Las compras abonadas con débito aumentaron apenas 10,4%, mientras que los pagos mediante billeteras virtuales, QR y otros medios alternativos subieron 47,5 por ciento.

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Primer plano de una mano sosteniendo una tarjeta de crédito blanca junto a un terminal POS que muestra "APPROVED" y "$39.00", con víveres en un cinturón transportador al fondo.
Las tarjetas de crédito concentraron una parte importante de las compras en mayoristas, en un contexto de mayor peso del financiamiento en el consumo cotidiano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las ventas online también mantuvieron un crecimiento superior al promedio general. En marzo, el canal digital representó el 3,1% de la facturación total y mostró un incremento nominal de 26,2% respecto del mismo mes del año anterior.

La situación en los autoservicios mayoristas mostró un comportamiento similar e incluso más contractivo que el de los supermercados. De acuerdo con el relevamiento del Indec, las ventas a precios constantes registraron en marzo una caída interanual de 7,2%, mientras que el acumulado del primer trimestre presentó una baja de 2,6 por ciento.

A diferencia de supermercados, donde la serie desestacionalizada permaneció estable, en los mayoristas el indicador mostró una caída mensual de 1,4% respecto de febrero.

En términos nominales y corrientes, las ventas totalizaron $374.253 millones, con un aumento interanual de 16,7%. Nuevamente, el incremento quedó por debajo de la variación de precios implícitos del sector, que fue de 25,8 por ciento.

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Los datos por rubros —también expresados en valores nominales y corrientes— mostraron fuertes diferencias. “Carnes” encabezó las subas con un alza de 50,5%, seguida por “Otros”, con 23,7%; “Almacén”, con 21,5%; y “Lácteos”, con 19,8 por ciento.

Las ventas de los mayoristas cayeron 2,6% real en el primer trimestre del año (EFE)
Las ventas de los mayoristas cayeron 2,6% real en el primer trimestre del año (EFE)

En cambio, los artículos vinculados al consumo no esencial continuaron mostrando retrocesos. “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” cayó 11,3% nominal interanual, mientras que “Electrónicos y artículos para el hogar” bajó 5,1 por ciento.

El segmento de almacén explicó el 44% de las ventas de los mayoristas, seguido por artículos de limpieza y perfumería, con 25,8 por ciento.

En cuanto a los medios de pago, los mayoristas mostraron una composición distinta a la de supermercados. Las tarjetas de crédito representaron el 26,8% de las operaciones y el efectivo explicó otro 25,6 por ciento. Los “otros medios de pago”, como billeteras virtuales y QR, concentraron el 31,9% de las ventas y tuvieron el mayor crecimiento nominal, con una suba de 32,7 por ciento.

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Las compras abonadas con tarjeta de débito, en cambio, registraron una caída nominal de 7,2%, lo que implicó un retroceso aún más pronunciado en términos reales.



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Cómo cambiaron las preferencias de los ahorristas y la oferta de crédito desde la victoria oficial en las elecciones de octubre

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Los depósitos bancarios de Prestadoras de Servicios Financieros (PSF), vinculados a Fondos Comunes de Inversión Money Market (FCI MM) y billeteras virtuales, avanzaron 5,2% en términos reales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Banco Central de la República Argentina reportó en el último Informe Monetario Mensual (IMM) que, en abril, los medios de pago tradicionales -medidos por el M2 privado transaccional- registraron una contracción de 1,1% en términos reales y sin estacionalidad (s.e.).

Según los técnicos de la entidad, esta dinámica respondió tanto a la caída de 0,6% en los depósitos a la vista no remunerados como al descenso del 1,9% en el circulante en poder del público.

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Por el contrario, los depósitos bancarios de Prestadoras de Servicios Financieros (PSF), vinculados a Fondos Comunes de Inversión Money Market (FCI MM) y billeteras virtuales, avanzaron 5,2% en términos reales y sin estacionalidad, compensando parcialmente la baja en los medios de pago tradicionales.

En abril, los agentes del sector financiero redujeron sus colocaciones a la vista remunerada y cauciones, mientras incrementaron sus tenencias en depósitos a plazo fijo. Esto ocurrió en un contexto donde la Comisión Nacional de Valores incrementó el límite de inversión individual en depósitos a plazo fijo tradicionales y precancelables del 50% al 60% del patrimonio, manteniendo el tope conjunto del 70% para inversiones en ambas modalidades a plazo.

En abril, los agentes del sector financiero redujeron sus colocaciones a la vista remunerada y cauciones, mientras incrementaron sus tenencias en depósitos a plazo fijo

Los técnicos del Banco Central observaron que la rotación de cartera hacia colocaciones a plazo fijo se debió al diferencial de tasas a favor de estos instrumentos respecto de los más líquidos, en un entorno de estabilidad patrimonial que permitió reducir la proporción de activos de alta liquidez sin afectar la gestión de flujos.

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El resto de los depósitos remunerados, en particular plazos fijos de personas humanas y jurídicas -excluyendo las PSF-, retrocedió 1% en términos reales y sin estacionalidad. Así, el total de los depósitos a plazo fijo del sector privado creció 4,1% s.e. en términos reales.

Durante la primera quincena de mayo, se mantuvo la tendencia de crecimiento en los depósitos sujetos a renta, sin que los clientes bancarios y usuarios de billeteras virtuales perdieran la disponibilidad inmediata de fondos para compras habituales u ocasionales. Las colocaciones a la vista cayeron 5,3% en términos reales en cuenta corriente y 6% en cajas de ahorros; y los plazos fijos a interés aumentaron 4,9% real, mientras que los ajustables por inflación subieron 109 por ciento.

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La consultora Quantum Finanzas, dirigida por el ex secretario de Finanzas Daniel Marx, destacó el crecimiento de nuevas modalidades de pago, como las billeteras virtuales, impulsadas por la remuneración de saldos en cuentas. Los fondos de money market representan actualmente 5,6% del PBI, cuando en noviembre de 2023 eran 4,3 por ciento.

Este proceso, iniciado tras el triunfo electoral del oficialismo en las legislativas de octubre de 2025, consolidó la caída real sostenida de los depósitos en pesos a la vista (cuentas corrientes y cajas de ahorro) y el crecimiento de las colocaciones a plazo en moneda nacional.

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También se fortalecieron los depósitos en dólares, favorecidos en parte por los incentivos de la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal, ubicándose próximos a USD 39.000 millones.

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En mayo de 2026, el crédito en pesos al sector privado interrumpió dos meses consecutivos de contracción y mostró una expansión real de 0,6% sin estacionalidad. El aumento de los depósitos en bancos se trasladó a la mayoría de las líneas de préstamo.

En términos del PBI, el segmento en pesos se mantuvo en 9,3%, pese a un incremento ajustado por inflación del mismo porcentaje. Al sumar el crédito en moneda extranjera -que en abril acumuló un aumento de USD 1.406 millones-, la relación crédito privado/PBI ascendió a 12,3 por ciento.

Al sumar el crédito en moneda extranjera -que en abril acumuló un aumento de USD 1.406 millones-, la relación crédito privado/PBI ascendió a 12,3 por ciento

El Banco Central informó que los préstamos comerciales se contrajeron 1% s.e. en valores constantes, con un comportamiento dispar entre documentos (caída de 2% s.e.) y adelantos en cuenta (suba de 2,4% tras tres meses de baja).

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Entre los préstamos con garantía real, los hipotecarios mantuvieron la tendencia alcista de los últimos meses, con una expansión de 0,7% s.e. (duplicándose en un año, liderados por líneas ajustables por inflación), mientras los prendarios aumentaron 3% s.e. y acumularon un alza interanual de 13 por ciento.

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En la primera mitad de mayo, el mercado de préstamos registró un crecimiento real de 0,5% en líneas comerciales de corto plazo, pero mostró caídas de entre 0,4% y 1% en préstamos con garantía real, y descensos más marcados en personales (1,8%) y tarjetas de crédito (1,3%). Esto se produjo por las restricciones prudenciales implementadas por las entidades para contener el aumento de la morosidad.

Casi todas las líneas de crédito disminuyeran en valores reales, salvo los hipotecarios que conservaron su expansión, respecto de octubre de 2025

Estas medidas llevaron a que, respecto de octubre de 2025 -mes en que el Banco Central endureció la política monetaria con mayores encajes bancarios-, casi todas las líneas de crédito disminuyeran en valores reales, salvo los hipotecarios que conservaron su expansión.

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Las líneas en dólares, destinadas principalmente a sectores generadores de divisas en forma directa -exportadores- como indirectamente -quienes producen insumos y bienes de uso intermedio para posterior exportación con valor agregado- se ascendieron a poco más de USD 22.430 millones, y alcanzaron un pico de 24,5% del crédito total, levemente por arriba del máximo previo de 24,4%, en septiembre del año anterior.

La estrategia oficial para captar dólares no bancarizados a través de blanqueos y la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal elevó la participación de depósitos en moneda extranjera del 14,4% al 34,4% entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, y pese a que desde entonces hasta la primera mitad de mayo de 2026 aumentaron en USD 4.000 millones, perdieron representatividad sobre el total, a 31,9%, por el impulso que registraron las colocaciones en moneda nacional.

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Aunque se incrementó la profundidad de los depósitos en pesos y dólares en saldos reales y plazos, la oferta de préstamos sigue mostrando rezagos en comparación internacional

Aunque se incrementó la profundidad de los depósitos en pesos y dólares en saldos reales y plazos, favorecida por la menor volatilidad en los mercados tras el resultado electoral y la flexibilización monetaria -reflejada en la reducción de encajes de 32,8% a 29,4% promedio y menores tasas de interés-, la oferta de préstamos sigue mostrando rezagos en comparación internacional.

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Según la consultora Quantum Finanzas, el crédito al sector privado en Argentina representa solo 20,4% del PBI, muy por debajo de Brasil (111%), Chile (85%), Perú (62%), Uruguay (52%) y Paraguay (51 por ciento).



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