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ECONOMIA

Revancha de Caputo: obtuvo u$s500 millones a menor tasa y demostró que aún queda liquidez local

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Luis Caputo se tomó su revancha: tras la última licitación de marzo, varios analistas consideraron que se había terminado el margen para «vivir con lo nuestro» en lo que respecta a la financiación del Tesoro con dólares del mercado doméstico. Sin embargo, este jueves quedó demostrado que el ministro todavía puede sacarle jugo a la liquidación del sistema bancario.

A diferencia de la licitación anterior, en la que tuvo que contentarse con levantar u$s431 millones, un 14% menos que lo esperado, esta vez sí consiguió completar el tope de u$s500 millones. Y, lo mejor, a una menor tasa de interés de la que tuvo que convalidar en la licitación anterior.

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De esa manera, consiguió reforzar su imagen justo cuando está tratando de obtener crédito del mercado internacional. Y disipa las versiones respecto de que su capacidad para fondearse con los inversores locales ya estaba llegando a su fin. Después de todo, el sistema sigue mostrando niveles récord de depósitos, ya por encima de los u$s40.000 millones, de los cuales casi la mitad no han sido colocados como préstamos en mercado interno.

Nuevamente, Caputo ofreció dos títulos, uno «de bajo riesgo», con fecha de vencimiento anterior a la elección presidencial de 2027, y otro que incorpora el «riesgo kuka» porque devuelve el capital recién en octubre de 2028. En ambos casos, se mantiene el esquema de pagos de cupones mensuales, lo cual entusiasmó a ejecutivos de bancos respecto de que el instrumento pueda ser atractivo para los pequeños ahorristas, al quedar asimilados a las rentas inmobiliarias.

El tramo con vencimiento a 2027 pagará un rendimiento efectivo anual de 5,12%, mientras que el que vence en 2028 tiene una tasa de 8,51%.

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La confirmación del «riesgo país kuka»

Desde el punto de vista del gobierno, esto debe ser interpretado como una señal de confianza por parte del mercado. En febrero, cuando se realizó la primera licitación de un bono a suscribir en dólares, bajo ley argentina, la tasa fue de 5,8%. El gobierno celebró el hecho de que el mercado hubiese demostrado atractivo por ese título, al punto de comprarlo por encima de su valor nominal, y aceptar una tasa inferior al 6% que figuraba en la oferta oficial.

Dos semanas más tarde, el mismo bono volvió a recaudar u$s250 millones, pero ya con una tasa más baja, del 5,4% efectivo anual. Y luego, en su tercera salida al mercado, Caputo se volvió a encontrar con una elevada demanda -u$s466 millones para un cupo de u$s150 millones- y a una tasa de 5,02%.

Ahora, en su cuarto intento, le aceptaron la tasa de corte en 5% nominal. Y en cuanto al bono pagadero en 2028, también se registró una leve caída, dado que la tasa cerró en 8,2% nominal, mientras hace 15 días el costo financiero era de 8,5%.

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Esta diferencia de 320 puntos básicos entre dos títulos similares que apenas tienen un año de diferencia en su vencimiento ha sido aprovechada por el gobierno para fundamentar la teoría de que el «verdadero» riesgo país no es el que surge de los bonos de larga duración, sino de los bonos cortos, que no implican un riesgo de default ni de reperfilamiento porque vencen dentro del período de gobierno de Milei.

Con ese argumento, el «riesgo país Milei» está en torno de 120 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono AO27 el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial estuvo, hasta hace dos semanas, encima de 600 puntos.

En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 es calculado por Caputo en 440 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14%.

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La parte mala para el gobierno es que, detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.

Buscando tasas razonables

Hasta ahora, sumando las cuatro licitaciones realizadas con los nuevos bonos, el Tesoro captó u$s1.431 millones, sobre un total de u$s2.000 millones que anunció que buscaría a lo largo del año, con el objetivo de financiarse para hacer frente al calendario de vencimientos de deuda.

En particular, preocupaba al gobierno el abultado vencimiento de julio, cuando haya que cancelar capital más intereses por u$s4.200 millones.

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Los funcionarios del equipo económico han tratado de transmitir calma al mercado al asegurar que ya está garantizado el fondeo para hacer frente al calendario de pagos que resta del año -unos u$s11.900 millones-.

Sin embargo, eso no disipa la inquietud del mercado, que muestra dudas sobre si el gobierno estará en condiciones de afrontar el exigente cronograma de 2027, cuando deban cancelarse o renovarse u$s23.195 millones a nombre del Tesoro, más u$s11.213 por bonos y líneas de crédito del Banco Central.

Es por este motivo que el ministro está ahora tratando de sacar provecho de sus contactos internacionales, para obtener crédito a una tasa «razonable». Dado que en los últimos testeos no había forma de conseguir financiación por menos de 9% anual en dólares, se buscará que un organismo de crédito, posiblemente el Banco Mundial, haga de garante, como forma de bajar el componente de riesgo político.

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ECONOMIA

Caputo anunció que las exportaciones y la balanza comercial marcaron un récord histórico en mayo

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La balanza comercial registró un nuevo saldo histórico en mayo. Así lo informó el INDEC y lo replicó el ministro de Economía Luis Caputo en sus redes sociales.

El ministro sostuvo que «en mayo las exportaciones de bienes y la balanza comercial registraron un nuevo récord histórico».

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Luis Caputo celebró el «récord histórico» en las exportaciones

Según publicó Caputo, «en el mes de mayo, las exportaciones de bienes ascendieron a u$s9.537 millones, registrando un crecimiento de 34,4% interanual y alcanzando un nuevo récord histórico. Las importaciones sumaron u$s6.033 millones, y la balanza comercial registró un superávit de u$s3.504 millones, el mayor valor mensual de la historia».

«Todos los grandes rubros de las exportaciones registraron crecimiento respecto a mayo del año pasado, con subas de 167,1% en Combustibles y Energía, 22,5% en Productos Primarios, 20,5% en Manufacturas de Origen Agropecuario y 20,1% en Manufacturas de Origen Industrial», sostuvo el ministro.

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Y detalló: «Las exportaciones de Combustibles y Energía registraron un máximo histórico, en tanto las de Manufacturas de Origen Industrial alcanzaron el segundo valor más alto de la historia para un mes de mayo».

«En los primeros 5 meses del año, las exportaciones ascendieron a u$s40.359 millones (+24,3% en relación a igual período de 2025), y la balanza comercial acumuló un superávit de u$s11.783 millones. Asimismo, las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial sumaron u$s10.964 millones, el mayor valor de la historia para el período enero-mayo», resaltó.

«La balanza comercial energética registró el mayor saldo positivo de toda la serie, con un superávit de u$s1.543 millones, producto de exportaciones por u$s1.745 millones (+167,1%) e importaciones por u$s202 millones (-32,9%)», concluyó el mensaje del ministro.

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Las proyecciones para las exportaciones mineras y de energía

Semanas atrás, el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, anticipó que el país podría alcanzar en los próximos cinco años una balanza comercial combinada de energía y minería cercana a los u$s60.000 millones. La estimación se apoyó en la expansión de inversiones impulsadas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y en el nuevo esquema económico vigente.

Las declaraciones se dieron en el marco del capítulo energético de la AmCham Summit 2026, el encuentro anual que reúne a empresas estadounidenses con presencia en la Argentina. El evento contó con análisis sobre infraestructura, exportación de hidrocarburos y competitividad del sector, aparte de la participación de referentes privados como Juan Martín Bulgheroni (PAE), Fernando Bonnet (Central Puerto) y Ana Simonato (Chevron), con la presencia previa del ministro de Economía, Luis Caputo

En su exposición, González sostuvo que la principal transformación en curso es de carácter estructural. «El cambio más importante es la vuelta de la Argentina al capitalismo, eso hace que sea un país donde los inversores digan, ‘acá quiero estar’«, destacó al iniciar su alocución, al afirmar que la confianza del capital privado es un factor esencial en la etapa actual del país

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En ese sentido, remarcó la necesidad de estabilidad macroeconómica como condición para atraer capitales, y destacó un escenario de menor presión tributaria e inflación descendente. También se refirió a las reformas normativas recientes vinculadas a hidrocarburos, gas y el sistema eléctrico, que —según explicó— redefinen el rol del Estado y priorizan la eficiencia del mercado.

El funcionario puso el foco en el desempeño del RIGI, al que definió como una herramienta clave para acelerar proyectos energéticos y mineros. «El RIGI hasta ahora fue una historia de éxito. Extendimos el régimen un año más, y en simultáneo incluimos el desarrollo del upstream«, señaló.

Además, explicó el impacto operativo del esquema: «El RIGI permite que dentro del campo puedas desarrollar pozos o áreas que no tenías previsto desarrollar, porque los economics eran muy justos». En esa línea, proyectó una aceleración de inversiones en petróleo y gas: «… porque este régimen está vigente hasta julio del 2027. Vamos a ver un aumento de inversiones en el sector de petróleo y gas fortísimo en los próximos 18 meses».

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González afirmó que la Argentina podría alcanzar una balanza energética y minera de u$s60.000 millones hacia 2030, y aclaró: «No estamos hablando del potencial de los recursos, sino que estamos hablando de proyectos concretos en 5 años».

En su argumentación, destacó el crecimiento de la producción petrolera, que alcanzó niveles récord cercanos a los 890.000 barriles diarios, con la posibilidad de superar el millón en el corto plazo. En gas natural, proyectó una expansión significativa vinculada al desarrollo de infraestructura de licuefacción y exportación.

Por último, defendió la estrategia de no intervención estatal directa en precios internos del mercado energético. «No instalamos un barril criollo ni intervenimos artificmente en los precios. Las empresas se autorregularon, y solas decidieron en qué medida hacían el pass through a precios, sin ninguna intervención del gobierno», concluyó.

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ECONOMIA

El dólar sigue subiendo, supera a la inflación del mes y se frena el proceso de apreciación cambiaria

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De mantenerse la tendencia alcista, el dólar podría superar a la inflación en junio. (REUTERS/Willy Kurniawan)

La nueva suba del dólar, que ayer cerró a $1.470 para la venta en el mercado oficial, representa un cambio de tendencia respecto a lo que venía ocurriendo en los primeros meses del año. El tipo de cambio acumula con este ajuste un incremento de 2,7% en el mes y supera la inflación proyectada para junio, que podría perforar el 2 por ciento.

La cotización oficial había cerrado mayo a $1.430, en un mes que había mostrado récord de compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, el billete verde casi no se había movido.

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En junio, la dinámica cambiaria es bastante diferente. El Central sigue comprando pero a un ritmo mucho menor al del quinto mes del año. A modo ilustrativo, en la última jornada la autoridad monetaria adquirió USD 70 millones y casi todos los días viene por debajo de ese nivel. A pesar de que hubo una menor demanda oficial, igual el tipo de cambio viene operando en alza.

Las opciones son dos: bajó la oferta de divisas o bien aumentó la demanda. Es posible que se estén dando ambas situaciones a la vez. Además, con el pago del medio aguinaldo también se estarán inyectando más pesos en las cuentas de los empleados y es probable que parte de ese dinero termine canalizándose hacia el dólar.

En los meses anteriores, la compra de dólares por parte de las personas se mantuvo relativamente alta, en el orden de los USD 2.300 millones mensuales. Esto significa que aún con un tipo de cambio muy planchado el público igual prefiere comprar. De hecho, alrededor de 1,5 millones de argentinos adquieren divisas por mes.

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En los cinco primeros meses del año, el dólar oficial se apreció alrededor del 10%. En otras palabras, la economía argentina se encareció en dólares de manera bastante rápida. Ahora, al menos en lo que va de junio, se frenó este proceso y proyecta lo que podría ocurrir en el segundo semestre de 2026.

De acuerdo a los datos que surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) divulgado por el Banco Central, los analistas esperan que en lo que resta del año el dólar se mueva muy parejo con la evolución de la inflación. Esto implica que el tipo de cambio finalizaría el año levemente por debajo de los 1.700 pesos.

Sin embargo, algunas consultoras, como el caso de Invecq que dirige Esteban Domecq, piensan que el dólar podría acelerarse en relación a la evolución de la dinámica inflacionaria. Esto implica que habría una reversión parcial en el proceso de apreciación cambiaria, respondiendo a quienes advierten que el encarecimiento en dólares de la economía resulta peligroso.

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La suba del tipo de cambio también se produjo en el contado con liquidación, que ayer trepó hasta 1.511 pesos. La brecha con el oficial se mantiene en niveles inferiores al 3 por ciento.

Pese a la apreciación cambiaria de los últimos meses, Argentina registró en mayo de 2026 un superávit comercial récord de USD 3.504 millones, sumando así 30 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza. Este resultado sin antecedentes se logró gracias a la combinación de exportaciones récord y una caída en las importaciones

Las exportaciones alcanzaron la cifra histórica de USD 9.537 millones (un crecimiento interanual del 34,4%) impulsadas principalmente por combustibles, energía y productos del agro.

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En tanto, las importaciones cayeron un 7% interanual, hasta USD 6.033 millones. Con estos números, el acumulado de los primeros cinco meses del año alcanzó un superávit cercano a los USD 11.800 millones, superando ya el total positivo de todo el año 2025.



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ECONOMIA

El FMI pone la mira en el Monotributo y propone un cambio que afectará a millones de contribuyentes

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Cuando el monotributo nació, en 1998, el techo máximo para quedarse en el régimen era de $144.000 anuales. En plena convertibilidad, eso equivalía a u$s144.000. Hoy, ajustados por la inflación acumulada en Estados Unidos durante esos 27 años, esos mismos dólares representarían aproximadamente u$s270.000. Sin embargo, la categoría más alta del monotributo vigente en junio de 2026 permite facturar hasta $108 millones anuales, poco más de u$s74.000 al tipo de cambio oficial. Es decir: el techo real del régimen se redujo a menos de la mitad de lo que era cuando fue creado.

Esa brecha no es un accidente. Es el resultado de décadas de actualizaciones insuficientes que fueron comprimiendo el régimen hacia abajo, empujando en teoría a los contribuyentes de mayores ingresos hacia el régimen general. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa: millones de trabajadores independientes permanecen inscriptos en el monotributo según los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a febrero de 2026, una cifra que los propios técnicos reconocen podría estar subestimada dado que ARCA, el organismo recaudador, no publica estadísticas desagregadas por categoría. Nadie sabe con certeza cuántos monotributistas están acumulados en las categorías superiores, facturando cerca del techo y evaluando cada año si les conviene pasarse al régimen general o seguir en el gris.

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Ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el tema sobre la mesa y propone reformarlo en el documento técnico que acompaña a la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado con Argentina.

El diagnóstico de partida es contundente. El sistema tributario argentino es, según el texto del FMI, «complejo, altamente distorsivo e inestable, y pesa sobre el crecimiento y la competitividad». Con una presión fiscal equivalente al 27% del PBI en 2025, Argentina no tiene un problema de recaudación insuficiente sino de recaudación mal construida: más de 155 impuestos, tasas nominales elevadas y una base imponible estrecha por la proliferación de regímenes especiales.

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Dentro de ese mapa, el Monotributo ocupa un lugar destacado. El FMI estima que el régimen genera un gasto tributario de aproximadamente 1 punto porcentual del PBI, lo que lo convierte en la segunda fuente de erosión de la base imponible después del IVA. El organismo reconoce sus virtudes: «simplifica el cumplimiento, promueve la formalización y amplía la cobertura de salud y jubilación». Pero al mismo tiempo señala sus problemas estructurales.

El primero es la brecha de carga fiscal. El Monotributo «impone una carga efectiva mucho menor que el régimen general, lo que genera fragmentación de empresas y limita el crecimiento de los negocios». El segundo es el efecto escalón: «la estructura de pagos fijos crea saltos bruscos en la obligación tributaria entre categorías que desincentivan el pasaje a tramos superiores de facturación». En criollo: el sistema premia quedarse quieto.

La recomendación del FMI es directa. Cualquier reforma del monotributo debería:

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  • Reducir los efectos de umbral
  • Alinear las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general
  • Aprovechar las herramientas digitales para simplificar el cumplimiento

Y pone número a la apuesta: alinear el Monotributo con el sistema general del Impuesto a las Ganancias podría generar una ganancia fiscal de 1 punto porcentual del PBI.

El mapa de los contribuyentes

El monotributo tiene once categorías. Las primeras siete funcionan como debería funcionar un régimen simplificado: una carga fiscal modesta, entre el 3 y el 5% de la facturación, para trabajadores independientes de ingresos bajos y medios. El problema empieza cuando se llega a las categorías superiores, donde el régimen revela su verdadera tensión con el sistema general.

Tomemos el caso de un profesional independiente, un contador, un arquitecto, un desarrollador de software, que factura cerca del techo de la categoría H: $70 millones anuales, unos u$s48.000 al tipo de cambio oficial de junio de 2026. En el monotributo, ese profesional paga una cuota mensual de $447.346 si presta servicios, lo que representa una carga anual del 7,7% sobre su facturación. Si en cambio ese mismo año su facturación supera el techo y queda obligado a pasarse al régimen general, la carga estimada salta al 42%. De un año al otro, la presión fiscal se multiplica por cinco y medio.

La categoría K, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente. Un contribuyente que factura hasta 108 millones de pesos anuales, equivalentes a 74.000 dólares, paga en el monotributo el 15,3% si presta servicios, o apenas el 6,7% si vende bienes. Frente al 45% del régimen general, la brecha llega a casi 40 puntos porcentuales.

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Esos números explican por sí solos por qué millones de trabajadores independientes permanecen en el monotributo según los datos del SIPA a febrero de 2026, y por qué muchos de ellos hacen lo imposible por no cruzar el umbral. Pero hay un factor adicional que el debate público casi nunca menciona y que termina de cerrar la trampa: quien supera el techo del monotributo y pasa al régimen general no puede volver hasta que transcurran tres años calendario completos, contados desde el primero de enero del año siguiente a la exclusión. Tres años pagando el 42 o el 45% antes de poder solicitar el regreso.

La categoría K del monotributo, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente

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Las propuestas del FMI a la luz de la historia

El régimen nació en 1998 con una lógica de emergencia social. La Argentina de los 90 había expulsado del mercado laboral formal a miles de trabajadores: las privatizaciones, el achicamiento del Estado y la reconversión productiva volcaron al cuentapropismo a una generación que anteriormente era asalariada. Gente que había perdido la corresponsabilidad del patrón y necesitaba urgente una jubilación y una obra social a bajo costo. El monotributo fue, en ese contexto, menos un instrumento fiscal que una política de inclusión social con forma de impuesto.

Esa matriz de origen explica buena parte de sus resistencias actuales a cualquier reforma. Cada vez que el sistema fue modificado, la lógica dominante fue la de ampliar la cobertura, no la de acercarlo al régimen general. La reforma de 2004 incorporó a las cooperativas de trabajo y a las sociedades de hecho. La de 2009 elevó los topes de facturación. La de 2016 le sumó asignaciones familiares y recategorización de oficio. En ninguna de esas instancias se abordó la brecha de carga fiscal entre el monotributo y el régimen general como un problema en sí mismo. Se la administró, se la contuvo, pero nunca se la discutió de frente.

El resultado, visto desde 2026, es un régimen que cumplió sus objetivos originales de formalización e inclusión pero que creció en una dirección que sus creadores no habían previsto del todo: se convirtió en el techo contributivo para millones de trabajadores independientes que, ante la alternativa de pagar el 42 o el 45% en el régimen general, encontraron en el monotributo no un escalón hacia la formalidad plena sino un destino permanente. Lo que el FMI llama «fragmentación de empresas y limitación del crecimiento de los negocios» es, visto desde adentro, la respuesta racional de contribuyentes que aprendieron que crecer fiscalmente en Argentina tiene un costo prohibitivo.

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El costo político y la viabilidad de la reforma

Reformar el monotributo es, en términos políticos argentinos, un ejercicio de equilibrismo sobre un cable sin red. Los millones de contribuyentes inscriptos en el régimen no son solo un dato estadístico: son votantes, son familias, son el tejido productivo de barrios y ciudades del interior que identifican al monotributo no como un privilegio fiscal sino como el único puente que los conecta con la salud y la jubilación. Tocar ese puente tiene un costo electoral que ningún gobierno desde 1998 estuvo dispuesto a pagar de manera frontal.

El FMI lo sabe. Y su propuesta, leída con atención, no es una reforma de shock sino una hoja de ruta gradual. El Selected Issues Paper no pide eliminar el monotributo ni fusionarlo abruptamente con el régimen general. Pide tres cosas más acotadas: reducir los saltos bruscos entre categorías, alinear progresivamente las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general, y aprovechar las herramientas digitales para mantener la simplicidad del cumplimiento durante la transición. La ganancia fiscal estimada de 1 punto del PBI no es el punto de llegada de una reforma inmediata sino el horizonte de una convergencia gradual.

El problema es que en Argentina lo gradual tiene una historia propia. Cada vez que un gobierno intentó actualizar los topes del monotributo por debajo de la inflación real, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que pretendía la política: no hubo migración ordenada al régimen general sino profundización de la zona gris. Contribuyentes que dividieron su facturación entre familiares, que postergaron obras, que dejaron de emitir comprobantes por encima del umbral. La presión descendente sobre los topes, lejos de empujar hacia arriba, empujó hacia los costados.

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La administración Milei enfrenta este desafío en un momento peculiar. Por un lado, tiene el mandato político más sólido en años para avanzar en reformas impositivas de fondo: el propio Staff Report celebra la aprobación de la Ley de Blanqueo Fiscal y la Ley de Modernización Laboral como señales de capacidad legislativa. Por otro lado, cualquier reforma del monotributo que se perciba como un aumento de la carga para trabajadores independientes choca de frente con el discurso libertario de reducción impositiva que es la columna vertebral de la identidad política del gobierno. Subir la presión fiscal sobre millones de monotributistas, aunque sea gradualmente y aunque el objetivo declarado sea acercarlos al régimen general, es difícilmente vendible como una baja de impuestos.

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