POLITICA
Política, insultos y el miedo a vivir con quienes piensan distinto

Hay algo que cambió en la manera en que los argentinos y las argentinas se relacionan entre sí. No fue de golpe ni es obra de una sola persona. Pero en 2025 se volvió visible de una manera en la que ya no puede ignorarse. La política dejó de ser un tema de debate y se convirtió en tribus, en una frontera. Y esa frontera no divide solo en el Congreso o en las redes: divide familias, separa amistades, filtra parejas, condiciona empleos, genera insomnio. Bienvenidos al political sorting —o clasificación sociopartidista—: el proceso por el cual la identidad partidaria se superpone a casi todas las dimensiones de la vida social. Ya no sos solo votante de tal o cual partido. Sos libertario, sos peronista, sos “zurdo” —con todo lo que eso implica para el barrio donde querés vivir, para las personas con quienes compartís tu casa, para con quien tomás un café y con quien definitivamente no.
Lo decimos con datos. Una encuesta realizada en la previa electoral, durante septiembre de 2025, relevó cuatro sectores políticos: libertarios (LLA), peronistas o kirchneristas (Fuerza Patria), centristas moderados (UCR, PRO, CC) e izquierda (FIT y afines). El período: plena previa electoral, con el 26 de octubre en el horizonte y un ciclo que incluyó elecciones nacionales, provinciales y municipales a lo largo de todo el año. El contexto inmediato: un presidente cuyo estilo discursivo convirtió la deslegitimación del adversario en componente sistemático —48 veces en Davos el 23 de enero, 40 veces en la apertura del Congreso el 1 de marzo—, y cuyo impacto sobre la convivencia ya era observable incluso entre el 40% de sus propios simpatizantes, que mostraban reservas ante el tono.
¿Se siente libre de expresar su identidad sin temor al rechazo? El gradiente entre sectores es casi perfecto: 80,5% de acuerdo total en el sector libertario, 66,4% en el centro, 59,4% en el peronismo, 51,4% en la izquierda. A mayor cercanía con el poder político oficialista de este ciclo, más libertad percibida. No es un dato de objetividad —no dice quién tiene razón—: es un dato de posición. El viento sopla a favor de unos y en contra de otros, y eso se siente en el cuerpo y en las conductas.
¿La política se volvió más agresiva? También aquí hay gradiente, pero invertido: lo perciben el 87,6% de la izquierda, el 81,5% del peronismo, el 79,8% del centro y solo el 66,4% de los libertarios —y con mucho menos convicción: el 34,7% opinó totalmente de acuerdo, frente al 59% de la izquierda. Los libertarios son simultáneamente el sector que más etiquetas deshumanizantes usa y el que menos agresividad percibe en el ambiente político. Esa contradicción no es un error en los datos: es una de sus claves de lectura más importantes. No es lo mismo disparar que recibir.
El barrio como búnker ideológico. Una primera lectura: quienes quieren homogeneidad ideológica son muchos, muchísimos y en todos los segmentos ideológicos. El 49% de los libertarios elegiría vivir en un barrio donde la mayoría comparte su ideología (frente a solo el 37,4% que prefiere diversidad). Es el sector con la preferencia más marcada por la segregación residencial ideológica, muy por encima del centro (33,4% quiere homogeneidad vs. 53,5% que prefiere diversidad), la izquierda (40% vs. 43,5%) o el peronismo (44,6% vs. 43,5%). La batalla cultural que se predica hacia afuera convive con una tendencia muy marcada a encerrarse hacia adentro. La paradoja no es menor.
El daño en los vínculos es real y profundo. En una escala del 1 al 5 sobre cuánto dañó la hostilidad política las relaciones clave —amistades, familia, trabajo—, tres sectores muestran un balance claramente negativo: izquierda 73,3% con daño significativo vs. 25,7% sin daño; peronismo 64,2% vs. 34,1%; centro 60,4% vs. 37,2%. Solo el sector libertario invierte esa relación: 45,5% con daño vs. 52,9% sin daño. El optimismo o la mayor homogeneidad de sus redes sociales los protege. Por ahora.
La ansiedad política tampoco respeta ideologías. El 44,3% del peronismo, el 38,2% de la izquierda, el 33,7% del centro y el 26,7% de los libertarios admiten haber sufrido ansiedad o insomnio por discusiones políticas agresivas, sean presenciales o digitales. Como señala Emily Sydnor en Disrespectful Democracy (2019), la incivilidad tiene consecuencias psicológicas concretas para los individuos. Los datos lo confirman: la política ya no solo divide, también enferma —aunque sea poco a poco, de manera leve y rutinaria.
El amor tampoco puede todo. ¿Aceptaría una pareja con ideología contraria a la suya? La izquierda es la más restrictiva: solo el 40% dice que sí, y el 46,7% directamente descarta la relación. Más que los libertarios (40,3% la descarta), el peronismo (44,1%) o el centro (31,9%). Si la pareja fuera de su hijo o hija, el 11,4% de los votantes de izquierda lo excluiría de la familia —más del doble que cualquier otro sector. Rompe el estereotipo habitual sobre de qué lado está la intolerancia en la Argentina. Los datos no hacen concesiones a ningún bando y, en general, la explicación de la diversidad está asociada a un condicionante muy potente: que no se hable de política, como más adelante se verá.
El capítulo más incómodo es el de las etiquetas. Los motes con que cada tribu designa a los otros fueron recopilados colaborativamente en redes sociales para este estudio. ¿Los usó alguna vez? En etiquetas deshumanizantes —“ratas”, “cucarachas”, “termos”, “marrones”—, el sector libertario lidera claramente: 37,3% las usó, frente al 26,5% del centro, el 21% de la izquierda y el 20,2% del peronismo. Pero, cuando se pregunta por etiquetas de extremo ideológico —“fascista”, “nazi”, “comunista”—, el mapa se invierte de manera exacta: la izquierda lidera con el 39% de uso declarado, seguida del peronismo (27%), el centro (25,7%) y los libertarios (23,7%). Dos estrategias distintas de incivilidad discursiva. Ningún sector queda limpio. Y ese es exactamente el punto.
Lo que duele, también, difiere cualitativamente. Al peronismo le parecen graciosos “peronchos” y “choripaneros” —los puede resignificar como insignia—, pero le duelen “negros de mierda” y “parásitos” —los que atacan su dignidad de clase.
Al libertario le divierte “libertonto”, pero lo hiere “niños nazis” —cuando el mote deja de ser burla y se vuelve acusación histórica seria.
Al centrista le causa gracia “gorila” y “tibio”, pero lo lastima “vende patria”.
Para la izquierda, “zurdo” y “trosko” son casi emblemas, pero “zurdo de mierda” y “mugriento” duelen sin remedio.
El umbral del dolor está siempre donde el insulto ya no puede neutralizarse con ironía ni apropiarse como orgullo identitario.
El patrón que atraviesa toda la encuesta es el silencio como solución. En casi todas las preguntas sobre tolerancia al otro ideológico —como pareja, como familiar funcionario de un gobierno que se detesta, como amigo—, la respuesta más elegida en todos los sectores incluye siempre alguna variante de “sí, pero no hablaríamos de política”. Entre el 25% y el 35% de los encuestados, según la pregunta y el sector, pone esa condición. Eso no es integración. No es deliberación democrática. Es una tregua precaria que funciona hasta que deja de funcionar, y casi todos lo saben sin decirlo.
Un plus para la “batalla cultural”. Es la que el sector libertario pregona, pero no termina de reflejarse del todo en sus conductas. Son el sector que más evita hablar de política en familia, que más etiquetas degradantes usa en el ámbito digital pero menos rechaza trabajos por razones ideológicas, y el que menos percibe la agresividad del ambiente, aunque sus líderes la producen sistemáticamente. Del lado opuesto, los sectores progresistas muestran más coherencia entre discurso y conducta —pero en una dirección que también cuesta: más restricción en amistades, más exclusión familiar, más rechazo a la pareja ideológicamente opuesta. La coherencia puede ser un problema cuando lo que se proclama es el cierre.
Como escribió Amós Oz: «la semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo« (Contra el fanatismo, 2023). Y como documenta Liliana Mason en Uncivil Agreement (2018), la clasificación sociopartidista genera rencor e incivilidad, incluso entre sectores comparativamente moderados. La polarización afectiva ya no es un fenómeno de los extremos, está presente y transversalizada en toda la sociedad.
Lo que está en juego no son los resultados electorales, lo que está en juego es la posibilidad de seguir habitando el mismo país, con un mínimo de respeto mutuo y reconocimiento del otro como ciudadano legítimo —aunque uno piense que está profundamente equivocado. La grieta no es el problema en sí. El problema surge cuando convivir deja de dar espacio al debate y se convierte en el borde de un abismo desde el que solo se lanzan piedras.
El silencio obligado en las cenas de Navidad no es convivencia. Es, a lo sumo, la postergación de un problema que tarde o temprano vuelve a la mesa —y siempre con más fuerza.
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Mario Riorda es profesor de Comunicación Gubernamental y de Crisis en la Universidad Austral.
Patricia Nigro es profesora sobre temas de Ciencias del Lenguaje y Discurso Político en la Universidad Austral.
Este artículo forma parte de la investigación “¿Qué está cambiando en la comunicación política latinoamericana con los discursos de incivilidad?”, radicada en la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. La encuesta aludida fue realizada por sistema CAWI, 800 casos (200 por cada grupo seleccionado), entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025 por Zuban/Córdoba
Mario Riorda,Patricia Nigro,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei: las últimas medidas del Gobierno,,Según la principal cámara. Cuáles son las preocupaciones de las empresas de EE.UU. en el país,,El impacto en las expectativas. El riesgo del affaire Adorni para la economía
POLITICA
Mientras crece el vendaval Adorni, Milei buscará una foto de unidad con su Gabinete y Patricia Bullrich

Ayer se imponía un clima de profunda desilusión en la Casa Rosada por la aparición de nueva evidencia en contra de Manuel Adorni. Pero el Presidente, al mismo tiempo, disponía la orden y Karina Milei los arreglos para que todos los miembros del Gabinete participen en el acto por el Día de la Bandera en el Monumento de Rosario, el próximo sábado.
“Pidieron que se pongan en primera fila y con bonete”, dijo ayer un asesor de la Casa Rosada, parafraseando irónicamente a Cristina Kirchner. En medio de las grietas internas por la decisión de sostener a Manuel Adorni a pesar de las fuertes sospechas de corrupción, Javier Milei buscará este sábado representar una foto de unidad de todo el oficialismo, incluida a la propia Patricia Bullrich.
La imagen de todos los ministros en el Monumento a la Bandera girará en torno al primer mandatario pero también, por extensión, a Manuel Adorni.
El Presidente decidió hacer caso omiso a las advertencias de su entorno por el daño que le genera Adorni al oficialismo, que ve su agenda frenada en el Congreso y cómo la imagen presidencial se erosiona por el caso. En cambio, está enfocado en transmitir una imagen de unidad y fortaleza en público.
La del sábado será otra muestra del ímpetu por fingir que nada negativo afecta al oficialismo, a pesar de que el caso de Adorni está ampliamente extendido en la agenda pública. “Y van a seguir apareciendo cosas”, suspiró un funcionario ayer por la tarde. Horas antes, el mismo funcionario había celebrado la noticia de la dilación del tratamiento en el Congreso de la interpelación y, posiblemente, la moción de censura para destituir a Adorni.
Duró muy poco en la Casa Rosada y los ministerios el alivio que generado por la postergación de la sesión especial donde la oposición quiere poner en relevancia los dardos contra Adorni y, eventualmente, destituirlo.

Ese “logro” dilatorio fue alcanzado por las negociaciones a contrarreloj, desde el lunes, de las espadas políticas de Milei -Martín y Lule Menem, el adornista Ignacio Devitt y la propia Patricia Bullrich- con los socios del PRO y la UCR. Pero no alcanzó para despejar el malestar que generó una nueva tanda de revelaciones negativas, entre ellas, la sospecha de que usó a una empleada de la Vocería Presidencial para hacer compras por $8.000.000.
La representación de Milei en Santa Fe, cuna de la Bandera Nacional, se hará a sabiendas de que la relación entre el Gabinete y el ministro coordinador está fracturada, que no hay ministros que lo defiendan y que hoy sólo el primer mandatario lo respalda (en los pasillos de Balcarce 50 aseguran que incluso la secretaria general empezó a dudar sobre la conveniencia de sostenerlo).
Más allá de los cuestionamientos, que sólo asoman entre susurros entre pares, están confirmados para el evento político sabatino todos los ministros. Y no se descarta que los miembros de la cúpula viajen junto al Presidente en el mismo transporte, posiblemente por via terrestre.
El dato más relevante, además de la participación del propio Adorni, será la presencia de Patricia Bullrich, jefa del bloque de Senadores, que marcó distancia en tres ocasiones de la decisión de Milei de sostener al jefe de Gabinete, a pesar de la sombra que lo cubre desde hace más de cuatro meses. Pero la senadora todavía no decidió si irá por el mismo medio de transporte o aparte. “Eso se decide más cerca de la fecha”, dijeron anoche a Infobae en el Gobierno.
También estarán firmes en el acto varios diputados y senadores del oficialismo -aunque varios pegarán el faltazo-, y algunos ex PRO. Los aliados y los otros gobernadores, incluso los de buena relación con el oficialismo, esperarán hasta que la fecha esté cerca para confirmar su participación (excepto, claro por el anfitrión, el radical Maximiliano Pullaro). Ellos, al menos, sienten que tienen margen para tomar distancia del persistente escándalo del oficialismo, un lujo que los ministros de Milei no pueden darse.
POLITICA
Milei recibe a Adorni en la Quinta de Olivos en medio de la tensión por la causa por presunto enriquecimiento ilícito

Javier Milei recibió este viernes a Manuel Adorni en la Quinta de Olivos en medio de las presiones internas y legislativas para que el jefe de Gabinete deje el cargo. El encuentro comenzó cerca de las 9 y, según fuentes oficiales, tiene como eje el seguimiento de la gestión y la agenda de reformas que el Gobierno busca sostener en el Congreso pese al desgaste que generó el caso patrimonial del ministro coordinador.
La reunión funciona como una nueva señal de respaldo presidencial. En Balcarce 50 insisten en que Milei no tiene previsto desplazar a Adorni y que el Presidente no quiere que la oposición ni el Congreso definan la continuidad de un funcionario propio. En la Casa Rosada sostienen que el jefe de Gabinete seguirá en funciones mientras no haya una definición judicial de fondo en la causa por presunto enriquecimiento ilícito que tramitan el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita.
La foto política continuará este sábado en Rosario, durante el acto por el Día de la Bandera. El Gobierno convocó al gabinete ampliado y espera la presencia de ministros, funcionarios de primera línea y referentes parlamentarios del oficialismo. Adorni también estará, según aseguran en Nación. Para Milei, la escena busca transmitir autoridad y unidad en un momento en el que una parte del oficialismo considera que el jefe de Gabinete quedó muy debilitado.
El encuentro de Olivos se da después de una semana de alta tensión. En el Gobierno admiten que el caso Adorni paralizó parte de la agenda legislativa y obligó a desplegar negociaciones de urgencia con aliados para evitar una derrota en el Senado. La Cámara alta postergó la sesión prevista para este jueves y convocó una nueva para el 25 de junio, donde la oposición buscará avanzar con la interpelación del jefe de Gabinete para el 2 de julio.
Ese acuerdo, sin embargo, volvió a quedar en discusión. En el oficialismo del Senado buscan ahora revisar el criterio acordado en Labor Parlamentaria y sostener que la interpelación debe habilitarse con dos tercios, y no con mayoría absoluta. La maniobra apunta a elevar el umbral de votos necesarios para tratar el pedido contra Adorni y ganar más tiempo, pero también abre otro frente de tensión con los bloques dialoguistas, que ya vienen reclamando que Milei resuelva el conflicto antes de que lo haga el Congreso.
En la Casa Rosada explican el movimiento como una defensa institucional del jefe de Gabinete. En sectores de La Libertad Avanza cercanos a Karina Milei transmiten que Adorni es “intocable” para el Presidente. La frase resume la posición que mantiene Milei hasta ahora: sostenerlo aun cuando parte de sus aliados, dirigentes del PRO y sectores de la UCR consideran que su continuidad se volvió un costo para la agenda parlamentaria.
La presión interna, de todos modos, no desapareció. Primeras y segundas líneas del oficialismo reconocen que el caso generó desgaste, afectó la imagen presidencial y dejó a Adorni sin margen político propio. En distintos despachos sostienen que el Gobierno ya trabaja sobre escenarios alternativos si la presión judicial, parlamentaria o mediática vuelve insostenible su permanencia. Cerca del funcionario, en cambio, niegan que analice renunciar y aseguran que prepara su defensa para el Senado.
Leé también: El Gobierno busca despegar la agenda de Javier Milei del caso Adorni y enfocarla en la gestión económica
El vínculo con Karina Milei también aparece bajo revisión. En Balcarce 50 repiten que el Presidente no lo va a soltar, pero varios funcionarios advierten que la secretaria general mira con más distancia el costo político de sostenerlo. Adorni fue impulsado por el karinismo y una salida sería leída como una derrota interna para ese sector, en un momento en el que la hermana del Presidente busca ordenar el armado territorial, la estrategia electoral y la relación con los Menem.
La situación también tensiona el vínculo con Patricia Bullrich. La jefa del bloque libertario en el Senado fue una de las dirigentes que marcó diferencias más claras con Adorni al hablar de una “omisión ética” por sus explicaciones patrimoniales. Aun así, quedó involucrada en las negociaciones para postergar la sesión y evitar que el recinto se transformara en una derrota directa para el Gobierno. En la Casa Rosada necesitan su volumen político para sostener la relación con los aliados y contener la presión opositora.
La agenda de reformas es uno de los temas centrales de la reunión en Olivos. El Gobierno quiere avanzar con proyectos como el paquete de propiedad privada, el Súper RIGI, iniciativas de desregulación y cambios vinculados a la estrategia económica. Pero el caso Adorni alteró el cronograma: cada apertura del recinto puede convertirse en una oportunidad para que la oposición instale pedidos de interpelación o moción de censura contra el jefe de Gabinete.

En Diputados, el problema también condiciona los planes de Martín Menem. El oficialismo analiza con cuidado los tiempos de una eventual sesión para tratar el Súper RIGI y el acuerdo con los holdouts, porque teme que el peronismo y sectores opositores aprovechen el recinto para avanzar contra Adorni. En el Gobierno reconocen que el ministro coordinador pasó de ser un vocero de la agenda oficial a convertirse en un factor que desordena la negociación parlamentaria.
Milei, mientras tanto, intenta recuperar la iniciativa con una agenda de gestión. En el Ejecutivo quieren volver a poner el foco en los indicadores económicos, la desaceleración de la inflación, las exportaciones, los anuncios de inversión y el avance de las reformas. En la mesa chica sostienen que el impacto más fuerte del caso ya fue absorbido por la imagen presidencial y que, con el inicio del clima electoral, la discusión pública tenderá a moverse hacia la comparación de modelos.
Noticia que está siendo actualizada.-
Javier Milei, Manuel Adorni
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